Curso de animación a la lectura. BiMA. Enero 2010






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  • Muestra ilusión: La actitud positiva del narrador es fundamental.

  • Está alerta de las respuestas para adaptarse al ritmo del grupo. Sobre todo en la narración con niños menores de 3 años. Lograr el interés depende de cómo se está contando. Es necesario tener recursos para variar de táctica, de ritmo...

  • Disfruta de la repetición ¿CÓMO? Fingiendo entusiasmo mientras prueba otras alternativas atractivas o los niños “son escogidos” por otra historia.

Y además... Crea sus propias estrategias

Hasta los 3 años conviene crear ciertos rituales que los niños relacionen con la narración de historias y que permitan pactar la participación. Después de los 3, la narración requiere de menos adornos, lo que importa es la historia.

Rituales para reforzar la atención:
Al comenzar, para crear expectativas hacia el contenido y conseguir el ambiente adecuado para contar.

  • El narrador finge que que no puede abrir la portada y pide colaboración al público (repetir alguna fórmula poética, hacer que tiren con fuerza desde su sitio para lograr abrirlo entre todos, llamar al personaje a través de distintos tipos de voz….)

  • También resulta útil el folklore como estrategia para captar la atención del grupo hacia el libro. Fijarse en algún elemento de la portada, o de las guardas que se pueda relacionar con alguna retahíla, canción o poema y plantearlo como un juego.

Durante la narración conviene no abusar de comentarios y fórmulas participativas e intercalar las intervenciones de los niños con las del narrador.  Pero está comprobado que la participación, en términos narrativos,  es sinónimo de atención:

  • Marcar el ritmo narrativo con ritmos corporales (palmas, pasos,…) o sonidos onomatopéyicos. En el caso de la narración con libro sugerir ese compás moviendo el libro (sin abusar para permitir ver la ilustración) resulta un elemento participativo eficaz.

  • Hacia el desenlace de la historia  cerrar el libro y jugar a expresar con mímica lo que va a aconteciendo.

  • ACTIVIDAD DE LECTURA DE IMÁGENES

Los objetivos específicos que se persiguen con este tipo de actividades son:

  • Descubrir a los niños las posibilidades de lectura de las imágenes.

  • Ayudarles a interpretar las claves que encierra el lenguaje de las imágenes.

  • Mostrarles las diferentes funciones que cumple la ilustración.

  • Presentarles diferentes técnicas y estilos.

El camino a seguir para la práctica de este tipo de lectura, como cualquier otro que se inicie en las primeras edades y tenga un largo recorrido, debe tener en cuenta los procesos evolutivos del niño y apoyarse en ellos. Según los especialistas, la adquisición del proceso de la lectura de imágenes pasa por tres etapas sucesivas, que se suceden de manera más o menos rápida dependiendo del contacto que los niños tienen con los libros:

1ª - Identificar y reconocer.

2ª - Explicar una historia que ya está determinada por las imágenes.

3ª - Inventar historias nuevas a partir de las imágenes.

La facilidad para reconocer e identificar imágenes se desarrolla de forma excepcionalmente rápida en aquellos lectores en los que ese contacto con los libros ha sido más intenso. Si se les han mostrado dibujos acompañados de gestos y expresiones orales es fácil que a los seis meses ya no confundan la imagen con el objeto, y que antes de un año reconozcan a personas cercanas (sus padres, por ejemplo) a través de fotografías. Hay niños-as que a los dos años son capaces de verbalizar una historia a partir de imágenes, a veces por imitación al adulto que se lo ha contado, y otras porque se ha producido una comunicación real entre el ilustrador-emisor y el niño-receptor.

Favorecer la primera y la segunda etapas es relativamente fácil, a través de estrategias que trabajen la capacidad de observación e identificación.

Algunas de las ideas que responden a este enfoque y se pueden llevar a cabo se enuncian en el cuadro siguiente:

  • Mostrar a los niños libros de imágenes con diferentes estilos y coloridos, imágenes que favorezcan el juego de identificar, con objetos fácilmente reconocibles, de su entorno cotidiano.

  • Hablar de las imágenes. Explicar cómo están hechas y experimentar con las mismas técnicas que utilizan los artistas puede ser una buena estrategia para que los niños las valoren y admiren.

