En verdad, lo que pretenden los opresores “es transformar la mentalidad de los oprimidos y no la situación que los oprime”. A fin de lograr una mejor adaptación a la situación que, a la vez, permita una mejor forma de dominación






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Capítulo I de PEDAGOGÍA ERÓTICA

Miguel Escobar

2012

http://ru.ffyl.unam.mx:8080/jspui/bitstream/10391/2942/1/Miguel_Escobar_Pedagogia_Erotica_2012.pdf

Capítulo I

PENSANDO CON PAULO FREIRE. El Compromiso histórico EN SUS CINCO PEDAGOGÍAS: DEL OPRIMIDO, DE la EESPERANZA, DE LA AUTONOMÍA, DE la INDIGNACIÓN y DE LA TOLERANCIA.

Son cuatro las etapas en las que puedo identificar mi encuentro con el pensamiento de Paulo Freire, cada una de ellas corresponde a un momento histórico importante y quiero compartir la forma como él me permitió encontrar el sentido de mi vida, aprendiendo a mejor leer mi práctica para transfórmala. Como lo mencioné en la introducción, en el camino tuve la suerte de conocer y hacer amistad con él y Elza, entonces su esposa, ello me ayudó a entender mejor su propuesta y, al hacerlo, prepárame mejor para reinventarlo, en especial en la ffyl donde logré consolidar un espacio freiriano.

Dar voz a quienes no la tienen, primera etapa freiriana de 1962 a 1970. La construcción de La pedagogía del oprimido (1970); además de La educación como práctica de la libertad (1967) y ¿Extensión o comunicación? (1971).17

En verdad, lo que pretenden los opresores “es transformar la mentalidad de los oprimidos y no la situación que los oprime”. A fin de lograr una mejor adaptación a la situación que, a la vez, permita una mejor forma de dominación.

17 Paulo Freire. Pedagogía del oprimido. Siglo xxI Editores. Buenos Aires. 1970, p. 79.

Cuando a mis manos llegaron los primeros escritos de Paulo Freire, los días y las noches en mi natal Santafé Bogotá, Colombia, cubrían más nostalgias que alegrías en ese mi andar por el mundo en busca del sentido de mi vida, de un sendero para encontrar aliento al paso triste de un no saber para qué caminar el mundo. A finales de la década de los 60 e inicios de la década de los 70, la violencia de la eliminación fratricida,18 alentada desde una conducta filicida hecha poder económico, político y militar, quería adueñarse de mis noches, pero las estrellas me murmuraban el despertar de un erotismo que se negaba a permanecer llorando entre las sombras. Las campanas de las iglesias, en un país consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, como lo es el colombiano, parecían seguir el ritmo de la muerte, pero los pétalos de las flores se negaban a servir tan sólo de homenaje para despedir la vida. En esas noches de angustia me debatía constantemente entre la vida y la muerte, entregándome a versos como aquellos de José Asunción Silva en su Nocturno:

Una noche,

Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,

[…]

Esta noche

Solo; el alma

Llena de infinitas amarguras y agonías de la muerte,

Separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,

Por el infinito negro,

Donde nuestra voz no alcanza,

Solo y mudo

Por la senda caminaba…

Y se oían los ladridos de los perros a la luna,

A la luna pálida

Y el chirrido de las ranas…

[…]

¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas…!

Cita 18- El origen de la justicia social tiene sus raíces en el deseo de eliminar al hermano como lo explicaré posteriormente.

Alguna de esas noches tristes el humanismo de Paulo Freire comenzó a ser parte de mí mismo, me apasionaba seguir su prosa revolucionaria llena de vida, la forma como desnudaba la muerte impuesta por el opresor, la fuerza de sus letras para desvelar al sistema capitalista filicida de explotación que, abandonando al ser humano en el hambre y en la miseria, lo desprecia como un ser sin historia y sin cultura para violentar e impedir su proceso de humanización. Así fui entendiendo el por qué Paulo dedicó su pedagogía, “A los desarrapados del mundo y a quienes, descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan”; una dedicatoria en la que sintetizó su compromiso de trabajar con ellos, desde su práctica, nunca para ellos, subrayando que no se trataba de una dádiva caritativa. Su dedicatoria es un desafío, una invitación y un compromiso con procesos de concientización ↔ pronunciamiento, a favor de una humanización que logre despertar a la palabra ↔ acción de su silencio, conectarla con la praxis transformadora para romper el “miedo a la libertad”, la “cultura del silencio” y abatir la sombra introyectada del opresor. Paulo escribió al final de la Pedagogía del oprimido:19

Si nada queda de estas páginas, esperamos que por lo menos algo permanezca: nuestra confianza en el pueblo. Nuestra fe en los hombres y en la creación de un mundo en el que sea menos difícil amar.

