A don José Ferrer Canales, Con el mayor de los agradecimientos y aún mayor admiración y afecto






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Puerto Rico, Las Antillas, Nuestra América Toda
Filiberto Ojeda Ríos
A don José Ferrer Canales,
Con el mayor de los agradecimientos
y aún mayor admiración y afecto.


Los puertorriqueños somos antillanos. Somos caribeños. Somos latinoamericanos. Somos hijos de Nuestra América. Los puertorriqueños compartimos con numerosas naciones del Caribe y de Sur América una historia común. En nuestra tradición histórica de lucha y de integración latinoamericana tiene relevancia nuestra generosa solidaridad hacia los hermanos caribeños y latinoamericanos que la han reclamado de nosotros. Eso no es de extrañar. La raíz de esa solidaridad está en la entretejida historia de quienes, en el continente americano, nos forjamos como nación partiendo de los mismos orígenes culturales, de la integración étnica, del lenguaje común; hemos compartido sufrimientos y pobreza como pueblos sometidos por los explotadores colonialistas o imperialistas tanto de Europa como del norte rapaz y expansionista. Los efectos del colonialismo español que afectó a todas las naciones de Nuestra América se multiplican para los puertorriqueños debido a las agresiones que nuestro pueblo ha sufrido a manos, no solo de la metrópoli española, sino peor aún, de los colonialistas imperialistas norteamericanos.
El entrelazamiento de esa historia, que como todo proceso dialéctico parte de esa inexorable ley físico-filosófica también aplicable a todo el quehacer social y político, la ley de causa y efecto, es particularmente evidente en lo que ha sido la formación y luchas de todos los pueblos de Nuestra América y del mundo, comenzando por los insurgentes indígenas como Agüeybaná el Bravo, Guaicaipuro, Caonabo, Hatuey, Túpac Amaru, y otros, tan numerosos que no es posible detallar, y continuando con Simón Bolívar, Antonio Valero, Antonio José de Sucre, Bernardo O’Higgins, José de San Martín, Miguel Hidalgo, Francisco Morazán, José Martí, Ramón Emeterio Betances, Gregorio Luperón, Juan Pablo Duarte, Augusto César Sandino, Pedro Albizu Campos, Juan Antonio Corretjer, José Carlos Mariátegui, Fidel Castro, Camilo Torres Restrepo y Hugo Rafael Chávez, para mencionar sólo algunos, de quienes han sido, en su particular momento histórico, representantes de una interminable cadena histórica de luchas generadas por los pueblos. Todos han reflejado un intenso espíritu humanitario y una dedicación inalterable en aras de lograr justicia para todos por igual.
La dedicación de cada uno de estos representantes del verdadero género humano, bien haya sido debido a una espiritual intuición emanada de la más profunda sensibilidad, por un intelecto privilegiado que sin premeditación o guiado por intereses personales los ha conducido por caminos revolucionarios, ha hecho historia precisamente por haber sabido comprender las necesidades de los pueblos en cada período histórico. Ellos han representado las luchas y ansias de una humanidad que, en su marcha hacia la construcción de un mundo donde no existan las inequidades e injusticias, y unas relaciones y sistemas socioeconómicos y políticos orientados en la dirección de forjar ese mundo, ha aportado y logrado cambios, que aunque puedan identificarse como pequeñas batallas –que nunca lo son– siempre están encaminados en esa dirección revolucionaria. Igualmente, por la naturaleza de lo que ellos han representado en sus respectivos períodos históricos, todos han sido parte del inevitable proceso generado por la humanidad conducente a superar sistemas de explotación del hombre por el hombre, que han sido impuestos a través de los siglos por las siniestras fuerzas del egoísmo; de ese mundo de “propietarios” que ha generado brutales sistemas económicos fundamentados en la propiedad privada sobre los medios de producción, pasando de unos a otros según las fuerzas reivindicativas revolucionarias fueran liquidando unos, y siempre estableciendo un sistema superior y más justo partiendo de los remanentes de los sistemas derrotados. Así se fueron sucediendo, unos tras otros, los sistemas feudales sobre la esclavitud, y capitalista sobre los feudales.
