Encuentro Internacional de Filosofía y Política en el Tercer Milenio






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fecha de publicación20.06.2016
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Arte como representación sensible

Las diversas obras de arte, entiende Hegel, nos conducen al mundo sensible que es en el cual transcurre la aparición de la Idea. Por ello las artes plásticas se refieren a la vista y la luz, la música al oído y al sonido, la poesía a las representaciones sensibles y al sonido en tanto que emisión de la voz. Entonces, es para Hegel el arte la representación del espíritu absoluto en el plano de la intuición a través de un medio sensible, bajo la forma de un fenómeno limitado. De tal modo, la belleza artística excede la forma, más bien se halla necesariamente en el contenido, en cuanto que es éste el que manifiesta el absoluto. Podemos decir por tanto que la de Hegel es una estética atenta al contenido, puesto que lo que somete a análisis es a la apariencia esencial de la esencia.

Para el pensador alemán la apariencia del arte tiene la ventaja de que ella misma va más allá de sí y apunta desde sí a algo espiritual que debe acceder a la representación a través suyo8. Concluimos de esto que el arte representa de manera sensible –debido a su materialidad, como puede ser un color en la pintura o el mármol en la escultura- al espíritu absoluto. Para Hegel la obra artística encierra cierta luminosidad que refiere precisamente al brillar de la Idea, en otras palabras, es en el material sensible el lugar en el que resplandece la Idea, y tal, es la función al arte asignada por el autor alemán.

Tales nociones hegelianas se encuentran presentes de manera explícita en Eurindia. Es el artista quien, según Rojas, se encarga de manifestar en su obra las vibraciones más profundas del alma colectiva. Los postulados estéticos euríndicos reclaman para la obra de arte la representación del espíritu de nacionalidad9.

Rojas en su ensayo de estética americana reconoce que existe una cierta ley de correlación de los símbolos. Con la misma pretende explicar cómo es que los espíritus de los lugares se manifiestan en la obra de los genios artísticos, refiriendo entonces para el caso las analogías que se pueden observar entre las creaciones subjetivas y la matriz objetiva: el genio es siempre un titán, pero aherrojado en lo alto de una montaña, su patria10. El artista, según Rojas, es un individuo creador que actúa en función de un grupo histórico, por lo que su obra es el reflejo espiritual de la nación, sirviendo tal obra como la manifestación consciente de la cultura nacional. Algo similar encontramos en Hegel al momento en que éste recomienda que el artista debe saber olvidar su subjetiva individualidad y su fortuita particularidad para sumirse, a su vez, totalmente en la materia, de tal modo que como sujeto sólo sea algo así como la forma para moldear y plasmar el contenido que se ha adueñado de él11. Claro está que tal contenido que se ha adueñado de él no es ni más ni menos que el espíritu absoluto; y que en Rojas tal espíritu –si bien no es el absoluto en sentido hegeliano- graba en el arte una cierta unidad orgánica proferida por el territorio, la tradición, la raza y la cultura. Unidad espiritual sin más que se apropia de la subjetividad del artista nacional imprimiendo así su reflejo en la creación estética.

Es el arte para Rojas el encargado de darle voz al numen de la argentinidad. Este es una deidad subrepticia que las modas cosmopolitas no pretenden contemplar, prefiriendo por ello el trasplante cultural exótico que silencia y aprisiona al numen que desea hablar. Tal es el postulado importado que la doctrina euríndica viene a sustituir, suponiendo por tanto que la creación artística nacional debe redimir nuestra tradición, incorporando para ello en sus temáticas los rasgos que son distintivos de nuestra particularidad nacional. De tal modo, reclama entonces Rojas, el arte debe libertar paisajes y hombres de nuestra tierra [que] están esperando sus redentores12. Tal es el proyecto que Rojas pretende fundar para la tan ansiada construcción de la identidad nacional. Por ello, si bien el análisis tiene su fundamento en una relectura de la historia argentina, el objetivo es el de erigir una doctrina estética que dé cuenta de lo relativo a nuestra cultura con el fin de legar a la posteridad un corpus cultural que sintetice las influencias de un país caracterizado por ser un crisol de razas.

Volviendo a la relación entre la obra de Ricardo Rojas y las nociones hegelianas, debemos remarcar que el pensador nacional encuentra, a partir de su estudio sobre la literatura argentina (Historia de la literatura argentina), que la conciencia nacional se plasma como sujeto pensante de tal literatura. Tal descubrimiento lo lleva a vislumbrar la idea de que a través de todas nuestras artes se hace posible una interpretación de nuestra cultura colectiva (este es uno de los ejes que compete al texto por nosotros estudiado), puesto que es el arte -como así también la filosofía- el encargado de registrar las corrientes espirituales del alma nacional. Debemos indicar aquí –tal como lo hicimos anteriormente- que la Idea, que se representa de manera sensible en el arte según el sistema hegeliano, no se corresponde con la Idea del alma nacional propuesta por Rojas, ya que ésta se halla cargada de contenido geográfico y racial. Claro está que los desarrollos serán por lo tanto disímiles; pero tanto el valor como la función asignada a la creación artística es prácticamente el mismo en ambos autores.

