Fue una etapa del arte cuya principal característica era expresar la idea de perfección de la realidad. El Clasicismo reflejó al hombre como un ser armónico y a






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fecha de publicación03.07.2016
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Fue una etapa del arte cuya principal característica era expresar la idea de perfección de la realidad. El Clasicismo reflejó al hombre como un ser armónico y a la humanidad como una sociedad ideal y sin problemas. Los representantes de este período fueron Gluck, Haydn, Mozart y el Beethoven de los primeros tiempos.

Culminación del Clasicismo

A fínes del siglo XVIII y principios del XIX la ópera de estilo italianizante aún domina la escena europea. Su esplendor eclipsa todo intento de arte nacional o en otro idioma, con crisis entre defensores y opositores de lo italiano, como fue la guerra de bufones en París.

En Alemania se cerraban cada vez más teatros de ópera, y las representaciones se veían limitadas a las cortes y la aristocracia. Aún así, nació un género más ligero entre el vaudeville y la opereta, que en Inglaterra se llamó bailad opera y en Alemania singspiel, cuyo ejemplo por excelencia es La flauta mágica de Mozart, quien también compuso las partituras de Bastien et Bastienne, Zaida y la obra de ambientación turca, El rapto en el serrallo. La intención de imponer producciones alemanas de ópera seria fracasaron, desde el Alcestes de Schweitzer al Günter von Schwarzburg de Holzbauer, concentrándose muchos creadores en el más restringido de los melodramas, como el Pygmalion de Rousseau.



Clasicismo en Rusia

Se suele considerar a GIinka como el creador de la ópera rusa. Sin embargo ántes, en 1735, el compositor Araja llegó a San Petersburgo como director de una compañía italiana y compuso los primeros dramas musicados en ruso: La clemencia de Tito y Céfalo y Procris. La primera ópera de autor ruso fue Anita de Fomin, y la siguieron La buena chica y El molinero brujo, incluso componiendo una ópera con libreto de la zarina Catalina II. Bajo su gobierno, se crearon y estrenaron varios dramas líricos, como los de Pachkevitch, Titov, Kartezelli, Ekkel y el príncipe Gorchakov. En el reinado de Pablo I el teatro como disciplina perdió espacio, aunque hubo estrenos de Beloschkly y Koslowsky. Al llegar al trono Alejandro I resurgió el género con artistas italianos como Soliva y Cavos.



La invención del piano

En 1711 Bartolomeo Cristofori presentó en Florencia su flamante invento: el gravicémbalo con piano y forte, una especie de clave que permitía ejecutar la música a distintas intensidades. En el mismo año, el monje inglés Wood presentaba un forte-piano parecido en Roma. Tras un lustro y esta vez en París, el inventor Marius ideó un clave con macillos que percutían las cuerdas interiores, en lugar de pulsarlas como hasta ese momento. Por último, en 1717 se dió a conocer el hammerklavier de Schróter, que el fabricante de órganos Silbermann decidió lanzar al mercado en 1726. Uno de sus empleados, de nombre Zumpe, llevó al nuevo instrumento a Londres en 1760. Tres años después Johann Christian Bach ofreció un concierto tocándolo. De allí a París, donde Sebastian Erard lo perfeccionó a partir de 1775.

El lied

El lied (canción monódica en alemán) renace durante esta época. Desde las Odas con melodía de Krause a obras como las Canciones de la amistad y el amor de Hiller, las 128 canciones de Reichardt, las melodías de Kuntzen, que "escribe para el inocente pasatiempo de los aficionados", o las baladas de Zelter, quien en 1809 fundó un coro masculino de Heder a semejanza de la Tabla Redonda del rey Arturo. Todos estos nombres pertenecieron a una escuela berlinesa muy vinculada al poeta Goethe, quien consideró al lied estrófico la forma ideal. Incluso Viena se rindió a la canción a través de compositores especializados en el singspiel como Paradis y Hackl, o bien de la pluma de sus grandes compositores. Haydn compuso 48 Heder, 133 canciones y 445 adaptaciones de melodías populares inglesas para canto y piano. A su vez, Mozart acusa unas 30 canciones en su catálogo y Beethoven, casi un centenar.
Época de genios

