Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano)






descargar 69.96 Kb.
títuloAlgunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano)
página1/2
fecha de publicación20.06.2016
tamaño69.96 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Historia > Documentos
  1   2
Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano)
Artículo editorial, revista Pintadas: octubre de 2005
Del otro lado de la medianera

Buenos Aires 2005, cualquier noche de cualquier semana entre octubre y noviembre, 2:00 AM… ¿y?... callada la propaganda política, después de una elección cualquiera. Igual no había mucho para escuchar, aunque no estaría mal oír algún plan, alguna idea medianamente práctica, a falta ideas inteligentes. Pero basta de esto, una muda de ropa interior de la Legislatura no merece más que el mínimo comentario escéptico de dos líneas.
Me puse un poco agrio; necesito recurrir al romanticismo para sacarme la lisura filosófica de estos tiempos. Porque todos los días nos están vendiendo fruta barata, traen ropa distinta para el recambio de estación, uno mismo cambia las mañas invernales por las estrategias primaverales; en la calle aparecen cigarrillos de dos mangos y vinos tempranillos… De repente el centro de la ciudad se colmó de olor a jazmín y de canastas con pétalos blancos a dos pesos el ramo, peleando a mordiscones, por un espacio de oxígeno, contra el aceite quemado del asfalto. Y entre el viento y la asfixia, y entre Drácula y Olmedo, y entre vos y yo, las cosas siguen perteneciendo a un estrafalario orden de cuestiones necesarias.

Qué más da?... el panorama político no presenta una prerrogativa suficientemente interesante como para esperar algún cambio que, en esencia, cambie algo. El país como una empresa, o como una estampa de amores pasados y melancólicos, o como una timba barata… basta de esto, no merece más atención que otras noticias de TN.
Empecemos de nuevo. Buenos Aires, ponele la fecha que quieras, 2:30 AM… Malena sigue cantando en las peñas del Abasto, y aunque no es todo lo que soñó Manzi, al menos canta con ternura... y si encima se levanta unos centímetros la pollera, ni hablar de la salud de la belleza. Sueños… Y cuando un tipo de traje y zapatos lustrados saca la voz del alma… joder, tiemblan los adoquines soñando los pasos de Carlitos. Porque en el fondo emocional de la ciudad, que es como el pecho del pueblo, queda esa sensación de tener tantas razones que valen la pena ser vividas, más allá de políticos que actúan, actores que juegan a la política y enanos de circo saltando en todas las esquinas (algunos son duendes tangueros, otros simples piojos de gallina). ¡Y Pintadas vuelve a salir!!! Eso no es tan importante, pero en este panorama y con la fiaca y la acidez estomacal que carga este el editor, que Pintadas vuelva a salir es algo mágico. Gracias a ustedes que están ahí, pelando gola y tirando línea a estas páginas. Y confieso que lo mejor de este espacio que tengo es poder estar cerca de ustedes… parezco un candidato más, sonó barato eso, no?... quise decir que esto, este silencio que nos comunica, esta carta de lector con el beneficio de ser editor, tiene el sabor agradable de estar jugando una interna franca entre amigos. Porque la vida, el día a día, se sigue sirviendo en una mesa con amigos, en una carta de amor, en la mirada clara de María (te acordás de María?... claro que sí).
Las cosas más emocionantes siguen siendo las que nos mantienen despiertos. Que hayan sabido disculpar los errores de la primera edición de Pintadas, es algo grandioso; que nos hayan abrazado para seguir adelante es, en sí, una respuesta energizante. No vamos a decir que están los buzones colmados de cartas, ni las alcancías colmadas de monedas, pero al menos no nos llegó el beso de la muerte y seguimos caminando. Sin embargo, estoy en una rara yuxtaposición de sensaciones; me pongo a pensar y me siento demasiado agrio y a la vez sin filo, leyendo la página central del Clarín sin esperanza de encontrar lo que busco. Entonces dejo de pensar y me pongo a sentir… descubro que necesito volver al romanticismo, al olor de los jazmines, al besuqueo prohibido con la sensual mística porteña, a reconciliarme carnalmente con esta ciudad que amo. Y entiendan bien esto que quiero decir…: “esta ciudad que amo”…
Con la renguera del perro, camino de madrugada volviendo a casa, y le pido perdón a ese amor incondicional que uno siempre tiene a la mano para maltratar y cargarle todos las presiones. Perdón por qué?...: por exagerar sus vicios e idolatrar sus virtudes, hasta el punto de idealizarla y creerla perfecta. Y no lo es, nadie lo es. ¿Y por eso uno se enoja?
Me falta taquicardia, es cierto, me falta filo… las cosas no están tan claras, hay una ciudad hermosa metida en un pozo horrible, que tiene una ciudad hermosa llena de pozos. Las cosas no están bien, y más allá de la ternura de María o de la voz de Raúl Román encarnando al tango, algo huele a podrido, amigos, y no son las alcantarillas. Porque siguen sin solucionarse los problemas de siempre, y encima aparecen problemas nuevos… los jazmines volvieron, pero… el olor acre que brota de una sola de las bolsas de basura, no me deja olvidar que mucha gente la abre como si fuera la bolsa de la vida. Y muchos de ellos son pibes y tienen menos edad de la que yo tuve cuando era un pibe, y esos mismos pibes tienen más años en el lomo que yo mismo ahora… por eso no es fácil mantenerse equilibrado en este tiempo. Todos los días me pregunto si seguir creyendo en dios nos va a ayudar; y, perdoname, pero… sabés que no sé?. Ponele el nombre que quieras, pero sabés que depende de nosotros. De vos, de vos, de vos y de mí. Se empieza por no dejar que se nos endurezca el cuore, por evitar que se nos estropee la lengua, por mantener las manos limpias y blandas, y el brazo firme, y, sobre todo, sosteniendo la sonrisa. No una sonrisa operada en la boca, claro, sino esa sonrisa que es la lucecita del alma, una luciérnaga… porque esos monumentos urbanos plantados en medio de todos nosotros para mantener viva la memoria de muchos, no merecen nuestras lagrimitas, sino nuestra fe, nuestra innegociable memoria y nuestra rabiosa búsqueda de justicia; bichitos de luz que se enciendan intermitentemente en el pensamiento, diciendo “hola, acá estamos”.
La paz es algo que no podemos tener todos los días en el pecho, porque el mundo es mundo y el hombre es hombre. Pero un acuerdo de partes con la realidad me parece aceptable. Negociemos, Don Inodoro; atrás Satán, flor y truco. Si hoy te mataste con un tranquilizante y no te sirvió, mañana acordate que la pelea pasa por otro lado. Tal vez por caminar descalzo en el patio, oler las plantas, jugar con el perro, escribirle cartas a María y buscar la manera de no perder ni ternura, ni filo.

