Narrativas para el turismo en clave colonial






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títuloNarrativas para el turismo en clave colonial
fecha de publicación14.03.2016
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Narrativas para el turismo en clave colonial
Elena Belli1

Ricardo Slavutsky2

Mabel Mastrolinardo3
Si la historia no tiene nada que decir al presente, puede quedarse dormida sin molestar en el ropero donde guarda el sistema sus viejos disfraces. El sistema nos vacía la memoria o la llena de basura y así nos enseña a repetir la historia en lugar de hacerla.

Eduardo Galeano

Abstract
Nos interesa aquí tomar en consideración los proyectos turísticos que se construyen desde la genealogía, el abolengo, la apropiación de escenarios y gentes para destacar valores y prácticas sociales de contextos espaciotemporales construidos, recreados o inventados por los sectores hegemónicos en Cafayate. Apelaremos al concepto de tradición asistida para destacar las estrategias narrativas y las prácticas con las que se impone una visión colonial del pasado que redundan en prácticas de subordinación en el presente.
Abstract

It interests to us here to take in consideration the tourist projects that are constructed from the genealogy, the ancestry, the appropriation of scenes and people to emphasize values and social practices of constructed espaciotemporales contexts, recreated  or invented by the hegemonic sectors in Cafayate. We will appeal to the concept of attended tradition to emphasize the narrative strategies and the practices with which a colonial vision of the past prevails which they result in subordination practices  in the present.  

1. Introducción

Los valles calchaquíes en Salta, como la Quebrada de Humahuaca en Jujuy, fueron espacios significativos en la genealogía identitaria de estas provincias. Espacios estructurantes del poder colonial y republicano, que quedaron como reservorios de una identidad terrateniente, generalizada para el conjunto provincial, luego de las transformaciones económicas y políticas producidas por la organización del Estado nacional y el cambio del eje de integración del mercado potosino-chileno al pampeano.

En efecto, la expansión hacia el este, la integración del chaco salteño y el control de la mano de obra indígena, redujo paulatinamente la influencia de las tierras de engorde de ganado del valle de Lerma y la producción artesanal de los valles calchaquíes.

Para principios del siglo XX, el nuevo reordenamiento territorial terrateniente salteño va fijando perfiles productivos regionales: las explotaciones petroleras a través de los enclaves (primero Standard Oil y luego YPF), la producción tabacalera en el valle de Lerma, el desarrollo de los ingenios en el Ramal y la industria vitivinícola en los valles calchaquíes. A esta distribución se suma la expansión de la Frontera agrícola desde Metán y Rosario de la Frontera.

Dentro de este contexto, los valles calchaquíes perderán importancia económica, pero retendrán el valor simbólico de la tradición. Cafayate se convertirá en un lugar de encuentro donde los poetas de la elite recrearán el sentido de la tradición en la proyección folclórica. En las últimas décadas, la transnacionalización de las empresas vitivinícolas transformó las relaciones sociales fundadas en el patronazgo, despojó a los antiguos poseedores de sus tierras y obligó a los terratenientes a reconvertirse en productores vitivinícolas “boutique”, al mismo tiempo, que se desplegaba un impulso hacia el turismo dirigido hacia el mercado internacional.

Sin embargo, el plus de valor, la distinción específica del vino y del turismo calchaquí está dado por el terruño cargado de historia y simbología ancestral. Esta representación sostiene el poder y se presenta para el consumo en los museos.

2. Museos: patrimonio y valor

Los museos de Cafayate (Salta, Argentina) son heterogéneos, algunos como el Museo del Vino (municipal) o el Arqueológico (privado) muestran espesor temporal y son temáticos, otros en cambio han surgido como complemento de las actividades empresariales como el museo de la bodega La Banda o el Museo de sitio “Pueblo de indios” de la bodega Domingo Hermanos; otros en cambio se presentan como un sitio para ser visitado, como el Molino de granos emplazado en la Finca Labaque, que funcionaba hasta hace poco tiempo, o el Zaguán que exhibe las pertenencias familiares de los dueños de la Hostería asociada a la muestra.

