Tesis para optar al Grado de Licenciada en Historia






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UNIVERSIDAD DE CHILE
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y HUMANIDADES
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTÓRICAS


La Cultura Rebelde:
Soportes, Construcción y Continuidad de la Rebeldía.


(MIR y FPMR, 1983-1993)

Tesis para optar al Grado de Licenciada en Historia

Alumna:
Catalina Olea.


Profesor Guía:
Gabriel Salazar


Marzo 2005

INTRODUCCIÓN


El seminario de grado del cual este informe es parte, tiene como contexto general la desarticulación de los grupos rebeldes en los inicios de los ’90. Es la época de la desintegración de las organizaciones, de la persecución y de la derrota política. Como ruido de fondo, la celebración por una alegría que se creía había ya llegado, y luego el silencio de la decepción. Así, a primera vista, no resulta un contexto muy alentador. Sobre todo hoy, cuando el presente parece extenderse indefinidamente igual a sí mismo, para satisfacción y loa de sus usufructuarios y promotores.

¿Porqué entonces una investigación en torno a organizaciones políticas que parecen tan definitivamente derrotadas? La primera respuesta puede tener un carácter puramente reivindicativo. La lucha de las organizaciones revolucionarias, forma parte de las “realidades discontinuadas” que la historia oficial prefiere olvidar en el siempre oscuro desván del pasado. Según el discurso oficial, allí quedaron, junto con ella, la violencia, la intolerancia, la radicalidad y la confrontación. Desterrados así del presente del consenso y del optimismo, los rebeldes no son reconocidos más que como arcaicos productos del pasado, o, peor todavía, como “terroristas” (la negación suele ir acompañada de la estigmatización).

En este sentido, claro, este trabajo tiene entre sus objetivos la reivindicación de una memoria que pretende ser negada. Sin embargo, aunque importante, ella no puede ser el único objetivo de esta investigación. Limitarse sólo a la evocación del pasado, puede acarrear el riesgo de quedar dando vueltas en torno a “lo que no fue”. No tendría mayor sentido- fuera de la desacreditación en el peor de los casos, o la añoranza y el lamento en el mejor de ellos- hacer una “historia epitafio”.

Para acercarse a la historia de los grupos rebeldes evitando las necrologías, es mejor hacerlo desde la perspectiva de la construcción y de la lucha; que desde la de su resultado político concreto. Pues es allí donde se pueden encontrar las vigencias, las continuidades, los legados, y los triunfos.

En los ’80, la posibilidad de una revolución en Chile les parecía a muchos una certeza. La victoria de la revolución nicaragüense estaba ahí no más, fresca y brillante en la memoria. Las jornadas de protesta irrumpían con fuerza, desmintiendo así la invulnerabilidad de la dictadura. En las poblaciones, en los liceos, en las universidades, en la calle, los jóvenes se buscaban entre sí y se hacían oír. Efervescencia, creatividad y optimismo, fueron los elementos que acompañaron el surgimiento o la revitalización de las organizaciones rebeldes. La guerrilla, lo épico, el “romanticismo de la pólvora”, acompañaron su accionar. Pero, sería una reducción limitar la identidad de los rebeldes sólo a eso. Como herederos disconformes de un pasado; como actores que se apropiaron con avidez de su presente (creando y copiando, acertando y fallando); y como dueños de un futuro que por momentos les pareció tan seguro en las manos, y en otros tan inaprensible, los militantes de los grupos revolucionarios tuvieron su propia forma de vivir la rebeldía.

Hoy los espacios de rebeldía siguen existiendo. Han cambiado de formas y de métodos, pero también mantienen muchos elementos heredados de los rebeldes de las décadas pasadas. Preguntarse sobre la rebeldía, reflexionar sobre su continuidad y sus innovaciones, sobre sus proyecciones y sus sustentos, sus prácticas y sus legados, es el incentivo principal de esta investigación.

Esta investigación y sus objetivos

“La cultura rebelde: soportes, construcción y continuidad de la rebeldía” (MIR y FPMR, 1983- 1993). Ese es el título, tal vez algo grandilocuente, de esta investigación. Como es díficil dar con un título preciso (casi tan difícil como escribir una introducción), lo único que queda es tratar de precisarlo a posteriori. Lo mejor es partir por lo más fácil; por la definición negativa, por lo que este título descarta: el principal objeto de estudio de esta investigación no lo constituye la trayectoria politico- militar de los grupos rebeldes. No hay en ella ni extensos análisis de documentos políticos, ni la recreación detallada de las principales operaciones militares llevadas a cabo por estos grupos. Tampoco es una historia de las organizaciones; no es la historia del MIR ni es la historia del Frente. Esta investigación no quiere ser Historia Política, aunque lo político esté siempre presente. Sin embargo, su enfoque no es exclusiva ni preponderantemente político.

