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MENDIGA

(Canción)
Que puedo hacer por la niña

que esta mañana encontré,

con carita de vergüenza

pidiendo para comer:

los zapatitos gastados

van reflejando el andar,

deambulando por el pueblo

como una mendiga más.

Contésteme usted señor,

que por algo habrá estudiado,

¿está bien como la ayudo

compartiendo mi bocado?

o tal vez podamos juntos

irle cambiando los pasos,

para que sea el futuro

que esta tierra está esperando.

Perdóneme usted señor, sé que está muy ocupado

pensando en el futuro, olvidándose el presente

y renegando el pasado. Pero la niña señor,

la niña de quien le hablo, ya no puede esperar más,

el hambre la está matando. Pienso que no es solución

cerrar con unos centavos esa mano que tendida

espera que le den algo. Nunca pensó usted señor

que ese niño que en las calles encontramos

mendigando necesita solución, necesita su respaldo.

Si mendiga es la salida que la calle le ha ofertado

y cuando no le den más, cuando no pueda entender

que para ganarse el pan debe hacerlo trabajando,

buscará la vida fácil, del robo se hará baqueano;

o en el caso de la niña, la niña de quien le hablo,

irá perdiendo inocencia para transformarse un día

en la mujer de la vida, esa que entrega su cuerpo

por unos pocos centavos. Después no echemos

la culpa a los bueyes descarriados. Sepamos que es

el ejemplo que usted y yo hoy le damos,

de sentirnos satisfechos cuando llenamos sus manos

con sobras del día anterior envueltas en papel de diario;

y después, cuando se marchan, silenciosos mur­muramos,

pobre pibe... y al instante lo olvidamos.

Encuentre la solución, esa niña está esperando,

y le aseguro que si hoy el hambre la está matando,

será peor en el futuro sino cambiamos sus pasos.

Desde mi casa de obrero la seguiré alimentando

y espero que de su silla, de su sitio reservado

a los números y cifras, mientras se toma un descanso,

se acuerde que por las calles andan niños mendigando;

que cuando el frío empaña sus ventanales arqueados,

afuera la realidad golpea de puerta en puerta, esperando le den algo...

Ayúdela usted señor,

que por algo habrá estudiado

y me ofrezco humildemente,

si necesita una mano...
53
NUNCA PASAN

POR LOS RANCHOS

(Recitado)
Esta noche llegarán, en sus camellos montados, porque hoy es cinco de enero y llegan los reyes magos. Traerán a los niños buenos, a cada uno un regalo. La alegría del mañana, por ir corriendo apurados a contemplar con asombro que la carta ya no está y que en su lugar dejaron el juguete que en las noches los tenía desvelados; el mismo, ese que allá en el bazar mirando a través del vidrio, cuántas veces codiciaron... ese que, por portarse bien, los reyes le han regalado.

Pero no sé por qué, hay cartas que a destino no llegaron, la que encontré esta mañana cuando me iba pa’l trabajo, la que se llevaba el viento en un papel arrugado y en garabatos decía:
Le escribo a los reyes magos, pueda ser que este año no se olviden mi cartita y me traigan un regalo. Según dicen mis amigos, siendo bueno todo el año, ustedes me escucharán, y... yo el año pasado le ayudé a mi mamá... también hice los mandados, cuidé a mis hermanitos y allá en el fondo del patio terminé el horno de barro, que papito había empezado.

Aunque sea usada, le pido una bicicleta, una como las que tienen los demás chicos del barrio, papá no puede comprarla... papá no puede comprarla porque él ya no está en el rancho. A según dice mi mamá, a el se lo llevó Diosito a vivir en una estrella para tenerlo a su lado. El dejaba las espaldas trabajando sin descanso, para traernos el pan; pero un día muy cansado se enfermó, cerró los ojos... y desde aquella mañana muy solos nos ha dejado.

