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LA IGLESIA CON ROSTRO NEGRO

Por Hna. Zoila Cueto Villamán

Quisiera iniciar esta intervención lanzando unas interrogantes que tuve que hacerme cuando estaba pensando cómo preparar el tema. Quiero compartirla con ustedes.

¿Qué significa una Iglesia con rostro negro? ¿A qué nos referimos y qué nos evoca? Qué se entiende por rostro y rostro negro dentro del contexto religioso-Cristiano en Colombia?

Al intentar responder me entró sentimientos de angustia, son realidades ambivalentes que dejan un sabor desesperanzador o un deseo inmenso de seguir templando el alma, tomar fuerzas y continuar en la lucha resistente para que esta Iglesia a la cual pertenecemos, llegue algún día a tener rostro multicolor.

Lo que implica que ella, debe incorporar al pueblo negro para que éste haga parte de su ser y quehacer como uno de los espacios privilegiados de la prolongación del mensaje liberador propuesto por Jesús (Lc 4,16-20) lo que demanda impregnarse de la vivencia del pueblo negro, sus luchas, sus afanes, sus esperanzas y deseos de salir adelante, conocer su historia y su cultura. Es ponerse a caminar junto a la comunidad, construir un imaginario diferente al que se tiene frente a la expresión de fe del pueblo negro. La Iglesia en su conjunto debe vivir un proceso de desaprender para aprender y aprehender de la rica espiritualidad del pueblo de Dios, un pueblo sencillo, empobrecido, pero rico y profundo en su espiritualidad.

Qué se entiende por rostro? a qué nos referimos? al rostro de imagen –ícono- o se refiere al rostro que encarna la identidad y revela la esencia y vivencia de alguien o de algo, el rostro refleja lo que soy, incorpora los sentidos, tiene ojos para ver la realidad del prójimo, oídos finos para escuchar sus clamores, olfato agudo para oler por donde va caminando el pueblo de Dios, sus manifestaciones de vida y las amenazas en contra de éste, boca para anunciar la propuesta liberadora de Jesús que sin duda alguna, es pertinente y le pertenece al pueblo negro y para denunciar todo aquellas manifestaciones de injusticia, desigualdad y atropellos que sufren históricamente.

oí el clamor de este pueblo”, (Ex 3,7) es una inconfundible aproximación entre dos situaciones históricas de opresión: la de los hebreos en Egipto y la de los negros en América Latina y el Caribe, Dios se apersona, se apropia del sufrimiento del pueblo, demostrado en el pronombre “yo”, es decir lo oí, sentí el dolor y actúo, no es un Dios que se queda indiferente frente al dolor de su pueblo.

Sin ánimo de hacer paralelo del pueblo negro en América Latina y el Caribe y en concreto el pueblo negro en Colombia y el pueblo hebreo; son situaciones que guardan una gran diferencia, al pueblo hebreo nunca se le hizo negar su identidad étnica, la condición de sentirse pueblo lo llevó a asumir responsabilidad de lucha por su liberación; experimentaban en su caminar a sus dioses que le acompañaban. El Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob… lo que le daba fuerza para la resistencia y poder construir un proyecto alternativo, igualitario, fuera del sistema opresor.

Aquí en estas tierras, la esclavitud estaba respondiendo a un proyecto económico expansionista, por cuanto las habilidades para sostener el proyecto fueron diferentes. La estrategia de deculturación se fue imponiendo a punta de humillaciones y maltratos físicos, lo que hizo que la mujer y el hombre negro vivieran un proceso de negación de su ser e incluso de lo más genuino que tenía, como su sabiduría ancestral y sus espiritualidades.

Los “evangelizadores” que venían de Europa con Biblia y cruz en mano en tiempo de la colonización, también tenían una función contraria al evangelio, pues no era una función profética al estilo de las y los profetas bíblicos y otras y otros hombres y mujeres que a través de la historia han dejado surcos indelebles de anuncio y denuncia a favor del pueblo empobrecido, al estilo de Jesús de Nazaret.

Ellos estaban al servicio del proyecto esclavista y su mensaje en vez de liberador era domesticador, con una clara intención; que las personas negras, traídas esclavizadas a estas tierras, experimentaran y asumieran al Dios que traían los esclavistas; para esto tenían que despojarse de sus Diosas y Dioses y por ende de su espiritualidad que a los ojos del sistema esclavizador era “diabólica” Este Dios parcializado, estaba a favor del hombre blanco que tenía poder y permitía sin ningún reparo y sin escrúpulos, los maltratos y opresiones del pueblo negro, porque ni siquiera tenían alma y por ende eran vistos como criaturas sin posibilidad alguna de participar de la gracias del señor.