¿Qué es, entonces, lo que este título quiere abarcar? La primera frase del título es “la cultura rebelde”, y da cuenta del tema general de esta investigación. Ahora, ¿qué es lo que se entiende por cultura rebelde?. “Cultura” es siempre una palabra demasiado amplia, talla XL, y alcanza a cubrir muchas cosas. Aquí no se pretende (bueno, tampoco se podría) dar una definición de cultura. Para explicar el título y rellenar la introducción basta con una aproximación general. Así, por cultura puede entenderse aquella estructura polifacética en la cual los sujetos se desarrollan como tales. Dentro de sus marcos, éstos encuentran una identidad, obran y se sitúan en la historia, entre otras cosas. Aunque las personas nazcan en una cultura ya existente, ésta no es, en ningún caso, una realidad natural ni eterna. Su carácter es más complejo que eso: la cultura es una realidad creada socialmente, al mismo tiempo que crea realidades sociales. Cómo producción social obedece a ciertos fines que, a su vez, pueden encontrar oposición en fines del todo distintos. La cultura se inserta así en el campo de los enfrentamientos históricos.

El adjetivo “rebelde” que acompaña a “cultura”, alude evidentemente a esa oposición. Así, la acepción más inmediata del término “cultura rebelde” está dada por su confrontación con la cultura dominante (o para la dominación.) En este enfrentamiento los sujetos rebeldes esgrimen sus propios fundamentos, sus propias producciones sociales y sus propias coordenadas históricas. Construyen, de esta manera, un sostén cultural para su rebeldía.

Es la construcción de dicho sostén y algunos de sus elementos, lo que, finalmente, constituye el objeto de esta investigación. Abordada desde este ángulo, la rebeldía se nos presenta como una construcción dinámica, emprendida por los mismos sujetos históricos. La rebeldía no se agota en sus dimensiones negativas (o de oposición, si se prefiere): Ni en la inconformidad con el sistema, ni en la pura violencia política. La rebeldía es más profunda que eso porque tiende puentes hacia el pasado (asume legados) y hacia el futuro (se proyecta en una nueva sociedad.) Al mismo tiempo, es en sí misma, en su desarrollo, en su intento transformador, un acto de creación. En todos estos aspectos los sujetos tienen un papel fundamental y activo.

“Soportes, construcción y continuidad de la rebeldía” es la otra frase que integra el título de esta investigación, y está referida a sus objetivos específicos. Objetivos que nacen del desglose del tema general en tres dimensiones complementarias.

El primero de estos objetivos, busca responder a la pregunta por los soportes sobre los cuales se construye la rebeldía. Se habla de “soportes” en plural porque se parte del principio de que la rebeldía posee más de una raíz. Obviamente, la rebeldía es mucho más que una respuesta natural a ciertas situaciones, va más allá de la simple reacción. Aunque se desata frente a realidades concretas e inmediatas, la rebeldía tiene raíces más hondas. Éstas se adentran en el corazón mismo de la historia colectiva para nutrir el quehacer, la identidad y el proyecto rebeldes.

Firmemente enterradas en la base del pasado común (ya sea de luchas, de derrotas, de triunfos o de penalidades), las raíces de la rebeldía se ligan estrechamente al concepto de memoria. Si para toda cultura la memoria constituye un pilar fundamental; igualmente lo es para la cultura rebelde. Pero, si para las culturas dominantes la memoria actúa como negación del cambio- ya sea que, bajo el nombre de tradición, se oponga a un futuro distinto; o que constantemente sea echada al olvido en aras del presente- para la cultura rebelde, por el contrario, aquella se yergue como base para éste. Los sujetos rebeldes comparten así una memoria que le es propia; en ella encuentran una identidad común y, a la vez, las simientes para un futuro también común. Sin embargo, dentro de la “memoria rebelde” hay que distinguir distintos tipos de memorias. De esta forma, todos los soportes expuestos en la investigación están identificados con un tipo especial de memoria. Se distinguen así, una memoria individual (historia de vidas); una memoria transmitida (legada por las generaciones anteriores); una memoria bibliográfica (constituida por la literatura); y una memoria colectiva de izquierda (conformada por el acervo cultural- político de la izquierda chilena.)