“No resulta nada novedoso señalar los vínculos entre historia, poder e identidad; diversos autores se han ocupado del asunto y han puesto en evidencia que uno de los elementos decisivos en la estructuración de las sociedades, de las formas de dominación, de los movimientos sociales y de las identidades colectivas ha sido la producción y control del pasado. (Florescano 1998; De Certeau, 1993, Torres 1993)” (Torres Carrillo A. 2003). En este sentido, la oferta museológica es intencional, y las representaciones que organiza a través de la construcción semiótica orientan el enfoque y las percepciones de los visitantes. Así, cada museo es un puente con un pasado –más o menos lejano- que se presenta como auténtico y sus constructores componen un guión (narrativas) y una estructura objetual (espacio semiótico) impregnadas de validez subjetiva, que se presenta como confiable.

Sumado a ello, en los territorios seleccionados para consumo turístico, como es el caso de Cafayate, se produce generalmente una revalorización de los espacios públicos en función de la circulación de los visitantes, tratando de crear –para ellos- una continuidad entre escenarios familiares y extraños, tal, que no se produzca una pérdida de la seguridad ontológica, de modo que los turistas, entren y salgan fácilmente de las experiencias y emociones diferentes.

Sirva de ejemplo la descripción de la plaza central:


En la parte Central del pueblo se encuentra la pintoresca Plaza Principal, rodeada por las calles San Martín, Güemes, Belgrano y Nuestra Señora del Rosario.
La atractiva plaza es de forma cuadrangular, está cruzada diagonalmente por vistosos senderos y el mástil central divide a la misma en ocho sectores. Se destaca por su prolijidad y arboleda, donde se pueden apreciar especies como araucarias, palmeras fénix, pinos y magnolias que la adornan de un entorno pintoresco; en una de sus esquinas se halla una caseta u oficina de información al turista y frente a esta plaza se ubican los principales restaurantes y confiterías de esta atractiva localidad.
El Mercado Artesanal también se ubica frente a esta plaza, donde se venden productos locales de todo tipo. Entre ellos hay tejidos de muy buena calidad, trabajos en cuero, madera, metales, cerámicas, y otros productos regionales que poseen certificación de origen. Los trabajos de alfarería, cestería, platería y telar son muy reconocidos por su calidad y además uno puede vincularse estrechamente con los diferentes artesanos sobre las técnicas que utilizan para los variados productos que se comercializan.
Es muy apacible recorrer tanto sus calles principales como secundarias, y si es posible es recomendable visitar los diferentes talleres artesanales y bodegas que se ubican en los alrededores de la zona. La bicicleta es un vehículo ideal para efectuar estos recorridos con toda confiabilidad.

 

(2009: Argentina turística)

Para concretar este uso de la plaza se prohibió la venta ambulante, la tracción a sangre y el emplazamiento de fotógrafos con especies nativas (llamas), se despojó a los trabajadores informales: artesanos y vendedores ocasionales de bienes y servicios del espacio de mayor circulación de potenciales compradores. Junto a ello se ponderaron los espacios de venta formales sin tomar en cuenta la existencia de conflictos entre los artesanos que habilitan para la feria a unos y dejan fuera otros, cuestión que el visitante no advierte. La gente encontró su manera de hacerse presente en la plaza circulando con sus carros o bicicletas pero sin ocupar un lugar fijo, y también incorporando a los chicos a la venta ambulante de cerámica, especialmente con unas pocas piezas en sus manitos y la mirada atenta de un familiar

La intención es que el turista defina y actúe su nivel de involucramiento con autonomía relativa, más que tender puentes interculturales comprensivos. De este modo, el extrañamiento se dosifica a través de la trasposición didáctica (Chavellard et. Alt. 1997) de sentidos y representaciones. Se traduce y convierte el espacio en un conjunto armónico de doble lectura: espacio tradicional y espacio de uso,…apropiable.

