Utopía ayer, hoy y ¿siempre? 91






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REINTERPRETAR LOS REYES MAGOS

Cernuda y Crémer: «Reinterpretar el Viaje de los Magos


 

En el sentido más primario viajar es buscar. La Iglesia Católica fija la búsqueda de unos magos siguiendo una estrella y lo que encuentran en el evangelio canónico de Mateo (2,1-12). Ese viaje se convierte en patrimonio de la cultura occidental. Me atrevo a ofrecer aquí una «re-escritura», reinterpretación y reactualización del mismo siguiendo a dos poetas españoles: Cernuda y Crémer.

 

 

 

Luis Cernuda (Sevilla, 1902-México 1963), por la Guerra Civil y por la Dictadura de Franco, tomó el camino del exilio y exiliado murió.

Victoriano Crémer (Burgos, 1906-) creó en León, con Eugenio de Nora y algunos otros, la revista de poesía «Espadaña», bastión de una poesía «realista», «desgarrada», frente a la poesía «triunfal» que favorecía el Estado franquista.

Ambos poetas viven en la misma circunstancia histórica, un país en el que el catolicismo se ha impuesto, tras una Guerra Civil: una catolicismo «triunfante», oficial y excluyente de los que no quieren ser «católicos».

 

El poema de Cernuda —La adoración de los Magos— consta de cinco partes en las que «escuchamos» distintas voces. En la tercera que aquí recogemos, vemos que el viaje de búsqueda fue un fracaso, que conduce al protagonista a la decepción y el desencanto; notas también presentes en el mundo actual.

En cambio, en el poema de Crémer —Melchor— el viaje de búsqueda es una invitación a «desnudarnos» de lo superficial y encontrarnos con lo esencial: igualmente una buena invitación para los momentos que vivimos.

 

 

q Luis Cernuda: «La adoración de los Magos»

 

Era aquel que cruzábamos, camino

abandonado entre arenales,

con una higuera seca, un pozo, y el asilo

de una choza desierta bajo el frío.

Lejos, subiendo entre unos riscos,

iba el pastor junto a sus flacas cabras negras.

Cuando tras de la noche larga la luz vino,

irisando la escarcha sobre nuestros vestidos,

faltas de convicción las cosas escaparon

como un sueño interrumpido.

 

Padecíamos hambre, gran fatiga.

Al lado de la choza hallamos una viña

donde un racimo quedaba todavía,

seco, que ni los pájaros lo habían

querido. Nosotros lo tomamos:

del polvo y agrio vino el paladar teñía.

Era bueno el descanso, pero

en quietud la indiferencia del paisaje aísla,

y añoramos la marcha, la fiebre de la ida.

 

Vimos la estrella hacia lo alto

que estaba inmóvil, pálida como el agua

en la irrupción del día, una respuesta dando

con su brillo tardío del milagro

sobre la choza. Los muros sin cobijo

y el dintel roto se abrían hacia el campo,

desvalidos. Nuestro fervor helado

se volvió como el viento de aquel páramo.

Dimos el alto. Todos descabalgaron.

Al entrar en la choza, refugiados

una mujer y un viejo sólo hallamos.

Pero alguien más había en la cabaña:

un niño entre sus brazos la mujer guardaba.

Esperamos un dios, una presencia

radiante e imperiosa, cuya vista es la gracia,

y cuya privación idéntica a la noche

del amante celoso sin la amada.

Hallamos una vida como la nuestra, humana,

gritando lastimosa, con ojos que miraban

dolientes, bajo el peso de su alma

sometida al destino de las almas,

cosecha que la muerte ha de segarla.

 

Nuestros dones, aromas delicados y metales puros,

dejamos sobre el polvo, tal si la ofrenda rica

pudiera hacer al dios. Pero ninguno

de nosotros su fe viva mantuvo,

y la verdad buscada sin valor quedó toda,

el mundo pobre fue, enfermo, oscuro.

Añoramos nuestra corte pomposa, las luchas y las guerras,

o las salas templadas, los baños, la sedosa

carne propicia de cuerpos aún no adultos,

o el reposo del tiempo en el jardín nocturno,

y quisimos ser hombres sin adorar a dios alguno.

III. Palinodia de la esperanza divina (Las Nubes, 1937-1940)


L. Cernuda, La Realidad y el Deseo (1924-1962), FCE, Madrid 1996, 177-178.

 

 

q Victoriano Crémer: «Melchor»

 

¡Que me quitéis tanta arena

y la larga teoría

de esa monda lejanía

rendida a la noche en pena...!

 

¡Borradme del firmamento

esa nube aventurera,

y arrancadme la palmera

maniatada por el viento!

 

Sobran estrellas de plata,

y arcángeles y pastores...

(Por los altos corredores

rueda una luna escarlata).

 

¡Quitadme vaca y esquilas

y sus encajes de espuma

y el gordo buey y la bruma

bebiéndose las pupilas...!

 

¡Quítate tú, San José,

carpintero celestial...!

¡Desármame ese portal

de la falda de Belén...!

 

... que trigo el alma viajera

por ver a Dios en la cuna,

y no me dejáis: la luna,

la nube, tú y la palmera...!

