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fecha de publicación21.06.2016
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"CASAS QUE BUSCAN EL MAR" o

Casas que quieren el mar o

Casas en el litoral.

“Houses searching the sea”

Para Revista VIA ARQUITECTURA 17

Valencia, España

Estas casas están en el sur de Chile, entre los paralelos 40º de latitud sur para Niebla cerca de la ciudad de Valdivia y 42 º de latitud sur en el archipiélago de Chiloé. Todas ellas están cerca del mar, pero no junto a él, por lo que se contorsionan y revuelven para lograr encontrar el océano, buscan las olas se retuercen para lograr un trozo de agua por las ventanas, como observadores distantes, vigías escondidos entre los árboles de un bosque o entre los muros de una ciudad. Ver el mar, atraparlo en un marco, que más que una ventana es un cuadro o una postal del mundo exterior, ha sido el objetivo de estas obras.
En Chile la arquitectura está fuertemente influida por el paisaje, es un soporte tan intenso como la historia en Europa. La arquitectura de nuestro país ha hecho de la geografía, de lo telúrico su razón de ser.

Generaciones de arquitectos han trabajado en el tema, la preocupación por el sol, por el viento, por la lluvia, por el mar, se enseña en las escuelas de arquitectura es la preocupación de cada día.
En el siglo XX, hasta la década del 80, esta preocupación fue más bien estética, en un sentido literal. Importaba la relación del objeto con el paisaje, su adecuación a este, la composición general dentro y con la naturaleza. Actualmente esa preocupación se ha extendido a dos campos que podemos llamar éticos y aunque están recién empezando y no podríamos decir que son una constante, presupongo que se extenderán irremediablemente:
1.- La preocupación medioambiental cada vez es mayor. Así los materiales degradables, las energías alternativas o los procesos económicos y racionales para materiales y obras, comienzan a tomar importancia. En este aspecto la arquitectura del sur de Chile tiene una gran ventaja, al haber sido capaz de desarrollar una obra contemporánea en madera. Tiene el inconveniente que no está preparada para el mayor costo que significa la modificación de los procesos artesanales de trabajo. Necesita una inversión de energía inicial alta y este valor aun no es recuperable en el corto plazo, aunque en el largo tiempo todos sabemos que es más conveniente.
2.- El segundo aspecto es la preocupación por los procesos culturales.

Al tener una bajísima población y un también bajo desarrollo económico hasta solo dos décadas atrás, el sur de Chile se mantuvo intacto en términos medioambientales, de hecho es considerada la zona más libre de contaminación del planeta, y la más alejada de los grandes focos de polución ubicados en el norte del mundo.

Esto obviamente impacta la arquitectura y hace nuevamente que la relación con la naturaleza y la conciencia de su apreciado valor sea una constante en la mayoría de la obras contemporáneas, independiente de su mayor o menor calidad arquitectónica.
A su vez, Chile tiene una muy baja densidad 21 hab/km2, sin considerar el territorio antártico ni insular (con el cual la densidad es 8 hab/km2). Existe en consecuencia, territorio en abundancia para poder fusionar nuestras obras con la naturaleza y mantener las culturas locales y el medio ambiente.
Chile además tiene 8500 km. de litoral, es un país alargado de 4270 km. de largo y un promedio de 180 kilómetros de ancho, por lo tanto Chile es litoral, su esencia, la línea, el borde, la cornisa, esa franja entre la cordillera de los Andes con entre 4000 y casi 7000 metros de altura, hacen que Chile se explique con un corte transversal, de Cordillera a mar. Es una país en planta alargado y en sección transversal inclinado de cordillera a mar.


