Paula Teck, ss cc






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3. Hacia un horizonte post-nacional.


Por su parte, la rama femenina había seguido una evolución diferente. Por un lado ella había conservado por más largo tiempo el sello francés y solamente después del término de la segunda guerra mundial, pasó progresivamente a la organización en base a provincias nacionales. Pero fue justamente en ese momento que la caída de vocaciones se hizo sentir en el hemisferio norte, en cambio en la rama masculina ese fenómeno se manifestará sólo unos veinte años después. En compensación, esta caída numérica se veía contrarrestada por el surgimiento de vocaciones en el hemisferio sur. Constatamos aquí también que, a medida que los grupos autóctonos se constituían, tanto en América Latina como en Asia y Africa, el asunto del nacionalismo y de una inculturación no liberada de etnocentrismo o de xenofobia se volvía a presentar. El desafío de la reestructuración y de la internacionalidad llega a ser ineludible.

Por tanto, sean cuales sean las diferencias entre nuestras dos ramas, nos encontramos frente al mismo desafío: el de construír un criterio equilibrado, tanto en lo que se refiere a la propia nación como a la internacionalidad. Esto abarca varios aspectos. Será necesario pasar por etapas de sanación del pasado y encontrar caminos de reconciliación. Será necesario tomar posición frente a los movimientos políticos que tienden a reagrupar los Estados en conglomerados más amplios, ya sea en Europa, en las Américas, en Asia, en Oceanía... Será necesario encontrar los medios prácticos de comunicación, teniendo en cuenta no solamente la diferencia de idiomas, sino también las diferentes formas de comunicación.

Como vemos, la entrada en el tercer milenio del mundo y en el tercer centenario de la Congregación nos coloca frente a alternativas cruciales, difíciles, arriesgadas, molestas, pero también estimulantes. «Se puede ser grande, decía de Gaulle, aún con pocos medios. Basta con estar a la altura de la Historia». En estos Capítulos Generales, la Congregación ha empezado a enfrentar el desafío, a trazar la ruta y a dar puntos de referencia, como las nuevas Constituciones. Será preciso mirar hacia el horizonte e izar nuestras velas con la gracia de Dios.


FUNDADORES Y NUEVOS REGÍMENES


Edouard Brion ss.cc.

France

De todos es conocido el siglo XIX por la gran cantidad de Congregaciones religiosas que surgieron. Fácilmente se engloba a todas, y entre ellas está la nuestra que vio la luz durante la revolución francesa. En efecto, la mayor parte de las nuevas Congregaciones fueron fundadas después de la caída de Napoleón en 1815, en contextos políticos muy diferentes. Todas las que surgieron durante la Revolución y en oposición con ella, tomaron ciertas orientaciones cuando tuvieron que cuestionarse su situación, primero durante el régimen napoleónico y después ante la monarquía restaurada. Es muy interesante comparar cómo se situó cada una a lo largo de su historia.

¿Quiénes son estas Congregaciones y cuántas son? Se las puede contar con los dedos de la mano. Antes del 9 de noviembre de 1799, fecha oficial del fin de la Revolución, se constituyeron cinco institutos: en 1790, las Hijas del Corazón de María y la Sociedad de Sacerdotes del Sagrado Corazón, fundados por Adélaide de Cicé et Pierre-Joseph de Clorivière; en 1796, las hermanas de la Presentación de María fundadas por Anne-Marie Rivier; entre 1794 y 1799 sucesivamente nuestras hermanas y hermanos de los Sagrados Corazones; en abril de 1799 las Hermanas de la Caridad de Besançon fundadas por Jeanne-Antide Thouret.

Es obvio decir que los fundadores y fundadoras están todos de acuerdo en un punto importante con relación a la Revolución: la oposición. Mas lo viven de diferente forma: Jeanne-Antide se exilia en Suiza, cerca de su región; el resto no salen de Francia, optan por la clandestinidad. El grupo Cicé, incluso después de la caída de Napoleón, permanece en Francia hasta hoy día. La sociedad de Clorivière se fusionará con la Sociedad de Jesús una vez reconstruida. Por ahora no hablaremos más de estas dos comunidades.