Perdón, pero este equilibrio no me queda al talle. Estas paredes son para pintar con amor y con bronca; estas pintadas quieren tener un destino… me asquean las medias tintas. Sólo espero que no se me esté endureciendo el corazón; sólo espero tocar la realidad con ternura y autocrítica, pero no ponerle una sonrisa barata, ni un filo histérico.

Artículo editorial, revista Pintadas: 12/05

Buenos Aires, diciembre de 2005.............:

No tengo otra manera que ésta de agradecerte, así, escribiendo. No conozco otra manera de agradecer y de querer, que no sea escribiendo.

Llegamos a fin de un año que… a ver, para no adjetivar feo…: un año difícil. Y mi agradecimiento porque estás ahí es doblemente profundo.
Navidad, año nuevo, 6 de enero… Las fechas son algo que últimamente se me van de la cabeza. Sin embargo está muy bien tener en cuenta algunas fechas al momento de revolver los cajones. Porque uno puede o no creer en el concepto de las tradiciones, pero son parte de nuestra vida, de momentos compartidos con la gente querida, de nuestros mejores deseos para quienes tenemos cerca.
Pero cada vez disfrutamos menos o, invirtiéndolo, cada vez estamos más complicados con las fiestas. Se hacen balances y las cuentas nunca cierran, y en esto no te pueden ayudar el sicólogo, ni el contador, ni los horóscopos de Ranquel. Pero digamos que mientras descubras esa mirada clara que te enfoca a los ojos antes de brindar, el gesto sentido y entrañable del amigo que pasó el año con vos, los olores de la cocina familiar alrededor de la mesa, el griterío de los pibes en el patio… mientras puedas reconciliarte con esas cosas, todos los esfuerzos habrán tenido un sentido.
No es fácil este mundo. Las contracturas, los piquetes, la artrosis, la presión que sube y baja, los alimentos que siempre suben, la cuenta corriente que siempre baja… amén. Al carajo todo, este fin de año brindo por vos, porque creo en vos… te parece poco?. Porque dios es lo que uno cree. Brindo por vos, y se hace mejor si brindo “con” vos. Y no me hace falta reír toda la noche para que lo mejor del brindis sea poder compartirlo. No te voy a pedir que nos inventemos la fantasía de creer que todo está bien, ni voy a pretender que algunos recuerdos no nos empañen la copa, ni voy a decirte que la felicidad es argentina… nos pasaron cosas peores que la falta de guita y el calor del asfalto… nos pasaron cosas como el frío, el dolor, la decepción, la despedida de algunos amigos, las zapatillas colgadas de los cables, la inseguridad casi constante, las repetidas puñaladas por la espalda a la confianza… mentirnos sería subestimar nuestra capacidad de sobrellevar los malos tragos.
Pero que estemos acá, brindando, después de un año de buenas y malas, es mi concepto de un brindis profundo con la gente que quiero. Y si te cansaste, yo te sostengo. Y si me caigo, vos me sostenés… esa es la historia. Que no se nos amargue el vino, ni se nos resequen los párpados por la sal que no fue agua… a reír y a llorar, esa es la historia, ese es el brindis, esa es la manera en la que creo y puedo desearte lo mejor.
En este cuaderno de papel de diario vas a encontrar Navidad, poesía, fuego, amor,