Mamá... mamá vive en la pileta siempre fregando y fregando, porque lava para afuera, pa’ poder alimentarnos. Se nos viene abajo el rancho y... son muchas las tormentas que el pobrecito ha aguantado. No quiero pedir limosna, aunque estoy acostumbrado de que la gente en la calle pase apurada a mi lado y me aparte como estorbo cuando le estiro la mano; y aunque me gusta la escuela... este año no he empezado, si no tengo guardapolvo, los lápices se han gastado, a mas tengo que ayudarle a mamá pa’ criar a mis hermanos...
Ya no pude leer más, y apretando de impotencia esa carta entre mis manos, tragué saliva y sentí un nudo en la garganta y los ojos empañados. Tal vez la misma impotencia que a la madre había angustiado, de encontrar esa mañana los zapatitos gastados, rotos y llenos de barro, en la ventana del rancho, guardando celosamente esa carta de esperanza que los reyes... que los reyes no llevaron. Y murmurando en voz baja... y refregando sus manos, quebró el silencio en un llanto diciendo:

pobre m’ijo... pobre m’ijo, él no sabe que los reyes...

NUNCA PASAN POR LOS RANCHOS...

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SUEÑO DE ARGENTINIDAD

(Recitado)
Abrazado a mi guitarra, soñaba de ojos abiertos, y embretao en ese sueño me llevaba el pensamiento. Quebrantada mi garganta, con ojos tristes, el silencio parecía ser mi amigo y también un compañero... y masticando una rabia, y no teniendo consuelo, pensaba: qué nos dirían los que forjaron mi suelo, los que entregaron la vida por la patria, por sus sueños, por la esperanza, la paz, por la raíz de este pueblo. Aquellos criollos erguidos de corazones de acero, que defendiendo su raza, ponían al invasor como un escudo su pecho: ¿Qué dirían si nos vieran?, ¿Que nos hemos ido lejos de la Argentina que amaron, donde dejaron sus huesos?. Que ahora somos de otros tiempos, que miramos hacia afuera y despreciamos lo nuestro; que tenemos la bandera tan sólo como un recuerdo y nos reímos de aquellos que se visten como ellos.

Ya no existe tradición, la tradición es de negros. Ahora, pa’ andar a la moda, llevamos escrito el pecho con leyendas de otras tierras, que ni siquiera entendemos. El criollo... es negro y basta, más vale tenerlo lejos. Se van perdiendo de a poco, los encontramos en los pueblos, arrinconaos en un rancho dejando que lleve el tiempo: sus cantares... sus leyendas... sus nostalgias... y sus recuerdos.

Por qué no querer lo nuestro, por qué es que avergonzados hablamos de nuestro suelo y alabamos, por el ojo de la cerradura, el ajeno. Le copiamos sus costumbres, sus bailes y sus festejos, mezclamos en nuestro idioma palabras que no entendemos y olvidamos que es su culpa que quedaron allá lejos, en nuestras islas del sur... los hijos de nuestro pueblo.

Claro... qué importa, qué importa si esos que pusieron el pellejo no eran de la Capital, eran hacheros chaqueños, negros tapes de Corrientes o analfabetos norteños. Pero dejaron su vida sabés, por tu patria y por tu suelo, pa’ que vos sigas bailando danzas raras de extranjeros, pa’ que te sigas riendo de los criollos y sus sueños, y pa’ que sigas hablando idiomas que no entendemos.

No, no te enojes hermano, tenés razón, sólo soy un prisionero de costumbres y tradiciones de la gente de mi pueblo. Será tal vez que los años fueron templando en silencio, de adentro de mis entrañas, el amor por este suelo; o será tal vez hermano, que en mis venas corre sangre de ese criollo de mi raza, al que vos, al que vos lo llamás negro...

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EL VENDEDOR AMBULANTE

(Recitado)
El vendedor popular, ya comenzó la tarea; deambulando por las calles, golpeando de puerta en puerta. Mezcla rara de comerciante, de viajante y de linyera; sencillo trabajador que va ocultando las penas, para ganar con sonrisas el interés del cliente que está detrás de la puerta, para ofrecer de ocasión: desde agujas, peines o medias. Tiene unos pocos segundos para concretar la venta y se marcha con un “hasta pronto”, si la negativa encuentra.

