Educación plástica y visual






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Educación plástica y visual.

IMAGEN DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD

Imagen de la mujer por grandes pintores contrastada con la de la sociedad actual.



Alicia Pérez García

10/09/2011




INDICE


  • RENOIR

  • DEGAS

  • MUJER EN LA ACTUALIDAD

  • GALERÍA DE OBRAS SOBRE MUJERES EN EL MUSEO THYSSEN


Renoir, pintor de mujeres
«Las mujeres no cuestionan nada. Con ellas el mundo se vuelve algo muy simple. Saben que lavar es tan importante como la constitución del Imperio Alemán.»Pierre-Auguste Renoir

Considerado como uno de los pintores más importantes y célebres de las artes plásticas francesas —en particular del impresionismo—, Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) es ampliamente conocido por sus óleos de niñas, flores, escenas plácidas y, sobre todo, de voluptuosos cuerpos femeninos. Pero, ¿qué hay detrás de este pintor que retrataba sobre todo a mujeres?.
Hijo de una familia de la clase trabajadora, Renoir tuvo que trabajar desde pequeño y ahorrar incansablemente para poder pagarse sus estudios, lo cual lo hizo un estudiante asiduo, metódico y muy seguro de lo que hacía. Su pasión por la pintura era tal, que rebasaba cualquier trasfondo ideológico y se recreaba en el mero acto de crear.
Para cuando se matriculó en la Academia de Bellas Artes de París, en 1862, Renoir pretendía seguir la corriente de quienes estudiaban con profesores particulares en busca de mayor libertad. En estos talleres conoció a Monet, Manet, Degas, Pissarro y otros representantes de lo que más tarde sería el grupo impresionista, que proponía dejar de copiar y pintar al aire libre.
En su obra son evidentes dos grandes momentos pictóricos: el primero pertenece a la época impresionista —entre 1864 y 1881—, en la que destaca la pintura al aire libre y las escenas de la vida burguesa como Lise con sombrilla (1867) o Baile en el Moulin de la Galette (1876). Aunque ya para entonces pintaba mujeres y éstas tenían cierto protagonismo, aún el interés del pintor no radicaba en la sensualidad del cuerpo femenino, sino en los cuerpos y telas donde se reflejaba la luz. Su segunda etapa está marcada por la llegada de dos mujeres al grupo —Berth Morisot y Mary Cassatt—, lo que lo hizo alejarse de los impresionistas y viajar en 1881 a Argel y luego a Italia.
Al conocer a profundidad el arte renacentista, Renoir nunca más vería al cuerpo como un depósito de luz y sombra, sino que empezaría a buscar volúmenes; por esta razón, desnudó el cuerpo de la mujer, definió sus contornos y asimiló la influencia de Rubens, Fragonard y Boucher —de quien Renoir alguna vez dijo: «Creo que ha sido el único pintor que ha entendido el cuerpo femenino»— Entonces la mujer se convierte en centro inequívoco de la temática del pintor.


Las mujeres de Renoir.


Como la mayoría de sus contemporáneos, Renoir veía a las mujeres como criaturas complacientes, simples, fértiles, devotas al sexo, la reproducción, la crianza de niños y demás tareas domésticas. A pesar de considerarlas tan inferiores, al pintor le gustaban las mujeres; al menos, su cuerpo: observarlas, pintarlas. Encontró, pues, en ellas, un sujeto perfecto para sus pinturas. Fue así que se ganó la reputación dentro de los impresionistas como «más que nada, pintor de mujeres», desde Retrato de Romaine Lacaux (1864) hasta El juicio de Paris (1913-14). Sin embargo, le chocaban en particular las mujeres educadas que presumían de escribir y publicar: «Considero monstruos a las mujeres que se creen autoras, abogadas y políticas, como George Sand, Madame Adam, y otras aburridas que no son más que vacas de cinco patas». Para Renoir, que una mujer fuera algo más que un ser simple con ojos tiernos y senos grandes, o una madre abnegada, era una violación del orden natural de las cosas. Su boda con Aline Charigot, una de sus modelos, a la que pintó innumerables veces, deja claro el tipo de mujer que prefería.

