Este Módulo que empiezas a leer tiene como primer objetivo ser un instrumento de ayuda en la profundización de los elementos más centrales de nuestra






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Presentación general

del módulo


Este Módulo que empiezas a leer tiene como primer objetivo ser un instrumento de ayuda en la profundización de los elementos más centrales de nuestra espiritualidad SS.CC.
El carisma es una realidad viva, presente en cada hermano(a) y en cada comunidad de la Congregación. Pero, al mismo tiempo él necesita ser tematizado, estudiado y reaprendido para que sea más estimado, querido y vivido.
En primer lugar, este Módulo quiere ser un aporte a tu experiencia personal; busca motivarte para adentrarte un poco más en las inmensas riquezas de nuestro patrimonio espiritual. En la medida que crece el conocimiento de nuestro carisma, crece también la posibilidad de una identificación más amplia con la inspiración fundamental de los Fundadores, actualizada en las orientaciones de nuestros Superiores Generales y Capítulos Generales.
El segundo objetivo de este Módulo es prepararse para la tarea formativa que te podrán confiar. Que las materias presentadas puedan ser un medio de intercambio, de diálogo con aquellos por quienes te responsabilizas o te responsabilizarás.
Una visión común, de parte nuestra, en torno a los elementos centrales del Carisma seguramente favorecerá el llegar más rápido a una Misión común en este continente, acelerando, de igual modo, la reestructuración que tanto necesitamos.
Los temas que te presento son los siguientes:

1. El Corazón de Jesús: la historia de esta devoción y la cristología que está presente en ella.

2. El Corazón de María: la historia de esta devoción y la mariología que está presente en ella.

3. La Adoración eucarística: una forma característica de oración en la Congregación y su relación con la Eucaristía.

4. La Reparación: una mirada actual de este tema.

5. El espíritu misionero: una permanente llamada del Espíritu a todos nosotros.

6. La Internacionalidad: experiencia de inserción y apertura a todas las culturas.

7. Acentos actuales de nuestra espiritualidad SS.CC. desde AL.


I
El Corazón de Jesús


Estimado (a) hermano(a):
Hay una frase del poeta que dice: "Cada uno se deja atraer por su deseo". Por lo tanto no estamos en el dominio de la necesidad sino del deseo, no de la obligación, sino del gusto. De alguna forma somos deseosos, hambrientos, sedientos de algo que nos lleve a la plenitud.
El lenguaje humano llama pasión a una irresistible atracción que sentimos por alguna cosa o alguien. En el lenguaje religioso la llamamos mística. En la pasión, el objeto amado, que impactando al corazón, está, de hecho, fuera de quien ama. En la mística está dentro.
Me dirijo a ti que eres una persona que ama. Que has consagrado toda tu vida a Dios en esta Congregación que cree en el Amor y, por lo tanto, postula y trabaja para que la presencia del Amado sea cada vez más sentida y vivida por todos y entre todos los hombres.
Esta primera sección está dividida en dos partes. En la primera tú verás como se desarrolló históricamente la Devoción al Corazón de Jesús a lo largo de la historia. Verás como una verdad bíblica tan profunda fue creciendo hasta llegar, después de muchos siglos, a su aprobación oficial por la Iglesia y su divulgación por todas las comunidades cristianas.
Luego verás como esta Devoción, a pesar de los cambios significativos en nuestros días mantiene su vigor y su actualidad para tantos contemporáneos nuestros.