A ello se suma la curiosidad del turista y la necesidad de venta del productor de bienes o servicios o intermediario artesanal, que redunda en la producción de un libreto acerca de Cafayate, su historia, la producción vitivinícola, las artesanías, los pueblos originarios, etc., que se fue elaborando sobre la base de los intercambios verbales con los visitantes, la consulta bibliográfica, los antropólogos, etc., porque la idea es que el turista se involucre y compre. Este tipo de caracterizaciones se condicen con el concepto clásico de tradición que ponderaba una visión esencialista y estática, con la idea de recuperar un acerbo verdadero y legítimo representante de lo ancestral. Y aquí podemos apelar a dos tipos de interpretaciones: la primera afirmaría que la tradición se distancia de las prácticas efectivas para constituir un meta - relato compuesto de diferentes fuentes con que “la tradición” es asistida para transformarse en un bien de cambio. La segunda, introducida por Canclini (2005) recuperando el pensamiento de Baudrillard entiende que el consumo, incluido el consumo de bienes culturales no responde al imperativo de satisfacer necesidades, sino a una lógica implícita que articula la producción de sentido de manera relacional, los objetos se entienden en el conjunto relacional donde adquieren valor símbolo y valor signo, “son portadores de significaciones sociales ajustadas a las variaciones económicas, portadores de una jerarquía social y cultural –y esto en el menor de sus detalles: forma, materia, color, duración, lugar que ocupan en el espacio, etc., en suma, que constituyen un código.” (Baudrillard J. 1991: 13) Sin embargo, la gramática de los objetos sigue el curso de las interrelaciones con las personas, no hay códigos rígidos. “…Hay motivos para pensar que los individuos y los grupos, lejos de seguir sin rodeos las imposiciones de dicho código hacen del repertorio distintivo e imperativo de los objetos, el mismo uso que de cualquier código moral o institucional, es decir que lo emplean a su manera: juegan con él, hacen trampas con él y le hablan en su dialecto de clase” (Baudrillard J. 1991: 13). En este sentido referir a estos valores excedentes de la vida social, que tienen que ver con el consumo pero que no se explican por teorías económicas (que acentúan valor de uso y de cambio) o por teorías biológicas (necesidades a satisfacer), permite abordar la cuestión patrimonial como una gramática de la hegemonía. Así, Cafayate compuso un conjunto de relatos en el que las familias patricias y los bodegueros se articulan como significantes amo que prefiguran el sentido de los objetos, su selección y su ordenamiento, incluso en el Museo Municipal que se constituye en base a donaciones de los mismos.

Al distinguir además del valor de uso y el valor de cambio, el valor símbolo (vinculado a los rituales y las actuaciones sociales) y el valor signo (refiere al conjunto de connotaciones asociadas al objeto): “(el objeto) No es nada más que los diferentes tipos de relaciones y de significaciones que vienen a converger, a contradecirse, a anudarse en tanto que tal. No es nada más que la lógica oculta que ordena ese haz de relaciones, al mismo tiempo que el discurso manifiesto que lo oculta” (Baudrillard J. 1991: 53)

Desde esta perspectiva valor signo y valor símbolo prefiguran estilos museológicos y amplían la mirada en torno a la producción de sentido.
3. Componiendo tradición

Así, las colecciones proceden de los bienes conservados por las familias y de la expropiación de la historia y del presente de los pueblos originarios que opera como valor signo, despojado de sus contextos de producción, su historicidad y su actualidad, apropiados en una línea histórica continúa sin sujetos. De allí que los más preocupados por dar una versión fidedigna de las tradiciones indígenas se asisten a través de capacitaciones, los menos preocupados producen verdaderas recreaciones. Si hubiera que definir las tradiciones en el mundo contemporáneo, habría que escaparse de los espacios consagrados a la cultura y al comercio para ver los procesos de tradicionalización que se construyen por fuera de estos circuitos: “El folklore ha aportado al análisis cultural una dimensión centrada en prácticas cuya eficacia reside en la puesta al día de una memoria selectiva del pasado (tradición), que es invocada para dar sentido a la actividad presente.” (Alicia Martín (compiladora) 2005: 7). Martín refiere a las prácticas resistentes a las imposiciones culturales hegemónicas y/o globalizadas. Nuestro interés es aplicar la propuesta para el análisis de las formas de patrimonialización que han implementado los sectores hegemónicos en Cafayate, a través de los montajes museológicos. Nos referimos a sectores con capital económico que incorporan a sus empresas productoras y de servicios una versión de la tradición local ligada al concepto esencialista que forma parte del repertorio civilizatorio.

