I: Introducción a Los Cuatro Evangelios






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Los Evangelios

INDICE:

TOMO I:

I: Introducción a Los Cuatro Evangelios

II: Introducción al Quinto Evangelio

III: Introducción a Los Distintos Historiadores

IV: Dedicatoria de Lucas y El Prologo de Juan

V: Principios de Mateo y Lucas

VI: Principios de Mateo y Lucas (continuación)

VII: Principios de Mateo y Lucas (continuación)

VIII: Principios de Mateo y Lucas (continuación)

IX: Principios de Mateo y Lucas (continuación)

X: Juan el Bautista

XI: El Reino de Nuestro Señor Jesucristo

XII: El Principio del Ministerio de Juan el Bautista

XIII: La Naturaleza, Necesidad, Importancia y Definición del Arrepentimiento

XIV: El Objeto del Arrepentimiento

XV: Motivos y Estímulos para el Arrepentimiento

XVI: Motivos y Estímulos para el Arrepentimiento (continuación)

XVII: Motivos y Estímulos para el Arrepentimiento (continuación)

XVIII: El Ministerio de Juan el Bautista (conclusión)

XIX: La Culminación del Ministerio de Juan

XX: La Tentación de Cristo

XXI: Las Tres Tentaciones Especiales Dirigidas por Satanás Sobre Nuestro Señor

XXII: Testimonio de Juan Acerca de Jesús, Los Primeros Discípulos de Jesús y Su Primero Milagro

XXIII: La Permanencia de Jesús en Capernaum, Su Primera Pascua Durante su Ministerio, En Que Limpia el Templo y Es Entrevistado por Nicodemo

XXIV: Las Evidencias del Espíritu en el Nuevo Nacimiento y Los Medios por los Cuales es este Efectuado

XXV: Se Manifiesta la Culpabilidad del Pecado y se Ilustra su Remedio

XXVI: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte I

XXVII: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte II

XXVIII: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte III

XXIX: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte IV

XXX: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte V

XXXI: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte VI

XXXII: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte VII

 

I

Introducción

LOS CUATRO EVANGELIOS
El Nuevo Testamento es la última autoridad en lo que a la vida de Cristo se refiere. En esa colección de libros, su vida es manifestada en cuatro fases:

1. Su existencia eterna, su deidad esencial, sus relaciones y actividades como espíritu puro antes del tiempo y de la historia.

2. Su prefiguración en el tiempo antes de su encarnación. Esto aparece en una interpretación del Antiguo Testamento.

3. Su encarnación, o vida terrenal, desde su nací-miento hasta su muerte.

4. La vida gloriosa de su humanidad exaltada, desde su resurrección hasta el fin del tiempo.
Sin embargo, cuando se habla de la vida de nuestro Señor, se hace referencia a su vida terrenal desde su nacimiento hasta su muerte. Aun para estudiar solamente su vida terrenal, es necesario conocer bien:

1. Sus antecedentes humanos, tal y como se manifiestan en la historia de su pueblo hallada en el Antiguo Testamento.

2. La historia de ese pueblo durante los cuatrocientos años que pasaron entre el fin del Antiguo Testamento y el principio del Nuevo Testamento.