A fines del siglo XVIII en Viena se dio un episodio único en la historia de la música: se concentró un enorme despliegue de genialidad artística en un mismo lugar y época. Los tres nombres de la escuela vienesa distinguen estas décadas como un período con nombre propio. Los tres fueron conocidos, coincidiendo en un tiempo apropiado para recibir a genios creadores como ellos. A pesar de haber cultivado a su manera todos los géneros, desde la música de cámara a la ópera y la sinfonía, cada uno quedó en la historia como paradigma de un aspecto: las sonatas y música de cámara de Haydn, las óperas de Mozart, las sinfonías de Beethoven. Demostraron la pluralidad de personalidades trás de un mismo estilo, desde la paciencia y modestia del sorprendente Haydn, al virtuosismo precoz y la ingenuidad infantil de Mozart, para llegar al atormentado romanticismo incipiente de Beethoven. Tres genios que, como Bach y Haendel representaron el barroco tardío, son el ícono del clasicismo.



Franz Joseph Haydn

Nació en 1732 en Viena y su formación estuvo a cargo de Porpora. Pronto se vinculó con Gluck y Monn. Trabajó para muchos nobles europeos, como el conde Morzin de Bohemia, el príncipe Esterházy y su sucesor, el príncipe Nicolás. Es considerado uno de los precursores de formas como la sinfonía, la sonata y el cuarteto de cuerdas. Su estilo sirvió de transición entre el estilo sentimental del Sturtn und Drang con el recambio clasista, conociendo a las otras dos mayores figuras de este movimiento en circunstancias diferentes. A pesar de su juventud (24 años de edad) y la distancia generacional con Mozart, fueron amigos, no así con Beethoven. Su catálogo abarca 108 sinfonías, 68 cuartetos de cuerda, 47 sonatas para piano, 26 óperas y 4 oratorios, 14 misas, 2 Te Deum y un Stabat Mater.



Mozart

A los 35 años (1756 a 1791), Mozart empañó la obra de sus contemporáneos. Su naturalidad y espontaneidad fueron canalizadas por las enseñanzas de su padre Leopoldo, miembro de la capilla del arzobispo de Salzburgo, quien abandonó todo para preparar musicalmente a su hijo. Lo llevó por las cortes y ciudades europeas, regodeándose por su virtuosismo interpretativo y su genialidad creadora. Otros músicos que influyeron a Mozart fueron Johann Christian Bach y el Padre Martini de Bolonia. Su prolífico catálogo cuenta con más de 600 obras compuestas desde los seis años de edad. A los doce compuso la primera óperas. Luego se mudó a Viena, donde creó sus obras de madurez, con varios conciertos, cuartetos de cuerda, sinfonías y óperas como El rapto en el serrallo, Las bodas de Fígaro, Don Giovanni, Cosi fan tutte y la opereta La flauta mágica. De las obras religiosas destacamos algunas misas y un Réquiem.

Beethoven

Nació en 1770 y fue el hijo de un cantante de la capilla del Elector de Bonn, alcohólico y violento, que al notar el talento musical de su hijo, le impuso un estricto régimen de estudios de piano. En Viena conoció a Mozart y luego a Haydn, que lo invitó a estudiar con él en Viena, adonde fue en 1792. Pero Beethoven, con su genio indómito y rebelde, buscaba la originalidad en la creación musical, por lo que acudió a nuevos profesores y nobles que lo apoyaron. Comenzó su sordera, por lo que en 1812 al borde del suicidio redacta el “Testamento de Heiligenstadt”. Perfeccionista, corrigió sus manuscritos reiteradas veces, por lo que su catálogo de obras no es abundante como podría. Su estilo sinfónico influyó a las generaciones siguientes de compositores y se proyectó hasta el siglo XX.

Formas instrumentales clásicas

Las formas instrumentales surgidas en el clasicismo evolucionan hacia la sonata, base de la música instrumental solista y del cuarteto de cuerdas o la sinfonía, que son sonatas para orquesta o conjuntos instrumentales. Alemanes, franceses e italianos trabajaron la antigua suite (sucesión de danzas alegres y lentas, alternadamente) para llevarla a una forma más orgánica y compleja. J. S. Bach y Haendel cambiaron la zarabanda y la siciliana a largos y adagios, a la vez que la alemanda se volvió allegro y de la giga nació el presto. Hubo compositores franceses como Senaillé y Francoeur que contrapusieron un segundo tema al principal, una técnica que tomó Arcangelo Corelli. La sonata avanzó notablemente con Domenico Scarlatti, quien buscó la simetría de las frases, y más tarde con C. Ph. E. Bach, que utilizó la forma ternaria definitiva con exposición y reexposición de dos temas y su plan de modulaciones o cambio de tonalidad, dando lugar a la sonata clásica que se convirtió en buque insignia de la renovación estilística de Haydn, Mozart y Beethoven.



