El Programa El racismo al revés






descargar 0.85 Mb.
títuloEl Programa El racismo al revés
página13/25
fecha de publicación22.06.2016
tamaño0.85 Mb.
tipoPrograma
l.exam-10.com > Historia > Programa
1   ...   9   10   11   12   13   14   15   16   ...   25

VIII.- LAS MUJERES

__________________________


Resulta imprescindible señalar una de las más precursoras de las ideas y actividades de Francisco Miranda, pero, sin embargo, de las menos conocidas también. La de defensor y propagador de los “Derechos Cívicos de las mujeres”. Su visión tan clara como argumentada a favor de otorgar estos derechos en una época en que el tema no era considerado por la mayoría de pensadores, muestra su gran cultura y espíritu libertario. Miranda conoció la obra, anticipada en esta materia, de José Condorcet, filosofo ilustrado y revolucionario francés quien, entre innumerables otras ideas, reclamó precursoramente contra la desigualdad de la mujer: “¿no han violado todos ellos el principio de la igualdad de derechos al privar, con tanta irreflexión a la mitad del género humano del de concurrir a la formación de las leyes, es decir, excluyendo a las mujeres del derecho de ciudadanía? ¿Puede existir una prueba más evidente del poder que crea el hábito incluso cerca de los hombres eruditos, que el de ver invocar el principio de la igualdad de derechos... y de olvidarlo con respecto a doce millones de mujeres?” (Acerca de la admisión de las mujeres y los derechos de ciudadanía. 1790).

Conoció también de cerca el drama de Olimpia de Gouges, valiente y trágica precursora feminista francesa. Muchacha campesina y analfabeta transformada en intelectual y artista consumada. Se sumó fervorosamente a la revolución francesa, en las facciones radicales feministas, finalmente reprimidas por el patriarcalismo hegemónico en el seno de la revolución. Olimpia publicó en 1791 la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana”. Un documento que parafraseando a la famosa y fundante “Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano”, hacía extensible su contenido a las mujeres, olvidadas a la hora de definir a sus destinatarios. En ella se declaraba: “Las madres, las hijas y las hermanas, representantes de la nación, piden ser constituidas en Asamblea Nacional. Considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer en una solemne declaración los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer...". Olimpia fue encarcelada y ejecutada en 1793 por el gobierno jacobino, el ala más “radical” de la revolución. Sus precursoras ideas serían olvidadas al imponerse el Código Civil napoleónico (1804), férreamente patriarcal y discriminador de la mujer. Miranda, por esos mismos días, es acusado en una serie de intrigas y encarcelado por el mismo gobierno, del cual será siempre un acerbo adversario.

A todo ello, Miranda sumaba el conocimiento de las destacadas figuras de Micaela Bastidas, Bartolina Cisa, Tomasa Titu Condemayta, Úrsula Pereda, Cecilia Escalera Tupac Amaru, generalas y capitanas en el ejército indígena tupacamarista de 1780, con un promedio de 26 años de edad, y al mando de hasta miles de combatientes, entre ellos, sus temibles “batallones de mujeres”. En los llanos de Casanare, actual Venezuela, durante la insurrección tupacamarista, al mando del criollo Javier de Mendoza, José Tapia, sacerdote realista y vicario general, escribía en sus informes al gobierno colonial: Finalmente esta provincia está en una confusión infernal… Solamente se ve y se sabe de crímenes, prueba de lo cual es la niñería que ha permitido nombrar mujeres como capitanes…” (10 de julio. 1781).

