En las “liturgias de semejanza” que reproduce Boswell se invocan a veces otras dos parejas de mártires, junto a Sergio y Baco. Esto en principio no parece






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A. ¿MÁS MÁRTIRES GAYS?

I
En las “liturgias de semejanza” que reproduce Boswell se invocan a veces otras dos parejas de mártires, junto a Sergio y Baco. Esto en principio no parece ofrecer ninguna garantía de que fueran gays, ya que también se invocan a los apóstoles Felipe y Bartolomé basándose sólo en que en Jn aparecen como conocidos y en las listas de los sinópticos se les cita juntos. Sin embargo, creo que el caso de los dos apóstoles habría que ponerlo a parte: su emparejamiento resulta forzado en el marco de estos ritos para poder buscar un precedente de estos “hermanamientos” en el NT. Las otras parejas, si se citan es seguramente porque sí estaban más vinculadas al tipo de amor que celebraban.

II
Una primera pareja la constituyen los SANTOS CIRO Y JUAN (fiesta: 31 de Enero).
La escena nos retrotrae a la persecución de Diocleciano. Ciro, médico alejandrino, y Juan de Edesa buscaron refugio en un monasterio del Golfo Pérsico, donde se hicieron populares como “anarguirói”, esto es, como terapeutas que no cobraban por sus servicios médicos.

Sabiendo que una mujer de nombre Anastasia y sus tres hijas eran torturadas por la fe en Canopo (Egipto), fueron a animarlas. A resultas de ello, fueron también apresados y cruelmente golpeados; los verdugos les quemaron los costados con antorchas encendidas y echaron sal sobre sus heridas, en presencia de Anastasia y sus hijas, a quienes entre sus tormentos no dejaban de exhortar a perseverar en el Evangelio.

Finalmente, las cuatro mujeres fueron decapitadas, mientras que a Ciro y Juan se les cortó la cabeza, algunos días más tarde, el 31 de enero. Las tradiciones divergen respecto al año: una habla de 292, otra del 303. También hay tradiciones según las cuales uno de ellos (¿Juan?) fue soldado, y se conservan en Roma las que pretenden ser sus reliquias.
Desde una perspectiva homosexual, podría interpretarse que se conocieron y se enamoraron en el monasterio y que desde entonces permanecieron juntos, como una pareja estable. Por lo demás el relato no parece aportar más información sobre su orientación sexual. ¿O sí? Esa profesión (anarguirói) es casualmente la misma que como ahora veremos se atribuye a la otra pareja a menudo citada en estas liturgias – Cosme y Damián -. ¿Estaba vinculada a parejas de varones homosexuales?

III
La posibilidad de que los SANTOS COSME Y DAMIÁN (fiesta: 26 de Septiembre) fueran una pareja gay sin duda escandalizará a quienes conozcan su “historia oficial” que los presenta como hermanos de sangre. La cuestión es si realmente, en principio, eran venerados como hermanos. O si la jerarquía, al no poder dejar caer en el olvido la devoción a los mismos – como hizo con Sergio y Baco – por el fervor que despertaban como patrones frente a las enfermedades, alteró el carácter de su vínculo a fin de hacerlo aceptable para la nueva mentalidad imperante desde el s. XIV. Sinceramente, no he tenido acceso a la historia de la devoción de Cosme y Damián, así que no sabría decir desde cuándo se les venera como “hermanos” en sentido cosanguíneo.
La tradición incluso nos habla de su supuesta madre común, Teodora, residente en Egea (Arabia). Habrían tenido tres hermanos varones de los que hasta se dan los nombres (cosa poco usual si realmente los hubieran tenido…). Desde pronto se entregaron a la medicina como “anarguirói”, gozando de inmensa estima popular. También se dice de ellos que “sanaban las almas”, lo cual puede ser algo más que una referencia a la conversión de los enfermos, sino a que pusieran ya en práctica técnicas psiquiátricas.

De nuevo nos topamos con Diocleciano, quien envió a un tal Lisias a perseguir a los/as cristianos/as de Arabia. Lisias hizo comparecer ante él a Cosme y Damián bajo la acusación de brujería, ellos contestaron que se limitaban a orar a Cristo mientras trataban a sus enfermos. Sabedor Lisias de su popularidad, y de que su ejemplo podía arrastrar a muchos/as, les ofreció cargos si adoraban a los ídolos; en caso contrario, morirían. Podemos imaginar la respuesta de los “hermanos”, a quienes se sentenció a ser arrojados al mar, atados de pies y manos. Pero un ángel rompió las ataduras y quedaron sanos y salvos. Lisias, enfurecido, blasfemó: al punto, dos demonios invisibles empezaron a golpearlo con tal violencia que habría muerto si Cosme y Damián no hubiesen orado por él.