)No es estupendo saber que antes que amáramos a Dios, "Él nos amó primero"? (10 Jn. 4,19). )Qué este amor acompañó siempre al pueblo de Israel y se manifestó totalmente en la persona de Jesús? )No es hermoso saber que, pese a nuestros pecados, Él nos abraza con ternura y nos invita siempre de nuevo a romper con las amarras del egoísmo y a estrechar los lazos que nos unen a Él? )No es estimulante reconocer que podemos tornar visible este amor entre los hombres cuando entregamos nuestro tiempo, nuestra labor, nuestras fuerzas, en fin, nuestra vida para que crezca la verdad, la felicidad, la justicia y la vida donde hay tanta gente destrozada por el odio, la violencia, el desprecio y la indiferencia?
El Buen Padre decía que "nuestra vocación es vocación al amor y al amor inflamado". Que estas consideraciones sobre el Corazón de Cristo te ayuden a percibir con más intensidad donde se encuentra el tesoro escondido de nuestras vidas por el cual somos capaces de vender todo y comprar este campo. Que puedas comprobar, con tu propia experiencia, que no hay felicidad más completa que la experiencia mística, es decir, acoger cada vez con más hondura el Amor de Dios presente en nosotros, al cual sólo podemos responder con el amor.
Una mirada histórica
Aunque existan varios pasajes que podrían fundamentar bíblicamente el culto al "Corazón de Jesús", hay uno que permanece como el más importante: trátase del relato del traspaso del costado de Jesús en el Evangelio de Juan (Juan 19, 28-37). Esto por tres razones:
C Porque Juan habla del traspaso del costado de Jesús, que va a la muerte por obediencia amorosa al Padre y por amor vivificador hacia nosotros, lo cual autoriza para hablar más tarde del Corazón traspasado de Jesús.
C Porque el traspasado es en Juan un símbolo, y en cuanto tal corresponde a lo que es el corazón traspasado para el culto al Corazón de Jesús.
C Porque el símbolo joánico del traspasado compendia las líneas fundamentales de la fe joánica, es decir, ofrece una "summa fidei joannae", y en consecuencia corre paralelo con lo que se propone el culto al Corazón de Jesús, que, por su parte, como es bien sabido, pretende ser un compendio de la fe cristiana bajo el aspecto formal del amor simbolizado en el corazón de Jesús o, en otras palabras, una "summa totius religionis". ("El Corazón traspasado": Josef Heer, m.s.c.f. in "Cor Christi" pg. 289).



Lo que es determinante es que históricamente la devoción al Corazón de Jesús aparece radicada firmemente en las Escrituras. Otro texto que proporcionó abundante material para la reflexión y meditación de los Padres es Jn 7,38: "Ríos de agua brotarán de su seno". Algunos Padres, especialmente de la Escuela de Alejandría, creyeron que se trataba del creyente. La fe hará de él una fuente viva. Otra interpretación del texto joánico decía que las aguas vivas fluyeron del seno de Cristo. "Ireneo compara a Cristo con la roca en el desierto. Los judíos bebieron de esta roca. Esa roca ahora es Cristo que permite que los creyentes beban las aguas espirituales". ("El tiempo de los padres". Gervais Dumeige, s.j., pg.14).
Poco a poco los Padres de la Iglesia fueron uniendo las dos ideas: el costado abierto y la fuente de agua que mana de Cristo. En 432 se podía leer en un baptisterio de Letrán: "Aquí está la fuente de la vida, que lavó el mundo entero, tomando su principio de la herida de Cristo". (G. Dumeige, pg. 15).
Fieles a su contemplación mística los Padres consideran que la Iglesia nació del costado de Cristo, como Eva de Adán. Así se expresa San Agustín: "Este segundo Adán, reclinada su cabeza, durmió en la cruz, a fin de que allí se le formara una esposa, que fluyó del costado del que dormía... Adán duerme para que se forme Eva; Cristo muere para que se forme la Iglesia" (G. Dumeige p.16). La Iglesia, según los Padres, nace del amor de Cristo. Y San Juan, más que los demás evangelistas es el contemplativo que supo sacar del Corazón del Señor las aguas vivas.
Como sabemos, los primeros siglos de la Iglesia fueron el tiempo propicio para las querellas teológicas en torno a la humanidad y divinidad de Cristo. Así, pues, los Padres tratan de unir firmemente la naturaleza humana y divina de Jesús, explorando en las Escrituras los textos que muestran los afectos humanos de Jesús. Por ejemplo, San Agustín: ")Se reducirían, entonces, a esto Señor, todos los tesoros de sabiduría y de ciencia que se esconden en ti? )Sería mucho aprender de ti que eres manso y humilde de corazón?" O el texto de Eusebio: "Jamás Cristo entristeció a los débiles, ni manifestó dureza alguna, ni siquiera para con los arrogantes y orgullosos. Su corazón se muestra siempre lleno de mansedumbre y humildad para con todos los hombres..." (G.Dumeige, p.17).
Para ellos, el corazón del cristiano debe ser inmenso como el corazón de Cristo: "un corazón más alto que los cielos, más ancho que la tierra, más resplandeciente que el rayo luminoso y más ardiente que el fuego..." (Juan Crisóstomo) (ídem, pág. 18). En esta misma línea escribe San Gregorio Magno: "nuestro corazón es el altar de Dios; en él, el fuego debe arder sin cesar; allí debemos activar constantemente la llama de nuestra caridad para con el Señor... (ídem pg. 18). La vinculación que establece entre el corazón, el amor y el fuego volverá a aparecer más tarde en el culto al Corazón de Cristo.