Formaciones instrumentales características

Además de la orquesta sinfónica, los músicos constituyeron distintas agrupaciones, la más conocida (pero no la única) fue el cuarteto de arcos, con dos violines, viola y violoncello, que aún persiste. Entre los vientos se destacaron los dúos para dos flautas, los tríos o cuartetos de cuerda con flauta u oboe que reemplazaron al primer violín, o el quinteto con el clarinete sumado al cuarteto de arcos. Asimismo, hay ejemplos de cuartetos de madera (flauta, oboe, clarinete y fagot, que suma la trompa en los quintetos) y conjuntos ocasionales como el septimino de Beethoven con violín, viola, violoncello, contrabajo, clarinete, fagot y trompa. Algunos de estos conjuntos vienen de la tradición de la Harmoniemusik, interpretada al aire libre.


La escuela vienesa

Al ocaso del Barroco y nacimiento del clásico suelen relacionarse la muerte de J. S. Bach en 1750 y la muerte de Beethoven en 1827. Sin embargo, antes de esta fecha habían surgido los primeros signos del Romanticismo de Weber, Schubert y el mismo Beethoven tardío. El comienzo de la transición se produce con el estilo galante francés, el nuovo tono italiano, el rococó y el estilo sentimental de las escuelas de Mannhein, Berlín y Viena, en donde hallamos al joven Franz Joseph Haydn. Este compositor, a las órdenes del príncipe Esterházy, trabó amistad con el joven Mozart (a pesar de la diferencia de edad) y fue profesor por poco tiempo de Beethoven. Dejó un rico catálogo de obras sin llegar a la genialidad, en su corta existencia, de Wolfgang Amadeus Mozart de Salzburgo.

Otras formas

Los clásicos cultivaron otras formas además de la sonata, como el minué que utilizaban como método pedagógico por su simetría inherente y su sentido corporal al ser un baile. Por su lado, la sinfonía recogió la herencia del concertó grosso, pero plasmando los cambios formales de la sonata y su tratamiento temático. Al principio, las sinfonías tenían tres movimientos que después se convirtieron en cuatro: un allegro, a veces con introducción lenta, en forma de sonata; un andante o adagio lírico; un minué o scherzo con trío incorporado; y el allegro final en forma de rondó o sonata. También son abundantes los ejemplos de música de cámara para pequeños conjuntos homogéneos, como tríos o cuartetos de cuerda, sonatas para solista y piano. Los instrumentos más apreciados fueron los que destacaban la expresividad de la voz humana, desde el clarinete o el violín, al flamante pianoforte.

La reforma de la Ópera

El nuevo estilo del clasicismo nació de la batalla entre ideas. El barroco tardío dió pie a la expresión dramática de un sentimiento y el clasicismo puso la acción. Por primera vez la música fue capaz de describir un afecto o sentimiento primario y permitió vivenciar al personaje gracias a su evolución dramática personal. El clasicismo fue influido por las corrientes operísticas italianas en su renovación a través de la ópera seria. Estos dramas escénicos mostraban un conflicto de pasiones sobre el telón de fondo del mundo antiguo. Con frecuencia, la resolución era un acto heroico o de renuncia. La ópera solía tener tres actos en los que se alternaban recitativos y arias, y con pocas intervenciones orquestales destacadas fuera de la obertura. Estos parámetros exigían un cambio, que empezó a fraguarse en los dramas de Traetta y Jommelli y que derivó en la reforma del lenguaje operístico, conjugando el estilo francés e italiano, en la obra de Gluck.



La Ópera bufa

Nació como opositora a la ópera seria y de los mismos ascendentes napolitanos. Su primer gran exponente fue La sierva padrona de Pergolesi y llegó a su cúspide con Mozart. Se trató de una representación burguesa y desenfadada, con personajes cómicos e intermedios, basados en la Comedia del Arte. Las óperas bufas tenían por lo general seis o siete personajes en tesitura normal (sin castrati). Por ejemplo, Cosí fan tutte de Mozart tiene seis personajes, mientras que su Don Giovanni cuenta con ocho. Aunque esta variante genérica tenía recitativos y arias, las partes más importantes de la acción se encontraban al final, muy dramático y donde reaparecían todos los personajes cantando un concertante a varias voces.


