Breve historia de la hermenéutica bíblica






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Breve historia de la hermenéutica bíblica




I. BREVÍSIMO PANORAMA HISTÓRICO

1.1. LAS ESCUELAS PATRÍSTICAS: Siglos III al V d.C.

Al comienzo del siglo III, la interpretación de los textos sagrados estaba especialmente bajo la influencia de la llamada Escuela Catequística de Alejandría. Como gran centro cultural de la antigüedad, Alejandría fue la confluencia de un rico encuentro entre la cultura helenística y las tradiciones religiosas judías, las influencias fueron mutuas. El neoplatonismo, el gnosticismo y las corrientes de filosofía griega popular hicieron que esta Escuela ajustara su interpretación de la Biblia a lo que consideraban un método natural para armonizar filosofía y religión: el método alegórico.

Este método alegórico era muy popular debido a que los filósofos estoicos, principalmente, lo habían aplicado para su interpretación de la literatura homérica. Era, pues, un camino ya trazado y listo para que los cristianos lo transitaran. Desde el lado del judaísmo, Filón de Alejandría había puesto todo el peso de su autoridad y prestigio a favor de este método, y lo convirtió en un sistema que incluso aplicó a las narraciones más sencillas del AT.

Por el lado del cristianismo, Clemente de Alejandría y su discípulo Orígenes, aunque afirmaron que tenían que aplicarse reglas especiales para la interpretación de la Biblia como Palabra de Dios y que debía reconocerse el sentido literal de los textos, consideraron que la interpretación alegórica era la más apropiada para descubrir el verdadero sentido de las comunicaciones divinas.

Clemente de Alejandría fue el primero en aplicar el método alegórico ala interpretación del NT y propuso el principio de que "Toda Escritura debe ser entendida alegóricamente". Según Clemente, el sentido literal sólo podía proporcionar una fe elemental, mientras que el alegórico conducía al sentido más profundo y, por lo tanto, verdadero.

Su más destacado discípulo, Orígenes, lo sobrepasó en cultura clásica yen influencia. Sin duda, fue el más importante intérprete bíblico de su tiempo, pero sin duda su valor permanente está no tanto en su interpretación como en su crítica textual de la Escritura. Él ilustró de un modo extenso y sistemático el tipo alejandrino de interpretación. Su teoría hermenéutica está expuesta en el siguiente principio: "El significado del Espíritu Santo es siempre claro, simple y digno de Dios. Todo lo que parece oscuro, inmoral, o intrascendente en la Biblia, sirve simplemente como incentivo para hacerlo trascendente..." llevándolo más allá del sentido literal.

Orígenes consideró la Biblia como un medio para la salvación del hombre y, porque según Platón, el hombre se compone de tres partes: cuerpo, alma y espíritu, aceptó en la Biblia un sentido triple: el significado literal, el moral y el mítico o alegórico. En su práctica exegética tendió a menospreciar el sentido literal y ocasionalmente se refirió al sentido moral, pero constantemente empleó el método alegórico, con el cual creía encontrar el verdadero conocimiento del texto bíblico.

Hacia finales del siglo III se inició, tal vez por Diódoro, primer anciano o presbítero de Antioquía y después del 378, Obispo de Tarsis, quien escribió un verdadero tratado sobre la interpretación, la llamada Escuela de Antioquía. Los dos más grandes discípulos y maestros de esta Escuela fueron: Teodoro de Mopsuestia y Juan Crisóstomo. Estos dos hombres se diferenciaron mucho en todos los aspectos.

Teodoro tenía puntos de vista muy liberales sobre la Biblia, mientras que Crisóstomo considera que todas sus partes eran infalible Palabra de Dios. La exégesis de Teodoro fue intelectual y dogmática; la de Crisóstomo más espiritual y práctica. El primero fue famoso como exegeta e intérprete; el segundo opacó a todos sus contemporáneos como orador de púlpito, y fue reconocido por el esplendor de su elocuencia (crisóstomo= boca de oro).