El libro del Cantar de los Cantares presenta numerosos versículos, cuya interpretación inflamará el amor cristiano. Las bodegas en las que la novia es introducida (1,4), el recinto del amor (1,12); la enfermedad de amor (2,5); la grieta de la roca (2,14); el día de las bodas, "día del gozo de su corazón" (3,11), la herida del corazón (4,9); el sello sobre el corazón y el amor fuerte como la muerte (8,6), son caminos indirectos hacia el Corazón de Jesús... Hay un texto particularmente significativo de Gregorio Niceno: "Estoy herido por el amor@. Estas palabras muestran el carácter profundamente arraigado en el corazón. La dilección o la caridad es la que ha estampado la marca. Pero sabemos por la Escritura, que Dios es la caridad, que envió su flecha de elección, al hijo unigénito... Oh herida hermosa y dulce llaga por la cual la vida se torna interior... que abre una entrada, una puerta. En efecto, tan pronto recibió la marca de la caridad, esta transfixión se transformó en gozo nupcial "(ídem pg. 21).
Del siglo VII al siglo X pasamos por un período indefinido. "Los improperios, que remontan al siglo VIII, que se cantan el Viernes Santo durante la adoración de la cruz, traen entre sus reproches, dos preguntas de Cristo a su pueblo: ")Que debería haber hecho por ti, que no lo haya hecho? con un golpe de lanza traspasaste el costado de tu Salvador"; "Yo abrí para ti las olas del mar: Y tú, con un golpe de lanza me abriste el costado." Escuchados en silencio estos textos llevaban la atención al costado traspasado" (ídem pág. 21).
En el siglo IX, los monjes irlandeses-escoses traen al continente europeo la devoción a las llagas de Cristo, unida a la disciplina de la penitencia...
Los autores espirituales buscan unir ahora la devoción a las llagas de Cristo y el costado traspasado. De hecho algunos pasajes de la Escritura nos invitan a reflexionar sobre ellos: Jn 19,34; Is. 53,5; Lc 24,39; Jo 20,20. La patrística los ha considerado como "cuerpo del Señor" (Hipólito); grietas de la roca (Justino); roca de donde manan las aguas de la gracia (Ambrosio); puertas de la vida, de donde brotan los sacramentos de la Iglesia (Cesáreo de Arles).
"Es importante recordar que hasta la mitad del siglo VI, la representación de Jesús crucificado no es doliente sino triunfante. No era posible, durante los primeros siglos, representar a Cristo doliente y condenado. La cruz (a veces sin tener a Cristo) aparece gloriosa. Guarda la majestad del triunfo. Sólo en el siglo X, aparece una mayor atención a los sufrimientos de Cristo, quizá un movimiento destinado a acercar a Cristo al hombre que sufre" (ídem, pg. 23).
"No fue sino en forma tardía y por destellos repentinos, como el pensamiento de los Padres de la Iglesia se dirigió hacia el corazón vulnerado. Los contemplativos y los maestros de la vida espiritual de la Edad Media comenzaron tímidamente a orientar su propia devoción y a orientar la de almas selectas en esta dirección" (Gougaud, L.: "Dévotions et pratiqués ascétiques du Moyen Age" pg.20).
Varias son las razones que explican el motivo del cambio en la espiritualidad. El imperio romano se había desmoronado. Aparecían nuevos reinos frente a los cuales el cristianismo penetraba lentamente. La patrística se encuentra en su ocaso. Las Iglesias Oriental y Occidental se alejan la una de la otra. Los abades benedictinos alimentan a sus monjes con homilías y comentarios de las Escrituras y, en sus obras encontramos indicaciones en el camino que conduce al Corazón.