En carta dirigida a Jêrome Petión, a la sazón alcalde de París y primer presidente de la Convención Nacional Francesa, Miranda expone sus ideas coincidentes con las del filosofo Condorcet: "Por mi parte os recomiendo una cosa sabio legislador: las mujeres. ¿Por qué dentro de un gobierno democrático la mitad de los individuos, las mujeres, no están directas o indirectamente representadas, mientras que sí están sujetas a la misma severidad de las leyes que los hombres hacen a su gusto? ¿Por qué al menos no se les consulta acerca de las leyes que conciernen a ellas más particularmente como son las relacionadas con matrimonio, divorcio, educación de las niñas, etc.? Le confieso que todas estas cosas me parecen usurpaciones inauditas y muy dignas de consideración por parte de nuestros sabios legisladores." (26 de octubre. 1792). Que Miranda sostuvo constantemente esta lucha, y que ella cayó en la más absoluta incomprensión y silenciamiento, lo prueban los siguientes pasajes de la misma carta: "Si tuviera a la mano mis papeles, encontraría unos cuantos planteamientos que hice sobre el particular al conversar con algunos legisladores, de América y Europa, los cuales jamás me han dado razón satisfactoria alguna, conformándose con reconocer tal injusticia los más de ellos." (Ibíd.).

Lo cual evidencia el grado de radicalidad para la época de su concepción democrática. Entregando tempranos antecedentes reflexivos para la emergencia concreta de mujeres tan cruciales para la lucha de independencia que él precursoramente empujaba, como Manuela Sáenz. Conspiradora contra la dominación española y contra los moldes cínicos con que la sociedad de la época limitaba a las mujeres. Separada de un marido al que no amaba por amor a la revolución y a Bolívar, quien la llamará “Libertadora del Libertador”, pues desbarata dos conspiraciones para asesinarlo. Tempranamente, será conspiradora anti-española en Perú, hecho que llevará más tarde a San Martín a reconocerla con la “Orden de Caballereza del Sol”. Entregará su fortuna personal para el Ejército Libertador que sellará en la batalla de Pichincha (1822) la independencia de Ecuador, su patria de nacimiento, aunque se declaró “latinoamericana, nacida bajo la línea del Ecuador”. Se enlista con el grado de Teniente de Húsares y combate como lancera a caballo en la batalla de Ayacucho (1824), que expulsó del Perú y de América el dominio español, con tal bravura que el Mariscal Sucre recomienda su ascenso al grado de Coronela. Acérrima latinoamericanista y radical luchadora por la justicia social, sufrirá el odio de los enemigos del proyecto de Bolívar, chauvinistas y oligárquicos. Será desterrada a Paita, mísero puerto peruano donde morirá sola y en la miseria, en cuyo camino morirá el gran Simón Rodríguez, su amigo y compañero de luchas, donde la visitará Garibaldi, el héroe legendario de la independencia italiana, quien la llamará “la mujer más importante del siglo XIX”, y en cuya alusión el poeta chileno universal, Pablo Neruda, le escribirá su poema “La insepulta de Paita”, incluido en el Canto General. El 24 de mayo de 2007, aniversario de la batalla de Pichincha, en un hecho trascendente de justicia histórica y simbólico de la soberanía y lucha libertaria de su pueblo, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ascendió póstumamente a la Coronela al grado honorífico de “Generala del Ecuador”.

O como Juana Azurduy, joven rebelde, expulsada del convento donde estaba recluida. Estudiosa de las ideas de la ilustración y las historias de la rebelión tupacamarista. Conspiradora anticolonial y más tarde combatiente en el ejército patriota de Bolivia y Argentina. Que perdió a su esposo, el héroe guerrillero de la independencia, Manuel Padilla, y cuatro hijos pequeños en los rigores de la lucha. Que combatió embarazada de siete meses en la batalla del Cerro de Carretas. Que recibió del General Belgrano, por su valor y sacrificio, el grado de tenienta coronela y el obsequio de su espada. Y fue homenajeada personalmente por Bolívar y Sucre. Para morir finalmente, décadas después, al igual que Manuela Sáenz, olvidada y en la miseria.

