Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN






descargar 256.85 Kb.
títuloImportancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN
página4/8
fecha de publicación07.01.2016
tamaño256.85 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Historia > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8
bellas in­fieles44, un tipo de traducción que llevaba este criterio libertario has­ta el extremo de adoptar el texto original a los gustos literarios de la época, modificando no sólo el sentido, sino también el signifi­cado del texto original, sus «reales», que se modernizaban sin ma­yores problemas. Se trataba, utilizando la posterior terminología de Schleiermacher, de llevar al autor al país, las costumbres y la lengua del receptor. Ejemplo de este proceder son las traducciones de Pierre d'Ablancourt que darían el paradigma para otras traducciones del mismo cuño a lo largo de los siglos XVII y XVIII franceses. Del jui­cio que sobre las traducciones de este último emitiría Ménage derivaría la expresión belles infideles: «Elles me rappellent une femme que j'ai beaucoup aimée a Tours, et qui était belle mais infidéle»45. Una excepción a esta traducción «libertaria» es la de Mme Dacier, tra­ductora de Hornero46, quien defendió la posibilidad de hacer inte­ligible a los clásicos con procedimientos literales. Partidaria de tra­ducir en prosa el verso, sus esfuerzos, sin embargo, no consiguieron desplazar esa libertaria maniere de bien traduire establecida por Dolet, que tuvo una enorme trascendencia cultural, de todos conocida, en ese afrancesamiento de los clásicos que atraviesa las obras de Racine o Lorraine y que llega hasta las de David o Ingres. Exactamente lo contrario de lo que a mediados del siglo XVIII pretendería Winckelmann —y posteriormente Herder y Hólderlin—, al defender la «grecización» de la vida cultural y social alemana en su Die Nachahmung dergriechiscben Werke..., una «grecización» que este conservador de los Museos Vaticanos llevaba hasta el extremo de abogar por la indu­mentaria griega o la calipedia clásica como método educativo co­rrector del «mal del siglo» que ya se advertía. Los franceses, sin em­bargo, se atrevían a enmendar la plana a clásicos y modernos y como traductores «mejoraban» el original. Tal, por ejemplo, el divertido Abbé Prévost, que reducía los siete volúmenes de la edición de Pa­mela de Richardson a cuatro y confesaba que con ello la había me­jorado sustancialmente. P. N. d'Ablancourt reconocía, violentando su natural sentido francés de la modestia, que lo que él había he­cho en 1709 con Luciano no era una traducción, sino algo mejor. La legitimización de ese procedimiento tendente a conseguir el «efecto» la encontraba en el proceder de los traductores y poetas la­tinos con los autores griegos (Cicerón con Esquines y Demóstenes, Terencio con Menandro, Virgilio con Hornero y Teócrito). Delille, traductor de las Geórgicas (1796), ponía una imagen vigorosa de lo que debía ser la traducción libertaria e infiel por la que abogaba: una deuda que había que pagar en su totalidad, si bien con dife­rente moneda.

Ya en pleno siglo xvm, D'Alembert, en Observations sur l'art de traduire en general..., introducción a su traducción de Tácito, se ex­presaba según la tónica francesa: «Quoi qu'il soit, la différence de caractére des langues ne permet presque jamáis les traductions lit-térales, délivre le traducteur de l'espéce d'écueil dont nous venons de parler, de la nécessité oü il se trouverait quelquefois de sacrifier l'agrément á la precisión, ou la precisión á l'agrément»47. Marmon-tel, que firmaba el artículo de la Enciclopedia dedicado a la traduc­ción, hacía una variación sobre el mismo tema, al distinguir entre versión (= la transferencia literal de un texto de una lengua a otra) y traducción (= transferencia adaptada). En parecidos términos se había expresado Étienne de Silhoutte en sus Réflexions préliminaires sur le goüt des traductions (1738).
3.2.2.4. Los ingleses