Casi siempre es el domingo el día que mejor se presta, es el telón de las changas de la semana completa. El no puede darse el gusto de descansar, pues su meta es vender todo el bolsito y así sacar diferencia, ya que escasea el trabajo y lo que sobra... y lo que sobra es miseria.

Al filo del mediodía, deambula por las veredas; los ojos siempre buscando al cliente o la clienta y es su bolso una vidriera, si en una esquina cualquiera se sienta a comer el sanguche de su mesa dominguera.

Quién sabe qué pensamientos se enredan por su cabeza, cuando las casas reúnen a las familias completas y es un desierto la calle bajo la soleada siesta.

Nadie sabe que a él también una familia lo espera; que anoche se acostó tarde, acomodando las cosas con su buena compañera; que esta mañana, al salir, miró a sus hijos durmiendo acurrucados de frío, entre unas cobijas viejas; y que tembló de impotencia, por no poder conseguir lo esencial: pan y vivienda; que aunque son fuertes sus brazos, trabajo fijo no encuentra, por eso comen salteado y es su rancho una tapera.

Nadie sabe que su sueño quedó adentro de los montes, cuando pensó que sus hijos tenían que ir a la escuela y que mejor para eso que largarse a la ciudad, donde el futuro se encuentra, donde podría cambiar el hacha por un jornal, donde el trabajo era fácil pa’ quien le sobraban fuerzas...

Qué distinta resulta la realidad del que sueña y si allá entre los montes vivía hachando quebrachos, hoy acá en la ciudad cala su hacha en las penas.

Es domingo al mediodía y casi que se olvidaba... que también hoy se festeja, en las casas, el día del padre. Para qué ha de imprudentar golpeando de puerta en puerta, ofreciendo sus agujas, sus peines, y algunas medías...

Alza su bolso despacio, y se marcha por las calles, el vendedor ambulante, bajo la soleada siesta...

58
TE ESPERO ACA

(Zamba)
Me han contao hermano que te vas nomás,

te espera otro suelo para progresar,

ahora que te han diplomado...

como golondrina te echás a volar;

te queda chico este cielo,

hoy que sos doctor tenés que marchar.
Si en el equipaje, sin querer llevás,

pegao como abrojo tu pago natal...

será que la tierra tira,

pero no hagas caso y andate nomás.

Masticando los recuerdos,

bajo otras estrellas mañana estarás.
He venido a despedirte,

no te quiero reprochar;

yo tengo echada mi suerte,

por seguir cinchando me habré de quedar.

Seguiré poniendo el hombro

a esta patria hermosa, que hoy abandonás.
Aunque no lo creas, junto a vos se van:

sueños, esperanzas, cansancio y jornal,

los que labraron la tierra,

los simples obreros que aquí abandonás

- ellos lo entregaron todo,

con su humilde esfuerzo pudiste estudiar -
Tal vez algún día quieras regresar,

la puerta está abierta para ir o llegar.

Un pedacito de suelo,

en nuestra Argentina siempre encontrarás.

Juntos seremos más fuertes,

por eso hasta siempre... yo, te espero acá.

59
EL VIEJO

(Recitado)
Tiene los ojos sin brillo, por los destellos del tiempo; las caricias arrugadas; un temblor entre los dedos y en sus pasos tambaleantes el rigor de los inviernos. En su figura encorvada, los años y los recuerdos, lo marchitan despacito, como con lástima al viejo. Su frente lleva la marca de tantos soles de enero y unos rayitos de luna han hecho nido en su pelo.

Por andar tanto la vida, su tranco se ha vuelto lento; y si es de tan poco hablar, será que entiende al silencio.