En esa precursora línea de pensamiento hacia la igualdad de derechos de la mujer, resulta inevitable señalar la figura, fundante para dos mundos, el europeo y el latinoamericano, de Flora Tristán. Nacida en Francia, de la unión de un militar criollo peruano español y una joven francesa, en época del final de la colonia en América Latina. Madre de tres hijos y abuela del mucho más tarde famoso pintor Paul Gauguin. Encarnó en su vida y su cuerpo los dos grandes males sociales de su época: La discriminación y desigualdad de la mujer; y la explotación y miseria de los obreros. Ambos males se fundirán en una sola trama para marcar su vida de desgracias, a partir de un hecho trágico: el fallecimiento de su padre. En efecto, hasta entonces, durante los primeros cuatro años de su vida, su hogar estará lleno de comodidades y del pensamiento ilustrado de la época. Amigos de su familia y visitantes de su casa, serán intelectuales y personajes de la talla de Simón Bolívar y su maestro Simón Rodríguez.

Sin embargo, su madre era madre soltera y, consecuentemente, según la ley de la época, se trataba de una mujer y una hija “ilegítimas”. Ello las dejó en la miseria económica, sin acceso a derechos de herencia alguno. La discriminación de la mujer y la miseria llegaron de ese modo juntas a su vida. Se vio obligada a trabajar tempranamente como obrera en un taller de pinturas, cuyo dueño se enamora de ella. Presionada por su madre y la situación de pobreza, ella, con 18 años de edad, lo acepta en matrimonio por conveniencia en 1821. Sólo cinco años después, en la naciente Bolivia, Sucre presidente, Bolívar inspirador y Simón Rodríguez ministro de Educación, establecían: “Se ha de dar instrucción y oficio a las mujeres, para que no… hagan del matrimonio una especulación para asegurar su subsistencia” (Simón Rodríguez. 1830).

De alma inquieta y libertaria, cuatro años y tres hijos después, decide separarse. Vuelve a la miseria, que le arrebata a dos de sus hijos, uno muerto de enfermedad y otro entregado a su marido. Vendrán años de constante pobreza, trabajando en diversos países y oficios. También de permanente acoso y violencia de su ex esposo, con el que mantendrá conflicto legal por la tuición de su tercera hija. Se traslada al Perú, entonces envuelto en guerra civil, en busca de la herencia de su padre, sólo recibe una pensión heredada y la fuerte discriminación de esa sociedad tan patriarcal, racista y clasista que impacta fuertemente su sensibilidad. Permanece allí un año y se contacta con la intelectualidad peruana de la época. De regreso a Francia, su marido le dispara en la calle dejándola gravemente herida, pero también libre de su acoso al ser encarcelado.

En esos años, Flora lee y reflexiona todo el pensamiento progresista de su época. Se vincula al movimiento obrero, a Carlos Fourier, socialista francés, y a Roberto Owen, socialista inglés, entre muchos otros. Publica libros, ensayos y artículos de periódicos, de carácter autobiográficos, de reivindicación de los derechos de la mujer y de los derechos de los obreros. De la necesidad de dar buena acogida a las mujeres extranjeras”. Peregrinaciones de una paria”. Los conventos de Arequipa”. Su experiencia de ser “paria” en ambos mundos, el europeo y el americano, conjuntamente con su rica reflexión, le lleva a una posición cosmopolita, de fraternidad universal. Los limites de nuestro amor, no deben ser los matorrales que encercan nuestro jardín ni los muros que rodean nuestras casas ni las montañas o mares que bordean nuestros países. A partir de hoy nuestra patria debe ser el universo (1835). En 1837 envía a la Cámara de Diputados francesa una petición “para el restablecimiento del divorcio”. Al año siguiente envía otra para abolir la pena de muerte. Publica artículos sobre las cartas de Bolívar a sus padres. Escribe en varios periódicos socialistas y se involucra de lleno en el movimiento obrero. Publica su novela filosófica y social “Mephis”. En 1839 viaja por cuarta vez a Inglaterra, ingresa disfrazada de hombre a la Cámara de los comunes. Publica al año siguiente “Paseos por Inglaterra”, donde refleja su honda impresión por la miseria de los obreros, siendo reproducido en periódicos y re editado dos veces, la segunda con dedicatoria de Flora a las clases obreras.