Christoph Willibald Gluck

Compositor nacido en Bohemia. Estudió con Sammartini en Italia y luego dirigió óperas en Alemania y Viena, para triunfar en el París de María Antonieta. Su reforma del drama surgió a partir de su colaboración con el poeta Rainiero Calzabigi. Sobre sus libretos compuso Orfeo y Eurídice en 1762 y Alcestes cinco años después. Gluck fue el primero en poner la música al servicio del texto poético. Significó la ruptura de las formas tradicionales, como el aria da capo o las arias destinadas sólo al lucir virtuoso de los cantantes. Supo combinar la gracia melódica italiana con la austeridad germana y la grandeur de la ópera francesa. El estreno de Ifigenia en Aulide en francés (París, 1774) consagró esta nueva visión del género, apoyada por algunos intelectuales que no claudicaban ante la supuesta imposibilidad de escribir buenas óperas en lengua francesa.

Otros compositores

La ópera bufa apareció ya en la obra de Leonardo Vinci y su Lo cecato fauzo, en dialecto napolitano, para seguir con Pergolesi, el veneciano Galuppi y El mundo de la luna, La buona figliuola e I viaggiatori de Piccini, El barbero de Sevilla y La Molinera de Paisiello, La finta giardiniera de Anfossi o El matrimonio secreto de Cimarosa. Entre las óperas bufas más destacadas de Mozart encontramos Cosí fan tutte y Don Giovanni, La finta semplice, La finta giardiniera, L'oca del Cairo, Lo sposo deluso y, en especial, Las bodas de Fígaro. La reforma de la ópera seria de Gluck influyó en otros compositores franceses de un país al borde de la revolución: Grétry, Gossec, Spontini o Mehul, destacándose las óperas de la Edad del Terror, como El aguador de Cherubini.

Música sacra

El siglo XVIII se caracterizó por su carácter laico e individualista derivado del humanismo de la Ilustración. En el Siglo de las Luces brilló el racionalismo, que no siempre supone una ruptura con las iglesias. La música litúrgica recogió su amplia tradición, pero a su vez fue influenciada por la popularidad del género de la ópera. Aunque existieron compositores que continuaron la línea de Palestrina (como el catalán Francisco Valle y el italiano Giuseppe Ottavio Pitoni), la tendencia fue la de introducir elementos del teatro en las obras religiosas. A esto se debió el éxito y la recuperación del oratorio, que terminó siendo una especie de ópera sacra. En los países germanos, otros creadores como Haydn y Mozart consiguieron juntar la tradición y el espíritu de renovación en obras que quedaron como referentes. En ese momento, en Inglaterra brillaba Haendel, cuyos oratorios fueron considerados distintivo nacional e influyeron en las obras de los locales Greene y Samuel Wesley.



La Reforma Josefina

En 1782 José II de Austria abolió el dispendio que fijaba la cantidad de trompetas que se podían usar en cada ciudad y reemplazó el canto de la misa latina en las escuelas por una canción escolar nacional alemana compuesta por corales de inspiración luterana. En 1796, seis años después de la muerte del emperador, caducó dicha reforma. Haydn se opuso a este decreto dejando de escribir misas durante todo este período, pero había compuesto ocho misas y escribió seis más después de la abolición del decreto, entre ellas la Missa in tempore belli, Missa in angustiis (Misa de Lord Nelson), la Harmoniemesse o la Alisa Imperial. Su catálogo de música sacra se completa con dos Te Deum, un Stabat Mater y una obra, Las siete palabras, creada para los canónigos de la catedral de Cádiz.



Mozart religioso

Leopold, el padre de Mozart, era un consumado compositor de música religiosa. Así fue como el pequeño Wolfgang Amadeus compuso obras para este género desde una temprana edad. Su música religiosa no se destaca sobre otras obras contemporáneas, como los oratorios de Haydn. La música sacra de Mozart suma 20 misas, entre ellas la Misa de la Coronación y un breve motete, Ave Verum. Compuso la mayor cantidad de sus misas en Salzburgo, pero es en Viena en donde termina una de las mejores obras sacras: la Misa en do menor. También compuso un espléndido Réquiem, encargado por un desconocido. Murió mientras componía la Lacrimosa del mismo. La obra fue completada bajo las instrucciones del compositor, por su alumno Süssmayr.