Antes de continuar con las similitudes referentes a la creación artística como manifestación sensible del espíritu entre los autores trabajados debemos hacer notar que, tal como mencionamos más arriba, si bien Rojas propone en su doctrina euríndica rescatar el espíritu de la argentinidad y darle voz a éste a través del arte, tal doctrina aspira explícitamente a servir como manantial temático para los artistas locales, los cuales –como por ejemplo los pintores, sobre los que trabaja en el capitulo El nacionalismo en pintura- están impelidos a llevar adelante una conciliación de la técnica europea y de la emoción americana13. Emoción ésta última que aspira a retratar paisajes de pampa, de selva y de montañaescenas de nuestro país y no de otros, ejecutado todo ello con progresiva conciencia de la naturaleza local14; puesto que es allí donde se encuentra el espíritu de la tierra. En este punto encontramos una clara ruptura con el pensamiento hegeliano, ya que para el pensador alemán la naturaleza no es un escenario de significación que refiera a la Idea. Por lo tanto el paisaje –en tanto belleza natural- se presenta en Hegel como un reflejo de la belleza perteneciente al espíritu, pero de modo imperfecto, incompleto. No hay que confundirse aquí. Lo que refiere a la diferencia entre ambos a este respecto no reside en el rol asignado al arte sino que Rojas piensa a la obra como la encargada de darle voz al espíritu que se halla en la tierra, mientras que en Hegel la geografía es aquello que no posee, sino sólo de manera pobre e incompleta, el reflejo del espíritu. Por lo tanto el arte en Hegel no privilegia –como lo hace Rojas- ningún tipo de temática en particular, más allá de pretender representar el absoluto. Contrasta aquí Rojas, ya que para él el espíritu atraviesa tanto a la historia como a la geografía, resultando de tal postura una doctrina que privilegia al medio natural como matriz configurador de la identidad colectiva.

Al arte, en el sistema total de la obra de Ricardo Rojas, le concierne un lugar privilegiado, ya que para éste es el arte el encargado de revelar los ideales americanos a la conciencia de la sociedad. Al arte le corresponde ese magisterio colectivo, porque es el símbolo inmediato del ideal15. Entonces, es el arte el que representa de manera inmediata para los hombres el ideal, puesto que con lo que el opera se nos presenta de esta manera, en tanto que material sensible: finito y contingente. Pero al mismo tiempo aquello que es sensible nos está indicando que existe algo que lo supera, nos señala que hay algo en lo inmediato que excede el material de la obra y que se ubica por tanto en el plano de la idea. La relación aquí con Hegel es innegable. Para el pensador alemán sólo la filosofía tiene la posibilidad de pensar el pensamiento. En ella el material del arte se ha liberado de las ataduras del material sensible para poder pensar, no la representación de la Idea –como sucede para el caso, según Hegel, en el campo religioso-, sino a la Idea misma desde su propio concepto, y no desde el símbolo sensible que refiere a la Idea (entiéndase el arte).

Por lo tanto si para Rojas es el arte quien revela el espíritu de lo argentino de manera sensible, el autor está ubicando al campo estético dentro de un esquema meramente hegeliano que entiende que la representación sensible de la Idea es la instancia más elemental en la que el espíritu de la argentinidad se refleja. De hecho, sin hacer alusión al pensador alemán, Rojas en el capítulo denominado La doctrina eurindiana refiere cómo los númenes de los lugares –en nuestro caso el de la Argentinidad- obran sobre la conciencia colectiva conformando un cuadrivio relativo al cuerpo social (ciencia, economía, política y didáctica; disciplinas éstas que son guiadas por la Argentinidad o espíritu del lugar), y un trivio –ahora sí, de neto corte hegeliano- referente a la religión, a la filosofía y al arte16 en las que el espíritu nacional se revela, ya sea en el pensamiento, ya sea a modo de representación intelectual o sensible.

El espíritu se realiza en la historia

Al igual que Hegel, Ricardo Rojas es consciente del papel que juega la historia en el desarrollo de la Idea. Por ello, tal como el pensador alemán entiende que la historia universal es el desarrollo en el tiempo del concepto, en tanto que despliegue del espíritu, en nuestro autor nacionalista el proceso que lleva adelante la argentinidad –entiéndase por ello nuestro espíritu nacional- es el resultado de una progresiva síntesis histórica, dentro de la cual se pueden diferenciar diversos períodos (gauchescos, coloniales, proscriptos y modernos) en donde se encuentran las pugnas entre los elementos exóticos o indianos, arribando a la síntesis ulterior que supone la asimilación y superación de los opuestos en la denominada Eurindia.