A partir de 1842, y siempre en medio de la miseria, decide consagrarse por entero al movimiento obrero. Escribe su diario personal y su obra más acabada: “La unión obrera”. En ella, da contenido de clase a la fraternidad universal declarada siete años atrás. Anticipándose al “proletarios del mundo, uníos” de Carlos Marx –que entonces inicia su carrera como analista político-, propone el programa de una “Unión universal de obreros y obreras”. Incluye también la demanda por el “Derecho al trabajo”, que habrá de ser reconocido formalmente por el gobierno francés en 1848, cuatro años después de su muerte. El libro será publicado por ella misma con campañas de autofinanciamiento entre amigos y obreros. En gira por Francia para agitar el programa contenido en él, hostigada por la policía y gravemente enferma, muere en 1844. Los obreros financian y erigen un monumento en su homenaje. Los periódicos publican sus trabajos y libros. Los obreros re editan su “Unión Obrera”. Marx reconoce y elogia sus ideales. En 1848, en Burdeos, los obreros construyen un mausoleo de mármol blanco en su honor, más de 10 mil personas asisten a su inauguración. En su frontis se leía: “A la memoria de la señora Flora Tristán, autora de La Unión Obrera. Los trabajadores agradecidos: Libertad, Igualdad, Fraternidad, Solidaridad”.

Como culminación de un proceso biográfico y colectivo, a lo largo de su vida, supo aunar la reflexión y propuesta frente a los dos grandes males sociales que sufrió y combatió en carne propia, aún en contra de “socialistas” misóginos como Ferdinando Lasalle y Pedro Proudhon, y adelantándose varios años a la reflexión igualitaria en este terreno de socialistas como Mijail Bakunin, Carlos Marx y Pablo Lafergue. Compréndanlo bien, las leyes que rebajan a la mujer, privándola de instrucción a la larga servirán para oprimirlos a ustedes, los proletarios... No es a nombre de la superioridad de la mujer, de la cual podrían acusarme que yo les digo de reclamar los derechos de la mujer, antes que discutir sobre su superioridad será necesario que la mujer sea reconocida como un individuo social… A vosotros, obreros que sois las víctimas de la desigualdad de hecho y de la injusticia, a vosotros os toca establecer al fin sobre la tierra el reino de la justicia y de la igualdad absoluta entre la mujer y el hombre. Dad un gran ejemplo al mundo… y mientras reclamáis la justicia para vosotros, demostrad que sois justos, equitativos; proclamad, vosotros, los hombres fuertes, los hombres de brazos desnudos, que reconocéis a la mujer como a vuestra igual, y que, a este título, le reconocéis un derecho igual a los beneficios de la unión universal de los obreros y obreras” (La Unión Obrera. 1843). Desde entonces, la figura y el legado de esta precursora de la justicia para mujeres y obreros, no han dejado de crecer en los dos mundos que le dieron vida, el europeo y el latinoamericano.

Desde las precursoras reflexiones de Miranda, tendría que pasar todavía mucho más tiempo para que los derechos políticos de las mujeres, a elegir y a ser elegidas, se abriera lento y resistido camino por más de un siglo y medio en el continente latinoamericano. Y algunas cuestiones civiles, como sus derechos y funciones en el matrimonio y respecto de los hijos, reclamados por Flora Tristán, todavía más, hasta años recientes. La comunidad internacional, a través de la Convención respectiva sobre la Mujer de Naciones Unidas (CEDAW), habría de trabajar hasta 1979 para dar ese paso decisivo. Y aún quedan muchas desigualdades esperando justicia en este ámbito. En 1960, el corrupto y sanguinario régimen de Leonidas Trujillo en Republica Dominicana, asesina cobarde y brutalmente, a golpes, a las tres “Hermanas Mirabal”, llamadas las “Mariposas”, por el nombre clave “Mariposa”, usado en la resistencia clandestina por Minerva, la líder de las hermanas, primera mujer abogada del país, y activa dirigente de la resistencia. Seis meses más tarde, el tirano será ajusticiado. En conmemoración de la inmolación de Minerva, Patria y Maria Teresa, las “mariposas” Mirabal, el “Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe”, celebrado en Bogotá, Colombia en 1981, declaró el día de su martirio, 25 de noviembre, como “Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer”