Ambos propusieron como principio exegético la necesidad de reconocer el sentido original de la Escritura a fin de sacar provecho espiritual de ella. No sólo le atribuyeron gran valor al sentido literal de la Biblia, sino que conscientemente repudiaron el método alegórico de interpretación. En la práctica exegética, Teodoro tenía una gran capacidad para ver en la Biblia el factor humano, pero lamentablemente su teoría de la inspiración lo llevó a negar la autoridad divina de varios libros. En contra de la interpretación alegórica, defendió el método histórico-gramatical, con lo cual se adelantó en mucho a su época.

Otro tipo, digamos, intermedio es el que surgirá en las iglesias de Occidente. Toma elementos del método alegórico y de la escuela de Antioquía. Pero su rasgo más distintivo será un elemento totalmente desconocido hasta entonces y que, con el correr de los siglo, tomará una fuerza decisiva en la historia de la exégesis en Occidente: este principio es la autoridad de la tradición y de la Iglesia en la interpretación de la Biblia. Se le atribuyó un valor de regla y norma a la enseñanza de la Iglesia en la esfera de la exégesis. Este es el tipo de interpretación que se desarrollará particularmente con Jerónimo y Agustín de Hipona.

La fama de Jerónimo se basó en su traducción al latín de los textos bíblicos conocida como La Vulgata, más que en sus interpretaciones bíblicas. Siendo un gran conocedor del hebreo y del griego, su trabajo exegético consistió en una gran cantidad de notas lingüísticas, históricas y arqueológicas. Agustín, aunque tenía un conocimiento más deficiente de las lenguas originales, es decir, no era principalmente un exegeta, tenía una gran habilidad para sistematizar las doctrinas de la Biblia aunque no era un gran intérprete de ella.

Sus principios hermenéuticos eran mejores que su exégesis; considera que el intérprete debe estar equipado con la filología, la historia y la crítica, pero más importante es el amor que debe tener hacia el Autor, Dios.

Defiende la necesidad de respetar el sentido literal y de basar lo alegórico sobre el sentido literal. Sin embargo, más de una vez, se dejó llevar por la interpretación libre alegórica. En los casos en que la interpretación fuera dudosa, Agustín propuso la famosa "regula fidei"; es decir, la autoridad de la fe de la Iglesia. Agustín en la práctica adoptó una exégesis basada en cuatro enfoques: histórico, etiológico, analógico y alegórico. Será esta cuádruple forma de interpretación la que se desarrollará profundamente en toda la Edad Media occidental.

1.2. EN EL PERÍODO MEDIEVAL: Siglos V al XV d. C.

Durante la Edad Media, la mayoría de los cristianos, incluyendo a muchos de entre el clero, vivió en la más completa ignorancia de la Biblia. Los que la conocían, la conocían sólo a través de la traducción latina de la Vulgata y las citas contenidas en los escritos de los Padres. Era considerada como un libro lleno de misterios, que sólo podía ser entendido de un modo místico. En un sentido muy general, la interpretación bíblica se guiaba por cuatro principios: el sentido literal, el tropológico, el alegórico y el analógico. Durante esta época se estableció definitivamente el principio de que la interpretación bíblica debía someterse a la tradición y a la doctrina establecida por la Iglesia.

Era considerado como un principio de sabiduría leer la Biblia acompañada de los comentarios de los Padres. Esta fue la famosa regla establecida por San Benito y que fue adoptada ampliamente por casi todos los monasterios. Esta famosa regla se expresó en la fórmula de Hugo de San Victor: "Aprende primero lo que debes creer y después ve a la Biblia para hallarlo allí". Durante esta época no se desarrolló ningún principio nuevo de interpretación, pues ésta estaba atada de pie y de manos por la costumbre de la tradición y de la autoridad de la Iglesia, la cual era estudiada con mayor diligencia que la Escritura misma.