Va de suyo, que los museos de Cafayate ofrecen la mirada común de Occidente traduciendo lo desconocido en clave colonial, el concepto que los unifica es el de tradición: Este tipo de caracterizaciones se condicen con el concepto clásico de tradición que ponderaba una visión esencialista y estática, con la idea de recuperar un acerbo verdadero y legítimo representante de lo ancestral: “ofrece al turista la cultura tradicional sintetizada en producciones económicas típicas, expresiones de las culturas prehispánicas y sus manifestaciones contemporáneas, junto a la genealogía del patriciado que introdujo a la región en la modernidad.”, según refiere una guía local.

Hay que agregar que los dueños de los museos no son participantes activos de las prácticas culturales populares locales, ni tienen equidad de perspectivas con las locales acerca de su pasado, excepto en los casos de aquellos que refieren a genealogías y prácticas de elite, otros casos refuerzan la discriminación y la violencia simbólica en la apropiación de prácticas y representaciones, siendo expresiones genuinas de las nuevas formas de opresión. Veamos los casos.

La oferta museológica se puede caracterizar atendiendo sus metas:

  1. Museos históricos

  2. Museos asociados al consumo: mercancías y pernocte.

  3. Museos de sitio.

4. Museos históricos.

Tanto el Museo del Vino como el arqueológico ponen de manifiesto la presencia de distintas narrativas sobre Cafayate, en ambos casos se proponen restituir tradiciones de distintas épocas. El museo del vino, pertenece a "Bodega Encantada", de la familia Peñalba Coll Argañaraz. Este museo fue creado en 1981 y guarda la historia de la vitivinicultura de Cafayate y los Valles Calchaquíes. El edificio data de 1888 (se exhibe la historia del vino desde Baco hasta los productores cafayateños, presentando un guión notoriamente evolucionista comenzando desde el origen pagano y finalizando en la utilización cristiana del producto” Pucci A. 2008). Creado en 1981 relata el desarrollo de la producción vitivinícola a través de maquinarias, fotografías y afiches provistos por los dueños originarios de las fincas, el guión describe el ciclo productivo y destaca el mundo del trabajo de la mano de quienes lo hicieron posible: propietarios y trabajadores. Sin embargo, en el montaje van cobrando relevancia los propietarios, la muestra gana en individuación a través de los retratos de la oligarquía: Los Torino, Lovaglio, Cornejo, etc. ganan en protagonismo y ocupan el campo perceptual, quedando evidenciada la alegoría del trabajador anónimo e intercambiable y el “patrón” sujeto de la innovación, con una familia patriarcal y hacedor de la civilización.

A su turno el Museo Rodolfo Bravo exhibe una colección de 2180 piezas prehispánicas que ilustran los “artefactos” representativos de la prehistoria local, ordenadas cronológicamente y clasificadas en términos culturales. Una tercera sala muestra testimonios personales de la vida cotidiana de los últimos 50 años en una exhibición en la que no parece haber guión, sino que se amontonan recuerdos personales. El Museo arqueológico se constituyó en base a la colección privada de Bravo4, un conocido coleccionista que se dedicó a la extracción de piezas de los sitios, contó con la colaboración esporádica del Dr. Eduardo Casanova5 para su clasificación, pero curiosamente no donó las piezas a la UNSa que cuenta con profesionales calificados ni solicitó la asistencia de expertos, hasta el momento.

“Señala la esposa de Bravo que oficia de guía: “Nuestros visitantes entran por Cristóbal Colon y salen por Calchaqui”, haciendo una doble alusión a las calles donde se encuentra el museo y la organización de las salas; esto le da una legitimación científica, a la vez que los objetos allí expuestos son valorados como obras de arte separados de las relaciones sociales por los cuales y para los cuales fueron creados, no contienen información contextual del lugar y tiempo en el que fueron encontrados.” (Pucci A 2008)

