Modulo historia de la iglesia del nazareno en los eua y america latina






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Honduras Por Rvdo. Begardo Bardales Superintendente Distrital de Honduras


El acercarnos para contar cómo se desarrollo la iglesia en Honduras, nos confronta con tres interrogantes: el primero, ¿Cómo se estableció la iglesia?, Segundo, ¿Cuál fue la metodología para formar pastores?, tercero, ¿Cuál fue la estrategia que se formuló para la extensión de la iglesia?
Estas inquietudes nos permitirán analizar y observar los aspectos positivos que contribuyeron al desarrollo de la Iglesia, como también nos encontraremos con situaciones que no beneficiaron a la formación de la obra en Honduras.
El querer descubrir quién tenía interés que los Nazarenos llegaran a Honduras nos permitiría encontrar varios personajes; en este caso solo señalaremos a dos. El superintendente del Oeste de USA, Juan Madrid, hondureño que poseía un gran interés en la apertura de la obra; y el presbítero Ira L. Trae quien siempre mencionaba una y otra vez de enviar un obrero para iniciar la iglesia.
En el año de 1969, cuatro familias misioneras salieron de la ciudad de Guatemala hacia Honduras, recorrieron la ciudad de San Pedro Sula. Para esos días se perfilaba como la ciudad de la industria. Luego se trasladaron a la capital Tegucigalpa. Esta primera visita abría el camino para comenzar la Iglesia del Nazareno en Honduras.
Dos años más tarde el pastor Danilo Solís, plantaba la primera iglesia del Nazareno en la ciudad de San Pedro Sula; y en julio 1973 la Iglesia Internacional envía al primer misionero Rev. Stanley Store para dirigir la misión en Honduras.
El desafió de poner los cimientos que enfrentaba la recién establecida Iglesia, sería decisivo para el desarrolló de la Iglesia. Pronto se elaboró una estrategia que contemplaba los siguientes aspectos: a) formar pastores nacionales, b) tener el apoyo de dos parejas misioneras para abrir nuevos campos. c) que la iglesia nacional sea sostenible. Aunque la estrategia contenía buenos elementos, no logró los objetivos deseados ya que no se comunicó ni se le dio seguimiento a estas iniciativas que perseguían una dirección objetiva.
En los primeros años de fundación, la iglesia descuidó la formación de los nuevos pastores; se tuvo que echar mano de otros pastores que venían de otra tendencia doctrinal, y, aunque tenían buenas intenciones no lograron encarnarse con la teología de santidad y la misión de la Iglesia del Nazareno.
Para esos días la denominación contaba con recursos educativos. Pero en este primer periodo la formación teológica fue muy débil, con poco impulso. Ocho años después la Iglesia contaba con cinco iglesias organizadas, pero los pastores que estaban ninguno era producto de la iglesia nacional.
Al iniciarse la década de los 1980s la iglesia experimenta cambios acelerados. En esta etapa se inicia la programación de la educación teológica a través de cursos intensivos; éstos ayudaron en el proceso, pero los nuevos candidatos que se estaban preparando no lograron asimilar los contenidos de las instrucciones teológicas. Este esfuerzo dio poco resultado y mucha inversión.
Por otro lado, la promoción y apertura de nuevas misiones provocó un conflicto: ¡varias iglesias sin pastor! Las iglesias que propiciaron nuevas misiones se fueron debilitando, debido a que los miembros maduros tenían que salir a ayudar a las nuevas obras. En este sentido, se perdió terreno aunque las estadísticas señalaban otra figura. La teología de santidad todavía no lograba afincarse en los nazarenos de Honduras.
En 1987, a dieciséis años de haber comenzado la denominación, se da el paso de entregar la dirección a los nacionales, aunque muy temprano, ya que la iglesia hondureña era muy joven y no estaba lista para este paso. Pero la iglesia nacional acepta el desafió, para convertirse en gestora de su tarea encomendada por el Señor de la Iglesia.
Al iniciar esta nueva etapa, no se experimentó crecimiento numérico, ni se iniciaron nuevas iglesias. Mas bien se comenzó un procesó de ordenar y corregir la membresía de la iglesia. Pero el liderazgo comienza a reflexionar y accionar sobre cómo la iglesia debería desarrollarse en Honduras. Nuevamente se afirman las bases, pero este proceso fue lento. Esta postura fue muy criticada por nuestras autoridades ya que parecía que la iglesia no estaba “creciendo” “y no estaba pasando nada” y se acuñaron frases como:“en Honduras no hay líderes”. Esto dio pié para que la iglesia se enfocara en la tarea sólida de formar pastores y enfatizara la doctrina de santidad. La iglesia iluminada una vez más por el Espíritu Santo, comienza a provocar en los nazarenos de Honduras, la responsabilidad de extender el reino de Dios aquí en la tierra.18