Pero aquello sólo hizo más patente al gobernador la necesidad de liberarse de quienes, con ese acto, casi le convierten. Condenados a la hoguera, ésta se apagó apenas fue encendida. Se recurrió a los dardos, pero éstos se volvían contra quienes los lanzaban. Sólo cuando Cosme y Damián pidieron al Cielo que dejase de obrar tales milagros en su favor pudieron ser decapitados – según la versión oficial, que parece obsesionada por resaltar la cosanguineidad, junto a sus (hasta ahora ausentes) tres hermanos -. Ocurrió en el año 285.

El mundo católico los venera junto a Lucas (Col IV,14) como patrones de médicos y cirujanos/as.
Un apéndice curioso: indagando en el santoral bizantino se ha llegado a la conclusión de que en realidad existieron tres pares de santos llamados Cosme y Damián:

- Los ya citados.

- Otros, que murieron apedreados en Roma entre el 283 y el 285.

- Y otros dos que no sufrieron martirio, y que a mi juicio sí parecen los mejores candidatos de las tres parejas a ser hermanos carnales.

IV
Me gustaría acabar esta reseña con una brevísima reflexión, que se plantea más como una pregunta que como un intento de zanjar el tema. Si ni Ciro y Juan ni Cosme y Damián fueron amantes, ¿por qué se les citaba en las liturgias de unión entre varones? Ya que, a parte de formar pareja en el santoral y haber padecido martirio, lo único que les une es haber ejercido como “anarguirói”. ¿Pero qué sentido podría tener invocarlos en cuanto tales en uniones donde el riesgo de enfermedad veranea no era en absoluto mayor que en una boda heterosexual?


B. OTROS GAYS DEL SANTORAL CATÓLICO-ORTODOXO

I
ELREDO DE RIEVAULX
(12 de Enero)

Elredo vivió entre los años 1109-1166/1167. Hijo de un presbítero casado, se enamoró siendo joven del futuro rey David de Escocia. Éste quiso promocionarle a Obispo, pero él prefirió el hábito cisterciense en la abadía de Yorkshire. Allí fue primero maestro de novicios, ejerciendo su cargo con extraordinaria paciencia y ternura.

En 1146 fue elegido abad del monasterio de Rievaulx (de ahí su nombre, aunque nació en Hexham) y cabeza de la Orden en Inglaterra, lo que le llevó a tener que desplazarse casi de continuo.

Pese a sus molestias físicas, se desplazó también a Francia para el capítulo general del Císter. Y aún misionó entre los paganos de Galloway.

Dio un gran ejemplo en medio de las enfermedades que le asaltaron sus últimos años, manteniendo siempre su talante ascético.

Entre sus obras espirituales destaca el “Speculum Charitatis”. También es recordado como un notable historiador.
Es considerado patrono por algunos colectivos homosexuales episcopalianos.

Su sensibilidad homosexual empapa párrafos como éste, que ofrezco en la lengua quien lo encontré, para quien pueda traducirlo mejor que yo:
No es poco consuelo en esta vida tener alguien con quien te puedes unir en un íntimo cariño y el abrazo de un amor santo, alguien en quien tu espíritu puede descansar, a quien le puedes contar tu vida, a cuyos agradables intercambios, como a canciones calmantes, puedes llevar volando la pena... con cuyos besos espirituales, como con ungüentos de remedio, puedes sacar todo el agotamiento de tus ansiedades sin descanso. Un hombre que puede derramar lágrimas contigo en tus preocupaciones, ser feliz contigo cuando las cosas van bien, buscar contigo las soluciones a tus problemas, a quien con las ataduras de la caridad tu puedes conducir hacia las profundidades de tu corazón;... donde la dulzura del Espíritu fluye entre vosotros, donde tanto te unes a ti mismo y te pegas a él como alma que se mezcla con alma y dos llegan a ser uno.”
También halla particular reflejo en las semblanzas que escribió con motivo de la muerte de su antiguo amante, el rey de Escocia, y a raíz de la de otro monje más joven llamado Simón, hacia quien parece que desarrolló cierta suerte de “amor platónico”.

II
ANSELMO DE AOSTA - o “DE CANTÉRBURY” -.
(21 de Abril)

Anselmo es considerado el padre de la Escolástica. Nacido en Aosta (Italia) en 1033. Resistiéndose a los deseos de su padre, un noble, escapó de casa con lo poco que tenía hacia Francia. Allí profesó como benedictino a los veintisiete años, enamorándose del sabio y dulce abad Lanfranco.

Tras ser éste nombrado arzobispo de Centérbury, y tras gran lucha interior, Anselmo acepta por obediencia sucederle como abad, mostrando a la vez fidelidad a la regla y enorme amabilidad hacia los otros monjes. Querido por todos, empieza ya a mostrar su gran erudición filosófico-teológica, de orientación agustiniana.

