Una escritora y periodista que con el correr de los años sería reconocida a lo largo de todo el mundo. Su afición a la lectura y a la escritura comenzó desde






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El 3 de enero de 1951, en Madrid, nació Rosa Montero, una escritora y periodista que con el correr de los años sería reconocida a lo largo de todo el mundo. Su afición a la lectura y a la escritura comenzó desde pequeña: en su infancia, sufrió tuberculosis y anemia, enfermedades que le impidieron asistir al colegio durante cuatro años. Confinada en su hogar, Rosa encontró en los libros una fuente de entretenimiento.

Al salir de la escuela, cursó estudios de Periodismo y Psicología, aunque esta última carrera la abandonó en el cuarto curso. Luego comenzó a colaborar con distintos grupos de teatro independiente, como Canon y Tábano, mientras se iniciaba en las publicaciones periodísticas en medios como “Fotogramas”, “Pueblo” y “Posible”. En 1976 se incorporó a “El País”.

En 1979 publicó su primera novela, “Crónica del desamor”, y un año más tarde obtuvo el Premio Nacional de Periodismo. Novelas como “La función delta” (1981), “Te trataré como una reina” (1984, uno de los libros más vendidos de dicho año en España), “Amado amo” (1988, el libro más vendido de la Feria de Madrid ‘88), “Temblor” (1990), “Bella y oscura” (1993), “La hija del caníbal” (1997, Primer Premio Primavera de Narrativa y Premio del Círculo de Críticos de Chile), “Amantes y enemigos” (1998), “El corazón del Tártaro” (2001), “La loca de la casa” (2003, Premio Qué leer) e “Historia del Rey Transparente” (2005) se destacan en su producción literaria.

Montero también publicó recopilaciones de artículos y ensayos periodísticos, como “Cinco años de país” (1981), “La vida desnuda” (1994), “Historias de mujeres” (1995), “Pasiones” (1999) y “Estampas Bostonianas” (2002). Además incursionó en la literatura infantil, con “El nido de los sueños” (1992), “Las barbaridades de Bárbara” (1996), “El viaje fantástico de Bárbara” (1997) y “Bárbara contra el Doctor Colmillos” (1998).

Cabe destacar que la trayectoria periodística de Rosa Montero no se ha limitado a los medios españoles. También ha sido colaboradora habitual en los periódicos más importantes de la Argentina, como “Clarín” y “La Nación”.

La semántica analiza los aspectos del significado o la interpretación del significado de un determinado símbolo, palabra, lenguaje o representación formal. Parte de la premisa que cualquier medio de expresión admite una correspondencia entre las expresiones de símbolos o palabras, y las situaciones o conjuntos de cosas que se encuentran en el mundo físico o abstracto.

La noción de semántica deriva del término griego semantikos (“significado relevante”), que, a su vez, tiene su origen en sema (“signo”). Así, puede afirmarse que la semántica lingüística pertenece al campo de la gramática y se dedica al estudio del significado de los signos lingüísticos.

La lengua, como un sistema compartido que permite la transmisión de mensajes (la comunicación), necesita que las palabras tengan cierto significado. Ya que la gramática permite describir una lengua, una parte de ella (la semántica) debe encargarse de analizar los significados.

Para una completa descripción de una lengua natural, deben tenerse en cuenta los datos de significado, la referencia lingüística y las condiciones de verdad. El análisis semántico se aplica a las palabras, pero también a las frases y a las oraciones.

La semántica, por ejemplo, se encarga del referente de las palabras, es decir, de aquello que denotan. Como hay expresiones que pueden compartir el mismo referente pero tener significados diferentes, el estudio de la palabra también debe tener en cuenta el sentido (la imagen mental de lo que algo es).

La semántica, por lo tanto, se encarga de estudiar la denotación (la relación directa entre una palabra y aquello a lo que se refiere) y la connotación (donde entran en juego experiencias y valores asociados al significado). En otras palabras, el significado denotativo, conceptual o lógico es el significado básico de una palabra, tal como aparece definido en los diccionarios. El significado connotativo, en cambio, se vincula a lo personal o subjetivo.

