Imágenes del Espíritu en el cine






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Luis García Orso sj

Imágenes del Espíritu en el cine


INTRODUCCIÓN
Entrar a una sala de cine y ver una buena película es una experiencia fascinante en que se rompen los límites de tiempos, espacios, lugares, distancias, para hacerme a mí, espectador, parte indispensable de una historia y de unos personajes, con los que me emociono, sufro, río, lloro, dudo, me interrogo... Aunque actualmente el video en la pantalla del televisor suple muchas veces a la pantalla de cine, la experiencia emocionante en que me implica una película puede seguir siendo la misma.

Con cien años de existencia, el cine sigue tan joven como el fenómeno social, cultural y de entretenimiento más popular y universal.

El Papa Juan Pablo II nos ha invitado a todos a no pasar por alto esta experiencia tan nuestra y a aprender de «los valores espirituales y culturales que el cine puede transmitir».

Este libro quiere ser una ayuda a ver y gustar el cine -como otro Alfredo en cinema Paradiso- y a encontrar y aprovechar sus valores espirituales y culturales.

El Espíritu del Señor que quiere siempre fecundar y dar vida a nuestro mundo, animar y guiar nuestros corazones, se hace presente y vivo en muchas obras de los realizadores cinematográficos. El Papa nos propone acudir al cine como «un instrumento sensibilísimo capaz de leer en el tiempo los signos que a veces pueden escapar a un observador apresurado». Nos alienta a descubrir en las imágenes cinematográficas a Aquel que es. la Imagen del Padre; a recoger en las imágenes en movimiento los movimientos del Espíritu.

El libro ofrece un instrumento pedagógico no sólo para el aprovechamiento personal del cine, sino también para el uso pastoral de videos de películas en retiros y ejercicios espirituales, grupos de formación, catequesis, etc. Para ello se proponen la explicación de la relación entre espiritualidad y cine, incluido el documento del Papa, una metodología para ver y analizar las películas, y una sugerencia de 120 títulos de videos aprovechables. Esta selección está dividida en los temas propios de los Ejercicios de san Ignacio, pero puede ser utilizada de diversas maneras y seguramente completada con otros ejemplos.

Los últimos capítulos prosiguen con más sugerencias de películas, donde los realizadores actuales del cine mexicano, latinoamericano y universal nos comparten sus sueños de dignidad y libertad y sus búsquedas y esperanzas de un mundo más humano.

El cine seguirá siendo un maravilloso pedagogo mientras haya hombres y mujeres que sepan compartirnos con imágenes en movimiento su mirada de cariño, de esperanza, de sentido, para nuestra humanidad. Y mientras haya también espectadores deseosos de trascender lo intrascendente y de acoger lo que el Espíritu es capaz de regalarnos a través de una película.


ESPIRITUALIDAD EN EL CINE
A través del cine entramos en contacto con historias humanas reflejadas en la pantalla, y en ellas y a través de ellas con el "espíritu" de hombres y mujeres: aquello que los guía, los anima, les da sentido a sus vidas, los hace sufrir y luchar, salir adelante y lograr sus esperanzas, vivir y morir. Si algo nos emociona como espectadores en las películas es precisamente estar en contacto tan vivamente con el espíritu de seres humanos, y entrar a ser parte de él. Vamos a explicar más despacio cuál es esta relación entre cine y espiritualidad.

1. Los seres humanos tenemos alguna motivación o valor que mueve nuestra vida como personas o como grupos. Una motivación: lo que nos mueve, impulsa, anima, alienta...; un valor: lo que más vale para nosotros y hace de brújula y guía en nuestra vida. Así, por ejemplo, podemos encontrar que la motivación más honda de alguien puede ser el amor por la familia, o por la patria, o por los más abandonados, o el amor a Dios; o puede ser la fidelidad a la palabra dada, la honestidad a toda prueba, la sinceridad en toda relación humana; o puede ser la búsqueda de la paz y la convivencia, la justicia en el mundo, la contribución a mejores condiciones de vida, etc. No siempre este motor de la vida es tan claramente constructivo; algunas veces queda como algo ambivalente que se valorará por sus frutos en relación a los demás: así, por ejemplo, el éxito, la superación personal, los logros económicos, etc. A esta motivación más honda y propia de personas o grupos le llamamos "espíritu", como lo hacen muchas culturas incluida la cristiana. Más aún, en la literatura bíblica este "espíritu" de un ser humano es lo más propio y vivificante de él, es su riqueza más profunda, es su motivación más honda. Y en su misma terminología se le relaciona con aliento, impulso, soplo, aire.