amistad, algunos saltos al vacío, alguna cojonada, algunas lagrimitas… porque las flores no pierden la frescura en medio de tanta realidad, ni la realidad pierde peso por el simple hecho de llegar a tu puerta con flores.
Es cierto que a veces no quedan ganas ni de sacarle el corcho a la sidra, tan cierto como que a veces uno se baja la botella entera esperando matar a gritos una respuesta que no existe. En el medio de esos extremos está la gente, tu gente, mi gente. En el medio está la confianza, está la esperanza, está la franqueza. Tenés un amigo, tenés algunos amigos?... hay razones. Tenés un amor? (uno dije, no jodamos)… la vida te bendice por tenerlo.
También tenés llagas, mutilaciones, dudas, falsos amigos, desamores, bronca, locura… no hay remedio para eso. Si a tu corazón le crecieron dedos con uñas, dejalo arañar con fuerza, pero no le permitas que se olvide de las caricias. Y si no tiene fuerza para acariciar, arrimate a quien sepa acariciarlo. Porque hay dolores que nunca calman, pero jamás, ni aún sin fuerzas, hay que darse por vencido. La mejor fiereza del alma sale cuando uno no puede sostener los huesos. La mayor ternura necesita de su mejor fiereza. Y fiereza no es rabia; fiereza es defenderte y defender a los tuyos. Como ternura no es blandura; ternura es ofrecer lo más puro de tu corazón a los tuyos.
Tantas veces nos creemos ingenuos ante la envestida de lo premeditado. Tantas veces nos sentimos impotentes frente a lo irremediable. Por eso, y porque tantas otras veces la claridad de tu mirada me da fuerza, balanza y objetivo, este fin de año voy a seguir mirando fijo a lo irremediable y pidiéndole respuestas a lo premeditado, pero por sobre todas las cosas voy a brindar por vos, con vos, porque creo en vos, porque sin vos, sin tus cartas y sin tus realidades, sin tu presencia constante, no habría calles pintadas ni preguntas por hacerle a la vida.
No tengo otra manera que ésta de agradecerte, así, escribiendo. No conozco otra manera de agradecer y de querer, que no sea escribiendo. Y perdoname por esta respuesta literaria a tu existencia real. Pero no hay literatura que borre el testimonio real de esta respuesta, ni realidad que le quite literatura a tu testimonio.
Estés donde estés este 31 a la noche, no dejés de confirmarte en tu compromiso, ni te olvides de pedirle un deseo a tu estrella o a tu angelito. Acordate: corazón y vena, o fiereza y ternura. Igual se aceptan la rabia y la blandura, porque somos humanos. Y acordate que contás conmigo como yo con vos.
Que el dolor no mate a la caricia, ni la vida deje de pensarnos. Salud!

