Paula Teck, ss cc






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LA OPCIÓN POR LOS POBRES Y LA HISTORIA RECIENTE DE LA CONGREGACIÓN


Richard Lifrak ss.cc.

EE.UU.

Introducción.


Mi objetivo en este artículo es describir y reflexionar sobre el movimiento de la Congregación de los Sagrados Corazones hacia una espiritualidad que es más consciente de la dimensión socio-política de la fe cristiana. Para aproximarme al tema seguiré la reacción que ha habido en los documentos oficiales de la Congregación a la primera orientación del Capítulo General de 1982, que pedía a la Congregación emprender la tarea de construir un mundo más justo en solidaridad con los pobres. No deberíamos olvidar las orientaciones segunda y tercera de ese mismo Capítulo: «desarrollar entre nosotros una solidaridad fraterna a todos los niveles: local, provincial, y de Congregación» y «renovarnos individual y comunitariamente en un movimiento de conversión continua.» Estas proporcionan el contexto para la recepción de la primera orientación.

He preguntado a algunos participantes del Capítulo General de 1982 sobre su experiencia, así como sobre las conclusiones a que se llegó. Todos hablaron de ello como una especie de experiencia reveladora y unificante, una especie de Pentecostés, que ha puesto en movimiento el curso actual de la Congregación. También me hablaron del proceso de preparación de ese concreto Capítulo General, que llevó consigo una aportación muy significativa de los misioneros activos, ayudando a promover un sentido de comunión en la misión y un modo de realizar el discernimiento apostólico más colectivo.

En 1994, doce años después del Capítulo General de 1982, tuvo lugar otro Capítulo General. Esta vez la primera orientación misionera que se propuso fue el objetivo de formar comunidades misioneras para un mundo sin fronteras. Este Capítulo fue también una gran experiencia eclesial, aunque su objetivo central de internacionalidad no parece ser el mismo que el objetivo de justicia y solidaridad con los pobres en que se centró el Capítulo General de 1982. ¿Está todavía en vigor la inspiración original del Capítulo de 1982, o nuestros líderes han escogido un nuevo camino? ¿Somos todavía una Congregación que busca con celo la justicia para y solidaridad con los pobres, o ha desaparecido esta orientación? Aunque estas cuestiones pueden asustar y perturbar, hay que plantearlas. Por eso pido en la oración la luz del Espíritu, para comenzar una reflexión que busque la verdad que lleva a la libertad evangélica.

Debo comenzar con el origen de la orientación de la Congregación de Construir un mundo más justo en solidaridad con los Pobres1. Y luego pasar a la interpretación hecha por el P. Patrick Bradley, ss.cc., que fue elegido Superior General en 1982 y se convirtió en el más capaz y elocuente defensor del Capítulo General de 1982. Sus tres publicaciones: Construir un mundo más justo en solidaridad con los Pobres,2 Comunión en la Misión3 y Conversión continua4, así como su comentario sobre las nuevas Constituciones, Nuestra Vocación y Misión ss.cc. constituyen el mejor material escrito que tenemos para comprender las tres orientaciones en el momento en que se desarrollaron. Me concentraré sólo en la primera orientación, «construir un mundo más justo en solidaridad con los pobres», ya que esta orientación refleja la influencia de una espiritualidad y una teología más «política».

1. El P. Patrick Bradley y la opción por los pobres.


Para comprender los escritos del Patrick Bradley en su orientación política, es mejor tener al menos un sentido conceptual de dos clases diferentes de teología política. Una teología constituyente, que se basa en el «ya» del Reino de Dios de paz y justicia. Según esta teología, la opción por los pobres se hace posible por el Reino que ya está presente, principalmente a través de la Iglesia y su comunión, sus sacramentos, y la misericordia incondicional de sus ministros hacia los pobres y necesitados. Esta teología que orienta la Iglesia hacia la caridad ha estado presente desde su fundación. Responder con atención preferencial a los pobres es, según esta teología, un acto de fe.

La otra clase de teología política es una teología profética, se basa en el «todavía no» del Reino de Dios de paz y justicia. Según esta teología, el Reino de Dios, un reino preferentemente dirigido hacia los pobres y marginados, se inició con el ministerio y la enseñanza de Jesús, interrumpido y aparentemente destruido por la cruz, confirmado por la resurrección, y que continúa a través de la misión de aquellos que siguen realmente a Jesucristo.

Así, el Reino de Dios, que es el Reino de Cristo, tiene aún que llegar en su plenitud, pero está anticipado y de alguna manera actualizado por el ministerio y la comunidad de los discípulos de Jesús transformando el mundo, y que denominamos la Iglesia. Según este tipo de teología política, a menudo llamada teología de la liberación, los actos en favor de los pobres y por la justicia son una prioridad de fe y por ello llevan consigo una especial urgencia. La articulación de esta teología es relativamente reciente, pero implícitamente ha potenciado las acciones de los mayores santos, incluyendo nuestros fundadores y el Beato Damián de Veuster. Sin embargo, ambos tipos de teología política son consecuentes con la fe católica y el Amor de Dios.