Una vez más debemos señalar la importancia que daban al libro Cantar de los Cantares, a la sangre de Jesús y las gracias místicas sacadas de la fuente que es el Corazón. Así lo refiere Boda en su comentario sobre la Iglesia: "Lo que más me inflama de amor por ti (dice Cristo) es tu unidad en la fe y la caridad. Esto, sobre todo, fue lo que me hizo aceptar por ti la sentencia de la muerte. Boda insiste también que el costado fue "abierto" y no solamente herido. "Quienes penetran por la puerta abierta del costado, encuentran allí el camino hacia lo invisible" (G. Dumeige in Cor Christi, pg. 25).
Rábano Mauro, abad benedictino de Falda (+853) contempla la cruz y ve en el costado abierto la prueba del don total de Jesús: "Cristo quiso morir con los brazos abiertos para reunirnos a todos en un solo abrazo; nos llama a todos a sí y a nadie rechaza; inclina la cabeza y ofrece a sus enemigos el beso de la paz, olvidando toda injuria...; su cuerpo atravesado por todas partes y su costado abierto nos muestran que ha dado su cuerpo y su sangre, su corazón y su alma, más aún, la divinidad y la humanidad y, con ellas, la vida y la regeneración a nosotros todos y a cada uno en particular". (G. Dumeige, in "Cor Christi, pg.26).
Una mención especial merece Jorge, de Nicomedia (+860) quien contempla a María al pie de la cruz: "Las llagas profundas que Jesús recibió en sus manos fueron causa de mortal dolor para vuestro corazón. Los clavos que traspasaron sus miembros hirieron cruelmente vuestra alma". Y su piedad lo lleva a un gesto de amor: "Beso la lanza que anuló la sentencia de condenación pronunciada contra nosotros y que abrió la fuente de la vida inmortal. Beso el sagrado costado de Jesús, de donde brotaron las aguas vivificantes, destinadas a alimentar el río inagotable de la vida incorruptible". (G. Dumeige in "Cor Christi" pg. 27)
En los siglos XI y XII las nuevas órdenes religiosas, como los Cistercienses y Premonstratenses, llevan a profundizar en el misterio del Corazón. El papel desempeñado por las mujeres, sobre todo, monjas, es también fundamental y representa un elemento nuevo. La contemplación adquiere una calidad afectiva más pronunciada. La contemplación ocupa un lugar mayor.
Pero, más claramente, fue la piedad del siglo XII que parece haber encontrado el camino hacia el corazón. Guillermo de Sainé Thierry, abad benedictino que se hizo cisterciense, junto con decir que la lanza del soldado abrió los sacramentos de la redención, agrega: "Por la puerta abierta de vuestro costado, queremos entrar por entero hasta vuestro Corazón esa sede segura de la misericordia; queremos penetrar en vuestra alma santa, llena con la plenitud de Dios, llena de gracia y de verdad y fuente de salvación y de consuelo..." Luego afirma: "Al acercarme a la feliz herida del costado, a esa puerta abierta en el lodo del arca, no solamente meteré el dedo y la mano, sino que penetraré todo entero hasta el corazón mismo de Cristo..." (G. Dumeige, pg.29)