Artículo editorial, revista Pintadas: 1/06

Entre Eva y la manzana

Alguien alguna vez sintió exactamente el peso de sus pasos?... A veces el cielo y el infierno son los paisajes de una moneda de caras idénticas. Depende de la forma en que uno adopte el juego. Y en ese juego, los sentimientos más profundos tocan lo sublime, con la misma naturalidad que tocan lo cotidiano, lo absurdo y lo inesperado.
¿Cómo es que Dios se transforma en el Diablo?. ¿De igual manera el amor, sin dejar de ser la razón de la dicha, puede llegar a ser la causa de la amargura?... en el aparejo desequilibrado de los días que vivimos, las almas llevan su peso a cuestas y las huellas se hunden según la grandeza de los pasos que se dan o (igualmente) según el tamaño del bulto que se carga.
Simples reflexiones de principio de año. Algo huele a podrido en Buenos Aires... simple cuestión de opiniones. Los sonoros pasillos de la madrugada atraen la autocrítica. Y en esta ventana de papel gris hay un “somos” que genera autocrítica; pero con qué autoridad argumento este plural para someterlo a mi juicio?... mi dios es tu demonio y viceversa. No tiene mayor sentido discutir este punto, porque aunque somos mucho más de lo que se sospecha en nuestras fachadas, nadie creerá de nosotros más que nuestros gestos.
Hablar, hablar, café o vino mediante, confidencias que alguna vez nos acercaron, armadas con palabras que a la primera de cambio ya no son creíbles.
Consecuentemente, pienso, todo es un asunto de fe y juicios, o de fanatismo y prejuicios. Lo cierto es que mientras algunos disfrutan de su libertad, otros se apiadan de su conciencia o la lapidan... libertades que son, a veces, falta de interés en lo que sucede alrededor, o un irse de ese alrededor. Y ocasionalmente libertades bien concebidas. Conciencia que es un compromiso con el entorno cercano, un mezclarse emocional y racionalmente con lo propio y lo de quienes nos rodean, haciendo sociedades de resistencia; y ocasionalmente conciencia que en realidad demanda esa cuota de no poder vivir en paz con el entorno. Dios y el diablo ya no asustan ni sorprenden a nadie, sólo preocupan. Entre Eva y la manzana, me quedo con Eva, de todos modos voy a ser culpable (y en esta ventana, sólo para mis adentros, ocasionalmente me salgo del ‘somos’ para revisar mis propios juicios contra mí).

Vos sos muy apegado a las cosas” me dijo ella (...ja, cómo te diste cuenta, por mi cara o por mis deudas?). Como innegable presagio de todas las batallas inminentes, mis deseos y mis posibilidades ya alteraron la lista de hechos previstos por mi presupuesto para este año, por lo cual empecé a escribir en el margen de la libreta, esas anotaciones absurdas, recordatorios que nadie más recordará porque a nadie más le importan, frases que nadie va a leer porque son solamente mías (digamos que las conservo para no tirarlas).
Inútil fraseo con la intimidad... pero dicen que las cosas más valiosas son aquellas que no cumplen ningún servicio o, digámoslo redondamente, aquellas que no sirven para nada. Me gusta esa opinión... interpreto que conservar cosas que no son de servicio u obsequiarlas a alguien querido, es conservar u ofrecer cosas cuyo único significado es la existencia misma, el valor que se le da, el gusto de tenerlas y darlas... eso las hace importantes. La idea es esta: regalarle a María un carrito para las compras, es aliviarle el dolor de espalda. Pero regalarle un sueño (que es también regalármelo, y puede ser una muñeca, un poema, un disfraz de hada, la luna, poner su nombre a una estrella y otras inutilidades por el estilo) puede hacerla feliz por un tiempo indeterminado (los sueños también se vencen), con la posibilidad de hacer algo paralelamente por su dolor de espalda. (Lástima que los sueños no traen el sello con la fecha de vencimiento, y cuando se pudren siempre lo agarran a uno mal parado y lo dejan tarado en medio de la calle).
Perdón, sólo estoy reflexionando. Anotando pensamientos impagables en el margen de la hoja... (mis ojos por una mirada, mis manos por un mimoseo en tu pelo, mi libertad por guardarte las espaldas, mi pensamiento por una tregua). Sí, soy muy apegado a las cosas. Lo que habría que diferenciar es qué cosas son simplemente cosas y qué otras cosas son las que vale la pena defender. O, mejor dicho, cuáles son los pedazos que arman y desarman una vida, y cuáles los trozos de materia fútil. Porque en el corazón uno guarda historias, hechos, balas y acrobacias que pueden ser inútiles, pero nunca desechables. Lo perecedero o no perecedero es el asunto; lo perecedero no se sostiene más allá de su muerte. Y lo imperecedero, fuera de todo juicio, es siempre más de lo que uno imaginó merecer.
Lo imperdonable sigue siendo una regla extraña que mide según interpretaciones muy personales del perdón y la nobleza. Paso. No quiero esa ley. Mi único desencanto es contra mis propios monstruos.

