El que ama su vida, la pierde; y el que renuncia su vida en este mundo la guardará para la vida eterna (Jn 12, 25)






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En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio sino que ha pasado de la muerte a la vida. (Jn 5,24)

10.- PADRE


Padre, me pongo en tus manos.

Haz de mi lo que quieras sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo.

Lo acepto todo, con tal que tu plan vaya adelante en toda la humanidad y en mí.

Ilumina mi vida con la luz de Jesús.

Te confío mi vida. Te la doy.

Condúceme,

Envíame aquel Espíritu que movía a Jesús.

Me pongo en tus manos, enteramente, sin reservas, con una confianza absoluta

Porque Tú eres... MI PADRE.

C. de Foucauld

Porque como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere (Jn 5,21)
11.- PADRE NUESTRO
Padre nuestro que estas en los cielos,

que habitas en la tierra, en nuestro corazón y que nos haces templo santo de tu presencia. 
Santificado sea Tu Nombre,

glorificado, ensalzado seas mi Señor, que todo honor y honra sean para Ti y todo ser viviente te alabe. 
Venga a nosotros Tu Reino,

que more en nosotros tu santo Espíritu para que podamos convertirnos en parte de ese maravilloso reino de amor y paz que un día nos prometiste y ansiamos que venga a nosotros.
Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo,

que no mande nuestra voluntad,

que sepamos aceptar que eres ante todo Padre y lo que nos das es siempre bueno,

que pongamos nuestra voluntad y todo nuestro ser en Ti. 
Danos hoy el pan nuestro de cada día,

que llegue a nosotros el alimento eterno, el nuevo maná que quita el hambre y nos da la vida, Jesús.
Perdona nuestras ofensas como perdonamos a los que nos ofenden,

que seamos mansos y humildes de corazón como Jesús,

que miremos con los ojos de misericordia como Tú nos miras, que nos dejemos amar y amemos como Tú nos amas.
No nos dejes caer en la tentación,

no nos ocultes Tu rostro,

acompáñanos siempre en nuestro caminar

que nuestra debilidad sin Ti se hace insoportable,

camina a nuestro lado y danos tu mano.
Líbranos del mal,

Libéranos de lo que nos separe de Ti

que en nuestro corazón quede impreso que somos tus hijos y por tanto parte de Ti y salvos por tu misericordia.

AMEN
El que bebe el agua que Yo le de, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le de se convertirá en fuente de agua que brota para la vida eterna.

(Jn 4,14)
12.- INVOCACIÓN AL PADRE
Padre nuestro, Tú nos has elegido desde el principio
para que reproduzcamos en nosotros los rasgos de tu Hijo,
de modo que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Nos has llamado, nos has hecho partícipes de tu gloria.
La garantía es el Espíritu que has puesto en nuestros corazones.
Hijos tuyos son los que se dejan guiar por tu Espíritu, Padre.

No hemos recibido un espíritu que nos convierta en esclavos;
por el contrario, tu Espíritu nos transforma en hijos
y nos permite exclamar: ¡Padre!
Si somos hijos, también somos herederos.
Si participamos con Cristo en sus sufrimientos
también compartiremos la gloria con Él.

Ayúdanos, Padre bueno,
a comprender que nuestro cuerpo es templo tuyo, y que el Espíritu habita en nosotros.
Que ya no somos nuestros propios dueños,
pues fuiste Tú quien pagó nuestro rescate,
y por tanto, te hemos de glorificar con nuestro cuerpo.


Haz que tengamos un mismo sentir,
que vivamos en paz, para que Tú, Dios del amor y de la paz,
estés con nosotros, y tu amor,
y la comunicación del Espíritu Santo
estén en todos nosotros.


Padre, creemos que uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una sola es la esperanza a la que hemos sido llamados.
Sólo hay un Señor, sólo una fe, sólo un bautismo,
solo un Dios, Padre de todo en nosotros, que a todos dominas,
por medio de todos actúas y en todos vives.


Si vivimos en tu amistad, no vivimos según la carne, sino en el Espíritu, y tu espíritu, Dios nuestro, habita en nosotros.

Somos tu carta, Padre, escrita no con tinta,
sino con el espíritu de tu Hijo; no en tablas de piedra, sino en la tabla de nuestro corazón humano.


Te pedimos, Padre, que derrames sobre nosotros los tesoros de tu bondad; que tu Espíritu nos llene de fuerza y de energía hasta lo más íntimo de nuestro ser;
que Cristo habite, por medio de la fe, en el centro de nuestra vida; que el amor nos sirva de cimiento y de raíz.


