Sin nadie querido, á quién dedicar éste libro, en éste momento especial; porque mis seres queridos y mis amigos, ya recibieron de mí éste honor. Por esta razón, sintiéndome libre de cualquier otro compromiso, decidí dedicárselo: -a los niños a los niños de todo el mundo






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títuloSin nadie querido, á quién dedicar éste libro, en éste momento especial; porque mis seres queridos y mis amigos, ya recibieron de mí éste honor. Por esta razón, sintiéndome libre de cualquier otro compromiso, decidí dedicárselo: -a los niños a los niños de todo el mundo
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fecha de publicación05.06.2016
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Y así, esa noche, durmió como un rey, en esa cama tan limpia y tan blanda; pero también como un ángel, porque en sus sueños, volvió a recordar los momentos maravillosos de su viaje. A la mañana siguiente, luego, después de descansar del viaje, toda la noche. En las primeras horas del día, se levantó, se vistió, y se fue en busca de su hermano, a la direc-ción que le había dado la madre de Rubén.

Pronto, viajando en un taxi; estuvo allí, frente a la casa de su tío Germán; un primo hermano de su papá; que ahora era el apoderado, y anfitrión de Rubén, su hermano aún des-conocido. Pero que ahora, después de haber estado en su casa, le parecía haberlo conocido de toda la vida. ¡Que gran emoción!, esa mañana, cuando se encontró de pronto, frente a esa gran casa, de su tío; en el barrio de Miraflores, que para él, esto le parecía un palacio.

Luego, tocó el timbre y espero; enseguida, le abrió la puerta una chica muy linda de uniforme, que resulto ser la mucama. El le dijo -quien era, y que buscaba a su tío y a su hermano. Ella le dijo, -que ellos estaban en casa y que esperara; y luego fue a buscarlos. Pronto apareció su tío Germán y su señora; -él se presentó, y les conté quien era. Ellos lo besaron y abrazaron; enseguida apareció su hermano Rubén.

Se vieron, se saludaron y se abrazaron muy fuerte y cariñosamente. Rubén le contó, que estaba estudiando, en el Colegio Militar; pero que ese día estaba de franco, por eso se encontraba en casa. Luego lo invitaron a pasar, y se sentaron en una gran sala, con sillones mullidos y muy cómodos; y allí, se quedaron charlando todos; se contaron un poco de todo, cosas de la familia y del trabajo; hasta que se hizo la hora de almorzar. Luego lo invitaron a comer con ellos.

Después de almorzar, él les contó las peripecias de su viaje, y de como había viajado, más de mil kilómetros a través de pampas, desiertos, selvas y ríos inhóspitos, pero que final-mente llegó a su destino. También les dio noticias y cartas de sus familiares en el Beni. Después, lo invitaron a tomar el té, y siguieron charlando.

Cuando se hizo la noche, su hermano lo invitó a salir; y salieron de la casa con rumbo al centro de la ciudad; en su camino pasearon por el parque de la ciudad y algunas avenidas. Ambos charlaron apasionadamente de todo, y se divirtieron muchísimo; Ya en el prado, se sentaron en un banco y siguieron charlando.

Allí, ambos prometieron no olvidarse nunca del lazo de sangre que los unía; y prometieron volver a encontrarse nuevamente. Juancito, le contó de su papá y de su infancia con su familia. Rubén, le contó -que su vida con su madre y su padrastro, había sido, maravillosa; pero que siempre quiso conocer a su verdadero padre; aunque su padrastro lo había querido machismo, y él lo llegó a querer y respetar como a un verdadero padre.

Pero al enterarse que su padre vivía, sintió un gran deseo de conocerlo, por eso le escribió. Pero al no obtener una respuesta suya, -no insistió. Pensó, que tal vez él, no quería conocerlo. Nunca pensó, que el no había recibido su carta, hasta el día de hoy. Juancito, le mostró algunas fotos de él con su papá y se las regaló.

Luego de pasar algunos días con su hermano y sus tíos; y de ir al cine, al teatro, a la cancha, con ellos. Juancito decidió regresar a su casa. Pero esta vez, iría en ómnibus, pues desde allí a su tierra, había carretera. Entonces decidió comprar el pasaje; y lo compró en primera clase, pues aún tenia mucho dinero.

Aquel día, que Juancito partía; Rubén fue a despedirlo a la terminal de ómnibus. Y antes que partiera el ómnibus, ambos se abrazaron fuertemente, y se dijeron -adiós. Pues no sabían cuando volverían a verse.

Juancito partió poco después de las ocho de la noche, y debería viajar dos días y dos noches; pero esta ves, el viaje sería más cómodo y tranquilo; al menos así lo creía él. Que estaba feliz, porque al fin estaba volviendo a casa.

Después de pasar por el altiplano, y de tomar el camino de las montañas, con sus precipicios y cañadas, empezó a divisar las sierras y los valles del Departamento de Cocha-bamba, cerca de la madrugada. Disfrutando a cada momento de la vista de aquellos paisajes maravillosos, pero nunca dejó de soñar; y mientras estaba en el ómnibus mirando a través de la ventanilla, soñaba que cabalgaba en las nubes que estaban encima de las montañas; y que ellas los llevaban muy lejos; tal vez a esas tierras, que sus abuelos querían conocer. La tierra de sus ancestros.

Anochecía, cuando ya estaba llegando a su pueblo. Después de 12 horas de viaje desde Cochabamba; y parecía que estaba despertando de un sueño. Ya acariciaban su mente, los recuerdos de su casa, y la imagen de padres y hermanos.

Ahora, sólo deseaba con ansias, llegar a casa. Para abrazar a sus padres, y contarle, todo lo que había vivido en esos días maravillosos de vacaciones. Habían pasado sólo dos meses desde que Juancito partió ese ida de su casa; pero a él, le parecía, que había estado ausente varios años.

Y cuando al fin se detuvo el ómnibus, en la terminal de Santa Cruz; todos los pasajeros comenzaron a bajar apresuradamente. Juancito, no menos apurado, agarró sus bolsos, y bajo también. Y siguiendo los impulsos de su corazón, se dirigió corriendo a su casa.

Ya, cerca de la puerta, -comenzó a gritar: -¡mamá!, -¡papá!; -he llegado. Soy, -yo, Juancito. Todos al escucharlo; salieron de la casa a su encuentro. Y lo abrazaron y lo besa-ron por un rato.

Por fin, cuando todo se calmó, y estuvieron dentro de la casa; -su madre le preguntó: y...-¿Cómo te ha ido hijo?. -Bien, muy bien mamá. Le contesta Juancito. Todos, por allí, me han tratado bárbaro. Sólo extrañándolos. Luego empieza a contarles...un resumen.

-Gracias a Dios, que has llegado bien. Dice su madre. Sí, dice Juancito. Le doy la gracias a Dios porque él estuvo siempre acompañándome. Y te doy la gracias a ti madre, por-que sé que él escuchó tus oraciones. También te doy las gracias a vos papá, por haberme dejado ir, y así pude conocer a mi otro hermano, y a toda tu familia maravillosa.

Aquella noche, Juancito volvería a soñar... tal vez en su próximo viaje; pero mañana lo esperaba la realidad. La vida diaria, los amigos, la escuela, el estudio. Pronto empezarían las clases, y él tendría mucho que contar, y por eso se durmió feliz. Mientras, su padre y su madre lo despedían con un beso...

-¡Buenas noches!, felices sueños...hijo.
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