El espíritu de la frontera






descargar 0.79 Mb.
títuloEl espíritu de la frontera
página20/20
fecha de publicación11.06.2016
tamaño0.79 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Historia > Documentos
1   ...   12   13   14   15   16   17   18   19   20

XXX

El coronel Zane se hallaba en el umbral de su cabaña mirando al río con mirada atenta. Era al caer de la tarde y el sol ya había traspasado la cima de las colinas boscosas y las sombras de los árboles se alargaban en la plaza verde frente al fuerte.

Pocos minutos antes, en la orilla de la isla había apare­cido un hombre que llamaba. El coronel había enviado a su hermano Jonathan para enterarse de lo que quería aquel hombre. Jonathan había llegado ya en su lancha a la orilla de la isla y, a poco, la pequeña embarcación cruzó de nuevo el río con el desconocido en la popa.

-Creí que podría ser Wetzel -musitó el coronel-, aunque sería extraño que Lew pidiese una lancha.

Por fin Jonathan subió con el desconocido por el sendero serpenteante hasta la cabaña del coronel.

-¡Caramba, si es el joven Christy! -exclamó Zane, yendo al encuentro de él y tendiéndole la mano con cordia­lidad-. Me complace verle. ¿Dónde está Williamson? ¿Cómo es que ha venido usted?

-El capitán Williamson y sus hombres cruzaron el río diez millas más arriba - contestó Christy -. Yo he venido aquí para preguntar por la joven pareja que salió de la Villa de la Paz. Ya sé por Jonathan que han llegado bien.

-Sí, aquí están, con gran alegría de todos. Venga,. siéntese. Por su aspecto veo que viene usted cansado, e impresionado. No es de extrañar, después de ver aquella terrible carnicería. Quiero que me lo cuente todo. Ayer vi a Sam Brady y me dijo que le había visto allí. Sam me contó muchas cosas. ¡Ah, allí viene Jaime!

El joven misionero salió de la cabaña y saludó efusiva­mente a Christy.

-¿Cómo está ella? - preguntó Christy después de ha­berle saludado.

-Nelly está ya casi repuesta. Se alegrará mucho de verle a usted.

-Jonathan me ha dicho que ustedes se casaron poco antes de aparecer Girty en Fuente Hermosa.

-Sí, es verdad. Tan maravilloso es todo que casi no lo puedo creer aún. Tiene usted mal aspecto, amigo Christy. La última vez que le vi estaba usted mejor.

-Aquel horrible asunto me ha causado muy mala impre­sión. Fui espectador involuntario del horrible asesinato y jamás podré olvidarlo. Aún veo a los enloquecidos salvajes corriendo de una parte a otra con las cabelleras sangrantes de gente de su propia raza. Una hora después de salir ustedes, la iglesia estaba ardiendo, y al día siguiente vi los cuerpos carbonizados. Fue una escena horrible que no puedo olvidar. Aquel monstruo de Jim Girty asesinó a catorce indios con su martillo.

-¿Se ha enterado usted de su muerte? -preguntó el coronel.

-Sí, su fin ha sido digno de su vida.

-Sólo a Wetzel se le podía ocurrir semejante venganza­

-¿Ha venido Wetzel ya aquí desde entonces?

-No, Jonathan dice que so fue tras Wingenund, y es imposible decir cuándo volverá.

-Me hubiera gustado que perdonase al delaware.

-¡Wetzel perdonar a un indio!

-Pero aquel jefe era amigo, porque Wingenund era un indio noble y bueno. Pero Wetzel es implacable.

-Aquí vienen Nelly y la señora Clarke. Salgan ustedes­ -exclamó Jaime.

Nelly apareció en el umbral con la hermana del coronel Zane. Las dos mujeres bajaron la escalinata y saludaron a Christy. El rostro de Nelly era pálido y delgado y bajo sus ojos había grandes sombras.

-Cuánto me alegro de que haya usted llegado sana y salva -exclamó Christy con voz grave.

-Hábleme de Benny - dijo Nelly.

-¡Oh!, me había olvidado. Benny está muy bien. Ha sido el único indio cristiano que se ha salvado. Heckewel­der lo escondió durante el peligro. Quiere que eduquen al chaval.

-Gracias a Dios-murmuró Nelly.

-¿Y los misioneros? - preguntó Jaime.

-Cuando salí, todos estaban bien, excepto Young, que estaba muriéndose. Los demás piensan quedarse allí para ver si pueden empezar de nuevo, pero temo que sea impo­sible.

-Es imposible; no porque el indio no quiera ser cris­tiano, sino porque los dominan hombres blancos como Simón Girty. La hermosa Villa de la Paz debe su destruc­ción a los renegados -observó el coronel Zane gravemente.

-El capitán Williamson hubiera podido evitar el ase­sinato -exclamó Jaime.

-Es posible. Creo que hizo mal en no intentarlo -de­claró el coronel.

-¡Hola! -dijo Jonathan Zane levantándose de su asiento, desde el cual había escuchado la conversación.

En el sendero se oían pasos suaves y familiares. Todos se volvieron y vieron que Wetzel subía lentamente. Su traje de cazador estaba roto y raído; tenía aspecto de cansado, pero sus ojos eran serenos.

Era el Wetzel al que todos amaban. Le saludaron con gran calor. Nelly le dio la mano sonriendo.

-Cuánto me alegro de que haya usted regresado sano y salvo -dijo.