3. Establecimiento y desarrollo en América del Sur


  • Argentina Por: Ignacio Malca Suárez,

Superintendente del distrito de Argentina Litoral.
Dos matrimonios son recordados como los iniciadores de la obra en Argentina. Don Francisco y Doña Lula H. de Ferguson; y Don Carlos H. y Doña Catalina Miller, que llegaron el catorce de octubre de 1914, para éste tiempo los dos matrimonios pertenecían a grupos que ya se habían unido a la Iglesia del Nazareno. Son descritos como evangelistas apasionados, dispuestos a cualquier sacrificio, con tal de anunciar a los habitantes de este pueblo. El día 3 de setiembre de 1919 es la fecha de la apertura de la Iglesia del Nazareno en suelo Argentino, en la vivienda de los Miller, quienes abren su comedor para cultos públicos y reuniones de oración familiar.
El 5 de octubre de 1920, a un año de su inicio, se informa de dos misiones; la celebración regular de cultos públicos cinco veces por semana, dos cultos para señoras y señoritas, y cultos de oración y estudio bíblico los viernes por la noche, además de cultos regulares los domingos en dos lugares diferentes.

La segunda Asamblea del Distrito Misionero Argentino, se realizo el 10 y 11 de octubre de 1922 y en aquella oportunidad se informa de tres misiones, tres escuelas dominicales, siete lugares de predicación. En cada paso de estos comienzos es notorio el Ministerio de la Escuela Dominical, como un esfuerzo dirigido a los niños como medios para alcanzar también a sus padres.
La página impresa tuvo un rol decisivo, principalmente con la publicación de la revista La Senda Antigua más adelante La vía más excelente. Folletos, materiales de evangelización, artículos de autores conocidos, lo mismo que la traducción de libros de santidad, fueron impresos y distribuidos con los mínimos recursos para hacerlo.

Otro aspecto preponderante es la apertura de la Escuela Evangélica Mixta en la calle Gaona 1976, con inscripción de 25 alumnos regulares para febrero de 1923.

Como no destacar también la educación teológica a cargo de Don Carlos Millar, que sirvió incluso a estudiantes de otras denominaciones al recibirlos como alumnos regulares del entonces Instituto Bíblico Nazareno.
Del 8 al 14 de junio de 1931, se celebra la novena Asamblea de Distrito. Fue un momento inolvidable, ya que el Dr. J.B. Chapman visita la Argentina, siendo el primer Superintendente General de la Iglesia del Nazareno en hacerlo, en su carácter y oficio. En ésta oportunidad tiene el privilegio de ordenar a cuatro ministros licenciados como Presbíteros, la máxima distinción ministerial que otorga la Iglesia del Nazareno, dos varones y dos damas.

Los siguientes puntos y de manera especial 1 y 2 (1919-1979), lo presento con el mayor respeto y honra a quienes vivieron ese momento; ellos, con la luz que tuvieron supieron igualmente marcar el camino y mantener la antorcha encendida para pasarla a las generaciones siguientes. Encuentro como lo más acertado para sintetizar éste apartado II, las palabras del sermón “Las marcas de Cristo” en la capilla del Seminario en 1981, por la Dra. Lucía de Costa, la primera nazarena convertida al evangelio en Argentina: profesora, pastora, apóstol y misionera indiscutible. Desafiándonos como futuros pastores, cerró su discurso diciendo: “Nosotros hicimos la tarea con mucho menos, ustedes con más hagan algo más grande”. Todavía me estoy preguntando si he podido hacer algo más grande.
Ausencias significativas que nos marcaron
1. Un liderazgo multiplicador

Las primeras dos décadas (1919 –1939) transcurrieron sin mayores cambios; un liderazgo fuerte y visionario pero extranjero, no alcanzó a transmitir la visión y la pasión a los nacionales y mucho menos la autoridad delegada, para hacer de ellos verdaderos protagonistas. Los casos excepcionales fueron por la gracia de Dios más que por un proyecto definido de entrenamiento. La ausencia de un liderazgo nacional con poder y capacidad de decisión, hizo que en la mayoría de las veces tengamos culturización en vez de evangelización.
2. Un ministerio de compasión

La atención a los necesitados como un ministerio de compasión, se circunscribió al ámbito de la iglesia y más aún del templo; el marcado evangelio espiritualista despojaba a las personas de cuerpo y alma. Un evangelio mutilado no pudo evitar mutilar también a las personas y a las familias. Hasta podemos hablar sin ofendernos ni ofender a nadie de una apología a la ignorancia y a la pobreza, como buenos referentes de una vida espiritual.
3. La educación formal

El no seguir ganando espacio en la educación formal desde la Iglesia del Nazareno, fue una pérdida que no pudimos recuperar por muchos años, y el hacerlo nuevamente sigue costando mucho dolor para quienes emprenden la tarea. Se nota cómo se fue reemplazando las prioridades y por ende la misión de la iglesia se fue estrechando dentro de los templos.

