6. taller para empezar a profundizar un aspecto de la vida de don bosco 27






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ANEXO 2




FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Y PRINCIPIO DEL ORATORIO FESTIVO15




Bartolomé Garelli. Entre el episodio histórico, la parábola y el mensaje.

No bien había entrado a la Residencia Eclesiástica de S. Francisco, cuando ya estaba rodeado de muchachos que me seguían por calles y plazas y me perseguían hasta en la misma sacristía de la Iglesia del Convitto. Pero no podía dedicarme por completo a ellos, ya no había un local en donde reunirlos. Sin embargo, un acontecimiento bien simpático me dio ocasión de comenzar el proyecto que tenía en favor de los chicos callejeros de la ciudad y especialmente, de aquellos que salían de las cárceles.

El 8 de diciembre de 1841, día de la fiesta solemne de la Inmaculada Concepción de María, cuando estaba precisamente revistiéndome con los ornamentos sagrados para celebrar la Santa Misa, el sacristán, José Comotti, se percató de un chico que estaba en un rincón y lo llamó para que viniera a ayudarme la misa.


  • No sé —le respondió sorprendido—.

  • Ven a ayudar —le insistió el otro—.

  • Pero si no sé —insistió el muchacho—. Nunca lo he hecho.

  • Estúpido, ¿a qué has venido entonces a la sacristía? —Le dijo el sacristán y agarrando el plumero, la emprendió a golpes con el mango, por las espaldas y la cabeza del pobre muchacho.

  • ¿Qué hace? —le grité en alta voz— ¿Por qué le pega así? ¿Qué ha hecho de malo?

  • ¿A qué viene a la sacristía si no sabe ayudar a misa?

  • ¿Y por eso tiene que pegarle?

  • ¿Y a usted que le importa?

  • Mucho me importa porque es un amigo mío. Llámelo en seguida, que voy a hablar con él.

  • Se puso a llamarlo y a perseguirlo gritando: ¡Zoquete, tonto!, hasta lograr traérmelo a punta de promesas de que no lo maltrataría más.16

  • El chico llegó temblando y llorando por el dolor de la paliza. Le pregunté, entonces, de la manera más bondadosa:

  • ¿Ya oíste misa?

  • No —me respondió—.

  • Vamos, óyela ahora. Después vamos a hablar de algo que te va interesar mucho.

  • Me lo prometió. Yo quería hacerle menos dura la experiencia tenida y borrarle un poco la impresión desagradable que le había dejado el sacristán. Así que, una vez celebrada la misa y dada la acción de gracias, conduje al chico a una capilla pequeñita que hay allí y, tratando de mostrarme sonriente, y asegurándole que ya no habría más golpes, le empecé a preguntar:

  • Amigo, ¿ cómo te llamas?

  • Bartolomé Garelli.

  • ¿De dónde eres?

  • De Asti.

  • ¿ Vive tu papá?

  • No, mi papá ya murió.

  • Y ¿tu mamá?

  • También murió.

  • ¿ Cuántos años tienes?

  • Dieciséis.

  • ¿Sabes leer y escribir?

  • No sé nada.

  • ¿Ya hiciste la primera comunión?

  • Todavía no.

  • ¿Te has confesado alguna vez?

  • Sí, cuando era pequeño.

  • ¿Vas al catecismo?

  • Me da miedo.

  • ¿Por qué?

  • Porque los compañeros más pequeños saben el catecismo y yo no sé nada. Me da vergüenza.

  • Y si yo te lo enseñara aparte, ¿vendrías?

  • Desde luego.

  • ¿Podría ser aquí, en el coro?

  • Siempre que no me vuelvan a pegar

  • ¡Tranquilo, nadie te va a hacer nada! Seremos amigos y nadie tendrá por qué meterse contigo. ¿Cuándo quieres que comencemos?

  • Cuando quiera.

  • ¿Esta tarde?

  • Bueno.

