Interacción entre estatuas humanas y turistas en Las Ramblas de Barcelona






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INTERACTUANDO

Interacción entre estatuas humanas y turistas en Las Ramblas de Barcelona
Juan Carlos Alonso R. 1 y Nelly Barreto A.2
Esta investigación fue el resultado del proyecto final del Posgrado “Estudios Sobre la Cultura Visual”, realizado en la Universitat de Barcelona en el período 2003-2004 y que dio como resultado no sólo esta investigación teórica, sino también el video documental “INTERACTUANDO” (Nelly Barreto y Juan Alonso, Sibaris Producciones, 25 min, Digital 8, 2004). Para la presente edición se ha hecho un resumen de dicho proyecto.

INTRODUCCIÓN
Pasear por la rambla de Barcelona se ha constituido en parte de la cotidianidad de los residentes de esta ciudad y destino imprescindible para todos los turistas, no sólo por su centralidad sino también por una serie de características especificas que resultan atractivas para los paseantes.

Este escenario se convierte en un buen ejemplo de un lugar en constante movimiento, de paso, donde es posible ver cómo se construye lo urbano a través de las relaciones efímeras, miradas, ritmos, etc., donde los transeúntes, a través de su cuerpo, escriben un texto que no puede ser leído (Delgado, 1999).

Este flujo se ve alterado por la presencia de kioscos de prensa, tiendas de flores, tiendas de animales, músicos, vendedores ambulantes, lustrabotas, dibujantes, estatuas humanas, que invitan a detenerse, mirar, interactuar con ellos de diversas formas.
Las estatuas humanas se han convertido en un gran atractivo turístico de la Rambla; la relación que se crea entre ellas y los turistas es bastante intensa, debido a que la originalidad de sus propuestas plásticas y teatrales, llama la atención de los turistas ávidos de imágenes exóticas y extraordinarias que rompen con la cotidianidad; mostrando un elemento atípico evocador de una magia que seduce a dejarse llevar, a interactuar.

Aunque estos espectadores no son exclusivamente turistas, sí lo son en su gran mayoría, por ello el número de estatuas aumenta considerablemente en épocas de temporada alta y diminuye en temporada baja.

Nuestro interés se centra, por un lado, en ver cómo la presencia de las estatuas humanas se constituye en una imagen inmóvil que contrasta con el movimiento de la marea humana que transita la Rambla, produciendo taponamientos, filtraciones, y aglomeraciones, que se disuelven con la misma facilidad con que se forman. Por otro lado, se pretende analizar cómo se produce y desarrolla la interacción entre la estatua humana y el turista, qué tipos de interacciones se crean entre ellos y qué elementos entran en juego en este proceso.

INTERROGANTES
En el transcurso de la investigación surgieron una serie de preguntas, que en el desarrollo, intentamos responder, analizar y observar por medio del trabajo de campo y de diversa bibliografía.

En cuanto a las preguntas generales nos interesaba mirar cuestiones relacionadas en ¿Cómo la presencia de las estatuas humanas altera el flujo de paseantes de la rambla?, ¿Cómo se produce la interacción entre la estatua humana y los turistas? ¿Qué elementos median en la interacción?

Y algunas preguntas más específicas donde buscábamos mirar ¿Qué tipos de interacción se producen entre las estatuas y los turistas?, ¿Cuales son las interacciones “correctas” y las “incorrectas”?, ¿Qué estrategias ponen en juego, tanto estatuas como turistas, en la interacción?, ¿Qué papel desempeña la moneda dentro de la interacción?, ¿Qué papel desempeña la fotografía y/o el video turístico en la interacción?

  1. EL ESPACIO PUBLICO Y LO URBANO


La Rambla es un largo pasaje ubicado en la zona central de la ciudad de Barcelona, que ha sido de vital importancia en el desarrollo histórico de esta ciudad. A lo largo de ella se ubica un conjunto de comercios principalmente tiendas de animales y plantas exóticas, restaurantes, bares y cafés, y toda una serie de trabajadores informales que buscan en el turismo su forma de sustento. Entre ellos están, además de las estatuas, músicos, bailarines, malabaristas, etc.