El Dios del Éxodo es el Dios de sentido, el Dios que camina con el pueblo, el Dios que rechaza todo lo que afecta la dignidad del pueblo, es el Dios que no se acobarda ni se refugia en un solo lugar, sino que al escuchar el clamor y situación que atenta contra la vida del pueblo, sale, baja, se agacha, se levanta y acompaña; busca estrategias para que el pueblo participe en su proceso de liberación, porque el querer de Dios, el sueño de Dios es que el pueblo tenga vida y vida en abundancia. (Juan 10, 10)

La Iglesia debe ennegrecerse para poder construir un rostro propio desde el llamado profético, que implica comprometerse con la causa del pueblo negro, con las luchas de los movimientos étnicos, populares y sociales, permitirse acompañar y asumir, a recuperar su propia historia, su simbología, mitos, leyendas y creencias; debe asumir una actitud dialógica con la espiritualidad y todo el acervo cultural del pueblo negro, desde el respeto por lo diferente. Pero además debe hacer ruptura con los paradigmas construidos desde la oficialidad para poder ser fiel al evangelio que demanda acciones concretas con estos sus prójimos de carne, hueso, sangre y alma, que históricamente han sido esclavizados y dominados, pese a que también son templo vivo del Señor, creados y creadas a su imagen y semejanza.

Hoy por hoy la Iglesia tendría que retomar y hacer suyo el sueño de Martín Luther King cuando la segregación racial en su país tomaba fuerza. De una manera propositiva y esperanzadora, motivado y convencido por el mensaje liberador de Jesús, dijo:

Yo tengo un sueño: que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales. 

Yo tengo un sueño: que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad. 

Yo tengo un sueño que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia. 

Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. 

Yo tengo un sueño que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas.”  (tomado del internet el día 15 de noviembre 2010) tomado de la página web http://impresiones-mariaje15.blogspot.com/2008/11/martin-luther-king-yo-tengo-un-sueo.html

Aquí se plantea un gran desafío, es tratar de entender que la diferencia jamás puede ser motivo para discriminar y excluir, sino por el contario, la oportunidad de reconocernos como iguales e incluirnos todos como hermanos, hermanas y buscar la igualdad y dignidad como el querer de Dios; es la propuesta programática de Jesús, que la persona viva y viva en y con abundancia, lo que implica una nueva mirada y una nueva respuesta. Jesús sana las dolencias de quien el sistema tiene excluido y oprimido, lo sana, aún transgrediendo leyes opresoras al servicio del sistema. (Lc 13, 10-17). El Reino de Dios llega, se hace visible y creíble cuando los cuerpos sanan.

Los cuerpos del pueblo negro siguen encorvados, con el peso de una historia dolorosa, que a través de los años sigue su mismo cause con las mismas manifestaciones de injusticia, de violación y de muerte, a pesar de esa realidad, el pueblo negro se mantiene como el árbol de guadua que la dobla el viento; pero no se quiebra, la esperanza se mantiene viva a pesar de nuestras incoherencias y desaciertos.

Pablo retoma la propuesta de Jesús y presenta a la Iglesia como el cuerpo compuesto por muchos miembros, cada miembro desempeña una función importante y cuando un miembro se enferma todo el cuerpo se resiente y acude en su auxilio. (1 Cor 12, 12-26) la invitación a la diversidad, al respeto, al cuidado y a la corresponsabilidad, especialmente con los más débiles y desprotegidos de la sociedad.

El cuerpo del hombre y la mujer negra ha sido maltratado, violentado, satanizado, especialmente el de la mujer, que ha sido visto no como espacio teológico donde Dios se revela, sino como objeto que se puede usar, manipular y tirar. Nuestro cuerpo de mujer negra además de reproducir personas para sostener y mantener un sistema excluyente, es también espacio sagrado donde el Dios de la vida habita.


Por su piel,

Sus palabras que enamoran

que engrandece nuestro ahora.

Por sus pies que marchan

que recorren  y danzan

que seducen y avanzan

Por sus manos laboriosas

su pensar de guerreras y de diosas

sus resistencias y luchas

sus cantos y escuchas.
Por sus cuerpos y sus miradas

sus abrazos y estocadas.

