Sin nadie querido, á quién dedicar éste libro, en éste momento especial; porque mis seres queridos y mis amigos, ya recibieron de mí éste honor. Por esta razón, sintiéndome libre de cualquier otro compromiso, decidí dedicárselo: -a los niños a los niños de todo el mundo






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títuloSin nadie querido, á quién dedicar éste libro, en éste momento especial; porque mis seres queridos y mis amigos, ya recibieron de mí éste honor. Por esta razón, sintiéndome libre de cualquier otro compromiso, decidí dedicárselo: -a los niños a los niños de todo el mundo
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LAS ANDANZAS DE LOS DOS AMIGOS

(Cuento Infantil)

Había una vez... dos amigos: un gato y un perro; el perro se llamaba Tom y era un perro manto negro, muy manso y cariñoso, el gato se llamaba Pirulín, y también era muy lindo y gracioso, y de color café claro.

Ellos vivían en la casa de una familia muy pobre y buena; pero ambos eran muy felices con sus amos, porque eran muy libres, en esa casa; ya que ellos no tenían horario que cumplir; ni obligaciones que atender; salvo, cuidar la casa o acompañar a sus amos, cuando estos iban a pasear; y cuando no los sacaban, ellos disfrutaban solos, -corriendo por el campo.

Hasta ese día las cosas iban muy bien, a no ser porque esa noche, después de cenar. Pirulí escuchó una extraña conversación de sus amos; en la que la señora se quejaba, y le decía a su marido:

-José, te quiero decir que ya no nos quedan provisiones; y que nos queda muy poco, para comer; muy poca carne; y pocos víveres; así, que te quiero proponer, que nos deshagamos de nuestras mascotas; para que ellos no sufran con nosotros.

Esta bien, -le contesta José. No deshagamos primero del gato y después del perro. Mañana mismo, nos desharemos primero de uno.

Esto escuchaba el gato por la ventana, desde el lado de afuera; y al escucharlo, Pirulín se asustó, y salió corriendo a contárselo a Tom; mientras pensaba, -se refieren a nosotros; -nos quieren matar, y comernos; y sin poder esperar más se fue en busca de Tom, para contarle, -las últimas novedades.

Lo que no escuchó Pirulin de la conversación es lo que sigue: -si María, eso mismo yo estaba pensando; en que debemos regalar estos animales, si no podemos darles de comer; es lo mejor para ellos y para nosotros.

Dicho esto, María y José se acostaron, sin saber que su conversación había sido escuchada, y mal interpretada por nuestros amigos.

Al poco rato, Pirulin encontró a Tom, y le contó todo lo que había escuchado; no sin agregarle algo más, con lo que Tom quedó asustado y convencido.

Y afligido, -le dice a Pirulin. Si!, si es así; -tenemos que irnos cuanto antes, de la casa.

Saldremos esta misma noche, cuando ellos duerman; sino, mañana cocinaran a alguno de nosotros.

Si, responde Pirulin; yo también lo había pensado. Prepararemos nuestras bolsas y nos iremos en cuanto amanezca. Y así lo hicieron: y en cuanto amaneció, nuestros amigos salieron muy silenciosos y se alejaron de la casa; llevando su equipaje apoyado en el hombro sobre una caña.

Cuando el sol los alcanzó, ya estaban muy le-jos de allá; ambos llevaban, una bolsa con algo de comida, que habían encontrado en la casa en los tarros de basura, y también algo de ropa.

Iban muy contentos por el camino, cantando y marchando; soñando tal vés, con las aventuras que les esperaban, en ese viaje, a un mundo desconocido.

Era cerca del medio día, cuando llegaron a una zona casi desértica, con pocos árboles y la tierra humeante; -¡de pronto!, -en medio del camino, vieron una osamenta, que seguro parecía de algún animal muy grande; miraron bien, y eran las de un tigre; -un tigre que algún cazador lo había matado, y se había llevado sólo el cuero; y había dejado la cabeza y los huesos.

De pronto -al gato se le ocurrió una idea, y le dice a Tom...-¡Tom!, es necesario que guardemos la cabeza del tigre en tu bolsa, como pasaporte para pasar el bosque.