Artículo editorial, revista Pintadas, 2/06

Flores y serpientes

Escuchando a Silvio Rodríguez me doy cuenta que yo también sueño con serpientes… monstruos que llevamos todos en el alma. De chiquito, de pibe, de botija, uno veía esas películas patéticas con monstruos de plástico duro y se asustaba; pero ahora la cosa es más peluda, ahora los fantasmas son parte de extraños sueños que nacen de las imágenes plasmadas en las retinas del cuore…
Vamos y venimos por la casa, en el obsceno movimiento de las tres de la mañana, pensando en… queriendo que… pienso en vos como en un escudo de flores o más bien una caricia anticipada a la mano… quisiera revolver los cajones del ropero hasta encontrar la razón del insomnio y cambiarla por tus medias, tu camisón y tus cartas. Porque los monstruos mueren, te juro que mueren, con en simple parpadeo de la realidad que los aniquila.
De todas formas, pienso en… quiero que… no puedo dar vuelta la página del diario y pasar a los chistes del fondo. Mi escudo de flores es también un espejo. Y me alegro; no quisiera vivir en la ignorancia, mucho menos en la indiferencia. Si atrás del espejo está la gente y delante del mismo está también la gente, lo único que queda es mirar y no espantarse, porque se trata de uno mismo.
Estos son meses de una insoportable fiaca filosófica en Buenos Aires. Revistas veraniegas, películas repetidas, la mitad de la ciudad tirándose agua en la plaza, la otra mitad deseando que terminen los calores… amén, yo también quiero dormir un rato en la hamaca paraguaya y dejar que llegue la brisita fresca de la noche. Pero algo me molesta…: me siguen ardiendo las plantas de los pies, y no es por el fuego de las baldosas, sino por esa sensación de infiernos que sube desde el inconsciente colectivo.
Perdón… no quiero ponerme denso con estas cosas. Y te confieso que no estoy enojado, como meses atrás, cuando el simple hecho de levantar los ojos por encima de la medianera me despejaba miradas que me colmaban de furia. No. De alguna forma sé que no estoy acostumbrado y que jamás me voy a acostumbrar a realidades perfectibles, a políticas de alcantarilla, a sentimientos psicópatas, a pensamientos que arrastren el desafilado juicio de una aceptación barata del mundo. Pero acabo de descubrir algo (no creo mucho en Dios, pero gracias a Dios todavía descubro cosas): la esperanza no es sólo para enunciarla, sino también para contenerla. Para llevarla en los pasos de todos los días. Porque, fijate, años y años de historia mutilada, de Argentina de mentira, de casas de fuego que no terminan de matar a las vinchucas, de diarios que envejecen sin dejar más que una admirable repetición de intereses simbióticos, de psicólogos gordos y flacas escuelas de frontera, años y años de grises que no se despuntan, vienen a temblar y a romperse, y perder la fuerza del veneno ante un mínimo guiño en el espejo, una miradita dulce que enseña del mundo lo mejor que tenemos… las personas.
Una muela rota puede doler tanto como una herida de puñal, porque, sabés mejor que yo, el dolor de muelas está enquistado en un lugar chiquitito que no nos deja dormir en paz.
Simple. Complejo. Y una muela cariada molesta en todo el cuerpo… cómo no tenerla en cuenta?. Y llenarla de anestesia sirve por un rato… el asunto es matar el dolor de muelas. Claro, nos queda el resto del cuerpo, lleno de moretones, cortaduras, raspones y alguna sarnita por ahí perdida. Pero empezando por lo más chiquitito se puede creer en llegar al resto del cuerpo. Empezando por uno mismo podremos llegar a los demás. Empezando por tus ojos sé que puedo ver con más claridad y equilibrio al resto de la gente.
Esto, todo esto, tiene que ver con herramientas de vida tan básicas y necesarias como la libertad personal, la esperanza, el deseo, el amor… finalmente las ganas de vivir y hacer de la vida algo que valga la pena. Porque siempre va a haber una serpiente tratando de devorarnos la fe, pero, parafraseando a Silvio, destruirla es tan simple como envenenarla con una verdad, una poesía, como hacerla chocar contra mi escudo de flores, que no son blandas florcitas de olores frágiles, sino verdaderas brujas buenas que huelen a vos.

