Desde hacía mucho tiempo las divisiones, escindían la gran Sede Patriarcal de Antioquía. La actual Antakya






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Constancio autorizó en el año 358, el regreso de Liberio*. Sin embargo, ésta era la condición, debería administrar el obispado de Roma, conjuntamente con su sucesor Félix. Incluso un Sínodo celebrado en Sirmia* influyó en este sentido sobre Félix y el clero romano. No obstante, se produjeron tales tumultos en la ciudad Santa, que se entienden las manifestaciones de *Hilario acerca de que no sabía cuál, había sido la mayor ofensa del Emperador, si el destierro de *Liberio o la autorización para que regresara.
Padres conciliares sin escrúpulos y el patriarca Jorge*, un lobo *arriano, monopolista y Mártir.
El gran Concilio doble celebrado en 359, es muy instructivo.

En mayo se reunieron en Rímini los occidentales, unos 400 obispos, entre ellos 80 *arríanos, y en septiembre en Seleucia Silifke, cerca de la costa meridional de Asia Menor, los orientales, unos 160 obispos, homoioístas, semiarrianos y seguidores del Dogma de Nicea*.
Primero, invocando el dogma niceno*, cientos de padres conciliares rechazaron el credo *arriano, postulado por *Constancio, recurriendo a la llamada cuarta fórmula sírmica, propuesta en la curia y acordada, por los dirigentes eclesiásticos de ambos partidos, en la que se dice: pero porque el Hijo es similar homoios al Padre en todo, creemos que las Sagradas Escrituras lo dicen y lo enseñan.
Estos testigos de la fe, negaban incluso admitir la manutención gratuita, por parte del Emperador.

Sin embargo, ya que al parecer éste no concedía el permiso de regreso, hasta que no tuviera la aprobación de todos, cientos de ellos volvieron a cambiar de opinión y profesaron la fórmula homoica.

Se conservan las palabras por su naturaleza y en todo, pero desaparecen las expresiones homoúsios y homoiusios.

Por orden tuya te imperante, aseveró el concilio, hemos firmado la confesión, felices de ser adoctrinados por ti sobre la fe.
En el Sínodo de Seleucia, que se reunió en septiembre, se enfrentaron los representantes del homusianismo, del anhomoísmo, del homousianismo y del homoísmo.
Y también aquí el Emperador acabó imponiendo su fórmula, la que dice que el Hijo sólo es parecido homoios, no de naturaleza análoga homoiusios, al Padre.
Como quiera que un sínodo de los *acacianos reunido a comienzos del año 360, en el que se elevó el homoísmo a dogma de fe, suspendió tanto al dirigente de los anhomoístas, como al de los semiarrianos, *Constancio consiguió el acuerdo de todos.
Todo el mundo romano gritó entre suspiros y se sorprendió de ser *arriano, escribía estremecido san Jerónimo*.
Puede verse que centenares de obispos, cambian de opinión repetidas veces, que traicionan sus convicciones más sagradas, que, como se ha demostrado con frecuencia, les interesa menos la fe que su cargo.

Lo mismo que la práctica totalidad de ellos, se doblegaron en Arles 353 y en Milán 355, a la voluntad del Emperador, también firmaron en 359 en Rímini y en Seleucia un credo *arriano.
Pero, apenas muerto *Constancio, los prelados de Iliria* y de Italia, que habían perdido en Rímini, volvieron a proclamar la confesión nicena*, mientras que los obispos galos se retractaron ya en 360, en París, de su firma.
Cuando el 21 de febrero de 362 Atanasio visita de nuevo Alejandría, celebra poco después su sínodo de la paz y garantiza a los *arríanos la permanencia en sus sedes, si abjuran de la herejía y reconocen el dogma de Nicea*, cientos de obispos vuelven a ser católicos; sin embargo, los dirigentes, que con ardides, según el obispo *Liberio, intentaron hacer que la luz fuera oscuridad y la oscuridad se convirtiera en luz, perdieron sus sedes episcopales.
También el acomodaticio Acadio*, que en 360 se pasó a los arríanos* con la aprobación del Emperador, se retractó inmediatamente en cuanto el Emperador Joviano* comenzó a mostrar su preferencia por el dogma de Nicea*.
Mientras tanto, la lucha por las iglesias, había seguido haciendo estragos.
Se produjeron escenas de violencia, proclamas de la policía y llamamientos del ejército a las armas.

