Acaso al amigo lector le gustará conocer la historia de este libro. Cuando era yo niño acompañaba a mi padre por tierras de Yucatán. Mientras mi padre realizaba






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Canek 7

Así se escribió Canek

Acaso al amigo lector le gustará conocer la historia de este libro. Cuando era yo niño acompañaba a mi padre por tierras de Yucatán. Mientras mi padre realizaba las diligencias de sus negocios yo me quedaba en la posada rodeado de indios mayas.

Por la noche, después de la cena, junto al fogón de la cocina, aquellos hombres se ponían a contar historias y leyendas de la región. Una de ellas se relacionaba con la vida de Canek. Sus aventuras y sus sentencias quedaron grabadas en mi memoria.

Más tarde, ya de pupilo en la escuela, pude leer papeles acerca del personaje, los cuales acabaron por afirmar en mi espíritu su recuerdo y su imagen.

Así pasaron muchos años hasta que un día apareció en mi conciencia el cuadro que abarcaba la historia del héroe. Empecé a llenar cuartillas y más cuartillas describiendo las escenas de aquella vida. Cuando tuve muchos capítulos concluidos me puse a corregirlos y a ordenarlos. Cierta noche, en la casa de María Asúnsolo, leí la primera versión del libro a un grupo de amigos. En otra ocasión, volví a leer novísima versión en la casa de Silvestre Revueltas.

La primera edición la ilustró el grabador Abelardo Ávila. Para conmemorar mis cincuenta años, Manolo Altolaguirre hizo otra bajo el signo de su imprenta La Verónica. El poeta José Carner incluyó la historia en el tomo Héroes mayas. Otra edición muy bonita la hizo la Antigua Librería Robredo, con dibujos de Alberto Beltrán. Existe una edición abreviada, para niños, que se publicó en El Salvador.

De este modo, en más de veinte años, según las cuentas de la Biblioteca Nacional de México, entre ediciones y reproducciones, Canek ha aparecido veinte veces. También está en los discos de “Voz viva de México”, de la Universidad Nacional, con una advertencia de Luis Rius. Fue traducido al alemán por Ludwig Renn; al inglés por David Heft, y al ruso en una selección publicada en Moscú. Ahora, según me dicen, está a punto de salir a luz una versión portuguesa hecha por Bolivar de Freitas.

Andan por ahí dos o tres ediciones que si no son piratas cuando menos son corsarias.
Por vía de juego en la historia de Canek va algo de mi vida y también de la vida de otros sujetos. El niño Guy es mi contrafigura; soy yo, convertido en gentil esqueleto a causa del paludismo. Exa es el recuerdo de una niña que se llamaba Ofelia. El Padre Matías es la evocación del Padre Ávila, cura de la parroquia de Santa Lucía. Ramón Balam es el criado de mi casa. La tía Charo es la caricatura de mi propia tía Charo. La tía Micaela es la estampa

de la cocinera de mi abuela doña Margarita. Canek, bueno o malo, es el libro que mejor refleja mi dolor por el dolor de los humildes, de los indios de mi tierra. Si su lectura aviva la conciencia del hombre frente a la injusticia, me tendré por satisfecho.

del general y sangriento estrago que amenaza la Provincia con la causa de la sublevación de los indios de ella, los cuales se precipitaron al temerario arrojo de proclamar rey, con el nombre de Canek, a uno de ellos. Cabildo de Mérida, 17 de diciembre de 1761.
Los personajes

Cuando llegaron ya estaban completos los nombres de los pueblos que no lo tenían y los de los pozos, para que se pudiera saber por dónde habían pasado caminando para ver si era buena la tierra…

Del Libro de los linajes mayas

1

Jacinto Canek se levantó antes de que ama neciera. Por la noche había llovido tanto que el patio de su choza se anegó. Junto al brocal del pozo encontró a un indio. Canek le habló así:

—Ha llovido mucho, hijo, y lloverá otra vez porque esta es la lluvia de Giaia. Giaia no fue hombre de esta tierra, sino de Orien te; pero todo lo del Oriente pertenece en es píritu a Yucatán.

Lloverá otra vez.

Aún no acababa de hablar Jacinto Ca nek cuando empezó a llover otra vez.