San Bernardo de Claraval (+1153) ve a Jesús que lo invita a acercarse a su costado, "porque me ha preparado allí un asilo. Ojalá pueda, si fijo mi morada en su costado abierto, asemejarme a la paloma que vive en la grieta de la roca". También comenta el texto del Cantar de los Cantares: "El hierro atravesó su alma; tuvo acceso a su corazón, a fin de que ahora sepa compartir nuestras debilidades. El secreto de su corazón ha quedado al descubierto por las aperturas de su cuerpo..." (G. Dumeige, in Christi, pg.29).
Es importante observar que tanto para Bernardo, como otros contemporáneos suyos, la devoción al Sagrado Corazón es solamente el corazón herido de Jesús, símbolo de su amor a los hombres. La fuente para ellos es la meditación de la Pasión.
Para varios autores, la herida no tuvo su origen en el odio, sino en la fuerza de la caridad. Así, con sensibilidad, lo expresa el abad Pierre de Celles (+1187): "La caridad de Cristo no puso coto a las entrañas de su misericordia ni se echó atrás ante la apertura de su costado". Al revés: "La herida es como una puerta que, en el cielo, sigue siempre abierta; por ella, Cristo intercede por nosotros ante su Padre". (G. Dumeige, in Cor Christi, pg.30).
Para ellos la herida al lado de Cristo es la manifestación patente de la caridad maravillosa de Cristo. En la cruz Cristo fue herido por este amor hacia nosotros. Pero, la herida ya empezó antes, en la flagelación, en los escarnios, en su amor no comprendido y no correspondido. Por eso entrar en su Corazón es sentirse alcanzado por este amor dondequiera que vivan y buscar corresponder con amor al Amor.
"De esta manera, los contemplativos pasarán de la ofrenda del corazón al intercambio de corazones. Jesús entregó por nosotros su corazón: todo su afecto, todo su cariño, toda su vida. Lo mejor que podemos hacer es entregarle nuestro corazón y así habrá una sublime reciprocidad" (G. Dumeige, in Cor Christi pg. 31).
En el s. XIII Jesús mismo quiere revelar a algunas monjas la devoción que Bernardo y otros habían encontrado en sus meditaciones. "El muestra a Santa Ludgarda (+1246) la herida que sangra de su lado y le recomienda que, en adelante, no busque las caricias de un amor vano"."Mira aquí que es lo que debes amar y por qué lo debes amar", le dice el Señor. La monja, "rústica y sin letras", dice que poco le importa conocer los secretos de la Escritura, y le dice a Dios: "Lo que quiero es tú corazón". Al final Jesús le dice: "Mira como me ofrezco por entero al Padre en favor de mis pecadores. Quiero que tú también te ofrezcas por entero a mí por los pecadores y que desvíes la cólera que está a punto de tomar venganza de ellos" (G. Dumeige, in Cor Christi, pg. 32).
"En el monasterio de Helpta, Gertrudes (+1302) después de recibir los estigmas, después de haber tenido el corazón atravesado por un rayo salido del Corazón divino, mete la mano en el Corazón Sagrado y la retira cargada de siete anillos de oro. Su amiga Mechtilde también habla de sus visiones. Las dos han visto el corazón de carne en su realidad divina y humana. Este corazón se manifiesta a través de diferentes símbolos que expresan sus virtudes: lira, lámpara, ostensorio, cáliz de oro, fuente inagotable, casa de reposo... Para las dos grandes benedictinas el corazón de carne de Jesús es el símbolo del amor y de todos los sentimientos del Verbo Encarnado en relación con su Padre y en relación con los hombres" (Dictionnaire de Spirit.27).