En esta zona de Sudamérica, el Océano Pacífico se vuelve frío, por la corriente de Humbolt, que cambia dramáticamente la temperatura del agua frente a las costas chilenas y hasta la Antártida. Por lo cual la relación con el agua no es la del trópico, ni la de las aguas cálidas del resto de Latinoamérica. La relación entre mar y habitantes es siempre más visual y ambiental que de fusión total. Los chilenos entran poco al agua, más bien la contemplan extasiados, miran desde la orilla, hablan del mar, hacen discursos y literatura sobre el océano, como Neruda y la Mistral los dos premios Nóbel de literatura chilenos, ambos poetas. Quizás ello explique la relación con el mar de los chilenos, más cercana a la de un poeta que a la de un marino, es la contemplación por sobre la acción. O al revés, quizás esto explique porque Chile tiene dos poetas premios Nóbel.
En este escenario cualquier proyecto en Chile si tiene la posibilidad de volcarse a la naturaleza lo hace, incluso en las grandes ciudades. En Santiago de Chile con más de 6 millones de habitantes todas las casas tratan de mirar la cordillera. Un valor de venta de un departamento en Santiago es tener todas sus ventanas hacia el este, hacia la salida del sol y por supuesto hacia la gran cordillera de Los Andes, con sus picos nevados eternamente. Si no lo logran tratan de buscar el sol o algún árbol o el escuálido río Mapocho que atraviesa la ciudad desgarbado. Solo cuando no se tiene ninguna de estas posibilidades una casa puede mostrar cierto interés en el paisaje artificial. ¡Que diferencia con la obra en Europa donde el objeto ensimismado y autoreferente se transforma en el motivo final de la arquitectura¡.
En Chile la búsqueda de la naturaleza también trae consigo la tragedia. Cualquier río por pequeño que sea, crece monstruoso en invierno, mal tratando a las poblaciones más pobres con la fuerza de un país con grandes bolsones de subdesarrollado. Un país que explica las tragedias por la fatalidad de la naturaleza y por su presencia constante en nuestras vidas. Físicamente Chile es un país inclinado desde Los Andes al Pacífico y por ello todos los ríos por pequeños que sean, como el Mapocho, bajan con una fuerza descomunal desde las montañas, para llegar rápidamente al mar en solo 200 kilómetros de desarrollo y con más de 4000 0 5000 metros de fuerza de gravedad.
Esta cordillera constituida por una falla geológica, que inunda de belleza todo el paisaje chileno, es la presencia física de los terremotos una constante en todo el país. El movimiento de la tierra hace de esta propiedad física otra condición de la arquitectura. Son pocos los países en el mundo en que la arquitectura es más consciente de esa variable. Sin duda el gran terremoto y maremoto de Valdivia del año 1960, que es el más grande registrado por la sismografía moderna, con 9.5º en la escala de Richter, fue la gota que colmó el vaso1. Estábamos acostumbrados a que cada cierto tiempo los movimientos telúricos destruyeran las ciudades, las mayores y más importantes. En todas las historias urbanas el terremoto es, como el ataque de los corsarios, una reformulación de la ciudad a partir de la catástrofe. Pero el terremoto maremoto del año 60 fue demasiado, duró varios días y destruyó 600 a 700 kilómetros lineales de país. En realidad fueron varios terremotos, de los cuales uno de sus epicentros estuvo cercano a la ciudad de Valdivia, donde el paisaje cambió de fisonomía; se destruyeron pueblos por completo, otros se hundieron y desaparecieron sin dejar huella, así como también se modificó el curso de los ríos o aparecieron lagos donde antes sólo habían praderas.
Sin embargo, muchas de las construcciones en madera resistieron la fuerza de la naturaleza. Esto valoró un material que en ese momento estaba comenzando a ser depreciado por las nuevas tendencias de hormigón armado que habían llegado a Chile de la mano del Movimiento Moderno. La madera un material considerado pobre, liviano y precario, retomó su lugar en la historia y se transformó nuevamente en el aliado de la cultura, en el elemento que materializa una cultura, la del sur de Chile.

Así se ha ido desarrollando una arquitectura donde la naturaleza y la madera son sus puntales, todo mediatizado por el proceso cultural que hace de estos dos elementos una fuente de inspiración para representar la cosmovisión, para expresar en un texto físico y urbano el lugar del mundo donde estamos.