  • O, ¿Ahora mismo?

  • Está bien, ahora mismo. Con mucho gusto17.

Me levanté e hice la señal de la Santa Cruz para empezar, pero él no sabía hacerla. Todo el tiempo se me fue en enseñarle a hacer la señal de la cruz y en darle a conocer a Dios, nuestro Creador, y para qué nos había creado. Aunque le costaba, con la constancia y la atención que ponía, pudo en poco tiempo aprender las cosas necesarias para hacer una buena Confesión y la Primera Comunión.18

Progresivo incremento numérico del Oratorio.

A este primer alumno se sumaron poco a poco otros más, pero en aquel invierno me limité a los más grandecitos y que necesitaban una catequesis especial y, sobre todo, a los que salían de las cárceles. Fue entonces cuando por propia experiencia pude comprobar que si los mismos muchachos que salían de la cárcel encontraban a alguien que se ocupara de ellos, que los acompañara en los días en que estaban ociosos, les ayudara a buscar trabajo con honrados patrones y los visitara durante la semana, podían cambiar su vida en una vida honrada, olvidar el pasado y llegar a ser buenos cristianos y ciudadanos honestos.


Así nació nuestro Oratorio el cual, con la bendición del Señor, se fue incrementando de una manera tal como yo nunca me hubiera podido imaginar.






1 FARINA Rafael, “Leggere a Don Bosco oggi”, p. 353-354, En: “La formazione permanente interpella gli Istituti religiosi”, a cura di Pietro Brocardo, LDC, Leuman, 1976

2 PERAZA Fernando, Iniciación al estudio de Don Bosco, Centro Salesiano Regional, Quito, 1995. P.5-6

3 Cfr. GARCÍA Jorge, Conociendo a Don Bosco, CSR – Quito, 1999. P.9-14.

4 Cfr. Bosco Juan, Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales, Edición crítica a cargo del P. Fernando Peraza, Quito, CSR, 1999. P. 24-26.

5 En el original escrito por Don Bosco no se halla la palabra "humilde", sino, "sano". Parece que la variante se deba al transcriptor Joaquín Berto. Pero tampoco consta que Don Bosco haya rechazado este último término que, por otra parte, podría juzgarse superfluo, dada la conciencia de sus limitaciones que explícitamente Juan manifiesta ya en el sueño. En todo caso, la interpretación de estas 3 palabras parece deba hacerse en forma global: El hijo de Margarita al que se propone una misión superior a sus capacidades humanas, debe crecer integralmente, fuerte, robusto y sano. Es decir en todos los órdenes de sus personalidad, de su vida espiritual y moral; del saber intelectual y de las habilidades y destrezas prácticas que le fueran siendo indispensables para realizarla.

STELLA PIETRO, "Presentazione" del libro de CECILIA ROMERO, "I Sogni ...," pgs. 5-7.


6 La palabra "briganti" (bandoleros), usada aquí por Don Bosco es bien significativa. El santo escribe estas primeras páginas de sus Memorias del 1873 al 1875. El contexto histórico-cultural nos permite aclararla. Una revuelta popular de grandes proporciones se produjo en el centro de la península desde el 1861. La base era económica, social y política. Las familias campesinas habían perdido sus mejores hijos en la guerra contra Austria; soldados desocupados y bandoleros se unían en bandas de "briganti", que eran un tipo de "guerrillero" y de "líder popular revolucionario". Estas fuerzas empezaron a atacar y combatir contra el mismo ejército piamontés que trataba de imponer el orden ciudadano. Entre el 1861 y el 1865 murieron en combate o fusilados más de 5.000 "briganti", y otros .tantos fueron arrestados. El "brigantaggio", ocasionó más muertes a Italia que las mismas campañas antiaustríacas del 1848, 1859 Y 1866 (De Agostini, COMPACT; STORIA D'ITALIA, Cronología 1815-1990, Novara, 1991: IL BRIGANTAGGIO, pgs. 142-143). "Brigante", entonces, en el vocabulario de Don Bosco podría significar un líder campesino, capaz de tener una influencia significativa en el medio popular. Y así había sido considerado, como lo escribe él mismo, cuando ya sacerdote, al frente de sus muchachos callejeros. varios de los cuales eran conocidos en el mundo del hampa y de la delincuencia " recorría clamorosamente las vías públicas de Turín.