Decenas de obispos, fueron desterrados o huyeron.

En muchos lugares gobernaban dos al mismo tiempo y en Antioquía*, en algunos momentos, tres.

Sin embargo, la victoria de los antinicenos parecía segura, dado que Constancio* había derrotado a sus dos oponentes clericales más peligrosos, Atanasio e Hilario.
A este respecto, Setton llama, al menos a este último y no sin razón, valiente behind the emperor's back than in his presence; a espaldas del Emperador en vez de en su presencia.
Sin embargo, sólo cuando se encuentra a una distancia segura, le insulta diciendo de él que es un hereje arriano, personificación del anticristo, carácter endiablado, lobo feroz; en tanto que, cuando está en el exilio, más cerca del Emperador y esperando una audiencia, puede apostrofarle de piissime imperator, optime ac religiosissime imperator, cristiano deseoso de santidad, a pesar de que su fe era exactamente la misma.
Oportunamente, Jorge de Capadocia, un ultra *arriano, se hizo con el poder en Alejandría; era uno de los adeptos del soberano, que aparecen aquí cada vez con mayor frecuencia y que unen a su cargo eclesiástico, un sorprendente sentido de las finanzas.
El patriarca Jorge* levantó un monopolio funerario, aunque al parecer también adquirió el del carbonato sódico e intentó comprar las lagunas de papiros, junto con las salinas egipcias.

Entre sus proyectos religiosos preferidos estaban las herencias, un

…campo especial de los salvadores de almas cristianos, a lo largo de todos los siglos. El obispo Jorge* no sólo procuraba que los herederos, perdieran lo que les habían dejado sus parientes, sino que manifestó incluso al Emperador que todos los edificios de Alejandría, eran patrimonio público. Resumiendo, el primado egipcio sacó provecho de la ruina de muchas personas, por lo que, como escribe Amiano*, todo el mundo, sin distinciones, odiaba a Jorge*.
Aunque ordenado para Alejandría ya en el año 356, no se puso en marcha hacia allí hasta finales de febrero de 357, con una furia salvaje, como un lobo o un oso o una pantera, Teodoreto*.

Hizo que delante de una hoguera llameante, se golpeara en la planta de los pies, a viudas católicas y a doncellas, al parecer totalmente desnudas, con ramas de palmera o que las quemaran a fuego lento; hizo azotar de una manera totalmente nueva, dice Atanasio a 40 hombres; muchos murieron.
Atanasio informa de correrías, asaltos, el apresamiento de obispos, que eran encadenados, encarcelamientos, el exilio de más de treinta obispos, con tal falta de consideración que algunos de ellos, se suicidaron en el camino y otros en el destierro.
En el otoño del año 348, Atanasio recurre a la violencia.
El patriarca Jorge se salva de un intento de asesinato en la iglesia y debe huir.
El 26 de noviembre de 361 regresa, para su desgracia aunque mayor es la suerte por ello, sin conocer el fallecimiento de su protector *Constancio.
Rápidamente es encerrado, el 24 de diciembre, pero católicos y paganos le sacan y, junto con dos funcionarios imperiales, muy impopulares, es arrastrado por las calles y golpeado sin cesar hasta morir.

Sin embargo, poco antes el obispo Jorge, había llamado al estratega Artemio, gobernador militar de Egipto, y con su ayuda, había perseguido también a los paganos, destruido el templo de Mitras, derribado estatuas y saqueado los santuarios paganos, por supuesto en provecho de las iglesias cristianas, que se querían construir.
Juliano* hizo decapitar en el año 362, al destructor de templos Artemio, con lo que a éste se le veneró como mártir arriano*.
Los católicos y los idólatras pasearon por las calles, el cadáver del obispo Jorge a lomos de un camello.
Durante horas se ensañaron con el muerto.
Después le quemaron y dispersaron sus cenizas, mezcladas con las de animales, por el mar.