Cita 19- Paulo Freire (1970), p. 220.

No fue fácil zafarme del velo de la muerte, muchos fantasmas acompañaban cotidianamente mi andar por el mundo, esos que obligan a clavar la mirada en la nada del mundo externo mientras el mundo interno se apodera de la conciencia, cayendo en la angustia de un lenguaje emocional que hace que las fantasías inconscientes manden en el ser humano trayendo, por ejemplo, duelos no superados: dejar la niñez, la adolescencia, la partida de un ser querido –que se muere o nos abandona– aceptar la tercera edad, los deseos parricidas, filicidas, fratricidas, suicidas y la crueldad de quienes son poder. Es decir, la racionalidad inconsciente de la que daremos cuenta en este libro.

Las imágenes de la muerte cotidiana presentadas en la televisión, periódicos y revistas, me llevaban a jugar con asociaciones de terror que, al mismo tiempo, me conectaban a experiencias violentas del poder familiar, político, eclesial, escolar, militar. Freire decía:20

Quienes instauran el terror no son lo débiles, no son aquellos que a él se encuentran sometidos sino los violentos, quienes con su poder, crean la situación concreta en la que se generan ‘los abandonados de la vida’, los desarrapados del mundo […] Quienes instauran la negación de los hombres no son aquellos que fueron despojados de su humanidad sino aquellos que se la negaron, negando también la suya.

Cita 20-

La pedagogía del oprimido es un canto al amor, un desafío al deseo de romper las cadenas de la opresión, una creencia hecha lucha en la capacidad del ser humano para anteponer la biofilia, Eros, a la necrofilia, Tánatos, y emprender el camino de su liberación, asumiendo el compromiso de su humanización, sabiendo que nadie se libera solo, nos liberamos en comunión mediatizados por el mundo de nuestra historia y de nuestra cultura.

El pensamiento freiriano poco a poco fue alentando mi vida emocional que todavía lloraba inconscientemente los duelos de abandono no superados –especialmente la pérdida de mi madre y de tantos luchadores sociales asesinados. Las letras de Paulo consolaban, entonces, un corazón que se negaba a romper la atadura de un erotismo cobijado por el manto oscuro de la noche.

Que noches tan profundamente oscuras

Y en qué silencio mi corazón gime

Esa ausencia bendecida de ternura.

Estos fueron mis primeros versos, los que desde el fondo de mí mismo clamaban por ganarle la partida al silencio del abandono, ese que en nuestra indefensión, es miedo y silencio de muerte. Versos que pudieron engancharse a las letras de Freire, encontrando la forma de traspasar las sombras del humanismo perdido.21

La deshumanización, que no se verifica sólo en aquellos que fueron despojados de su humanidad, sino también, aunque de manera diferente en los que a ellos despojan, es distorsión de la vocación de ser más. Es distorsión posible en la historia pero no es vocación histórica.

Hice míos los primeros libros de Freire, Pedagogía del oprimido, La educación como práctica de la libertad y ¿Extensión o comunicación?, que hacen parte de lo que denomino su primera etapa. Libros que leídos desde mi realidad me permitieron encontrar respuestas al sentido de mi existencia y, en la juventud, una forma hermosa de comprometerme con la humanización. También asumí el desafío lanzado por Paulo para aprender a leer el mundo, para conocer mejor la violencia impuesta por las y los opresores y, así, poder romper la “cultura del silencio”, soñando que en el ser humano existen más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Cuando estaba en la mitad de mis estudios universitarios los libros de Paulo me permitieron tomar distancia de mi práctica educativa para estudiarla mejor, comprendiendo su denuncia de la educación bancaria: el carácter fundamentalmente narrativo, discursivo y disertador con el que profesores y profesoras ejercen su trabajo docente arrullando autoritariamente a “sus” estudiantes con la palabra, contribuyendo, de esta forma, no sólo a la alienación del pensamiento sino al mantenimiento del autoritarismo, rompiendo cualquier posibilidad de diálogo como sello de un verdadero proceso educativo. La crítica a la educación bancaria y el desafío para crear una educación liberadora estimuló mi capacidad de asombro, indignación y curiosidad, lo que permitió iluminar de otra forma mi práctica y encontrar un compromiso con mi vida, con las y los otros, con el mundo.22