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Renoir y Fragonard.


Las mujeres de Renoir tienen una deuda con las mujeres de Fragonard, ya que ambos pintores comparten la misma picardía a la hora de escoger y pintar a sus modelos. El crítico Philippe Burty dijo al respecto: «Uno tendría que regresar a los bocetos de Fragonard para descubrir una manera similar de pintar, no sólo comparable en la técnica, sino por el temperamento tan esencialmente francés». De este modo, Renoir se convierte en un pintor que recoge una añeja tradición, al tiempo que abre las puertas a la modernidad.
Como sucedió con Fragonard, el erotismo de las modelos de Renoir atrajo a la alta burguesía y él, como todo pintor burgués para burgueses, se entregó a una placentera contemplación sin mayores interrogantes. Esto se aprecia en pinturas como Joven jugando con su perro (1765-1772). Son estos burgueses y artistas quienes configuran una de las claves determinantes para el éxito de cualquier obra de arte: en la época, un pintor era considerado bueno si tenía la capacidad técnica y la inteligencia social para satisfacer las demandas de su comprador.


El machismo de Renoir.


Además de sus célebres desnudos, Renoir pintaba mujeres en escenas domésticas que daban un mensaje más respetable y sentimental: interiores domésticos, niños y mascotas, madres con sus hijos, mujeres jóvenes leyendo o tocando el piano, familias rústicas, algunos campesinos felices, trabajadores urbanos y lavanderas sensuales. Escribió Vollard: «Le dije a Renoir cuánto me habían emocionado dos desnudos del comedor [él contestó]: “Son estudios hechos con mis criadas. He tenido algunas con una constitución admirable y que posaban como los ángeles. Aunque debo añadir que yo no soy difícil: me adapto bastante bien [...] siempre que encuentre una piel que no repela la luz. [...] ¿Usted ha visto alguna mujer distinguida con unas manos que a uno le dan ganas de pintar? Es muy bonito pintar unas manos de mujer, ¡pero unas manos que se entreguen a los trabajos domésticos! En Roma, en la Farnesina, hay una Venus de Rafael que va a suplicarle a Júpiter; tiene unos brazos... ¡es delicioso! Uno cree ver a una buena y gran matrona que regresa a su cocina...”».
La interpretación que se hace de la manera en que Renoir representa a la mujer es consistente con el análisis que hace Théodore Duret —principal impulsor de la corriente impresionista—: «[Renoir] otorga a la mujer un tipo de sensualidad, un efecto que por ningún motivo es estudiado, sino procede simplemente de su percepción inmediata». De hecho, Renoir —según refiere su hijo— intentaba crear arte que no tuviera tema, y se decidió por la mujer como realización de su deseo. Así creó un paradigma dentro de su trabajo que afirma que la mujer no tiene tema, que no existe más allá de la belleza de sus formas, de su cuerpo siempre voluptuoso. «Mis modelos no piensan» —dijo, y les puso cabezas pequeñas y ojos avispados, que son características de sus desnudos—. Su pintura es fluida y erótica; estamos tan cerca de estas mujeres que su presencia nos alerta, casi podemos acariciarlas.

El placer y la pintura.


