Cartas de colaboración para la página Resucitemos los sueños de Ana Ocaña. Tomadas de las cartas de El Maestro escritas desde la isla. Para su proyecto de promoción del género epistolar






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Carta a los sentimientos bipolares del destino y Confesiones a corazón abierto

Cartas de colaboración para la página Resucitemos los sueños de Ana Ocaña. Tomadas de las cartas de El Maestro escritas desde la isla. Para su proyecto de promoción del género epistolar.



Carta a los sentimientos bipolares del destino


En el aire danza la música de la vida. Las caricias de los recuerdos despertaron sentimientos sobre mi piel. Hacía rato que no hablaba con la vida, con el aire, conmigo mismo, ni con tu alma. Hoy sentí que renacía, como los resucitados que regresan del fuego, de las sombras, del olvido. Mi desnudez volvió a sentir la brisa de la nostalgia, los suspiros de las flores, el delicioso sabor de los besos que brotaron de mi frío corazón de roca.

A veces la vida nos despierta un mar de sensaciones extrañas. Las palabras de amor, fluyen de las puntas de los dedos y las canciones del silencio se ahogan, cual deseos que jamás se expresan. Hacía rato que no hablaba con el amor, no con ese otro yo, que me persigue como la sombra de una estrella protectora. He recorrido descalzo la vida y me he estrellado como un rio crecido, embravecido, descaudalado ¡las piedras y las rocas!¡áridas y despiadadas cual cuchillos justicieros o carniceros! ¡Frías e insensibles como el desamor o el frio de los amores muertos!

Hoy sembré vida sobre el no amor. Los sueños se confundieron con el negro de los recuerdos. Edificaste muro sobre muro, pero penetre a tu amurallado corazón, por entre la luz de esa diminuta fisura. Hoy me liberaste de más de una pesadilla o sombra de mal agüero, pero continuaste esclavizada dentro del absurdo cadalso de tus recuerdos. Libera al ave apresada en tu corazón; borra lo gris, lo negro y lo oscuro; la aurora siempre ha despertado y despertará ansiosa, como toda flor carnívora cuando desea devorarse el día.

Permítele el sueño a tus ojos, para que la paz encuentre su oasis y dentro de un clima de amor, geste el destino tu descanso. No existen poros ni vellos que frenen, la insolencia de mis mundanas caricias. Soy ese hombre, solo y sediento, que le roba el fresco a la fuente, para no morir ahogado por su propia sed. Una triste historia de amor, siempre se escribe con la sangre del dolor. No sé si la vida nos regale una segunda oportunidad o si tenga que conservar por remordimiento, la imagen de tus ojos o el recuerdo de tus besos. Solo puedo ofrecerte los frutos del fuego de mi primavera y son ¡estos versos!. Mi alma quiere preñarte con el polvo enamorador de ellos, bajo la caracola azul de una frondosa cabellera, embellecida con el color del llanto de los claveles.

Algún día el cariño de las constelaciones de los sueños, viajará lejos del martirio, para alejarse del dolor y de las sombras de los espacios transparentes que me persiguen. A veces pienso que eres la bella visión de la naturaleza florecida, de la quimera blanca que jamás pude vestir de madera por ingrata. Cuando la marea sube, sufro porque se emponzoñan las noches, se angustia mi vida y por eso la pintan dura, despiadada como la garganta de Nirvana, cuando la lámpara se apaga. Jamás deseo regresar al jardín, donde perdí las esperanzas y me resigné a amores pasajeros, migratorios.

El azul del camino a veces se perfuma con el corazón de una oveja descarriada o me despierta con el rocío de una ilusión fresca. Nadie puede imaginarse todo el dolor que he sentido y vivido, a pesar del canto risueño de mi sangre ¡magnífica y sonora, como el estruendo que se siente, por el rumor de las flores del viento! Jamás volveré a abrirle una tumba, a un amor cuando agoniza. Los milagros ondulan como los tréboles de la buena suerte. Solo la inocencia de una flor de pétalos encendidos, conserva un sabor amargo en el cáliz, si no se justifica el crimen de su sacrificio.

Fuiste el amor tardío, con el que se engañó mi vida. Siempre creí que eras la estrella prometida y por ti, conserve encendida una esperanza, mientras en mi alma florecía como un diamante, una rosa, una hermosa rosa que se convirtió en un sueño lánguido, fervoroso como la desgracia turbia del cristal que se rompe y se desangra sin luchar, después de limitarse a ver pasar su destino fatal. Ahora mis suspiros son ciegos, indiferentes a los aromas de los capullos jóvenes y que se consumen sin sentido, dentro del armario de los miedos. Solo el placer de la vida, nos puede descongelar el alma, para ir en pos del Gran Amor de nuestras vidas.

