Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la






descargar 21.32 Kb.
títuloPerdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la
fecha de publicación09.03.2016
tamaño21.32 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Historia > Documentos
Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la nada, a aquello que algunos llaman ciberespacio. Se fueron para nunca volver y yo, en mi resignación, las dejé marchar. Me pregunto dónde estarán, si algún día regresarán y si lo hicieran, lo harán con el mismo ímpetu con el que antes salían de mi corazón, cuando, deseosas de escapar, se agolpaban en mi mente y empujaban a mis dedos a teclearlas todas seguidas y de una vez, para expresar un sentimiento, una sensación, una historia inventada o aquellas anécdotas que un día pasaron. Palabras que, con sentido o sin él, iban cargadas de sentimiento, siempre bajo la convicción de que no era yo quien escribía sino los deseos de mis duendes por sacar lo que llevaba dentro.

Os contaré como sucedió o más bien lo que sentí ante aquella pérdida que ahora se me hace lejana, eterna, porque aunque regresen ya no lo harán de la misma manera ni tendrán la misma forma, como tampoco dibujarán aquellas frases bordadas ni perfilarán las mismas líneas.

Aquellas palabras confeccionaban y engendraban a mi segundo bebé, el joven al que ya le había puesto cara, rostro, personalidad y forma. Se llamaba Joaquim y era angoleño. A sus recién cumplidos dieciséis años acarreaba a sus espaldas la crueldad de una guerra y los avatares de una vida que, aunque corta, estaba llena de dureza. En su cuerpo hecho un ocho se acumulaban y reflejaban los entresijos de una historia que lejos de llevar un camino recto propio de un niño, ya había encontrado curvas, nudos y un cúmulo de situaciones duras de atravesar. No era justo y nunca lo sería para un chico que, con un espíritu de superación sobrehumano, había aprendido a sobrevivir en condiciones extremas.

Joaquim, con su mirada dulce, llena de sabiduría, se había convertido en un líder dentro del barrio en el que vivía. Su ilusión, propia de un niño ejercía un poder de atracción en todos los que le rodeaban. Sus ojos brillaban de una manera especial y en sus pupilas se leían sus sueños. Con los brazos del revés y las piernas cruzadas pasaba su vida postrado en una silla rudimentaria que movía con gran esfuerzo gracias al manillar giratorio que tenía a la altura de su cabeza. Conseguía bajarse a duras penas para desplazarse arrastrándose por la arena hacia donde quería llegar. Su cuerpo en posición de loto, había desarrollado largos y fuertes brazos que le hacían las veces de muletas cuando quería moverse de un lugar a otro y, aunque sus piernas no respondían a las peticiones de su cerebro, con la fuerza de sus brazos era capaz de reptar, subir, bajar y deslizarse por cualquier sitio. Llegaba donde se lo proponía porque su fuerza interior era más fuerte que el cuerpo extraño que le había cedido la naturaleza. Y lejos de ser rechazado por sus vecinos y amigos se había convertido en un ejemplo a seguir, ese que mueve el coraje, la valentía y la tenacidad. Ese que sólo las almas viejas pueden tener. Líder de masas, a sus dieciséis años iba siempre seguido de un sequito de niños que revoloteaban alrededor de él como atraídos por una energía magnética, como si en su silla de ruedas hubiera un imán gigante que hacía que todos se acercaran a él y no desearán marcharse de su lado. Y a mí me ocurrió lo mismo. Lo consideraba un maestro, un portador de lecciones de humildad, optimismo e ilusión.

Joaquim existió y sigue existiendo, no es producto de mi imaginación. La primera vez que lo vi estaba postrado en su silla de espaldas a mí. Un sentimiento de pena y compasión invadió mi corazón. Me acerqué a él lentamente. No sabía si dormitaba o pensaba, poco a poco fui girando alrededor de aquella silla rudimentaria que se había convertido en un apéndice más de su cuerpo. Silencio absoluto, sólo el viento que acariciaba las hojas y mis pisadas en la arena rompían la quietud del desierto. Seguí aproximándome sin decir nada, pensaba que no me oía y que su mente había volado muy lejos de allí, dejando su cuerpo inmóvil en aquel lugar de la nada. Le miré a los ojos, el movimiento de sus pupilas me hizo ver que me había sentido desde que llegué y comenzó a cantar y recitar poemas de una belleza sublime, aquélla que sólo se roza cuando el corazón alcanza el todo y la nada. De su boca salían palabras desgarradas y sentidas, resumen de su vida, la historia de un niño que ya lo había visto todo sin haberlo deseado.

Poeta, cantautor y con una sensibilidad especial, Joaquim había aprendido a escribir sobre la arena. Su talento para expresar sus sentimientos, miedos y ganas de vivir, era un don que le había sido regalado al nacer. Gracias a su fuerte deseo de seguir adelante y el ímpetu puro e inocente propio de un niño, había conseguido hacerse un hueco importante en aquel mundo en el que los discapacitados son marginados y rechazados desde que nacen. Pero Joaquim era diferente, un ser especial cuya energía vital atraía poderosamente a mucha gente. Con su aire nostálgico y su voz melancólica hablaba siempre como si estuviera cantando y, en realidad, lo hacía. La música y su voz se habían convertido en su válvula de escape. Adoraba escribir, leer y cantar y como todos los niños tenía un sueño: aprender a tocar la viola.