Aunque se aceptaba el cuádruple sentido de la Biblia, algunos empezaron a ver ciertas incongruencias. El mismo Tomás de Aquino, aunque practicó la alegoría, por lo menos en teoría consideraba el sentido literal como el fundamento necesario para la interpretación.

Quien rompió las argollas de esta cadena fue Nicolás de Lyra, quien, sin abandonar el sentido cuádruple tradicional, hizo un uso práctico de sólo dos: el literal y el místico, fundando este último en el primero. Insistió en la necesidad de estudiar el texto en el original, y se quejó de que el sentido místico chocara muchas veces contra el sentido literal, y por eso exigió que para efectos de fijar la doctrina de la Iglesia debía usarse solamente el literal.

1.3. DURANTE LA REFORMA: SIGLO XVI

Con el advenimiento del Renacimiento se desarrollaron principios hermenéuticos más técnicos y racionales. En los siglos XIV y XV, la ignorancia bíblica era muy extensa, y muchos doctores en teología jamás la habían leído completamente, y sólo conocían la única versión en latín de Jerónimo. El Renacimiento impuso como norma de investigación crítica-literaria la necesidad de trabajar con las lenguas originales; este principio fue adoptado muy especialmente por Erasmo, quien preparó la primera edición crítica del NT en griego; al mismo tiempo, Reuchlin publicó su Gramática y Diccionario del Hebreo. Con estas herramientas el estudio de la Biblia tomó un poderoso impulso, y gradualmente se fue abandonando la metodología basada en los cuatro principios del sentido, se estableció que la Biblia tenía un solo sentido.

Los Reformadores creyeron firmemente que la Biblia era la Palabra de Dios inspirada y autorizada, pero la concibieron como un todo orgánico y mostraron ante ella una gran libertad en muchos aspectos. Por un lado, la afirmaron como suprema autoridad por encima y en contra de la autoridad de la Iglesia; la Biblia, no la Iglesia, era el juez supremo de apelación para cualquier disputa doctrinal. Por encima de la pretendida infalibilidad de la Iglesia, los Reformadores insistieron en que es la Biblia la que determina la doctrina de la Iglesia y lo que la Iglesia debe y tiene que enseñar, y no la Iglesia la que determina la doctrina de la Biblia.

Por esta razón, los principios de la exégesis protestante surgieron dedos pilares fundamentales:

La Escritura se interpreta por la Escritura misma.

Toda interpretación de la Escritura debe estar en conformidad con la analogía de la fe. Y para los Reformadores, la analogía de la fe debía corresponder absolutamente a la enseñanza uniforme de la Escritura.

Lutero, además de rendir un invalorable servicio a la nación alemana con su traducción de la Biblia al alemán, tuvo tiempo para hacer algunas obras expositivas. Sus reglas hermenéuticas fueron superiores a sus propias interpretaciones, pero enfatizó sobremanera el sentido literal, aunque no estuvo completamente libre de la alegoría. Defendió el derecho privado de estudiar la Biblia, pero sin descuidar la necesidad de tomar en cuenta el contexto y las circunstancias históricas. Exigió en el intérprete una fuerte convicción de fe en Jesucristo y visión espiritual para interpretar la Biblia. Se afanó para encontrar a Jesucristo en todas las partes de la Biblia.

Pero no fue Lutero quien fijó los principios hermenéuticos de la Reforma, sino su mano derecha: Felipe Melanchton, humanista clásico y superior intelectualmente a Lutero. Sus grandes conocimientos del griego y del hebreo hicieron de él un extraordinario exegeta, y fundamentó su trabajo sobre dos principios: Las Escrituras debían ser entendidas gramaticalmente, lingüísticamente, antes que teológicamente; y la Escritura tiene un solo sentido simple y cierto.

