Apareció en escena por primera vez en la Atenas del siglo V, los personajes y el argumento que en ella aparecían debieron resultar casi seguro muy familiares






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Lesky, en su Historia de la Literatura Griega citada en la Bibliografía, destaca que el problema de la culpa hereditaria que persigue al personaje de Edipo durante toda la obra no es un ejemplo moral, porque el error de Edipo no atañe a la moral. Lesky mantiene que Edipo no se nos presenta culpable por lo sucedido en la encrucijada (puesto que él ignoraba realmente a quién se estaba enfrentando); ni tampoco es culpable por su pensamiento que yerra continuamente al examinar las noticias que le van dando. Concluye que Edipo Rey no puede ser interpretado como "el drama del destino", y, lo que es más importante, tampoco se puede analizar así la Tragedia Griega. La razón es que, en contra de los estereotipos, el héroe es causante directo de su destino, "él va a su encuentro".

Ahora bien, el personaje de Edipo es una de las figuras más grande de "lo trágico", debido a tres motivos: a que va "altivamente, activamente" en busca de su destino, que no es otro que la Verdad; a que la búsqueda que realiza es una búsqueda "ansiosa" y a que posee una "capacidad vehemente de sufrimiento": la frase ya citada en este trabajo de "a mí también me horroriza el escucharlo; sin embargo, es preciso que lo oiga" muestra su destino y su temple magnánimo.

En cuanto a si Edipo es o no lo que hoy llamamos un auténtico "personaje", desgajado del tema primitivo del Mito, o si es un trasunto mitológico y psicológico, la crítica moderna observa limitaciones graves como la del aislamiento del único personaje, el cual sólo ofrecería una "forma estática del pathos, no permitiendo el juego escénico, y, por lo tanto, el desarrollo de la hondura psicológica". Lesky niega que se trate tan sólo de caracteres, en el sentido de la psicología moderna; los de Sófocles no son del todo personajes al modo de hoy, pero sí fue un mérito de Sófocles dotarles de grandes "rasgos esenciales en torno a un núcleo sólido" y hacerles "libres de lo fortuito y meramente individuales". En Edipo el autor da relieve a un hombre noble, de voluntad inflexible y le opone en la acción personajes que adaptándose a la vida están dispuestos a evitar el riesgo y a pactar: Yocasta dice en otra cita ya comentada: "lo mejor es ir viviendo al azar" ",

Pero además de expresar con la máxima pureza lo trágico en la historia de la Literatura, el personaje de Edipo, según el propio Lesky, expresa muy bien el fenómeno del placer trágico y cita para ello el epigrama de Hölderlin que dedicó a Sófocles, en el que recoge esta idea: "Más de uno intentó en vano decir lo más alegre con alegría. / Aquí lo encuentro expresado por fin con el dolor". ¿De dónde provienen estos sentimientos de sosiego o casi de alegría después de leer la representación de Edipo? Lesky lo achaca a que la obra expresa un gran orden perdurable más allá del cambio de las cosas y de los sufrimientos. Esta enseñanza ideológica está recogida en el canto del coro del v.684 sobre las leyes divinas y eternas: los poderes divinos ejercen su gobierno de manera terrible y de forma inaccesible al pensamiento humano, pero siempre de manera legítima y digna de veneración: al final no hay nada que no sea de Zeus. Lesky atribuye esta ideología de Sófocles a su interés por expresar la repulsa que siente hacia la Sofística en sus ataques a todo lo que santificaba la tradición.

La concepción de Sófocles sobre el mundo es una concepción profundamente religiosa; en su teatro el hombre está en constante coloquio con la divinidad, por medio de los oráculos y de los adivinos: hay un contraste inconciliable entre los designios humanos y el gobierno divino: Da el testimonio de un gran orden del mundo impenetrable para el hombre, que se manifiesta en la destrucción del individuo; pero esto no nos transmite del todo tristeza por lo que ya ha sido mencionado. En este mundo no hay aún una secularización de la tragedia vinculada al culto, como más tarde ocurrirá con Eurípides: los dioses están en un primer plano como gobernantes de los hombres.

Para Lucas de Dios, en su introducción de Alianza, Sófocles se encuentra a medio camino entre la concepción heroica tradicional, cuyo ideal está lejos de una visión del todo humana, y la postura racionalista de la Sofística. Sófocles propugna un nuevo tipo de ideal humano: el héroe es una mezcla de sufrimiento y error, un tipo de héroe más humanizado, y aunque abandona el esquema tradicional y aristocrático del hombre, conserva de él algo: la división esencial entre los hombres, pero, eso sí, no ya una división según la clase, sino según el carácter. Tampoco pretende Sófocles ningún fin moralizador en el sentido de determinar la posible culpabilidad o inocencia de Edipo: "lo que debate (y esto a niveles de grandiosidad trágica) es el enfrentamiento entre las leyes divinas y la naturaleza heroica de Edipo: de un lado la voluntad divina ha puesto proa contra Edipo, y éste a pesar de sus esfuerzos o grandezas por rehuirla, tiene que caer."