No se puede negar el placer estético de sus pinturas y sus modelos. Como dijo Duret de uno de sus desnudos: «Dudo que ningún pintor haya interpretado nunca a la mujer de una manera más seductora. El pincel de Renoir, rápido y ligero, le da la gracia, la suavidad, el abandono, hace su carne transparente, colorea sus mejillas y sus labios de un brillante encarnado. Las mujeres de Renoir son hechiceras. Si se llevan una de ellas a casa, será la persona a la cual echarán la última mirada al salir y la primera al entrar. Conquistará un lugar en su vida. Harán de ella una amante. ¡Pero qué amante! Siempre dulce, alegre, sonriente, sin necesidad de vestidos, ni sombreros, sabiendo prescindir de joyas. ¡La verdadera mujer ideal!».
Todos disfrutamos de lo bello, y no hay manera de esquivar la belleza en la obra de Renoir. El cuerpo de una mujer sigue siendo fuente de inspiración, no sólo para artistas, sino para la vida cotidiana. A pesar de que los tiempos y la forma de pensar «han cambiado», aún podemos encontrar similitudes entre aquellos desnudos voluptuosos llenos de color y vida y los grandes espectaculares en los que una mujer semidesnuda con la misma mirada vacía trata de vender un producto. El desnudo femenino todavía se explota, se vende... y se disfruta a pesar de su misoginia.

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Edgar Degas

 "Un cuadro debe ser pintado con el mismo sentimiento con que un criminal comete un crimen".

”Lo que más me asusta en el mundo es tomar té en un salón de té de moda. Bien puedes pensar que estás en un gallinero. ¿Por qué se toman tantas molestias para estar tan feas y vulgares? …” ¿Por qué un hombre que se expresaba así más que nada pintaba mujeres? Algunos dicen impotencia, nadie está seguro.
Edgar Degas más que nada estaba obsesionado con la figura femenina en la cotidianidad del baño, el desparpajo del burdel, planchando, bailando. Captaba la intimidad del movimiento. Recreaba las posturas más insólitas, las poses naturales e instantáneas.

Este hombre que parecía ser el perfecto caballero de clase media y se quitaba el sombrero con educación respondiendo con cautela a las correctas formas de la sociedad, amaba los burdeles.
Pintaba a las prostitutas de un modo íntimo más cercano al espectador, eran las mujeres burguesas las más lejanas. La vida de una prostituta en un burdel autorizado era muy dura, a pesar de esto las prostitutas de Degas no parecen agobiadas o infelices, las imágenes más exuberantes que pintó desprenden humor y una vitalidad que no está en ninguna otra parte de su obra. Degas nos da un atisbo de sus vidas, no sólo de su explotación sino de su humanidad, del afecto y solidaridad que sentían entre sí.

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En su vida privada se le vinculó con Berthe Morisot, pintora impresionista y con Mary Cassatt, pintora estadounidense. Berthe escribió una carta a su hermana en la que describía con ironía a Degas “viene y se sienta a mi lado, fingiendo cortejarme, pero su cortejo se reduce a un largo comentario del proverbio de Salomón: ”La mujer es el desconsuelo de los justos”…”
Nunca contrajo matrimonio y al respecto dijo un día: “Estaría en una constante miseria mortal durante toda mi vida por el temor que algún día mi esposa dijese –‘Eso es una cosita bella,’ después de terminar un cuadro.”

Dejó para sí los monotipos de las mujeres que realmente le gustaban, las prostitutas de grandes traseros. Se dijo mucho que las modelos de Degas eran prostitutas, esto no quedó claro hasta que aparecieron los monotipos hechos a partir de sus experiencias en los burdeles. De 1875 a 1885, Degas produjo alrededor de 120 monotipos explícitos de mujeres desnudas en las casas frecuentadas por la clase alta. Estas obras nunca fueron exhibidas durante su vida.

Para haber sido considerado un misógino irredimible, sin duda dejó un gran homenaje a la mujer.

A partir de los años ochenta, Degas realizó numerosas variaciones sobre el tema de las bailarinas; sin embargo, la idea de la mujer estuvo muy vinculada a su vida artística y privada. Degas perdió a su madre cuando contaba apenas trece años. No se casó nunca y no se le conoció ninguna relación amorosa -Mademoiselle Volkonska y Marie Dihau no son más que meras suposiciones.