En Inglaterra, en la época isabelina48 se instaura una furia traductora que atravesará todo el siglo xvn y que no tendrá paran­gón: North, con su traducción de Plutarco —realizada sobre la de Amyot—, A. Fleming (Bucólicasy Geórgicas de Virgilio), Th. Wilson (Demóstenes)49, Grimald (De qfficiis de Cicerón), Philemon Holland, Ben Jonson (Arte Poética), pero, sobre todo, Chapman, primero, y, después, Dryden (Eneida, Persio, Ovidio, Juvenal, Plutarco), fueron los patrones de una trayectoria traductográfica y traductológica, se­guida por Cowley y muchos otros. Tiene razón Steiner al afirmar que la concepción traductológica de las versiones del siglo xvn se alimenta de fuentes clásicas. Lo mismo habría que decir del acervo traductográfico, que inicialmente se nutre de los autores de la An­tigüedad. Es un ambiente, el creado por estas traducciones, en el que beberán las óperas mitológicas de Purcell y, posteriormente, las de Haendel. Este interés traductor está enfocado, sobre todo, a Ho­racio, Virgilio y Hornero, si bien, como destaca Amos, se desplaza por épocas de uno a otro. Figuras más en segundo plano de este in­terés son Plutarco, Plinio, Ovidio o Séneca. Posiblemente, estas tra­ducciones han sido la causa de esa devoción que ha hecho de Ox­ford o Cambridge santuarios del culto a la Antigüedad. Toda la nobleza inglesa, retirada en sus manor o asentada en la corte londi­nense, se dedicaba a traducir o encargaba traducciones, que después le eran dedicadas. Wilson, por ejemplo, consagraba a Sir W. Cecil su traducción de Demóstenes; Cooke, la suya de Hesíodo al duque de Argyll; Dryden, la de Juvenal a Lord Buckhurst y un experto tra­ductor como él llegaría a consultar la versión de Virgilio hecha por el conde de Lauderdale, lo que alude a la consideración que este aristócrata podía haber ganado en el conocimiento de los clásicos y a su pericia traductora. Incluso un aristócrata inglés, Dillon Went-worth, Conde de Roscommon, escribiría un tratado sobre la tra­ducción en verso, y, más tarde, el primer tratado «exento» (es decir, no incluido como prólogo en el cuerpo de la traducción) de la tra-ductología inglesa se debería a la pluma del noble escocés Tytler, Lord Wbodhouselee. La afición traductora de la nobleza tiene fácil explicación: sólo ellos, los «diez mil de arriba», tenían la cultura y el ocio suficientes como para poder dedicarse a tan noble menester. Como afirma Amos50, de 1600 a 1700 tiene lugar el Siglo de Oro de la traducción inglesa: «in many respects the period of Dryden and Pope has more claim to be regarded as the Golden Age of the English translator». Y toda esta traductografía conlleva una traduc-tología que se expresa en el correspondiente preface, epistle or dedication «to the reader». Así, por ejemplo, el traductor de Terencio, Echard, en el pertinente prefacio, había fundado el rechazo de la literali­dad en el distinto «genio» de las lenguas, término y motivo este muy corriente entre los ingleses y alemanes, quienes en el latín han teni­do un término de comparación mucho más alejado que lo que esta lengua le resultaba al francés o italiano: «... the Air of the Original; That beeing so peculiar, and the Language so different... A meer Ver­bal Translation is not to be expected, that would sound so horribly, and be more obscure than the Original».

Chapman, en la inevitable «Epistle to the Reader» antepuesta a su traducción de la litada, hablaba de sus intentos por conseguir «the spirit and the tone» del original. El literalismo le provoca las mis­mas iras que a Lutero, considerando pedante y absurda afectación «... when (according to Horace and other best lawgivers to transla-tors) it is the part of every knowing and judicial interpreter, not to follow the number and order of words, but the material things themselves, and sentences to weigh diligently, and to clothe and adorn them with words, and such a style form or oration, as are most apt for the language in which they are converted»51.

Cowley, en su prefacio a los poemas de Píndaro, tampoco ocul­ta sus pretensiones liberales: «If a man should undertake to transía­te Pindar word for word it would be toght that one Mad-man had translated another»52. El poeta y dramaturgo Dryden, traductor de Virgilio, Juvenal, Boccaccio y otros, muestra un talante más conci­liador. En uno de sus varios prefacios a sus traducciones, la de las cartas de Ovidio, distingue tres tipos de traducción: la metafrasis o traducción palabra por palabra, la paráfrasis o traducción sense-for-sense, y la imitation o abandono del texto por parte del traductor, «where the translator... assumes the liberty, not only to vary from the words and sense, but to forsake them both as he sees occasion». En su traducción de la Eneida afirmaba haber conseguido el térmi­no medio entre la literalidad servil y la paráfrasis53. Lo que todos los traductores creen54.