Era evidente que en 1845, dominaba pastoralmente un fuerte grupo "oratoriano" ante los ojos, muchas veces atónitos, de la ciudadanía noble y burguesa que frecuenta la plaza Manuel Filiberto, cerca a la cual él hacía sus actividades dominicales, en torno a la capilla de S. Martín de los Molinos: "Fue entonces, dice Don Bosco, cuando se comenzó a comentar que aquellas reuniones eran peligrosas, y que de un momento a otro podrían atentar contra el orden público y volverse un movimiento revolucionario". MO., III, 45.


7 Juan, en verdad asumió la misma posición de la abuela. Efectivamente, diez años después, en 1834, cuando se trató de definir su vocación, al terminar el Gimnasio, dirá textualmente que si le hubiera dado crédito al sueño de Murialdo, que no sólo "seguía fijo en su pensamiento" sino que "se había repetido otras veces, y siempre de manera más clara", debería haberse decidido por el estado presbiteral "al que sentía inclinación". Pero, agrega, que como no tenía fe en los sueños, tampoco lo tuvo en cuenta, para decidir su ingreso, o al Seminario, o al Convento de los frailes menores de Chieri. MO, Década 1, (25).


8 Dice Pedro Braido que, si el objetivo central de las Memorias es la "amena narración" del origen, desarrollo y consolidación del Oratorio y del espíritu que lo caracteriza, este sueño, dentro de la mentalidad religiosa y providencialista de su época y de Valdocco, fue para Don Bosco como "la investidura divina de su misión oratoriana". El santo tenía, pues, clara conciencia de la grave responsabilidad de trasmitírselo a sus hijos, como Pío IX mismo se lo había ordenado.

BRAIDO PEDRO (3), "Ricerche Storice Salesiane", gennaio-giugno 1992, pgs. 97-98; 100-104; -106.


9 Sobre las visitas de Don Bosco a Pío IX, en 1858, ver M.B., V 626; VIII 496; 499-501.


10 Cfr. Bosco Juan, Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales, Edición crítica a Cargo del P. Fernando Peraza, Quito, CSR, 1999. P. 20-23.

11 PERALTA MARIA ROSA, Palabras claves en Psiquiatría, P. 234-263

12 STELLA PIETRO, “Don Bosco Nella Storia...”, P. 507 ss.

13 STELLA PIETRO, “Don Bosco Nella Storia...”, p. 507, 563.

14 STELLA PIETRO," Presentazione" del libro de CECILIA ROMERO, "1 Sogni di D. Bosco". STELLA PIETRO (2), Don Bosco Nella Storia... ", pg. 507.


15 Tomado de la Pp. 110-113, del libro “Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales. Edición crítica a cargo del P. Fernando Peraza Leal, Quito, CSR, 1999”.

16 "El original, "Tuder; tuder!", en piamontés es un término despectivo, que tiene equivalentes en alemán y lombardo (de donde pasó al piamontés), para decir de una persona que es tarda, bruta, que no entiende nada. Podía ser para un italiano de los años de la dominación austríaca en Lombardía (1814 al 1859): "alemán", "tedesco". Aquí; en un sentido popular; se puede traducir como "zoquete", "tarugo", "tonto", "estúpido", "menso", "maleta", etc...

FERRERO ERNESTO, "Dizionario Storico dei Gerghi ltaliani, pg. 367.