Carlos Marx y Federico Engels, genios investigadores de todo lo relacionado con la dialéctica de los sistemas económicos que a su vez generan relaciones sociales al servicio de cada sistema; científicos que investigaron las raíces del sistema capitalista y sus contradicciones antagónicas irreconciliables y de cuyo seno se generan, además de sus elementos de desintegración, las nuevas fórmulas socioeconómicas que habrán de sustituirlo; estos dos genios, filósofos, economistas, ideólogos revolucionarios que hicieron las formulaciones claramente definidas como socialistas colocan, en manos de la clase productora que ha sido despojada por el capitalismo de los medios de producción, todo el desarrollo de nuevas normas económicas y de relaciones sociales orientadas hacia la creación de sistemas de igualdad social. Son ésos los sistemas sustitutivos de aquéllos que, como en el caso del capitalismo, llegan a su tope evolutivo de desarrollo y se convierten en retranca para el progreso de la humanidad generando desde sus propias relaciones las contradicciones y condiciones para la instauración de un sistema superior, que es el socialismo. Marx y Engels señalaron, igualmente, cómo los históricamente explotados, se convierten en herederos de los nuevos postulados y formulaciones orientadas hacia garantizar los fundamentales derechos humanos de todos los pueblos, comenzando por el derecho a la salud, a la alimentación, a la educación, a la vivienda decorosa, al trabajo, en fin, a todos aquellos elementos que les dan verdadero contenido humano a los derechos de los pueblos.
En Nuestra América, desde tiempos inmemoriales, ha existido una estrecha vinculación solidaria entre las fuerzas de avanzada involucradas en luchas de resistencia y emancipadoras en el continente desde antes y después de haberse creado las naciones latinoamericanas, al igual que durante todos los períodos históricamente definidos desde la invasión y conquista comenzada a finales del siglo XV por los europeos. Esas luchas han formado parte de ese proceso milenario de superación humana; de la constante búsqueda por los explotados y los desposeídos para lograr conquistas reivindicativas de esos derechos e impulsadas en aras de mejorar la calidad de vida y hacerla extensiva a todos y cada uno de los seres humanos. Han sido luchas sociales que muy bien podrían ser identificadas como “socialistas”, aunque nunca se les coloque la etiqueta como tal.
Nos aventuramos a afirmar que la historia de la humanidad toda ha sido determinada por los esfuerzos de los sectores explotados y desposeídos para superar la criminalidad inherente a quienes han pretendido apropiarse del fruto de su trabajo convirtiéndolo en fuente de enriquecimiento para beneficio propio. Así el sistema esclavista de explotación, por su naturaleza antihumana y criminal, engendra sus propias bases autodestructivas que dan al traste con su modo de producción y crea las condiciones para la instauración del sistema feudal. Éste, a su vez, al atravesar por las luchas de los productores artesanales para mejorar su condición y contra las imposiciones y normativas impuestas por las monarquías feudales, va originando las bases de un capitalismo cuyas normas de explotación, con el transcurrir de los siglos y con los constantes adelantos tecnológicos, se hacen mucho más sofisticadas y a su vez más contradictorias. El capitalismo no destruye la explotación y mucho menos la injusticia. En el sistema capitalista la propiedad privada sobre los medios de producción se lleva a cabo con mucha mayor rigurosidad; se amplían las fuentes de explotación a nivel mundial y se generan contradicciones irreconciliablemente antagónicas en las relaciones de producción y sociales, profundizando la desigualdad y miseria en la población y en la humanidad.