Cita- 20 Ibid., p. 49.

id., p. 32-33.

Cita -22 Ibid., p. 89.

En este sentido, la educación liberadora, problematizadora, ya no puede ser el acto de depositar, de narrar, de transferir o de trasmitir “conocimientos” y valores a los educandos, meros pacientes, como lo hace la educación “bancaria”, sino ser un acto cognoscente. Como situación gnoseológica, en la cual el objeto cognoscible, en vez de ser el término del acto cognoscente de un sujeto, es el mediatizador de sujetos cognoscentes —educador, por un lado; educandos, por otro—, la educación problematizadora antepone, desde luego, la exigencia de la superación de la contradicción educador-educandos. Sin ésta no es posible la relación dialógica, indispensable a la cognoscibilidad de los sujetos cognoscentes, en torno del mismo objeto cognoscible.

En ese contexto freiriano seguí las revueltas estudiantiles surgidas de aquel mayo del 68 francés. Revueltas que sembraron muertos en el camino de la lucha estudiantil aquí en México. Esas manifestaciones de Tánatos que me llenaron de rabia, indignación, dolor y miedo, entendiendo, posteriormente, que se trataba de una acción emanada de la pulsión filicida23 de muerte hecha poder para escarmentar a la sociedad con la intención de inmovilizar luchas sociales –como sucedió con la huelga estudiantil de 1999-2000 encabezada en la unam por el Consejo General de Huelga (cgh),24 como sucedió con la muerte, la violación y la violencia impuesta en contra de las y los pobladores de San Salvador Atenco; como sucedió con el pueblo de Oaxaca; como ya había sucedido con otras tantas muertes como en las masacres:25

Aguas Blancas, El Charco, Acteal26 y El Bosque.

LA SOMBRA DEL OPRESOR SE INTROYECTA con la violencia filicida, ataca el inconsciente y silencia la palabra como praxis transformadora.

23 Son variadas las manifestaciones filicidas: las guerras las hacen los viejos para matar a los jóvenes, la educación punitiva, el abandono, el maltrato físico a los hijos, el castigo, la prohibición instintiva, la amenaza, las mortificaciones, la crueldad, los ataques físicos o verbales, la insensibilidad ante el sufrimiento y la muerte física del hijo. En la actualidad el acto filicida se esconde en la estimulación de la eliminación fratricida.

24 Vid infra “Anexo. Poder y filicidio”.

25 Herman Bellinghausen. “Zedillo, el genocida invisible”, en La Jornada, México d.f., 2 de abril de 2007, p. 12a.

26 Miguel Escobar G. “La masacre de Acteal. La globalización y el imperio de la pulsión de muerte (Segunda carta a Don Durito)” , en Miguel Escobar e Hilda Varela (2001), pp. 114 – 132.

La sombra del opresor se convierte en deseo de muerte y la deshumanización se entrelaza con deseos de eliminación parricida,27 fratricida y suicida. Pero también esa sombra trabaja en la vida emocional del ser humano expresándose como sentimiento de culpa. Freire en su último libro publicado en vida28 señalaba la necesidad de un psicoanálisis social con el que se pudiera analizar la culpa indebida, aquella que siente el oprimido y lo engancha a las garras de sus opresores, condicionándolo para introyectar la violencia ejercida sobre él, impidiéndole defenderse.29

A pesar de la forma como fue silenciada la lucha estudiantil del 68 en distintos países de América Latina, en Chile la sociedad llevó al poder a Salvador Allende, pero, nuevamente y con más fuerza, el poder filicida del Supremo Soberano, el imperialismo, impuso a uno de los hombres más sanguinarios de la historia de la humanidad, Augusto Pinochet, quien logró sembrar el terror en todo el Cono Sur para, con su crueldad orquestada por el imperio estadounidense, intentar desalentar cualquier lucha por la liberación de las y los oprimidos. Esos dictadores que se siguen imponiendo, protegiendo, asesinando cuando así conviene a los intereses del imperio: recientemente, Saddam Hussein y Mouammar Kadhafi.