Nacida benedictina, la devoción se expande rápidamente entre los Franciscanos. Para ellos también la devoción surge de las meditaciones sobre la Pasión y de las gracias hechas por Jesús a algunas personas más significativas en la Orden. San Francisco de Asís recibe los estigmas en el monte Alverne y Clara de Montefalco (+ 1308) verá grabarse en su corazón los diversos instrumentos de la Pasión. Si para Francisco y Antonio de Padua la devoción es algo que ellos entreveen, San Buenaventura la afirma claramente: "Nosotros hemos venido al Corazón muy dulce de Jesús; es bueno habitar ahí, no nos alejemos tan fácilmente de Él... La verdadera, la gran razón de la herida de su corazón, fue hacernos comprender por esta llaga visible el espacio invisible de su amor" (Dictionnaire de Spirit. pg. 1028).
En esta época surgen muchas órdenes femeninas que dan al fervor místico una connotación afectiva. Crece la devoción a la Pasión de Cristo. Ahora la contemplación del Corazón aparece íntimamente unida a la Eucaristía. En este siglo es más la mística que la teología, la que orienta la experiencia religiosa. Poco a poco la devoción al Corazón de Jesús penetra en las capas populares, ya que era una experiencia restricta a algunos hombres y mujeres espirituales. Esta difusión en los medios populares es obra de los monjes conventuales. Aparecen las oraciones que se recopian y se multiplican entre los fieles. Muchas veces ellas eran rezadas de memoria. En una larga oración atribuida a San Buenaventura se encuentran los términos propios de esta devoción: la herida, el templo, la purificación del alma, la transformación del corazón humano y el intercambio de amor.
"Para los místicos y místicas de ese tiempo" San Juan sigue siendo el apóstol que más se acercó al Corazón de Cristo". Así se expresa Gertrudis en su fiesta: ")No experimentaste el encanto de los latidos del Corazón divino, cuando en la Cena descansaste sobre su pecho bendito? Y por qué guardaste a ese respecto un silencio tan absoluto, hasta el punto de no haber escrito nada que lo diera a entender" (P.G. Dumeige, in Cor Christi, pg. 36).
Para Ubertino de Casale, Juan es la figura de la "Iglesia que está enteramente escondida en la cámara del eterno recogimiento contemplando la hermosura del amado". Y agrega: "Oh feliz sueño... de la santa contemplación que, en este amado discípulo, figuró los beneficios inestimables de Dios que se derraman sobre las almas escogidas. En este sueño está representada la Iglesia en contemplación, la cual al final de los tiempos, debe ser conducida a un disfrute tan suave de la contemplación, que descansará realmente sobre el pecho de Cristo" (P.G. Dumeige, in Cor Christi, pg. 37).