Hijo de padre desconocido y una madre que pertenecía al mundo de los renglones torcidos del universo, Joaquim había visto la luz en una noche cualquiera de un día cualquiera. Su madre le había traído al mundo como a todos sus hermanos, en cuclillas en el suelo de arena de su chabola de esterilla. Contaba que el niño lloró y que en la oscuridad de la noche ella no notó nada, pero que a medida que iban transcurriendo las horas, comenzó a percibir que algo extraño pasaba. Con el sexto sentido que sólo una madre puede desarrollar, sintió que ese niño era y sería diferente. Una fuerza extraña le invadía cada vez que se acercaba a su hijo. En sus ojos, todavía ciegos, veía el misterio y la sabiduría de siglos atrás. Por un momento sintió miedo, no lo quería, no deseaba estar cerca de ese ser que no parecía humano sino alguien venido de lejos. Sintió la necesidad de salir corriendo y así lo hizo. Huyó, dejando tirado a su hijo sobre un trozo de tela manchada de sangre. Con las pocas fuerzas que le quedaban después de haber dado a luz, echó a correr sin rumbo ni dirección, y cuando se hubo alejado lo suficiente, sintió el magnetismo de aquel bebé extraño y desconocido para ella. Regresó hipnotizada hacia él, perfectamente consciente de que el niño que ahora yacía en la arena era un ser especial, alguien que con su fuerza cambiaría el mundo y a las personas que había a su alrededor.

De la misma manera que su madre se sintió atraída hacia él, lo hice yo cuando conocí a Joaquim. Sus ojos me transmitían mucho más de lo que unas palabras pueden decir. Su fuerza, pasión, sentimiento, ilusión y capacidad de superación ante las limitaciones que esta vida ingrata le había regalado, me imantaron haciendo que cada día al levantarme le buscara y pasara con él horas, hablando de sueños, deseos, sentimientos e ilusiones. Compartimos mucho y nuestros momentos iban más allá de lo puramente terrenal. Nos sentíamos bien juntos y cuando no lo estábamos, nos encontrábamos en sueños susurrando palabras bonitas al viento y sonriendo al universo. Era aquel cuerpecito retorcido, aquellas piernas cruzadas, aquellos brazos del revés y aquella mirada profunda, la que regresaba a mi mente una y otra vez, con toda su fuerza y coraje. Su mirada azabache ejercía sobre mí un poder supremo al que yo sólo tenía que redimirme. Joaquim suponía para mí un ejemplo de superación ante las adversidades, un modelo a seguir de fuerza y coraje que le ayudaban a vencer cada día todas las dificultades encontradas.

Los días iban pasando y llegó el momento de marchar. Tenía que regresar a mi país.

  • Volveré- le prometí. - ¿quieres algo a mi regreso?

  • Libros y una viola- contestó sonriendo.

  • Joaquim, he pensado en escribir un libro contando tu vida. Me has inspirado y si no te importa, me gustaría escribir tu historia e intentar publicar el libro para que pueda ayudarte a cumplir tus sueños y enseñar a los demás como el espíritu de superación puede derribar todas las barreras y hacer frente a las dificultades. Quiero que el mundo entero conozca hasta donde puedes llegar para poder dar ejemplo, motivar y generar ilusión.

  • Claro que no me importa, al contrario, estaría muy agradecido si lo haces. No hay limitaciones en el ser humano, sólo aquéllas que nos creamos nosotros mismos- y de su mirada azabache se derramó una lágrima. Al fin y al cabo, era sólo un niño.

Me hallaba sumida en la ardua tarea de cumplir mi promesa, deseaba crear el mejor libro jamás leído, un best seller que superaría con creces nuestras expectativas y nuestros sueños para que así pudiera regresar a Tombwa y ofrecerle a Joaquim la vida que merecía. Cada noche soñaba con nuestro reencuentro, sus ojos felinos y rasgados se me aparecían suplicándome ayuda.

Narrado en primera persona comencé mi segundo libro con una frase tan sencilla como Me llamo Joaquín Machalombo, pero esto es solo un nombre, el primero que se le pasó a mi madre por la cabeza cuando me tuvo y se dio cuenta de que tenía que llamarme de una manera diferente al resto de mis hermanos…y continué escribiendo y componiendo las páginas de un libro que prometía ser largo y sentido. Una historia real y ficticia a la vez, narrada desde la voz de un niño con toda su pureza e inocencia en la que contaba con dulces palabras su dura realidad. Su carácter alegre, juvenil y pueril hacían restarle gravedad a su historia, una vida marcada por la guerra, el desgarro de una familia unida y la tragedia de nacer con un cuerpo que no corresponde a su espíritu. Joaquim, desgranaba su vida a través de anécdotas e historias vividas con su madre y amigos. Y a través de las páginas de este libro inacabado, Joaquim nos abrió su vida y su corazón hablándonos con su propia voz de su Maezihna, su mamita, de su familia y del grupo de amigos que siempre le rodeaba. A su madre le llamaba Maezihna porque ella, como muchas de las madres africanas, no tenía nombre propio. Desde la adoración de un hijo contaba la vida de idas y venidas más desaventuradas que afortunadas de su maezihna que, habiendo llegado al mundo como un ser de esos que están más cerca del cielo que de la tierra, había conseguido sacar adelante a nueve hijos de los cuales sólo cinco habían sobrevivido.