Bolívar y el Socialismo
Podemos aseverar que el proceso revolucionario llevado a cabo por Simón Bolívar desde principios del siglo XIX, entra, por su naturaleza de libertad e independencia; por sus proyecciones de igualdad; por sus conceptos de la importancia dada a la educación para todos los componentes del pueblo; por su interés de garantizar alimentación para todos; por sus proyecciones unificadoras y de libertad para todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe: como una parte integral de esos procesos ascendentes y orientados hacia la conquista de justicia social para la humanidad. Todas esas luchas, aunque así no hayan sido identificadas, han constituido, desde la perspectiva que aquí exponemos, un paso ascendente hacia el socialismo. A su vez, Bolívar combatió en todos los frentes contra lo retrógrado y divisorio para los pueblos que comenzaban a caer bajo las garras del sistema capitalista de Estados Unidos. Eran los años en los que se iba cuajando esa nación de Norteamérica en potencia imperialista, cuya pretensión era establecer las bases para el control militar y económico de la América toda. Ése era el proceso desarrollado por los más fuertes para someter y explotar a los más débiles garantizando así la supremacía del sistema capitalista y su culto a la propiedad privada con todo lo que ello significa en inequidades, hambre, sufrimientos y muerte para las grandes mayorías de desposeídos.
Uno de los procesos más importantes iniciado por las intensas luchas bolivarianas, fue la solidaridad activa generada en todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe en torno a ese movimiento revolucionario. Los valores humanitarios y libertarios impulsados por el General Simón Bolívar –antes de que las ansias de poder y la insidia tomaran posesión de algunos de quienes fueron importantes militares bajo su mando– fueron aquellos que penetraron en las conciencias de los seres humanos más sanos que formaban parte del ejército bolivariano. Los dos siglos que han pasado y que, igualmente, han fijado la figura de Simón Bolívar en las conciencias de los luchadores provenientes de todos los pueblos de Nuestra América, demuestran su grandeza y el alcance de su obra. Bolívar ha sido materia de inspiración para todas las generaciones de revolucionarios que le han dado continuidad a su pensamiento a través de los siglos, al igual que para los mejores poetas, pintores y cantores de las naciones latinoamericanas, naturalmente, incluyendo a nuestro Puerto Rico, que ha sido prolífico en la exaltación de su figura.
Las campañas libertarias llevadas a cabo por Bolívar generaron una intensa solidaridad, pero nada puede ser tan claramente demostrativo de esa solidaridad, como lo fue el proceso de luchas libertarias que fue cobrando cuerpo de rebeldía desde finales del siglo XVIII en la enorme mayoría de las naciones de Nuestra América, hasta convertirse en un sólido movimiento organizado, con Bolívar y numerosos patriotas identificados con la causa de la independencia a la cabeza. Esa causa libertaria tocó los corazones de todos aquellos seres humanos apegados a la gran verdad humana, con visión y desprendimiento y quienes, habiendo nacido en los que ya eran territorios geográfica y políticamente definidos, presentían la importancia histórica de, por lo menos, sembrar la semilla de una América Latina y Caribeña encaminadas hacia su conversión en una gran nación unificada por un ideal de libertad y justicia social. Bolívar fue el gran estratega de ese ideal.
Si bien el proyecto bolivariano tenía como objetivo central la conquista de la independencia, y desarrollar la unidad latinoamericana, sus objetivos de justicia social fueron claramente demarcados en lo que fueron sus pronunciamientos de Angostura al igual que en la Carta de Jamaica y otros documentos de fundamental importancia estratégica que exponían, como parte de sus principales objetivos, la unificación de todas las naciones latinoamericanas y caribeñas y su conversión en Patria Grande. De esa manera, El Libertador era, además, El Unificador. Al decir de nuestro querido Eugenio María de Hostos, El ciudadano de América, refiriéndose al significado de la victoria de Ayacucho:
Ayacucho es, pues, más que una gloria de estos pueblos, más que un servicio hecho al progreso, más que un hecho resultante de otros hechos, más que un derecho conquistado, más que una promesa hecha a la historia y a los contemporáneos de que los vencedores en el campo de batalla eran la civilización contra el quietismo, la justicia contra la fuerza, la libertad contra la tiranía, la república contra la monarquía; Ayacucho es un compromiso contraído por toda la América que dejó de ser española en aquel día.1
Los fundamentos bolivarianos respecto a la justicia social proporcionaban grandes esperanzas y aspiraciones en las fuerzas profundamente progresistas de todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe cuyas necesidades libertarias eran cónsonas con dichos ideales. Las ideas de Bolívar fueron capaces de captar la imaginación creadora y revolucionaria de los más destacados seres humanos de aquellos tiempos. Esas tendencias habrían de constituir la inspiración para las proyecciones unitarias de Nuestra América adoptadas posteriormente por Martí, Betances y muchos otros a finales del siglo XIX, al igual que por Fidel Castro y Hugo Rafael Chávez y todos los que comulgamos con dichos ideales en la actualidad. Los postulados bolivarianos, tanto políticos como sociales, pasados de generación en generación como línea de pensamiento estratégico de lucha fundamentada en el conocimiento y la profundización de nuestra historia, son comparables a los que ahora son expuestos por los revolucionarios de actualidad mencionados, bajo el nombre de socialismo.