En un país donde las distancias son la mayor dificultad a superar, el crecimiento únicamente se logra haciendo que la administración y sus líderes estén más cerca del campo y misión y no lejos. Esto debió ser más que un desafío, debió convertirse en una constante planificada y expuesta claramente en todos los niveles del liderazgo de la iglesia de ese entonces. No es de sorprender entonces que luego de doce años de trabajo (1931) se informara de tres iglesias organizadas, con un total de ciento treinta y dos miembros en plena comunión, setenta miembros a prueba y doscientos sesenta y cinco en la matrícula de la Escuela Dominical.
Las décadas siguientes (1939 –1979) vivieron la expansión de la Iglesia del Nazareno; dejando la capital y la provincia de Buenos Aires para salir al interior de éste gran país. Como nacionales no pudimos escapar a los modelos impuestos durante los primeros años, y donde llegó un misionero nazareno ya sea argentino o norteamericano, se continuaron dando y enseñando las mismas características que no pasaron por el evangelio, sino, las añadiduras culturales que fragmentaron al Cristo que se predicaba. Política y modelo que fue imponiéndose por quienes fueron asignados y reasignados en sus funciones en el país.
Como consecuencia de la expansión; aparece una forma de gobierno, que deja de ser un modelo de administración para convertirse en un factor de poder y dominio, el centralismo y hegemonía de Buenos Aires. El hecho de un distrito único, hizo que los pastores sean asignados desde Buenos Aires a puntos tan distantes y desconocidos, ajenos totalmente a su cultura, y agravado por los cambios pastorales repentinos en algunos casos, o cada dos o tres años en otros. Los pastores dejaron de ser pastoreados y fueron de alguna manera, desterrados en su propio país.
Una iglesia de puertas adentro, característica sobresaliente de ésta etapa, no era sino, la natural consecuencia a la temerosa participación e involucramiento de los nacionales, no solamente en el liderazgo para tomar decisiones sino también en la expresión de sus formas y modos culturales. Las puertas estaban cerradas para alabar a Dios como lo haría el hombre de la pampa, del noroeste, del litoral, o de la Patagonia, había que hacerlo a la americana. La santidad pasaba por lo externo tan igual o más importante que lo interno. Un culto especial y paralelo a la apariencia.
El sacerdocio universal de cada uno de los creyentes pasaba por tener sumo cuidado en no hacer lo que es propio de la tarea pastoral. No es de extrañar entonces que Argentina sea en esos años uno de los países de menor crecimiento en Sudamérica, mientras otras denominaciones y grupos crecían. Cuando se pudo dar el traspaso de mando a los nacionales, sinceramente llegaba tarde, muchos pugnaban en su buena fe por ser los líderes merecedores de tal distinción, internismo que debilitó no solo la fuerza para seguir creciendo sino la imagen del liderazgo.

Los años 1979 –2004, son testigos de los mayores esfuerzos de un pueblo evangélico llamado Iglesia del Nazareno, no solo para corregir el camino andado, sino para emprender uno nuevo que nos acerque a la verdadera misión del evangelio de Cristo. Que proponga y prometa ser la esperanza para un mundo tan necesitado. La presión para corregir la senda recorrida fue creciendo y se fue manifestando de muchas maneras, desde mediados de la década del sesenta, no solo en el reclamo, la protesta, el disenso, la discusión sana; sino también en la incomprensión, la indiferencia y hasta la marginación directa o indirecta. Los logros obtenidos han sido a precio de perder líderes, de romper estructuras, de crear nuevos modelos, que sigan siendo paradigmas de nuestra teología arminiano – wesleyana.

Ha sido un logro la descentralización de la administración distrital a tal punto de llegar a diez los distritos, dos de ellos de fase III. Uno de estos distritos atiende exclusivamente a los aborígenes del noreste, con un proyecto a punto de concretarse como centro de entrenamiento para las misiones

En esta nueva etapa no está fuera de lugar, la iniciativa de declarar a la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires como campo misionero para los mismo argentinos, y los distritos del interior.