Y mientras que el tan salvaje lobo arriano* se convierte en Mártir, precisamente en Navidad, Atanasio regresó una vez más y, por fin después de que el pagano Juliano* le volviera a desterrar, en 362, el católico Joviano* le hiciera volver en 363 y el *arriano Valente le exiliara otra vez, la última, en 365-366, durmió en el Señor el 2 de mayo de 373, anciano y muy apreciado.
Al parecer, Atanasio había pensado para su trono en un tal Petros II, aunque había hecho los cálculos sin contar con los arríanos*.
Éstos se apoyaron en Valente* e hicieron

…consagrar a Lucio como obispo. El admirable Petros, sorprendido por la inesperada guerra, fue a prisión, aunque logró salir y refugiarse en Roma en el año 375. Mientras tanto, en Alejandría el obispo Lucio, que busca sus guardaespaldas entre los idólatras, como muchos otros, y parece remedar las malas acciones de un lobo, encarcela de manera eficaz a los católicos, les persigue, destruye las casas de muchos de ellos y de nuevo comete vilezas innombrables contra doncellas consagradas a Cristo. Se las captura en la iglesia, se las desviste, y desnudas, tal como vinieron al mundo, se las lleva por toda la ciudad. A muchas, a las que la práctica de las virtudes ha dado el aspecto de ángeles santos, se las violó, a otras se las golpeó con mazos en la cabeza hasta quedar tendidas sin vida. Se alejó a los monjes levantiscos, los prelados opuestos fueron exiliados y sus ovejas maltratadas. Quienes lucharon por la fe verdadera, fueron tratados peor que criminales, pues sus cadáveres quedaron sin enterrar; los que lucharon con valentía sirvieron de alimento a los animales salvajes y las aves, Teodoreto*. Sin embargo, tras el edicto de tolerancia de Valente*, promulgado el 2 de noviembre de 377, Petros regresa y Lucio es expulsado de la iglesia principal.

No obstante, desde que murió Atanasio, su hombre fuerte de Oriente, la Iglesia católica tiene un nuevo hombre fuerte, no menos poderoso en Occidente.
Y no sólo deja la impronta en su historia sino también, en mayor medida que Atanasio, en la gran política.

Una personalidad sobresaliente, en la que se aunaban la virtud del romano, con el espíritu de Cristo para dar una unidad completa: hombre, obispo y santo de los pies a la cabeza; junto con Teodosio el Grande, la figura más importante de su tiempo, el consejero de tres Emperadores, el alma de su política religiosa y el sostén de su trono; un formidable paladín de la Iglesia.
Ambrosio, el amigo y consejero de tres Emperadores, fue el primer obispo al que acudían los príncipes, para apoyar su trono tambaleante. Su extraordinaria personalidad emanaba una enorme influencia, llevada por el pensamiento más puro y el más completo altruismo, junto con Teodosio I, la figura más brillante de su tiempo.
Ambrosio es un obispo que, en cuanto a la importancia y alcance de su actividad, deja en la sombra a todos los demás, no sólo supera a los Papas de la primera época, sino también a todos los restantes guías de la Iglesia occidentales que conocemos.
Todos los seres humanos, que están bajo el poder romano ditione romana, os sirven a vosotros, sus gobernantes y Emperadores del mundo. Pero vosotros lucháis por el Señor Universal y por la santa Fe.
También Kraft ve en Ambrosio, la virtud romana completada y aumentada con la virtud cristiana.
Lo mismo que Atanasio, Ambrosio en su cargo de 374-397, según el testimonio de Agustín, el mejor y más mundialmente conocido obispo de Milán, era no tanto teólogo como político de la Iglesia: igualmente inflexible e intolerante, aunque no tan directo; más versado y dúctil; conocedor del poder desde su nacimiento.

Y sus métodos, más que los de Atanasio, siguen siendo hasta la fecha ejemplo para la política eclesiástica.