2. Todos y cada uno entramos en relación con el espíritu de los demás, y así vamos conviviendo en la sociedad con diversos valores y visiones de la vida. Pero no es que continuamente estemos diciendo qué es lo que a cada uno nos mueve en la vida, sino que lo vamos "expresando" con nuestro propio comportamiento. A través de nuestros hechos, conductas, decisiones, preferencias, gustos, los humanos expresamos aquello que nos mueve interiormente y orienta nuestra propia vida. Así, por ejemplo, nuestro comportamiento expresará qué vale para nosotros la amistad, o la lealtad, o el sacrificio por los demás, o si al contrario, nos mueve el egoísmo, la propia comodidad la, ambición, etc. Nuestras conductas expresan nuestro espíritu. No nos fijamos en las palabras sino en los hechos: "obras son amores y no buenas razones". En el cine se nos presentan en imágenes las conductas de hombres y mujeres que forman parte de una historia cinematográfica. Descubrir, por ejemplo, cuál es el espíritu que mueve a la cocinera francesa en La fiesta de Babette o a Manuela, la protagonista de Todo sobre mi madre.

3. Cuando hablamos del espíritu de una persona o de un grupo no nos fijamos en hechos aislados o puntuales (podríamos juzgar mal y ser injustos), sino tomamos un comportamiento constante, un itinerario de vida. La motivación que rige y da sentido a una vida se llama “espiritualidad. (Usamos, pues, el término en su acepción general, que no implica estrictamente un connotado religioso). La espiritualidad está expresada, transmitida, testimoniada, en historias de vida. Mejor la captaremos cuanto mejor podamos conocer el proceso que va siguiendo una existencia humana, al menos en una etapa de la vida. Así conocemos a las personas con quienes nos ha tocado convivir en la vida real, pero así conocemos también la espiritualidad transmitida por escrito en biografías en novelas, o en películas y en documentales televisivos. El acierto de una película será que podamos acceder a este itinerario de vida, a la presentación de los hechos que nos comunican un espíritu, dentro del formato y del lenguaje propio del cine. Gandhi es un buen ejemplo.

4. La espiritualidad, por tanto, está expresada en hechos cruciales de la vida, en hechos que por significativos nos acercan al sentido de la vida de unos personajes determinados. Esto se nos revela no tanto en sus palabras, sino en lo que "hacen" cuando son puestos ante una elección importante, cuando pasan por una crisis, cuando la vida toma giros imprevistos o cambios importantes, cuando entran en relación con personas que viven otros valores o con personas con quienes se identifican, cuando tienen que afrontar y superar obstáculos y dificultades, cuando la vida los pone en encrucijadas, cuando se tienen que ubicar en nuevas situaciones, cuando tienen que asumir la pérdida de un ser querido, etc. Ahí se nos transmite, casi sin palabras, el espíritu que mueve a estos hombres y mujeres. Esto es lo que nos comunican y tratamos de captar en las películas. Así, unas muestras magnificas son: Romero, Azul, Estación Central, o Los puentes de Madison.

5. La espiritualidad de historias de vida está situada en contextos propios, determinados, históricos, culturales, familiares. Conocerlos es conocer y comprender mejor el espíritu que se mueve ahí, y no exponernos a incomprensión, malas interpretaciones, juicios equivocados, rechazos, etc. Por tanto, nos ayuda ver que la historia se desarrolla en una familia católica o no, que estamos en el siglo XVI o durante la. segunda guerra mundial, que aparecen antiguas tradiciones chinas, o que presentan a emigrantes mexicanos en los Estados Unidos. Entonces comprenderemos mejor qué espíritu mueve a los personajes de la película. Toda espiritualidad tiene raíces, herencias, contextos, creencias, configuraciones culturales y religiosas. La vida es bella está situada en el holocausto de los judíos por los nazis y La misión en la expulsión de los jesuitas del siglo XVIII de los dominios españoles y portugueses en América del Sur.