27 El acto parricida esconde, generalmente, la acción filicida primera de los padres. En el Complejo de Edipo se analiza el acto parricida e incestuoso de Edipo pero se olvida que fueron los padres de Edipo quienes al escuchar el oráculo y darse cuenta de los deseos de poder de su hijo, lo mandaron matar. Para Freud, el sentimiento de culpa tiene aquí sus raíces, en los deseos parricidas.

28 Paulo Freire. Pedagogía de la autonomía. Siglo xxI Editores. México, 1997, p. 81.

29 El sentimiento de culpa fue trabajado por Freud en el Malestar en la cultura, es un concepto esencial para entender, en la vida emocional, la relación entre la conciencia moral que instalada en el superyó impide al ser humano dejar libremente la expresión y consolidación de sus deseos filicidas, parricidas o fratricidas emanados del inconsciente. La culpa indebida a la que se refiere Freire probablemente tiene que ver con un mal manejo de un sentimiento de culpa que hace que la víctima acepte su condición de víctima como castigo a su deseo parricida, consecuencia muchas veces de la agresión filicida de que es objeto.

Paulo Freire, quien había sido torturado y desterrado de su patria en 1964, llegó a Chile donde escribió su Pedagogía del oprimido, además de acompañar el proceso de CONCIENTIZACIÓN ↔ PRONUNCIAMIENTO del pueblo chileno. En 1969 dejó Santiago de Chile, siguió su peregrinar por el mundo, llegando primero a la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, por diez meses, para posteriormente radicar en Ginebra, Suiza, de 1970 a 1980.

El conocimiento como lucha, segunda etapa freiriana de 1973 a 1980. Su experiencia revolucionaria, de Antonio Gramsci a Amílcar Cabral. Cartas a Guinea Bissau. Apuntes para una experiencia en proceso (1977).

Tuve la fortuna de conocer a Paulo Freire cuando llegué a Ginebra, Suiza, en el año de 1974; desde mis primeros contactos con él descubrí en su mirada una luz especial, sus ojos no sólo le servían para ver sino para iluminar el mundo conociéndolo mejor; en sus ojos sentía la fuerza de su palabra, primero abierta a escuchar y luego entregada para compartir sus conocimientos, sin más límites que los marcados por su agenda de múltiples compromisos. Él era un educador dialógico, tolerante, cada vez menos seguro de sus certezas, por el contrario crítico de ellas y respetuoso siempre con quien llegaba buscando su palabra; era un educador comprometido con la esperanza, con el sueño, con la utopía. Encontré al amigo que me abrió las puertas de sus enseñanzas y de su hogar, tuve el gusto de conocer y compartir momentos llenos de cariño con su primera esposa, Elza, y con algunos/as de sus hijos.

El pasado le servía a Paulo para tomar con mayor seriedad su compromiso con el presente y con el futuro, siempre encontró el lado positivo de su vida, su parte erótica que lo impulsaba a soñar esos sueños posibles de una sociedad que rompiera el silencio para no seguir aceptando ni el hambre, ni la injusticia, ni la miseria, ni la violencia como si fuesen males necesarios. En una ocasión, un amigo se acercó a Paulo y le preguntó: “¿sabes quién es un pesimista?” Luego se rió y él mismo respondió: “es un optimista bien informado”. Reímos y, posteriormente, Freire comentó: “Sí, en ocasiones pensamos que la historia ya terminó y no podemos cambiarla. Pero no es así, somos seres inacabados, inconclusos, de la búsqueda y podemos hacer y rehacer nuestra historia porque estamos condicionados, no determinados”.

Durante muchos momentos intensos de mi vida ginebrina, de 1974 a 1978, fui entendiendo cada vez mejor su propuesta político educativa, especialmente, durante una estancia de seis meses en el país africano de Sâo Tomé y Príncipe, gracias a una invitación de Paulo.

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