Los agentes del santo, se encuentran situados entre los más altos funcionarios del Imperio. Actúa hábilmente desde un segundo plano y prefiere dejar, que quien haga las cosas sea la comunidad, a la que fanatiza con tanto virtuosismo, que incluso fracasan las proclamas militares dirigidas contra ella.

Con mayor destreza que Atanasio protege a Dios, a los religiosos, a la Fe de Cristo, aunque su interés por la influencia, por el poder, no sea ni un ápice menor.

No obstante, opera bajo otras condiciones, con los Emperadores católicos de buena Fe, declarados seguidores del Dogma de Nicea*.

Y cuanto más les instiga tanto menos concesiones hace; declara con especial énfasis, no ocuparse de asuntos de Estado y se considera a sí mismo, de manera típica para el pastor politicus que ha perdurado, hasta la actualidad, teólogo, cuidador de almas.

Con extraordinaria tenacidad, se presenta humildemente, despierta compasión, emoción, manifiesta poses de Mártir y afirma con voz apostólica: cuando soy débil, soy fuerte; Habemus tyrannidem nostram.

La tiranía de los clérigos es su debilidad.

En las crisis graves distribuye magnánimamente el oro, entre el pueblo y saca de las profundidades de la tierra, por arte de magia, milagrosos huesos de Santos.

Cuatro soberanos de Occidente caen en su tiempo; él sobrevive.

Estamos muertos para el mundo, ¿qué nos preocupa? Ambrosio.
Hijo del prefecto de las Galias, nació hacia 333 o 339 en Tréveris* y, huérfano a temprana edad, creció, con dos hermanos, bajo la tutela de aristócratas romanos.

Habiendo estudiado retórica y derecho fue nombrado, alrededor de 370, administrador consularis Liguriae* et Aemiliae, con residencia en Milán.

El arriano Maxencio, había sustituido allí en 355 al obispo local *Dionisio y había contagiado a los milaneses la enfermedad espiritual Teodoreto*.

Tras la muerte de Maxencio* en 374, en la turbulenta elección de nuevo obispo se oyó de pronto, por tres veces una voz infantil que gritaba: Ambrosio obispo. A lo que al parecer todos respondieron unánimemente: Ambrosio obispo.

Pero, modesto como era, el que todavía no había sido bautizado, rechazó por supuesto el alto cargo, mucho más importante que el que ocupaba en ese momento. Tal como resultaba de buen tono, opuso una resistencia más obstinada a convertirse en el obispo de la segunda ciudad, más importante de Occidente, después de Roma. Incluso se llevó a casa prostitutas, para echar por tierra su prestigio.
Se dice…

…también que, por la noche, huyó en dirección a Pavía*. Sin embargo se perdió, un error que realmente tuvo muchas consecuencias posteriores, y al romper el alba*, se encontraba de nuevo allí donde, probablemente el 7 de diciembre de 374, sería consagrado obispo, apenas ocho días después de su bautismo, y sin tener siquiera los conocimientos de cristianismo de un laico educado.

A pesar de eso, en la casa paterna de Ambrosio era frecuente la visita de obispos, y entre sus ancestros contaba con una Mártir, o tal vez varios.

Su única hermana, Marcelina*, había elogiado la virginidad eterna, que sirvió de tema del sermón en la Navidad de 353, para el Papa Liberio*, el firmante del credo arriano*.

Ambrosio hizo además de su hermano Sátiro*, casi igual a él, su más íntimo colaborador, nombrándole administrador de los bienes eclesiásticos.

Él mismo se convirtió en el principal aniquilador del arrianismo* occidental, y también en el primero que luchó en Occidente, por la idea del Estado católico; un obispo que no sólo gobernó la Iglesia sino también, como principal asesor espiritual de tres Emperadores, el Estado, por lo tanto un político determinante que fue, en palabras de Erich Gaspar, la figura principal de esta época.

Milán Mediolanum*, fundada por los galos y notable nudo de comunicaciones, especialmente con vías importantes, que conducen a los pasos alpinos, fue en el siglo IV, la capital de Italia y de manera creciente la Residencia imperial.
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