Curiosamente, el Señor Bravo fue reconocido por el municipio entregándosele un carnet en el que se atestigua su función (¿Técnico autodidacta?). Sin embargo, si se considera la definición de museo estaríamos frente a una colección privada, que no fue recuperada con los recaudos científicos estipulados, ni estudiada de acuerdo a los estándares científicos, tampoco cuentan con laboratorios e ivestigadores. “En efecto, un museo de ciencias suele ser mucho más que un lugar de la memoria o de conmemoración, un museo desde fines del siglo XIX, se define como un complejo de laboratorios, dominados por prácticas e instrumentos propios de los sistemas experimentales Rheinberger, 2000) o por la voluntad de parecerse a ellos. Estos laboratorios, si bien pueden almacenar objetos e información, no son espacios de la memoria sino de un presente en continua transformación: lejos de constituir un paraje inerte, el museo de ciencias es un espacio donde los objetos, sujetos a conflictos e intercambios nacen, viven y eventualmente desaparecen…La colección y los museos, se podría afirmar, esconden otro mundo invisible: la historia de la misma sociedad constructora de ese museo, los conflictos enraizados a su origen y a su funcionamiento como lugares de trabajo y de investigación” (Podgorny I. 2005: 235).

Carlos Millán6, nos relató “Bravo ha sido solitario, un dirigente radical a muerte…muy amigo de mi Padre por eso lo eligió para que fuera mi padrino de bautismo. Era un solitario, taimado, mezquino, soltero empedernido - se casó como a los 40 años – hasta que conoció a su mujer. El, en la esquina de su casa, donde está el museo, tenía un almacén de ramos generales, vivía con la madre…y después que ella murió, se casó. Se ve que él por atrás tenía el otro proyecto. Era huaquero, fijate, yo era chico, entraba a jugar y en las vitrinas del negocio que había llevado hacia adentro ponía las puntas de flecha, las hachas, las vasijas…todo, era chico y me acuerdo. Se conformó con que dijera Museo Arqueológico Diaguito – Calchaquí, todo lo que recogía lo llevaba a su casa, también le llevaban y compraba. Creo que fue un producto de la época, eran referentes locales que hacían este manejo”.

El museo se constituyó como cadena de significantes jerarquizados por cuestiones estéticas y de estilos, vacío de personas y de historia real.

5. Museos asociados al consumo: mercancía y pernocte

Museo Bodega “La Banda”

La antigua hacienda del siglo XIX, se encuentra en la entrada del pueblo de Cafayate, en el dintel se labró recientemente el escudo familiar que al visitante inadvertido puede hacer pensar que siempre estuvieron allí, y lo que es más interesante que hay una continuidad en las prácticas y representaciones de las familias “patricias”. El Museo es una composición que funde la historia de la producción vitivinícola en la región y las historias familiares de sus sucesivos propietarios. Recoge antiguas maquinarias de la bodega en un recorrido que conduce a las máquinas en uso. El objetivo es mostrar su tradición artesanal, ligada a la genealogía de los dueños que muestran su pertenencia a la elite salteña, detalles como destacar la vestimenta de los dueños en el trabajo (saco, corbata, botas muy elegantes, etc.), a través de fotografías donde se observa la familia numerosa (fotografías que muestran la imponente casa asociada a atuendos urbanos y a la moda de la época), objetos que indican a las mujeres patricias como señoras hacendosas (la máquina de cocer es un ejemplo), dando idea de que todos los miembros de las distintas familias han sido “gente de trabajo”.

“Es interesante como estos objetos que por si mismos dicen poco son activados a través de su puesta en escena. Una vez que estos objetos se transforman en “objetos escenificados” y vueltos parte de un lenguaje propio y específico del museo, pierden su individualidad en beneficio de una cualificación nueva, incorporándose como parte de un discurso” (Casimiro Córdoba Ana V. 2008) La guía destaca la actuación de los actuales propietarios y enfatiza el valor del registro histórico que da cuenta de la verdadera tradición vitivinícola local. Sin solución de continuidad se transita hacia el presente, mostrando los aportes de la innovación tecnológica, y los controles de calidad, sumado a una misma vocación familiar. De este modo, se crea un imaginario que une tradición, modernidad y sabores que se confirma a través de la degustación y posterior adquisición de los productos genuinos. Según informa la guía el 60% de la producción se comercializa luego de la degustación.