Hay palabras que palpitan como el canto de nuestros labios y se tornan en encantadores versos, que hechizan como los baladas de los sueños de nuestros astros, a las alegrías de nuestros pechos. Las miradas de las palabras de amor, son como las rimas que hacen sonrojar a las mejillas y nos enmaraña el alma con ilusiones. ¡Solo tú conoces el silencio de mi camino! Fuiste el secreto y la razón de la avaricia de mi corazón. Mis versos siempre se desprendieron de la tristeza, como las lágrimas de los árboles. El tiempo se fue en agonía como las espumas de los ríos, pero siempre me esforcé en que el canto no perdiera su sublime encanto. El lenguaje de un amor se puede marchitar y así nada se pueda hacer para evitar que se marchite, siempre debe conservar la armonía de los arpegios de las sombras de los amantes y el color mágico de los labios de los besos, que nos ciñen al triunfo de la vida, al milagro de la música del amor.

La armonía de los pasos se ha ido como la mañana de una ilusión secreta o el fulgor titilante del licor de los frutos de una hermosa estrella. Mi desolada alma anhela sacudirse con las caricias tiernas de las bondadosas esperanzas, que se enredan y florecen, como el perfume de las huellas de las violetas o con uno de esos amores que sueñan bajo la piel de una crisálida. Eres la inverosímil primavera que regresa triunfal, para jugar con mi tristeza. La vida para ti, siempre ha sido un carnaval y gozas jugando a la eterna reina, la musa de las canciones y el centro de las miradas ¡Si quieres jugar conmigo, puedes patear mi corazón! Juega como las chiquillas malcriadas, que ignoran que los sentimientos se transforman en fuego. Se pueden borrar las huellas de las penas, pero quedan misteriosas sendas por el cuerpo, cual senderos apagados de la vida, arrasados por el despiadado verano.

Con todo cariño, Tu perro Vagabundo

Confesiones a corazón abierto


Por culpa de mis mentiras, condené mi alma a las llamas y a las iracundas sinfonías de la ira. Siempre me burlé de las almas que me lo brindaron todo, al comprenderme. Solo les prometía penas, jarradas de amarguras y pequeñas muertes, con los halagos camuflados por mentiras piadosas. Ahora que me he arrepentido, se me ha hecho tarde para detener el paso del mal, evitar el turbio ocaso de nuestros destinos en el olvido o enmendar simplemente los errores. Todos los recuerdos de mi corazón, ahora se resignan a la soledad, sin el más mínimo fulgor de felicidad. Una mano invisible siempre me aleja de ella o me separa como si fuera una estrella negra, que todo lo marchita o arruina. Mis manos todo lo troncha o echa a perder y parece si como por placer, vistiera de luto a los quereres que se confunden y creen ir hacia una nueva aurora. Soy puerto del mal y del olvido. Soy el placer que arruina la magia de los crepúsculos y ensucia las playas de las alboradas, que le abren sus alas a mi corazón.

¡Te amo! Tienes que aprender a confiar mis sentimientos y forma de querer. No tenemos que crucificar las alas de nuestras ilusiones ¡Visa solo hay una y el placer solo regresa, cuando existe libertad! Para mi amor, eres un mundo por descubrir, un amor que no puede quedar inconcluso o una historia sin final, como el reflujo del plenilunio o de la voluntad del destino. ¡Dejaste pasar gran parte de tu vida, intentando comprenderme! Ya no tienen sentido las lágrimas que se deslizan por tu corazón. ¿Será que tu engendraste, el infortunio de nuestros destinos? El olvido es la peor desgracia para un sentimiento que mira hacia el horizonte y le grita al destino, para que le encienda una estrella. Eres el azul diáfano del mar que se aleja, como la piedad de las palabras pensativas que buscan a la oscuridad para llorar, el dulce cantar que brota del pecho adolorido o el preludio de paz que me cubre, con el perfume de los besos del azahar.

Un amor como el nuestro jamás se olvida, ni se puede extinguir. He recordado y soñado verso a verso, los pasos de nuestra historia ¡Las tormentas de fuego, las agonías violetas en las aguas mansas del pecado, el amoroso maltrato a las virtudes, que suplicaban desconsoladas y acongojadas, como las heridas de desamor que se esconden. Hubo momentos en los que respirábamos con pasión fantasías, que llegaban y se iban por el camino del fuego, con la sed y el hambre de la belleza, que se oculta como la luz de una estrella, que prometió no regresar con el arrullo purificador de su poesía.