Otro logro ha sido la descentralización de la educación teológica, mediante el sistema a distancia: SEAN, CENETA, ETED, se dieron sucesivamente con el fin de que cada distrito, esté produciendo y formando sus propios pastores. Creemos que la larga lucha de residencia y a distancia ha sido superada.
Se confrontó la visión de la Iglesia y el crecimiento dando lugar a declaraciones que para su momento eran violentas, tales como: “Cada uno gana uno”, “Cada pastor entrena otro pastor”, “Cada iglesia planta otra iglesia”, y más adelante “Cada superintendente de distrito entrena otro superintendente” y la preocupación de llevarlo a la práctica.

Se señaló los males que nos aquejaban: el templismo, todo se hace en el templo; el clericalismo, todo lo hace el pastor; el creyentismo, el creyente como mero observador. Proponiéndose los remedios para cada caso: las células de oración, los líderes de células, los hermanos mayores. Abriendo más que nada la apertura a los diversos ministerios dentro de la iglesia, donde cada cristiano pueda expresar libremente su fe y su servicio al Dios que lo ha salvado.
Se atacó el paternalismo y la dependencia a la vez, multiplicando el liderazgo nacional, ayudando a elaborar y responder a proyectos autofinanciables, iglesias de sostén propio, pastores bivocacionales, quitando la subvención que llegaba de Misión Mundial.
Fue necesaria la presencia y continuidad de una filosofía de trabajo que coincidió con la apertura de la Región Sudamérica, y la visión del liderazgo. No fueron pocas las angustias vividas para entender y aceptar el cambio, pero fueron más los dolores vividos, que ya la tierra estaba arada y regada con oración y lágrimas, lista para ser sembrada y esperar la cosecha, que por cierto ha llegado.
El camino que nos queda por recorrer tendrá que ser mejorado y revisado periódicamente, para no repetir los mismos errores del pasado y darle a nuestra iglesia la contextualización que nunca debe de perder para alcanzar al hombre total, acorde con el evangelio y misión que nos ha sido encomendado.19


  • Uruguay Por: Rev. José Pedro López, Superintendente del Distrito de

Uruguay Sur
La obra nazarena se inicia en el Uruguay en el año 1948 como extensión de la obra misionera del distrito Argentino, siendo el misionero pionero el superintendente del distrito Juan Cochran, junto con su esposa María, y a quienes Dios me dio el privilegio de conocer en forma personal años después.
En 1949, el Reverendo Ronaldo Denton y familia se mudaron a Montevideo a una casa alquilada en la calle 14 de Julio 1377, en el barrio Pocitos. Estos siervos de Dios tenían un gran desafío y una gran visión, porque llegaban a un país como el Uruguay con un fuerte predominio de la fe católica (66%), con tan sólo un 2 % que confesaban ser protestantes, y el resto no profesaba ninguna fe. Había un gran predominio del secularismo, a tal punto, que por años nos jactamos de ser un país altamente culto llamándonos la Suiza de América. Esa profunda raíz de secularismo llevó a que la iglesia católica se separara del Estado.
Según el testimonio de uno de aquellos primeros convertidos en ese lugar, con fecha 16 de enero de 1949, se tiene la primera reunión en casa de una familia con la asistencia de dieciséis personas. Esta pareja joven se entrega totalmente a invitar, a conversar con los vecinos, y a hacer obra personal de casa en casa. En marzo de 1949 se realizan reuniones especiales surgiendo los primeros convertidos. Entre ellos estaba el Sr. Salvador Cipriano Ramos que fue un fruto que permaneció firme, llegando a ser con el correr de los años un pastor que se mantuvo en el ministerio y el primer presbítero en el Uruguay. Actualmente es uno de los tantos testimonios vivientes de los comienzos.
Al año del inicio de las reuniones se realiza el primer bautismo de ocho personas en la playa de Pocitos, cuyos nombres fueron: Osvaldo Noble y su esposa María, Angélica Barrios, Ethel Facal, Lucía de Millar, otra hermana y Cipriano Ramos y su esposa Esmeralda. En ese momento asistían muchas más personas a la iglesia, pero ellos fueron los primeros ocho miembros de la iglesia del Nazareno en el Uruguay. De ésta forma se organizó nuestra primera iglesia en el país.
Quisiera agregar un testimonio personal sobre la familia Denton. Conocí a la Iglesia del Nazareno estando en el interior del país, a unos 350 kilómetros de la capital Montevideo. El pastor Ronaldo Denton era una persona muy especial, dado que tenía una buena capacidad para relacionarse tanto con los de adentro como con los de afuera. En el año 1964, él fue invitado a predicar en mi pueblo a la Iglesia Bautista Independiente donde yo asistía. Fue allí donde tuve el primer contacto con la Iglesia del Nazareno. El mensaje predicado fue con tanta unción de lo alto que muchos jóvenes respondieron al llamado de involucrarse en la obra del Señor. Fue un mensaje que traspasó mi corazón y trajo una profunda convicción, y así fui llamado a ser pescador de almas para Cristo. Como resultado de esa experiencia en el año 1966 fui admitido como estudiante en el Instituto Bíblico Nazareno en el Uruguay.
El matrimonio Denton buscó otro sitio en la ciudad y el 6 de noviembre de 1949 se comenzaron a celebrar reuniones al aire libre en un terreno en la Curva de Maroñas, frente a la casa de una lavandera, doña Lucía de Millar, que se convierte en una creyente incansable en la obra personal. Posteriormente se construyó el templo actual.