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Clase de baile (1872)

Sus complejas relaciones con las mujeres influyeron notablemente en su arte y propiciaron su curiosidad a través de la mirada, un "voyeurismo" que se manifiesta en esos cuerpos que, en realidad, parecen haber sido robados a la intimidad femenina, mientras las mujeres se preparan para la escena, como en Clase de baile (1872, Museo de Orsay, París), Bailarina sentada frotándose el tobillo izquierdo (1881-1883, Museo de Orsay, París) y Bailarinas entre bastidores (1890, Museo de Orsay, París), o mientras realizan sus aseos cotidianos como en Mujer peinándose (1887-1890, Museo de Orsay, París) o Mujer secándose el pelo al aire libre (1903, Museo de Orsay, París).

Mujer peinándose es uno de sus más clásicos desnudos. En una versión posterior del mismo tema, Doncella peinando a la señora (1896, National Gallery, Londres), los contornos de la mujer y la criada surgen de un campo cromático rojo anaranjado que parece anticipar el Estudio rojo de Matisse (1911, MOMA, Nuevae esta pintura de Degas. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/fotos/degas_mujer_peinandose.jpg


¿Cómo reconocernos como mujeres?, ¿Cómo definir qué somos, como somos, desde cuando somos y hasta dónde somos? Las mujeres no podemos hablar de presentes y de evoluciones sin saber de dónde venimos, desde dónde arrastramos. Debemos conocer nuestra historia silenciada.

La formación de una mirada de la mujer como sujeto requiere la reinterpretación de la historia que hasta ahora hemos conocido y la observación de lo significativo ligado a la mujer y lo femenino en todos sus ámbitos culturales, morales, políticos, económicos, etc.

Cada época ha sido marcada por unos roles de belleza de las que hemos de destacar: de la época prehistórica, en la que el ideal de belleza era una mujer de pecho voluminoso, caderas anchas, piernas y abdomen grueso y estatura baja. En la Grecia clásica, era la figura corporal proporcionada en todas sus partes; En la etapa medieval se muestra a una mujer de piel blanca, cabello rubio y largo, labios rosados y torso delgado en general; En los siglos XVII y XVIII el aspecto físico se basaba en cuerpos más rellenitos que en épocas anteriores, pechos nuevamente voluminosos, brazos carnosos, hombros estrechos y piel blanca;por lo que Antiguamente al ver a una mujer gruesa era símbolo de riqueza y de salud, lo que se podemos observar a través de obras de arte dejadas por famosos autores de la época como “Goya” o “Rubens” en su obra de “Las tres gracias”.Al observar la obra de Rubens podríamos decir que estas mujeres seguramente jamás se habrían contenido de comer por el hecho de engordar, es mas, es posible que las personas de su sociedad las viera como hermosas e incluso las envidiaran, ya que en aquella época, como se ha comentado antes, estaba muy bien visto.



Hoy en día no hace falta decir que este aspecto ha dado un giro de 180º, ya que en el siglo XXI predomina la mujer con medidas de 90, 60, 90.

Los cánones de belleza han sufrido unas transformaciones evidentes a lo largo de la historia, pero ¿Quién decide cual es el ideal de belleza?, ¿Quién dice lo que es femenino y lo que no lo es? El hombre, la sociedad, los medios y la publicidad tienen la respuesta.

La inferioridad moral de las mujeres inició su andadura en el principio democrático de Rousseau. Según Rousseau, las mujeres no podían ser consideradas, sólo podían ser educadas como complemento del hombre ya que al ser moralmente inferiores no podía reconocérseles dicho estatuto. Su función había de desarrollarse, por tanto, en el espacio doméstico y, desde ahí, debían ser las reproductoras de aquellos que eran iguales, sin serlo ellas mismas.