El oratorio clásico

El poeta Metastasio previó la fusión del mundo operístico y la liturgia, rescatando al viejo oratorio basado en  textos bíblicos. Esa idea halló terreno fértil en Piccinni, Gassmann, Paisiello, Seydelmann, Salieri, Haydn y Mozart, quienes compusieron oratorios que se representaron fuera de la temporada operística, en fechas como Semana Santa y Navidad. Las obras más importantes que promueven esta evolución son El Mesías de Klopstock y la Resurrección y Ascensión de Jesús de C. Ph. E. Bach, pero indudablemente, el oratorio que ejerció una mayor influencia fue La muerte de Jesús de Graun. La culminación de este género religioso llegó con dos grandes obras de Haydn: La Creación y Las Estaciones, en las que combina una construcción general semejante a la de Haendel en El Mesías con el nuevo lenguaje clásico desarrollado principalmente en sus sinfonías. Se destacan además los oratorios de Mozart (La Betulia líberata) y de Beethoven (Cristo en el Monte de los Olivos).

Nuevos conceptos

El siglo XVIII considera a la música como una ciencia, un arte regido por leyes. Rousseau la definió como “el arte de combinar los sonidos de una manera agradable al oído”. Esta definición se opuso al posterior romanticismo, con su auge de las pasiones y los sentimientos. Otros autores como Michaelis ven en ella una forma sublime de aventurarse en los terrenos de la fantasía. Incluso hay quienes como el mismo Rousseau y Herder califican a la música como un lenguaje intuitivo, anterior y origen del lenguaje de las palabras, destacando al pueblo, más cercano a la naturaleza, sobre el mundo burgués civilizado. Así nace un nuevo espíritu de la educación, tanto general como musical. En el primero de los casos situamos los trabajos de Voltaire y Goethe, mientras que la pedagogía musical es tema de escritos de C. Ph. E. Bach, Quantz y otros. El mundo ya estaba preparado para la llegada de genios creativos naturales, que rechazaron la erudición típica del barroco y transgredieron las normas impuestas.


Una nueva estética

La estética de la época comienzó a generar nuevos pensamientos, aunque sigue apoyándose en la doctrina platónica, enriquecida con los aportes de Hegel y su apariencia sensorial de las ideas en lo bello. El artista reprodujo o imitó un modelo de perfección ideal, personificado en la naturaleza, llegando a plantear una música con un programa extra-musical. Pero, hasta la más pura música obtiene su lingüística del principio creador de la naturaleza. Así se pretende atacar lo artificial y el ambiente del barroco, exponiendo los elementos sonoros por los gruesos telones de la textura polifónica. Otros pensadores, como Baumgarten, plantearon que el músico es capaz de superar a la naturaleza si usa y elige racionalmente los preceptos estéticos correctos.



Estilos de música religiosa

La música sacra también sufrió la discusión estética por la validez de los nuevos estilos incorporados al arte litúrgico. La influencia de la ópera napolitana se reconoce en la Misa de Santa Cecilia de Haydn, en la que predominan elementos heredados de épocas anteriores, como la música destacándose sobre el texto, la expresión de afectos, la alternancia de recitativos y arias y la presencia de momentos instrumentales. Por otra parte, el Padre Martini, profesor de Mozart en la Academia Filarmónica de Bolonia, siguió enseñando el antiguo estilo contrapuntístico. Mientras que, sobre todo en el sur de Alemania se desarrolló un estilo que pretendió combinar lo mejor de ambos mundos, dando la misma relevancia a la música y al texto, como se ve en la Misa de la Coronación de Mozart.