En el año 1952 el Reverendo Ronaldo Denton comienza con reuniones en casas de familia en la zona de Piedras Blancas y Manga y reuniones especiales en carpa. Posteriormente, en abril de 1958, se alquila una casa sobre la Avenida Cuchilla Grande, siendo la obra dirigida por el Pastor David Corvino. En 1959 se adquiere un terreno en la zona de Piedras Blancas donde se construye la iglesia actual que fue organizada en el mes de abril de 1962 siendo nominado pastor en ese lugar el Reverendo Cipriano Ramos.

En 1954 se comienza la obra con reuniones en casas de familia en un barrio llamado Carrasco, donde vivían personas de clase media y alta. Después se alquiló un garage. Se organiza la iglesia de Carrasco en agosto de 1955, con diez miembros. Se inaugura el nuevo templo en al Avenida Bolivia 2296, el 29 de marzo de 1959.

El avance de la obra trajo a otros misioneros como la familia Parkinson que vino desde Argentina. En 1956 llega la familia Armstrong desde Bolivia, y, finalmente se une a ellos la familia Wilkinson.

En 1956 el avance misionero se extiende fuera de Montevideo a una ciudad a 47 kilómetros de la capital llamada Canelones, y ya en el año 1957 se establece una iglesia en ese lugar. En 1959 se adquiere una propiedad en la ciudad de Montevideo en la calle Ciudad de Bahía Blanca donde comienza a funcionar el Instituto Bíblico Nazareno.

En 1963 se agrega al cuerpo misionero la familia Hugues que había servido en Cuba y en Nicaragua. Como podemos darnos cuenta a los misioneros pioneros se fueron agregando rápidamente a otros con el correr de los años, de tal manera que en un pequeño país como el Uruguay se dio una gran concentración de misioneros en la ciudad capital. A 14 años de comienzo de la Iglesia del Nazareno, lo más lejos que se había llegado era a la ciudad de Canelones a tan sólo 47 kilómetros de la capital.

Según lo que pude darme cuenta, en esos tiempos no fue nada fácil convencer a los misioneros de que fueran más allá de la ciudad de Canelones, cuando había 17 departamentos más, los cuales no se habían aún alcanzado. Siendo Superintendente el misionero Ronaldo Denton, aún no teniendo un pleno acuerdo entre los integrantes del Concilio Misionero, se resuelve enviar al pastor Ted Hughes a la ciudad de Minas, departamento de Lavalleja, a unos 120 kilómetros de la capital.
La otra pareja misionera, la familia Parkinson, junto con Miguel Rodríguez como pastor ayudante se dirigen a la ciudad de Florida a 97 kilómetros de la capital. Posteriormente llegaron otros misioneros más jóvenes, mucho más dinámicos y con más entusiasmo, que utilizaron la estrategia de movilizar al estudiantado del Instituto Bíblico Nazareno. De esa forma se llegó a la ciudad de San José en el año 1972 con una gran carpa y se hizo un trabajo que implicó una importante inversión en tiempo, personal y dinero, a tal punto que se llegó a comprar un terreno para la edificación del templo. Pasado el tiempo se fue enfriando el impulso inicial y todo lo realizado quedó en la nada.