Muerto Lanfranco, el Papa le obligó a aceptar sucederle también como arzobispo de Cantérbury y primado de Inglaterra. Allí se opuso con valentía a las intromisiones del rey Guillermo II en los asuntos eclesiásticos, siendo desterrado por ello. Aprovechó para volver a Francia y a sus estudios.

Muerto Guillermo, volvió a Inglaterra, pero Enrique I quiso seguir los pasos de su predecesor, y quiso desterrar de nuevo a Anselmo por sus protestas. El Papa amenazó con excomulgar al soberano, anatema que Anselmo, con sus súplicas, logró evitar para su enemigo. Éste se aplacó ante tal muestra de virtud.

Falleció en 1109. Entre sus obras destaca el “Proslogion”. Partidario del encuentro necesario entre fe y razón, rogaba a Dios “sentir con el corazón lo que toco con el intelecto”. Fue un firme defensor de la Inmaculada Concepción de María. Con el tiempo sería declarado Doctor de la Iglesia.
Anselmo se opuso a la primera legislación contra la “sodomía” en Inglaterra. A parte de Lanfanco, se contaron entre sus “amores platónicos” un pagano llamado Guillermo, y otros dos monjes: Gilberto (que luego fue abad) y Gondulfo. Eso se deduce, al menos, de las cartas que escribió a todos ellos, dignas por su tono de figurar en una antología de la literatura amorosa medieval.
Al abad Lanfranco dedicó pasajes como estos:

Donde quiera que vayas mi amor te seguirá, y donde sea permanecerá mi deseo de abrazarte... ¿Cómo entonces podría olvidarte? El que es impresionado sobre mi corazón como un sello sobre cera, como podría ser quitado de mi memoria? Sin decir una palabra sé que me amas, y sin mi decir una palabra, sé que te amo.”

"Querido amante... dulces a mí, dulcísimo amigo, me son los regalos de tu dulzura, pero ni siquiera pueden comenzar a consolar el querer de tu amor de mi corazón desolado... Pero tú has ganado de nuestra gran separación la compañía de alguien más, a quien amas no menos – o incluso más – que a mí; mientras yo te he perdido, y no hay nadie que te sustituya. Así tú estás disfrutando tu consuelo, mientras nada queda de mí salvo desgarro.”
Y a Guillermo:

No retrases tu tan gran bien, y satisface mi anhelo por ti, para que pueda tenerte por compañero al seguir a Cristo.”
Estos párrafos los escribió a Gondulfo, “alma más amada que mi alma”:

Donde quiera que vayas, mi amor te seguirá; y donde sea, continúa mi deseo de abrazarte.”

A Gondulfo, Anselmo:

No puedo poner más saludos en el encabezamiento de mi carta, porque no puedo decirle más a quien amo. Todos los que conocen a Gondulfo y a Anselmo saben lo que esto significa, y cuánto amor está comprendido en estos dos nombres."
"¿Cómo podría olvidarte? ¿Puede un hombre olvidar a quien está colocado como un sello sobre su corazón? En tu silencio sé que me amas; y tú también, cuando no digo nada, sabes que te amo.


No sólo no dudo de ti, sino que me pregunto si confías en mí. ¿Qué puede decirte mi carta que ya no sepas, tú que eres mi segunda alma? Ve al lugar secreto de tu corazón, mira allí a tu amor por mí, y verás que soy para ti."
”Tú sabías lo mucho que te amo, pero yo no. El que nos ha separado me ha enseñado cuan caro tú me eras. No, yo no sabía antes de sentir tu ausencia lo dulce que era tenerte, lo amargo que es no tenerte. Tenías otro amigo al que has amado tanto o más que a mí para consolarte, pero yo ya no te tengo más a ti - a ti ¿entiendes? - y nada puede remplazarte. Aquellos que se regocijan en tenerte quizá puedan sentirse ofendidos por lo que digo. Ah, yo les dejo que disfruten con su alegría, y me permito llorar por aquél a quien por siempre amo.”

Y a Gilberto:

Hermano Anselmo a Don Gilberto, hermano, amigo, querido amante... Dulces a mí, dulcísimo hermano, me son los regalos de tu dulzura, pero ellos no pueden siquiera empezar a consolar a mi desolado corazón de su ansia de tu amor.”
También se ha visto como un rasgo de su sensibilidad homosexual el que, en sus efusiones místicas, soliese dirigiese a Jesús en términos de “madre”.

III
ALCUINO DE YORK - o “DE TOURS” -
(18,19 o 20 de Mayo según el calendario)

Cuando Alcuino nació en Yorkshire, en torno al 735, Inglaterra era el más importante foco cultural de Europa.

Ingresó en la orden benedictina y fue se educó en York.

El arzobispo de esa ciudad lo envió a Roma. En el viaje coincidió con Carlomagno. Un año después, éste lo llamó a su corte.