A los lados de la Rambla también hay una gran cantidad de negocios de todo tipo de productos (incluidos los de souvenirs), algunos edificios comerciales, hoteles y viviendas residenciales.

La Rambla se constituye como una especie de frontera, pues separa dos barrios de gran importancia en la ciudad: el barrio del Raval y el Barrio Gótico, sectores muy antiguos con una larga historia y una gran diversidad de habitantes.

Tomando estas características y teniendo en cuenta que también es un punto fuerte de convergencia de transporte urbano y regional (autobuses diurnos y nocturnos, metro, tren, y ferrocarriles catalanes) es lógico pensar que una gran marea humana recorre sin cesar este espacio día y noche, relacionándose entre sí, encontrándose, cruzándose, mirándose. Es decir, haciendo sociedad entre ellos, construyendo lo urbano en sus relaciones, ya que “…la ciudad no es lo mismo que lo urbano. Si la ciudad es un gran asentamiento de construcciones estables, habitado por una población numerosa y densa, la urbanidad es un tipo de sociedad que puede darse en la ciudad… o no.” (Delgado, 1999: 11) y es esa misma urbanidad la que se crea y compone de las relaciones entre los sujetos que la recorren.

Sin embargo, para el estudio que se plantea, estos sujetos son vistos como cuerpos que se desplazan, se detienen, se mueven; pero dentro del ámbito de lo urbano no son más que eso: cuerpos, objetos sin sujeto, ubicados en un espacio que es la calle, la cual es vista como una máquina sin espíritu, un engranaje sin alma, ni privada ni compartida, siendo así sólo el trabajo que realiza: ser la ciudad misma. (Delgado, 2001)

De esta forma, una multiplicidad de sujetos de diferente raza, religión, condición social, edad, sexo, se ven inmersos en un espacio transmutable, lleno de transbordos y encuentros, una estructura inestable, que se hace a sí misma a partir de la unión o la yuxtaposición de diferentes piezas como un mosaico urbano, creando así una cacofonía de conmemoraciones, un enmarañamiento de estilos, y un mestizaje de los modos de vida (Joseph, 2002). Es en esta multiplicidad y diversidad donde reside su riqueza, donde se construye lenguaje y práctica.

Lo urbano, al mismo tiempo que lugar de encuentro, convergencia de comunicaciones e informaciones, se convierte en lo que siempre fue: lugar de deseo, desequilibrio permanente, sede de la disolución de normalidad y presiones, momento lúdico e imprevisible” (Lefebvre, citado por Delgado, 1999: 15)

De esta forma lo urbano se concibe como un contexto inestable e imprevisible donde todo puede ser posible, lugar de movimiento, donde se construye la sociabilidad y se recrea la realidad.

  1. TRÁNSITO


En el proceso de observación en la Rambla, desde diferentes lugares y posiciones, buscábamos tomar conciencia de su naturaleza, tratando de ver el hormigueo ininterrumpido de paseantes. Ver cómo toda la Rambla se convertía en un solo cuerpo zigzagueante y cambiante, compuesto por pequeñas unidades de gente caminando, deteniéndose a mirar las tiendas y estatuas, esquivando, saliendo de las bocas subterráneas, estáticos frente a un mapa de bolsillo, y cómo todos esos pequeños instantes hacen que la Rambla sea lo que es, es precisamente ese flujo en medio de atractivos turísticos y visuales lo que moldean y alteran su propia naturaleza y su propio cuerpo.