  • Presentarles obras de un mismo autor para que reconozcan el estilo.

  • Proponerles juegos de adivinanzas visuales: mostrar una parte de una imagen para que traten de adivinar el todo.

  • Proponer juegos de “veo, veo” para buscar determinados detalles de una ilustración.

  • Mirar las caras de los personajes y tratar de adivinar su estado de ánimo.

  • Mirar imágenes e indagar / deducir si es de día o de noche, si están en el campo o en ciudad, si hace frío o calor...

Poco a poco el primer estadio de identificación y reconocimiento dejará paso al segundo, donde el pequeño lector será capaz de crear una relación más comunicativa con el ilustrador, poniendo palabras a las imágenes. En esta etapa es conveniente proponer modelos para que los niños imiten, adoptando tonos de voz, posturas y expresiones de los adultos que les cuentan las historias.

Llegar más o menos pronto al tercer nivel será cuestión de motivación y de práctica. El niño que acceda a esta etapa de lectura será capaz de crear su propio discurso e interpretar de forma más subjetiva las imágenes que se le presentan. Se pueden trabajar actividades basadas en la interpretación de la asimilación del orden espacio-temporal o reconocimiento de técnicas o de estilos.

  • Imágenes desordenadas. Desordenar las imágenes de un cuento. Pedir a los niños que las ordenen teniendo en cuenta la secuencia más lógica. Dependiendo de la edad de los niños del grupo se elegirán imágenes más o menos fáciles.

  • Imágenes mudas. Mostrar imágenes de un cuento que sean muy narrativas, con acciones claras y personajes que marquen un hilo conductor fácilmente reconocible, bien secuenciadas en cuanto al tiempo y al espacio. Pedir a los niños que cuenten lo que sucede en la historia.

  • Imágenes adecuadas. Se lee un cuento y se muestran varias imágenes de diferentes cuentos. Los niños tienen que identificar las que ilustran esa historia.

  • Imágenes incorrectas. Mostrar ilustraciones (tarjetas ilusadas, diapositivas...) que pertenecen a una misma historia, intercalando una o varias del mismo autor pero que no tengan nada que ver con ese cuento, y pedir a los niños que las detecten

  • Imágenes propias. Proporcionar a los niños diferentes materiales para dibujar, colorear, crear texturas, y proponerles crear las imágenes para un texto. Se puede facilitar el trabajo ofreciéndoles revistas para que recorten, o plantillas para que calquen las siluetas de personajes.

  • Imágenes raras. Círculos, rectángulos, triángulos; rojo, verde, amarillo, azul. Combinar formas y colores para crear un código de imágenes, e ilustrar después un cuento con esos símbolos. Para simplificar el ejercicio es recomendable partir de un cuento popular conocido por los niños.

Todas estas estrategias son propuestas dirigidas a conseguir que el niño, al ver ilustraciones, sea capaz de captar las funciones que desarrollan, por sí solas o como acompañantes de un texto, de detectar sus mensajes explícitos y de inferir sus significados implícitos.

Janet C. Richards y Nancy A. Anderson las han conceptuado y sistematizado bajo el proceso que denominan “Qué veo – Qué pienso – Que imagino” (SWT en las siglas originales inglesas: What do I See? What do I Think? What do I Wonder?), del que deducen un modelo de trabajo que en esencia propone desarrollar, a partir de imágenes de libros infantiles, actividades de exploración visual que fomentan el pensamiento analítico (por la observación de elementos, contextos y detalles de las ilustraciones), implican ejercicios de interpretación y predicciones meditadas (el niño, a partir de las imágenes, intenta deducir lo que pasa en la historia que narra el libro, imaginar situaciones y sentimientos de los personajes o relaciones entre ellos, ubicar temporal y espacialmente la historia, etc.), y estimulan la curiosidad. 

Como puede verse, el material básico y más útil para trabajar este vital campo de aprendizaje en las primeras edades lo encontramos en los álbumes, sin olvidar las posibilidades que ofrecen los soportes audiovisuales. En el documento siguiente se describe con más detalle el desarrollo de una serie de actividades basadas en la imagen, que pueden trabajarse con niños de 3 años en adelante Manos a la obra-Actividades de ilustración.(Ver pdf)
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