Y tu olor, como el mío, como el de todos, es el olor de la vida.

Artículo editorial, revista Pintadas: 3/06

Responsos, herejías y costumbres fragmentadas

La sensación vaga de la prudencia al enojo, del enojo a la ira y de la ira a la locura. De la locura al cansancio, de éste al pensamiento, a la aceptación y a la maduración del pensamiento, y luego a la calma. De la calma a una predisposición placentera, después al placer y finalmente a un placentero cansancio… y nos dormimos… chau, hasta mañana.

Un día en la vida de cualquier fulano es una secuencia de sensaciones vagabundas, con los estigmas de la orden del día y las líneas del deseo arándonos las palmas de las manos… (yo te toqué y en ese instante supe el significado de la vida).
En medio de ese aparejo de sensaciones, el absurdo se nos monta como ejemplo en nuestras cabezas y es la moneda de cambio; entonces, las contradicciones son tan naturales que, por momentos, un error de asimilación se transforma en un problema y ese problema se magnifica (o nos lo magnifican) hasta punzárnoslo en la médula. Sangra, duele, y no sabemos por qué duele o qué es lo que duele, pero la llaga sangra.
…Y a la dudosa naturaleza de un problema sobrevienen falsas soluciones… la parodia argentina, dos frases que nos ridiculizan fielmente: “lo atamo’ con alambre” y “ja, algo habrán hecho”... plomeros que no saben emparchar caños pinchados y pinchan los caños sanos, dentistas que arreglan caries con chicle, pintores que escupen la pared para borrar las manchas, gente que se creyó dueña del alma ajena y no sabe qué hacer con la suya, dioses que le temen a los demonios, demonios que mendigan la caridad de la Virgen, mendigos que demonizan al pan y panes mohosos. Hay equilibristas no invitados, monos con navajas, enanos malditos, leones que rugen su impotencia y payasos asesinos… amén; dios te salve vida (yo te toqué y en ese instante supe el significado de la locura).
Los pájaros muertos de hambre te picotean las sienes para taladrarte un sueño, como si picotearan las chapas de un techo que protege el sueño de una casa… (a la hora de rezar, todos te tocan la cabeza y murmuran el insoportable responso de las buenas costumbres, pero cuando te levantás, joder, siguen murmurando que sos un hereje).
De repente me pongo a mirar las caras que se me cruzan en el corzo y… qué pensará esa gente?. Quién no quisiera ser, por un momento, como ese personaje del Negro Dolina, ese que era reconocido por su gran capacidad para conseguirse el mejor disfraz en los carnavales del barrio de Flores, y que en el máximo de su inspiración se disfrazó de hombre invisible y desapareció para siempre de la vista de la gente. Pero, digo, me miro en el espejo y me pregunto: hace falta llegar a tanto?... en medio de este aparejo de sensaciones, sigo creyendo que lo único necesario es ser uno mismo, desnudarse completamente al menos una vez al día, verse así desprotegido e inofensivo, casi como ser transparente, casi como ser invisible. Mi amigo Paco Ibarbourou me dijo una vez que “el puñal viene despacio, pero a veces no lo podemos esquivar porque no lo esperamos (…) es mi culpa no tener ojos en la espalda?. El día que logre que la estupidez humana no me enferme la carne, no voy a necesitar mirar por la nuca, porque los puñales me van a atravesar como si fuera viento”… amén; dios te salve Argentina, te llenaron el bombo de costumbres fragmentadas, estás pariendo situaciones lánguidas y te babeás de pobre por tus comisuras rotas.
Todos nos sentimos invitados a un banquete o a un funeral, cuando en realidad se trata nada más que de vivir y uno es simplemente un caminante. Cada quién lo interpreta como mejor le cabe o como puede… Me agota la estupidez ajena, apenas puedo con la mía, porque es mía, y con la tuya, porque caminamos juntos y es como mi propia pavada. Y eso somos, caminantes.