Carlos tenía en mente una gran reforma educacional, enmarcada en el Renacimiento Carolingio.

Tras ocho años al frente de la Escuela Palatina, fundada por el emperador, se retiró a Tours, donde fundó la abadía de San Martín.

Sus otros ocho años de vida los consagró a la reforma eclesiástica, manteniéndose firme frente a los intentos de ingerencia por parte de Carlomagno, sin dejar a la vez de ser su amigo fiel. También fundó un colegio y una biblioteca. Falleció en el 804.

Establecía un paralelismo entre las siete artes liberales con los siete Dones del Espíritu, y dio al latín un nuevo esplendor tras siglos de decadencia.

Teólogo agustininiano, combatió el adopcionismo, que aún contaba con numerosos adeptos en España. Fue maestro del más grande teólogo del s. IX (Rabano Mauro). También es recordado en el área filosófica.
Alcuino apodó cariñosamente a varios de sus pupilos en la corte carolingia con nombres de animalillos, inspirándose en las “Églogas” de Virgilio. Es famoso el poema dirigido a “Dafnis”, donde lamenta además la partida de otro joven estudiante a quien llama “Cuco”. Digno de figurar en una antología de poesía homosexual.
Oh cuco, que nos cantaste y volaste,

donde sea tú vagues, en cualquier orilla

te entretienes ahora, todos los hombres presagian tu muerte,

dicen que nuestro cuco no volverá más.

Ah, dejémosle volver otra vez, no debe morir,

dejémosle volver con la primavera que vuelve,

y retraed todas las canciones que él solía cantar.

¿Pero volverá otra vez? No lo sé.

Temo que el negro mar rompa contra su cabeza,

capturado en el remolino, muerte debajo de las olas,

pena para mí, si aquél dios enfermo de vino

lo ha hundido en la profundidad en la que las cosas jóvenes encuentran su tumba

Pero si el vive todavía, seguramente vendrá,

de vuelta al amable nido, desde fieros cuervos.

¿Cuco, qué tomaste del lugar de nidificación?

¿Pero volverá otra vez? Ningún hombre sabe.

Si amas el cante, cuco, entonces vuelve otra vez,

vuelve otra vez, vuelve otra vez, rápido, rezo para que vuelvas.

Cuco, no tardes, date prisa hacia tu hogar otra vez,

Dafnis, que te ama para sí, te añora para sí mismo.

Ahora la primavera está aquí otra vez, despierta de este sueño.

Alcuino, el hombre viejo, piensa mucho en ti.

A través de los verdes prados va el ganado paciendo;

sólo falta el cuco. ¿Dónde está?

Clamad por el cuco, en todas partes invocadlo,

alegre nos dejó, ¿sufrirá al volver?

Dejémosle volver sufriendo, pero si él quisiera volver otra vez,

sí, lloraríamos con él, gemido para su gemido.

A no ser que una roca te aplaste, tú querrás llorar con nosotros.

¿Cómo no te acuerdas de esto mismo?

¿No llorará el padre al hijo que perdió,

hermano por hermano seguirá estando apenado?

Una vez éramos tres, pero con un solo corazón entre nosotros.

Dos atemorizados estamos, ahora que el tercero es ido.

Voló, voló, pero la aflicción permanece;

amargo el lamento, para una cabeza tan querida.

Enviad una canción detrás de él, enviad una canción de tristeza,

canciones traen al cuco a casa, o eso cuentan…

Aún así, sé feliz, donde sea que vagues

recuérdanos a veces, amor; y que te vaya bien.”
Al parecer, también estuvo platónicamente enamorado de un amigo obispo, a quien escribió:

Pienso en su amor y amistad con tal dulce recuerdo, reverendo obispo, que anhelo aquel tiempo encantador en que podía acariciar su cuello dulcemente con los dedos de mi deseo. Desearía tener alas como Habacuc*, para ser transportado hasta usted y hallar lugar entre sus brazos. Cómo cubriría, con labios suavemente apretados, no sólo sus ojos, orejas y boca, sino también cada dedo de manos y pies, y no solamente una vez sino muchas…”.

(*Dan XIV,33-37)

IV
PAULINO DE NOLA
(22 de Junio)

Merodio Poncio Anicio Paulino nació en Burdeos hacia el 335, en el seno de una familia de la aristocracia senatorial. A los veinticinco años desposó a una virtuosa dama de nombre Teresa y origen hispano.

Llamado a altos cargos en la administración del Imperio, entabló amistad con los santos padres Ambrosio, Agustín y Jerónimo; así como con Martín, obispo de Tours. Todos ellos serían luego entusiastas admiradores del género de vida que Paulino abrazaría.

Y le impresionaron fuertemente los milagros de los que fue testigo junto al sepulcro del mártir Félix en Nola (Italia).

