Sesión solemne de la Asamblea Nacional en conmemoración al 202º Aniversario de la Declaración de la Independencia Nacional, fecha en la cual reiteramos el compromiso con el legado de nuestro Comandante Supremo y Líder de la






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3.- La Tercera Revolución de resistencia: La popular y campesina. LA GUERRA FEDERAL.
"....no habrá hambre, no habrá miseria, ni mazmorras, ni grillos para el pueblo que hizo la independencia, pero el fruto fue nada más que para la oligarquía". Ezequiel Zamora.
Los sucesos que la historia recoge con el nombre de la Guerra Federal fueron en esencia y realidad un proceso de insurrección de los campesinos y campesinas de mediados del siglo XIX, quienes después de la Guerra de Independencia se encontraban sumidos en la más profunda miseria como consecuencia de la no abolida esclavitud y del despojo de las tierras a los soldados libertadores y a los pequeños propietarios debido a la aplicación de leyes de usura y tributos onerosos.
Corría el año de 1846 en un contexto de embargos a los pequeños propietarios, persecución a los dirigentes liberales, represión salvaje contra el pueblo, desmanes y violaciones cometidas por las tropas del gobierno, Antonio Leocadio Guzmán presentó su candidatura para las elecciones de octubre, aglutinando rápidamente el descontento y levantando un fuerte movimiento de apoyo popular en todo el país
Toda esta situación ocasionó en el mes de agosto de 1846, el estallido de protestas populares en Caracas y en el centro del país. Páez intentó ganar tiempo, y usando como mediador al también héroe de la Independencia General Santiago Mariño, convocó a Guzmán a un diálogo en la ciudad de La Victoria, Estado Aragua.
El 2 de septiembre Guzmán llegó a la referida ciudad, pero Páez no asistió, sino que se hizo nombrar Jefe del Ejército e inició una campaña militar contra la rebelión liberal.
Un timorato Guzmán se negó a los pedimentos de sus seguidores de convocar a la lucha armada y salió huyendo en solitario hacia Caracas, donde posteriormente fue hecho prisionero. El pueblo rechazó la claudicación y se sumó a las guerrillas que por todo el centro del país ya operaban.
La más importante de ellas se encontraba en las serranías de Carabobo y Aragua, liderizada por Francisco José Rangel, un soldado de la Independencia, mejor conocido como el "Indio Rangel".
Zamora había escoltado, como miliciano, a Guzmán en el frustrado diálogo de La Victoria y decepcionado por la claudicación de éste, se había retirado a Villa de Cura junto con Manuel Ibarra, hijo de Diego Ibarra, quien había sido edecán de Simón Bolívar. Ambos se insurreccionaron en septiembre de 1846, con un puñado de peones en Guambra, al sur de Aragua, bajo la consigna de Tierra y Hombres Libres.
EI Indio Rangel se les sumó con un centenar de campesinos y campesinas, que proclamaron a Zamora como General del Pueblo Soberano, el 08 de Septiembre de 1846.
Francisco José Rangel fue capturado y decapitado el 14 de marzo de 1847 y su cabeza llevada a José Antonio Páez. Zamora fue hecho prisionero el 25 de marzo de 1847 y condenado a muerte el 27 de julio de ese mismo año.
Aun cuando esta insurrección fue derrotada y sus líderes asesinados o encarcelados, la misma profundizó las contradicciones en el seno de las clases dominantes, generando una ruptura entre José Antonio Páez y José Tadeo Monagas, quien bajo la presión popular Iiderizada por Paula Correa, la valiente madre de Zamora, conmutó la pena de muerte por diez años de cárcel, el 5 de noviembre de 1847.
Esto fue el antecedente de la gran revolución campesina de 1859, Zamora, quien después de desempeñar importantes cargos militares se había distanciado políticamente de los Monagas por considerar que no tenían voluntad para una verdadera transformación popular.
En enero de 1859 eran incontables las partidas guerrilleras que estremecían buena parte del territorio nacional. Las más importantes las encabezadas por Zoilo Medrano en las Sabanas de Calabozo, Prudencio Vázquez en el Valle del Yaracuy y la de José de Jesús González (a) "El Agachado", quien había peleado, junto a Rangel y Zamora en 1846, en los Valles de Aragua y la fracción de los Indios de Guanarito con Natividad Petit, en las sabanas de Portuguesa y Barinas.
Las condiciones estaban dadas para que Zamora ejecutara el plan que tenía en mente y junto con los campesinos y campesinas escribiera una página épica en la historia revolucionaria de nuestra Patria.
El 20 de febrero de 1859, siguiendo el plan diseñado por Ezequiel Zamora, el comandante Tirso Salaverría, seguido de 40 hombres, asaltó con éxito el cuartel de Coro, se apoderó de 900 fusiles y lanzó el "Grito de la Federación". AI día siguiente, el 21 de febrero publicó un manifiesto proclamando la Federación, pasando la provincia de Coro a ser un Estado Federal.
Desde Coro y al frente de un ejército de campesinos, llamado oficialmente Ejército Federal de Occidente, Zamora libró una exitosa campaña contra los godos, dirigidos militarmente por el General León Febres Cordero que culminó victoriosa en la Batalla de Santa Inés, el 10 de diciembre de 1859, la cual constituyó un verdadero tratado de estrategia y táctica militar, diseñado por Zamora y ejecutado por 5.000 campesinos y campesinas “pata en el suelo”, que usando una maniobra de falsa retirada, combinada con el recurso de trincheras, emboscadas y el incendio de la sabana, le dio un golpe estratégico a las tropas de la oligarquía. El Ejército de la oligarquía, dirigido por su élite militar, que se había presentado en Santa Inés con 7.000 hombres bien armados, alcanzó a llegar a la ciudad de Mérida con apenas 400 hombres, maltrechos y heridos, el 28 de diciembre de 1859.
Zamora, convertido en General del Pueblo Soberano por sus tropas en 1846, fue designado por el Estado Mayor Federal como General en Jefe y Generalísimo de los Ejércitos Federales de la República, el 30 de Noviembre de 1859. Trece años después de la primera insurrección campesina, Zamora seguía consecuente con las aspiraciones del pueblo que se resumían en las consignas lanzadas al viento por las tropas zamoristas:
"La tierra no es de nadie, es todos"