La sintaxis es una parte esencial del análisis gramatical, ya que se encarga de estudiar las reglas que regulan la combinación de constituyentes (palabras o secuencias de palabras) y la formación de unidades superiores a éstos, como los sintagmas y las oraciones.

El primer paso del análisis sintáctico consiste en buscar el verbo conjugado dentro de una oración y distinguir entre el sintagma sujeto y el sintagma predicado. Para esto, una vez ubicado el verbo, se pregunta quién realiza la acción. La respuesta a esa pregunta es el sujeto, mientras que lo demás es el predicado.

Por ejemplo: “Diego juega al fútbol”. El verbo es “juega”. Por lo tanto, se realiza la pregunta “¿Quién juega al fútbol?” y se obtiene como respuesta “Diego”. De esta forma, ya sabemos que “Diego” es el sujeto y “juega al fútbol” es el predicado de la oración. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el núcleo es la palabra que determina las propiedades sintácticas y combinatorias del sintagma al que pertenece (en nuestro ejemplo, el núcleo es “Diego”).

El sintagma sujeto puede clasificarse de dos formas: sujeto expreso (aparece en la oración y puede ser simple -un solo núcleo- o complejo -más de un núcleo-) o sujeto tácito (no tiene realización fonética explícita en la oración).

Luis come un helado de chocolate” (sujeto expreso simple)
“Luis y Martín comen un helado de chocolate” (sujeto expreso compuesto)
“Comió un helado de chocolate” (sujeto tácito)

Entre los modificadores del núcleo del sujeto, pueden distinguirse al modificador directo (un adjetivo o artículo que modifica directamente al núcleo y que no está unido a él por ninguna preposición), modificador indirecto (se une al núcleo mediante una preposición y puede dividirse en subordinante -la preposición- y término -todo lo que pertenece al modificador indirecto y no es preposición-) y aposición (repite el significado del núcleo y aparece entre comas).

En cuanto al sintagma predicado, puede clasificarse en dos grandes grupos: según el tipo de núcleo puede ser verbal o no verbal, y según la cantidad de núcleos puede ser simple o compuesto.

Los modificadores del núcleo verbal son el objeto directo (responde a las preguntas “¿qué cosa+verbo?” o “¿a quién+verbo?”, y puede ser reemplazado por los pronombres “lo”, “la”, “los” o “las”), el objeto indirecto (responde a las preguntas “¿para quién+verbo?” o “¿a quién+verbo?”, y puede ser remplazado por los pronombres “le” o “les”) y los circunstanciales (señalan las circunstancias en que se desarrolla la acción).

Los textos argumentativos presentan una visión subjetiva sobre un cierto tema. La argumentación es un procedimiento persuasivo, por lo que este tipo de textos intentan convencer al receptor acerca de lo que expresan. De todas formas, los textos argumentativos también incluyen información y datos, por lo que no dejan de ser expositivos.

En los textos argumentativos, el autor desarrolla un razonamiento para demostrar la validez de la idea que intenta defender. Para cumplir con la eficacia comunicativa, debe respetar criterios de orden, claridad y precisión, aunque este tipo de textos suelen ser de difícil comprensión (presenta una interpretación de la realidad, sin pretensiones de objetividad).

La argumentación implica un proceso dialógico, donde siempre aparecen involucrados dos o más actores. El carácter dialógico del discurso argumentativo está dado por la intención de contrarrestar la tesis del otro e imponer, por medio de recursos argumentativos, la del propio autor. Las partes básicas del texto argumentativo son la hipótesis, el argumento y la conclusión.

El desarrollo de estos textos puede darse a través de la disposición deductiva (va de la tesis a la conclusión, de la causa a la consecuencia) o de la disposición inductiva (la conclusión aparece como el motivo para considerar a la tesis).

Entre los recursos más usuales para apoyar la argumentación, se encuentran la contra-argumentación (la explicitación de las posibles objeciones a la propia argumentación), la comparación (para demostrar algo), la definición (para precisar los términos utilizados) y las citas (como declaraciones).