-esta bien; -exclamó Tom, -respondiéndole. Y acto seguido, guardaron la cabeza del Tigre, y luego siguieron su camino.

Y cuando estaban saliendo del desierto, se encontraron en el camino, con un tigre de verdad; -que les cortaba el paso.

-Un tigre cojo, que parecía muy canchero.

Y el tigre, los saludo -así:

-Buenos días!, -señores caminantes. Les dice el tigre. Acercándoseles, cada vez más a nuestros amigos.

-¡buenos día!, -les respondieron ellos inmediatamente.

Ambos, muy asustados, pero sin poder escapar de allí; decidieron enfrentar la situación, -como lo habían pensado antes.

-Como están ustedes?- les dice nuevamente el tigre.

-Muy bien!. Le responden ellos, -a coro.

-Qué hacen por acá?. -Les pregunta el tigre.

Estamos de paseo y en busca de una zona donde cazar, le responde Pirulin. Y agrega. Pues, somos expertos cazadores, -le dice. Y contamos con un arma secreta.

No me digan, -les contesta el tigre.

Totalmente incrédulo, y en tono de burla les dice. -Sí.

¡Si!, -le dice nuevamente el perro. Queriendo acompañar a Pirulin en su afirmación.

Y que es lo que cazan?. -les pregunta nueva-mente el tigre.

Y Pirulin, más astuto y oportuno, se apresura a responderle.

-Somos cazadores de tigres, le dice.

Y necesitamos que Ud. nos informe, en donde podamos encontrar mucha caza; y, a cambio de eso, haremos como si no lo hemos visto.

-¡Que bien!, -les dice el tigre. Y enojado por la situación, se aprestaba a tirarles un zarpazo.

Cuando entonces, -Pirulin; -viendo la incredulidad del tigre, y lo enojado que estaba; -le dice: aquí, en nuestras bolsas, traemos algunas muestras. Quizás, Ud. quisiera verlas -Sr. tigre.

-¡Si!, quiero verlas. Les dice el tigre; -Ya, fuera de sí. Y furioso.

-A ver, -veamos, que es lo que traen en esa bolsa.

Y acto seguido. Tom, mete las manos y saca una inmensa cabeza de Tigre, de la bolsa. Y se la muestra, a lo que el pobre tigre, sorprendido y asustado, -exclama: -¡Oh!, -¡oh!, no lo puedo creer, -es verdad...

-Son Uds. cazadores.

Aprovechándose de la situación, Pirulin, le di-ce a Tom; Muéstrale otras más; a lo que Tom, como queriendo confirmar lo que acaba de mostrar. Mete las manos a la bolsa nuevamente y saca otra cabeza, de tigre.

Y hace esto, -una y otra vez. Pero ya el pobre tigre asustado; no veía con tranquilidad; y no se percataba, que ellos les mostraban, la mismas cabeza, una y otra vez. Guardándola y sacándola una y otra ves.

Esta bien, -les dice el tigre. Si quieren cazar muchos tigres, vayan por allá. -Les dice, apuntándoles una dirección cualquiera del bosque.

Pero queriendo despistar, -a nuestros audaces cazadores; -les

decía:

-Si, sí; -sigan por allí; y encontraran todos los que quieran cazar.

Indicándoles siempre, hacia el lado contrario, al que él iba.

Bueno, -muchachos; les dice, el tigre.

-Me alegra mucho haberlos conocido, y les agradezco que me dejen ir; porque ahora me acuerdo que tengo algo que hacer y estoy muy apurado.

Otro día, me contaran sus hazañas... Así que, -adiós.

Chau, chau...gracias, -les dijo. Y así, ellos se despidieron del tigre cojo.

Ellos, más adelante; emprendieron el viaje, siguiendo para el lado contrario al que les indicó el tigre; pensando de esta manera podrían librarse de ellos. Pero sin saber, ellos, que tomaron la misma ruta que el tigre, que había hecho un rodeo para despistar a los cazadores.

Y así, llegaron hasta lo más profundo del bos-que. Y viendo que la oscuridad se aproximaba, se apresuraron a buscar un lugar donde pasar la noche.

Así, encontraron un árbol muy grande y copo-so; que estaba orillas de un gran claro, en medio del bosque. Y decidieron subirse a el.