En las cartas circulares del P. Pat Bradley sobre la primera orientación del Capítulo General de 1982 encontramos una exposición elocuente del segundo tipo de teología política, una teología profética, con elementos del primer tipo, de la teología constituyente. Es más el segundo tipo de teología política que el primero, por su sentido de empatía profunda, su sentido de urgencia en relación con el Reino de Dios que aun no está aquí, y su elevado sentido de la dignidad de los pobres en el plan de Dios. Podemos seguir la pista de sus reflexiones hasta el tiempo en que se escuchaba la llamada de la Gaudium et Spes para discernir «los signos de los tiempos» de un modo nuevo y creativo, mostrado de forma notable en la respuesta de las Conferencias Episcopales latinoamericanas de Medellín y Puebla al «grito de los pobres».

Al ver el sufrimiento de su pueblo por la violencia cruel y la extrema pobreza en manos de una instauración de seguridad nacional y una pequeña élite social, los obispos, con la ayuda de teólogos con carisma, pusieron en movimiento una nueva praxis en solidaridad con los pobres y una teología de liberación para reflexionar en ello. El despertar de la fe con una elevada conciencia social y el cambio de estructuras en la Iglesia para promover una comunión más profunda entre la mayoría de pobres, agentes de pastoral, teólogos y obispos, fue motivo de una revigorización de la vida de la Iglesia, incluso en medio de la persecución y el martirio.

Como estudiante en mi última etapa de formación inicial tuve la suerte de participar en la comunidad y misión de nuestra Provincia de Chile y así tuve una experiencia de primera mano sobre una vitalidad de vida cristiana inspiradora, conmovedora, exigente, con una revelación de un nuevo tipo de Iglesia, un nuevo tipo de reflexión teológica, e incluso un Dios nuevo, que resucitó mis votos de entre los muertos. Debo a esta experiencia y a la lectura y reflexión posterior después de dejar Chile, mi perspectiva particular de un norteamericano con una parte de fe latinoamericana.

En el caso del P. Patrick Bradley y de los otros participantes en el Capítulo General de 1982, la inspiración hacia las nuevas iniciativas vino no sólo de nuestros misioneros de Latinoamérica, sino también de misioneros de muchos países diferentes que formaban parte de una floreciente opción evangélica por el pobre que estaba menos organizada y era menos eclesial, pero no por eso era menos real. Así se desarrolló un sentido universal de comunión en la misión y con la ayuda del Espíritu.

El P. Patrick Bradley, en la presentación de su teología política hace una primera inclusión de la opción por los pobres en el carisma Sagrados Corazones, la que aún hoy día resulta novedosa y en parte incomprendida. Por tanto, resumiré las suposiciones básicas del P. Patrick como punto de partida de mi propia reflexión y como parte de un proceso de diálogo e integración que espero prosiga en el futuro.

Estos son los elementos básicos de la versión sobre una teología política y una espiritualidad enraizada en la acción por parte del anterior Superior General.

  • Dios ha expresado claramente su preferencia por el pobre basada en su universal compasión por su sufrimiento en medio de la opresión y la violencia. Su pobreza es un mal impuesto sobre ellos por las estructuras económicas injustas y el individualismo egoísta que destruye la comunión. Esta injusticia es la violación de los derechos humanos que son el requisito mínimo del amor.

  • La Iglesia tiene los medios de ayudar a los pobres por los sacramentos, la gracia de Cristo que cumple las promesas de Dios, y el amor incondicional de sus pastores y religiosos. Los religiosos comprometidos por sus votos tienen la misión especial de establecer la solidaridad con el pobre en virtud de su comunión y su capacidad de denunciar proféticamente la injusticia.

  • Los religiosos se inhiben de su papel respecto a la opción por el pobre por autoindulgencia respecto al voto de pobreza, por un exceso de jerarquía, y por la separación física del religioso respecto de los pobres a los que deberían estar sirviendo. También existe ignorancia del valor de la Palabra de Dios y de la Eucaristía enfocadas a la justicia.

  • El problema de la injusticia, así como la falta de vitalidad en la vida religiosa apostólica de los religiosos de los Sagrados Corazones pueden resolverse con un aumento de contacto con el pobre por medio de comunidades insertas, que sean sencillas, acogedoras y no jerárquicas. Por el crecimiento de comunión universal y por un espíritu eucarístico de reparación, los religiosos de los Sagrados Corazones están llamados por el amor incondicional de Dios a ser agentes de justicia. La denuncia profética de las estructuras económicas injustas, de la desigualdad injusta y del militarismo deben hacerse por causa de la justicia y la opción por el pobre, pero pueden llevar a la persecución.
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