"Respeto al campesino",

"Desaparición de los godos",

"Todos somos iguales",

"Abajo los godos",

"Los bienes son comunes",

“Hagamos Patria para los Indios",

"Tierra y hombres libres",

"Elecciones populares" y

"Horror a la oligarquía".
Esas consignas expresaban el real motivo de aquella gesta popular, la Federación era sólo una bandera de las elites liberales. Para los campesinos y campesinas "la fevreración", que era como ellos y ellas pronunciaban la palabra, significaba tierra y libertad, justicia.
EI 31 de diciembre de 1859, el Ejercito de los Campesinos v Campesinas de Occidente, con el camino despejado e iluminado por el sol de la victoria lograda en Santa Inés, se enrumbó desde Barinas con el objetivo de llegar a Caracas el 20 de febrero de 1860, para cumplir así con el plan diseñado por Zamora e iniciado con el desembarco en La Vela de Coro.
Entretanto el Ejército Federal de Oriente con 3500 lanceros encabezados por el General de la Independencia Juan Sotillo avanzaba a pasos acelerados para encontrarse con Zamora a mediados de enero de 1860 en los llanos de Cojedes. Igual movimiento, con 1500 hombres provenientes de los Valles de Aragua y del Tuy, realizaba el Ejército Federal del Centro con los líderes campesinos a la cabeza.
EI Ejército Revolucionario sitió la ciudad de San Carlos, Cojedes, la mañana del 10 de enero de 1860. Fue en este escenario donde Zamora, cuando revisaba las posiciones de combate, cayó asesinado en extrañas circunstancias, con un balazo en la cabeza que le entró por el ojo izquierdo, proveniente de un tirador hasta ahora desconocido. Como único testigo del hecho: Antonio Guzmán Blanco, sobre el cual quedó el señalamiento histórico de haber sido el autor intelectual del crimen.
Con Zamora moría también la revolución campesina y popular. Por eso la oligarquía celebró en Caracas con la triste y célebre frase, expresada por el fanático cagatintas de la oligarquía Juan Vicente González; "bala afortunada, bendita sea mil veces la mano que te dirigió”.
Como celebraron la de Bolívar en 1830, “Se salvó la patria, Murió el Tirano” publicó un pasquín en Maracaibo en diciembre de aquel fatídico año, como celebraron la de nuestro comandante Chávez “Viva el Cáncer”, escribieron en las paredes durante la campaña electoral opositora de abril de 2013. Es el mismo odio, es el huevo de la serpiente del fascismo.
Como lo expresó ese gran referente moral que también se nos fue, Domingo Alberto Rangel: “La fuerza de Zamora no radicará, solamente, en su fuerza de soldado. Es el amor de los humildes, la adhesión de las masas, el factor que bailará siempre en las velas de sus empresas hasta empujarlas a la meta. A Ezequiel Zamora le sobran soldados, porque tiene pueblo. De cada caserío desemboca en su Ejército el contingente de la fe campesina. Si lo derrotan, al día siguiente dispondrá de otro Ejército. Hay alimentos para su hambre, vendas para sus heridas y caminos para su marcha. Para que Ezequiel Zamora fuera grande -y lo fue con proporción de guerrero y apóstol- la tierra venezolana le parió soldados. Ese hombre no tenía un Ejército sino un pueblo atormentado tras su huella. [...] hubiera tenido cien mil hombres si el balazo de San Carlos no pone una raya de sangre en su carrera de saeta”.
Parafraseando a Domingo Alberto Rangel, podemos decir que a Chávez no le faltó victoria porque tuvo pueblo y tiene pueblo. ¡Bastante!
4.- La Cuarta Revolución, de resistencia. La REVOLUCIÓN RESTAURADORA.