Con el tiempo Joaquim, su familia y amigos fueron tomando forma y vida propia. Cada mañana al levantarme y ponerme a escribir me preguntaba qué sucedería ese día en Tombwa, adónde nos llevaría Joaquim o que anécdota iba a narrar. Tenía la idea en mi cabeza pero no sabía bien como iba a salir y cada día me sorprendía viendo como las palabras fluían dentro de mí para componer la memoria de un niño que se hallaba a miles de kilómetros de distancia y que anhelaba impaciente la conclusión de este libro. Mis dedos se apresuraban en el teclado garabateando letras como si mi cuerpo fuera el mero transmisor de esa historia y no fuera yo quien la escribía. Allí estaban todos, Joaquim, su maezihna, Afonso, Augusto, Mario, Miguel Ángel…y a todos ellos les tenía un cariño especial, como si cada vez que abriera el libro para retomar la historia, me sintiera acompañada por sus protagonistas. Era mi manera de sentirlos cerca y cuanto más escribía, más próximos lo tenía. En ocasiones cerraba los ojos y me preguntaba, -¿qué hubiera hecho o dicho Joaquim en este caso?- y una fuerza extraña empujaba a mis manos a dar respuesta a mis preguntas.

Estoy convencida de que no era yo quien lo narraba. Y a pesar de eso algo tuve que hacer mal. Tan mal que la mitad de mi libro desapareció, se fue volando al espacio sideral, se esfumó con la intención de no volver y allí me quedé yo, más yo que nunca, con mi enfado, mi ira e incomprensión ante lo que había pasado, para terminar resignándome al final.

Lloré su pérdida porque aquel libro aparte de ser mi bebé querido, aquel que estaba engendrando desde lo más profundo de mi corazón, formaba parte de mí, una porción vital. Era algo mío, sentí como si me hubieran arrebatado parte de mi esencia, un trozo de mi ser, pero, sobre todo, sentí como Joaquim se alejaba y con él todos mis amigos y todos los personajes creados en aquella historia tan real como ficticia que tuvo un principio sin fin. Aquel relato inacabado como el cuerpecito de Joaquim, se quedó a medio terminar, esperando una reacción por mi parte que nunca terminaba de llegar. No tenía fuerzas, ni ganas, ni siquiera ilusión por continuar. Lloré mi deslealtad a Joaquim por no poder cumplir mi promesa, lloré el esfuerzo invertido, los sentimientos desaparecidos. Lloré mis horas sentada frente a esta pantalla ingrata que me ayudaba a transportarme allí, al lugar de arena ocre y casitas de esterilla donde tantas veces soñamos juntos la posibilidad de vivir una vida mejor. Lloré la fugacidad de un sueño que parecía eterno. Cerraba los ojos y estaba allí con ellos, conversando, riendo, bailando. Y sentí que les había traicionado, que mi mala relación con la tecnología se había salido con la suya y que después de todo, tendríamos que seguir esperando a que yo sacará más tiempo y fuerza para retomar de nuevo. Lloré y no dejé de hacerlo hasta que sus ojos azabaches volvieron a aparecer una noche.

  • Perdona que interrumpa tus sueños otra vez. Tenía que ser así. Duerme tranquila esta noche y deja que esas páginas vuelen a un lugar desconocido. No quiero que sigas escribiendo para mí, guarda mejor la historia para quienes la quieran oír y dedica tus palabras a otras personas que quizá las necesiten más que yo.

  • Lo haré, Joaquim. Sólo prométeme que seguirás desgranando la vida con tu dulce y sabia melodía y la voz del niño que siempre serás.

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la iconColección "Para que leas"
...

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la iconEste libro fue pasado a formato Word para facilitar la difusión,...
«choque» a muchas personas, por no comprender o asimilar el abordaje de conceptos espiritualistas en los dominios medico-científicos...

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la iconToda narración está compuesta de historia y discurso. La
«Por la tarde, durante la última marcha, se había recibido la orden de que el comandante en jefe iba pasar revista al regimiento...

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la iconAgradezco al icuf, institución que tiene raíces en el combate al...

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la iconEn este relato aparecen palabras que

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la icon¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la iconLa razón por la que estoy tomando este curso no es sólo porque tengo...

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la iconEsta trascripción es hecha solo con fines de difusión de este cuerpo...

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la iconLas noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombre...

Perdí las palabras. Se esfumaron todas, tan solo quedaron ésas que tengo guardadas para este relato. Volaron así como vuela el viento, empujadas al abismo de la iconMistic 30 palabras al viento, para derrochar el tiempo 31 a mi buen amigo 32






© 2015
contactos
l.exam-10.com