5 CASAS QUE BUSCAN EL MAR

Estas cinco casas en madera están atravesadas por esta historia, pero además representan un proceso cultural particular y único, el del sur de Chile. Por lo tanto uno puede tener la arrogancia de decir que son su resumen final, pues son sólo explicables a partir de este fenómeno humano. Estas casas intentan entrar en la cultura como fuente inagotable de revisión arquitectónica, todas estas casas son una, y cada una de ellas es un total individual y similar a las demás.

Todas se han hecho entre los años 2000 y 2006, con una forma común de trabajo, que es otra variable que se debe agregar a la geografía y la madera; un proceso de diseño abierto que busca comprender el proceso cultural.
Este sistema de trabajo, similar a las utopías sociales de mitad del siglo XX, que tuvieron gran desarrollo en Latino América, se ve influido por cada habitante potencial de las obras y por cada arquitecto que trabaja en ellas. Este es un modo de hurgar en la cultura, sincretizada en cada habitante, los valores que sustentan el proyecto y que pueden explicar su relación con la geografía y la madera.

Por esta razón todas estas casas son distintas, cada una de ellas tiene tantas partes como grupos de personas puedan vivir en su interior y a la vez todas ellas son similares; individualidad y colectivismo fusionados.
De acuerdo a esta idea de trabajo, las cinco casas se dividen en dos grupos:

Las casas mayores con varios cientos de metros cuadrados cada una, donde iban a vivir varias personas y las casas menores donde sólo vivirían una o dos personas y donde generalmente las superficies son menores a los cien metros cuadrados.
A.- Las casas mayores o grupos de casas, son las llamadas, Casa de los Arrayanes, Casa en Chamiza 1 y Casas Iris.

Trabajamos con los propietarios en dos líneas;

La primera los incitaba a que dividieran la familia o las familias en grupos menores de acuerdo a los distintos intereses, para ser expresados en el proyecto. Esta decisión para ellos resulta muy práctica, pues hace participar al total de la familia(s) y de un modo u otro todos se sienten involucrados con el proyecto y son responsables de sus decisiones, desde los niños hasta los más ancianos.

La segunda línea de trabajo les proponía que ellos distribuyeran la casa a través de piezas de colores (lego), donde cada elemento de un color distinto, representaba un uso, así se establece el funcionamiento que imaginaban para su vivienda con estos juegos de distribución de espacios.
La casa por lo tanto comienza a dividirse en distintos cuerpos donde las piezas fueron influidas por las personas que iban a vivir en ellas y/o por los distintos arquitectos que trabajaron con ellas. Esto nos permitía que cada cuerpo se diseñara como un total e independiente de los demás. De este modo con objetos independientes, el azar y el arquitecto como articulador social adquieren importancia en establecer una lógica general, que no puede determinar el objeto último sólo unas ciertas reglas del juego que deben ser conocidas por todos; como por ejemplo, la vista hacia el mar, el asoleamiento, el camino de llegada o los árboles que se deben mantener.
La Casa de los Arrayanes es una obra para una familia divida en tres grupos; los padres, los niños y las visitas. Cada uno de estos cuerpos fue hecho en forma independiente, de acuerdo a las conversaciones y dibujos con cada subgrupo familiar. Solo una vez que estaban diseñados por separado, se inicia el proceso de ajuste de las piezas, buscando la mejor ubicación para ellas dentro del total.
La Casa Chamiza 1 optó por otra decisión se acordó un basamento común de dormitorios para toda la familia, pero sobre este se ubicarían las piezas individuales que representaban a cada integrante de esta familia; el padre, la madre, el colectivo y los niños. Cuatro objetos que se tradujeron en sala de estar y biblioteca para el padre, comedor general para el colectivo, invernadero y sala de estar para la madre, y sala de juegos para los niños. Estos cuatro objetos se diseñaron en forma completamente independiente y solo cuando estuvieron terminados se ajustaron entre si y se colocaron sobre el basamento.
Las Casas Iris son distintas, son pequeñas casas de alquiler, de entre 35 a 50 m2, por lo cual hubo que imaginar cual o cuales eran los posibles usuarios o clientes de estas obras. Así se diseñaron objetos independientes por los distintos arquitectos de la oficina de acuerdo a ciertas reglas fijadas colectivamente; la vista hacia el mar para todos los recintos y para todas las casas, ingresar a las viviendas desde el sur por un camino existente y mantener cada árbol del terreno.