La guerra Federal nunca terminó, a pesar del Pacto de Coche, pacto de la traición a la revolución campesina, firmado 5 años después del asesinato de Zamora. Venezuela, se sumergió en un largo periodo de guerras y golpes de estados. Hasta que los andinos, que habían estado al margen de la guerra intestina, decidieron bajar a Caracas en los albores del siglo XX, bajo el liderazgo del General Cipriano Castro, liberar, nacionalista y bolivariano, bajo la consigna de la “Revolución restauradora”, restauradora de la unidad territorial y de la soberanía nacional perdidas.
Tras tomar el poder, el gobierno de Cipriano Castro tendrá que enfrentarse desde el principio con una situación extraordinaria, nunca antes vista en Venezuela: una guerra civil atizada por caudillos regionales en alianza con potencias extranjeras (con intereses económicos en el país), sumado a la activa participación de la banca privada. Se trata de la autodenominada “Revolución Libertadora”.
La oposición armada contra Castro, quien llegó a estar prácticamente sitiado, con levantamientos en el occidente, oriente y sur del país, tiene su punto culminante en el bloqueo a las costas venezolanas, ejecutado en diciembre de 1902 por las armadas de Inglaterra, Alemania e Italia.
Un dato muy relevante para comprender el alcance y las profundas implicaciones de tal agresión contra Venezuela, frecuentemente es escamoteado por la historia de las elites: se trata de un período en que los conflictos inter-imperialistas están en pleno apogeo, en buena medida como consecuencia del ascenso de Estados Unidos en tanto que potencia imperialista que reclama para sí el señorío sobre el suelo nuestroamericano. De hecho, el gobierno estadounidense, activo en la conspiración contra Castro, aparecerá como mediador frente a las potencias europeas. Doce años más tarde, todas las potencias involucradas en la conspiración y bloqueo naval contra Venezuela tomaran parte en la Primera Guerra Mundial.
Pero más allá de la información de contexto, sin la cual, insistimos, en imposible comprender las razones de la agresión imperialista, hoy es preciso destacar la actitud firme y decidida no sólo de Castro, sino de la mayoría del pueblo venezolano, que se lanzó a las calles una vez que la planta insolente del extranjero profanara el sagrado suelo de la Patria. Incluso, es sabido cómo parte de la oposición al gobierno de Castro se mostró dispuesta a tomar las armas en defensa de la Patria, actitud que debería ser replicada hoy y siempre.
Victorioso contra las agresiones de los caudillos y de los imperios, Castro enferma y debe viajar a Europa, para finalmente ser vencido por la traición de su compadre y Vicepresidente Juan Vicente Gómez. Este último había pactado con el gobierno norteamericano, la felonía, a cambio de la entrega de la explotación petróleo, que los gringos ya tenían identificada en nuestro territorio. Como no lo explicó muchas veces el Comandante Chávez, fue el primer golpe petrolero y el inicio de un proceso de neo colonización que nos terminó convirtiéndonos en una factoría petrolera. Pero también fue el inicio de una larga lucha de resistencia de los campesinos, los obreros, los estudiantes y los militares patriotas que abrió camino a la victoriosa Revolución Bolivariana y Socialista del Siglo XXI.
5.- La Quinta Revolución, de resistencia y victoria. La Bolivariana.
El siglo XX venezolano es prolífico en episodios de luchas populares para hacer realidad la emancipación permanentemente frustrada por las elites. La misma instauración del modelo democrático representativo, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez, supuso en el muy corto plazo una nueva traición a las aspiraciones populares.
Esta traición, capitaneada por una clase política que pronto pactó con la burguesía criolla y el imperialismo, dejó la escena servida para nuevas convulsiones: protestas sociales, insurrecciones cívico-militares y lucha armada.
Valga la mención de las insurrecciones cívico-militares de comienzo de los 60 como una oportunidad para recordar la vocación nacionalista, antiimperialista e igualitarista de nuestro Ejército. Vocación, por cierto, que en mayor o menor medida dio origen a los ejércitos de Nuestra América, y que sobrevivió particularmente en el venezolano.
Nuestros ejércitos nacieron de la lucha por la emancipación y la justicia.
Posteriormente, la guerra de Independencia nutrió a nuestros ejércitos de hombres de pueblo, sin conocimientos militares, formados en la guerra misma. Recordemos todos a ese emblemático prócer de la emancipación americana, pero también de nuestra identidad africana, que fue el Negro Primero Pedro Camejo, héroe-mártir de la confrontación militar que selló la Independencia de Venezuela: la Batalla de Carabobo.
Un largo y sostenido proceso de ideologización de nuestras fuerzas armadas latinoamericanas, logró con relativo éxito inculcar una nueva doctrina militar anti-popular en la región. Podríamos identificar como un momento determinante de este proceso la década de los setenta, paralelo a los inicios de la ofensiva neoliberal en el continente. Si bien las oligarquías nacionales habían logrado secuestrar y torcer el destino de nuestros procesos de Independencia, su alianza con Estados Unidos, potencia que emergió más fortalecida que nunca de la Segunda Guerra Mundial, proporcionó un nuevo horizonte político a las elites latinoamericanas: la imposición por la fuerza militar del proyecto capitalista neoliberal. Es cuando aparecen los militares gorilas de las dictaduras sureñas, la Escuela de las Américas y la doctrina de seguridad nacional. Nuestros ejércitos se convirtieron en ejércitos de ocupación, inspirados en el pensamiento fascista que hoy rebrota, tras la mascara de la tecnocracia neoliberal.
La doctrina militar estadounidense hizo de los ejércitos latinoamericanos una mera extensión del Ejército imperial de Estados Unidos. A los ejércitos de nuestras naciones se les asignó el rol de fuerza auxiliar subordinada a los intereses de la nación del norte. Buena parte de nuestros oficiales fueron adiestrados en centros especialmente ideados para moldear a los militares latinoamericanos, en los que se nos enseñaba a reprimir a nuestros pueblos y a desconfiar de nuestros vecinos. Un ejemplo de este tipo de centros lo constituye la tristemente célebre Escuela de las Américas, verdadero centro de adoctrinamiento y de enseñanza de técnicas de tortura, de donde salieron una buena parte de los dictadores que tuvimos que soportar a todo lo largo del siglo XX en nuestro continente.
Los enemigos a los que se enseñaba a combatir eran las clases populares, los campesinos sin tierra y los trabajadores urbanos, todo ello en nombre de la estabilidad y la lucha contra la insurgencia comunista y para beneficio de los latifundistas y las transnacionales quienes, contaban de esa manera con un medio eficaz de coerción para continuar explotando el trabajo ajeno.
Si embargo, a pesar de la aplicación más o menos estandarizada de este programa de reconstitución ideológica de las fuerzas armadas latinoamericanas, nuestra historia militar y política, así como la composición social de nuestra Fuerza Armada, permitieron que los profundos contenidos populares y nacionalistas se mantuvieran vivos entre nuestros soldados, incluyendo buena parte de la oficialidad.