 

Tacto Sonoro (1944)

V. Crémer, Poesía Total (1944-1966), Plaza&Janés, Barcelona 21970, 47.

 

 

q Cuestiones para después de la lectura

 

  1. 1.       ¿Qué es viajar?

  2. 2.       «Palinodia» significa: “Retractación pública de lo que se había dicho”. ¿De qué se retracta en el poema Luis Cernuda?

  3. 3.       Compara una poesía con otra: ¿qué encuentran los Magos de Cernuda y qué el Melchor de Crémer? ¿Cómo son los caminos que recorren?

  4. 4.       ¿Cómo se sienten los Magos de Cernuda tras el viaje?

  5. 5.       ¿Qué critica el poema de Crémer a nuestras celebraciones de Navidad y de Reyes?


LA HISTORIA QUE ARRASTRAMOS
  Esta imagen de Ulises en «El Mundo» (1.5.99) ilustraba el lanzamiento de su colección de literatura Millenium y se refería en concreto a la obra Cien años de soledad, de García Márquez, cuyos primeros párrafos son los siguientes:

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por el lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán...".

Nosotros podremos trabajar a partir de ella para descubrir cuál es nuestra propia historia, qué o quiénes la han formado y cómo desprenderlo de lo accidental para caminar con alegría y seguridad en lo fundamental... Y para trabajar a partir del valor simbólico de los objetos.

 

n La imagen

– Centrarse en la escena: ¿Qué pasa ahí?

– Leer la imagen con atención y enumerar todo lo que se ve: persona que tira del imán y se hunde en el agua, imán, objetos que arrastra (punta, imperdible, cuchillo, cacerolas, cuchara y tenedor, cazos, herradura, cadena, plancha...)

– Juzgar: ¿Qué nos llama la atención de esa situación?

– Ampliar y aplicar: ¿A qué realidad personal o colectiva, religiosa, política o social la podemos comparar?

– Relacionarla, si se cree oportuno, con el inicio de Cien años de soledad.

 

n De camino hacia el pasado

– Centrarse en el personaje: ¿Qué puede simbolizar?

– El personaje camina hacia el pasado... Y además comienza a hundirse... ¿Será ese nuestro futuro?

– Centrarse en el imán: unos objetos se van imantando a otros de modo que todos siguen unidos. Pero la relación es débil... ¿Cómo es nuestro sistema de creencias? ¿Quién o qué las mantiene imantadas y unidas?

 

n La historia que arrastramos

– El personaje tiene que hacer un gran esfuerzo para arrastrar todo lo que lleva? ¿No habría otras soluciones? ¿Cuáles?

– Si cada uno fuera ese personaje, ¿qué arrastraría? ¿Por qué? ¿Cuáles de esos mismos objetos arrastraría él también? ¿Cuáles claramente no?

– ¿Qué otros llevaría? Enumerarlos y señalar por qué.

– ¿Qué objetos se nos han ido pegando a lo largo de los años y nos estorban, no nos ayudan a caminar, no aportan nada... pero no somos capaces de prescindir de ellos?

– ¿Qué objetos hemos ido perdiendo o apartando a lo lago de la vida (o aún mantenemos) que han sido y son importantes para cada uno?

– ¿De qué objeto nos gustaría no tener que prescindir?

– Todo ello se refiere a «la historia que arrastramos». ¿Cómo ha sido esa nuestra historia?

– Si nos centramos en la Navidad, ¿cuántos objetos de ambiente navideño nos ahogan? ¿Qué deberíamos hacer para celebrarla adecuadamente?

 

n La magia de los objetos

Trabajar a partir de los objetos que ahí aparecen, teniendo en cuenta su valor simbólico. Sugerimos algunas pautas:

– Cacerolas: ¿Qué o quien me ha ayudado a mí a cocerme como persona?

– Cuchillo: ¿ Qué heridas causo a los demás o a mí mismo y cómo evitarlo?

– Tijeras: Ahora mismo tendría que cortar con...

– Herradura: La mayor suerte de mi vida ha sido...

– Cadenas: Algo de lo que me gustaría desencadenarme o prescindir...

– Tenedor y cuchara: Comentar nuestros hábitos de comida... ¿Tenemos en cuenta a quien no tiene nada?

– Espumadera: ¿Qué que aspectos me he quedado con lo esencial después de haber probado muchas cosas?

– Tornillo: ¿Qué locuras encantadoras podría llevar a cabo?

– Imperdible: ¿Qué es aquello que no quisiera perderme por nada del mundo en la vida?

– Y así con otros: plancha, punta, alfiler, rastrillo, tuerca, rueda...

 

n Los objetos personales

– Jugar: Relacionar cada uno de los objetos de la imagen con una persona del grupo. Señalar por qué.

– Simbolizar: Traer un «objeto personal». Comentar el sentido que ha tenido en la propia vida... Jugar después con todos los objetos: extrañarlos y buscar otros usos, ponerlos como elementos protagonistas de un relato elaborado entre todos o personalmente sobre un tema concreto...

Herminio Otero

 

 



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