Los razonamientos presentados por el texto argumentativo pueden producirse por analogía (se establece una semejanza entre dos conceptos y se deduce que, lo que es válido para uno, es válido para otro), por generalización (a partir de varios casos similares, se genera una tesis común que es aplicada a un nuevo caso del mismo tipo) o por signos (se apelan a indicios o señales para establecer la existencia de un fenómeno), entre otras posibilidades.

Con el objetivo de clasificar y agrupar los textos de acuerdo a ciertas características comunes, desde diversas ciencias y disciplinas se han propuesto varias tipologías textuales.

Por supuesto, existen múltiples criterios de clasificación. Por ejemplo, una distinción socio-cultural de acuerdo a las distintas prácticas discursivas permite dividir los textos en científicos (producidos por la comunidad científica para presentar o demostrar los avances producidos por la investigación), administrativos (constituyen un medio de comunicación entre el individuo y una determinada institución, o entre instituciones), jurídicos (producidos en el proceso de administración de justicia), periodísticos (generados en el contexto de la comunicación periodística), humanísticos (vinculados a las ciencias humanas), literarios (que se centran en la función poética) y publicitarios (intenta convencer al lector acerca de las cualidades de un artículo de consumo), entre otros.

Una clasificación funcional de los textos, por otra parte, distingue entre textos informativos (exhiben datos sin intentar modificar la situación), expresivos (resaltan la subjetividad del hablante) y directivos (incitan a concretar una acción), por ejemplo.

En cuanto a las secuencias textuales (esquemas abstractos o superestructuras que incluyen una serie de características lingüísticas y que se presentan alternadas o entrelazadas a lo largo de un texto), puede hablarse de textos narrativos (se cuentan hechos reales o imaginarios, ubicados en un cierto tiempo y espacio), descriptivos (donde el tiempo no transcurre; pueden ser, a su vez, textos científicos, técnicos o sociales), argumentativos (presentan razones a favor o en contra de ciertas posiciones) e informativos o expositivos (presentan determinados hechos o realidades de forma neutra y objetiva; se dividen en divulgativos y especializados).

Hay quienes incluyen otros tipos de textos en las diversas situaciones comunicacionales, como los textos dialogados (que reproducen la conversación que mantienen entre sí dos o más interlocutores). Sin embargo, por lo general, estas tipologías suelen ser incluidas dentro de otras de mayor alcance.

El acto de describir supone representar la realidad a través de palabras. El contenido de una descripción detiene el avance del tiempo para observar detalles de una persona, un objeto o una situación, por ejemplo.

El texto descriptivo, por lo tanto, consiste en la representación verbal real de algo o alguien. El autor de este tipo de textos intenta que el lector pueda hacerse de una imagen exacta de la realidad, que se transmite mediante las palabras.

Pueden mencionarse dos tipos de descripción, cada una con sus propias características: la técnica y la literaria. La descripción técnica resalta el valor de la objetividad, para que la información no distorsione la realidad con opiniones o puntos de vistas. Por eso, estas descripciones presentan palabras técnicas y un lenguaje formal.

La descripción literaria, en cambio, resalta la subjetividad del autor y su visión del mundo. Por lo tanto, incluye palabras que, cumpliendo con el objetivo de todo texto literario, generen un efecto estético. El hecho de que la subjetividad del escritor esté en manifiesto implica que la realidad presentada pueda ser imaginaria.

Los textos descriptivos, sean técnicos o literarios, son atemporales: al momento de realizar la descripción, el autor “detiene” el tiempo para tomar una especie de fotografía verbal.

La primera etapa del proceso de descripción consiste en la observación de la realidad, analizando los detalles que serán utilizados en el texto. El segundo paso incluye el ordenamiento de la información, de modo que el lector pueda interpretar el texto. Por último, la tercera fase se encarga de presentar todo aquello que fue definido en las primeras dos. Por eso, el proceso descriptivo siempre define la realidad, la sitúa en el espacio y en el tiempo y la califica.

Entre los tipos de textos descriptivos literarios se encuentran el retrato (caracterización de personajes por sus rasgos físicos y psíquicos), la caricatura (donde se deforman los rasgos con una intención crítica o humorística) y la etopeya (centrados en el carácter, el pensamiento y los aspectos psíquicos).
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