Esta realidad histórico-social que determina a nuestras fuerzas armadas, descrita aquí a grandes rasgos, puede explicar la receptividad que en su seno tuvieron desde siempre las ideas progresistas, incluso de izquierda. A pesar de todos los intentos del puntofijismo por aislar al Ejército del pueblo y de las ideas de transformación social, éstas siempre estuvieron presentes entre sus cuadros con una intensidad variable según el momento histórico. Testimonio de esto lo tenemos en las insurrecciones militares de Carúpano y Puerto Cabello en 1962, protagonizada por jóvenes oficiales en alianza con la izquierda insurreccional de jóvenes estudiantes y trabajadores, que finalmente terminaron resistiendo en las montañas de nuestra Patria, en una sacrificada guerra de guerrillas.
El espíritu de estas rebeliones continuó vivo, y la relación de los militares con los movimientos revolucionarios civiles también. Después de la derrota de la guerrilla en la década de los 70, estos contactos se reestablecieron, y constituyeron los primeros pasos hacia la conformación de un movimiento revolucionario a lo interno de la Fuerza Armada, por parte de nuestro Comandante Chávez. Se trata, por supuesto, de los inicios del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200.
No por causalidad, este movimiento que levanta las banderas de Bolívar, Zamora y Simón Rodríguez dentro de nuestras fuerzas armadas, insurgirá poco tiempo después del acontecimiento que partirá en dos la historia contemporánea de Venezuela: el 27 de Febrero de 1989.
Durante la rebelión popular del 27 de Febrero de 1989, sobre la cual la historiografía burguesa ha construido una leyenda oscura (como un suceso triste, ruin, vergonzoso), el pueblo venezolano saldó cuentas con una vieja partidocracia que, no conforme con empujar a las grandes mayorías nacionales al hambre y la miseria, ahora pretendía imponerle, a sangre y fuego, las recetas económicas neoliberales. El 27 de Febrero significó un gran grito de ¡basta!, grito rebelde, grito alegre, que fue ahogado en sangre, la misma que abonó la revolución bolivariana, que más nunca salió de las calles, especialmente en la voz de los estudiantes universitarios y de educación media, que durante la década de los 90 del siglo XX, protagonizamos una hermosa resistencia contra la subasta de la Patria, en el altar del neoliberalismo. ¡Honor y gloria a todos los jóvenes y niños torturados, desaparecidos y caídos bajo la brutal represión del pacto de Punto Fijo!
A propósito del neoliberalismo, es oportuno mencionar que desde principios de los años 80, cierta historiografía burguesa, comprometida con el proyecto político y el modelo de sociedad neoliberal,  ha intentado contraponer la Primera República al ideario del Libertador. Se ha venido gestando, con distintos énfasis, un intento de construir hegemonía en el plano de nuestra historia nacional. Se trata de un trabajo intelectual que ha mostrado una gran perseverancia en su propósito de socavar la autoridad simbólica de Bolívar. Durante los últimos doce años de revolución bolivariana, esta tendencia no ha hecho sino radicalizarse. Sesudos historiadores, algunos otrora progresistas, han proclamado que el Padre de la Patria, no es Bolívar, si no Páez, porque nos separó de Colombia en 1830. O que le niegan a Bolívar la autoría militar de la Campaña de Carabobo, porque el que peleó fue el Catire Páez. La locura. ¡Chávez los volvió locos!
Para nosotros y nosotras, Bolívar condensa lo que hemos caracterizado como la memoria “profética” del pueblo venezolano. Nuestra tarea, en el presente, no es otra que la de actualizar las esperanzas de justicia e igualdad que movilizaron a las generaciones que hicieron la Independencia en las primeras décadas del siglo XIX.
Bolívar es el nombre que condensa el huracán, de un pasado que no ha dejado de reclamar su espacio en las luchas del presente y del futuro, las cuales se condensan a su vez en ese relámpago que iluminó el horizonte de la Patria, la madrugada del 4 de febrero de 1992, que es y será Chávez, que nos llevó a la más grande victoria popular, la del 6 de diciembre de 1998 y de ahí en delante de batalla en batalla, de victoria en victoria. La última, la del 14 de abril de 2013, no sólo hay que medirla cuantitativamente, sino cualitativamente. Porque la victoria bolivariana y chavista del Compañero Presidente Nicolás Maduro, nos permite hoy seguir construyendo en paz, el camino victorioso de los cambios profundos, que el pueblo venezolano forjó a lo largo de 14 años, hacia su prosperidad.
Por eso el Comandante Chávez, cuando se proyectó al horizonte, el 5 de marzo del 2013, a las 4:25 p.m. (¡cómo olvidarlo, hoy hace 4 meses!), se proyectó con la certeza de que había dejado una llamarada encendida, la Patria, como no los expresó el 8 de diciembre de 2012: “Hoy tenemos Patria que nadie se equivoque. Hoy tenemos Pueblo que nadie se equivoque. Hoy tenemos la Patria más viva que nunca, ardiendo en llama sagrada, en fuego sagrado”.
Necesario, es hacer un paréntesis para llamar la atención de cierta banalización de la frase “Tenemos Patria” que quieren hacer los “ingeniosos” publicistas que están detrás del autoproclamado dirigente de la oposición. Yo les digo, la Patria no la van a encontrar en los supermercados, ni en el baño de su casa. La Patria si se tiene, si se siente, la van a encontrar en el alma y en la conciencia de sentirse parte de un pasado y un presente heroico que nos pertenece, de sentirse herederos de los libertadores de este continente, de sentirse parte de un pueblo admirado y respetado en el mundo de hoy, por su coraje y su valentía de atreverse a protagonizar una revolución socialista, como lo es la revolución Bolivariana.
Pero si quieren medir la Patria en indicadores, oigan esto: Hace 20 años, la Patria, según los tecnócratas neoliberales, había pasado de moda, por eso perdimos el control del ingreso nacional petrolero con la llamada apertura y vendíamos nuestro petróleo como carbón, eso sí era regalo; por eso nuestra Fuerza Armada libertadora se había convertido en una policía pretoriana para masacrar al pueblo como el 27 de febrero de 1989; por eso de cada 100 venezolanos 60 eran pobres; por eso nos expropiaron la Cantv, Sidor, Viasa, las prestaciones sociales, la salud y la educación gratuitas. Pero también, por eso, nos rebelamos, luchamos y vencimos y seguiremos venciendo.
Es por ello, que la frase profunda “Hoy tenemos Patria, que nadie se equivoque”,  de  aquel inolvidable 8 de diciembre de 2012, resume una historia de resistencia, lucha y victoria de nosotros como pueblo.
Aquí estamos varios testigos de una llamada que recibió el Presidente Nicolás Maduro la noche del 14 de abril: “Hay que pactar, necesario es pactar” y la valiente respuesta de Nicolás Maduro: “Yo no tengo nada que pactar, si eso es lo que tú quieres hablar conmigo, no hay nada que hablar porque aquí no hay pacto, aquí hay una decisión del pueblo y es la que vamos a respetar”.
Hoy Tenemos Patria, porque el poder político es expresión de la decisión del pueblo y no de un pacto de élites; Tenemos Patria porque hemos certificado la reserva más grande de petróleo del mundo, la faja del Orinoco, y porque el ingreso nacional petrolero lo maneja el Estado para distribuirlo en salud, educación, alimentación y vivienda. Tenemos Patria, porque de cada 100 venezolanos, 80 son no pobres y los otros 20 están protegidos por la seguridad social socialista y van saliendo de la pobreza; Tenemos Patria porque el hambre y el analfabetismo son parte de una triste historia que ya no volverá. Tenemos Patria, porque tenemos una Fuerza Armada con una doctrina propia, la bolivariana, “empleando su espada para defender las garantías sociales”. Tenemos Patria porque tenemos conciencia de lo que somos y de lo que estamos dispuestos a defender.