3. La geografía y la topografía de la tierra de Palestina, el escenario de su vida y sus labores, juntamente con las condiciones políticas, religiosas y sociales durante su vida.
El maestro que quiere enseñar con éxito tiene que repetir estas cosas con frecuencia, o volver a manifestar, de maneras distintas, lo que ha predicado o enseñado antes, ya que son pocos los que se acuerdan de lo que han oído, o porque son otros los oidores o los estudiantes no están familiarizados con su predicación o enseñanza previa; y porque la verdad no se graba bastante bien en la mente del oidor o lector mediante una sola declaración. Es necesario golpear repetidas veces un clavo para hundirlo hasta la cabeza, y aun entonces necesitamos remacharlo.
A causa de esta necesidad de repetir, comenzamos con definiciones que se han dado muchas veces antes. Nuestra palabra, "Escrituras," significa, etimológicamente, cualquiera clase de escritos como contrastados con declaraciones orales. Nuestras palabras, "Escrituras Sagradas," significan "Escritos Santos," o escritos inspirados como distintos de escritos profanos. Nuestra palabra, "Biblia," significa una biblioteca, o colección de libros. Y por esto, "San­ta Biblia," significaría una biblioteca sagrada. Esta biblioteca sagrada consiste de dos grandes divisiones intituladas, "El Antiguo Testamento," y el "Nuevo Testamento." El Antiguo Testamento consiste de treinta y nueve libros, arreglados en una división triple de Ley, profetas y Salmos. Semejantemente, el Nuevo Testamento consiste de veintisiete libros, di­vididos en tres clases generales esto es, cinco libros de historia, veintiuna cartas o libros de doctrina y disciplina, y un libro de profecía.
Sin embargo, no se debe insistir estrictamente en esta clasificación, puesto que los cinco libros intitu­lados de historia contienen cartas, doctrinas y profe­cías; y las veintiuna cartas, contienen historia, pro­fecías y doctrinas, y el libro de profecía contiene también cartas, historia y doctrinas.
De estos libros del Nuevo Testamento, Pablo catorce; Juan, cinco; Lucas y Pedro, dos cada uno; Mateo, Marcos, Santiago y Judas, uno cada uno. Puesto que Pablo influyó en ambos libios de Lucas, una mayoría de los libros, y más de la mitad del contenido en el Nuevo Testamento pueden atribuirse directa o indirectamente a Pablo.
La palabra "Testamento," ya sea que se hable del Antiguo o del Nuevo, fue derivada del latín, basada equivocadamente sobre pasajes como: Lucas 22:13-20; la Corintios 11:25; Hebreos 8:9-13; 9:1-17, puesto que la palabra griega traducida así significa "Pacto." En la Biblia nunca se aplica a una colección de libros. En verdad, la palabra significa una ultima voluntad o testamento, cuando menos en dos casos bíblicos, y los dos se refieren a lo mismo. Hebreos 9:16-17. De modo que usada en ese sentido sencilla­mente señala una analogía entre un pacto, y un ul­timo testamento, esto es, en que la muerte de una víctima ratifica un pacto, así como la muerte de un testador precede a la posesión legada en su testa­mento. El efecto desastroso de traducir "Testamen­to," en otros ejemplos de su uso, no sólo obscurece la relación del pensamiento entre el Antiguo y el Nuevo pactos, sino que aparece histórica y particu­larmente en el hecho de que una denominación cris­tiana grande y moderna, conocida comúnmente co­mo Campbelismo, saca los artículos más distintos de su credo y práctica de esta traducción incorrecta, juntamente con sus interpretaciones impropias de algunos otros pasajes. Substancialmente, su argu­mento es como sigue:

1. El Nuevo Testamento es el último legado de Dios.

2. Su provisión de herencia no puede ser efectiva hasta después de la muerte del testador, a saber, Jesucristo.

3. La bendición principal de la herencia es el per­dón de los pecados.

4. Los pecados bajo el Antiguo Testamento hasta la muerte de Cristo, no fueron realmente perdona­dos, sino que solamente fueron pasados por alto hasta la venida y la muerte del testador, citando Romanos 3:25.

5. Por esto, al determinar la ley del Nuevo Testa­mento del perdón, afirman que no debemos consi­derar los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, sino consultar los libros escritos acerca de sucesos después de su muerte. Por esto hallan la ley del per­dón en Hechos 2:38, y afirman que entonces fue esta­blecido el reino de Cristo, y que entonces solamente fue publicada esta ley de perdón, esto es: "Arrepen­tíos y sed bautizados, cada uno de vosotros, en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestrOs pe­cados, y recibiréis el don del Espíritu Santo!"