En cuanto a su pensamiento político, lo esencial de Sófocles no es el individuo frente al Estado, sino lo individual, lo religioso y lo familiar. De un lado, comulga con una serie de ideas de la nueva democracia (el esquema democrático propuesto por Pericles, como la tendencia igualitaria, el mantenimiento de unos principios morales y respeto a los demás), y, por otro lado, posee un matiz antidemocrático: la ciudad debe someterse a la ley divina, a lo que está establecido por los dioses: un rechazo a la democracia radical.

Por su parte, Benavente Barreda destaca en la obra de Sófocles lo que él llama un "pesimismo de la experiencia": el griego ha superado la visión pesimista de la vida gracias a la fuerza interior del espíritu; así, al resaltar el horror humano no es pesimista sino realista. Sófocles enfrenta la esfera de lo divino y lo humano, y en Edipo el personaje no es más que un hombre que sufre sin saber por qué. Todo procede de la mano de Zeus, sí, pero el sentido de este proceder no está claro para el hombre: ahí reside sobre todo la intuición y madurez de Sófocles. Por último, el héroe sofocleo es de una gran nobleza, una excelencia que le lleva a oponerse a las cosas: esta es la causa de su dolor y angustia; el héroe es inflexible en su obrar y no retrocede; pero esto no quiere decir que la acción humana esté en Sófocles determinada por la voluntad divina, que no exista libertad en los mortales. Lo que ocurre es que la esfera de los hombres está subordinada a la de los inmortales: los que no acatan las leyes escritas de los dioses reciben su castigo.

Para finalizar, fijémonos brevemente en una expresión de la psicología moderna que es ya de dominio común: el llamado "complejo de Edipo".

Fue Sigmund Freud quien acuñó esta expresión, utilizando para sus fines el nombre del personaje central de la obra que acabamos de comentar. Desde entonces son muchos los autores que se han preguntado si esta expresión freudiana es o no apropiada al núcleo de la historia que la Literatura Griega nos ha transmitido bajo el nombre de Edipo.

En la obra citada en la Bibliografía, Freud atribuye el nombre de "complejo de Edipo" a toda una construcción psíquica cuya característica principal es el aspecto sexual del niño en determinada fase de su crecimiento, al proyectar el sujeto infantil sus deseos sexuales sobre las personas más próximamente afines a él. Freud cita explícitamente el Mito griego y en concreto la obra de Edipo Rey para ilustrar sus tesis de que los deseos incestuosos son una primitiva herencia humana y de que el mito griego debió tener esta misma significación.

Recuerda José Vara que en la interpretación sexual de este mito por parte de Freud influyeron especialmente las palabras que le dirige Yocasta a Edipo sobre el asunto de acostarse en sueños con la madre. Pero este tema se describe antes que en Sófocles, en las Historias de Herodoto, y después en Platón y en Pausanias. En todos estos pasajes se habla de los deseos que se despiertan cuando la parte racional duerme en los sueños. También con este tema de fondo, Lucas de Dios comenta que el "complejo de Edipo" de Freíd explicaría la emoción y el sobrecogimiento que sentimos en esta obra: se trataría de una reacción psíquica que se produce porque uno se ve reflejado en el personaje mítico con esta tendencia general infantil de tener como primer objeto de nuestro impulso sexual a la madre, y del odio a nuestro padre. Sin embargo, casi todos los críticos coinciden en señalar que el núcleo de la historia que describe la mitología no se adapta al significado que le da Freud en su expresión. El principal motivo que citan es que en la leyenda clásica no hay ninguna alusión consciente o inconsciente al deseo del héroe hacia su madre. Como en los otros casos, Edipo desconoce la verdadera naturaleza de las cosas: su responsabilidad es sólo de hecho.

  • Películas: - Edipo, hijo de la fortuna, Passolini.

    • Blade Runner, Ridley Scout.

    • Desafío Total, Paul Verhoeven.

SÓFOCLES

a. La vida de Sófocles. Relaciones de Sófocles con el público ateniense. Participación activa de Sófocles en la administración y política del estado ateniense. Premios.