Pero el interés de los traductores ingleses no sólo se orienta a los tesoros de las lenguas clásicas. También de las vulgares se comienza paulatinamente a importar material literario. Inglaterra, por ejem­plo, será el primer país donde aparezca una versión del Quijote. Udall (Paráfrasis de Erasmo), Harington (Orlandofurioso, 1591) Berners (el Reloj de príncipes de Guevara), North (la misma obra de Guevara), Mabbe (Cervantes, Novelas ejemplares), Rowland (Lazarillo), Wilson (Diana de Montemayor), Fielding (Moliere), John Florio (Decamerón), Norton (Institución de la religión cristiana de Calvino), Smollet (Gil Blas, todo Voltaire en 36 volúmenes, Don Quijote), Dryden (Elgran Ciro de Mme Scuderi) son los importadores de títulos referidos a una actualidad literaria extranjera que van penetrando en la vida cul­tural de Inglaterra. Finalmente, S. Johnson repasaría en su Lives of the Poets los rendimientos translatorios de los autores ingleses. Con cierto distanciamiento juzgaba a Dryden, mientras Pope le inspira­ba el mayor entusiasmo. Sus traducciones serían «a performance which no age or nation can pretend to equal».
3.2.2.5. Rusia descubre la traducción

En la Rusia que se incorporaba tímidamente a la cultura occi­dental, la de Pedro el Grande, será el mismo zar quien se ocupe de fomentar e, incluso, vigilar la calidad de ciertas traducciones en las que él, por motivos políticos o militares, tenía especial interés. A Zotov, traductor de un tratado de ingeniería militar, le atizaba un va­rapalo soberano en el más estricto sentido de la palabra: «Hemos leído el libro sobre la fortificación que usted tradujo, en el cual las conversaciones están muy bien traducidas y nos parecen muy co­herentes, pero allí donde se enseña cómo hacer la fortificación, la traducción es muy ininteligible y oscura... Así pues, para que sea más comprensible la traducción del libro en el que está trabajando ahora, tiene usted que evitar (allí donde se enseña cómo hacer algo) mantener verbos que se pueden sustituir por otros, de tal manera que una vez que haya comprendido el sentido, escriba en su propia lengua de una manera más clara.» Es de suponer la humildad e in­cluso el terror con que el atribulado traductor recibiría este ucase que venía a contradecir el célebre dicho de que Caesar non est supra grammaticos.

Catalina la Grande se encargaría de funcionarizar a los traduc­tores y en su época tiene lugar la actividad traductora de Trediakovski, que pasa por ser el padre, junto con Lomonosov, de la traductografía rusa.

Más tarde, el romanticismo ruso iniciaría una intensa recupera­ción de las literaturas clásicas y modernas, destacando en esta tarea el poeta Shukovski, quien, además de verter al ruso las obras de los poetas alemaness del momento, las de Goethe ente otras, realizaría la traducción de la Odisea de Hornero del alemán al ruso.
3.2.3. La traductología racionalista y la romántica

Mientras esto sucedía, Alemania se enfrascaba en la guerra de los Treinta Años, en otras cuestiones más sangrantes y sangrientas que las disputas traductológicas, sin que por ello se quedara manca en el arte de traducir. Los clásicos españoles e italianos (Quevedo, Guarini, Gradan, Rojas, Montemayor), que se apropia a través de la traducción, servirán de fermento para esa primera edad clásica de la literatura alemana constituida por los escritores barrocos (Harsdór-fer, Opitz, Moscherosch, Hofmannswaldau) de la primera mitad del siglo XVII. Por esas fechas empieza a cuajar un pensamiento traductológico que continúa el Sendbrieflutera.no. En 1663, es decir, poco después de la guerra de los Treinta Años, época poco propicia para las traducciones y para la reflexión, un erudito alemán de nombre Schottelius saca a la luz pública un manual de traducción alemana, con referencia a las lenguas clásicas: «Wie man recht verdeutschen solí» es un capítulo de su Ausführliche Arbeit von des Teutschen Haubt Sprache55. Este traductólogo de cuño luterano que da a la imprenta su manual de traductología aplicada casi veinte años antes que Huet, sólo admite la traducción en la medida en que ésta no lesione los derechos de la lengua de destino. Modelo de esta traducción res­petuosa es, según Schottelius, la manera de proceder que tuvieron los latinos con los textos griegos: una vez captado el sentido (Sinn und Meynung), se desentendían de la expresión original y regían la versión por los principios del propio idioma: «Y porque semejantes eruditos romanos han conocido profundamente su idioma, una vez que han poseído el sentido y el pensamiento del texto griego, han dado la espalda a la expresión de éste, buscando y prefiriendo la belleza del latín que derivaba de su propia naturaleza y adornando así este idioma tanto con fama y belleza como con celebridad.» La versión respetuosa con la lengua de destino obliga a ejercicios de ingenio por parte del traductor, quien, apartándose del carácter del original, debe conferir a su expresión la peculiar TeutscheArt: «... und also die Wbrtreiche Sprache auch recht kunstreich werde und nicht bald nach Spanischen unteutschen Stolze bald nach abgeschmaktem