Fueron sin embargo la prédica de Delfín, obispo de su ciudad natal, lo que acabó ganándole para la fe cristiana.

Tras el Bautismo se retiró con Teresa a Barcelona, donde ambos empezaron a vivir humildemente y sirviendo a los necesitados. Tuvieron un hijo que vivió tan solo ocho días. Desde entonces ambos esposos hicieron voto de vivir como hermano y hermana.

Era tan famoso por su caridad que el pueblo rogó al obispo de la ciudad lo consagrase presbítero.

Tras la ordenación se desplazó con Teresa a Nola, a un hospicio que siendo gobernador de Campania había hecho construir para los pobres junto a la tumba del bienaventurado Félix. Allí erigió unas celdas y se dispuso a llevar vida eremítica de enorme austeridad con otros hermanos que se le unieron. Todo indica que Teresa formaba parte de esta fraternidad, aunque dormía en un lugar a parte. Con la fortuna que aún estaba a su nombre seguía asintiendo incansablemente a todo tipo de necesidades ajenas.

Aquel género de vida escondida le ganó la admiración del propio Papa Anastasio I, quien lo recibió en Roma con enorme afecto cuando Paulino acudió, como un peregrino más, a celebrar la fiesta del apóstol Pedro. Todos estos reconocimientos causaban gran mortificación a su humildad.

Hacia el 409 – fecha para la que, al parecer, Teresa ya había fallecido – fue elegido por aclamación popular sucesor del difunto obispo de Nola. En nada mitigó su ascesis, y tomó como “palacio episcopal” un hospital a cuyos enfermos cuidaba personalmente.

Al frente de su diócesis siguió “dilapidando” su fortuna en obras de caridad hasta quedar arruinado. Cuando los vándalos sitiaron Nola, y Genserico tomó gran número de esclavos, se ofreció personalmente a ir en lugar del único hijo de una pobre viuda. No se sabe si movidos por tamaña virtud, el rey bárbaro acabó liberando al obispo y a los demás prisioneros.

Pobre y amado por sus fieles, falleció el 431. Nunca abandonó su afición a la poesía – de hecho, es considerado uno de los grandes poetas de su tiempo -, sirviéndose de ella para anunciar a Cristo, cantar al ideal monástico y exponer las vidas de los santos.
El gran amor de Paulino – probablemente, su primer amor - fue uno de sus maestros: el poeta pagano Ausonio. A él dirigió este poema, que ha sido descrito como uno de los más bellos dirigidos por un hombre a otro hombre:
Yo, a través de todas las oportunidades que son dadas a los mortales,

y a través de todos los hados que fueren,

tanto como esta cerrada prisión pueda contenerme,

sí, aunque un mundo nos separe a mí y a ti,

te abrazaré, en cada fibra tejida;

no con los labios contraídos, ni con la cara apartada.

Te tomaré, en mi mente te abrazaré,

instante y presente, tú, en cada sitio.

Sí, cuando la prisión de esta carne esté rota,

y desde la tierra me haya ido por mi camino,

donde sea en el ancho universo permaneceré,

allí te llevaré, como lo hago hoy.

No pienses que al final, cuando mi cuerpo me libere,

rompa mi amor por ti y huya de él;

el alma triunfa sobre su casa en ruinas,

sin muerte, revestida de inmortalidad.

Debe aún guardar sus sentidos y afectos,

sostenerlos tan cuidadosamente como la vida misma hace.

¿Podría ella elegir la muerte? Entonces podría elegir olvidar.

Vivir, recordar, por siempre.”
Ausonio falleció en el 390, un año después del Bautismo de Paulino, quien no volvió a referirse a él en ningún escrito que nos haya llegado. Personalmente creo que el futuro obispo de Nola era bisexual y que amó también realmente a Teresa, pero que tras la muerte de su único hijo se comprometió de acto y pensamiento con el ideal de castidad que empapó su vida.

V
SIMEÓN “EL SIMPLE”
(1 de Julio)

Nació en Emesa (Siria) el 522. En Jerusalem, durante una peregrinación a las que había acudido con su madre, se enamoró de un hombre llamado Juan, y ambos decidieron iniciar una nueva vida a imitación de los muchos monjes que habían visto en Tierra Santa, pero en pareja. Juan estaba casado, pero recibió el permiso de su mujer para partir y así rompieron totalmente con el mundo.

La nueva “pareja” se instaló primero en un monasterio cercano a Jericó, cuyo abad, llamado Nicón, les impuso el hábito y, según todos los indicios, los “desposó” (en la línea de las uniones estudiadas por Boswell). Pero al poco decidieron emigrar y establecerse a orillas del Mar Muerto. Según la tradición, por ansias de una mayor soledad. Sin embargo, es posible que el género de vida que deseaban llevar – retirados del mundo y entregados a la pobreza y a la oración, pero como pareja sentimental – no fuese bien acogido por los otros monjes por chocar con el ideal de castidad monacal, y cabe pensar que si acabaron en un lugar tan remoto y escondido es porque no sólo tampoco fueron aceptados en otras comunidades sino que hasta fueron perseguidos por su “herético” modo de vida.