Según el Mármol de Paros, podemos situar el nacimiento de Sófocles hacia el año 497/6, unos 25 años más joven que Esquilo. Pertenecía a una de las familias más distinguidas de Atenas ( la Vita de Eurípides habla de la educación gimnástica y musical del joven). Su vida está inmersa en la de su ciudad, participando en las actividades políticas, siendo por lo menos una vez estratego en la guerra de Samos, y otra administrador de los fondos públicos, pero su actitud política está carente de partidismos, según se puede deducir. A diferencia de otros hombres de letras de su época, residió siempre en Atenas y solo abandonó la ciudad cuando tenia que prestarle un servicio público. Vivió la época de máximo esplendor ático, pero también el comienzo de los peligros que desde dentro y fuera amenazaban la estabilidad y supremacía ateniense: la política imperialista ateniense creó el descontento entre los miembros de la Confederación Ática, y además la rivalidad espartana por la hegemonía les llevaría al enfrentamiento en la guerra del Peloponeso.

Sobre la fecha de su muerte, haciendo caso a la Vita de Eurípides, cuando en 405 a.C. Aristófanes representó Las Ranas, Sófocles ya había muerto.

En cuanto a sus relaciones con el público ateniense, Sófocles ganó rápidamente y logró  mantener siempre su favor. En su juventud recitó personalmente y de sus participaciones en la escena quedaron en el recuerdo de los atenienses su habilidad para tocar la cítara en el papel de Támiris y su danza de la pelota en Nausícaa. Pronto abandonó la actuación, seguramente por las exigencias del arte de actor.

Sobre su participación en la política ateniense como estratego, Sófocles no fue nunca un hombre de armas, no mostró perspicacia ni energía en los asuntos del Estado, sino que más bien actuó como cualquier honrado ateniense del montón. Más importante fue su actividad en la comisión de finanzas del Estado, al ser nombrado como helenotamia (magistrado financiero) y contribuir en las reformas tributarias acontecidas en la Liga marítima del Ática, en el año 443/2a.C.

La lista epigráfica de los triunfadores en las Dionisias registra 18 triunfos de Sófocles. El hecho de que la Suda (Léxico de la Antigüedad que data del siglo X ) mencione 24 y la Vita cite 20 se debe a que la primera incluye los triunfos en las Leneas (Fiestas del Lagar en honor de Dioniso -enero- ). Nunca ocupó el tercer puesto en el Agón.

b. La obra de Sófocles. Estudio de las obras más famosas: Antígona, Edipo rey.

Los eruditos alejandrinos atribuían a Sófocles un total de 123 o 130 obras pero en realidad solo son seguros 114 títulos de los cuales solo se conservan  7 dramas, al igual que en Esquilo, más un drama satírico. Poco sabemos de su Triptólemo, una de las obras premiadas por el arconte Cimón en 468a. C. Como innovaciones en la técnica de la tragedia se le atribuyen el aumento del número de miembros del coro, que pasa de 12 a 15, así como la introducción del tercer actor, con lo que aumenta la acción y pierden protagonismo los coros. También se le atribuye la introducción de la escenografía, aunque no sea una información segura; lo que sí es cierto es que abandona la estructura de la trilogía y escribe piezas de contenido independiente, en las cuales los protagonistas individuales se convierten en el tema central.

Las siete obras que se conservan son: Ayax, Antígona, Traquinias, Edipo Rey, Electra, Filoctetes y Edipo en Colona.(citadas cronológicamente).

Antígona es la segunda en antigüedad de las conservadas y su representación pudo tener lugar hacia el 442 a.C. Su tema es muy conocido, se remonta al ciclo tebano y narra cómo una vez muertos los hijos de Edipo, Eteocles y Polinices, en lucha fratricida, su tío y nuevo señor de la ciudad, Creonte, prohibe enterrar el cadáver de Polinices, que había venido contra la patria, y que sea presa de perros y aves. Pero Antígona, una de sus hermanas, se enfrenta al tirano, ya que su hermana Ismene no se atreve, y cuando intenta cubrir el cadáver es apresada por la guardia de Creonte, quien intenta convencerla para que cese en su empeño sin conseguirlo, pues sus posturas son irreconciliables ( aquella defiende las leyes no escritas agrafoi nomoi de los dioses, mientras éste las leyes escritas grafoi nomoi de los hombres ). Creonte condena a Antígona a ser enterrada viva en una tumba de piedra. El hijo de Creonte, Hemón, prometido con Antígona intenta persuadir a su padre pero éste hace prevalecer la ley del Estado haciendo cumplir la sentencia. Cuando Creonte se arrepiente y decide liberar a Antígona es tarde, y ambos amantes han muerto en la tumba, ella ahorcada y él matándose con su espada. La esposa del rey, Eurídice, también se da muerte al enterarse de los acontecimientos. Creonte queda solo y la obra termina con su lamento y la reflexión final del coro recomendando la moderación y el no oponerse a las leyes divinas.