No se trata de un socialismo esquemático, ni dogmático, sino de la aplicación de la metodología marxista para el establecimiento de proyecciones revolucionarias, que no son otra cosa que el bienestar del pueblo, la verdadera igualdad de derechos y todo lo comprendido por el concepto de justicia social, naturalmente, partiendo de las contradicciones antagónicas existentes en todo sistema socioeconómico y descritas por Carlos Marx. Esas contradicciones, al ser estudiadas con profundidad científica, nos permiten estar en condiciones de establecer un sólido análisis de la realidad, llegar a conclusiones con mayor objetividad, y establecer estrategias y tácticas de lucha cuyo contenido es orientado hacia la reorganización del sistema de producción, de la propiedad y de la distribución de los bienes elaborados por la sociedad trabajadora. Al actuar por el bienestar social y en contra de la explotación del hombre por el hombre, se actúa por el socialismo. De eso trata en buena parte la Revolución Bolivariana.
Los seguidores del ideario de Bolívar se podrían contar por los miles en toda nuestra América a través de los años. Sin embargo, podemos afirmar de manera categórica que no ha existido un solo dirigente patriota en la lucha de los boricuas por la independencia a través de todas las décadas que han seguido a la epopeya bolivariana y precedido el momento actual, al igual que los más importante poetas y pintores de generaciones pasadas y presentes, para quienes Bolívar no haya sido fuente de inspiración, quizás con la misma profundidad que lo ha sido en su país de origen: Venezuela.
La contribución de profundo carácter bolivariano de los puertorriqueños, comenzando con el General Antonio Valero hasta la actualidad, ha sido una constante en el quehacer histórico de todos los luchadores boricuas. Los paradigmas de la lucha por la independencia y de la libertad del pueblo puertorriqueño, si los colocamos de manera generacional en nuestra historia de lucha, han sido los siguientes: General Antonio Valero nacido en Fajardo, Puerto Rico en el año 1790 y fallecido en 1863; los hermanos Andrés y Juan Vizcarrondo, que lucharon por nuestra independencia durante los años de 1835 hasta fines de la década de 1860, y que operaron también desde Venezuela; Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de Hostos, que lucharon desde la década de 1860 hasta el final de sus días. Ruiz Belvis murió de manera misteriosa en Chile en 1867, Betances falleció en 1898 y Hostos en 1903; José de Diego, quien ocupó el liderato independentista durante las primeras dos décadas del siglo XX, hasta su fallecimiento en 1918; Pedro Albizu Campos, líder profundamente relevante que encabezaba la lucha patriótica desde finales de la década de los veinte hasta pasada la insurrección nacionalista, el ataque a la Casa Blair y el ataque al Congreso de Estados Unidos en la década del cincuenta, fallecido en 1965; Juan Antonio Corretjer, Revolucionario Socialista, poeta de reconocimiento internacional y Comandante Honorario del Ejército Popular Boricua – MACHETEROS, que ejerciera su liderato desde la década del 1960 hasta su fallecimiento en el 1985; y finalmente, el Ejército Popular Boricua, actual continuador, entre otros, de las ideas promulgadas por todos nuestro patriotas revolucionarios.
Es, a los efectos de establecer la trascendencia de estos grandes puertorriqueños que habremos de exponer lo que fueron las ideas bolivarianas y libertarias de cada uno durante todas esas décadas de luchas forjadoras de nuestra histórica tradición, al igual que de los postulados del Ejército Popular Boricua.
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