Ivonne fernandez espinosa






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Todo lo que sabemos lo aprendimos de los cuentos de hadas.

(tentativo)

Anteproyecto de Trabajo de Grado
IVONNE FERNANDEZ ESPINOSA

Estudiante de doble programa

Artes Visuales/Comunicación Social

Énfasis Audiovisual

Pontificia Universidad Javeriana

2011-I

Todo lo que sabemos lo aprendimos de los cuentos de hadas.

(tentativo)


Tema:

Cuentos de hadas


  1. Resumen del proyecto


El proyecto busca entender la importancia de los cuentos de hadas como genero en la tradición y cultura para analizar la forma en la que estos son elementos socializadores que participan en la construcción de la visión de realidad del individuo y cómo esto aplica incluso en la actualidad, ya que a pesar de su edad, estas historias continúan teniendo vigencia hoy en dia y aun somos expuestos a ellas de diversas y distintas maneras.

¿Cuál es el atractivo que estas historias tienen? ¿A qué deben su permanencia? ¿Qué papel tienen los arquetipos allí presentes en la construcción del individuo y el entendimiento/interiorización que este tiene de su propia función dentro de la sociedad? ¿Qué adaptaciones han tenido a lo largo de los años? ¿Qué constituye su esencia y hace que estos relatos sobrevivan la prueba del tiempo?


  1. Marco teórico


There have been great societies that did not use the wheel, but there have been no societies that did not tell stories.” — URSULA LE GUIN
Las historias han estado presentes en las sociedades desde tiempos inmemorables y dentro de los muchos tipos de relatos característicos de los seres humanos, los cuentos de hadas parecen poseer un tipo especial de encanto que genera curiosidad acerca de su “magia” y la aparente necesidad que siempre tenemos de ellos, como si quisiéramos “aprender mas de nosotros mismos aprendiendo mas sobre los cuentos de hadas” (Zipes, 2003, p.xv).

Los cuentos de hadas son historias que se caracterizan por contener elementos mágicos y eventos inverosímiles. En algunos casos hay presencia de duendes, hadas, princesas y otras criaturas del folclor y la historia, pero no es siempre el caso, ni es requisito para que entren a ser clasificados en esta categoría y es necesario hacer una distinción entre el folclore oral y el cuento de hadas literario. Jens Tismar hace el siguiente listado que sirve como principio para definir el cuento de hadas literario y en esencia dice que el cuento de hadas literario: se distingue de la historia oral folclórica por ser escrita por un solo autor que puede ser identificado; es de esta forma sintético, artificial y complejo cuando comparado con la formación orgánica de la historia folclórica que se origina en comunidades y tiende a ser simple y anónima, sin esto implicar que una sea mejor que la otra; pues de hecho el cuento de hadas literario no es un genero independiente al derivarse y solo poderse entender y definir a través de su relación con estas historias folclóricas orales, así como de la leyenda y novela, pues las usa, adapta y remodela de acuerdo a la concepción del autor.

Los cuentos de hadas son un tipo de apropiación de una tradición oral particular relacionada con la wonder tale, Zaubermärchen o el conte merveilleux, que existió en Europa durante la época medieval, aunque no fue sino hasta los 1690s que las primeras autoras mujeres en Francia bautizaron estos relatos como contes de fées o cuentos de hadas (Zipes, 2003, p.xxii). Durante su evolución el cuento de hadas literario fue estableciendo sus propias convenciones, temáticas, personajes y tramas, fuertemente basadas en aquellas originadas en la tradición oral, pero alteradas de acuerdo con el publico de esa época que estaba conformado por la aristocracia, la iglesia y la clase media —los campesinos fueron de ciertamente marginalizados en la formación de esta tradición, pero de una u otra forma sus voces y creencias estaban incorporadas en las historias— (Zipes, 2003, p.xvi).