El caso es que permanecieron entre veintinueve años y treinta años junto al Mar Muerto. Fue un periodo muy intenso para ambos, tanto a nivel ascético como místico. Durante el día oraban en celdas lo bastante separadas para no importunarse mutuamente. Siguiendo la anterior hipótesis, no es descabellado que durante la noche durmiesen juntos y mantuvieran relaciones.

Pasado ese tiempo, Simeón sufrió una profunda crisis espiritual. “¿Y si detrás de esta vida de pobreza y oración no se esconde sino el orgullo, el deseo de ser considerado santo?”, se preguntaba. Y decidió partir de regreso a su ciudad natal.

Juan le rogaba: “No me inflingas esta desdicha. Por amor al Que nos unió: no busques apartarte de tu hermano. Sabes que, después de a Dios, a nadie tengo salvo a ti, mi hermano. A todo renuncié para estar contigo, y quieres dejarme solo en este desierto, como en pleno océano. Recuerda el día en que ante Nicón hicimos voto de no separarnos, cuando nos hicimos una sola alma y todos se asombraban de nuestro amor. No olvides las palabras del abad; no me dejes morir, no vaya a pedirte cuentas Dios de mi vida”.

Pero Simeón ya había tomado una decisión. Tras rezar juntos, se besaron y lloraron hasta empaparse mutuamente. Juan lo acompañó aún un trecho hasta que Simón le rogó que volviese. Finalmente tuvo que obligarle, y Juan se volvió envuelto en lágrimas. No sabemos qué fue de él a partir de entonces.

Sí de Simeón. Tras detenerse ante el Santo Sepulcro volvió a Emesa, donde se empeñó en borrar toda sospecha sobre su santidad y ser tenido por un necio o un tunante. Pero para su desdicha, el Señor acreditaba su escondida virtud una y otra vez con milagros bien manifiestos más allá de toda duda. También mostró virtudes proféticas.

Vestía un tosco hábito, vivía en una cueva y por sus excentricidades era apodado “Salo” – en sirio: “loco” -. La primera de ellas fue atarse un perro muerto a la pierna, haciéndose objeto de burla de todos los chiquillos. En la iglesia se dedicaba a intentar apagar los cirios lanzándoles nueces. Contratado para vender verduras, regaló todas a los pobres. Increpaba a los borrachos con un buen vaso de vino en la mano. Como cierto tabernero empezó a sospechar de su virtud, se desnudó ante su esposa recibiendo la esperada paliza a cambio. Se paseaba por el pueblo con ramas de palmera y racimos de uva en la cabeza llamando a las gentes a la conversión. A las muchachas vanidosas las dejaba tuertas garantizándoles la cura – tal como se verificaba - si se dejaban besar los ojos por él. Nadie sabía de dónde sacaba el dinero para proporcionar alimento a los pobres a diario. Y como empezó a hablarse de milagro, empezó a fingir que se iba con prostitutas para quedar desacreditado. En realidad, las exhortaba a abandonar tal vida y varias se hicieron monjas. Se descubrió que no comía carne en Cuaresma, y en pleno Jueves Santo se puso a comer cordero a la puerta de la iglesia. Una criada llegó a acusarle de haberla dejado embarazada, y sin queja alguna cuidó de ella todo el tiempo del embarazo. Cuando dio a la luz, la infeliz confesó haber mentido.
Muerto hacia el 590, el obispo Leoncio de Neápolis (Chipre) escribió la crónica de su vida tan sólo veinte años después, basándose en lo que le contó un diácono de Emesa que había conocido a Simeón. Otros testimonios sobre su vida nos han llegado de mano de un contemporáneo suyo llamado Evagrio.

VI
JORGE Y MOISÉS DE HUNGRÍA
(24 y 26 de Julio)
La historia transcurre en el s. XI.
Los príncipes Gleb y Boris de Kiev eran objeto de la envidia de un tercer hermano, que decidió enviar contra ellos sicarios para quitarles la vida. Ellos, que conocían el plan, no opusieron resistencia siguiendo el consejo evangélico, y acabaron siendo venerados tanto por los católicos orientales como por los ortodoxos.