Pero el Comandante Chávez, también se fue con la seguridad, de que el pensamiento racista y excluyente que llegó junto a las armas invasoras hace más de 500 años, sigue al acecho. Es por ello que advierte, el 8 de diciembre, “que nadie se equivoque” ¿A quién advirtió?
Sin duda alguna, es a la élite opositora que ha venido consolidando una corriente fascista que puja desde hace 20 años con la corriente popular bolivariana y socialista. Es el resultado del quiebre de la democracia liberal burguesa, ocurrido en 1989, como ocurrió en la Europa de la década del 20, del siglo XX. La pequeña diferencia, es que en Europa se impuso la corriente fascista y en Venezuela, en 1998 ganó la corriente bolivariana y socialista liderizada por el Comandante Chávez. Otra diferencia, la victoria fascista en Europa, como también en el Cono Sur de nuestra América, en la década de los 70 del siglo pasado, barrieron con los socialistas y con muchos otros, mientras en Venezuela, los fascistas siguen constituyendo una seria amenaza para la paz y la vida de nuestro pueblo, porque han sido respetados, mucho más allá de lo que la tolerancia democrática aconseja.
En la Venezuela Socialista del siglo XXI nuestros diputados de la oposición –gracias por asistir– gozan de buena salud y están en el Parlamento expresando su opinión, y así será porque ésta seguirá siendo una revolución democrática, popular, pacífica.
Pero, más allá de los sectores democráticos de la oposición, también los fascistas gozan de buena salud y siguen constituyendo una seria amenaza para la paz y la vida de nuestro pueblo.
Si la victoria hubiese sido de la corrientes fascistoide, tengan la seguridad, no les quepa la menor duda que hubiesen barrido con el movimiento popular. Los rasgos de intolerancia política y social permanente y la represión genocida de febrero de 1989, por parte de las clases dominantes, así las actuaciones de factores del poder económico y político burgués, especialmente de la organización Primero Justicia, durante abril de 2012 y en abril de 2013, junto al Movimiento Voluntad Popular, así lo constatan.
La máxima expresión de esta constatación, la evidencia el candidato perdedor de las pasadas elecciones del 14 de abril, cuando despliega sus grupos de choque contra el movimiento popular, tras expresar la necesidad de “drenar” con ira, con violencia, mostrando el rostro de odio, el uso del miedo, y su vinculación orgánica con la cultura de la muerte propia del fascismo.
En esta parte del discurso, voy apoyarme en buena parte, en un conjunto de reflexiones de un grupo de estudiosos venezolanos, coordinado por el Sociólogo Javier Biardeau, Juan Barreto, quienes vienen realizando un estudio sobre la cara oculta del fascismo en Venezuela.
Es propio del fascismo convocar a las masas reaccionarias, pero es parte de una apología del destino manifiesto de la minoría selecta. La mayor parte de sus dirigencias vienen de las clases altas e instauran sistemas jerárquicos y autoritarios. Charles Maier, historiador, recalca que hacia 1927, el 75% de los miembros del partido fascista italiano venía de la clase media y media baja; sólo 15% era obrero, y un 10% procedía de las élites, los cuales sin embargo ocupaban las altas posiciones y eran quienes en definitiva fijaban sus objetivos y políticas.
Otro rasgo distintivo, del fascismo, es el ocultamiento de sus propósitos y el enmascaramiento de su ideología, como ha planteado Luis Brito García:
Fascismo y capitalismo tienen rostros aborrecibles que necesitan máscaras. Los fascistas copian consignas y programas revolucionarios. Mussolini se decía socialista, el nazismo usurpó el nombre de socialismo y se proclamaba partido obrero (Arbeite); en su programa sostenía que no se debía tolerar otra renta que la del trabajo. Por su falta de creatividad, roban los símbolos de movimientos de signo opuesto. Los estandartes rojos comunistas y la cruz gamada, símbolo solar que en Oriente representa la vida y la buena fortuna, fueron confiscados por los nazis para su culto de la muerte.”
Hemos visto, a los partidos y lideres fascistoides que controlan la oposición venezolana, enarbolar las banderas del progresismo, asumirse socialistas, intentar mimetizarse con las causas y con los logros que el pueblo ha defendido y obtenido en revolución.
El fascismo retorna como rostro oculto del monstruo de la derecha imperial, el leviatán, a través de diversos síntomas de nuestro tiempo y de la escena contemporánea: racismo, discriminación étnica, neo-liberalización espiritual, sobreexplotación del trabajo asalariado, xenofobía, violencia contra las minorías, búsqueda de identidades populistas de derecha, anticomunismos reciclados y neo-fundamentalismos reaccionarios.
No podemos minimizar o desestimar estas amenazas a las luchas de la multitud plebeya y a la izquierda gubernamental de Venezuela y de Nuestra América. De la mano de Álvaro Uribe Vélez y de sectores de la ultraderecha del Cono Sur, se apoya el núcleo fascista venezolano, para impulsar un preocupante crecimiento electoral de estos partidos y movimientos que no pueden dejar de ser calificados como de procedencia o filiación fascista. Reconocer que el crecimiento de una base de masas para la política de derecha y ultraderechas fascistas representa un verdadero peligro es un paso cada vez más urgente, sin el cual no nos es posible organizarnos para detener el avance del fascismo. Pero también tenemos que comprender los flancos débiles del fascismo, de otro modo corremos peligro de quedar paralizados por el pánico y las pasiones tristes.
El fascismo no llega al poder sólo con Golpe de Estado, también recurre a elecciones aprovechando las debilidades y errores de las políticas de avance revolucionario de los gobiernos de izquierda, así lo hicieron Hitler y Mussolini en la década de los 20 del siglo pasado. Si el avance y la profundización revolucionaria pasa por un momento de estancamiento, se hace vacilante o entra en un proceso de reflujo político, abre las condiciones de posibilidad para maximizar las oportunidades del resurgimiento fascista. Pero, afortunadamente, las formaciones sociales y políticas fascistas necesitan más que éxitos electorales. Para acumular fuerzas y ejercer el poder, necesitan otros tres elementos interrelacionados:


  1. Necesitan una base social de masas, capaz de penetrar todos los poros de la sociedad, sobre todo fracturando la unidad revolucionaria de la clase trabajadora organizada y de la multitud popular, como bloque social de los explotados y los oprimidos. Necesitan más que votos. Necesitan simpatizantes y militantes dispuestos a correr los riesgos necesarios para aplastar toda resistencia e insurgencia popular revolucionaria.




  1. Además, los fascistas necesitan que sectores decisivos de la clase dominante y de la máquina estatal quieran un gobierno de derecha o ultraderecha fascista. Tanto Hitler como Mussolini contaron con el apoyo de los diputados de los principales partidos burgueses -el Partido Liberal Italiano; y los partidos Nacional, Popular y del Centro en Alemania-. Y fundamentalmente contaron sectores reaccionarios de la policía y la Fuerza Armada, que colaboraban con los grupos de choque paramilitares fascistas para eliminar toda oposición.




  1. Convertir en hegemónico, el anhelo de una sociedad ideal sin contradicciones, ni lucha de clases, para luego aplastar a la disidencia y luego el consenso se logra a partir de la aplicación de la fuerza para el sometimiento de aquellos que se consideran inferiores y excluidos del conjunto de la “minoría selecta”. Decía Mussolini: “Todos somos italianos”. Decía Juan Vicente Gómez: “Ni liberales, ni conservadores, todos venezolanos, y duro con ellos”. Dice el núcleo fascista venezolano: “No debemos pelear más entre venezolanos, la Revolución dividió a los venezolanos”, como que si el 27 de febrero de 1989, fue una fiesta de niños.