Actualizando esa tradición de pensamiento universal y latinoamericana en el seno de la revolución cubana, con una síntesis de la lucha por la igualdad de la mujer y la del proletariado que recuerda a la que anticipara Flora Tristán, el Che Guevara señaló: “…efectivamente la mujer todavía no se ha desatado de toda una serie de lazos que la unen a una tradición del pasado que está muerto. Y, de esa manera, no se incorpora a la vida activa de un trabajador revolucionario. Otra puede ser, que la masa de trabajadores, el llamado sexo fuerte, considera que todavía las mujeres no tienen el suficiente desarrollo, y hacen valer la mayoría que tienen; en lugares como éstos se notan más los hombres, se hace más claro su trabajo, y de allí se olvida un poco, se trata subjetivamente el papel de la mujer. Hace unos meses -pocos meses- nosotros tuvimos que cambiar una funcionaria en el Ministerio de Industrias, una funcionaria capaz. ¿Por qué? Porque tenía un trabajo que la obligaba a salir por las provincias, muchas veces con inspectores o con el jefe, con el Director General. Y esta compañera, que estaba casada -creo que con un miembro del Ejército Rebelde-, por voluntad de su marido, no podía salir sola; entonces, tenía que supeditar todos sus viajes a que el marido dejara su trabajo, y la acompañara a cualquier lugar donde tuviera que ir, de una provincia. Esta es una manifestación cerril de discriminación de la mujer. ¿Es que acaso la mujer tiene que acompañar al marido cada vez que tiene que salir por el interior de las provincias, o por cualquier lugar para vigilarlo, no vaya a caer en tentaciones, o algo por el estilo?

¿Qué indica esto? Pues, sencillamente, que el pasado sigue pesando en nosotros; que la liberación de la mujer no está completa. Y una de las tareas de nuestro Partido debe ser lograr su libertad total, su libertad interna, porque no se trata de una obligación física que se imponga a las mujeres para retrotraerse en determinadas acciones; es también el peso de una tradición anterior. Y en esta nueva etapa que vivimos, en la etapa de construcción del socialismo, donde se barren todas las discriminaciones… la sociedad donde desaparezcan todas las diferencias, en este momento no se puede admitir otro tipo de dictadura que no sea la dictadura del proletariado como clase. Y el proletariado no tiene sexo; es el conjunto de todos los hombre y mujeres que, en todos los puestos de trabajo del país, luchan consecuentemente para obtener un fin común” (Discurso en la asamblea general de trabajadores de la textilería Ariguanabo. 24 de marzo. 1963).
1   ...   9   10   11   12   13   14   15   16   ...   25

similar:

El Programa El racismo al revés iconRacismo, ¿conducta natural o cultural?

El Programa El racismo al revés icon¿Avanzamos, o retrocedemos en la lucha contra el racismo hoy en Cuba?

El Programa El racismo al revés iconComo todas las mañanas, Pierre de Compagne se ha colocado el calcetín...

El Programa El racismo al revés iconEn el siglo XVI español, afirma Kamen, “el racismo fue elevado a...

El Programa El racismo al revés iconReforma de la justicia penal y constitucional: del programa politico al programa cientifico(**)

El Programa El racismo al revés iconSi pueden hacer apertura del programa vientos de cambio con la música...

El Programa El racismo al revés iconPrograma n° 0585 TÍtulo del programa: Historia de la literatura rusa:...

El Programa El racismo al revés iconPrograma nº: TÍtulo del programa

El Programa El racismo al revés iconPrograma nº: TÍtulo del programa

El Programa El racismo al revés iconSe convirtió en una de las estrellas radiofónicas más cotizadas en la
«La Mañana» y Jiménez Losantos quedó al frente del programa nocturno «La Linterna». Tras la marcha de Luis Herrero en 2003, pasó...






© 2015
contactos
l.exam-10.com