Pero en los iconos aparece un tercer personaje: el joven húngaro Jorge, “favorito” de Boris, quien al ver cómo traspasaban a su amado, se lanzó sobre su cuerpo para morir con él. Su fiesta se celebra el 24 de Julio.
El 26 de ese mismo mes los ortodoxos celebran la del hermano de Jorge, Moisés, quien fue echo esclavo y vendido a una rica viuda polaca. Ésta se enamoró de él, y trató de seducirlo sin éxito. Despechada, lo condenó a recibir cien azotes y ser castrado, tras lo cual huyó a un monasterio de Kiev donde sobrevivió aún diez años entre ayunos, imbuido en la oración continua o “del corazón” (hesicasmo).

La cuestión es que según las crónicas, Moisés rechazaba a su ama “porque prefería estar con los otros esclavos”, lo cual parece sugerir una motivación homosexual primaria, que luego, a raíz de la prédica de un presbítero ermitaño, se convirtió en voto de castidad interior. Pero con el tiempo se dejó caer en el olvido la más que posible homosexualidad de Moisés, y se le presentó aspirando a la castidad desde el principio y resistiendo a su dueña como José a la esposa de Putifar.


VII
JOHN HENRY NEWMAN
(11 de Agosto)
Nació en Londres, en 1801. Era el mayor de seis hermanos, hijo de un banquero.

Ingresó en Oxford, donde llegó a ser profesor y rector de la capilla universitaria habiendo sido ya ordenado ministro de la Iglesia Anglicana, escogiendo libremente la vida en castidad.

Sus estudios sobre la relación entre anglicanismo y catolicismo a la luz de la patrística le llevaron a una crisis interna. En 1842 se retiró con un grupo de seguidores a una vida semi-monástica sumamente austera.

En 1845, convencido de que debía ser fiel en conciencia a sus conclusiones, se convirtió al catolicismo. Aunque dispuesto a permanecer como laico, aceptó el consejo de ordenarse presbítero. Dos años después ingresó en el Oratorio de Felipe Neri.

León XIII lo creó cardenal en 1879.

Falleció en 1890. Fue un defensor a ultranza de la armonía entre razón y fe. Igualmente, sus posturas sobre la autonomía de lo temporal, su alma ecuménica, su estudio de la evolución del dogma y su énfasis en el papel de la conciencia resultaron sumamente avanzadas para la época de Pío IX (predecesor de León XIII) y el Vaticano I.

Entre sus obras destaca la Apologia Pro Vita Sua.
Sus biógrafos consideran fuera de duda el compromiso práctico de Neuman con la castidad. Ello no obsta para que sus sentimientos hacia Ambrose St. John, a quien conocía desde Oxford, superaran la mera amistad. Ambrose se convirtió poco después de él, también fue ordenado presbítero e ingresó en el Oratorio. Cuando Ambrose falleció, John pasó toda la noche tumbado en la que había sido su cama, y dispuso que sus restos mortales fueran enterrados en la misma tumba que los de su amado compañero.

VIII
EDUARDO II DE INGLATERRA
(21 de Septiembre)


Si habéis visto la película “Braveheart”, recordaréis al príncipe homosexual hijo del rey inglés. Ese es Eduardo II, antes de subir al trono y desde la visión hostil de la tradición escocesa. Pero la historia nos dibuja un retrato bastante diverso.

Nacido en 1284, sucedió a su padre Eduardo I en 1307, desistiendo de invadir Escocia. Un año después contrajo matrimonio por pura diplomacia con Isabel de Francia, recordada elocuentemente por los ingleses como “la Loba”.

Hombre de carácter débil, fue víctima de las intrigas de su esposa, quien con su amante Roger Mortimer y el apoyo del inicuo Papa Juan XXII, huyó a Francia y organizó la invasión de Inglaterra.

Derrotado, fue obligado a abdicar en favor de su hijo (Eduardo III, quien le haría justicia) y encerrado en un castillo, hasta que pocos meses después la propia Isabel ordenó ejecutarlo. Era el año 1327.

Durante su reinado, un periodo próspero en el que pudo rebajar los altos impuestos de su padre, fue mucho más querido por el pueblo que por la intrigante nobleza, que apoyó a Isabel. Las crónicas lo describen como valiente y a la vez amante de la paz, con un fino sentido del humor e insobornable en lo tocante a la justicia.

Aunque el Papa, pese a la presión de sus descendientes, no llegó a canonizarlo, consintió que se le venerase como santo en Inglaterra. Y en efecto, su tumba fue uno de los principales lugares de peregrinación hasta el cisma entre Enrique VIII y Roma.
Es difícil determinar si Eduardo era gay o bisexual (tuvo dos hijos y dos hijas con Isabel). El caso es que ya antes de ser rey se enamoró de un joven gascón apellidado Gaveston, a quien su padre hizo desterrar. Una vez rey, lo hizo volver con honores. Su amor por él era tan intenso que asombraba a todos - no siempre favorablemente: el abad de Meaux reprochaba al rey su afición a la “sodomía” -. El dramaturgo Marlowe, contemporáneo de Shakespeare, se hizo eco de tal amor en su obra “Eduardo II”, comparándolo con el amor de Aquiles a Patroclo.