Se cobijaron debajo de una palma y Ca nek continuó:

—Has de saber que Giaia tuvo un hijo malo llamado Giaial. Giaial quiso matar a su padre. Los dioses antiguos hablaron al oído de Giaia y le dijeron palabras de venganza.

Giaia entonces mató a su hijo Giaial; tomó su cuerpo, lo despedazó y lo guardó dentro de una calabaza, la cual depositó en la falda de un cerro. De vez en vez Giaia la tomaba entre

sus manos y lloraba sobre ella llanto de dolor, porque mucho había querido al hijo muerto. Y sucedió un día que al tocar la ca labaza vio que de ella salían peces. Tuvo miedo porque no

entendió el símbolo de este suceso, y se alejó de aquel paraje.

Entonces fueron al lugar cuatro hermanos, que eran huérfanos, y quisieron comer de aquellos peces. Quiso el destino que llegara a tiempo Giaia. Los hermanos huyeron y dejaron caer en la tierra la calabaza; y de sus pedazos bro taron torrentes de agua. Fue tanta que toda la comarca, en muchas leguas a la redonda, se inundó. Sobre aquellas aguas vinieron las nubes de la lluvia. Y todo fue cubierto por el agua de abajo, como por el agua de arriba, menos la tierra en que vivimos y unas islas lejanas que están por donde sale el sol.

Acabó de hablar Jacinto Canek y la llu via siguió cayendo.

2

Pobre del niño Guy. Es el sobrino del dueño de la hacienda y nadie le quiere. Pa rece tonto. Su familia lo ha enviado al campo para que se asolee, coma cosas fuertes y se divierta.
Esto es lo que dice su familia. En realidad lo han mandado al campo para que no estorbe. Es tan flaco, dice tales cosas, se le ocurren tales simplezas, que su pre sencia molesta. Sus

hermanos han llega do a decir que no es de la familia. Cuando Guy oye esto se le humedecen los ojos, pe ro entonces no dice nada. En la hacienda estará bien —dijeron sus tías: unas mujeronas altas y secas; las más estiradas de la casa, siempre pendientes de que la conso la esté limpia, los candelabros luzcan tersos y las flores tengan agua. Lo trajeron y lo abandonaron. Lleva un mes de soledad. Canek es su amigo; le ha regalado un caracol marino y con él se entretiene horas y horas. Se lo pone en las orejas y se queda absorto, con los ojos grandes, luminosos, húmedos. Su alma se va por los caminos invisibles del viento y del mar. Entonces con sus dedos débiles, en la tierra roja, escribe unas palabras raras que Canek no se atreve a borrar.

3

Llegó a la hacienda doña Charo, una de las tías de Guy. Llegó remilgosa y asmática. Se pasaba el día sentada en el estrado to mando té y pastillas de menta. De pronto corrió desalada, en aspas las manos, apechugado el corpiño, arremangada la falda y se refugió en la sala. Cien veces dijo que no quería ver más indios; y menos a uno que estaba ahí,horrible, enjuto,como piedra ro ta. Al decir horrible, se cubría la cara; se santiguaba y bisbiseaba:

—Tiene las manos sarmentosas; los ojos hinchados; los pies llagados y la piel agrietada.

Canek le dijo:

—Niña, es que trabajan en los hornos de cal; en los secadores de tabaco, en las ciénagas y en las salinas.

4

Ni Canek ni nadie sabe quién es ni de dónde viene Exa. Una mañana apareció corretean do entre los cerditos. Tenía la cara llena de tizne y las manos sucias. Al mediodía se le vio acarrear agua para los bebederos del corral. Hasta esparció en

ellos manojos de azahares. Sonreía. Por la tarde, como no tenía qué hacer en el campo, se sentó junto a las indias en la cocina y se puso a desgranar maíz. Llenó su delantal de granos

amarillos, blancos, negros, morados y azules. Los le vantaba entre sus dedos y sonreía. Por la noche se acurrucó en un rincón de la des pensa. Al día siguiente renovó sus tareas; correteó entre los cerditos, acarreó agua y desgranó maíz. Sólo hubo una variante: co mió una tortilla untada de manteca que le dio Guy.