6. La espiritualidad o visión de la vida que aparece en las películas entra en diálogo con mi propia espiritualidad o visión de la vida como espectador y como ser humano. La película saca de mi interior mis propias convicciones y creencias, las confronta con otras, me interroga, me renueva o me confirma, me abre a otras posibilidades de vida, me lleva a identificarme con otros seres humanos, me ofrece lecciones ante circunstancias difíciles de la existencia, confronta mis propias decisiones y caminos, me lleva a explicitar mi propia ética, me abre a cuestiones trascendentales y al misterio mayor de la vida. Ésta es una de las mayores riquezas del cine: servir de diálogo con el espectador y no dejarme pasivo ante lo que veo; servir de interrogación para el corazón y de renovación para mi propia espiritualidad.

7. El lenguaje adecuado para transmitir una espiritualidad no es el lenguaje de los conceptos y abstracciones, de los silogismos, de los discursos, de las fórmulas precisas, sino el lenguaje de las experiencias vividas, de la narración, del testimonio, de la comunicación del corazón y del interior, de las intuiciones más hondas y vivas, de la creación y la poesía. Una espiritualidad verdadera acudirá a esta clase de lenguaje porque es el que mejor puede acercarnos a la grandeza de lo que hay en el corazón y de abrirnos a la trascendencia del misterio. Los mismos cristianos acudimos a la revelación de Dios transmitida en narraciones de las obras de Dios y de sus testigos, en ejemplos, en parábolas del Reino, en la poesía, en los salmos, etc. El lenguaje cinematográfico es un medio propio para expresar y experienciar una espiritualidad porque nos acerca a ella por medio de historias vividas y compartidas, que entran en diálogo y conmoción con mi propio espíritu, a través del lenguaje de la imagen en movimiento . La imagen es una representación de lo real que atiende no sólo a lo que es sino a lo que puede ser o pudo ser, y por ello sugiere, evoca, proyecta, intuye, comunica afectos y mociones. Frente a las imágenes cinematográficas, sostenidas por su estructura misma de guión, actuación, ritmo, música, tiempo, etc. entramos a una comunicación de narraciones, ejemplos, parábolas, paradojas de la vida, recreaciones, símbolos, poemas en movimientos. Éste es el lenguaje del espíritu.

8. La experiencia espiritual que provoca en cada I uno el cine decíamos que está hecha de significados de la vida, historias vividas y compartidas, sentimientos, cuestionamientos, invitaciones, mociones o movimientos interiores, etc. Todo ello requiere de un diálogo vivo del espectador con la película, consigo mismo y con otros espectadores. Entrar a este dialogo puede ser propiciado por el mismo interés de unos amigos de compartir y reflexionar lo que vieron en el cine o video, y esto siempre está a la mano de cualquiera, pero puede ser también promovido de manera más formal por un cine-foro en la escuela o en otra institución, o por el uso pedagógico de las películas en algún retiro espiritual. Lo importante es que se favorezca un compartir y reflexionar lo que se ha experimentado a través del "espíritu" reflejado en la película. Lo importante no es la discusión de conceptos o ideas; esto más bien resulta contraproducente y estéril, ya que el mismo cine no lo pretende, como veíamos antes. Tampoco resulta importante entrar a todos los aspectos técnicos de la película, y que pueden no ser asequibles a la mayoría. La película nos ha provocado una experiencia interior, y es ella lo que deseamos aprovechar, comprender, interiorizar, disfrutar, proseguir. Puede haber muchas formas de hacerlo, en otro capítulo presentaremos alguna. Y con todo, para un cristiano será decisivo discernir qué es lo que el Espíritu de Dios está diciendo -me está diciendo- a través del film.

9. La fe cristiana nos invita a descubrir en el espíritu de otros hombres y mujeres, también en los no cristianos, el Espíritu de Dios que está presente y actuante en todo, "sin limite alguno ni de espacio ni de tiempo", ha dicho el Papa Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris Missio, y prosigue: "en los esfuerzos de la actividad humana encaminados a la verdad y al bien... En el origen de los nobles ideales y de las iniciativas de bien de la humanidad en camino" (R.M. 28). Por supuesto, también en el cine se hace presente y vivo el Espíritu, como bien nos enseña el mismo Papa Juan Pablo II: "Esta nueva forma de arte puede aportar muchos elementos valiosos al inagotable camino de búsqueda que el hombre realiza, ensanchando su conocimiento tanto del mundo que lo rodea como del de su universo interior.. .También en las películas de argumento no explícitamente religioso es posible encontrar auténticos valores humanos, una concepción de la vida y una visión del mundo abiertas a la trascendencia... El cine es un medio particularmente adecuado para expresar el misterio inefable que rodea al mundo y al hombre" (Alocución en Roma el 1° de diciembre de 1997). Por el cine, pues, nos acercamos de modo privilegiado a lo que nuestros contemporáneos sienten, quieren, piensan, valoran, creen, esperan, aman; a lo que les inspira, les motiva, les da sentido, los hace vivir. Con ellos aprendemos, seguimos buscando, encontramos... ¡también a Dios! Es el Espíritu en el espíritu de los realizaciones y artistas.

