Osho La pasión por lo imposible La búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza en el camino del autoconocimiento Título original: Satyam, Shivam, Sundaram Índice






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La otra noche, durante tu charla, me di cuenta de lo terco y cabezota que soy. Siempre hay un «pero» dentro de mí y no sé cómo superarlo. ¿Cómo puedo rendirme por completo a ti?
Tu pregunta es sumamente interesante. Dices: «La otra noche, durante tu charla, me di cuenta de lo terco y cabezota que soy». En cuanto uno se da cuenta de que es cabezota, deja de serlo, porque está utilizando la cabeza. Y también te has dado cuenta de que eres terco. Me gustaría decirte humildemente que no lo eres, porque una persona realmente terca superaría cualquier «pero», por grande que fuera. Supondría un reto para su terquedad.

Dices: «Siempre hay un "pero" dentro de mí y no sé cómo superarlo». ¡Pues ponte terco y cabezota y supéralo!

Además, yo no te he pedido que abandones tus «peros» y «sin embargos». No puedes hacerlo... tu mente es esquizofrénica, está siempre dividida en direcciones diametralmente opuestas. Una parte de la mente dice una cosa y la otra parte la contradice de inmediato; ese es el «pero». Una parte quiere terminar la frase pero la otra parte la interrumpe.

No te he pedido que lo abandones, que lo superes. Me has interpretado mal. Lo único que quiero es que comprendas lo que te ocurre. Con comprenderlo bastará para disipar la oscuridad.

Así habla el ego: ¿Cómo superar? ¿Cómo abandonar? Todo «cómo» surge del ego. La persona de buen entendimiento simplemente se pregunta: ¿Dónde está el ego, dónde están todos esos «peros» y «sin embargos»?

Sencillamente han desaparecido. A la intensa luz de la conciencia no pueden existir tales cosas.

Y por último dices: «¿Cómo puedo rendirme por completo a ti?».

¿De dónde has sacado la idea de que tienes que rendirte a mí? Tienes que rendirte a la existencia, no a mí. Esa es mi continua pelea con todas las religiones, porque todas quieren que te rindas a ellas.

Hace unos meses el Papa incluso declaró que no les está permitido a los católicos confesarse directamente con Dios. Dice que es uno de los mayores pecados. Tienes que hacerlo por el canal adecuado. En primer lugar, tienes que confesarte con el sacerdote, que tiene línea directa con Dios, y después él hablará con Dios a tu favor, pero tú no puedes hacerlo directamente.

Ni siquiera te permiten a Dios... Tienes que someterte al sacerdote, al Papa, al shankaracharya, al imán, al profeta. ¿Y quiénes son esas personas? Probablemente, las personas más egoístas del mundo, cuyo ego disfruta de ser profetas, que disfrutan con la idea de haber venido a salvar el mundo, de ser los salvadores que disfrutan de la idea de ser el único hijo engendrado por Dios. No tienen ninguna prueba, ni siquiera una partida de nacimiento. Esas personas parecen egoístas muy piadosos, y tras su piedad se oculta el ego.

Yo no soy ningún salvador. Rendirse a mí es completamente inútil. Yo no soy profeta, ni siquiera primo lejano de un dios. Soy simplemente yo.

¿Y comprendes la responsabilidad de rendirte a alguien? Porque también estás sometiendo tu libertad, convirtiéndote en esclavo en nombre de la religión y la espiritualidad. Y esa esclavitud es mucho más profunda que la normal, cuando esclavizan tu cuerpo. Es una esclavitud espiritual. Puedes rebelarte contra la esclavitud física, que te ha sido impuesta por otros.

Esa esclavitud espiritual la has aceptado tú. Te has sometido a alguien: un Jesucristo, un Buda Gautama, un Mahavira... ¿Cómo puedes rebelarte? En el transcurso de dos mil años no se ha rebelado contra Jesucristo ni un solo cristiano; en el transcurso de veinticinco siglos no se ha rebelado contra Buda Gautama ni un solo budista. El hecho es que tú mismo te has sometido, y no lo consideras esclavitud.

Yo no te he pedido que te rindas a mí ni siquiera parcialmente, y mucho menos por completo.