No hay referencia acerca de los trabajadores en el “libreto” que reiteran sistemáticamente las guías de la bodega, tampoco se remite a las políticas económicas que facilitaron o inhibieron la producción vitivinícola en todo el trayecto temporal. Es curiosa la diferencia entre los guiones en castellano y en inglés, el primero afianza la degustación, el segundo refuerza la calidad de los vinos finos y de guarda que no se degustan y enfatiza el packashing apropiado para el traslado.

La tríada genealogía – tradición - vino –, asociado a la hidalguía de la familia, domina el escenario con metas comerciales. La conexión entre la casa, la empresa y el museo abonan esta imagen. El museo representa el escenario del drama que prefigura con un sentido evolucionista, el aporte de la familia a la “tradición cafayateña” hasta el presente, aunque la genealogía aparezca trasvestida componiendo un guión donde los sucesivos propietarios se muestran idénticos tanto en su gestión como en la dedicación.

Durante unos pocos años (entre 1999 y 2003, en los primeros días de noviembre) la bodega la Banda completaba el montaje museológico con la puesta en escena de la fiesta anual del Torrontés con la que se promocionaba la bodega, Cafayate y sus vinos. Su realización implicaba un conjunto de actividades como conferencias, espectáculos, degustaciones de comidas y bebidas, exhibición de vehículos 4x4 frente al balneario, etc. (extraído del programa de 1993) en las que se ponían en juego todas las redes sociales y políticas familiares para el logro de sponsors: "En la actualidad las diferencias regionales o sectoriales, originadas por la heterogeneidad de experiencias y la división técnica y social del trabajo, son utilizadas por las clases hegemónicas para obtener una apropiación privilegiada del patrimonio común”(Canclini G. N 1992: 182)

Esto explica en buena medida la apropiación de la producción vitivinícola por parte de las elites y la invisibilización del proceso productivo como totalidad, así como de los pequeños productores que no están incluidos dentro de las bodegas boutique, sino como productores artesanales para un mercado popular de menor rendimiento económico. En este sentido continúa Canclini: “El patrimonio cultural funciona como recurso para reproducir las diferencias entre los grupos sociales y la hegemonía de quienes logran un acceso preferente a la producción y distribución de bienes” (Canclini G. N 1992: 182)
Abolengo y hostería

Hostería El Zaguán, se encuentra ubicado en la calle Güemes 39, se presenta como una casa Museo, donde nació Ofelia Moreno Novillo, en el año 1867, abuela de la actual dueña Maria Olinda Novillo de Lávaque.

Desde el vestíbulo de la casa solariega de la familia, en el centro del pueblo, se exhiben bienes familiares que recorren aspectos de la vida cotidiana y contribuciones de algunos de sus miembros destacados en pro de la modernización del pueblo. Muebles, jofainas, planchas de carbón, puntillas antiguas, entre otros enseres domésticos, junto a fotos familiares, un cuadro sinóptico del árbol genealógico, un libro con documentación probatoria de la identidad de los miembros, crean una imagen fantasmática de unidad entre tradición y modernidad, como un correlato de la acción de sujetos ilustres y proactivos que habitaron allí. En los patios se disponen herramientas y maquinarias que contribuyeron a la modernización del pueblo (parte de la primera usina eléctrica) junto a antiguos faroles de la iluminación pública, y por primera vez se menciona a los trabajadores que hacían posible el funcionamiento hogareño y productivo de la familia, indicada a través de una olla donde se cocinaba para los peones, distinguiéndola de la olla familiar y su cocina a leña. Sin solución de contiguidad se muestran objetos arqueológicos como parte de las pertenencias familiares. La historicidad se muestra hipostasiada para dar lugar a un antes remoto (en los objetos arqueológicos) y un antes civilizatorio (los bienes modernos)

Una última puerta aproxima a una pequeña viña.

Un cartel destaca la posibilidad de pernoctar por un valor que parte de $15, otro señala la posibilidad de adquirir objetos exhibidos.