La pregunta por los soportes, apunta básicamente en dos direcciones (convergentes, espero.) La primera de ellas tiene que ver con la proyección de la memoria hacia el futuro. Preguntarse por los soportes de la rebeldía es también preguntarse por la solidez de los mismos. Si la memoria es la base de una construcción ¿es esta una construcción ya acabada (bien o mal)? O, más bien, ¿sigue siendo la base de un proyecto rebelde en permanente construcción?. En otras palabras, la memoria de los rebeldes de las últimas décadas del siglo pasado ¿puede ser recogida por los rebeldes de hoy?

La segunda dirección también se vincula con el tema de la continuidad, pero en otro aspecto. Los rebeldes de los ’80 y ’90 recibieron como herencia una memoria colectiva de izquierda, conformada por diversos elementos. A la vez, dichos rebeldes realizaron, en la práctica revolucionaria, sus propias innovaciones. Sin embargo, la relación entre ambos factores no parece haber sido siempre del todo fructífera; lo cual plantea el problema de la continuidad y el cambio en el accionar político.

Si la primera dirección puede atravesar toda la investigación; la segunda será abordada en un capítulo específico.

El segundo objetivo, es el de analizar algunos de los elementos nacidos de la propia práctica rebelde. Lo mismo que el anterior, este otro objetivo surge a partir de una interrogante: ¿cómo se vive la rebeldía?. Partiendo desde la base de que la rebeldía es construida por los mismos sujetos rebeldes, la relación que éstos establecen con aquella no puede dejar de ser creativa y dinámica. Si la memoria conforma el soporte sobre el cual se edifica la rebeldía; la construcción de ésta no puede ser emprendida más que por su práctica colectiva, por la experiencia.

Como ya se mencionó anteriormente, el quehacer rebelde no se limita tan sólo a la violencia política. Aunque ella desempeñe un rol fundamental dentro del accionar revolucionario, éste da origen también a otros elementos. La lucha no es exclusivamente política, pues en el desarrollo de ésta confluyen diversos factores: formas de relacionarse, espacios de encuentro y de participación, producciones simbólicas, factores identitarios, etc., se añaden al quehacer puramente político. Así, hasta las vivencias aparentemente apolíticas de los rebeldes, representan también frentes de lucha.

En esta investigación sólo se expondrán dos de ellas: la ética y la identidad rebeldes. Como productos de los sujetos rebeldes, la ética y la identidad rebeldes se contraponen a otras éticas y otras identidades que pretenden ser hegemónicas e inalterables. Ambos elementos son obras concretas de la práctica rebelde; ninguno de ellos es un elemento ya dado. Por supuesto que se ven cruzados por la memoria (la base) y por la utopía (la dirección), pero es sólo en la práctica que tanto la ética como la identidad rebeldes adquieren una realidad concreta. Aunque suene obvio, es en la experiencia colectiva de la rebeldía donde los sujetos se constituyen como rebeldes.

El cómo se vive la rebeldía es una pregunta que, en definitiva, remite a la práctica de los sujetos rebeldes. No es una pregunta específica, centrada en un problema particular. Más bien, pretende dar pie a la reflexión en torno al carácter creativo y transversal de la rebeldía, y al papel protagónico que los sujetos juegan en ella.

El último objetivo está referido al problema de la continuidad de la rebeldía luego de la derrota política. Es aquí cuando se vuelve al contexto general del seminario. La transición selló la derrota política del MIR y del FPMR, frustrando así el proyecto revolucionario. En contrapartida, implicó la pervivencia del sistema impuesto por la dictadura en la nueva escenografía de la democracia negociada. Pero, ¿significó también la derrota definitiva de los sujetos rebeldes? Este problema es bastante complejo, pues encierra más de una interrogante. Para abordarlo, se lo ha dividido en cuatro niveles diferentes.

En primer lugar, se plantea el tema de los diferentes planos de la derrota y de los medios para su posible superación. Como ya se señaló, la consolidación de la salida pactada, luego del plebiscito del ‘88, representó la derrota objetiva de los grupos rebeldes. Sin embargo, los resultados de los enfrentamientos históricos no pueden ser nunca puramente objetivos, pues involucran a los mismos sujetos que los protagonizan. Para muchos militantes la derrota política estuvo acompañada de costos personales y emocionales. La prisión política, la muerte de compañeros, el desconcierto y la decepción fueron algunos de ellos. A primera vista, podría parecer que la dimensión subjetiva ahondara aun más la derrota. En realidad, los sujetos cuentan con más de una “carta bajo la manga” para superar la derrota. Cuáles son estas cartas y cómo son jugadas, son las interrogantes que conforman el primer nivel del problema general que da origen al tercer objetivo de esta investigación.