El Fascismo puede volver, con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo. De allí la importancia de conocer su procedencia e historia, recapturar su genealogía para comprender las fuerzas y sentidos de su efectuación histórica.
Los neo-fascistas de hoy en día tienen organizaciones de masas más pequeñas y débiles que las de Hitler y Mussolini, pero no debemos minimizar la amenaza; Ya que son mucho más poderosas y ampliadas por el poder mediático, como lo decía el Presidente Rafael Correa en el día de ayer.
El germen fascista se incubó en los estertores de la Cuarta República. La crisis de la democracia liberal burguesa de Acción Democrática y COPEI, estimulada por ellos mismos. Lo recuerdan diputados de esas toldas, la novela Por Estas Calles y de Marcel Granier, La generación de relevo Vs. el Estado omnipotente –es importante que lo recuerden. Necesario es recordar la secta Tradición, Familia y Propiedad (TFP) y la membrecía a ella, de connotados dirigentes de las agrupaciones fascistoide que hoy contralan a la oposición. Igualmente, en el pensamiento político, económico y social expresado por los miembros de Grupos como Roraima y Santa Lucía, a finales de los ochenta y principio de los 90, se puede encontrar el vivero de las corrientes fascistas que hoy nos tocan confrontar.
En tiempos recientes, las formaciones encubiertas de corte fascista aparecen revestidas como organizaciones de defensa de derechos humanos y de activación política de un movimiento juvenil de corte reaccionario, con simbologías religiosas anticomunistas, como JAVU y otros movimientos que se apoyan en organizaciones imperialistas de a apoyo a la desobediencia social y en los dólares de la indignidad.
Y sin duda alguna, que la agrupación Primero Justicia es el sustituto principal de la forma de representación del neoliberalismo ante la decadencia del sistema de representación que sostenía el bipartidismo cuarto republicano. Es la respuesta directa de la oligarquía, con mínima intermediación de los viejos representantes, ante el avance popular. Subordinando a las corrientes más moderadas de la derecha, como AD y COPEI, a favor de los sectores más reaccionarios de la oligarquía y la burguesía monopólica venezolana.
¿Qué van hacer Uds, dirigentes socialdemócratas de Acción Democrática, COPEI, Un Nuevo Tiempo y organizaciones otrora de izquierda como el MAS, La Causa R, entre otras?
¿Continuarán acompañando el rebrote del germen fascista, como lo hicieron los socialdemócratas y liberales en la década del 20 y el 30 del siglo 20, ahora en nuestra Patria, o enarbolarán sus banderas socialdemócratas, marcando distancia del monstruo e incorporándose al ejercicio de la democracia participativa y protagónica con lealtad, consagrada en nuestra Constitución Bolivariana? Sólo Ustedes pueden saber si quieren y si pueden hacerlo.
Pero necesario es que tengan claro, como lo expresó Antonio Gramsci, uno de los pensadores de izquierda más agudos con relación a la cuestión fascista, que la posición de un ala ideológica de derecha de la pequeña burguesía constituyo la base de masas para una contra-ofensiva reaccionaria contra el movimiento obrero y socialista, constituyéndose en un plan de revancha de la gran burguesía, contra cualquier intento de revolución socialista y de la más mínima expresión democrática.
El rebrote del fascismo, lamentablemente no es un fenómeno aislado en Venezuela, hoy el Leviatán recorre el mundo, la aplicación de brutales medidas para favorecer el capital financiero, a costa de los derechos de los pueblo de Europa, el desarrollo de una estructura de vigilancia y control a escala global por parte del gobierno de los Estados Unidos, denunciada por el perseguido político del Imperio, el joven Snowden, el desconocimiento de las más elementales normas del derecho internacional, como el oprobio del Campo de Concentración de Guantánamo y la expresión más reciente, el atentado y secuestro contra el avión donde viajaba nuestro hermano Presidente Evo Morales, son señales inequívocas de que el mounstruo está de vuelta.
En tal sentido, es necesario recordar, las reflexiones del dirigente e ideólogo soviético, Jorge Dimitrov. Para Dimitrov los gérmenes de un renacimiento potencial del fascismo están contenidos en la plaga, conscientemente extendida en algunos países imperialistas, formada por la mentalidad racista y xenófoba (contra los negros, los no-blancos, los trabajadores emigrados, los árabes, los indios, los pobres y hasta los feos), en la indiferencia creciente ante los asesinatos políticos, en el resentimiento irracional hacia los “acontecimientos hostiles” cada vez más frecuentes en la arena mundial, y en el odio, igualmente irracional, hacia las minorías revolucionarias y no conformistas.
También Dimitrov, como principal portavoz del frente popular antifascista señaló, en 1935 desde el ángulo del marxismo ortodoxo que: “Uno de los aspectos más débiles de la lucha antifascista de nuestros Partidos consiste en que no reaccionan suficientemente, ni a su debido tiempo contra la demagogia del fascismo y siguen tratando despectivamente los problemas de la lucha contra la ideología fascista. No debemos menospreciar, en modo alguno, esta fuerza del contagio ideológico del fascismo. Al contrario, debemos librar por nuestra parte una amplia lucha ideológica, basada en una argumentación clara y popular y en un método certero a la hora de abordar lo peculiar en la psicología nacional de las masas del pueblo”.
También señala Dimitrov que el fascismo en el poder, es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero: “El fascismo no es una forma de Poder Estatal, que esté, como se pretende, por encima de ambas clases, del proletariado y de la burguesía (…) El fascismo es el poder del propio capital financiero. Es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase obrera y el sector revolucionario de los campesinos y de los intelectuales. El fascismo, en política exterior, es el chovinismo en su forma más brutal que cultiva un odio bestial contra los demás pueblos.”
Hay que recalcar de un modo especial este carácter verdadero del fascismo, porque el disfraz de la demagogia social ha dado al fascismo, en una serie de países, la posibilidad de arrastrar consigo a las masas de la pequeña burguesía, sacadas de quicio por la crisis, e incluso a algunos sectores de las capas más atrasadas del proletariado, que jamás hubieran seguido al fascismo si hubiesen comprendido su verdadero carácter de clase, su verdadera naturaleza”.