La muestra no deja dudas acerca de la contribución de esta familia “patricia” a la modernización de Cafayate, tampoco sobre la reconversión económica de su legado (de algunos de sus miembros, por lo menos) recogiendo una tendencia bastante generalizada en la que se pone en valor la genealogía a través de la explicitación directa de acontecimientos y sujetos. En estos casos se pretende lucrar generando en el visitante una asociación entre la vocación progresista, la arquitectura de principios de siglo, los bienes de uso de procedencia europea en un escenario, que a principios de siglo pasado era de difícil acceso, lejano y exótico, reforzando la idea del sacrifico asociada a la voluntad de modernizar el pueblo, de los antiguos dueños. El visitante se acuna en el sueño del progreso, resume lo que Europa hizo por América, a pocos metros de la plaza principal.
6. Museos de sitio

San Rafael de Yacochuya

A mediados del año 2002 se inaugura el pueblo de san Rafael de Yacochuya. El evento contó con la presencia de autoridades y del Gobernador de la provincia quien se refirió al hecho como un proyecto " revalorizador de nuestras tradiciones y costumbres". El proyecto en cuestión es un emprendimiento del empresario vitivinícola Osvaldo Domingo, dueño de una bodega local altamente tecnificada del mismo nombre.

El denominado pueblo de indios emplazado en Yacochuya, dentro de la Finca Domingo Hermanos consiste en un poblado –construido a este efecto- al que fueron trasladados arrendatarios que dejaron sus puestos en lo alto del cerro. La nueva misión de estas personas, que refieren haber habitado en la región por varias generaciones, es vivir y estar en el lugar al servicio de “sus tradiciones”, para responder las preguntas de los turistas, pudiendo vender sus artesanías (dulces y tejidos).

El empresario anexó a la actividad vitivinícola la producción de quesos de cabra y el montaje del pueblo San Rafael de Yacochuya como parte de un circuito turístico.

Señala Mabel Pérez que para esta inauguración se construyeron una capilla, un puesto sanitario y, un salón para la exposición de artesanías. Además se edificaron pequeñas viviendas “tradicionales” para el uso de los lugareños que se trasladaron desde las serranías contiguas. Se citaron a los vecinos de los distintos parajes a concurrir con sus misachicos (imágenes de santos). Concurrieron delegaciones de Animaná, San Carlos, Corralitos, etc...

“Este circuito turístico tiene previsto actividades de trekking, mountain bike, cabalgatas (alrededor de una cascada artificial), visitas a la bodega Domingo Hermanos (con degustación de vinos), paseo por los viñedos (vista de plantaciones de olivos y nogales), visita a las pinturas rupestres, paso por el pueblo de San Rafael de Yacochuya donde se ofrecerán artesanías y degustación de quesos artesanales.

La afirmación del empresario de que " este es un gran día para la gente de Yacochuya, por que desde hoy no solo tendrán una capilla, sino que contaran con un espacio adecuado para desarrollarse mejor ofreciendo al turista el trabajo de sus manos..., el emprendimiento tiene por único objetivo que la gente de Yacochuya tenga un medio para vivir como puede ser el turismo...", evidencia relaciones de patronazgo como característica presente en el capitalismo periférico).” (Perez M. 2007)

Los antiguos arrendatarios compelidos a dejar sus arriendos en lo alto de la finca ya que en el poblado no pagan, debieron trasladar su hacienda o venderla, evaluaron también la ventaja comparativa de la mayor proximidad a Cafayate que permite el acceso a una mejor salud y educación. Al aceptar las nuevas reglas, también aceptaron la imposición de un modelo que les indica que prácticas de su cultura destacar y como.

Cabe aquí poner en relación dos conceptos interesantes, por una parte, concebir este montaje como una expresión de cultura enajenada (Bonfil Batalla G. 1982) en cuanto los productores culturales pierden toda posibilidad de decidir la operatoria con sus bienes y se ven compelidos a aceptar el contrato del patrón: deben vivir en el lugar a la “usanza tradicional” que establece el hacendado representando una identidad local construida de igual forma, deben recibir a los turistas, declararse indígenas emparentados con los antiguos, cuya olla arqueológica exhiben como parte del montaje.

Pero esta actuación que implica beneficios con respecto a su posición anterior ¿no puede pensarse que al producirse una reserva de sentido (Escobar 2007), forzada por el libreto impuesto, y administrada por los lugareños se construye otro sentido no público, oculto?