5

El Padre Matías decía misa por las tar des. Además todas sus misas eran con ser món. En los sermones no hablaba de la doctrina ni de los milagros; prefería explicar cosas relativas a la justicia de los hombres. La iglesia donde oficiaba se llenaba de gente; es decir, de indios. Los ricos se quedaban en casa, murmurando. A los que le llamaban la atención por su conducta contestaba:

—Has de saber que para esto tengo per miso del señor Obispo.

Las limosnas que recogía para el culto las repartía entre los indios.

A los que le pedían explicaciones por esto, decía:

—Has de saber que el Padre Matías le dio permiso al Padre Matías para hacer la caridad del mejor modo posible.

6

En la cocina de la tía Micaela hubo tertu lia con motivo de la llegada de las lluvias orientales. Se juntaron cerca del fogón los amigos viejos: Ramón Balam, Domingo Canché, el nieto

del difunto Juan José Hoil, Guy y Jacinto Canek. Exa atizaba el fogón donde se cocía el nixtamal. Hablaron poco. La tía Micaela dijo:

—Estas lluvias tempraneras anuncian larga sequía. Hay que llenar los aljibes y echar en ellos carbones encendidos para que se mueran las sabandijas del aire.

Después se levantó y deslió en unas jícaras bollos de pozole endulzado con miel. Llovía, y el agua, a borbotones, iba por las acequias del patio.
La intimidad

y sucedió que incontables gracias nacieran de una piedra de gracia.

Del Libro de los espíritus mayas
1

La tía Charo y el niño Guy comen junto a la campana de la cocina. La cocina está llena de humo claro. Comen despacio y casi no hablan. Las tazas de caldo y de chocolate despiden un acre y dulce olor sazonado: co mo de clavo y almendras quemadas. La tía Charo, sin levantar los ojos rezongó:

—De veras que eres tonto. Prefieres las verduras a la carne de venado.

Por la ventana uno de los venaditos del corral, un venadito domesticado miraba la escena con los ojos húmedos. Canek y Exa acariciaban la testuz moza, casi niña, del ve nadito.

La tía Charo insistía:

—De veras que eres tonto, tonto.

2

La tía Charo dijo a Canek:

— Jacinto, busca a Guy. Hace media hora que fue a la troje por un poco de maíz.

—Aquí estoy, tía —contestó Guy.

—De aquí a la troje, muchacho, sólo hay diez pasos.

—De día sí; pero de noche, tía, lo me nos hay veinte.

La tía Charo se encogió de hombros. Canek subió la mecha del candil.

3

—Tía Charo —dijo Guy a tiempo de que entraba en la casa—, acabo de ver a la Xtabay.

—No digas tonterías, niño. La Xtabay es una abusión de los indios.

Guy añadió:

—La vi en el camino, detrás de la ceiba que está junto a la noria. Es como una niña alta, pálida y rubia. Parece encendida por dentro. Sus ojos son claros, como el agua, y su boca parece una granada rota.

La tía Charo miró hacia la ventana y dio un grito. Canek

Canek 31

limpiaba una mancha de sangre que escurría por el marco de la ventana.

4

En la hacienda sólo la tía Charo y sus invita dos beben agua de lluvia, refrescada en tina jas de barro. Los indios beben el agua calcá rea de los pozos, cuajada de alimañas.

Bajo el soportal de la casa principal Ca nek dormía la siesta. El niño Guy se acerca a él con una jícara, y le dice:

—No tengo sed; Jacinto, bebe.

Y Canek bebió, en silencio, aquella aurora desleída.

5

Canek y el niño Guy están de buen humor y juegan inocentes.

Canek ha hecho, con un pañuelo blanco, un conejito. El conejito mueve las orejas, retoza y se duerme entre sus manos.

De pronto se incomoda, salta y se va corriendo y desaparece, feliz, bajo la sombra de los árboles. Guy se queda con sus hermosos ojos verdes abiertos y se sonríe.

6

Está de buen humor Jacinto Canek. Al caer la tarde se ha sentado junto a la noria de la hacienda. Le acompañan los amigos viejos: Domingo Canché, Ramón Balam y el niño Guy. El

rumor del agua que camina por los canales lleva perfume de sombra. Sobre el agua se deshacen los azahares de un arriate de limoneros. Canek empieza a hablar:

—¿Quién me dice cuáles son los aguje ros por donde gritan las cañas?