Esta visión de la mujer ha sido vista a lo largo de muchas épocas. De hecho aún nos planteamos en nuestra sociedad si hombres y mujeres somos iguales. Las mujeres han sido reducidas en sus cualidades y facultades, ya que el rol que estaban destinadas a desempeñar las coartaba de recibir la misma educación que los hombres, de ejercer otras profesiones, o incluso de caminar libremente por los espacios públicos. Esta concepción de la mujer se ha visto reflejada en la pintura. Prueba de ello se observa en el S.XX en la pintura victoriana “representaciones femeninas a modo de madonas”. En siglos anteriores las mujeres eran pintadas con cuerpos más voluminosos, porque era señal de tener un poder adquisitivo alto, otra de las características es que aparecen con la piel muy blanca, indicaba que la mujer pintada no tenía la necesidad de trabajar en el campo. Debido a esta exclusión social eran los hombres los únicos que se dedicaban a la pintura o al menos en el ámbito público; Había mujeres que pintaban clandestinamente pero al hacer públicas sus obras se ponía un pseudónimo masculino. Éstas reflejaban sus experiencias que eran diferentes a la de los hombres pero eran igualmente válidas.

Salvo notables excepciones, la representación de la mujer ha corrido a cargo de artistas masculinos, reflejando ciertos tópicos como aludir más a sus rasgos sexuales y físicos que a los intelectuales, asociarla más a lo biológico que a lo cultural… Así, en el campo artístico, la enorme mayoría de las obras las producían los hombres, para un público masculino y con mensajes que reflejaban los sueños, expectativas y fobias de los hombres.

Frida Kahlo (1907-1954) fue una pintora mexicana que sobreponiéndose a las adversidades que le impuso el mundo del arte, consiguió darse a conocer en 1926 en la pintura, gracias a su fuerte personalidad que le favoreció a la hora de luchar por sus derechos en este mundo.

Poco a poco, la mujer se ha ido abriendo camino no sólo en el arte sino en todos los aspectos de la vida y hemos ido consiguiendo como poco igualarnos al hombre y dejar de ser esclavas de éste. Aunque creemos, que aún queda mucha lucha.

La lucha ha de seguir desbancando la imagen de la mujer tratada como objeto sexual, ya que en la actualidad nos vemos bombardeadas con este tipo de imágenes.

Una de las prácticas más habituales de la publicidad desde sus comienzos ha sido la de reducir a la mujer a "objeto", dentro de todo el contenido publicitario. La mujer está despersonalizada, sin identidad propia, sólo pone su cuerpo y belleza al servicio de la satisfacción de los varones. La imagen de la mujer aparece en la publicidad en mucha mayor proporción que la del varón, y sobre todo si el anuncio tiene contenido sexual.

Así pues podemos hablar de un primer modelo en lo que se refiere a la utilización de la mujer con un significado sexual, sirve como llamada de atención al sexo masculino. Su imagen aparece simplemente como adorno o vehículo de promoción del producto, pero eso sí, siempre es una imagen que sirva como reclamo erótico. Así pues, primero atrae la mirada del espectador varón para traspasar posteriormente su atención al verdadero objeto, objeto del anuncio, la marca o producto publicitado. Generalmente suele ser una mujer joven y bella, de proporciones exuberantes que bien aparece desnuda o escasamente desnuda. La mujer es sólo un cuerpo, una pieza objeto del deseo del hombre.

No se pueden seguir presentando situaciones tan irreales y que, en ocasiones, atentan contra la dignidad de la mujer. La lucha por la igualdad debe empezar por un cambio cultural en este sentido, así como por la educación de los más pequeños. La mujer no es un objeto sexual ni decorativo, por lo que se debe despertar la conciencia entre la sociedad.
¿Nos hemos desvalorado como mujeres? ¿Cómo es posible que hasta nosotras mismas nos hayamos rebajado a creer lo que ellos dicen… lo que la sociedad nos dice…?