Seremos así capaces de entender, con todos los creyentes,
cuán largo y ancho, cuán alto y profundo es el amor de Cristo; Tu amor, Padre, un amor que desborda toda ciencia humana
y nos colma de la plenitud misma de tu ser.


Padre, tú has derramado en nuestros corazones tu amor,
manifestado en Jesucristo, por medio de tu Espíritu Santo;
y nosotros, en comunión con tu Espíritu, con Jesús, nuestro hermano, te llamamos con el corazón gozoso:

¡Abba, Padre!

El que cree en el Hijo, tiene vida eterna, el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida. Jn 3,36
13.-A LA LUZ DE TU FIGURA
Cristo Jesús, Maestro bueno,

Que tu presencia inunde por completo mi ser y tu imagen se marque a fuego en mis entrañas, para que pueda yo vivir reproduciendo tu Imagen en mí…
Quiero pensar como Tú pensabas,

hablar como Tú hablabas,

tener tus sentimientos y compartir tu amor.
Que pueda yo, como Tú, servir y no ser servido; olvidarme de mí y ser aliento y esperanza para mis compañeros de camino…
Que sea yo, a la luz de tu presencia, sensible y misericordioso; paciente, manso y humilde; sincero y veraz.
Sé Tú, Maestro Divino en cada uno de los instantes de mi vida y en cada una de mis acciones:

Mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, mi Camino, mi Vida, mi Maestro.

AMEN

Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio a su único Hijo, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. (Jn 3,16)
14.- A JESUS DE NAZARET
Jesús: Maestro entre los discípulos, amigo, entre los amigos,

Dios, entre los hombres.

Como los doce, estamos en oración puestos nuestros ojos en Ti, y te suplicamos que prepares nuestra tierra, renueves los surcos de nuestro corazón, dejes caer tu lluvia sobre nuestra sequía, apartes las piedras y las durezas pesadas del camino.
Haznos:

tierra permeable,

mullida y abierta a tu voluntad,

donde pueda brotar la esperanza,

donde se pueda recoger alegría,

donde pueda detenerse

el joven que empieza a vivir,

el niño indefenso,

el viajero, cansado de la vida,

el que busca, el que desespera…
Te lo pedimos unidas, entre nosotras y con María.

Te lo pedimos unidas a Ti, porque sólo así podemos encontrar la vida. AMEN.

Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ese la salvará (Lc 9,24)
15.- ORACIÓN DEL DISCÍPULO
Señor Jesús, que nos has llamado y nos sigues llamando cada día a seguirte en virginidad, pobreza y obediencia, como miembros de una comunidad de vida.

Danos la fuerza de tu Espíritu para responder con fidelidad a tu llamada.
Tú, Señor, que viniste no a ser servido sino a servir, haz que aprendamos a dar sin exigir, a ser sin aparentar, a morir sin ver el fruto de nuestra propia muerte.
Que nos sintamos agradecidas cuando se nos concede el privilegio de ocupar el último puesto, honrado definitivamente por ti y por tu Madre en la entrega humilde por amor.
Que, siguiéndote siempre y sólo a Ti, a imitación de Maria,

a quien gozosamente reconocemos por Madre,

sepamos vivir en actitud permanente de servicio a gloria del Padre y en unión con todos nuestros hermanos.

Amén.

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? (Lc 9,25)
16.- HAZNOS DIGNOS

Señor, cuando tenga hambre,

dame alguien que tenga necesidad de alimento.

Cuando tenga sed, mándame a alguien que necesite de bebida.

Cuando tenga frío, mándame a alguien para que lo abrigue.

Cuando tenga un disgusto,

ofréceme alguien para que lo consuele.

Cuando mi cruz se vuelva pesada,

hazme compartir la cruz de otro.

Cuando me sienta pobre,

condúceme hasta alguien que esté necesitado.

Cuando no tenga tiempo,

dame alguien a quien pueda ayudar unos momentos.

Cuando me sienta humillado,

haz que tenga a alguien a quien alabar.

Cuando esté desanimado,

mándame a alguien a quien dar ánimos.

Cuando sienta necesidad de comprensión de otros,

mándame a alguien que necesite de la mía.

Cuando necesite que se ocupen de mí,

mándame a alguien de quien tenga que ocuparme.

Cuando pienso sólo en mí mismo, atrae mi atención sobre otra persona.

Haznos dignos, Señor Jesús, de servir a nuestros hermanos que, en todo el mundo, viven y mueren pobres y hambrientos. Madre Teresa de Calcuta

Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. (Jn 17,3)
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