En el año 1973, en una asamblea anual se presenta por parte del superintendente del distrito la primera pareja de misioneros nacionales o locales. Esa primera pareja salía sola sin el acompañamiento de los misioneros a 400 kilómetros de la capital. Me estoy refiriendo a mi persona y mi esposa, y recuerdo que en un camión con un toldo de lona como techo protector cargamos todas nuestras pertenencias y emprendimos la aventura de fe hacia la ciudad de Tacuarembó. Hoy esa ciudad es sede de la superintendencia del Distrito Uruguay Norte. El único medio de transporte que teníamos era una bicicleta y fueron tiempos muy difíciles, pero a la vez muy enriquecedores por la inolvidable experiencia recogida.
Quisiera desarrollar algunos puntos específicos vinculados a la forma de manejar la misión: Se comenzaron realizándose campamentos en Balnearios como Pajas Blancas, Solís y Bella Vista, hasta que se adquiere un terreno propio para ese fin en el balneario Los Titanes.
Estas actividades no sólo permitían un mejor conocimiento entre los propios miembros de las distintas iglesias sino que también fueron un elemento importante para que otros se acercaran y conocieran a la Iglesia del Nazareno. Este tipo de actividades incluía a niños, jóvenes y adultos. Como complemento de estas actividades grupales, se desarrollaron frecuentes picnics en parques de la ciudad de Montevideo.
La preparación ministerial para aquellos creyentes que tenían llamado al ministerio se comenzó por vía de cursos por correspondencia desde el Instituto Bíblico de Buenos Aires. Posteriormente se comienza una extensión del Instituto Bíblico de Buenos Aires en la iglesia de Pocitos, teniendo clases por las noches, hasta que todo se traslada a la propiedad de Ciudad de Bahía Blanca 2464, donde se produce un cambio importante en el proceso de formación de los nuevos pastores.
El 16 de noviembre de 1957, en el acto de clausura del Instituto Bíblico Nazareno, se tiene al primer graduando del anexo del Instituto Bíblico de Buenos Aires, el Sr. Salvador Cipriano Ramos. Esta ceremonia se celebró en la iglesia de Pocitos. Tenía un régimen de internado.

El estudiante para ser admitido tenía que pasar por una junta de evaluación. El pago de los estudios se hacía sobre la base de trabajos de mantenimiento de la propiedad y en los jardines de los misioneros. De ésta forma se cubrían los costos de nuestros estudios y quedaba algún dinero para el traslado a las respectivas iglesias.
Se dictaban las clases de lunes a viernes por la mañana y en algunas oportunidades en la tarde. La asistencia a clase se completaba con trabajos dirigidos, con el uso de la biblioteca, y con un culto matinal.

Este Instituto estaba catalogado como un excelente centro de estudios desde el punto de vista académico, debido que en el Uruguay se había dado una gran concentración de docentes de alto nivel. Los estudiantes, en aplicación de su obra práctica eran utilizados con frecuencia para iniciar nuevas obras, o para trabajar en campañas evangelísticas. El estudiante comenzaba como pastor ayudante y luego se le asignaba una iglesia. Allí comenzaba a recibir medio salario.
En 1980 ya se habían retirado la mayoría de los misioneros. En todos los documentos de esa época a los que pude tener acceso, no quedó registrado cuáles fueron las causas fundamentales que llevaron a la salida masiva de los mismos y entonces la pregunta que surge es: ¿Fue resultado de la falta de apoyo por los escasos resultados logrados, dado que solamente existían 12 iglesias en 30 años, con tan sólo 350 miembros? Si nos fijamos bien, se tenía todo desde el punto de vista logístico, y se gastó demasiado para tan poco resultado.
Se pusieron buenas bases siendo una herramienta efectiva la escuela dominical. Este modelo recibido llevaba a que el pastor tenía que asumir muchos roles a la vez, para un buen desarrollo de la obra.
Se producían generaciones de pastores que no permanecían en el ministerio.

¿Cuál era el problema? Pasado el tiempo se puede ver, analizar y concretar algunos detalles que en aquellos momentos no se entendían. Personalmente a veces los números nos marean, y no alcanzamos a distinguir entre aquellos convertidos que realmente son llamados al ministerio, con aquellos que son empujados a un ministerio que no sienten.

Por el Instituto Bíblico Nazareno en el Uruguay pasaron cuatro generaciones de estudiantes, siendo la última la que más sufrió, debido a que se dio un cierre brusco de la institución.
Con la presencia de los últimos misioneros comenzó una transición hasta que se llegó a la transformación en un distrito regular. Fueron tan bruscos los cambios, que son solamente asimilables a la situación de un bebé que pasa de la etapa del destete a una alimentación más completa.