Por otra parte, el presente pone a los sujetos frente a alternativas concretas. La opción por unas u otras pone en juego la identidad rebelde. Olvidar, acomodarse, abocarse a la vida personal, pueden ser algunas de ellas. Si, por el contrario, se desea seguir manteniendo la identidad rebelde, el fin de la militancia política cierra y abre posibilidades de lucha. ¿Qué pasa entonces con el sujeto rebelde? ¿Qué hace de su rebeldía? Si decide mantenerla ¿por qué nuevos cauces la dirige?

El tercer nivel del problema está dado por la evaluación que los sujetos realizan de su pasado. Errores, triunfos, vigencias, sentidos, etc., son elementos que conforman esta interpretación. Por supuesto, ella no es arbitraria; se sitúa desde el presente y responde a expectativas de futuro. Analizar la evaluación que los mismos sujetos hacen de su pasado combativo, permite acercarse entonces a la condición actual de su rebeldía. Por una parte, los sujetos atribuyen a sus acciones un sentido, que puede o no seguir anclado en la memoria y el proyecto colectivos. Por otra parte, la memoria que los sujetos elaboran a partir de sus experiencias se plantea con respecto al futuro de diferentes maneras. Si la memoria niega el pasado o si sólo se limita a añorarlo, es difícil que ésta llegue a conformar un soporte para la acción futura. Al contrario, la memoria puede ser construida con miras a la continuidad del proyecto. Es en este último sentido, que es importante abordar lo que los sujetos consideran hoy sus “errores políticos”. Abordar este tema por puro “masoquismo histórico” no sería sano. La evaluación de los errores debiera conducir, más bien, a la reflexión sobre los problemas del quehacer político, en vistas a las futuras acciones.

Por último, y muy ligado a lo anterior, está el tema de cómo visualizan los sujetos el futuro de los movimientos sociales. Esta proyección da cuenta de la continuidad de la rebeldía, posible a pesar de las derrotas objetivas.

Cosas de forma y otras aclaraciones previas

Aunque esta investigación no se centra en las organizaciones rebeldes como tales- sino, como se ha visto, en los sujetos rebeldes y la rebeldía- ésta se ha limitado a dos grupos políticos específicos: el MIR y el FPMR. Ambos grupos tienen diferencias en cuanto a su origen y sus orientaciones políticas, y en cuanto a sus períodos de mayor actividad y auge. Sin embargo, poseen muchas cosas en común, pues son representantes de una forma de hacer política específica, que puede caracterizarse como “tradicional” de una época. No ocurre lo mismo con el Lautaro, que por ello se ha dejado afuera, pues representa una innovación en el accionar y lenguaje rebeldes. Incluirlo, abría significado entrar en comparaciones complejas, propias de una investigación mayor que ésta.

La investigación se sustenta, en su mayor parte, en los testimonios de ex militantes, recogidos mediante entrevistas conformadas tanto por preguntas abiertas como específicas. Se trató de hacer más de una entrevista con cada persona, pero, por diversos motivos, ello no fue siempre posible. Así, el número de entrevistas por persona varia entre 1 y 3. El número de los entrevistados, en tanto, es 8.

Las otras fuentes de esta investigación consisten en material bibliográfico (específico y general), y en algunas fuentes documentales (revistas de oposición y publicaciones clandestinas de los grupos armados.) La primacía de las fuentes testimoniales por sobre las otras, se debe en parte a la carencia de una bibliografía abundante en relación con los grupos rebeldes. Pero, la razón principal estriba en el carácter mismo del tema de investigación, que hace de los sujetos su principal objeto de investigación.

La mayoría de los entrevistados pertenecen a la generación del ’80; la mayoría también son ex miristas. Sin embargo, hay un par de entrevistados que corresponde a la generación del ’68. La diferencia de edades y de experiencias (sobre todo en cuanto a las épocas en que los sujetos vivieron el auge de su participación política), permiten establecer ciertas comparaciones y contrapuntos interesantes.

En cuanto a la forma, este informe se divide en tres partes. Cada una de ellas se centra en uno de los tres objetivos específicos anteriormente señalados.
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