Cuando rejuntamos las páginas del diario de ayer para pegarle una leída que ayude a los engranajes de la memoria, muchas veces nos parece estar leyendo un cuento surrealista, una historia con parámetros demasiado borrosos, un desembarcadero de circunstancias que cuelgan de una cornisa carente de expectativas, ni siquiera un buen salto al vacío.
Pero la cosa es caminar… seguir caminando. Y la verdad es que estoy harto de ir por la cuerda floja, cansado de hacer equilibrio en la cornisa… y si decido un salto al vacío, es porque hay saltos que prometen historia y vacíos que quiero llenar de futuro. A veces simplemente las cosas no merecen que seamos tan cuidadosos, y es que, en definitiva, a veces nos merecemos animarnos a ser libres. Miro las caras que se me cruzan por la calle, ya acabado el corzo, ya muerto el carnaval, ya agonizando la estupidez ajena en las esquinas calladas de Buenos Aires, y entiendo que todo es tan mentiroso y tan real como uno decida creer o descreer… “es cierto, le contesté aquella vez a mi amigo Paco… el puñal es tan filoso como la fuerza que uno le acepte al lanzador y la importancia que uno le dé al puñal mismo”. Los ojos en la nuca van creciendo lentamente, sólo basta con dejar de ser ciego.
Yo no puedo creer que entre marzo y abril se junte tanta basura en las esquinas. Prefiero que me colme la biblioteca de libros, que me calme la hambruna del alma con la semi amarga / semi dulce, canción de la memoria… los chicos de Malvinas, los chicos de la calle, el Nunca Más, la piel llagada del pueblo, el olor a podrido y los disfraces verde oliva… pasaron años y tenemos veteranos de Malvinas, veteranos de las calles, cuero curtido, decidores que (salvo raras excepciones) miran para otro lado… y todavía huele a podrido.
Desde el más pequeño rincón de mi propia casa hasta en la más amplia mirada de esta laberíntica sociedad, creo que los fundamentos deberían ser los mismos, creo que se empieza de cero y se debe seguir sumando… ¡sumando, no algo parecido!... sumar, que no es lo mismo que agregar. Se suman vivencias, se suman contratiempos y alegrías, se suman caricias y dolores, se suman nacimientos y muertes, se suman justicias e injusticias… hasta acá estamos de acuerdo. Pero, por favor, ya basta de idioteces. Me enferma la idiotez humana; hay un país, hay una casa y todavía no quiero tener ojos en la nuca; prefiero dejar crecer la confianza… es tan difícil?. Lo reciclable de la basura es el tesoro que se convierte en memoria, es una flor (parafraseando a García) “cuidando mi pasado”, un diario de hace treinta años, una guerra con más de un enemigo.
Creo que hoy, con una democracia (que aunque chueca, sigue siendo democracia), hoy, a tantos años y con tantas tumbas invisibles, más tantas otras cavadas en suelo frío, con una deuda económica paga y una deuda social a la que no se presta atención, nos sigue quedando grande el poncho, porque mientras no sepamos ser libres, el derecho a la libertad que otros ganaron nos sigue quedando incómodo. Esa es la palabra: “incomodidad”… nos resulta incómodo ser quienes somos, no sabemos serlo, nos pesa la identidad.
Podemos malograrlo todo, amigos, amigas, corremos el riesgo de malograr nuestra casa como se malogra un saco holgado en el cuerpo huesudo de un flaco. O podemos simplemente dejarnos de joder con estupideces y empezar a vivir en serio, dándole un significado a ser quienes somos, poniéndole profundidad a cada paso, tanto como para llegar a alimentar los pasos con la fuerza de nuestras raíces, la fortaleza a la que inicialmente debe aspirar un hombre para construirse pueblo.

Artículos de Pintadas, firmados con el seudónimo Héctor Quinteiros
1 nov-dic

Seduciendo a la Luna

La historia viene pintada por calles, todas distintas, todas paralelas, que se cortan (todas) en el mismo paredón donde se pinta la historia. Así la historia de un hombre, de un lugar, de un pueblo. Así el tango.

Un escalón tan importante en el armazón de nuestra cultura, no podía menos que depararnos un sinfín de recovecos turbios y ramificaciones de los hechos en supuestos pasos que se confunden y mezclan la raíz de su alma... porque, claro, en parte así somos los porteños: raretas, neblinosos, rebuscados y con un sinfín de rincones desconocidos.
Buenos Aires a fines del siglo XIX… los más claros matices de la transición social manifestaban sus cambios y temores en la marginalidad de sus burdeles. El tango, nuestro hijo mimado de hoy, entonces era como un hijo bastardo, que fue insertándose despacio, bajo la fachada de una danza promiscua, paradigma de ese engendro entre sensual y grotesco que perfumaba los aires del pueblo. Y fue ese ambiente, donde las mujeres “indecentes” se vinculaban con los hombres más peligrosos de la Argentina, el espacio donde el tango, conformó la huella que ninguna otra expresión pudo plasmar.