Sus sueños colectivos

sus vientres subversivos.
Sus labios carnosos y altivos

sus pechos generosos y aguerridos.

por sus historias de temor

de esclavitudes y exclusión

de  pinceladas de liberación.
Por su dignidad recuperada

su caminar de enamoradas.

Por lo que son y han sido

por el orgullo de estar unidos.

Abrazando  la noche y el día

las verdades y retos de la vida…

Hoy las abrazamos compañeras

celebramos su presencia

en la historia.

Sus banderas y legados

sus pasos agigantados

sus reclamos y llamados.
Por hacer de este paso por la vida

un canto de amor, de dignidad y  alegría

enfrentando los monstruos y cortinas

construyendo realidades y utopías.
Por su piel

por su presencia que enamora

que engrandece nuestro ahora

hoy y siempre las abrazamos.

Las admiramos

las queremos

compañeras.
(Poema de Mario López, en honor a la mujer negra)

En este momento de nuestra historia, la Iglesia está llamada a optar a favor del pueblo negro, a sentir que él es parte de su quehacer evangelizador, haciendo creíble y vivible el Reino de Dios propuesto por Jesús y empezar a pensarse desde esa dimensión de un solo cuerpo. Para que el sueño de Dios, de Jesús y muchos hombres y mujeres que a través de la historia han asumido el Evangelio como una propuesta de vida que favorece a todos y todas.

Es cada vez más claro para muchos cristianos que, si quieren ser fieles al Dios de Jesucristo, La Iglesia debe tomar conciencia de su existencia a partir de abajo, a partir de los pobres de este mundo, de las clases explotadas, de la raza despreciadas, de las culturas marginadas. Debe descender a los infiernos de este mundo y comulgar con la miseria, la injusticia, luchas y esperanzas de los condenados de la tierra, porque de ellos es el Reino de los cielos”1

Creo que esta es la apuesta de la Iglesia en la actualidad, asumir con honestidad la palabra liberadora de Jesús que sigue siendo una propuesta válida para las y los empobrecidos de esta tierra, ella contiene elementos de liberación que fortalecen el caminar del pueblo negro; la Iglesia está llamada a asumir con todas las consecuencias el proyecto liberador de Jesús para los pueblos, a tomar partida a favor de la vida, de la dignidad humana, especialmente cuando se encuentra vulnerada y afectada por intereses egoístas y excluyentes. El pueblo negro termina siendo un desafío para la Iglesia, es parte integrante y definitiva del pueblo de Dios, que está clamando y reclamando justicia y respeto por sus derechos.

Éste se encuentra viviendo en situaciones de precariedad y marginalidad estructural, por la vulneración grave, permanente y sistemática de los derechos étnicoterritoriales. Cómo podemos trabajar como Iglesia procesos de concientización con el pueblo negro para que éste pueda ejercer su ser, que por años ha sido negado?

Estoy convencida que ello nos compromete en la búsqueda de estrategias y empezar a pensarse como comunidad eclesial que está llamada a estar caminando al estilo de Jesús, junto a las y los más desposeídos, y desde ahí sí puede ser posible que llegue el mensaje liberador a los pueblos que ancestralmente tienen una experiencia de espiritualidad diferente; pero también llena de semillas del Verbo, ese verbo encarnado en Jesús que por defender la vida y vida con dignidad, fue calumniado, ajusticiado y asesinado por los poderosos de su tiempo.

También es cierto que la Iglesia ha estado presente en lugares donde nadie más ha hecho presencia, acompañando al pueblo en sus luchas, sus resistencias; de manera particular ha estado con el pueblo afro, en muchos momentos sin tener en cuenta nuestra realidad y nuestras vivencias como fuentes de espiritualidad y liberación, en sus dolores y en sus esperanzas, en la construcción de propuestas y planes comunitarios de vida .

Hay casos que ha estado ahí acompañando al pueblo y a las comunidades, sobre todo cuando la guerra y el proyecto de muerte ha tomado fuerza y se ha dejado sentir con paso fuerte, arrasando con todo lo que encuentra, ellas y ellos, empujado y apasionados por el proyecto de Jesús, han asumido su labor profética hasta dar la propia vida; a pesar de estar expuestas y expuestos a ser calumniados, perseguidos, encarcelados, asesinados. No ha sido una propuesta desde la institucionalidad eclesiástica colombiana, que también está llamada a asumir con toda la consecuencia la defensa de la vida y enfrentar los proyectos de muerte que existen muy bien estructurados en contra de la población negra y el pueblo empobrecido en general.