Hoy en día muchas de nosotras pensamos que si no vamos a la moda, no tenemos una talla 38, si no vamos maquilladas y peripuestas… no estamos bien vistas en la sociedad, incluso nuestro estado anímico cambia, nos sentimos decaídas. ¿Es normal, que nos lleguemos a sentir así cuando somos más que todo eso? Nosotras somos más que un lindo vestido, o unos bonitos zapatos, un corte de cabello, una nariz perfecta, unos llamativos ojos… No lo es si nos negamos a que lo sea… luchando contra esa superficialidad. Se considera al cuerpo femenino como más estético que el del hombre y seguramente será por sus formas, pero todo el mundo lo cree así. Esta es una duda que no sabemos responder porque también nosotras lo creemos, con lo que no estamos de acuerdo es que se utilice a la mujer como un simple escaparate. ¿Qué opinarían nuestros señores lectores de que a su hija, novia, madre, sobrina, las miren como un objeto sexual, escaparate o decorativo?
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Seguimos estando en manos de la sociedad porque aunque sabemos que el físico no es lo que importa le seguimos dando importancia a tener un buen físico y no precisamente por ayudar a nuestro cuerpo a tener una buena salud sino a sentirnos bien con nosotras mismas y gustar a los demás, a los hombres. Las imágenes tienen un gran poder en nosotras.

Actualmente vivimos en una sociedad en la que nuestro físico es nuestra etiqueta de presentación, por eso en la publicidad el rol de la mujer es aparecer con una actitud pasiva y la gran mayoría de ellas desnuda porque es lo que atrae al público masculino.

A lo largo de la historia las mujeres hemos conseguido un avance para que no seamos tratadas como simples y meros objetos pero analizando la publicidad que hoy en día existe, seguimos estancados en aquella época en la que la mujer por sí sola no tenía ningún valor.

Las imágenes construyen una cierta realidad y nos construyen a nosotras. Como consumidoras de esas imágenes, intentamos imitarlas pudiendo llegar sin darnos cuenta a situaciones extremas como es el caso de la modelo Isabelle Caro que falleció hace unos meses a causa de una extrema delgadez, por una enfermedad: la anorexia, producida por haber intentado llegar a imitar esos cánones e ideales de belleza establecidos en nuestra sociedad.
A lo largo de la historia, han existido unos prototipos de belleza y casi siempre se han marcado para las mujeres, llevando a la mujer a una sumisión por parte de los que las marcan. Parece que la mujer no ha podido ser nada sin el hombre pero poco a poco se ha ido avanzando en ciertos aspectos. Pero no es suficiente. Y la prueba está en que aún la publicidad utiliza el cuerpo de la mujer para unos fines, que nosotras como mujeres no estamos de acuerdo, sobre todo porque es siempre la mujer la que enseña, la que va desnuda. Todos estos roles pueden llevar a situaciones muy peligrosas como la anorexia, pudiendo llegar a la muerte y sólo por verse identificada con la supuesta realidad que nos domina.

En definitiva, podríamos resumir este artículo destacando los cánones de belleza que han ido marcando a la figura de la mujer desde su comienzo de la prehistoria hasta nuestros días. Cómo la mujer asumía una moral de inferioridad sintiéndose realizada sólo con una figura masculina a su lado. Todo esto se ha visto reflejado en el arte y en otros medios haciéndose notar en todos ellos los rasgos sexuales femeninos.

La mano masculina ha sido la que siempre ha llevado las riendas en todos éstos y la mujer se ha encontrado en un segundo plano en el cual, solo ha participado como objeto sexual con el único fin de despertar el deseo en el público masculino, que suele ser mayoritario.

Todo esto ha llevado a la mujer a asumir ese segundo plano sin manifestar su propia identidad, desvalorizándose de tal manera, pudiendo llegar a atentar contra su propia vida por el mero hecho de sumergirse en el papel de una mujer creada por la sociedad y las imágenes.