Poco a poco, emprendieron el ascenso, pues, a Tom le costaba

mucho, a pesar de la cantidad de ramas, y de que lo ayudaba Pirulin.

Al fin, llegaron a la copa del árbol; y se acomodaron, dispuestos a pasar la noche.

Cerca de la media noche, empezó a verse la luna; y se podía divisar a lo lejos, -el paisaje y el trajinar de algunos animales nocturnos.

De pronto se escucharon algunos rugidos, que hacía temblar hasta la copa del árbol, en que ellos estaban; y se despertaron; a tiempo para ver, como llegaban de todas partes: -muchos tigres, ...de toda clase y tamaño.

-¡Y de pronto!, -algo inesperado. Increíble..., -les pareció ver en el lugar, un conocido; -¡el tigre cojo!;

aquel tigre, que ellos habían encontrado en su camino; y que creyeron despistar.

Y él, era el que los recibía a los demás, y al que saludaban todos; tal parecía que era él; -el que los había convocado.

-Pues, pronto; cuando estuvieron todos reunidos; él, empezó a hablar:

-Queridos hermanos, -les decía. Los he convocado a esta reunión, para advertirles y contarles que andan por el bosque unos expertos cazadores de tigre; y que son muy peligrosos, porque tienen un arma secreta; y por lo tanto, todos deben tener mucho cuidado cuando se enfrenten con ellos.

Yo los convoqué para decirles esto; y para contarles que ví, la colección de cabezas de tigre que ellos tienen.

También, para que entre todos: -hagamos un plan para defenderemos. Así que les pido, mientras tanto que no anden solos. Anden con cuidado y en grupo.

Toda esta conversación, se estaba llevando a cabo, abajo en la pascana de los tigres. Mientras nuestros amigos. Al escucharlos; -allá arriba; mantenían acaloradamente la suya propia.

Tengo ganas de mear le decía, Tom a Pirulin. No puedes hacerlo ahora; -aguántate. No puedo más, decía de nuevo. Tenés que aguantar. No puedo, gritaba Tom. -¡Cállate!, o nos oirán y correremos peligro.

Y Tom se callaba, -un rato; y al poco tiempo, volvía a insistir. Ya no aguanto más, -le decía a Pirulin. Aguantá, aguantá, -le decía, este.

Y viendo, que Tom, ya no iba a poder aguantar mucho tiempo; le dice: sabes que tienes que hacer, -si quieres orinar. Acuéstate de espaldas y orina sobre tu lana; así, ellos no nos sentirán.

Si, esta bien le dice Tom; lo haré así. Y dicho esto, se acostó de espaldas y orinó.

Pero cuando se quiere dar la vuelta, de nuevo....; resbala y empieza a caer. Es, entonces que los ven los tigres. Y el tigre cojo les gritaba; -corran amigos son los señores cazadores.

Mientras Pirulin le gritaba a Tom, que venía cayendo de rama en rama: -¡Al cojo primero!...-¡al cojo primero!. -Corran, corran... gritaba el cojo sálvese quien pueda.

Y todos los tigres comenzaron a huir y a disparar para todos lados, ante el alboroto que armo Tom. Que, cuando llegó al suelo, ya no quedaba ninguno de los tigres. Salvo, algo de carne que algunos habían dejado en su desesperada huida.

Pirulin, aún arriba; al ver que no había que-dado ninguno de los tigres, bajó pronto. Y, fue a ayudar a levantar a su amigo. Ambos, después de comer algo apresuradamente; deciden irse de ahí, inmediatamente. Antes que los tigres reaccionen y vuelvan a buscarlos.

Amanecía, cuando llegan hasta la orilla de un río; allí, toman algo de agua; y luego deciden cruzarlo. Para poder escapar, de los peligrosos tigres.

Para ello, arrojan al agua, un tronco, bien grueso y grande que se hallaba a la orilla del río, para hacerlo como una balsa, y se suben a el. Y es de esta forma, que ellos piensan cruzar al otro lado del río; pero cuando estaban llegando al medio de la corriente; esta se hace cada vez más fuerte, y los empieza a arrastrar; y ambos, quedan allí, merced a ella, sin poder defenderse.