Tres fases marcan el desarrollo del tango. La primera, más o menos entre 1870 y 1918, la del burdel, donde se le daba importancia al baile del tango y no a la letra. La segunda fase, la “época de oro”, acompaña la trayectoria de Carlos Gardel, desde su primera grabación, en el ‘18, hasta su trágica muerte, en el ’35. Aquí la letra cobra otra magnitud, otra importancia, que ayuda a “legalizar”, por decirlo de alguna manera, a los artistas de tango. Desde 1935 y hasta el presente, en la tercera fase, el tango se caracteriza por un retorno a la danza y a la experimentación con la música, sus fusiones, sus arrebatos melodiosos y sus picos de sublimidad, atendiendo al mismo tiempo esa cosa de poesía maldita y dulce que arma sus letras.

En sus inicios, el tango se bailaba entre los hombres, por aquello de que era demasiado erótico para las mujeres. Y, lógicamente, las prostitutas fueron las primeras en dar el paso a la pista… mixtura de burdeles y salas de baile de las riveras de Buenos Aires y Montevideo, mezcla de ritmos africanos, españoles e italianos, sí, el tango, a más de un gil dejó mal parado en medio de la pista, cuando un sólo pisotón era causa de remolinos.

En los primeros años del siglo XX, el Concejo Deliberante dio a las salas de baile el mote de “lugares peligrosos”, amenazando con clausuras y multas de hasta 500 pesos a aquellas salas donde se desarrollaran actividades escandalosas... Pese a aquella clandestinidad, agonizando los años ‘20 (segunda fase) se abre un proceso como de saneamiento del tango en las clases media y alta, llevándolo a lugares de aspecto más decente, como el Café Centenario, en Av. de Mayo. También se fue integrando a los hogares, en los patios, en los bailes barriales.
Otra forma de exorcizar los fantasmas de los “malos tangos” (viboreo de putas y ladrones, como alguien dijo alguna vez), fue la refinación de la poesía que empezaba a crear sus letras y la dimensión que cobró el tango al ser grabado por sus cantantes, camino fortalecido más adelante por su aparición en las radios, en el cine y en el teatro.

A fines de 1917, los salones enloquecían con “Mi Noche Triste”, a la voz del Zorzal, siendo esta pieza una de las primeras en incorporarse en el contexto de una obra teatral.

Esa fue la rótula, la bisagra de la historia del tango. Yira, yira… a partir de entonces, esta música recorrió las calles como perro hambriento y los techos como gato seduciendo a la luna. El mensaje de sus poetas comenzó a resonar ya no sólo en las clases bajas, sino en toda la ciudad; mensajes de melancolía, de bronca, de amor, pero notablemente más aceptables en su forma para el público en general, refiriendo ansiedades y frustraciones de todas las clases sociales.

Desde entonces, el tango fue gestando su propio paso, su marcada identidad, su bagaje de misterios. Es demasiado ancha la historia para contarla y, al fin de cuentas, sería apenas otra narración. Finalmente esto no es más que un corralón de palabras, justificando las ganas de hablar de una música que puede gustar o no, pero surge desde el centro de todo lo que hay en nuestras calles; eso que generalmente, de chicos, no entendemos, pero empieza a vibrarnos en el cuerpo cuando sufrimos la primera pérdida, la primera desilusión y el primer raspón en el alma.

  1   2

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconLos textos ibéricos de Líria. Intento de interpretación de algunos de ellos, por Pío Beltrán

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconRevista del “Nuevo Grupo”(1970)Publicada en el volumen Ocho obras...

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconAño II a. C. La acción se sitúa en el Liceo, escuela fundada por...

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconSinopsis: Dirigida por Kai Parlange y protagonizada por Kuno Becker

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconResumen El presente trabajo tiene por objeto la novela Boquitas Pintadas...

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconTraducción por Horacio Ríos Índice

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconLa Orquesta Sinfónica de Castilla y León retoma este jueves y viernes...

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconProducida, dirigida y escrita por

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconDirigida por armando suárez

Algunos textos de la revista Pintadas (fundada y dirigida por Horacio De Stefano) iconColección dirigida por Michi Strausfeld






© 2015
contactos
l.exam-10.com