Repensando el cielo, la resurrección y la vida eterna






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ya hayan sido levantados de entre los muertos. De todas maneras, la resurrección es algo que nos pasará a todos nosotros al final de los tiempos, y no a una persona en pleno curso de la historia.
«No», replica el primero, «tú no me entiendes. Yo he tenido la sensación muy fuerte de que el amor de Dios me está rodeando. He sentido cómo Dios me está perdonando y nos está perdonando a todos. También he sentido que a mi corazón lo embargaba un extraño calor. Lo que es más, anoche, yo mismo vi a Simón. Estaba allí conmigo...».
Los otros lo interrumpen, ahora con cierta molestia: «Todos podemos tener visiones. Muchas personas sueñan con los amigos que acaban de morir. A veces, lo sienten como si fuera real. Eso no quiere decir que estos amigos se hayan levantado de entre los muertos. Sin lugar a dudas esto no quiere decir que uno de ellos sea el Mesías. Y si sientes que tu corazón ha sido reconfortado, entonces canta un salmo y no te pongas a decir esas locuras acerca de Simón».
Esto es lo que le habrían dicho a quien hubiera venido con un argumento que, según los revisionistas, cualquiera habría podido tener al principio con la idea de la resurrección de Jesús. Sin embargo, esta solución no sólo es simplemente increíble sino que también es imposible. En caso de que alguien hubiera dicho lo que sugieren los revisionistas, habría seguido una conversación similar a la que acabo de plantear con anterioridad. Todo lo que se necesita para hacer que desaparezcan los argumentos de lo que se denomina crítica histórica es simplemente un poco de imaginación histórica disciplinada.
Lo que es más (y menciono esto para redondear esta mutación final dentro del contexto de las creencias judías), debido a que los primeros cristianos creían que Jesús era el Mesías, nos enfrentamos al desarrollo de la creencia muy temprana de que Jesús es el Señor y que, por lo tanto, César no puede serlo. Este es otro tema y lo dejaremos para otra ocasión. Ahora bien, ya en Pablo podemos apreciar que la resurrección, tanto de Jesús en el presente y, luego más adelante en el futuro, la de su pueblo aparece como el fundamento mismo de la posición cristiana de lealtad a un rey diferente, a un Señor diferente. La muerte es la última arma del tirano y el punto de la resurrección, a pesar de tanto malentendido que lo rodea, es que la muerte ha sido vencida. La resurrección no es la redescripción de la muerte. Es, más bien, el derrocamiento de la misma y, de esa manera, es también el derrocamiento de aquellos cuyo poder depende de ella. A pesar de las injurias y del desdén de algunos eruditos contemporáneos, fueron precisamente aquéllos que creían en la resurrección corporal los que fueron quemados en la pira y lanzados a los leones. La resurrección nunca fue el camino para asentarse, tranquilizarse y volverse ciudadanos responsables. Eso nos lo pudieran haber dicho los fariseos. Fueron los gnósticos, quienes tradujeron el idioma de la resurrección a una espiritualidad privada y a una cosmología dualista, alterando más o menos así su significado para volverlo lo opuesto, quienes escaparon a la persecución. ¿Qué emperador hubiera pasado noches y noches de insomnio preocupado porque sus súbditos estaban leyendo el Evangelio de Tomás? La resurrección siempre estaba destinada a meter a la gente en problemas y, por lo general, esto fue lo que sucedió.
Por lo tanto, hasta el momento hemos resaltado siete mutaciones importantes de las creencias judías acerca de la resurrección y vimos que cada una de ellas se convirtió en un punto central dentro del cristianismo de los dos siglos iniciales. Las primeras creencias cristianas acerca de la resurrección siguen presentes enfáticamente en el mapa del judaísmo del siglo uno, en vez del paganismo. Sin embargo, desde el mismo interior de la teología judía del monoteísmo, de la elección y la escatología, ha abierto toda una nueva forma de ver la historia, la esperanza y la hermenéutica. Y esto exige una explicación histórica. ¿Por qué los primeros cristianos modificaron el idioma judío de la resurrección de estas siete maneras y lo hicieron con tanta consistencia? Cuando les preguntamos, claro está que nos responden que lo hicieron debido a lo que ellos habían creído que le sucedió a Jesús al tercer día después de su muerte. Esto nos lleva a lo que abordaremos en el próximo capítulo, al preguntarnos lo siguiente: ¿entonces, qué podemos decir acerca de las historias tan extrañas que ellos relatan a medida que van describiendo los eventos de ese primer día de la Pascua?
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