6. Por esto declaran que el bautismo es una con­dición para la salvación y recepción del Espíritu Santo, y una parte esencial de la regeneración.
Su doctrina, basada sobre este argumento, es ma­nifestada detalladamente en un libro por Ezell, uno de sus maestros, intitulado, "La Gran Herencia." Aplazamos hasta llegar a Hechos 2:38, la corrección de su interpretación errónea de este pasaje, y sólo declaramos ahora que el defecto capital de su doc­trina consiste en confundir la expiación para con Dios con la remisión de pecados para con el hombre. Es verdad que la expiación de los pecados para con Dios no se verificó históricamente sino hasta que murió Cristo, pero es del todo Incorrecto pensar que la remisión de los pecados para con el hombre no precediera esta expiación, puesto que la remisión se efectuó tan ciertamente en los tiempos del An­tiguo Testamento como en los tiempos del Nuevo, por haber aceptado Dios la promesa de la expiación dada por su Hijo.
Aunque nos parece bien mostrar lo incorrecto y la tendencia desafortunada de este nombre equivocado, sin embargo el término “Testamento”, está tan fijo en nuestra literatura como aplicado a los dos libros llamados así, que aceptamos el uso común modificado por esta explicación.
Semejantemente la palabra griega traducida "E­vangelio" significa, etimológicamente, buena nueva de cualquiera clase, pero en esta colección de libros significa la buena nueva de salvación por Jesucristo nuestro Señor. En ninguna parte en el uso del Nuevo Testamento significa "Evangelio," una historia, como cuando decimos, "El Evangelio según Mateo." La pa­labra "Evangelio" ocurre con frecuencia sola, o sola­mente con el artículo; como "Predicad El Evangelio," o "Creed El Evangelio." Con relación al Padre te­nemos el uso: "El Evangelio de Dios," "El Evan­gelio de la Gracia de Dios," "El Evangelio de la Gloria del Dios Bienaventurado." Con relación al Hijo te­nemos el uso: "El Evangelio del Hijo," "El Evan­gelio de Cristo," "El Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios." Se usa también con otro término modifi­cador, "El Evangelio del Reino," y se usa con refe­rencia a su propósito, "El Evangelio de la Salvación," y a su duración, "El Evangelio Eterno."
Sin embargo, nuestra palabra inglesa "Gospel," se deriva del idioma anglo-sajón, "Godspell," que sig­nifica, "Una Historia de Dios." Empleamos la palabra en este sentido narrativo cuando decimos, "El Evan­gelio de Mateo," o "El Evangelio según Mateo." En este último sentido, significando una narración, han llegado a nosotros en Escritura cinco Evangelios-Mateo, Marcos, Lucas, Juan y Pablo. De éstos, el de Pablo fue escrito primero, y el de Juan, al último. Tres de estos Evangelios, en el sentido de historias, son llamados sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas, por­que presentan una vista común.
Estos cinco Evangelios, o historias, deben conside­rarse como una historia independiente y completa de nuestro Señor desde el punto de vista del autor.
Fueron escritos por distintos hombres, en distintos tiempos, para propósitos y fines distintos -y repito, que cada uno debe considerarse como una vista com­pleta. Es decir, que no obstante la multitud de libros que han sido escritos sobre el asunto, no hay evi­dencia satisfactoria de que cualquiera de ellos tuviera delante, o fuera influenciado por una copia de cual­quier otro del cual conscientemente tomara algo, o el cual con designio abreviara, o amplificara o suplementará de cualquier manera. Ni hay evidencia fidedigna de que dos o más de ellos pudieran consul­tar algún otro Evangelio escrito común u original que ya se ha perdido. Por supuesto, había un Evan­gelio oral común antes de que existiera alguno es­crito, pero no se podía confiar en que la memoria meramente humana pudiera conservar detalles mi­nuciosos tales como los que encontramos en Marcos, en las mismas palabras de largos discursos, tales co­mo los que encontramos en Juan y Mateo. Debemos buscar en otra parte una explicación adecuada de sus acuerdos y diferencias. En el último análisis, la inspiración de cada historiador es la que mejor da cuenta del plan de su historia, no solamente respecto al material que escoge, sino respecto a lo que omite, del retrato histórico de nuestro Señor.
Westcott en su introducción a los Evangelios, cita el hecho de que se pintaron tres retratos de Carlos 1, uno de frente, y los otros de perfil, derecho e izquier­do. Estos tres retratos se hicieron a fin de que un escultor pudiera hacer una estatua al natural. El escultor no podía hacer esta estatua con exactitud mirando solamente el retrato de frente, ni mirando solamente uno de los perfiles. Semejantemente tene­mos cinco retratos históricos de nuestro Señor, a fin de que, estudiándolos desde los distintos puntos de vista, podamos conocer bien a nuestro Señor y Salvador.
Ya hemos dicho que el Nuevo Testamento considera la vida de nuestro Señor en cuatro fases distintas: Su preexistencia, su prefiguración en el Antiguo Testamento, encarnación, y la vida gloriosa de su humanidad exaltada. Cada historiador considera so­lamente la parte de estas cuatro fases que es esen­cial para su plan. Marcos, con detalles muy vivos, considera el ministerio público de nuestro Señor, refiriéndose poco a su preexistencia, su prefigura­ción en el Antiguo Testamento, o su vida después de su ascensión. Mateo y Lucas son los únicos que tratan de la infancia de nuestro Señor. Mateo y Pablo consideran particularmente la interpretación de la prefiguración de nuestro Señor en el Antiguo Testamento. Lucas, en un segundo tomo, discute mu­cho la vida exaltada de nuestro Señor en el estable­cimiento de las iglesias. Tanto Juan como Pablo tratan de su preexistencia, y ambos tratan de las actividades de su vida exaltada. Esto lo hace Juan en su segundo tomo Apocalipsis.
Podemos estudiar con provecho estas historias de nuestro Señor en dos maneras:

1. Examinando cada historia por separado, a fin de comprender la vista completa del autor según su p1an~ Este estudio no debe omitirse.