Por lo tanto la publicidad transmite un modelo de mujer en el que la mujer sólo se valora por su belleza y por su potencial sexual y que solo vale para llamar la atención del hombre, sobre el propio anuncio, y además la presentan como una mujer feliz y contenta por aparecer en dicho anuncio. Esta presencia de una mujer perfecta crea estereotipos acerca de la mujer en la sociedad, lo cual es un factor negativo porque dichas mujeres sólo representan la ficción del mundo de la publicidad, no la realidad de la sociedad. Estos estereotipos provocan en las mujeres el deseo de parecerse a las “mujeres anuncio”, no aceptando sus cuerpos como tales y provocando por esta razón muchos más complejos. Teniendo, además más complejos las mujeres que afirmaban no imitar a las mujeres que nos presenta la publicidad, que las que si las tenían como modelos físicos a seguir. Podríamos llegar entonces a la conclusión de que es más fuerte la influencia que ejercen la publicidad en la sociedad, cuanto más inconscientemente sea esta. Por ejemplo, es como si vemos en los spot publicitarios una moda que han sacado nueva de llevar unos pantalones, que los ves, y en ese momento no se te ocurre otra cosa más fea que los pantalones, sin embargo ves la publicidad, una y otra vez de lo mismo, en la televisión, el periódico, los carteles publicitarios de las calles, etc. Con el tiempo esos mismos pantalones que te parecían horribles, ya no te lo parecen tanto, es más incluso hasta puede que llegues a desear tener unos para ti. Esto al igual que lo hacen con la ropa, surge el mismo efecto con cualquier otro artículo que anuncien constantemente, hasta llegar a desear el físico de la mujer que anuncia el producto. Esto es lo que comentábamos al comienzo, como la técnica de repetición de la publicidad especialmente, llegar al mayor número de personas posibles.

Guillermo Solana, comisario jefe del Museo Thyssen, explicó durante su presentación que se trata deuna "exposición irreverente y un poco provocativa por el modo en el que están mezcladas las obras para conseguir provocar en el espectador una chispa de comprensión y que dude o se distancie de los prejuicios adquiridos". Solana indicó que "la primera y la última de las heroínas" es la baronesa Thyssen, quien también asistió a la rueda de prensa y comentó que: "Para mí, como para vosotros, es una sorpresa, porque todavía no he visto nada".
La muestra explora los escenarios y las diferentes vocaciones de las heroínas representadas por artistas como Caravaggio, Rubens, Rembrandt, Goya, Delacroix, Pissarro, Degas, Nolde; artistas vivas como Marina Abramovic, Kiki Smith, Mona Hatoum o Julia Fullerton y artistas de todos los tiempos como Mary Cassat, Lee Kassner o Nancy Spero. La exposición empieza en las salas del Museo Thyssen-Bornemisza con una sección dedicada a la primera condición de la heroína: la soledad. El capítulo segundo está dedicado a segadoras y espigadoras, aguadoras y lavanderas, mujeres robustas y monumentales que sostienen como cariátides la arquitectura de la familia y de la sociedad. La exposición en el Thyssen culmina en la imagen de la mujer guerrera. En primer lugar, las vírgenes guerreras, doncellas acorazadas según el prototipo de Juana de Arco. Por otro lado, en el arte del final del siglo XIX, en artistas tan diversos como Edgar Degas y Franz von Stuck, las guerreras se despojan de la coraza, regresando a la imagen original de las antiguas amazonas y acercándose, al mismo tiempo, a las reivindicaciones feministas que hacen eclosión en esa época.
Mientras que en las salas de la Fundación Caja Madrid, la muestra indaga en los poderes espirituales de magas, mártires y místicas, estigmatizadas con frecuencia como brujas, locas o histéricas. Y por extraño que parezca, un sedimento de los poderes espirituales, mágicos o místicos tradicionalmente atribuidos a las mujeres en la iconografía tradicional queda encerrado en la figura de la lectora, ya que los libros "generan una burbuja donde la mujer puede vivir su vida a través de otras vidas". El último capítulo de la exposición está dedicado a las imágenes que las mujeres han creado ante el espejo: el desarrollo del autorretrato de las pintoras, desde Sofonisba Anguissola hasta Frida Kahlo. Heroínas está también enmarcada dentro del festival "Ellas Crean" una iniciativa gubernamental destinada a dar visibilidad a las creaciones artísticas realizadas por mujeres y que coincide con la celebración del Día Internacional de la Mujer. en este marco, el Museo Thyssen acogerá la actuación de la noruega Sidsel Endresen (14 de marzo) y de Marily Mazur Group (22 de marzo).

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