Gaveston fue asesinado, tras lo cual Eduardo se enamoró de Hugh Despencer el Joven.

Es difícil no achacar el género de su muerte a una última y cruel burla contra su orientación sexual, ya que Isabel mandó introducirle una espada al rojo vivo por el ano.

IX
VENANCIO FORTUNATO
(14 de Diciembre)


Nacido cerca de Venecia hacia el 530, estudió en Rávena. Sin embargo, acabó como trovador.

Tras sanar de una enfermedad de los ojos habiéndose encomendado a Martín de Tours, fue en peregrinación a su sepulcro.

Se dirigió luego a visitar las reliquias del obispo Hilario de Poitiers. Sufrió entonces una crisis espiritual y decidió dejar la vida errante. Ordenado presbítero, quedó en el monasterio que Radegunda, quien fuera reina de los francos, fundó tras abandonar a su inmoral marido para consagrarse a una vida de servicio y pobreza.

Durante treinta años, Venancio fue no sólo el consejero espiritual, sino el limosnero de las hermanas.

En el 597 fue nombrado obispo de Poitiers, pero la muerte le sorprendió entre el 600 y el 605.
En su nueva vida no dejó de componer versos, siendo de hecho uno de los mayores poetas de su tiempo. Destacan la “Vida de Santa Radegunda” y el himno “Pange Lingua”.
En su obra poética también legó evidencias de su orientación sexual:

Tú, Su ministro, estás al tanto del altar de Dios
y París yace entorno a ti y al Sena:
Alrededor de esta isla Bretona el Océano olea,
agua profunda y un amor entre nosotros dos.
Salvaje es el viento, pero aún suena tu nombre;
bravo es el mar: no barre sobre sus rostros.
Todavía corre mi amante a refugiarse en su recuerdo:
vamos, oh corazón, a aquel lugar de avenimiento.
Rápida como las olas bajo el rompedor viento del este,
oscura como el mar bajo un cielo de invierno,
despertando así multitud de recuerdos a mi corazón…
Tan oscura, oh amor, es mi vida sin ti.”

APÉNDICE

¿Era JUAN BOSCO homosexual?

Lo mismo que acerca de la orientación sexual de Felipe Neri (1515-1595), fundador de los oratorianos, se han planteado serias dudas (bastante incómodas para el catolicismo, por supuesto) acerca de la de Juan Bosco (1815-1888), fundador de la familia salesiana.
Giuseppe Cafasso, su confesor, nos legó estas enigmáticas palabras: “(…) diría que es un hombre peligroso, no tanto por lo que oculta como por lo que nos deja ver de sí mismo”. ¿A qué alude Cafasso? Juan Bosco se rodeó de una gran cantidad de muchachos a quienes rescató de ambientes paupérrimos y marginales, de pequeños “parias” avocados a la delincuencia, para enseñarles un oficio honrado e inculcarles profundos valores evangélicos. ¿Es posible que el cariño que les profesaba fuese una “sublimación” de sus sentimientos homoeróticos, y que esas muestras de cariño diesen lugar a murmullos calumniosos que lo tachaban de pederasta? ¿Se refiere a eso Cafasso, a la incapacidad de Don Bosco para reprimir sus gestos de cariño espontáneo y sincero en orden a “no dar qué hablar”?
En este sentido es interesante otro testimonio. Poco antes de morir y hablando de sí en tercera persona, él mismo dijo a uno de sus colaboradores: “Temo que alguno de los nuestros malinterprete el afecto de Don Bosco por los jóvenes, y por la forma en que los confiesa, tan íntimamente…que alguno se deje arrastrar por sus pasiones hacia ellos y luego intente justificarse diciendo que Don Bosco hacía lo mismo, cuando hablaba en secreto con ellos, les confesaba (…) temo peligros y daño espiritual.” ¿Llegó a temer que bajo la excusa de imitar lo que en él era inocente carisma, otros miembros de la congregación pudieran aprovecharse de los muchachos (“daño espiritual”), favoreciendo con sus escándalos a los enemigos de la misma (“peligros”)?
Varios psicoanalistas actuales han detectado que la aguda y hasta enfermiza obsesión del bueno de Juan Bosco por la pureza sexual es típica de alguien mortificado por la incapacidad de aceptar su natural orientación hacia una tendencia que considera pecaminosa.

Ese fue, al fin y al cabo, el caso de otro gran cristiano: el bisexual Agustín de Hipona, que nos legó, en el marco de su personalidad atormentada, la primera legitimación teológica de la homofobia. Según relata en las “Confesiones”, antes de convertirse al maniqueísmo mantuvo relaciones homosexuales – además, claro, de la relación heterosexual de la que nació su hijo Adeodato -.

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