Sin duda, el más grande exegeta de la Reforma fue Juan Calvino; sus exposiciones abarcan casi todos los libros de la Biblia. Utilizó los principios de Lutero y Melanchton en forma rigurosamente estricta, y rechazó por completo la alegorización, y, aunque reconoció ciertos valores topológicos en el AT rechazó la tesis luterana de que Cristo podía ser hallado en cualquier parte del AT. Redujo el número de salmos aceptados como mesiánicos; postuló que los libros proféticos debían ser interpretados a la luz de la historia de Israel y no de la historia de la Iglesia. Su principio fundamental se resume en su comentario: "el principal deber de un intérprete es permitir al autor que comenta, decir lo que realmente dice, en vez de atribuirle lo que nosotros pensamos que debió decir".

1.4. LA HERMENÉUTICA CATÓLICA DURANTE LA REFORMA

Los expositores católicos no significaron ningún avance durante la época de la Reforma. La Iglesia Católica no admitió el principio del derecho del juicio privado, y reforzó, en oposición a la Reforma, la idea de que la Biblia debía ser interpretada en absoluta armonía con la enseñanza del magisterio de la Iglesia. El Concilio de Trento, convocado para condenar al luteranismo, impuso la tesis de que debía mantenerse la autoridad de la tradición eclesiástica por encima de lo que la Biblia enseñara. Además, estableció que debía darse a la Vulgata (traducción de la Biblia al latín) la más alta autoridad como texto para la exégesis. Trento determinó que toda interpretación de la Biblia debía estar sometida a la autoridad de la Iglesia y al unánime consentimiento de los Padres. Donde quiera que prevalecieron tales principios, la hermenéutica bíblica quedó prácticamente en un punto muerto.

1.5. EN EL PERÍODO CONFESIONAL: POST-REFORMA

Durante el período inmediatamente posterior a la Reforma se hizo evidente que el protestantismo no había hecho desaparecer por completo la vieja levadura, pues aunque se mantuvieron sólidos entorno al principio de "La Escritura se interpreta por la Escritura", y rehusaron someter su exégesis al dominio de la tradición eclesiástica y a las doctrinas formuladas por los Papas y Concilios, cayeron en un grave peligro que perdura hasta hoy: el de guiarse por los principios confesionales de cada denominación. Aquí empezó propiamente una especie de "Edad de las Denominaciones". Cada ciudad importante quería tener su propia confesión de fe. Este período de serias controversias teológicas logró dividir al movimiento protestante en varias fracciones, cada una tratando de defender sus posturas teológicas apelando a la Biblia. La exégesis vino a colocarse al servicio de las confesiones y degeneró en una simple búsqueda de textos de prueba. Las Escrituras eran estudiadas con el fin de hallar en ella las verdades doctrinales abrazadas por cada confesión o denominación. Fue en este período cuando surgió el concepto mecanicista de la inspiración de la Biblia, algunos llegaron a afirmar que hasta las vocales del texto hebreo eran inspiradas. Aunque esta tendencia no ha desaparecido por completo, sin duda hoy está bastante restringida.

En síntesis, tampoco este período fue fructífero para la historia de la hermenéutica, pero dio lugar a importantes reacciones. Por lo menos cuatro merecen ser mencionadas:

1. Los Socinianos: no presentaron principios hermenéuticos propiamente dichos, sino más bien un presupuesto básico: la Biblia tenía que ser interpretada racionalmente; como Palabra de Dios no podía contener nada que fuera o pareciera ser contraria a la razón, o que no pudiera ser comprendido por la razón. Por esta causa, echaron por la borda doctrinas como la Trinidad, la Providencia de Dios, la doble naturaleza de Cristo, y terminaron construyendo un sistema teológico mezcla de racionalismo con sobrenaturalísimo. Aunque se jactaban de su libertad de todo yugo confesional, su exégesis estaba completamente sometida a su dogmatismo racionalista.