La principal característica de los cuentos de hadas es que “los personajes, situaciones y motivos son combinados para inducir maravillamiento (wonder). Y es en este sentido de cambio maravilloso que distingue a las wonder tales de otros relatos orales como la crónica, la leyenda, la fabula, la anécdota y el mito; es claramente esta presencia de lo maravilloso lo que distingue el cuento de hadas literario de la historia moral, novella, relato sentimental y otros géneros modernos cortos” (Zipes, 2003, p.). En su estudio The Morphology of the Folk Tale, Vladimir Propp propone la conformación del patrón básico de la wonder tale de la siguiente forma: el protagonista será confrontado con una prohibición que violará, esto hará que se le destierre o se le asigne una tarea que estará relacionada con su “destino”; luego se encontrará en su camino todo tipo de personajes como villanos engañosos y criaturas misteriosas que le dan regalos o que el protagonista ayuda y le prometen recompensa futura; estos regalos traen “cambio milagroso” a la historia; las desventuras del protagonista son solo temporales y los regalos le sirven para completar tareas que parecían imposibles con su naturaleza mágica; las fuerzas enemigas son eliminadas y el éxito del protagonista es recompensado con riquezas y matrimonio o algunas veces simple sabiduría proveniente de la experiencia tenida. Este conjunto de sucesos recuerdan muchísimo a la estructura de la jornada del héroe de la cual Joseph Campbell habla mucho tiempo después, y que es en esencia, guardando las obvias proporciones, la estructura de prácticamente toda historia alguna vez escrita.

Pareciera ser que el principal propósito que este tipo de historias tenia al comienzo de sus días era “despertar nuestra visión ante la maravillosa naturaleza cambiante de la vida y evocar, en un sentido religioso, un sentido de profunda admiración y respeto por la vida como un proceso milagroso que puede ser alterado y cambiado para compensar la falta de poder, de riqueza y de placer que la mayoría de personas experimentan” (Zipes, 2003, p.xviii). En este aspecto, su mensaje —a pesar de ser de cierta forma apaciguante— era también esperanzador, lo cual no sorprende, pues “el sentido de maravillamiento en estas historias y la emoción buscada por el narrador es ideológica”, ya que “las historias orales siempre han tenido algún tipo de función en la socialización y aculturación de aquellos que las escuchan” (Zipes, 2003, p.xix). “El conocimiento impartido por las wonder tales orales requiere un proceso de aprendizaje através del cual tanto el protagonista como la audiencia del relato son enriquecidos por situaciones y personajes extraordinarios” (Zipes, 2003, p.xix).

En los inicios de los cuentos de hadas como genero literario, cuando las wonder tales comenzaron a ser transcritas a medios escritos para su difusión, las historias se vieron influenciadas y adaptadas según el contexto social y la época en la que esto sucedía, sumergiendo las voces de aquellos que no eran contadores de historias como las mujeres a quienes no se les permitía ser escribas y por esto los relatos se escribían de acuerdo a los dictados y fantasías masculinos sin importar quienes los contaran al final de este proceso —en muchos casos mujeres—. Se podría decir entonces, que “la apropiación literaria de la wonder tale sirvió los intereses hegemónicos de los hombres en las clases altas de sociedades y comunidades particulares” (Zipes, 2003, p.xx). Sin embargo, con el paso del tiempo y directamente relacionado con la cultivación y el desarrollo del genero, los relatos se vieron influenciados y de cierta forma individualizados por aquellos artistas e intelectuales que, simpatizando con aquellos marginalizados en la sociedad —o siendo marginalizados ellos mismos—, hicieron que existieran nuevas posibilidades de subversión en textos escritos como estos, y generando a su vez de esta forma una cierta desconfianza por parte de aquellos en el poder (Zipes, 2003, p.xx).

Se puede considerar al genero de los cuentos de hadas como relativamente joven, pues fue solo hasta que se dieron las condiciones socio-culturales apropiadas que se vieron los mayores desarrollos entre los años 1450 y 1700 a lo que contribuyó la creación de la imprenta y el crecimiento de un publico lector en Europa. Los primeros autores de cuentos de hadas fueron, generalmente hablando, extremamente bien educados y por esto pudieron utilizar tanto fuentes orales como escritas a la hora de formular sus historias y fue así que los cuentos de hadas se separaron más evidentemente de los relatos orales, al tener tramas mejor construidas y referencias sofisticadas a la religión, la literatura y las costumbres, y al utilizar un lenguaje más cuidado y decorado como indicación de mayor estatus del escritor (Zipes, 2003, p.xx).