Siguiendo con esa lógica de movilidad inherente de la estructura urbana, podemos decir que es a través del recorrido del espacio que este cobra vida. Son los viandantes los que al habitar el espacio público, al recorrerlo, lo construyen. Y es así como se puede considerar al “…ciudadano como dotado de fuentes y competencias, y como coproductor del espacio público” (Grosjean y Thibaud, 2001: 6)

De la misma forma como el espacio es transformado por los transeúntes, este espacio transforma las prácticas de los viandantes, estableciéndose una relación bidireccional. Los sujetos a través de las prácticas sociales transforman el espacio, lo crean y organizan por medio de su cuerpo, pero podemos argumentar que el cuerpo también se ve condicionado a adaptarse a dicho espacio asumiendo una pauta de comportamiento, una postura, ocupando un lugar. Y en el caso de la Rambla es un comportamiento de dejarse llevar, mientras se mira y se busca lo exótico y diferente de este lugar.

“…la ciudad se ablanda; espera las huellas de una identidad… te invita a rehacerla… Decide qué es y se te revelará tu propia identidad… Las ciudades… son por naturaleza plásticas. Las moldeamos en las imágenes que tenemos de ellas; ellas, a su vez, nos moldean por la resistencia que ofrecen cuando tratamos de imponerles nuestra propia forma personal” (Raban citado por Hannerz, 1986, 96.279)
En nuestra investigación pudimos ver cómo La Rambla tiene así una movilidad que se genera a partir de las diferentes formas de recorrerla: los transeúntes que descienden de Plaza Catalunya en dirección del puerto, y viceversa; los que cruzan del Barrio Gótico al Raval (y en sentido opuesto), los flujos en todas direcciones a partir de las bocas de metro, trenes, estaciones de bus; los residentes de viviendas aledañas, las personas que se dirigen a sus puestos de trabajo, centros culturales, bibliotecas. Pero también es posible pensar en el recorrido que se evita, en los transeúntes que toman vías alternas, escapando de la marea de los viandantes, del tumulto de curiosos, de los coágulos humanos de este pasaje.
Así, el papel que adquiere el cuerpo dentro del movimiento del espacio público se relaciona directamente con la danza. Es así como su cuerpo ”… – cuerpo sin sujeto, cuerpo sólo secuencia de actos – consiste en una sucesión de descargas de energía sobre espacios dispares que se suceden en tiempos más bien breves, nudo de conexiones siempre laterales y precarias con otros cuerpos con los que se cruza o junto a los que camina” (Delgado, 2001: 27), y esto genera un ritmo, una repetición de movimientos con contrastes regulares entre diferentes tiempos, con altos, silencios, huecos, etc (Delgado, 2001), un ritmo que no sólo se aprecia a nivel visual, en su movimiento, sino también a nivel sonoro, en el murmullo que genera dicho tránsito. En La Rambla el eterno deambular de pasos y miradas es lo que intentamos registrar, capturar y plasmar en el vídeo: cómo esa infinidad de pies y rostros se mueven con un ritmo secreto al compás del murmullo indescifrable de la melodía que ella misma compone al crearse y diluirse; cómo su danza gira en torno a lo que ofrece su estructura: revistas, cuerpos, afiches, otras miradas, sonidos, silbidos…

De esta forma la Rambla adquiere esa plasticidad a partir de la movilidad interminable que pulula en todos las direcciones, y que también se moldea en dichas imágenes, tomadas por los paseantes, teniendo en cuenta que al ser un pasaje peatonal y turístico, es totalmente visual.

Y es así como en el transito la vista predomina frente a los otros sentidos, por un lado, debido a la hiperestimulación visual a la que nos vemos enfrentados por la velocidad vertiginosa de las grandes ciudades; y por otro a que el ojo es el órgano de reciprocidad más inmediata en el encuentro con el otro, que hace de la mirada un derecho del paseante callejero. (Simmel, citado por Joseph, 2002). Joseph dice: “El hombre es un ser de locomoción al que los encuentros y las experiencias de copresencia transforman en un enorme ojo” (Joseph, 2002:21).

De esta forma aparece una “paradoja visual” puesto que esos sujetos provistos de un gran ojo que todo lo miran, observan, quieren registrar de mil formas posibles, en su recorrido de aprehensión visual, escriben sin saberlo un texto que no pueden leer, manejan espacios que no se ven, y por lo tanto su conocimiento es totalmente ciego (De Certeau, 1996).