Ríndete a la existencia, a las estrellas, los mares y las montañas, y ellos no te mantendrán en cautiverio. Te darán libertad y te cubrirán de bendiciones. La existencia entera se convertirá en tu hogar.

Ríndete al todo. Esa rendición tiene cierta importancia, porque desaparece el ego. Y la rendición solo puede darse por completo; no puede ser parcial. No puedes decir «me rindo a la existencia al veinte, al treinta por ciento»; no es un trato comercial. No es negociable. O el ciento por ciento o el cero por ciento: esas son las dos únicas alternativas.

Pero recuerda que jamás debes rendirte a una persona. Por mucho que alardeen, todas están hechas de la misma sangre y la misma carne que tú. Solo algunos especialmente astutos, falsos e hipócritas se aprovechan de tu inocencia, dicen que eres una de sus ovejas y se hacen pastores. Y a ti te gusta que te llamen oveja, no te sientes humillado y no comprendes que te están insultando espiritualmente. Por el contrario, piensas que es algo para alegrarse que el pastor, el único hijo de Dios, te haya aceptado.

En primer lugar, no existe prueba alguna de Dios; en segundo lugar, tampoco existe prueba alguna de que tenga esposa; en tercer lugar, tampoco existe prueba alguna de que haya engendrado un hijo. En las escrituras se le califica de omnipotente... ¿y se conforma con dar vida a un solo hijo durante toda la eternidad? Y no creo que sepa nada de métodos de control de natalidad, porque no existían al principio, cuando estaba creando el mundo. Él no los creó, desde luego.

Ni Dios existe, ni existen los mensajeros de Dios, ni los profetas de Dios, ni los hijos únicos engendrados por Dios. Todas esas personas solo tienen una cosa más que tú: sus enormes egos, tan grandes que llegan a autoconvencerse de cualquier ilusión, de cualquier alucinación. La mejor manera de convencerse de una ilusión es transmitírsela a la gente. Cuando unas cuantas personas empiezan a creer en ti... y siempre hay gente dispuesta a creer. La gente cree en cualquier cosa: visitantes interplanetarios de diez centímetros de estatura, de color verde, que vienen a la tierra...

Los seres humanos están dispuestos a creerse cualquier estupidez porque están tan vacíos que si algo parece llenarlos... A quien se está ahogando, incluso una pajita le parece una tabla de salvación. Se aferra a la pajita, sabiendo perfectamente que no podrá salvarlo y que, por el contrario, la arrastrará con él río abajo.

Todas tus creencias no son sino pajitas a las que te aferras porque sabes que te estás ahogando.

No quiero que os rindáis a mí. Va en contra de mi consciencia. Sois mis compañeros de viaje; no puedo degradaros ni puedo humillaros. En todo caso puedo daros más dignidad y autoestima. Esa es para mí la verdadera función del maestro. Solo los farsantes, los falsos maestros, exigen sometimiento. Cierto, yo también predico el sometimiento, pero no a mí, sino al todo. Y os resultará más fácil someteros a ese cosmos infinito, hermoso. Así desaparecerán los «peros».

Pero jamás te sometas a lo que no sea el todo. Si lo haces, serás un esclavo. Esa es la esclavitud a la que está sometida la humanidad desde hace miles de años.

Yo enseño la libertad, no la esclavitud. Yo os enseño la totalidad en la forma de vivir, y os enseño el respeto, el amor y la gratitud hacia el todo.

Debes de haber sacado esa idea de las falsas escrituras que continuamente escriben los ignorantes. Son tan ignorantes que no pueden tener conciencia de su propia ignorancia, y por eso no paran de proclamar tonterías. Como esas cosas se han repetido muchas veces, casi han llegado a ser verdad.

Cuidado con la psicología de las masas y cuidado con el pasado de la humanidad. Es feo, terriblemente feo. Por desgracia los heredamos, pero por suerte pueden desheredarnos. Puedes desvincularte del pasado y empezar una vida con un enfoque completamente distinto que esté en sintonía con la existencia, no en sintonía con la Biblia, ni con el Corán, ni conmigo, sino en sintonía con la existencia en su totalidad.