Hacia el final del siglo XVIII creció el interés en la publicación de libros infantiles, especialmente en Francia, Inglaterra y Alemania y fue allí que el cuento de hadas asumió una dimensión nueva en la que ahora había preocupaciones sobre cómo literatura para educar a los niños con contenidos que fueran adecuados para su edad, mentalidad y moral, llegando al cuento de hadas, pues se descubrió el potencial que los elementos fantásticos en estos relatos tenían para asustar e inspirar las mentes de los pequeños (Zipes, 2003, p.xxiii). La contribución de los escritores románticos alemanes fue especialmente importante, pues ellos escribieron relatos metafóricamente complejos que cambiaron el enfoque del genero al comenzar a abordar problemas filosóficos prácticos de las clases medias emergentes y utilizaron la escritura para defender la imaginación y para criticar los peores aspectos del Iluminismo y el Absolutismo (Zipes, 2003, p.xxiv). Fue aquí que aparecieron las historias que no tenían finales felices en las que los protagonistas morían o enloquecían, y “el mal” asumió un trasfondo social en el que las brujas y villanos no eran representaciones de los demonios de la tradición cristiana, sino que se asociaban con la sociedad burguesa y la corrupta aristocracia (Zipes, 2003, p.xxv). De esta forma, los cuentos de hadas de los siglos XIX y XX se caracterizaron por predisponer al individuo en contra de la sociedad, y por usar al protagonista para resaltar las injusticias y contradicciones de la sociedad.

A la vez que la tradición de los cuentos de hadas para adultos se encargaba de mantener un dialogo político y social abierto entre el publico burgués, los cuentos de hadas para niños eran monitoreados cercanamente y censurados hasta la década de 1820. Aunque existieran compilaciones de estas historias para audiencias infantiles de clases altas, no se les veía como material de lectura apropiado para este tipo de publico por no ser consideradas “saludables” para el desarrollo mental de los pequeños. Los hermanos Grimm fueron clave en el cambio de actitud hacia este genero, pues su trabajo estaba cuidadosamente diseñado para ser apropiado tanto para adultos como para niños al mismo tiempo, ya que todos los cuentos que incluían en sus compilaciones se alineaban a la moral acorde a la ética protestante y a una división de roles entre los sexos que favoreciera al patriarcado, garantizando así que los libros fueran un éxito (Zipes, 2003, p.xxvi). Fue aquí también que volvimos a ver que los relatos terminaban en una nota feliz.

El cuento de hadas para niños no se estableció con fuerza sino hasta el periodo entre 1830 y 1900 cuando Hans Christian Andersen comenzó a publicar sus historias combinando mensajes cristianos y tramas originales que entretenían e instruían a lectores jóvenes y viejos al mismo tiempo. Hasta la década de 1860 los escritores para niños enfatizaban lecciones que debía aprenderse y que se alineaban con la ética protestante y la supremacía masculina, pero los relatos para adultos habían sido subvertidos durante este mismo periodo al verse un movimiento que parodiaba los relatos (Zipes, 2003, p.xxvii).

Parecería que la necesidad de creer en otros mundos y otro tipo de personas se deriva de la necesidad de escapar las presiones del utilitarismo, la industrialización y el pensamiento tradicional cristiano (Zipes, 2003, p.xxviii).

Ya hacia el inicio del siglo XX, el cuento de hadas había sido completamente institucionalizado en Europa y Norte America significando que el proceso de producción, distribución y recepción se había regulado dentro de cada sociedad occidental y habría comenzado —como lo hace hasta hoy— a tener un rol significativo en la formación y preservación de la herencia cultural de cada región, lo que garantizaba que el genero no pereciera al ser una institución auto-perpetuadora encargada de la socialización y aculturación de los lectores (Zipes, 2003, p.xxviii). Fue así que estas historias entraron a formar parte de curriculums educativos, comenzaron a ser adaptadas para distintos medios, fueron “limpiadas” de contenidos considerados no aptos para audiencias infantiles —llevando en la mayoría de los casos a la simplificación de los relatos—, y a la vez que reinformaban ideales y reglas locales, también forzaban a los lectores a pensar más allá de su propio contexto, lo que acabo conduciendo a la universalidad hoy prevalente en este genero (Zipes, 2003, p.xxix).

