La Homosexualidad en la Antigua Grecia






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fecha de publicación21.06.2016
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La Homosexualidad en la Antigua Grecia
Hace mucho, mucho tiempo, la sociedad griega vivió una explosión de homosexualidad masculina. La mítica Atenas del siglo V antes de Cristo, la de Pericles, la que nos ha legado tantas y tantas cosas, el ejemplo de libertades para muchos, era la capital del poder

fálico. En sus calles abundaban las “hermas”, enormes bloques de piedra con la cabeza barbuda del dios Hermes en la parte superior y una abultada erección en su correspondiente sitio. La explicación esotérica para tanto pene (en los mercados, en las plazas, en las casas privadas, en las esquinas de las calles...) era que se los consideraba objetos mágicos. Antes de partir a las batallas, los mozos atenienses (que eran empujados

a la homosexualidad para combatir por sus parejas con más valor), tocaban las erecciones compulsivamente, con el fi n de obtener buena suerte, una práctica, la de tocar el pene sagrado, que se conserva en la India, con el “Shiva lingam” (el pene de Shiva). Cuentan las crónicas que una noche, cuando los atenienses partían a luchar contra Esparta en la guerra del Peloponeso, aparecieron cortados los penes de todos los hermas. Lo crean o no, el caso es que los atenienses perdieron aquella batalla. ¿Adivinan quién pudo ser?

Dos mil quinientos años después, todavía no se sabe a ciencia cierta, pero la hipotésis más verosímil es que, hartas de tanto culto al pene y, probablemente, homosexualidad, fueron las MUJERES atenienses quienes decidieron cortar por lo sano. Porque, y ahí viene la paradoja, la que fue durante un tiempo meca de la homosexualidad fue también una de las sociedades más machistas que el mundo ha producido. historia oculta del movimiento gay.
Ahí van algunas “joyas”.

Aristóteles (384-322 a.C): “La hembra es hembra en virtud de

cierta falta de cualidades”.

Sócrates: “Si dais con una buena esposa, seréis felices, si das con una mala, llegaréis a ser fi lósofos”. Pitágoras: “Hay un principio bueno, que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo, que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer”. Es cierto. Muchos ricos griegos aborrecían a las mujeres y preferían los favores de jóvenes efebos con los que establecían una relación amorosa que proporcionaba a los mancebos una educación y a los aristócratas, una exaltación de su ego. En aquella sociedad, las mujeres eran consideradas seres sin alma, sin inteligencia, y los cultos atenienses sólo consideraban de su nivel a los del mismo sexo. Eso sí, para el coito, preferían los jovencitos y guapos porque en la Antigua Grecia había muchísimo culto al cuerpo: ¿os suena a algo?

Pues, de hecho, el llamado “amor platónico”, asociado modernamente al “amor romántico”, era en realidad, según el historiador Antonio García Trevijano, el amor pederasta de los griegos, el que han copiado las élites desde entonces. Aunque existían amoríos entre hombres de similar edad, la mayor parte de las relaciones homosexuales griegas eran de dominio, con un claro desequilibrio económico que hace que muchos autores las consideren una variante de la prostitución: los efebitos venían a ser una

especie de chaperos clásicos que obtenían educación y posibilidades de progresar socialmente a cambio de su disposición para el sexo. Así se recoge en la enciclopedia ofi ciosa de Internet, Wikipedia. “En la antigüedad clásica, escritores como Herodoto, Platón, Jenofonte, Ateneo y muchos otros exploraron los aspectos del amor homosexual en la Antigua Grecia. La más extendida forma de relación sexual homosexual

se daba entre hombres adultos y chicos adolescentes, conocida como historia oculta del movimiento gay

pederastia. (…) Algunos eruditos, como Kenneth Dover y David Halperin, afi rman que existía una marcada polarización entre compañeros activos y pasivos, penetrador y penetrado, y esta polarización activo/ pasivo estaría asociada con roles sociales dominantes y sumisos: el rol activo se asociaría con la masculinidad, con un estatus social alto y con la edad adulta, mientras que el papel pasivo se asociaría con la feminidad, con un estatus social bajo y con la juventud. Según esta visión, cualquier actividad sexual en la que un hombre penetrara a alguien socialmente inferior se consideraba normal; por tanto se consideraba “socialmente inferior” a mujeres, hombres jóvenes, extranjeros, prostitutas y esclavos. Por el contrario, ser penetrado, especialmente por alguien socialmente inferior, podía ser considerado vergonzoso”. Así pues, la verdadera Grecia homosexual no sería más que la consecuencia de la ultraexaltación del macho, el patriarcado que reduce el papel de la mujer hasta prescindir de ella, sin otra función que la de educadora de los niños. En términos del doctor Hamer; una ausencia

de estrógenos. Su infl uencia sobre la vida griega llegaba hasta el estamento

militar (un fenómeno que se repite hoy día, como veremos). El Batallón Sagrado de Tebas fue una unidad militar separada reservado sólo para los hombres y sus jóvenes amados. Esta milicia es generalmente considerada como el principal ejemplo de cómo en la Antigua Gracia el sexo entre los soldados de una tropa estimulaba su espíritu para la lucha. Tan grande era su leyenda que los tebanos atribuían al Batallón Sagrado el poder que su ciudad había tenido anteriormente a su caída ante Filipo II de Macedonia; la homosexualidad era, por tanto, la base del poder militar. Resulta sumamente curioso que ese mismo esquema del guerrero con un efebo que le sirve para satisfacer sus instintos y al que, a cambio, “educa” se repite en el Japón de los samurais, con el nombre de Shudo y nos pone en la pista de una verdad inimaginable, que se desarrollará a lo largo del libro: la guerra ha sido pensada por hombres que no amaban a las mujeres.

historia oculta del movimiento gay

La Grecia homosexual fue la cuna de un varón sumamente preocupado por su estética, coqueto y narcisista (recuerden a los gays de hoy en día), como lo fueron los últimos años del Imperio Romano, a punto de ser invadidos por pueblos con más fuerza vital, tribus bárbaras que desconocían los refi namientos de la homosexualidad. No es difícil establecer un paralelismo con la época que vivimos, de crisis de los valores occidentales, parálisis de la natalidad y masiva entrada de pueblos con costumbres sexuales más tradicionales.

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