Conversando con las personas se produce un giro desde el reconocimiento de su condición indígena, (imposición exigida por el capataz) a las nominaciones que afirman su condición de lugareños de varias generaciones, tal vez sea esta manera de conceptualizar las diferencias la que permite resistir.
7. Reflexiones finales

Las propuestas museológicas descriptas hasta aquí ejemplifican una de las formas de apropiación de los espacios sociales cargados de valor simbólico y paisajístico que los torna rentables para el negocio turístico. Aquí el exotismo se presenta dosificado y controlado, tratando de crear puentes confiables para el turista, a través del sentido del gusto, buscando equidad de perspectivas a nivel de significantes que remiten al valor estético de piezas de museos despojadas de todo signo de vitalidad e historicidad (se trata del mundo prehispánico sin vínculos con el presente). A 7 km se asocia vino y culturas tradicionales en un montaje construido para que el turista se aproxime al nativo bajo condiciones “de laboratorio” charle, pregunte, observe, deguste y compre.

No puede negarse que el turismo aporta capital a una ciudad, que con la transnacionalización de las empresas vitivinícola, perdió puestos de trabajo y espacios residenciales de los sectores populares. El efecto derrame es exiguo comparado con las ganancias de las empresas vitivinícolas y de servicios. El negocio turístico está montado desde y para los inversores.

Sin embargo, la venta de Cafayate incluye la aproximación a las culturas populares (una suerte de cultura criolla vinculada a la tradición gauchesca y el folklore), y a las culturas indígenas (visibilizadas a través de las políticas de reconocimiento y de las organizaciones indígenas). Ven las primeras como el legado de la fusión hispano – indígena en clave contemporánea, y la segunda como el reservorio diaguito –calchaquí.

Para describir esta división ficcional reinventan las creencias y representaciones indígenas en un libreto asistido por la literatura antropológica y la invención independiente. Y es aquí, con el robo de la palabra, donde se manifiesta la opresión.

La cuestión del patrimonio, así expresado, aporta a los dispositivos universales que tienden a ordenar e instaurar una lógica de la civilización, y organizan la comprensión del mundo en términos de inclusiones y exclusiones. Una contribución más al pensamiento colonial.
Bibliografía

Argentina turística 2009 http://www.Argentinaturística.com/informa/cfyipaseosciu.htm)

Belli E. y Ricardo Slavutsky (Editores) 2006 Patrimonio en el noroeste argentino. Otras historias. Facultad de Filosofía y Letras UBA.

Bonfil Batalla G. 1992 Identidad y pluralismo cultural en América Latina. Fondo Editorial del CEHASS. Buenos Aires.

Canclini García N. 1992. Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Sudamericana. Buenos Aires.

2005 Diferentes, desiguales, desconectados. Editorial Gedisa. España.

Casimiro Córdoba Ana V. 2008. Estudio realizado para el Seminario: Problemas metodológicos en Ciencias sociales. Inédito

Crespo C., F. Losada y Alicia Martín (editoras) 2007 Patrimonio, políticas culturales y participación ciudadana. Editorial Antropofagia. Buenos Aires.

Pérez M. 2007 Impacto de la globalización en un contexto local. Cafayate. Salta. Tesis de licenciatura inédita.

Podgorny I. 2005 La mirada que pasa: museos, educación pública y visualización de la evidencia científica. Història, Ciencias, Saúde – Manguinhos, Río de Janeiro.

Pucci A. 2008. Estudio realizado para el Seminario: Problemas metodológicos en Ciencias sociales. Inédito

Rotman M. J.C. Radovich y Alejandro Balazote (editores).2007 Pueblos originarios y problemática artesanal: Procesos productivos y de comercialiización en agrupaciones Mapuche, Guaraní/Chané, Wichis, Qom/Tobas y Mocovíes. CEA (Unidad ejecutora CONICET) Universidad Nacional de Córdoba


1 IIT – UBA. CIUNSa. Email: slavbell@imagine.com.ar

2 UNJu- IIT (UBA)

3 UNSa

4 Se trata de un aficionado que luego obtuvo el aval de la provincia, nombrándoselo Técnico.

5 Tal como es posible constatar en los libros copiadores del Dr. Casanova quien muriera en la década del 70. (Archivo IIT)

6 Se menciona el nombre del entrevistado a su solicitud.


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