2. El estudio de nuestro Señor según la Armonía, poniendo en columnas paralelas cuanto tiene que decir cada historia sobre un punto dado, y mirando el testimonio de todos los testigos.
Es fácil ver que Mateo escribe para los judíos, y que es el suyo el evangelio del Rey y del Reino, conforme a una interpretación correcta de las pro­fecías del Antiguo Testamento. Hallamos pues, en Mateo, muchas citas del Antiguo Testamento. Pro­cura probar a los judíos que Jesús de Nazaret es el Mesías de los judíos predicho en el Antiguo Testa­mento.
Pablo se une con Mateo en hacer la misma prueba, pero con referencia a un propósito más amplio que limitación de Mateo.
El Evangelio de Marcos puede llamarse el evan­gelio de hechos antes que el evangelio de enseñanzas. Está limitado a la vida terrenal de Jesús, y describe las grandes cosas que hizo. Es muy vivo y minucioso en sus detalles y tiene mucha narración. Puesto que solamente un testigo ocular podría dar los detalles minuciosos y vivos de los ademanes, postura, esto es, la misma apariencia de los actores y observadores; este se ha llamado el Evangelio de Pedro. Hay evi­dencias tanto externas como internas de que Pedro proveyó la mayor parte del material para el Evan­gelio de Marcos. Puesto que Marcos se limita casi ex­clusivamente a una de las cuatro fases de la vida de nuestro Señor y solamente a su ministerio público, y puesto que hace poca contribución a la suma de los discursos, parábolas y milagros, tenemos que hallar su contribución más valiosa en sus detalles vivos y minuciosos, en cuyo respecto sobrepuja con mucho a todos los demás. Rodea sus incidentes con todas las circunstancias que los hace impresivos. Vemos la postura, el ademán, la mirada y el efecto. Sus detalles de persona, número, tiempo y lugar son pe­culiares. Sus transiciones son rápidas, sus tiempos son con frecuencia presentes en lugar de pasados, y oímos las mismas palabras arameas que se ha­blaban, en citas directas. Es más vivo que el cine­matógrafo, puesto que oímos las mismas palabras arameas: "Boanerges," "Talitha cumi," "Corban," "Ephphatha," "Abba."
El Evangelio de Lucas puede llamarse el Evangelio del Salvador y de la humanidad, siendo su propósito no tanto el de convencer a los judíos de que Jesús es el Mesías, como el de mostrar Su relación con toda la raza humana. Por ser el Evangelio de Lucas el del Salvador y de la humanidad, su genealogía se extiende hasta Adán. Lucas no era judío y fue el único gentil que escribió un libro de la Biblia. Sus escritos, el Evangelio y los Hechos, tratan detallada­mente de la vida terrenal de nuestro Señor, y de su vida después de la ascensión hasta el primer encar­celamiento de Pablo en Roma. Renán, el ateo, dice que el Evangelio de Lucas es "el más hermoso del mundo." Hablando de ellos como obras maestras de la literatura humana, Isaías y Lucas superan todos los otros libros de la biblioteca sagrada.
No puede uno en pocas palabras, enumerar todas las contribuciones especiales del Evangelio de Lucas. Podemos notar unas cuantas:

1. El solo relata el nacimiento y educación de Juan el Bautista.

2. El solo nos da los cinco grandes himnos: El "Ave Maria," "El Benedictus" de Zacarías, el "Mag­níficat" de Maria, el "Gloria in Excelsis" de los án­geles, y el "Nunc Dimittis" de Simeón.

3. Narra más milagros y parábolas que ningún otro historiador, y de estos por lo menos seis milagros y diecisiete parábolas no se dan en otra parte.

4. Más que los otros es éste el evangelio para las mujeres, los pobres, los enfermos, los proscritos y los extranjeros.

5. Debemos a él, más que a todos los demás, los incidentes y las enseñanzas del ministerio de nuestro Señor, después de su rechazo en Galilea y hasta la última semana de este ministerio.