-Sano y salvo, muchacha, y muy contento de verte -respondió el cazador cuando se apoyó sobre su rifle y mi­raba a Nelly y la hermana de Zane-. Betty, hasta ahora siempre he dicho que tú ocupabas el primer lugar entre las mujeres hermosas de la frontera, pero aquí hay una que puede que te gane - dijo con una de sus raras sonrisas, que tan bien sentaban a su rostro oscuro.

-¡Caramba, caramba! ¡Lew Wetzel se ha vuelto ga­lante! -exclamó Betty.

Jonathan Zane no hacía más que escudriñar el rostro de Wetzel. El coronel, al ver que su hermano miraba con tanto interés al cazador, adivinó la causa y dijo:

-Lew, dinos, ¿has visto a Wingenund sobre la mira de tu rifle?

-Sí -contestó lacónicamente el cazador.

Un intenso frío pareció sobrecoger a todos los que es­cuchaban. Aquella respuesta lacónica en boca de Wetzel significaba mucho. Nelly inclinó la cabeza con gesto triste. Jaime se volvió, mordiéndose los labios. Christy miró hacia el valle. El coronel Zane se agachó para recoger unos gui­jarros que lanzó con fuerza hacia la cabaña. Jonathan Zane se alejó, sin decir nada, del grupo y se metió en la casa.

Sólo la hermana del coronel fijó sus grandes ojos negros en el rostro de Wetzel.

-¿Y qué? -preguntó con voz clara y decidida.

Wetzel guardó silencio durante un momento. La miró con su sonrisa característica y enigmática.

-Betty, he fallado -dijo con gran serenidad, y echán­dose el rifle al hombro, se marchó.

Nelly y Jaime se paseaban a lo largo del risco, sobre el río. El crepúsculo era cada vez más denso. El resplandor del sol oscurecíase lentamente tras las siluetas de las leja­nas colinas.

-De modo que todo está arreglado; nos quedamos aquí -dijo Nelly.

-Sí, querida. El coronel Zane me ha ofrecido trabajo y, además, una iglesia. Tenemos suerte y hemos de estar contentos. Yo me siento feliz porque tú eres mi esposa y, sin embargo, cuando pienso en él me entristezco. ¡Pobre Joe!

-¿No crees tú que... que no nos hemos portado bien con él? - dijo Nelly en voz baja.

-No. Su deseo fue que nos casáramos. Creo que pre­sintió su fin. No, no nos portamos mal con él; le hemos querido mucho.

-Sí, yo le he querido, os quise a los dos.

-Entonces debemos pensar en él siempre, como era su deseo.

-¿Pensar en él? Nunca olvidaré a Joe. Siempre lo re­cordaré en todo momento, pero sobre todo en otoño. Por­que mentalmente veré aquel hermoso paraje con su fuente sombreada, donde descansa.

Transcurrieron los años con sus sucesivas estaciones; todos los otoños, las flores doradas eran más exuberantes y las hojas bronceadas caían más suavemente sobre el musgo ambarino del lugar de la Fuente Hermosa.

Los indios ya no acampaban allí; rehuían aquella hondo­nada v la llamaban el lugar de la Fuente Encantada. Decían que por las noches corría por allí el espíritu de un perro blanco y que la brisa de la Muerte gemía en el soli­tario lugar.

A largos intervalos, un jefe indio alto y noble entraba en la hondonada y se quedaba largo rato silencioso e inmóvil.

Y algunas veces, a la hora del crepúsculo, cuando el esplendor del sol ha desaparecido, un cazador salía como una sombra de la espesura y se apoyaba sobre un rifle negro, mirando con ojos tristes a la oscura fuente, y escu­chaba el triste murmullo del agua. Mientras seguía así inmóvil venía la noche, las hojas secas caían al agua con levísimo susurro y una oropéndola entonaba su melancólico canto.

De las tinieblas de la selva surgía entonces un suave sus­piro que poco a poco iba subiendo en la quietud de la noche y se apagaba lentamente como el quejido de la brisa nocturna.

Y la quietud volvía a reinar sobre la oscura y fría tumba del muchacho que entregó su amor y su vida a las selvas.






http://www.librodot.com
1   ...   12   13   14   15   16   17   18   19   20

similar:

El espíritu de la frontera iconLas manifestaciones del espiritu I. El Primer Centro Abstracto 6...

El espíritu de la frontera iconLas manifestaciones del espiritu I. El Primer Centro Abstracto 6...

El espíritu de la frontera iconSinopsis: Drama que tiene como telón de fondo el malestar político...
«¡La frontera!», había dicho aquel hombre. ¿Pero cuál era aquella frontera, de la que no fijaba el límite ni la cúspide de una montaña,...

El espíritu de la frontera iconN owtilus Frontera

El espíritu de la frontera iconN owtilus Frontera

El espíritu de la frontera iconN owtilus Frontera

El espíritu de la frontera iconEl Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá...
«Ojalá que el espíritu navideño durara todo el año». ¿Por qué parece ser que la bondad y la compasión estuvieran ligadas al calendario?...

El espíritu de la frontera iconImágenes del Espíritu en el cine
«un instrumento sensibilísimo capaz de leer en el tiempo los signos que a veces pueden escapar a un observador apresurado». Nos alienta...

El espíritu de la frontera iconMontesilvés, frontera de Granada con Almería

El espíritu de la frontera iconLos dones del espíritu santo: consejo, piedad, fortaleza / els dons...
...






© 2015
contactos
l.exam-10.com