MÓdulo # 1: «el dios de jesucristo»






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Falsas Imágenes de Dios



Vivimos en tiempos en donde para que no se quiere profundizar en el conocimiento personal de Dios porque, al igual que en los tiempos incipientes del cristianismo, la presencia Jesús puede incomodar. Entonces, la tentación más común es "acomodar" a Dios a la propia forma de vida, así su presencia no genera cuestionamientos molestos ni implica tener que esforzarse para crecer humanamente.
Llamamos falsas imágenes a aquellas que son “caricaturas” de Dios, ya que, por ignorancia, errores u omisiones en la educación religiosa, hasta por mala intención deforman la verdadera imagen de Dios. Estas imágenes las podemos encontrar en muchas personas, las que están cerca de uno y también las que no. También uno mismo puede tener alguna de estas imágenes ya sea en forma permanente o en distintas etapas de la vida. Les hemos puesto nombre a algunas de las falsas imágenes que se tienen de Dios, las que desarrollamos brevemente a continuación:
Dios “Amuleto”: Es cuando se lleva una estampita, un crucifijo u otro elemento o ritual religioso para liberarse de la “mala suerte”, “males o peligros”; de esta manera, Dios deja de ser un Dios Vivo y pasa a ser un fetiche. El error está en usar a Dios como un objeto en vez de relacionarse con Él tomándolo como verdaderamente es, el Dios Vivo, que nos ama profundamente y que nos llama a comprometernos con el Reino de los Cielos .
Dios “Cubre – Necesidades”: Es cuando se recurre a Dios únicamente para pedirle determinadas ocasiones y/o en momentos difíciles de atravesar; cuando esa dificultad se disipa Dios vuelve al olvido y no existe un acercamiento posterior; si uno vivió mucho tiempo alejado de Dios es muy bueno buscarlo y encontrarlo, lo importante es que ese acercamiento debe ser sincero, es decir, que sea el comienzo de una nueva relación con el Señor.
Dios “Comerciante”: Es aquella imagen por la cual uno se relaciona con Dios como una relación de intercambio comercial, como si fuera “yo te doy si vos me das” para obtener gracias; es cuando se hacen esas promesas como ir a determinados santuarios a cambio de un determinado “favor” y, una vez cumplida esa promesa, mi vida sigue como si nada ya que Dios vuelve al lugar lejano que tenía antes de recurrir a Él. Es bueno visitar santuarios de la Iglesia Católica para encontrarse con Dios, pero debe implicar una reformulación y crecimiento en la relación con Dios; Dios da sus gracias gratuitamente como el las cree convenientes para nuestra felicidad y no por “méritos” que uno puede hacer.
Dios “Verdugo”: Es cuando creemos que Dios es “juez” implacable que exige solo la perfección y que castiga cruelmente los errores cometidos; es como que para “llevarse bien con Dios” basta con cumplir determinadas “obligaciones” y preceptos para no recibir castigos. Es verdad que Dios quiere que vayamos creciendo y mejorando como personas, pero lo hace desde el Amor y nos conoce como nadie ya que somos su creación.
Dios “Castigador”: Es cuando observamos las crueldades que, lamentablemente, existen a diario en el mundo y se dice que es Dios quien se olvida de sus hijos haciendo todo el mal, como si afirmáramos que Dios tiene también maldad; cuando se tiene esta imagen, se olvida que existe el libre albedrío, Dios nos creó libres para hacer el bien y el mal, Él no quiere que seamos sus marionetas; como veremos más adelante, las enfermedades y calamidades son fruto del pecado original.
Dios “Light”: Esta imagen es fruto de estos tiempos de posmodernidad, en la que no existe un verdadero compromiso con Dios, la relación se basa peligrosamente en los sentimientos (“Rezo únicamente cuando lo siento”, “voy a Misa solo cuando tengo ganas”). Uno mismo va acomodando a Dios a los propios caprichos y formas de ver la vida, por lo tanto, Él nunca nos cuestionará; esta imagen es de quien dice “Yo tengo mi propio Dios”, “No necesito de los curas ni de la Iglesia”. Es cierto que es bueno rezar con fervor o ir a Misa porque uno verdaderamente lo necesita, pero es verdad también que no todo debe depender de los estados de ánimos ya que estos van y vienen.
Otras falsas imágenes de Dios:
El sacerdote Juan Arias en su libro “El Dios en quien no creo”, nos trae 99 imágenes falsas de Dios; quizás hoy se tendrían que añadir otras nuevas imágenes negativas de Dios de las que se traen en aquel catálogo de hace 40 años, porque en estos 40 años las cosas han cambiado mucho, pero creo que sigue viva en tantos corazones la esperanza en un Dios que no condene, en el Dios de la compasión entendida etimológicamente: el Dios que sufre con el ser humano; en el Dios del perdón, el Dios que ama nuestro barro, nuestras miserias, como las madres. En el Dios que se interesa por nuestro Planeta Tierra, por todos los desheredados del mundo; por todos los humillados; por todos los diferentes.
Hoy, mientras crece el agnosticismo, curiosamente, crece también la búsqueda de una imagen distinta de Dios, sin etiquetas, con el que el ser humano moderno, como el Job de la Biblia, pueda enfadarse, pedirle cuentas y hasta quejarse, como Jesús en la cruz, de haber abandonado al ser humano a su destino.
No es Dios el que está en crisis. Son esas falsas imágenes de Dios que hemos amasado con nuestra visión estrecha del misterio, de lo divino, de una fe estéril incapaz ya de mover las montañas. El Vaticano II removió muchas de las falsas imágenes de Dios. Llegó a defender que la culpa del ateísmo en el mundo eran las deformaciones que los creyentes habíamos hecho de Dios y de su hijo, Jesús. Aún quedan, sin embargo, muchas por desenmascarar.
Aún mantenemos un cierto paternalismo y una cierta religión del poder en relación a la figura de Dios. Palabras claves del mensaje cristiano han acabado prostituidas. Hasta la formidable palabra «misericordia», que Jesús, siguiendo a Oseas, prefería a los «sacrificios», ha perdido su fuerza porque se ha interpretado en clave de poder, referida a Dios. Él es quien se compadece del ser humano, porque él es el misericordioso, superior en su bondad. Jesús pensó, sin embargo en la misericordia como en la moderna «solidaridad». De ese modo, la clave de la misericordia no es la bondad de Dios hacia el ser humano a quién ayuda, sino que somos los seres humanos los que tenemos que ser «solidarios» con los demás, no porque somos superiores a los que le ofrecemos nuestra misericordia, sino porque somos iguales en dignidad, todos hermanos de una misma raza, acuñada con la imagen del Creador. Nadie es superior a nadie en la lógica misericordiosa de Jesús. Si acaso, el que de alguna forma se considera superior, debe lavar los pies de los demás, para que quede en evidencia que nadie es superior a nadie.
Lo mismo ocurre con la palabra «perdón». Quien perdona se coloca por encima del perdonado. De nuevo se trata de una relación de poder. Jesús, en la cruz, da un ejemplo magnífico de cómo hay que perdonar sin humillar, sin sentirse superior: «Perdónales, porque no saben lo que hacen». No les perdona, colocándose superior a los que le crucifican, sino que les excusa: no sabían lo que estaban haciendo, por tanto no necesitan ser perdonados.
Es la sublimidad del amor. Son ésas las nuevas caras del Dios que difícilmente rechazarían, al menos como concepto, ni los agnósticos ni los ateos, y que servirían en nuestro mundo moderno, aún amasado por la ley eterna de la violencia, de las envidias, de los odios mutuos, de las ambiciones, para descansar en la playa amable de un Dios diferente al que siempre les han presentado, que no es el Dios de las leyes -Jesús arremetió contra el sábado-, ni el Dios burocrático del derecho canónico, sino el Dios que no exige al ser humano nada más ni nada menos que ser fiel a la voz de la propia conciencia, que por cierto, es más severa y exigente que todas las leyes promulgadas por los humanos. Y que, como decía el convertido cardenal Newman: «Es mejor equivocarse siguiendo la propia conciencia que acertar en contra de ella».
El Dios en quien no creo (Juan ARIAS)
Yo nunca creeré en:

  • El Dios que “sorprenda” al hombre en un pecado de debilidad.

  • El Dios que condene la materia.

  • El Dios que ame el dolor.

  • El Dios que ponga luz roja a las alegrías humanas.

  • El Dios mago y hechicero.

  • El Dios que se hace temer o no se deja tutear.

  • El Dios que se haga monopolio de una iglesia, de una raza, de una cultura o de una casta.

  • El Dios que juega a condenar.

  • El Dios que «manda» al infierno.

  • El Dios incapaz de perdonar lo que muchos hombres condenan.

  • El Dios incapaz de comprender que los niños deben mancharse y son olvidadizos.

  • El Dios que exija al hombre, para creer, renunciar a ser hombre.

  • El Dios a quien no temen los ricos a cuya puerta yace el hambre y la miseria.

  • El Dios al que adoran los que van a Misa y siguen robando y calumniando.

  • El Dios que no supiese descubrir algo de su bondad, de su esencia, allí donde vibre un amor por equivocado que sea.

  • El Dios que condene la sexualidad.

  • El Dios para quien fuese el mismo pecado complacerse con la vista de unas piernas bonitas que calumniar y robar al prójimo o abusar del poder para medrar.

  • El Dios morfina para la reforma de la tierra y sólo esperanza para la vida futura.

  • El Dios de los que creen que aman a Dios porque no aman a nadie.

  • El Dios que dé por buena la guerra.

  • El Dios de los que pretenden que el cura rocíe con agua bendita los sepulcros blanqueados de sus juegos sucios.

  • El Dios que negase al ser humano la libertad de pecar.

  • El Dios a quien le falte perdón para algún pecado.

  • El Dios que aceptase y diese por bueno todo lo que los curas dicen de él.

  • El Dios que ponga la ley por encima de la conciencia.

  • El Dios que prefiera la pureza al amor.

  • El Dios que no pueda descubrirse en los ojos de un niño o de una mujer bonita o de una madre que llora.

  • El Dios que se case con la política.

  • El Dios que aniquilara para siempre nuestra carne en lugar de resucitarla.

  • El Dios que aceptara por amigo a quien pasa por la tierra sin hacer feliz a nadie.

  • El Dios que al abrazar al ser humano aquí en la tierra no supiera comunicarle el gusto y la felicidad de todos los amores humanos juntos.

  • El Dios que no se hubiera hecho verdaderamente humano con todas sus consecuencias.

  • El Dios en el que yo no pueda esperar contra toda esperanza. (...)

  • Sí, mi Dios es... el otro Dios. (Juan Arias Río de Janeiro RJ, Brasil)


Al tener cualquiera de estas falsas imágenes de Dios, la relación con Él no puede madurar ni tampoco podremos llegar a conocer al Dios de Jesucristo. Tener una imagen real de Dios es descubrir que es un Dios Vivo, que quiere formar un Pueblo Santo ya que quiere la plena felicidad para todos y cada uno de sus hijos. El Dios Vivo nos libera, nos saca de la esclavitud del pecado, nos purifica y nos hace verdaderamente libres. Una auténtica relación con Jesús y con el Dios que Él nos reveló, no se basa cábalas ni en el miedo, está basada en la libertad del genuino AMOR.

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