6. Es, más que los otros, el evangelio de oraciones y acciones de gracias pues relata no solamente las ocasiones cuando oró nuestro Señor, y con frecuen­cia las oraciones mismas, sino las lecciones sobre la oración, enseñadas a los discípulos.
El Evangelio de Juan puede llamarse el evangelio del conocimiento positivo, seguridad y consuelo. Es la historia subjetiva antes que la objetiva. Eviden­temente desea dar a todo cristiano el conocimiento absoluto y la seguridad interior de aquel conocimiento.
Pablo trata menos que los otros de los detalles de la vida terrenal, discutiendo más los propósitos de esa vida que sus hechos históricos. Es interesante, al comparar Mateo, Lucas, Marcos, Juan y Pablo notar la contribución especial de cada uno para la historia completa de nuestro Señor. Ningún his­toriador meramente humano habría omitido de su historia lo que omite cualquiera de ellos. No pode­mos darnos cuenta, de alguna manera puramente humana, de la omisión del primer ministerio en Judea por los evangelios sinópticos, ni de la omi­sión de Juan de la mayor parte del ministerio en Galilea. Un estudiante cuidadoso de las distintas his­torias de nuestro Señor puede dejar de ser impre­sionado con el hecho de que ninguno de ellos solo, ni todos ellos juntos, intentan hacer una biografía completa tal y como hallamos en la historia humana de un hombre. Cada uno emplea solamente el ma­terial necesario para su plan, omitiendo de propó­sito cuanto no sea esencial para su finalidad. Juan, al fin de su Evangelio dice con razón: Y hubo tam­bién otras muchas cosas que "hizo Jesús, en presen­cia de sus discípulos, que no están escritas en este libro: Estas empero han sido escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que cre­yendo, tengáis vida en su nombre." Una declaración semejante bien podría haber sido hecha por todo historiador. Lo que es cierto con referencia a los hechos de su historia, es cierto también con referen­cia a sus enseñanzas. Ninguno de ellos da todas sus enseñanzas, o procura hacerlo, sino que da solamente cuanto de sus enseñanzas sea necesario para el plan de su historia.
En verdad, Lucas, en su segundo tomo intitulado "Los hechos de los Apóstoles," dice que Su evangelio es un relato de lo que Jesús comenzó a hacer y en­señar, dando a entender que su segundo tomo dirá lo que Jesús continuó haciendo y enseñando en su vida exaltada Es Interesante así como provechoso, reunir los Incidentes, milagros, parábolas y discursos dados por cada historiador.
Por ejemplo, Mateo sólo relata la curación de los dos ciegos, en su capitulo noveno, y el hallazgo del estatero en la boca del pez. Mateo sólo da diez de las grandes parábolas -la de la cizaña, la del tesoro escondido, la de la perla de gran precio, la de la red, la del siervo sin misericordia, la de los obreros en la viña, la de los dos hijos, la de la boda del hijo del rey, la de las diez vírgenes, y la de los talentos. Sólo Mateo relata algo más extensamente el gran sermón en el monte, y los grandes discursos sobre el desechamiento de los judíos, y la gran profecía de nuestro Señor que se extiende desde el capitulo 2,1 hasta el 25 de su libro. El sólo nos da ciertos Inci­dentes de la vida de nuestro Señor-la venida de los magos, la matanza de los Inocentes, la huida a Egipto, la vuelta a Nazaret, el pacto de Judas de entregar a Cristo por treinta piezas de plata, su arrepentimiento y su fin, el sueño de la mujer de Pilato, la aparición de los santos en Jerusalén con relación a la resurrección de Cristo, la guardia puesta junto al sepulcro, el soborno de los soldados para que difundieran informes falsos, y el terremoto.
Es en Juan solamente donde hallamos el primer ministerio en Judea, el ministerio en Samaria, el gran discurso sobre el pan de vida en Capernaum, el discurso sobre el Buen Pastor, y especialmente el gran discurso después de la cena del Señor, como está relatado en sus capítulos 14, 15, 16 y 17. Estos cuatro capítulos de Juan constituyen el libro de con­suelo del Nuevo Testamento, así como los últimos veintisiete capítulos de Isaías constituyen el libro del consuelo del Antiguo Testamento.
Por supuesto, estos ejemplos de contribuciones es­peciales no son sino ejemplos, y no son todos.

Es en la historia de Pablo solamente donde hallamos una adición a la genealogía, de Lucas, esto es, desde el primer Adán, hasta el segundo Adán, pero puesto que cuatro de estos evangelios son historias consecutivas, y puesto que la historia de Pablo, el quinto evangelio, está esparcida por sus muchas cartas, vamos a considerar en el capítulo siguiente el quinto evangelio.
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