10. Un diálogo se ha provocado en nuestro interior y con otras personas al ver atentamente una película. Una visión de la vida y del mundo entra en relación con mi propia visión de la vida y del mundo y me ofrece la oportunidad de reaccionar como ser humano. Las imágenes en movimiento producen movimientos en nuestras imágenes, pensamientos, sentimientos, emociones, deseos. El cine desencadena una experiencia interior, espiritual, que pide ser discernida, según aquella indicación del Señor: "No apaguen el Espíritu, no tengan en poco los mensajes inspirados; pero examínenlo todo, retengan lo que haya de bueno y manténganse lejos de toda clase de mar' (1 Tes. 5, 19-22). No permanecemos como espectadores pasivos, sino tomamos parte activa en la experiencia de ver cine: nos emocionamos, vemos y escuchamos, pensamos, confrontamos, recogemos mociones, valoramos, dialogamos, decidimos... ¿Qué ha sucedido en mi interior al ver la película? ¿Qué pensamientos, sentimientos, deseos, se han presentado? ¿A qué me he sentido movido? ¿La película me abre y me hace .crecer como ser humano? ¿O me deja turbado, confuso, negativo ante la vida? ¿La película me confirma y me promueve en mis personales convicciones, valores, esperanzas? ¿O me reta a responder con más sinceridad, valor, amor, en mi propio contexto de vida? Para los que creemos en Dios, Señor de todo, el cine se ofrece como espejo, ventana, interrogación, soplo, donde el Espíritu está presente y comunicándose. Y siempre será cierto que "el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, tolerancia, comprensión, generosidad, fidelidad, sencillez, dominio de sí… Si el Espíritu nos da vida, sigamos también los pasos del Espíritu" (Gal 5, 22-25).
CINE, ESPIRITUALIDAD Y CULTURA

ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
El 1° de diciembre de 1997 en el Vaticano, a los participantes en el Congreso Internacional sobre el tema.

1. Me alegra poder encontrarme con vosotros, que participáis en el Congreso internacional de estudios sobre el tema: «El cine, vehículo de espiritualidad y cultura». Expreso mi aprecio al Consejo Pontificio de la Cultura y al Consejo Pontificio para las Comunicaciones sociales que, en colaboración con la revista de cine del Organismo para el espectáculo, han organizado este congreso.

A la vez que os doy mi cordial bienvenida, quiero hacer llegar también mi saludo a quienes trabajan con vosotros en el mundo de la cultura, de la comunicación y del cine, deseándoles un trabajo cada vez más fecundo.

2. El cine acaba de cumplir su primer siglo de vida y sigue suscitando el interés del público, que lo percibe como ocasión de espectáculo. Sin embargo, el cine tiene también la capacidad de promover el crecimiento personal, si lleva al hombre a la elevación estética y espiritual. Por esta razón, la Iglesia quiere dar su contribución a la reflexión sobre los valores espirituales y culturales que el cine puede transmitir, en el ámbito de este primer festival «Tertio millennio».

Desde su fundación, la Iglesia ha reconocido la importancia de los medios de comunicación social, corno instrumentos útiles para dar a conocer y apreciar los valores humanos y religiosos que sostienen la maduración de la persona, llamando a quienes trabajan en este delicado sector a un alto sentido de responsabilidad. El cine se sitúa junto a estos medios, utilizando un lenguaje propio, que le permite llegar a personas de culturas diversas.

Durante sus primeros cien años de existencia, el cine ha acompañado a otras artes que lo habían precedido, uniéndolas de un modo nuevo y original y produciendo así obras maestras que ahora forman parte del patrimonio cultural común. Se trata de un i progreso logrado tanto a nivel técnico como artístico i y humano. Durante el primer siglo de vida del cine se ha verificado un progreso notable, que le ha ofrecido grandes posibilidades de expresión, aunque en algunos casos la tecnología se ha orientado más hacia los k efectos especiales que hacia los contenidos.