Los dos amigos, son arrastrados rápidamente por la corriente río abajo, durante varias horas; y desde allí gritaban pidiendo auxilio, pero nadie los escuchaba: miau...miauu, maullaba Chilin; guau, guauu ladraba

Tom; hasta que por fin, alguien los divisa; y viéndolos en apuros, y que van a la deriva; -les tira una cuerda.

De esta forma, ambos se salvan de morir aho-gados. Era un cazador, que ese día, andaba pescan-do en el río; pero cuando los recoge, los reconoce, y les dice: Uds. son, el perro y el gato que Andrés y Simona, habían perdido. Así, -que los llevaré a su casa.

Y sin mediar respuesta, el cazador los lleva amarrados, a ambos de la misma cuerda, con que los había salvados. Ellos no sabían que hacer, pensaban que había llegado su fin. Pero al llegar a su casa grande fue su sorpresa, por la alegría con que los recibieron sus amos.

Sólo se dieron cuenta de que era verdad, cuando los oyeron decir: -¡los queremos!, -¡los hemos extrañados!. Pensábamos regalarlos, pero ahora, no nos separemos más.

Luego, ambos después de sentirse a salvo, le muestran su cariño a sus amos; Tom los lame por todos lados, y Pirulin, se balancea rozándolos, para mostrarles su afecto. Luego ellos comienzan a correr como locos por toda la casa, llenos de alegría y felicidad por sentirse a salvo, después de tanto peligro que habían vívido.

CAPITULO V I I

El tío Julián, también había escuchado que Juancito quería ir a La Paz, para reunirse con su hermano: Así, que antes de despedirse -le dió una fuerte suma de dinero, para ayudarlo a que comprara su pasaje en avión. Y le dijo:- toma esto es para vos. Pero no dejes de escribirnos cuando vuelvas a tu casa.

Y así llegó el día que Juancito debía seguir su viaje, y todos fueron a despedirlo. Todos le llevaron alguna carta, y algún regalo, de recuerdo. El subió al avión muy triste; y, levantando sus manos les dijo adiós... y, ... gracias...a todos.

Era su primer viaje en avión y fue muy apasionante, pues hubo turbulencias que no pasaron a mayores porque el día estaba espléndido. Y desde el avión Juancito vio a aque-llos ríos impetuosos que parecían hilos de seda que colgaban de las montañas nevadas. Y al ir llegando a la ciudad de La Paz, pudo ver una gran montaña nevada, majestuosa; -que lo aguardaba, como una gran señora erguida de pies, con sus senos descubiertos, y como queriendo amamantarlo. -¡es el Illimani!, -¡gritaron algunos!; y todos miraron para allí...

A los pocos minutos, descendieron, en el aeropuerto de el alto de La Paz, a cuatro mil metros sobre el nivel del mar.

Desde el aeropuerto, tomó un microbús para ir a la ciudad; y en el camino, desde allí arriba; él podía ver la gran meseta de la cordillera de los Andes; como una gran planicie, sin limite; que se extiende hacia el oeste, de norte a sur. Hacia el noreste, pudo ver a lo lejos, la gran montaña del Illimani, -en un cuadro espectacular.

Anochecía, cuando ellos bajaban del aeropuerto del alto de La Paz a la ciudad, en un pequeño ómnibus a gran velocidad; pronto llegaron a una cuesta de descenso en forma de espiral, que los llevaría de los cuatro mil metros sobre el nivel del mar, a los tres mil metros, en el centro de la ciu-dad. Bajando desde la montaña;

a Juancito le parecía que aquella ciudad, estaba más cerca del cielo, pues las estrellas se veían más grandes y brillantes; Y, viendo como las luces encendidas de la ciudad, se confundían con el cielo. A Juancito le parecía desde allí, -¡ver dos cielos! ... ¡Uno arriba!... ¡y otro abajo!.

Ya, en el centro de la ciudad de La Paz; y, alojado en un pequeño Hotel, del barrio de Sopocachi; Juancito, había alquilado una pequeña, pero hermosa habitación, para des-cansar del viaje; y para desde ahí, emprender la búsqueda de su hermano y de su tío, al otro día; Y que gracias al dinero que le habían dado sus familiares en el Benin; él, ahora se sentía muy rico.
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