Es el gran ojo turístico el que todo lo quiere captar, desplazándose y escribiendo ese texto indescifrable, que podría intuirse al mirar la Rambla desde lo alto del mirador Colón.

La inquietud que surgió entonces fue ver cómo se producía el momento en que los paseantes interrumpían su tránsito para detenerse por la presencia de la estatua. Vimos cómo en algunas ocasiones era necesario sólo que una persona se detuviera en frente de la estatua, para que otras personas hicieran lo mismo, atraídos no sólo por la curiosidad del evento, sino también por aquello que los otros miran. Así, a medida que se iban sumando personas al tumulto, se producía un taponamiento o coagulo del flujo mayor, que llamaba la atención cada vez a más personas. Y de la misma forma, algunas veces era necesario sólo que pocas personas se fueran del “corro”, para que el resto retomara su camino.

Con lo anterior podemos ver cómo la imagen de la estatua no sólo altera el flujo, el tránsito y relaciones de los paseantes, sino que también crea nuevas formas de tránsito e interacciones entre ellos; es decir, crea y altera lo urbano por medio de su propia presencia visual en el espacio público.

  1. MICROSOCIOLOGIA


La investigación que realizamos se fundamentó principalmente en un enfoque de tipo microsociológico, que buscaba analizar a partir de pequeñas micro historias que acontecen en el espacio público, cómo se genera y qué tipo de interacciones se crean entre las estatuas humanas y los turistas; y cómo estas formas de sociabilidad transitoria y efímera construyen y reconstruyen lo urbano. Básicamente el principal motivo por el que nos interesamos en dicho enfoque, es que, como afirma Goffman, en la interacción misma creada entre desconocidos, que ofrecen un producto o un servicios, no hay tiempo suficiente para una realidad más profunda, las personas no disponen de otro tipo de información más de la que perciben (Goffman, 1989).
Y esto es lo que sucede en las interacciones entre estatuas humanas y turistas, que se relacionan sin saber nada el uno del otro, salvo aquello que descubran a través del contacto, utilizando, más que signos verbales, el lenguaje del cuerpo.

Isaac Joseph define la microsociología como: “un discurso que partiendo del maravilloso espectáculo de lo diverso procura encontrar en la unidad de la situación, en el instante del surgimiento, la forma fluctuante de la comunicación social como coproducción o coadaptación simultánea de deseos y de creencias” (Joseph, 2002: 38-39). A lo que Manuel Delgado agrega que se sustenta en el análisis de las agregaciones casuales y espontáneas que se construyen la vida pública, que se crean y recrean continuamente una gran trama de interacciones (Delgado, 2001).

De esta forma nuestro trabajo en la Rambla se fundamentó principalmente en la observación (y registro) de algunos de esos momentos. Buscar instantes de miradas, movimientos de labios, sonrisas. Buscar microhistorias al deambular con la cámara de un sujeto a otro, conectándolos por medio de sus movimientos y miradas, intentando arrancar un trozo, un instante, una historia, una narración efímera, enmarcada dentro del rectángulo del visor, buscando escoger, captar y guardar sólo “ese” preciso momento y no otro, esa mirada, esa risa, ese comentario mudo entre dos sujetos conocidos entre ellos, pero desconocidos para nosotros.

Y es que las situaciones diarias y cotidianas en la Rambla se basan en esos pequeños instantes de cruces, de encuentros. La llegada de curiosos formando un tumulto frente a la estatua comienza tan rápido como se acaba; y en la corta fracción de tiempo en que esto sucede, su contenido no es más que miradas, voces sin más contenido que la sinfonía de murmullos que se compone a sí misma, pequeños roces entre los protagonistas de las micro escenas que se forman para un público que no existe, o que podrían ser ellos mismos, o nosotros intentando captar, analizar y capturarlos para este proyecto.
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