A menos que sintonices con el pulso universal, hagas lo que hagas no podrá decirse que sea espiritual. Será alguna clase de esclavitud, quizá nueva, pero la esclavitud es la esclavitud, antigua o nueva.

Bridget y Maureen volvían de la iglesia, donde el sacerdote acababa de dar un sermón sobre la vida marital.

—¿Qué te ha parecido el sermón? —preguntó Bridget.

—Ojalá supiera yo tan poco del matrimonio como él —contestó Maureen.

Es un mundo extraño. Quienes no están casados, quienes han hecho voto de castidad para toda la vida, enseñan a los demás la vida marital, y esos idiotas los llaman «padre». ¿Padre de quién?

Todas las escrituras religiosas que enseñan a vivir son obra de personas que han renunciado a la vida. No conocen ni los rudimentos de la vida y son unos cobardes, porque han huido de la vida, de sus luchas y sus retos, y predican el significado esencial de la vida, los fundamentos de la vida.

Personas que no han amado a nadie escriben auténticos tratados sobre el amor. Qué mundo tan raro. Y esas personas tan raras no se paran a pensar ni un momento que no tienen autoridad para hablar sobre algo que no han experimentado, pero satisface el ego predicar y aconsejar, aunque no se tenga ni idea de lo que se habla.

En una ocasión me invitaron a una conferencia religiosa. Antes de mí habló un monje jainista que dijo cosas preciosas, pero noté sus vibraciones... Repetía las cosas como un loro. No sabía nada. Lo demostraban sus ojos, su cara, sus gestos, sus palabras. Eran huecas, vacías, aunque estuvieran sacadas de las escrituras.

Yo tuve que hablar después. Acababa de llegar a aquella ciudad y el monje que había hablado antes que yo era muy famoso en la zona, o sea que en realidad habían ido a oírlo a él. Yo era demasiado joven y un perfecto desconocido en la región; era la primera vez que iba a la ciudad. En cuanto el monje bajó del estrado, la gente empezó a marcharse.

Tuve que gritar por el micrófono que se quedaran donde estaban. Naturalmente, nunca habían oído a un hombre así. Les dije:

—Volved a vuestros asientos. No me conocéis... Dejadme cinco minutos y después os ordenaré que os marchéis. A los cinco minutos me callaré y quien se quiera marchar deberá hacerlo inmediatamente... pero tengo absoluto derecho a cinco minutos. Me habéis invitado y os estáis portando mal conmigo.

Todos se sentaron, pensando: «Qué hombre tan raro. A lo mejor hay algo que...». Y en esos cinco minutos critiqué al monje que había hablado antes que yo. Dije:

—En primer lugar, no sabe de lo que habla. —Los asistentes se quedaron horrorizados, porque todos respetaban a aquel anciano (tenía casi setenta y cinco años). Y añadí—: Aunque tiene setenta y cinco años, está muy retrasado. No sabe interpretar las escrituras que ha citado. Sus interpretaciones son malinterpretaciones, y voy a rebatirlo punto por punto. —Después dije—: Ya han pasado cinco minutos. Quien se quiera marchar, que se marche inmediatamente.

De casi diez mil personas no se marchó ni una. Era difícil marcharse; querían saber qué iba a decir exactamente contra el monje.

Rebatí cuanto había dicho el monje, con todo detalle, sin que fuera posible añadir nada más. El monje debía de ser un hombre sincero…

Tras la reunión el viejo monje me envió a dos mensajeros con un recado: «Me gustaría conocerlo porque es la primera vez en mi vida que alguien me contradice. Todo lo que he citado estaba ensayado y repetido, y llevo años predicando, de modo que es casi mi profesión. Pero no había nada espontáneo, ni nada se basaba en mi propia experiencia, porque no sé lo que es la consciencia, lo que es la meditación. Solo le pido que me conceda una cosa, porque soy el jefe de mi comunidad y no me permitirán que vaya a verlo al sitio donde usted se aloja. Ya están enfadados con usted porque ha contradicho en todo a quien ha sido su maestro durante tanto tiempo. Pero como yo no los apoyo, y digo que tiene usted razón, no pueden hacer nada. Sí pueden hacer una cosa, y me lo han dejado muy claro: "no puedes ir a ver a ese hombre. Si quieres verlo, invítalo a tu casa. Se trata del prestigio de nuestra comunidad"».