En la actualidad pensar sobre cuentos de hadas automáticamente nos remite a Disney, cuya agenda incluye la repetición continua del mensaje que nos dice que “la felicidad siempre vendrá a aquellos que trabajan duro, son bondadosos y valientes” y es gracias a todos los gizmos utilizados para la trasmisión de esta idea que han logrado tener un negocio tan exitoso a partir de los cuentos de hadas. Sin embargo, esta comercialización no implica que el cuento de hadas se haya convertido nada más que en un producto, pues Disney no es más que una de las manifestaciones y referencias que ha inspirado a muchos otros artistas a contestar con criticas de diferentes estilos algunos de los elementos claramente sexistas y racistas presentes en sus películas, y que sirven como alternativa a las formulas standard para invitar a las audiencias y lectores a re-pensar las nociones sobre qué exactamente constituye un cuento de hadas (Zipes, 2003, p.xxx).


  1. Componente contextual


"If you want your children to be intelligent, read them fairy tales. If you want them to be more intelligent, read them more fairy tales." — ALBERT EISNTEIN
Los cuentos están presentes en todas las culturas desde épocas pasadas y por alguna razón parecen no “obsolecer”, pues hasta los días de hoy tienen importancia evidenciada por las continuas adaptaciones y readaptaciones y su expansión a la opera, el teatro, el cine y otras formas culturales en lugares y tradiciones aparentemente muy diferentes. ¿Qué hace que estas historias tengan universalidad y permanencia? ¿Cómo el contar historias es necesario para la construcción y entendimiento de la realidad?

Todas las sociedades cuentan historias. Este es un factor universal en la humanidad, y los cuentos de hadas han sido por miles de años narrativas utilizadas por aquellos en ciertas posiciones de prestigio y/o poder para propagar sus ideales y visión de mundo teniendo como objetivo no solo niños —como muchos tienden a creer—, sino también otras franjas de la población como jóvenes influenciables e incluso adultos por mucho de su historia, siendo estos últimos de hecho el publico objetivo de estos relatos.

Incrédulos y críticos consideran —de hecho afirman— que este genero es un anacronismo irrelevante en la actualidad, pero hay fuerte evidencia dentro de la industria cultural de todo lo contrario. Pensémoslo así: si el genero fuese irrelevante no se generaría mercancía alrededor de el, ¿cierto? Después de todo, los inversionistas y las grandes corporaciones no están interesados en el negocio de perder dinero, ¿o si? Por tanto, si existen tanta presencia virtualmente en todos los medios de producción cultural y a nivel internacional, definitivamente debe haber alguien consumiendo esto.

Si bien es cierto que gigantes como Disney incluyen también otro tipo de contenidos —como Hannah Montana, High School Musical, Los hechiceros de Waverly Place, entre otros— su producción emblemática son las adaptaciones de cuentos de hadas, como evidenciado por la temática central observada en sus logos y branding, además de sus principales parques de diversiones. De hecho, cuando en Noviembre de 2010 Disney anunció que dejaría de producir sus tradicionales adaptaciones de cuentos de hadas tradicionales, hubo muchísimas protestas en diversos medios y en incontables blogs y foros de opinión toda la Internet, por lo que rápidamente los relacionistas públicos de la empresa tuvieron que publicar un comunicado en el que se retractaban. Y es que resulta increíble que Disney haya siquiera considerado que el mercado del genero era insignificante o insuficiente cuando su ultimo largometraje animado Enredados —que es una adaptación centrada alrededor de la historia de Rapunzel—, recaudo $588.8 millones de dólares en la taquilla mundial y en el fin de semana de su estreno incluso logró desbancar del primer lugar al gigante y todo poderoso Harry Potter.