Guerra de bufones

¿Cuál es la función de la música, la expresión o la celebración? Fue el planteo intelectual del nuevo estilo clasicista a la Ilustración, el dilema que transitaban los que buscaban preservar el ideal expresivo del renacimiento y los que querían volver al origen celebracional más antiguo de la música. Uno de los principales protagonistas del debate fue Jean-Jacques Rousseau, escritor, crítico social y músico, que trató este tema en la Encyclopédie. Sus ideas sobre un estado primitivo de una sociedad natural, no invadida por la ciencia y la cultura, inspiraron a muchas obras literarias (desde Robinson Crusoe hasta Tarzán) e influyeron en la música de sus contemporáneos. Editó un Diccionario de la música y Cartas sobre la música francesa, en las que afirmaba que ese idioma no era apropiado para el canto refinado. Esta postura lo enfrentó con los defensores de Rameau y el estilo operístico nacional en la guerra de los bufones, durante la representación de La sierva padrona de Pergolesi en París.

Un nuevo estilo

En la segunda mitad del siglo XVIII se produjeron cambios históricos fundamentales en Europa. Uno de los primeros signos del mismo es la Ilustración, un movimiento liderado por Locke y Hume en Inglaterra y por Montesquieu, Voltaire y, posteriormente, Rousseau en Francia; y que influiría en la corriente poética alemana del Sturm und Drang. Este movimiento confiaba en el conocimiento experimental aplicado y en el valor del sentimiento natural común. Una variante del hedonismo que calificaba a la realidad según su contribución al bienestar del individuo, desde la religión al arte o al orden social. Son los pensamientos que sentaron las bases de las revoluciones que vinieron más tarde, tanto sociales (la independencia norteamericana, la Revolución Francesa, etc.) como tecnológicas (la Revolución Industrial, el experimentalismo científico, etc.). Las artes también se vieron afectadas por esta renovación, desde la publicación de la Encyclopédie hasta la redacción de nuevas historias de la música o el nacimiento de un nuevo estilo de composición.



El lenguaje clásico

Desde mediados del siglo XVIII los compositores experimentaron nuevas técnicas que desarrollaron la progresión armónica. A pesar de ello, el primero de los elementos que caracterizaron a este estilo es el fraseo periódico corto y articulado, que supone una ruptura de la continuidad melódico-armónica del barroco. Este modelo se articuló a través de frases de cuatro compases, anticipadas por la escritura de dos grupos de dos compases que se puede ver en Domenico Scarlatti, hijo del célebre Alessandro Scarlatti, y que compuso la mayoría de sus 555 sonatas para la corte española de Madrid. Otro distintivo del estilo son la simetría formal y una textura rítmica más elaborada y lógica, en oposición a la textura rítmica homogénea del Barroco. También se introdujeron cambios sustanciales en la dinámica (forte, piano, etc.), dependientes del ritmo y del fraseo más que de la melodía.



Cosmopolitismo

El éxito de la ópera veneciana en el siglo XVII fue el preludio de una visión cosmopolita en el siguiente siglo. La condición humana prevalecía sobre otras consideraciones de tipo nacional y hubo muchos gobernantes nacidos en otros países. Así, los artistas pasearon por las cortes de Europa (Voltaire en Prusia, Metastasio en Viena, etc.), creando una atmósfera de internacionalización de la vida y el pensamiento. Los compositores italianos se instalaron en Alemania, España, Inglaterra, Rusia y Francia creando un lenguaje musical estandarizado. Primero surgió una corriente clásica que se inspiró en el arte antiguo, para luego dar paso al Romanticismo, que hizo incapié en la oscuridad de la Edad Media. Los ideales humanistas de la Ilustración afectaron a la emergente clase media burguesa y a los propios gobernantes, que se erigieron en mecenas de las artes y llevaron a cabo programas de reforma social. De allí surgieron los ideales de la libertad, igualdad y fraternidad de revolucionarios y masones.

Figuras de relleno

El estilo clásico se caracterizó también por el abundante "relleno", es decir, materiales musicales convencionales relacionados levemente con los temas de las obras, por ejemplo, en las cadencias finales, que ahora son más extensas para apoyar los cambios de tonalidad (modulaciones). Mientras que en el barroco se adoptaba una lectura vertical del relleno (el bajo cifrado), en el Clasicismo lo importante es el despliegue horizontal. Por eso adquieren relevancia las figuras o texturas que acompañan como escalas y arpegios. Esto supone cierta tendencia al virtuosismo instrumental y vocal. Otro rasgo del nuevo estilo del Barroco precedente es la adhesión de zonas tonalmente estáticas, en las que se reiteran materiales oídos en otra tonalidad. Así se crearon contrastes emocionales fuertes entre momentos de tensión y calma.




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