Italienischen Pracht bald nach Franzósischer Ausprache und weder lakk noch schmak habender umschreibung bald anderswo nach rieche sonderen seine eigene kürze wollautenden Verstand und Deutungs Reiche Teutsche Arte habe»56. Como se puede comprobar, Schotte­lius continúa en la onda del nacionalismo lingüístico iniciado por Lutero que, por lo demás, también había sacudido Francia.

Sin embargo, el racionalismo alemán que impera en la época posconfesional, va paulatinamente dando la vuelta a la tortilla y vuelve al literalismo. La confianza en el poder de la razón excluía la problematicidad de la traducción. La razón universal podía ex­presar cualquier concepto en cualquier idioma, y la traducción de­bía consistir en un acto mecánico de sustitución de palabras. Leibnitz, abogado de un idioma universal, no veía ningún impedimento en la equivalencia literal. La posible disparidad de sentido entre un texto y otro se atribuía al distinto grado de evolución de las lenguas. Y la lengua más perfecta (= lógica) sería aquella que más se presta­se a la traducción literal. El director berlinés Damm, colaborador de las Beytrdge de Gottsched, llegaba a afirmar categóricamente «dass alie in einer menschlichen Sprache und von Menschen geschriebe-nen Bücher auch in eine andere menschliche noch lebende Sprache übersetzt werden kónnen»57. En el mismo sentido se expresan Venzlcy, Breitinger, Bürger y Gerstenberg, quienes con sus traduc­ciones y sus reflexiones traductológicas constituyen ese Siglo de Oro de la traducción alemana, que va de mediados del siglo xvn y llega hasta A. W. Schlegel o Eichendorff, pasando por Voss, Jacobi o Ber-tuch. Gottsched, él mismo traductor de Horacio y Jenofonte, en su Ausführliche Redekunst, además de defender la exclusión de la tra­ducción inversa en la actividad translatoria, insiste en el carácter formativo de la traducción y equipara ésta a la copia que el aprendiz de pintor tiene que hacer de la obra maestra. Frente a esa traduc­ción formativa en la que debe imperar la fidelidad, propone otra cultural que, teniendo como meta la reproducción de los pensa­mientos, debe conservar también las figuras y expresiones metafó­ricas, así como la división de los periodos del original. Venzky, eru­dito de Halberstadt, colaborador de Gottsched y traductor de Shaftesbury, establecía en
1   2   3   4   5   6   7   8

similar:

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN icon"Mi trabajo es una carta ininterrumpida que nace de la necesidad...

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN iconQue genera la necesidad de contar una historia

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN iconEl guión cinematográfico, su importancia y necesidad dentro del proceso...

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN iconImportancia de la fundacion de partido independiente de color y la amplitud de su programa

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN iconDos jóvenes cargan un cristal cuadrado, el cual deben pasar por una...

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN iconCon este nombre se designa desde hace más de mil años a una comarca....

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN iconLa Cueva De Cristal Lisa Kleypas Traducción de María L. Carulla Créditos
«Estas palabras anuncian tu suerte… no descansarás mientras yo espere… que el destino te encuentre… el amor te ha atrapado… Ven a...

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN iconTraducción de Mónica Faerna
«Una fantástica novela… Con un engranaje tan perfecto como el de un reloj, pero que se lee con una suavidad como la de la seda o...

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN iconIntroduccion a la filosofia a traves de su historia presentacion
«objeto» de la filosofía durante toda su historia. Tal vez estos textos nos permitan «engancharnos» con un pensamiento, con un autor...

Importancia de lo usual, el color del cristal con que se mira o la necesidad de una historia de la traduccióN iconInvestigación, ligada a una expresión escrita, a la forma literaria del diálogo. Y platón mira






© 2015
contactos
l.exam-10.com