Como decimos antes, ya en pleno siglo XIII la devoción está expandida en los pueblos y hogares, a través de una multiplicación de oraciones originales y profundas. Las experiencias místicas se pasan por intermedio de himnos y cánticos. Aparecen las fiestas litúrgicas relacionadas al Corazón de Jesús. Así, por ejemplo, la fiesta de la Santa Lanza concedida por Inocencio IV, en 1353. En algunos conventos domínicos se celebra la fiesta de las cinco llagas. En Colmar, en el monasterio de Unterlinden había una fiesta del "Sagrado Corazón". Con la invención de la imprenta, la imagen del Corazón abierto, rodeado de una corona de espinas y envuelto en llamas reúne el simbolismo y la realidad de tantas experiencias y afirmaciones místicas.
Lo que debemos retener es que "para tantos místicos y mujeres contemplativas, hablar de esta Devoción es referirse al Corazón de carne que simboliza el amor y todos los sentimientos del alma divina. Conforme a estos, que la conocen y viven la devoción es ante todo una idea clara y llena de calor que un culto con ritos y preces. Los devotos del Corazón herido buscan ver antes los sangrientos recuerdos del Gólgota, la cruz, las espinas, como también su victoria sobre el infierno y el pecado, su bondad y amor infinito..." (Dictionnaire de Spiritualité, pg. 1029).
En el siglo XV hay una clara disminución en el impulso a la devoción. Esto se debe, quizá a la influencia del humanismo. Los cartujos dieron un aporte fuerte en la renovación de la devoción. Pero su esfuerzo no será continuado.
"En los últimos autores espirituales aparece la contemplación del Corazón unida a la de la sangre de Cristo. Por ejemplo, para Santa Catalina de Siena la realidad de la sangre de Cristo es central. Esta Santa así se expresa en uno de sus escritos: "Entonces Dios arrancó mi corazón y exprimió su sangre sobre la faz de la Santa Iglesia..., subrayando, así la reciprocidad que lleva al sacrificio" (P.G. Dumeige in Cor Christi, pg. 40). Mención especial merece San Bernardino de Siena (+1446) cuando escribe: "Vamos pues al Corazón de Jesús, corazón profundo, corazón secreto, corazón que no olvida nada; corazón que sabe todo; corazón que ama, corazón que quema de amor" (Dictionnaire de Spiritualité, pg. 1028).
El siglo XVI recibe la influencia de los cartujos. Entre ellos se destacan Ludolfo (+1378), que había escrito bellas páginas sobre este tema y Dionisio, un gran teólogo alemán de fines de la Edad Media (+1471). La obra de Dionisio, impresa en París en 1573, puede ser considerada como el primer manual de la devoción. El Jesús que ellos contemplan está herido por la lanza, representado con las llagas de los pies y de las manos. Por eso, la devoción al Corazón de Jesús está unida a la devoción a las cinco llagas y a la Pasión del Señor. Poco a poco se van separando la una de la otra.
Lansperge, otro cartujo de este siglo, desea que sus hermanos, sus penitentes y sus lectores, orienten sus vidas y sus trabajos enteramente hacia el Corazón de Jesús. Lansperge quiere retomar la obra de Gertrudes. No se sabe si su empeño en divulgar esta devoción fue bien realizado. Lo que sabemos es que Pedro Canisius impulsó en Colonia la divulgación de los escritos de Lansperge y que Luis de Blos (+1566) rescindió su obra en las de Gertrudes. El mismo dijo que ha leído doce veces las obras de Gertrudes en un año.