En ese momento la Iglesia General no nos asistía con los preciados recursos con que antes se nos mantenía. Ese fuerte paternalismo que se perdía, afectó fuertemente el desarrollo de un distrito que no estaba preparado para ésta nueva etapa. Los mayores problemas surgieron al no haber más dinero para subvencionar a los pastores.
A eso se agregaba otro problema adicional que era la marcada diferencia entre un misionero y un pastor nacional, a tal punto, que el nacional apenas podía sostenerse y el extranjero vivía con grandes comodidades y medios para trasladarse. La gente común veía tan gran diferencia y se preguntaba a que se debía.
Por otro lado la buena enseñanza recibida permitió a los pastores nacionales seguir el camino del sacrificio a tal punto que muchos de ellos están hasta el día de hoy en el ministerio.

Fueron tiempos muy difíciles dado que los cambios pastorales se sucedían con frecuencia y pastores sin experiencia eran enviados al interior del país, sin más argumento que un libro de tapa negra que esgrimían. Luego se hacían muchos estudios del porqué no funcionaban o no se tenían los resultados deseados, pero vivían la experiencia de alguien que se sienta al volante de un automóvil y no sabe como encenderlo.

Mientras los pastores nacionales eran movidos como piezas de ajedrez, los misioneros permanecían concentrados en la capital. Esto fue el detonante de que los vientos de cambios se vieran en el horizonte, a tal punto que se comenzaron a vender propiedades por parte de la misión, y se decidió el cierre del Instituto Bíblico que funcionaba a tiempo completo.

Así fue que en el año 1980 aparece la figura del primer superintendente del distrito nacional en la persona del Reverendo Walter Rodríguez. El tiempo demostró que no estábamos preparados para éste cambio pero había que asumirlo.

En aquellos primeros años de vida del distrito nacional donde la iglesia dejó de recibir el apoyo económico para sostener pastores, y aún para pagar impuestos de las propiedades que habían quedado y donde la situación económica del país no era buena, se dio toda la situación adicional de que las iglesias locales contaban con una membresía de clase media hacia abajo, especialmente con muchos jóvenes, niños y mujeres, que no tenían posibilidad de aportar sus diezmos y ofrendas para cubrir el presupuesto local.

Eso llevó a que la Junta Consultora analizara estrategias de salida, y se decidió que los pastores salieran a buscar un trabajo secular para sostenerse a sí mismos y a sus familias y completar con su trabajo particular el sostén pastoral que no recibían de la iglesia local.

En ese marco se llegó a un acuerdo para que Misión Mundial autorizara el alquiler de una de las propiedades del distrito y que se solicitara por parte de la Junta Consultora la posibilidad de crear un distrito pionero en el norte, con sede en la ciudad de Tacuarembó, con el fin de extender la obra en el país, ya que la distancia de 400 kilómetros implicaba muchos gastos.

Luego de haber recibido la negativa a ésta propuesta, aún mencionando que económicamente no podríamos sostener ni la propiedad ni al pastor en ese lugar, surgen algunos cambios de líderes a nivel regional. El Reverendo Loui E. Bustle, con una nueva visión y empuje, propone la creación del distrito pionero Uruguay Norte con sede en la ciudad de Tacuarembó.

Se designó como superintendente al Reverendo Jesús Bernat, nacido espiritualmente en la Iglesia del Nazareno en Toledo, departamento de Canelones en el sur del Uruguay. Este joven acompañó la visión y la obra comienza a extenderse por el Norte, contando en la actualidad y luego de 19 años con 32 iglesias activas y con 2100 miembros en plena comunión.

La obra se extendió desde la ciudad de Tacuarembó a otros lugares como Villa Ansina y Salto y contactos en Rivera, Artigas, Paso de los Toros y Paysandú. El método utilizado fue el discipulado, “cada una gana uno”, proyecciones de la película Jesús y todo aquello que era útil para consolidar el desarrollo.

Al retirarse el último misionero, la asamblea anual vota por un nuevo superintendente en la persona del Reverendo Miguel Rodríguez. Posteriormente el Superintendente General nombra al Reverendo Adán Villalba como superintendente del distrito, concluyendo aquí el primer capítulo de la Iglesia del Nazareno en el Uruguay.
Ya los misioneros habían pasado a ser parte de la historia, cuya existencia no se puede negar, pero los resultados posteriores nos hablan fuertemente del legado que dejaron al retirarse. No podemos decir que todo fue malo porque no estamos en condiciones de juzgarlos sin conocer en profundidad los motivos que llevaron a ciertas decisiones que no entendimos. El legado que tenemos que resaltar es en lo que se refiere a la capacitación de los pastores, y los edificios entre casas pastorales e iglesias que dejaron adquiridas en el país, para luego ser administradas por la iglesia nacional.