Mais d’autre part, c’est pratiquement au même moment que le déclin des vocations a commencé à se faire sentir dans l’hémisphère Nord, alors que dans la branche masculine ce phénomène ne débutera qu'une vingtaine d'annèes plus tard

Pero, «sic transit gloria mundi», he aquí que Napoleón es derrotado y los Borbones suben de nuevo al trono. Lecoz muere y su reemplazante, Mons de Pressigny, viene del antiguo régimen. Es uno de estos antiguos emigrados de los cuales se ha podido decir que «nada habían aprendido y nada habían olvidado». Irá a Roma a negociar con el P. Hilarion, en vano. Surge un nuevo concordato que reemplazará al de Napoleón. Cuando Jeanne-Antide se propone ir a Besançon para presentarle las Constituciones «ligeramente» modificadas por la Santa Sede, le prohibe poner los pies en su diócesis y es cuando la Congregación se divide en dos. Por su parte Anne-Marie continúa desarrollando sus obras, formando una administración turbulenta más que católica.

¿Y nuestros Fundadores? Se tiene la impresión que cada uno actuó de distinta manera. De la Buena Madre encontramos documentos a su favor, no tiene miedo ante el porvenir y que a pesar de sus numerosas pruebas todo terminará bien. En cuanto al Buen Padre, queda decepcionado en su entusiasmo por el rey. La cólera de Dios, que hubiera querido olvidar al fundar la Congregación, accediendo al voto de Luis XVI, rey muy cristiano, sigue pesando sobre la Iglesia y el Estado. Después de tantas calamidades surgen nuevos peligros que acaban con la Iglesia. Los enemigos de la religión se levantan abiertamente contra Cristo, y en este momento el Duque de Berry, hijo del Rey, «en quien Francia ponía toda su esperanza» muere atravesado por el cuchillo de un asesino. «Las doctrinas impías, que han preparado este funesto acontecimiento, nos amenazan con nuevos malhechores». Escribe en la circular dedicada a este trágico acontecimiento. «Después de un crimen tan detestable, se puede esperar de todo. Los enemigos del Altar y del Trono forjan nuevos planes siniestros... Quieren que nuestros Reyes y sus familias desaparezcan por completo y que la Religión sea aniquilada». En este momento comienza entre el Buen Padre y el párroco un conflicto sobre la reconstrucción de la casa de Picpus y lo resuelve partiendo para Troyes, con la «muerte en el alma». ¡Qué diferentes son los caminos por los que deben pasar las almas fieles y los confesores de la fe, afrontando las vicisitudes de la política!

En noviembre 1799, cuando Bonaparte declara el fin de la Revolución, ¿qué actitud van a tomar estas religiosas de cara al nuevo régimen?. Aunque éste sea muy semejante al comienzo, como ya hemos visto, extrañamente las actitudes se diversifican.

En nuestra Congregación, se continúa con la oposición al régimen, igual que antes. El solo poder legítimo es el de los Borbones. «Bonaparte» es un «tirano» y un «usurpador», protegido por una «pérfida policía». Se sigue viviendo con una cierta clandestinidad, a decir verdad ilusoria: Foucher lo conoce bien, pero no interviene en nada. Estas piadosas personas son inofensivas, incluso útiles: pensemos en los numerosos colegios fundados por nuestras hermanas. Esto es así siempre que alguien no se oponga a su política de reconciliación nacional: Como hacían el Buen Padre y Mons De Chabot en Mende. En ese caso son destituidos. Nuestras hermanas sufren menos. Aunque Anne-Marie Rivier haya tenido a este último como obispo en su Archidiócesis natal, da la impresión de continuar una línea más elástica, se podría decir que apolítica. Sus pequeñas escuelas rurales se multiplican y el régimen deja hacer e incluso hasta lo permite. En cuanto a Jeanne-Antide, logra ver su instituto reconocido por el emperador y protegido hasta por su madre, Madame Laetitia, al punto de ser invitada a un congreso de Congregaciones de Caridad en el Palacio de las Tuileries. Responderá también a una invitación recibida del rey de Nápoles, cuñado de Napoleón, para fundar allí una comunidad. Sorpresivamente entabló amistad con el nuevo obispo de Besançon, Mons. Lecoz, antiguo obispo constitucional, que igualmente la apoyaba.
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