Hay que apostarle a eliminar las prevenciones que existen frente a la experiencia religiosa del pueblo negro, si verdaderamente queremos asumir un dialogo diáfano e interculturado. Para poder dialogar desde la igualdad y el respeto, valorando la diferencia como riqueza e insumo indispensable para la construcción de propuestas de vida a favor de las y los menos favorecidos de la tierra.

Al constatar la realidad actual del pueblo afro, suscita dolor, pareciera que el tiempo se hubiese parado y dejara de avanzar, dejándonos en la situación de olvido, de violación de sus derechos fundamentales, individuales y colectivos, por ser el pueblo con mayor índice de analfabetismo, por tener sus necesidades básicas insatisfechas, por la casi nula inversión estatal en los territorio del pueblo afro. La Iglesia ahí tiene palabra y no cualquier palabra, sino aquella llena de esperanza desde esa dimensión profética que tiene como herencia e invitación del mismo Jesús y su proyecto. Debemos denunciar los miles de atropellos que sistemáticamente ha sido sometido este pueblo, y así la Iglesia puede marcar la diferencia histórica que ha tenido con el pueblo afro.

Es necesario ser conscientes que desde la oficialidad se ha mutilado la espiritualidad del pueblo negro. Aunque se están dando pasos muy tímidos de algo que debía ser así como permitir danzas e instrumentos musicales propios del pueblo negro en ciertas celebraciones eucarísticas, hay que estar consciente y atentos que el bombo en la eucaristía no significa que la iglesia tiene rostro negro, es parte de la forma celebrativa, así como se utiliza el piano en muchas las celebraciones eucarísticas.

Tampoco que nos cosifiquen y piensen que sólo somos eso, folklor y fuerza, negando todo nuestro ser de personas integrales con capacidad de crear pensamiento, conocimientos y saberes preñados de ideas, de culturas, de ciencia y resistencia, con capacidad para amar y dejarse amar y seguir apostando por un mundo mejor.

La Iglesia debe integrar nuestros símbolos y experiencia de espiritualidad si quiere ser fiel al Evangelio de Jesús, desde el marco del respeto; cuando los discípulos y discípulas le comentaban después de una jornada de llevar la Buena Nueva a los pueblos, su preocupación porque encontraron otras personas que hacían “milagros” Jesús no se enfada, por el contrario, les dice que los dejen (Lucas 9, 54ss; Mt 11,2-6); son muchos los textos que muestras a Jesús departiendo con otra cultura dentro del marco de respeto, lo importante que el mensaje liberador está en función de la persona, (Lc 7, 1-8; Mt 15, 21-28; Mt 7, 5-15) A la iglesia le falta conocer la experiencia espiritual del pueblo y ello sólo lo puede lograr a través del caminar y sentir con el propio pueblo.

La mujer y el hombre negro llegaron aquí con su asidero espiritual, experiencia de un ser supremo que penetra la vida de la comunidad, Así como el Dios cristiano es un solo, para el pueblo negro es un ser supremo, creador de todo, del cielo y la tierra y es llamado por diversos nombres, todos genéricos, ellos expresan atributos a Dios, y nos son precisamente su esencia, porque la naturaleza de Dios nadie la conoce, si alguien conociera el nombre propio de Dios, éste tendría poder sobre Él, podría pronunciar su nombre y llegar al conocimiento de su intimidad. En la cultura cristiana le damos diversos nombre a Dios para referirnos a él (el creador del universo, el todo poderoso, el salvador del mundo, el sagrado corazón, el divino rostro, la mano poderosa, el divino niño…) Así es el pueblo negro, tiene diversos nombres y experiencias de Dios, Ologum o Olodumare, el inaccesible o Nzambi (aquel que dice y hace) o Kalunga (aquel que reúne) son los nombres más comunes de Dios.

Es un Dios que está presente en las plantas, por eso ella sirven para curar y sanar, está en las piedras por lo que sirven para limpiar el cuerpo y equilibrarlo, en las montañas, en los ríos, mares… en todas partes. Cercano a la experiencia de la comunidad, hace parte de su vivencia cotidiana.

Los orishas son como las y los protectores del mundo del muntú, aunque ellos y ellas no hacen las veces de los Santos Católicos, tienen algo en común. Por eso cuando la Iglesia arremetió en contra de la experiencia religiosa de las y los ancestros, a ellas y ellos no se le hizo tan difícil invocar a un santo y en el fondo era a sus orishas.
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