Así que cuando aparecieron dos desconocidos, les dije:

—No hay ningún problema. Yo no pertenezco a ninguna comunidad y no estoy encadenado a nadie. Soy un hombre libre y puedo ir a cualquier sitio. Nadie me lo puede impedir. Estoy dispuesto a ir con vosotros.

No pensaban que fuera a resultar fácil. Fui, y había una gran multitud con gran expectación y gran temor de que pasara algo, pero al verme llegar solo no dieron crédito, porque a mí me habían contado que estaban terriblemente enfadados conmigo.

Su maestro, su profesor, el hombre al que se habían sometido, había sido humillado, aunque yo no lo había humillado. Era mi forma de demostrarle respeto: llevarlo a su realidad, despertarlo... eso no es humillante. Y cuando entré en el templo en el que estaba, me dijo:

—Me gustaría hablar con usted a solas. Por favor, marchaos todos y cerrad la puerta.

Cuando se cerró la puerta, aquel anciano (aún veo su cara y sus lágrimas), se echó a llorar como un niño.

—No desespere. Aún hay tiempo —le dije.

Él replicó:

—Pero he perdido setenta y cinco años... y nadie me había dicho que solo repito cosas como un papagayo. Al principio también sentí cierta rabia, y el ego herido, pero después pensé que era mejor escuchar todo lo que tenía usted que decir. Y mientras lo escuchaba, poco a poco comprendí que tenía razón... que no me conozco a mí mismo. Y sin conocerme a mí mismo he estado predicando cosas a la gente, algo que cuando no te conoces a ti mismo no es solo un crimen, sino un pecado.

Sharon estaba sujetando a Paddy ante el altar el día de su boda cuando el sacerdote anunció que no celebraría la ceremonia mientras Paddy estuviera borracho.

—Llévatelo de aquí y tráelo cuando esté sobrio —le dijo a Sharon.

—Pero, padre, cuando esté sobrio no vendrá —se lamentó Sharon.

¿Quién se casaría estando sobrio? Es una especie de borrachera una especie de inconsciencia. En tu inconsciencia, hablas de someterte por completo... Has oído esas palabras... y quizá me las hayas oído a mí, pero les has dado el significado que tú querías.

Rendirse a mí significa traspasarme tu responsabilidad, y no hay forma de que ningún individuo realice tu viaje espiritual por ti. Un día te sentirás frustrado, después te enfadarás conmigo y por último me maldecirás porque has malgastado diez años y no has llegado a ninguna parte. Es una estupidez tan grande... pero no admitirás que desde el principio habías elegido un camino equivocado.

No has escuchado bien lo que digo. Oyes lo que quieres oír. Rendirse al todo... Piensas que no puedes condenar el todo un buen día si no pasa nada. La gente se reirá de ti y te dirá: «¿Qué es eso del todo? Las estrellas, el sol, la luna, el cielo, las montañas, los ríos.... ¿Tú crees que van a transformarte?». Se reirán de ti, pero yo quisiera decirte que solo ese sometimiento puede obrar una transformación en ti.

La transformación no la producen las estrellas, ni las montañas, ni el todo. La transformación se produce gracias a tu rendición y tu totalidad, pero recuerda el significado de sometimiento y totalidad. Diez años o diez vidas.... no puedes volver si la rendición es total. Tú no puedes retractarte de tu rendición un día y decir «He dejado de estar rendido». Si haces eso, quiere decir que todo ese tiempo en el que pensabas que lo estabas no era cierto. La rendición es absoluta, incondicional, no puedes retractarte. Por eso insisto en la totalidad. No retengas nada. Dáselo al todo al que pertenece.

Tú has salido del todo, eres de ese todo. El todo nutre cada momento de tu vida. Deja que el todo se apodere de tu vida completa, totalmente, y a su debido tiempo, en el momento adecuado, llegará la primavera y brotarán las flores.

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