Este sistema de trabajo produce una gran cuota de azar en el proceso de producción del proyecto arquitectónico, pues hay factores de la visión total que se dejan para el final, con lo cual la sorpresa, la casualidad y la intuición son los mejores compañeros del proceso proyectual y del resultado final.
B.- Las casas más pequeñas son; la Casa en Niebla y la Casa Chamiza 2, por sus bajas superficies o porque vive una sola persona o una pequeña familia, no logran entregar opciones de distintos cuerpos. Por lo tanto las variables con la familia se restringen a la distribución de espacios con juegos de colores (lego) y al establecimiento de las reglas generales; vista hacia el mar, mantener los árboles, recoger el sol del norte, protegerse de las lluvias principales, entre otros. Estas obras terminaron siendo como un cuerpo de las casas mayores, adoptan su lógica y es interesante ver como funcionan en forma aislada en el paisaje. A diferencia de las casas mayores donde las distintas piezas se sostienen entre si para desarrollar una composición arquitectónica, aquí es más difícil la relación con el paisaje pues al ser objetos menores el medio ambiente natural tiene un peso gigantesco respecto del objeto, sin embargo por los materiales y por su posición en los terrenos estas logran ajustarse al territorio. A la vez que dejan implícito su crecimiento y sus modificaciones que de seguro todas estas obras tendrán a futuro.
DOS ANTECEDENTES PREVIOS:

Hace veinte años atrás hice mis primeras obras, ambas en Ancud, Chiloé; la Casa del Pescador y la Casa de la Serpiente. Al volver a visitarlas en ellas se encuentra el germen de los proyectos actuales, son ejemplos de este proceso de trabajo y de la relación de estas obras con la naturaleza y con la madera. En ambas casas está el tema que atravesará todo mi trabajo futuro.

La casa de la serpiente por ejemplo, es para una sola persona y los distintos usos no tienen lugar fijo en la casa; el comedor se puede intercambiar con el dormitorio, o con la sala de estar. En la casa del pescador, para una familia tradicional y subsidiada por el gobierno, el área de los niños está separada de la de los padres ubicadas en la segunda planta y por un sistema de autoconstrucción se logra una superficie el doble de grande que las casas que realizaba habitualmente el Estado en ese momento.
Por ser esta una publicación española quizás conviene una reflexión cercana. Picasso planteaba que una persona o artista realiza una sola obra en la vida, sobre la cual hace infinitas variaciones. A esta idea Almodóvar agrega; una sola obra que siempre se hace (o debe hacerse) nuevamente con la emoción de la primera vez.

Esta idea surgida del arte, propia de nuestra condición humana y nuestras limitaciones, se puede ver estimulada a lograr más variaciones sobre esa “misma obra” con la participación de un mayor número de personas en el proceso proyectual.
Este fenómeno de romper el aislamiento del arquitecto como artista, significa además una mayor democratización de este proceso de producción de obras arquitectónicas. Uso la palabra democratización pues esta acción tiene un fuerte componente político, implica directamente que el arquitecto pierde el control sobre la imagen final, y puede transformarse desde sólo un productor de objetos como lo es generalmente hoy en día, a un articulador social o un profesional que contribuye a establecer ciertas reglas que estructuran el pensamiento sobre la ciudad. Esto no significa que el proyecto arquitectónico debe perder calidad ni interés, es más en muchos casos, como en otros estudios que hemos hecho; el Concurso de viviendas en Barakaldo, España y tres edificios de viviendas en La Habana, Cuba, los resultados son asombrosos y de mayor interés que basar el producto final solamente en la inspiración de un arquitecto jefe o tutor espiritual del oficio. Algo demasiado religioso a estas alturas del desarrollo humano y de la fuerte transmisión de información que existe en todas direcciones.


1 el reciente terremoto maremoto de Indonesia de Diciembre del 2004 alcanzó 9.3º Richter




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