Pero a veces, de ocasiones, cuando lo ataja un recuerdo, sus ojos se ven brillar como si fueran luceros... y va contándome historias de esos tiempos que se fueron, cuando eran fuertes sus brazos, para aferrarse y luchar por su hogar y por su suelo.

Y quiso el tiempo premiar su esfuerzo de simple obrero, porque en su humilde casita... cuatro sueños florecieron; sueños que, cuando pequeños, en más de una madrugada, lo llevaron al desvelo. Y entre llantos y sonrisas fueron creciendo y creciendo, pa’ corretear por el patio, pa’ travesear en silencio y pa’ largarse a volar... porque ese puñado de hijos, un día sin darse cuenta, como un sueño se le fueron.

Ahora, tan sólo es pasado que se escuda en el recuerdo y junto a su compañera es mate largo y silencio... la vida cobró la cuenta de aquellos años felices y la soledad fue el vuelto.

Se hace larga la semana, ansioso espera el momento de revivir, por un rato, esos años que se fueron...

Y llega el día esperado, su hogar se viste de fiesta cuando un clima dominguero invade toda la casa de alegrías y revuelos; han llegado las visitas, los cuatro hijos vinieron y un ramillete de nietos se trepan por las rodillas para besarlo al abuelo. Todos le piden un cuento o una historia de allá lejos y el viejo de poco hablar, no se calla ni un momento. La abuela anda en la cocina, repasando los cubiertos, hoy la mesa se ha agrandado y es una buena ocasión para usar aquel antiguo juego de platos guardado, regalo de casamiento.

Y así, entre bullicio y risas, entre rezongo y reniegos, se va pasando el domingo y va volviendo el silencio.

Cada rincón de la casa guarda restos del festejo: o juguetes apilados, o papeles con dibujos, o entre cosas olvidadas... el más chico de los nietos, se ha dejado el sonajero.

Cae el telón del domingo con un sol de sangre y fuego... y en el umbral de la casa, igual que dos palomitas, se han quedado los abuelos... mirando sin decir nada; pensando pa’ sus adentros; felices de haber llegado hasta el final del sendero, de este viaje que empezaron hace ya cuarenta inviernos, con las almas satisfechas de haber sembrado el amor y hoy cosechado en los hijos un ramillete de nietos.

Hay un par de lagrimones que brotan de muy adentro y una frase entrecortada mezcla emoción en un beso, cuando cabeceando dicen:

valió la pena... valió la pena... valió la pena el esfuerzo...

-


61
NO ME AFLOJE ABUELO

(Vals)
No se enoje abuelo nadie lo ha olvidado...

un último esfuerzo usted puede brindar

a ésta, su Argentina, la que ha respetado,

que quiso hacer grande con su trabajar;

a esta tierra hermosa de pasos errados,

con noventa años la puede ayudar.
Usted entregó todo, poco le ha quedado,

pero aún sirve un viejo cansado de dar;

porque aunque sus fuerzas se hayan agotado,

nos dejó su ejemplo para repechar

y hacer esta tierra como la ha soñado,

el gringo que un día la quiso habitar.
Su casita humilde no ostenta riquezas,

no tiene diplomas que pueda mostrar;

un retrato viejo que el tiempo ha gastado

dibuja en familia el taller paternal

y aunque sin estudio, la vida le ha dado:

diploma de obrero y de honestidad.
Un tesoro hermoso en su alma hay guardado,

de esos que ni en sueños se pueden gastar;

por eso aunque pobre, de usted he heredado,

la mejor fortuna que me pudo dar:

su honradez, su lucha, sus brazos cansados

y una frente en alto, que hoy es mi verdad.
Y aunque no haya historia para los obreros,

hoy que es jubilado su historia tendrá;

un último esfuerzo le pide este suelo,

capaz que su ejemplo puedan imitar.

Por eso le pido, “no me afloje abuelo

y guarde el pañuelo, que no hay que aflojar”.

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«Por primera vez, ahora, oí una explicación racional sobre la unicidad y las razones de la fe cristiana.»






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