17 El episodio de Garelli es una de las proverbiales páginas pedagógicas de Don Bosco. Se ha discutido acerca de la historicidad del protagonista. No se encontraron documentos en Asti I que permitieran identificarlo. Lo que tampoco autoriza, dice Francis Desramaut, "pensar que Don Bosco lo haya inventado todo". Hay, sin duda, un núcleo de datos históricos: Tal vez la existencia del personaje y sus circunstancias características específicas. Pero el episodio de Garelli encarna, así mismo, tanto la realidad vivida por muchos jovencitos con rasgos y situaciones similares de vida, como el mensaje y la propuesta educativa y pastoral de Don Bosco. Sigue vigente, pues, la afirmación de Braido, de qué en las Memorias del Oratorio, "el mensaje se sobrepone a la historia", la parábola a los datos "historiográficos" objetivos; "el programa" y las "orientaciones espirituales y pedagógicas" a un suceso más o menos accidental. Pedro Stella ha dicho, por su parte, que estas Memorias pueden considerarse como "un poema religioso y pedagógico,. construido al misrno tiempo sobre el tejido y la idealización de varias anécdotas autobiográficas ". En el relato que de este episodio hace Lemoyne, se trae un detalle recogido por el cronista Domingo Ruffino (Crónica 1 -1860 - pg. 29). Dice que Don Bosco, tras el "no sé nada", prosiguió así el diálogo: ¿"Sabes cantar? - No. - ¿Sabes silbar? y entonces el chico sonrió" Y según algunas afirmaciones posteriores de Don Bosco,. sobre este catecismo se fundamentó lodo lo que después fue la realidad de su Obra. Teresio Bosco hace una oportuna observación sobre la frase: "ahora mismo" que, en el diálogo con Garelli,. expresa la voluntad resuelta, efectiva e inmediata con la que Don Bosco quiere dar respuesta a las urgencias fundamentales de los jóvenes. Un muchacho pobre y solo "no puede permitirse - tanto en el campo educativo como en el social -, el lujo de esperar las reformas, los planes orgánicos, las revoluciones del sistema". Se requiere un “ahora mismo” que, partiendo de las necesidades más apremiantes, integre progresivamente todos los valores humanos y trascendentes de que hayan menester los destinatarios para la superación de sus limitaciones y condicionamientos deshumanizantes, en el proceso de su crecimiento integral. . M.B., II,. 76; XVlI,. 510.
DESRAMAUT FRANC1S,. "Don Bosco en son Temps",. pgs. 155.157; 176.

BRAIDO PIETRO (3), pgs. 108-111.

STELLA PIETRO (6), pg. 29.

BOSCO TERESIO (1), pg. 118.


18 La catequesis dada por Don Bosco a Garelli marcó el comienzo de su Obra Oratoriana, pero no fue la primera que hubo en el Convitto. La catequización de los jóvenes, juntamente con la ayuda a los muchachos más necesitados, entraba en el programa de formación moral y pastoral de los neosacerdotes antes de él ingresar a la Residencia Sacerdotal. En un recuento de los principios del Oratorio, que data probablemente del 1854, Don Bosco había escrito que "desde hacía algún tiempo" él P. Cafasso, durante el período estival (es decir, desde julio hasta noviembre), había organizado catecismos dominicales para muchachos albañiles, en un local contiguo a la sacristía de la Iglesia (del Convitto); pero que, como las muchas ocupaciones le habían impedido continuar con este trabajo, él las había retomado a finales de 1841, con dos jóvenes mayorcitos que no tenían ninguna instrucción religiosa. La explícita historia de Garelli no aparece en documento alguno dejado por Don Bosco antes de la narración que nos deja en sus Memorias del Oratorio; y es a partir de ésta (1873-1879) que se fue integrando a la tradición salesiana.

BRAIDO PEDRO (4), “Don Bosco perla gioventù povera e abbandonata in due inediti del 1854 e del 1862”, pgs. 38 y 39.

DA SILVA FERREIRA A., “Memorie”, pgs. 20-25.

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