Edipo Rey debió ser representada hacia el 425a.C. y es el núcleo de la creación trágica de Sófocles, siendo irreprochable su estructura dramática. El tema está tomado también del ciclo tebano y se centra en el descubrimiento de la causa de la peste que asola a Tebas y que Edipo, rey de la ciudad, se compromete a descubrir y poner remedio. Toda la obra es el desarrollo del proceso que conduce al descubrimiento de ese enigma que, trágicamente, desvela a Edipo su propio enigma: él es el causante de la peste, pues lleva consigo la terrible mancha del parricidio y el incesto. Al descubrir la verdad, Edipo se precipita dentro de palacio, encuentra a Yocasta, madre y esposa, ahorcada, y se saca los ojos al no poder soportar la visión de lo que ha hecho. Ciego ya, se despide de sus hijas partiendo al destierro y liberando así a Tebas de otros posibles males bajo su mandato. La obra concluye con palabras del coro mostrando el ejemplo de Edipo, que había conseguido la cumbre en el poder y caído en desgracia, para que nadie se considere feliz hasta el último día de su vida.

Se nos muestra aquí la antítesis entre el obrar humano y la voluntad inescrutable de los poderes superiores. Pero en esa oposición es donde el ser humano puede alcanzar su mayor grandeza al oponerse a ese destino ciego ante el que no se rinde. Esta lucha puede llevar al hombre al sufrimiento y a la muerte, pero aquí es donde encuentra precisamente su valor moral. Ante la existencia caben dos actitudes: la del conformista, que se rinde ante las dificultades, y la del héroe, que se rebela y sigue su camino hasta el final.

c. La ideología de Sófocles. Sófocles y la democracia ateniense. El humanismo heroico de Sófocles.

La afirmación más típica de la ideología sofóclea es: “la felicidad humana consiste en pasar la vida sin haber experimentado el dolor de la desgracia”; así, hay que dar un sentido positivo a los valores sostenidos por los personajes que en la escena no sufren desgracias (Creonte, Tiresias...), y un sentido negativo a los héroes que son objeto de la desgracia trágica (Edipo, Yocasta...). No obstante esta idea va cambiando según los personajes a que se la apliquemos, pues el hombre puede afrontar el poder divino de tres formas : poniéndose en contra (Creonte), defendiéndolo a ultranza (Tiresias) o de negación velada (Edipo).

El héroe de Sófocles es un ser pasional; monolítico, intransigente, inflexible ante la existencia, obediente a un deber superior que se ha creado él mismo para superarse. El amor humano le es extraño. Presenta un teatro grandilocuente, cuyos protagonistas suscitan admiración, pero nos hacen difícil la identificación con ellos yendo siempre al límite de sí mismos. En Sófocles sorprende su pesimismo existencial, pues destaca la debilidad de la condición humana, al tiempo que subraya la belleza de la lucha del hombre que se resiste a su destino.

Por otro lado la tragedia sofoclea nos muestra que el poder, y su concepción, debe ser lo suficientemente coherente - es el espíritu de la democracia ateniense - como para que sus decisiones no choquen ni con las leyes no escritas ( las que se tienen por costumbre), ni con el consenso de los ciudadanos, ni con el código oficial de las leyes divinas.

Rasgos del humanismo heroico son: enfrentamiento con el destino, desfallecimiento momentáneo ante la muerte, participación activa en los acontecimientos por trágicos que sean, soledad ante la familia, actuación conforme a la naturaleza.

d. El estilo de Sófocles.

Como se ha citado ya, Sófocles introdujo el tercer actor en la tragedia y dio mayor naturalidad a su narrativa. Amplió el número de coreutas  de 12 a 15 y redujo el papel del coro a unas intervenciones fijas más uniformes. Pero su mayor innovación se refiere a la concepción de la tragedia como un todo y no como parte de una trilogía.

La estilística de Sófocles muestra algunos rasgos muy utilizados por el poeta, tales como anáforas y aliteraciones (entre ellas destaca el verso: tufloV ta t   wta ton te noun ta t   ommat ei) Edipo Rey  371.

Con todo, es en el terreno de las imágenes donde más atractiva aparece la dicción de Sófocles. Así, por ejemplo, la ciudad es como un náufrago que sufre el embate de las olas, la ciudad es como una vieja decrépita que se consume, el Hades es ese hombre ávido de lucro que  se enriquece con llantos y gemidos, etc.

Por último decir que el propio Sófocles dice que su estilo sufrió tres etapas en su desarrollo: una primera donde vence el estilo recargado de Esquilo, una segunda en la que se enfrenta a la aspereza y artificiosidad de su propia naturaleza, y la tercera en que consigue la mayor perfección formal ( Edipo).



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