¡Volverás! Te espero. Eres el ensueño de mi vida. Soy la ofrenda y el fruto convertido en amor. Comprendo tu olvido, como quimera que no se debe descifrar. A veces la vida es un rondel de vinagre y sufrimientos, que nos baña con pasión para que florezca el dolor. Caminar sin un norte y sin cansancio, fue mi destino. Añoré un oasis, que jamás encontré. Mi peor locura fue enamorarme y amarte con demencia. Fuiste como un Edén prometido, el canto opulento que bullía, como una aurora lánguida por entre las venas de la primavera, que vivía como un invierno. El tiempo pasó como el sabor de un manjar o de unos amorosos labios. Las épocas felices se recuerdan, como la película de un idilio marchito. Las fantasías de las imágenes insepultas, se evocan como los arpegios de los besos o los encantos de las embestidas de las almas desnudas, cuando se amaban sin dejar cicatrices, ni heridas profundas por desencantos, cuando el éxtasis se iba y solo sobrevivían engaños para evocar.

Soy un alma pletórica de recuerdos. Soy un mar de interrogantes sin respuesta y un cuerpo sin inmunidad, al virus del desamor. Paso a paso, el dolor como toda tarde opaca se fuga, se enhuaca como los tesoros escondidos de la vida. Algunos brotan convertidos en piedras y otros en agua, en cristales de espumas, en esperanzas para rosas o en placeres que vuelven presurosos de la ausencia. ¡Algún día veras florecer los árboles que sembré, con la ilusión que evocaras los recuerdos de nuestra historia! Como una lámpara encendida, contemplará el paisaje, así como lo harán las pupilas de mi alma dormida. Ya no se abrirán mis ojos a contemplar las flores, ni mi espíritu se dolerá con las infamias de las espinas de la vida. Los murte llorarán como perros sarnosos, las maldiciones divinas. Solo la sal puede borrar su recuerdo. Cuando este bajo tierra, quiero convertirme en las alas de los sueños para que triunfen, los que el porvenir no acaricia con amor. La luz del destino, duerme dentro del corazón, como la flor en el capullo. Solo la luz de la armonía interna, te puede permitir culminar con éxito el gran viaje. ¡La vida es un mar de horizontes, para la sed del corazón!

No dejes brotar melancolía de la nieve, ni escuches el delirio pálido de la congoja, ni de las rebosantes penas que nos ahogan en esas infernales temporadas, en las que el quebranto nos abandona en el averno. No creo que se nazca para sufrir ¡Todos llevamos oculta una rosa en el corazón! El diapasón del dolor es como el canto del viento o de las ramas cuando ondean cual oriflamas de la naturaleza. Si te vas para siempre de mi vida, arderé cual pastizal sediento, me convertiré en sombra del olvido, en lagrima de pesar. Recibe mi cuerpo, madre tierra, después que dé un paso a discreción, para que florezcan cual claveles o pensamientos del silencio, el aroma del canto de los versos, como festín de ilusiones de un corazón vagabundo.

Regresa ruborizada la sombra de mi amada. Esquiva la mirada el llanto de su alma. Hay milagros en la vida que se deben aceptar con piedad y sin preguntas. Cuando un amor regresa, dejemos que se cumpla la voluntad del destino y no el deseo mal intencionado de la envidia o del fuego que nos consume de frio el alma. Hay que ignorar las preguntas necias del celo, más si desean desenterrar los secretos amorosos, undívagos recuerdos de sueños póstumos, que se deben esfumar como el tiempo en el olvido. El sufrimiento no puede arruinar nuestras ilusiones. Creo en los espíritus afines, en las almas gemelas, que gozan de la magia del amor infinito. Eres el esplendor que se refleja como una estrella, en el canto del horizonte. Eres la ilusión fresca de mis sueños y el fulgor que tiembla orgulloso como la luna sobre el mar, que deshoja las oportunidades de los suspiros, para robarnos poco a poco el alma.

Te prometo un amor ágil y sin abismos. ¡Noches de uvas y exóticos frutos! Encantos suspendidos de las flores, como dulces bálsamos del jardín soñado. ¡Fui el culpable que se apagara la luz de la dicha! Cantaré barcarolas arrullado por el vendaval, que acorta la distancia entre el infierno y el cielo. Regresa el mar de placer como la marea alta deshojar con sus reflujos los pétalos marchitos. ¡Te amo! Enciende la luz, que ha regresado la primavera

Tu perro vagabundo

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