2. Coccejus: este teólogo holandés reaccionó contra aquellos que sólo buscaban en la Biblia textos probatorios, y que no eran capaces de ver la Escritura como un sistema orgánico cuyas partes se hallan íntimamente relacionadas entre sí. Insistió en que el intérprete debía estudiar cada pasaje en el contexto de pensamiento general del libro y del propósito del autor. Su principal principio hermenéutico fue que las palabras de la Biblia significaban aquello que está expresado en el discurso entero: " El sentido de las palabras de la Biblia abarca tanto, que contiene más que un simple pensamiento, a veces una multitud de pensamientos, los cuales un intérprete experimentado de la Escritura puede deducir de su estudio total". Sin embargo, por causa de una grave confusión entre todos los posibles significados del texto y su aplicación al contexto del intérprete, introdujo una falsa pluralidad de significados, agravada por su excesiva tipología, que lo llevó a encontrar a Cristo en todas las situaciones de la Biblia. Aunque con una exégesis bastante deficiente, rindió un buen servicio a la historia de la hermenéutica al demandar atención al sentido orgánico de la Escritura.

3. Aporte de J. A. Turretin: se opuso al proceder arbitrario de Coccejus en contra de los sentidos imaginarios descubiertos tipológicamente. Insistió en que la Biblia debía ser interpretada sin ningún prejuicio dogmático, con la ayuda del análisis lógico. En esto su influencia fue benéfica.

4. En el movimiento pietista: cansados de las controversias dogmáticas dentro del protestantismo, muchos cristianos luteranos se inclinaron a promover la vida de verdadera piedad, iniciando una reacción contra el exagerado dogmatismo de la interpretación bíblica. Sin embargo, insistieron en el deber de estudiar la Biblia en sus lenguas originales pero bajo la iluminadora influencia del Espíritu Santo. Su preocupación por destacar la aplicación de las enseñanzas bíblicas a la vida los llevó a apartarse gradualmente de la investigación científica.

Consideraban que el estudio gramatical-histórico de la Palabra llevaba aun conocimiento externo del pensamiento de Dios, mientras que el estudio práctico - buscando las exhortaciones, las advertencias, las reprensiones - realizado en un espíritu de oración penetra hasta lo profundo de la verdad. Los pietistas enfatizaron el aspecto psicológico de la interpretación; es decir, que los sentimientos del intérprete debían estar en armonía con los del escritor bíblico estudiado. El peligro de esta tendencia mística fue la tendencia a encontrar énfasis especiales en donde no los había.

5. En el período histórico-crítico: si durante el período pietista hubo tal reacción en contra del estudio dogmático, con el surgimiento de una actitud crítica hubo un control total de la exégesis y de la hermenéutica. Este período fue de acción-reacción; puntos de vistas muy divergentes fueron expresados respecto a la inspiración de la Biblia; se negó por lo general la inspiración e infalibilidad de la Biblia, se dio un énfasis casi absoluto a los elementos humanos, y aun los que aceptaban el elemento divino se cuidaban de señalar la relación mutua entre lo humano y lo divino.

Se intentó sistematizar la doctrina de la inspiración; algunos siguieron la teoría de una inspiración que variaba de grado, según las diversas partes de la Biblia; en grado mínimo admitían errores e imperfecciones. Otros aceptaron la teoría de una inspiración parcial limitándola a aquellas porciones que se refieren a la fe y la moral, admitiendo errores en cuestiones históricas y geográficas.

Autores como Schleirmacher negaron el carácter sobrenatural de la inspiración y la identificaron con la iluminación espiritual del lector cristiano; otros la redujeron al poder que todo hombre posee en virtud de una luz natural. En la actualidad, la inspiración está más referida a los autores bíblicos que a sus escritos, y se concibe como una energía interior y sobrenatural que se manifiesta en un grado superior y en un nuevo orden de la energía espiritual del hombre. Al producto de esta energía se le llama "revelación".