Dudas sobre la validez, vigencia y rentabilidad de los cuentos no tienen mucha cabida cuando cifras millonarias atestan exactamente lo contrario, pues evidentemente el publico aun esta ahí. Originalmente una de las razones dadas por los ejecutivos de Disney fue que las niñas de hoy en dia ya no sueñan con ser princesas, lo cual, ni si quiera si lo tomamos literalmente puede ser considerado cierto ya que fue demostrado con la reciente boda Real, que aunque la monarquía puede ser algo ridícula y completamente innecesaria en los días de hoy, las personas siguen fascinadas con esta ciertamente arcaica institución. Pero independientemente de la Realeza y las monarquías europeas de carne y hueso, el ideal de la “princesa” es mucho más y va más allá que una simple corona de oro y piedras preciosas o un prestigioso —pero poco practico— titulo de nobleza.

Yo, como muchas otras niñas en el mundo, también crecí con mi padre llamándome “princesa” y de hecho varios miembros de mi familia aun se dirigen a mi de esa manera. La verdad nunca me resulto extraño ni inapropiado, y a pesar de considerarme feminista, nunca ha parecido ningún tipo de adoctrinamiento dañino, como afirman muchos críticos. El arquetipo de la princesa parece deber su permanencia y amplio atractivo a su adaptabilidad (Postrel, 2010), pues cada uno en realidad puede hacer que su princesa tenga las características particulares que desee como nos demuestra Sarah Crewe —protagonista del clásico A Little Princess— quien se imaginaba ser una princesa para escapar su cruel realidad y controlar su propia conducta en situaciones desfavorables o desagradables —pues una princesa mantiene la gracia en todo momento—. Si algo, el ideal de la princesa puede considerarse una influencia positiva al ser un motivador de aspiraciones de carácter noble, pues siempre que seas buena y digna, “cualquiera puede ser una princesa” (Postrel, 2010).

Los arquetipos presentes en los cuentos de hadas clásicos no obsolecen pues todos alguna vez soñamos con ser princesas, reyes o héroes, y es este aspecto de satisfacción de nuestros deseos interiores lo que más los acerca a los súper héroes también presentes en todos los medios. La fantasía es una forma de vivir cualquier sueño que tengamos, además de mantener nuestro propio compás del bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto funcionando. Sí, estas historias fueron en épocas utilizadas por aquellos interesados en mantener el estatus quo, y aun lo son si las examinamos a fondo, pero su valor también llega más allá y cumple una función importante de rol de conducta moral y ética para grandes y chicos.

El publico actual de este genero se expande por fuera del simple ámbito infantil y evidencia de esto puede observarse en recientes adaptaciones más adultas y maduras como la versión de 2009 de Alice del canal Syfy basada en el clásico de Lewis Carroll, Tin Man del mismo canal basado en el Mago de Oz de L. Frank Baum, la ultima versión cinematográfica de Red Riding Hood de Catherine Hardwicke, Sleeping Beauty de Julia Leigh que estrenó en el ultimo Festival de Cannes, The Sleeping Beauty de Catherine Breillat, Beastly de Daniel Barnz, así como Snow White and the Huntsman, Brothers Grimm: Snow White, Jack the Giant Killer y Grimm actualmente en producción/pos-producción y que están programadas para estrenar entre este año y el 2014. El trabajo de todos estos escritores y directores con estilos personales tan diversos tiene como factor común que estas películas no son solo un paso del cuento literario a la pantalla gigante, sino que también incluyen un proceso creativo de reinterpretación de personajes y situaciones que, sin perder su esencia, los acercan mucho más al publico actual sin duda con una intención de garantizar su éxito y aceptación por parte de las audiencias actuales, sin necesariamente alienar a los puristas.

Definitivamente los cuentos de hadas son aun vigentes, su publico es amplio y su influencia social y emocional sentida por casi todos, pues aunque muchos no quieran admitirlo, los adultos disfrutan de su propia forma estas historias tanto de manera independiente en adaptaciones dirigidas a ellos, como cuando acompañan a sus hijos/sobrinos/nietos/ahijados a cine a ver películas animadas o les leen libros de este genero fantasioso a la hora de dormir.

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