No era fácil ni sencilla la tarea que tenía ahora la iglesia nacional de adecuar el modelo misionero de extensión a la realidad del país. El distrito adolecía de falta de vehículos, de posibilidad formativa de nuevos pastores y de tantas otras carencias. Los creyentes se habían acostumbrado a que se les fuera a buscar y los dejaran de regreso en sus casas, y se encontraron con la realidad que los pastores nacionales no tenían las mismas posibilidades de los misioneros. Muchos de los pastores para la extensión de la obra hacían uso de bicicletas. Como consecuencia, bajó bruscamente la asistencia a las iglesias.

Era una nueva situación y un gran desafío para un distrito regular (fase III), que implicaba mucha responsabilidad, seriedad, honradez, fidelidad y buena administración de lo que se había recibido.

Pese a ésta dificultad planteada, la obra creció mucho más con la actuación de los obreros nacionales. En 35 años se abrieron 12 iglesias con 350 miembros y al mes de octubre de 2001 existían 24 iglesias organizadas con una membresía de 1000 miembros.

Era un nuevo tiempo para la iglesia en el Uruguay y para la capacitación de los nuevos líderes nacionales. Surge así un nuevo programa de estudios (CENETA). En éste nuevo programa se le daba la posibilidad al estudiante de trabajar y sostenerse o sostener a su propia familia, mientras realizaba sus estudios ministeriales. Esto ha permitido que en medio de la crisis que el país ha vivido y de la cual no ha salido, la obra pueda continuar.

Dentro de los beneficios obtenidos, podemos mencionar la posibilidad de reconocimiento de la función pastoral a nivel de actividad reconocida por el Estado, de tal forma que se pueda acceder a una jubilación, logro que se dio en el año 1985 y que se mantiene hasta hoy. El Distrito Uruguay mantiene una estrecha relación con el Area y la Región.
Hemos recibido apoyo importante en el ministerio de evangelismo con la película Jesús. Se han actualizado los programas de preparación ministerial con la administración del Seminario Nazareno Sudamericano. Se han celebrado frecuentes encuentros de líderes en distintas áreas pero aún hay mucho camino para recorrer. El crecimiento, si bien ha sido sostenido, no es suficiente. En lo personal me preocupa que no haya nuevos convertidos en el número deseado porque hemos acrecentado el número como consecuencia del traslado de creyentes de otras iglesias. El gran desafío es crecer con hijos engendrados por nosotros como resultado de la predicación de nuestras iglesias. Quiero dejar en claro que no rechazo a estos hermanos que se unen a nosotros de otras iglesias, pero prefiero a aquellos que sean ganados por la predicación efectiva de nuestras congregaciones.
Todavía nos quedan muchos departamentos del interior por llegar, pero para ello, necesitamos de gente comprometida que se una a los actuales pastores que ya están trabajando en la obra.
Lo que he tratado de presentar en ésta ponencia es lo más ajustado a la realidad histórica y presente de nuestro país, parte de la cual viví en forma personal, pero hago constar que mis queridos consiervos misioneros establecieron buenos cimientos en esos años de formación en los líderes actuales, y que sin ellos la Iglesia del Nazareno en el Uruguay en estos tiempos actuales no tendría futuro. Sin duda los misioneros son dignos de imitar en el aspecto organizativo y administrativo.
Es importante reconocer que el modelo de formación pastoral tenía una base sólida en el conocimiento de la Palabra de Dios. Han pasado los años y todavía quedan ancianos de hoy que fueron pastoreados cuando eran jóvenes por los misioneros y los recuerdan con profunda emoción por la forma en que fueron enseñados y amados.
El mundo ha cambiado mucho pero la Iglesia tiene que volver a fundamentarse en esos buenos principios vinculados a la fidelidad a Dios y a su Palabra. El legado que nos han dejado los misioneros es la extensión del Reino de Dios en la tierra, con procedimientos distintos, pero con el propósito final que la Iglesia del Nazareno y en general la Iglesia de Cristo en el Uruguay se anime y acepte nuevos desafíos, y que no sólo se desarrolle numéricamente, sino también en la comprensión de las nuevas necesidades.

Hoy vemos a los misioneros como aquellos hombres que penetraron en las mismas entrañas de una selva abriendo el camino, y a los líderes nacionales como aquellos que tomando la mansera del arado, continuaron abriendo el surco sembrando la preciosa semilla. Hermanos: ¡conservemos ese precioso legado de una pasión misionera activa que nos fue entregada por nuestros hermanos misioneros que iniciaron la obra!20

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