Durante el período crítico se puso como condición indispensable, que el exégeta debe estar absolutamente libre de predisposición de dogmas y principios confesionales de la Iglesia. Se estableció como principio que la Biblia debía ser interpretada como cualquier otro libro; los intérpretes se limitaron a cuestiones literarias, históricas y culturales, menospreciando toda referencia a lo divino. Como resultado, se tuvo una clara conciencia de la necesidad de una interpretación histórico-gramatical, pero también quedó clara la convicción de que tal interpretación debía ser complementada con otros principios que le hicieran justicia a la Biblia como revelación divina.

El producto concreto de este período crítico fue la aparición de dos escuelas diametralmente opuestas:

La Escuela gramatical: puso énfasis en cuatro principios:

(a) Se debe aceptar solamente el sentido literal, y rechazar la multiplicidad de sentidos.

(b) Se deben rechazar las interpretaciones tipológicas y alegóricas, excepto en aquellos casos en que el autor indica su propósito expreso de expresar otro sentido más que el literal.

(c) Puesto que la Biblia tiene un sentido gramatical en común con los otros libros, debe ser tratada de un modo similar.

(d) El Sentido literal no puede ser determinado por un supuesto sentido dogmático.

Esta escuela fue fundamentalmente sobre naturalista, aceptando las mismas palabras del texto como fuente legítima de auténtica interpretación y de verdad religiosa; pero sólo proporcionó una pura y simple interpretación del texto, lo que no siempre es suficiente para poder comprender la totalidad del mensaje Bíblico. Por eso es un método parcial.

La Escuela historicista: paradójicamente, esta escuela nació dentro del pietismo. Hizo énfasis en el origen histórico- humano de la composición de la Biblia, en el hecho de que algunos libros de la Biblia y el Canon como un todo tuvieron un origen histórico, y por lo tanto están condicionados por la historia. Esta escuela, de clara orientación racionalista, destacó el carácter local y transitorio de muchos escritos bíblicos, y por lo tanto negó el carácter de regla general para todos los hombres y para todos los tiempos. Aceptó la mezcla del error y la verdad, pues los autores bíblicos se acomodaron a los lectores a quienes se dirigían. El verdadero valor de la Biblia está en aquello que sirve para perfeccionar el carácter moral de los individuos. La Biblia es un producto falible del hombre y la razón debe ser el árbitro final de la fe.

Durante este período se manifestaron tres claras tendencias en la hermenéutica: una de total racionalismo extremo; una tendencia a volver a los principios de la Reforma y otra que consideraba que el método histórico-gramatical debía complementarse con otro que permitiera penetrar en el espíritu de la Escritura.

La tendencia racionalista extrema derivó hacia una posición puramente naturalista, considerando que la fuente verdadera de la religión debía ser una fidelidad a la razón; negaron todo elemento sobrenatural en la Biblia y por lo tanto negaron los milagros. La interpretación naturalista de la Biblia provocó una reacción que se caracterizó por la interpretación mítica del Nuevo Testamento; bajo la influencia de Hegel, la interpretación mítica propuso como clave para comprender la Biblia el surgimiento de la expectación mesiánica en Israel. Esta idea mesiánica judía se desarrolló en la historia de la Humanidad. En el tiempo de Jesús, el mesianismo estaba en el aire, bajo esta expectación, los discípulos atribuyeron a Jesús palabras y milagros, incluyendo la resurrección, que ellos suponían debía cumplir el Mesías. Es decir, el Jesús de los Evangelios no es el Jesús de la historia, sino el Jesús creado por los discípulos conforme a la idea que ellos tenían del Mesías.

Este punto de vista mítico, fue cuestionado duramente por F.C. Bauerquien aplicó al NT los principios fundamentales de Hegel: tesis, antítesis y síntesis. Sostuvo que la confrontación de tesis rivales ente Pedro y Pablo condujo a la producción de libros opuestos, los cuales finalmente fueron armonizados en una síntesis de los dos partidos rivales, dando por resultado el actual NT.

La tendencia racionalista actualmente es aplicada mucho más al AT que alNT, con la aparición de la escuela de Welhausen y la teoría documental del AT, resultado de la aplicación de la filosofía evolucionista. Esta teoría documental está en completa revisión.