Los amigos se rieron.

—¿Quién me dice qué es lo que está torcido en tres ramales?

Los amigos se miraron.

—¿Quién me dice qué significan dos piedras verdes y una cruz alzada?
Los amigos se encogieron de hombros. Canek frunció el ceño y sonriendo les dijo:

—Tontos. Todo es claro: se trata de los agujeros de la flauta; se dice de la iguana y se piensa de los ojos del hombre.

7

En la hacienda aconteció una casi tragedia que participó de lo doméstico y de lo celeste. La tía Charo quedó medio difunta por la ira que se le metió dentro del cuerpo. Se le en cendieron

los pellejos de la cara y se le enga rabitaron las manos. Le dio un soponcio. La cosa fue así: Guy, fiel intérprete de la fe religiosa de su tía, dio lugar al estropicio. En mala hora se le ocurrió

llevar, al granero, la estampa de San Bonifacio con la intención de que ejerciera su poder en la plaga de los ratones.

Pero sucedió que los ratones o esta ban en rebeldía o pasaban por un periodo de ateísmo; el caso fue que acabaron hasta con las migajas inocentes de San Bonifacio. Lo royeron de la calva

a los pies. De ahí la sagrada ira de la tía Charo.

En un momento de calma Canek, mi rando de reojo a Guy, se atrevió a explicarle el suceso.

—Cálmese, niña Charo, cálmese, por que bien pudiera darse el caso de que la es tampa no estuviera bendecida y entonces no sólo no ejerció su poder, sino que dio ocasión para que los roedores, advertidos de la impuni dad de que podían gozar, tomaran entonces venganza, por los males recibidos.

8

Canek y Guy salieron de caza. Canek llevaba el arco y Guy las flechas. Se dirigieron a las madrigueras de los conejos.

Caminaron por el monte y avanzaron hacia un descampado pedregoso. Las madrigueras estaban ahí. Canek pidió las flechas, y Guy, tímido, con sus ojos dulces, como de conejo,

mostró el morral vacío. Canek no dijo nada y los dos regresaron silbando.
9

Tumbado sobre la tierra, Guy mira pasar las nubes. Hace horas que está ahí, absorto en el viaje de las nubes. Canek le acompaña y le sonríe con sonrisa buena, como lavada.

Habla Guy:

—Mira las nubes, Jacinto. Dentro de ellas viven los fantasmas.

Cuando los fantas mas duermen, las nubes son blancas; vuelan despacio para no despertarlos. Los mecen y los llevan lejos.

Cuando los fantasmas despiertan, las nubes se vuelven grises y se agazapan en el horizonte. Cuando los fantasmas se enfurecen, entonces las nubes se tornan negras, se agrietan y estallan.

Canek preguntó:

—¿Y nunca salen los fantasmas de las nubes?

—Cuando salen de las nubes, las nubes desaparecen.

—¿Entonces qué son las nubes?

—Las nubes, Jacinto, son la sombra de los fantasmas.

Canek sonrió con sonrisa buena, como de imagen. Arriba caminaban las nubes blancas. Dormían los fantasmas.

10

El sol se deslíe en viento de brasa.

—Niño Guy —dijo Canek—, ni una nu be. Si no llueve pronto, se perderán las co sechas.

Al día siguiente Guy encendió una ho guera y con ímpetu se puso a soplar con su boca y a aventar con las manos las columnas de humo que subían.

Canek le preguntó:

—¿Qué haces?

—Nubes, Jacinto, nubes.

11

Los dos llegaron cojeando: Guy y el perrito más dócil que había nacido en el pa tio. Guy tenía una pierna vendada y el perrito una de las patitas envuelta en trapos. Los dos caminaban a saltos.

El perrito gruñía —tal vez de dolor— y meneaba la cola —tal vez de agradecimiento.

—Nos caímos, Jacinto.

—Ya lo veo, niño Guy.

—Al perrito se le torció una patita. Ya se la compuse.

—¿Y tú?

—Acércate. No se lo digas a nadie. Yo no tengo nada. Me vendé sólo para consolarlo.
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