Esto hasta ahora, no ha sido posible en Venezuela porque el auge de masa que comenzó con el Caracazo del año 89´ coincidió con una crisis política-institucional del aparato de Estado y los partidos representantes de la clase dominante. Así mismo coincidió con una crisis al interior del aparato militar, que sincronizó la máquina de represión y aplastamiento del Estado, permitiendo el ascenso al poder de Hugo Chávez y la revolución bolivariana.
En Venezuela ocurrió lo que podríamos llamar una crisis hegemónica del proyecto histórico de la clase dominante. Cuando esto ocurre o los sectores fascistas ocupan el espacio de la democracia liberal y llegan en relevo a ocupar el espacio dejado por la democracia representativa, o se avanza en un sentido revolucionario de activación de un movimiento de masas de izquierda. La revolución bolivariana encarnó la activación del poder constituyente y el lugar de la multitud popular.
La pregunta es: ¿Cuánto puede mantenerse una clase dominante sin ser hegemónica? ¿Cuánto tiempo puede soportar sin violencia el desmoronamiento de sus formas de legitimación? O como dijera Gramsci durante cuánto tiempo pudiera abstenerse de “desbordar los contenidos éticos del sistema político sin mostrar su propia naturaleza”, es decir, el fascismo es la burguesía desnuda. Ya la hemos visto varias veces, ¿verdad? El 11 de abril del año 2002, el 14, 15 y 16 de abril de 2013.
En tal sentido, y no expresó únicamente la posición personal de Elías Jaua, sino de los miembros de la Dirección Política de la Revolución Bolivariana, y con su permiso la voy a expresar: es necesario que las agrupaciones fascistoides en Venezuela, tengan muy claro que si ellos desbordan el marco de la legalidad democrática, desarrollando un aventura golpista, propiciando una intervención extranjera, ejecutando un plan de de magnicidio contra el Presidente Nicolás Maduro o de masacre contra nuestro pueblo, nosotros ejerceríamos el derecho a rebelión total y profunda, consagrado en nuestra Constitución Bolivariana, y la revolución tomaría otro carácter y la forma de lucha principal sería diferente a la que hemos usado en los últimos 14 años. Que nadie se equivoque. Estaríamos obligados a ello, para detener el fascismo y evitar una tragedia humanitaria en la Patria de Bolívar, como la que vivieron los pueblos de Chile, Argentina, Bolivia, Uruguay y Paraguay en la década de los 60 y 70.
Para culminar, quiero expresar que hoy, después de tanto trajinar, después de tanta lucha durante doscientos años y más, hoy podemos afirmar sin temor a equivocarnos, y con infinito orgullo y amor por nuestro pueblo que ha sabido conducirnos hasta acá, que “Un fantasma llamado Bolívar recorre de nuevo Nuestra América”, como diría el poeta Gustavo Pereira (Simón Bolívar, escritos anticolonialistas). “No el amurallado por la bruma o la falsía, el convertido en superhombre o divinidad de infranqueable vallado, objeto de culto o de liturgia y por lo tanto, cumplido ya su afán o su destino, yerto, inofensivo, embalsamado. Ni aquel cuya estatua, para decirlo en palabras de Pocaterra, sacan a cada aniversario de su base, la ponen a danzar en una mesa de procesión de aldea con coronas barrocas y a cuya majestad se pronuncian discursos y se disparan fuegos artificiales”.
“El fantasma que vivió y vive y trasciende y llega hasta nosotros… envuelto en su raída manta y presa de osadías y delirios y arrebatos y obsesiones y contradicciones y saberes e intuiciones es el Bolívar sensible, contraventor, apasionado, justiciero – revolucionario verdadero en suma – cuyo empeño, valor, generosidad, desprendimiento y talento infatigable de osado dirigente y soñador ayudaron a liberar y conformar naciones y mentalidades en un continente abatido por tres siglos de opresión y despojo.
“Ese Bolívar nos fue trocado o escamoteado durante largo tiempo y la historia oficial y sus enemigos y sus hagiógrafos se encargaron de reducirlo a fábula o anécdota, cuando no a omnímoda presencia, desplazando el cuerpo matriz de su ideario y de sus luchas y convirtiendo su ejemplo en asignatura moldeable para justificar la iniquidad establecida y hasta la trampa o la celada vendepatria”.
Nuestra tarea es seguir creando las condiciones que hagan posible el deambular de Bolívar, Bolívar-padre, Bolívar-pueblo, pueblo bolivariano y zamorano y robinsoniano y Chavista que hoy lucha por seguir construyendo su destino. En paz. Con soberanía, independencia, igualdad, justicia.
Hoy, cuando celebramos, libres al fín, doscientos dos años de nuestra Independencia, como Bolívar en el Chimborazo, volvemos a dialogar con el Tiempo. Y decimos, tal y como lo escribía el mismo Bolívar en su Delirio: “el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad”.
“¡Sí podré!”, exclamaba el padre Bolívar en su escalada al Chimborazo. Hoy decimos, fuerte y claro, para que todo el mundo nos escuche: ¡Nosotros sí podremos!
Compañero Presidente Nicolás Maduro, compatriotas todos. Podremos como nos mandó Bolívar, en 1820: “…El impulso de esta revolución está dado ya nadie lo puede contener y lo más que se podrá conseguir es darle la buena dirección". “…Es imperturbable nuestra resolución de independencia o nada, pues sin ella desaparece toda identidad nacional”.
Podremos como nos mandó nuestro Comandante Chávez, en los dos primeros Grandes Objetivos Históricos del Programa de la Patria. Defendiendo, expandiendo y consolidando el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años: la Independencia Nacional y profundizando la construcción del Socialismo Bolivariano del siglo XXI, en Venezuela, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo y con ello asegurando “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política para nuestro pueblo”.


¡Independencia o Nada!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Viva el Libertador y Padre de la

Patria Grande, Simón Bolívar!
¡Viva el Comandante Chávez, redentor

de los pobres de esta tierra!
¡Viva la Independencia!
¡Claro que tenemos Patria!

1 J.G Roscio, El Triunfo de la Libertad sobre el Despotismo, Prologo, Cronología y Bibliografía de D.Miliani, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1996, Pp.234.

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