Entonces es, para Rojas, en la historia el lugar en el que el espíritu de argentinidad busca su realización cada vez más perfecta. Tal realización perfecta tendrá su momento en la cópula fecunda de Eurindia, en la que el alma indiana asimila finalmente a la civilización exótica. Es de tal manera como nuestro autor formula su ley de continuidad de la tradición. En ella refiere que las diferentes tradiciones que fueron interrumpiéndose a lo largo de nuestra historia –la tradición precolombina fue interrumpida por la tradición peninsular; ésta fue interrumpida a su vez por la independentista, que finalmente fue interrumpida por el proceso moderno de inmigración- continuaron creciendo por escondidos cauces afluentes al espíritu nacional. De modo que así lo indígena, lo español y lo gauchesco –lo que creíamos muerto en la realidad histórica- sobrevive en las almas, creando la verdadera historia de nuestro país17.

Es para Hegel la historia el terreno en el cual se desenvuelve el espíritu. En otras palabras, la Idea se realiza en la historia gracias a los medios y el material que permiten tal realización. Cuando el pensador alemán refiere a los medios, tiene en mente a los individuos particulares que son aquellos que, movidos por la pasión, realizan inconscientemente la voluntad del espíritu –tal es la astucia de la razón para Hegel-. Debemos aclarar que estos postulados básicos hegelianos no son producto de sus Lecciones sobre la estética, por tanto su campo de acción excede el ámbito de la creación artística. La pretensión de Hegel es configurar una filosofía de lo absoluto, y es en tal desarrollo temático donde se inscriben sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, en las que el autor se propone esbozar cómo es que el espíritu absoluto se realiza en la historia. Tales temas exceden nuestro ensayo. Lo que es necesario tener en cuenta aquí es que, según el sistema del pensador alemán, la historia no es una serie casual o azarosa de hechos, ni un proceso contingente, sino una marcha progresiva y rigurosamente racional debido a que su curso está dominado y dirigido por la Idea. Y en tanto que manifestación de la Idea, el momento histórico en particular expresa un paso adelante necesario. Cada período histórico, todo gran pueblo, los grandes personajes de la historia tomados individualmente, revelan un desarrollo progresivo que será superado por el avance ulterior. Puesto que para Hegel la esencia del espíritu es la libertad, la historia se presenta como el trabajo del espíritu objetivo y su búsqueda de lograr la realización de la libertad del espíritu en el mundo. Para lograr tal realización el espíritu objetivo se vale de los individuos particulares (espíritu subjetivo), que, movidos por sus pasiones e intereses, son capaces de transformar el mundo histórico, sirviendo al espíritu de manera inconsciente.

Los escritos estéticos de Rojas suponen, a este respecto, una clara influencia hegeliana. Para nuestro autor el templo de la cultura argentina fue una construcción que tardó años en levantarse, para ello cada uno trajo su piedra sillar o su ícono pintoresco, por devoción al numen del lugar, y lo dejo en su sitio, indislocable. Toda la construcción parece que hubiera obedecido a un plan inteligente, superior a la conciencia individual de los hombres18. En tal pasaje las analogías entre las nociones que venimos explicitando son de suyo evidente: la construcción de la cultura argentina fue entonces para Rojas una construcción histórica, a través de la cual cada individuo fue aportando con su obra –obra artística que manifiesta el numen del lugar- una pequeña parte dentro del todo. Y que la conformación de tal todo –entiéndase el templo de la cultura nacional- obedece a un plan que es superior a la conciencia individual de los artistas; tal es el modo como el espíritu se vale de los individuos que de manera inconsciente sirven a su realización. De hecho es Hegel quien refiere que, acabada la posibilidad del individuo histórico –o héroe, tal como Hegel gusta en llamar a aquel que sirve a la realización del espíritu movido por sus pasiones- de contribuir al desarrollo de la Idea, el espíritu se vale de otra subjetividad para continuar con su plan. Por lo tanto si bien Rojas no contempla la realización de la libertad como motor que mueve al despliegue del espíritu absoluto, sí está teniendo en cuenta ciertas nociones que son propias del idealista alemán al indicar que es el artista –a modo de héroe de nuestra historia- quien debe liberar el espíritu nacional presente en la tierra, revelando de tal modo el Ideal americano al resto de la nación. El siguiente pasaje es una clara exposición al respecto: La realidad terrenal está llena de númenes prisioneros, y de mundos henchidos de visiones. El arte es quien los liberta y quien les da voz19. Siendo entonces el artista quien se encargará de, a través de la forma artística, hacer hablar –en tanto que representar- a la divinidad.

Para concluir este punto debemos indicar una última relación. Tanto en Hegel como en Rojas podemos observar que es el filósofo el encargado de descubrir la idea realizada en la historia. Son ellos los privilegiados que logran reconocer el plan oculto que despliega el espíritu. Digamos, por tanto, que es en una propia interpretación del pasado nacional donde encuentra Rojas la posibilidad de fundamentar una doctrina estética que se afirme como el punto de partida de toda labor artística nacional del porvenir.

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