6. La reacción contra el Racionalismo

La Escuela de Schleiermacher: Descartó la doctrina de la inspiración,negó la validez permanente del AT y trató a la Biblia como cualquier otro libro. Aun cuando no dudó de la integridad substancial de la Escritura, hizo distinción entre partes esenciales y partes no esenciales, y expresó su confianza en que la ciencia crítica podría trazar la línea entre ambas. A pesar de toda su insistencia en la verdadera piedad en el corazón (subjetivismo) su exégesis fue estrictamente racionalista, y muchos de sus seguidores se inclinaron abiertamente hacia el racionalismo, aunque otros siguieron un camino más moderado y evangélico, y, aunque rechazaron la teoría de la inspiración verbal, confesaron una profunda reverencia por la divina autoridad de la Escritura. Esta escuela intermedia, llamada también de la Conciliación, no admitió ni la infalibilidad del canon ni la inspiración plenaria del texto bíblico y se reservaron el derecho de someter a la prueba de la crítica histórica ambas cosas; sin embargo proclamó la suprema autoridad de la Biblia en materia de la doctrina.

La Escuela de Hengstenberg: la principal debilidad de la escuela intermedia fue su carácter conciliador, y por eso mismo no pudo detener el avance del racionalismo. La reacción más fuerte vino de la llamada Escuela de Hengstenberg, que volvió a los clásicos principios luteranos. Los teólogos de esta Escuela, creyendo en la inspiración plenaria de la Escritura, defendieron su absoluta infalibilidad en materia de doctrina. Se situaron firmemente en los principios confesionales de la Iglesia Luterana, aunque no fueron totalmente dogmáticos debido a cierta tendencia a alegorizar con mucha libertad. Su obra exegética es de profunda erudición histórica y filológica, pero con una visión creyente en la verdad revelada en la Biblia.

7. Intentos para superar el método histórico-gramatical:

El resultado final y más permanente de estas escuelas fue el definitivo establecimiento del método histórico-gramatical de interpretación. Sin embargo, persistieron tendencias a no quedarse satisfechos con las virtudes de este método, y muchos analistas insistieron en conservar el sentido moral y religioso como el más propio de la Biblia. Para estos críticos, el principio rector de la Escritura es el avance ético del hombre y cualquier cosa que no respondiera a este principio era rechazado. Otros críticos consideraron que para ir más allá de lo meramente formal del método histórico-crítico era necesario reconocer el carácter de revelación divina de la Escritura y que su principio rector es Cristo en su viviente unidad con Dios y con la humanidad, siendo este sentido el más profundo.

Por otra parte, otros críticos propusieron la llamada Interpretación Pan-armónica de la Biblia, la cual reclamaba la total armonía del significado descubierto en el texto, hasta donde deba ser considerada como revelación divina, en lo que se refiere a Cristo y en todo aquello que es verdadero y cierto. Aunque es un principio acertado, dejaba abierta una puerta a la subjetividad respecto a lo que debe ser considerado o no como revelación de Dios, y entre cosas verdaderas y las que no lo son.

Frente a esta interpretación pan-armónica, otros propusieron la Interpretación Pneumática o Espiritual, que proponía el espíritu de fe debía ser el intérprete; este espíritu daría la convicción de que las diversas partes de la Biblia formaban un todo armónico y que debían ser interpretadas según la analogía de la fe.

Desde entonces, el método histórico-crítico ha reinado en la hermenéutica protestante, pero siempre dando lugar a una búsqueda del sentido más allá de lo meramente formal y las diferentes posturas se evidencian entre aquellos que aceptan la Escritura como revelación de Dios y los que no la aceptan. Entre los cristianos evangélicos latinoamericanos se ha producido un intenso esfuerzo de reflexión sobre la hermenéutica, que ha dado sus frutos en las propuestas de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, que pueden ser resumidas en una búsqueda de una hermenéutica contextualizada.
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