3. El verdadero progreso de esta moderna forma de comunicación se mide por su capacidad de transmitir contenidos y de proponer modelos de vida. Cuantos se acercan al cine, en las diversas formas en que se presenta, perciben la fuerza que deriva de él, puesto que es capaz de orientar reflexiones y comportamientos de generaciones enteras. Por eso, es importante que sepa presentar valores positivos y respete i la dignidad de la persona humana.

Además de las películas que tienen como finalidad principal el entretenimiento, existe un filón cinematográfico más sensible a los problemas existenciales. Su éxito es, quizá, menos espectacular, pero en él se refleja el trabajo de grandes maestros que, con su obra, han contribuido a enriquecer el patrimonio cultural y artístico de la humanidad. Ante estas películas el espectador se siente impulsado a la reflexión, hacia los aspectos de una realidad a veces desconocida, y su corazón se interroga, se refleja en las imágenes, se confronta con perspectivas diversas, y no puede quedar indiferente ante ,el mensaje que la obra cinematográfica le transmite.

El cine es capaz de crear momentos de particular intensidad, fijando en las imágenes un instante , de la vida y deteniéndose en él con un lenguaje que puede dar lugar a una expresión de auténtica poesía. Así, esta nueva forma de arte puede aportar muchos elementos valiosos al inagotable camino de búsqueda que el hombre realiza, ensanchando su conocimiento tanto del mundo que lo rodea como el de su universo interior. Naturalmente, es preciso ayudar al público, sobre todo al más joven, a adquirir la capacidad de leer críticamente los mensajes propuestos, a fin de que el cine sea provechoso para el crecimiento global y armonioso de las personas.

4. El cine ha afrontado, y sigue afrontando hoy, argumentos inspirados en la fe. En este contexto, la Escritura, la vida de Jesús, de la Virgen y de los santos, así como los problemas de la Iglesia, son fuentes inagotables para quien busca el sentido espiritual y religioso de la existencia.

Así, el arte cinematográfico a menudo ha sabido transmitir un mensaje sublime, contribuyendo a difundir el respeto a los valores que enriquecen el espíritu humano, y sin los cuales es muy difícil vivir una vida plena y completa. De ese modo, el cine puede dar una valiosa aportación a la cultura y una cooperación específica a la Iglesia. Esto es particularmente significativo, mientras nos preparamos para cruzar el umbral de un nuevo milenio cristiano. Espero que los argumentos relacionados con la fe se traten siempre con competencia y con el debido respeto.

También en las películas de argumento no explícitamente religioso es posible encontrar auténticos valores humanos, una concepción de la vida y una visión del mundo abiertas a la trascendencia. Así, es posible el intercambio entre las diversas culturas que se asoman a la ventana abierta que ofrece el cine: de este modo se acortan las distancias del mundo y se favorece la recíproca comprensión en el respeto mutuo.

5. Por tanto, este medio de comunicación puede cumplir también una función pedagógica, que ayuda al hombre en el conocimiento de los valores universales presentes en las diversas culturas, llevándolo a percibir las legítimas diferencias como ocasión de intercambio recíproco de dones.

El cine es un medio particularmente adecuado para expresar el misterio inefable que rodea al mundo y al hombre. Por medio de las imágenes, el director dialoga con el espectador, le transmite su pensamiento y lo impulsa a afrontar situaciones ante las cuales su corazón no puede permanecer insensible. Si además de expresarse con arte, sabe hacerlo con responsabilidad e inteligencia, puede prestar su contribución específica al gran diálogo que existe entre las personas, los pueblos y las civilizaciones. Así, en cierto modo, se transforma en un pedagogo no sólo para sus contemporáneos, sino también para las generaciones futuras, como sucede con todos los otros agentes culturales.

El cine es, pues, un instrumento sensibilísimo, capaz de leer en el tiempo los signos que a veces pueden escapar a la mirada de un observador apresurado. Cuando se usa bien, puede contribuir al crecimiento de un verdadero humanismo y, en definitiva, a la alabanza que de la creación se eleva hacia el Creador. Éste es el deseo que formulo para vuestra actividad y, a la vez que invoco la luz del Espíritu sobre vuestros esfuerzos al servicio de la cultura, de la paz y del diálogo, os imparto de corazón a todos vosotros y a vuestros seres queridos la bendición apostólica.

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