Algunos Jesuitas, cuya orden estaba recién empezando, muestran interés y bastante conocimiento de esta devoción. Entre ellos: Francisco de Borja, Rodolfo Aquaviva, Alfonso, Pacheco y Anchieta. Este último erigió en 1585, en Brasil, la primera Iglesia al Sagrado Corazón y compuso una hermosa oración en su honor. Todos ellos quieren corresponder amor con amor; ellos quieren vivir en Él, dejarse absorber por Él.
Los años subsecuentes no agregan elementos importantes a estas ideas, a estas oraciones. Quizá el cambio más notable será la separación de ambas devociones: la devoción al Sagrado Corazón de Jesús seguirá su camino y la de las cinco llagas, tomará otro. De ahora en adelante la devoción al Corazón de Jesús tendrá sus oraciones y prácticas propias. Muchas fundaciones religiosas la asumen y los superiores van enseñando a sus hermanos hasta que un día el mismo Jesús se revela a Santa Margarita María.
El siglo XVII
"De Alemania y de los Países-Bajos la devoción entra en Francia. Al inicio se la ve junto a los Benedictinos de Montmartre. También las primeras discípulas de Ángela de Mérici son devotas del Sagrado Corazón. San Francisco de Sales y algunas hijas de la Visitación la aman ardientemente... Otras fundadoras como Magdalena Germain, Joana Chezard de Matel y Catarina de Bar se declaran devotas de Él. A su vez el P. Druzbicki, s.j. (+1662) compone el primer pequeño oficio del Corazón de Jesús; él agrega después nueve meditaciones, excelente obra de amor y de ciencia teológica" (Dictionnaire de Spiritualité, pg 1030). Todo esto es un terreno fértil que prepara las revelaciones a Margarita María.
En 1617, P. Joseph de París funda la congregación de las Benedictinas de Nuestra Señora del Calvario. Su fundación ocurre en Poitiers, y cuando muere, ella contaba con 16 casas. El objetivo de esta Congregación es que el Reinado de Dios crezca en los corazones. El reinado de Dios se mostró en el Corazón de Jesús herido sobre la cruz. Sus religiosas deben meditar muchas veces sobre la abertura del sagrado lado y cada sábado ellas deberían pedir a María la gracia de ser introducidas en el Corazón de Jesús.
Como nos dice P. Juan Vicente González ss.cc. en el siglo XVII, la Devoción "tuvo dos grandes protagonistas: S. Juan Eudes (1601-1680), por un lado, y Santa Margarita María Alacoque (1649-1690) por otro".
"Estos dos santos, que no se conocieron, ni se influenciaron mutuamente, elaboraron dos versiones muy diferentes de la "Devoción al Sagrado Corazón de Jesús". Lo que parece constituir la diferencia fundamental está en el origen de cada una de ellas. Mientras la de S. Juan Eudes es la culminación de un proceso de maduración secular en la conciencia de la Iglesia, la de Santa Margarita María es el fruto de una iluminación carismática, que no tiene antecedentes literarios inmediatos en la tradición" (El Padre Coudrin, La Madre Aymer y su Comunidad, pg. 435).



San Juan Eudes era un profundo conocedor de la espiritualidad de Berulle. Al inicio Juan Eudes se detiene más al exterior de la persona de Jesús. Pero muy rápido él se dirige al interior, el alma. Para Juan Eudes, Corazón de Jesús significa los sentimientos, lo interior de Jesús. Él distingue en Jesús tres corazones: el corazón corporal, el corazón espiritual y el corazón divino. El corazón corporal es el corazón de carne; el corazón espiritual es la parte superior del alma y el corazón divino es el Espíritu Santo. Para este santo el Corazón significa ante todo la persona de Jesús.
San Juan Eudes hizo también oficios al Sagrado Corazón y buscó la aprobación del arzobispo de Rouen y otros obispos franceses. A partir de octubre de 1672 los obispos permitieron que las dos Congregaciones, fundadas por él, celebraran la fiesta del Sagrado Corazón.
"El Papa Pío X en la fiesta de la beatificación de Juan Eudes dijo que él prestó un gran servicio a la Iglesia cuando quiso elevar la devoción a los Sagrados Corazones a un nivel litúrgico" y él agrega: "como doctor compuso los oficios y una Misa propios en su honor; como apóstol, él se puso enteramente a difundir por todas partes este culto tan saludable" (Dictionnaire de Spiritualité, pág.1033).
Margarita María da a la devoción al Sagrado Corazón un carácter específico: un amor desconocido que pide un amor reparador. Antes, esta devoción se restringió a algunas personas, después con Margarita-María ella se extiende a toda la Iglesia.
Pero veamos antes como fue la última visión de Paray-le-Monial: "Estando un día ante el Santísimo Sacramento, un día de su octava, recibí de mi Dios gracias excesivas de su amor, y me sentí conmovida por el deseo de alguna correspondencia y devolverle amor por amor. Y Él me dijo... descubriéndome su divino Corazón: "He aquí este Corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha reservado nada, hasta agotarse y consumirse para mostrarles su amor; y en reconocimiento no recibo de la mayor parte sino ingratitudes, por sus irreverencias y sus sacrilegios y por las frialdades y el menosprecio que tienen por mí en este sacramento de amor..." (P. Juan Vicente: "El Padre Coudrin... pg. 436).
En la aparición a Santa Margarita María las palabras de Jesús explican el gesto: este corazón de carne es el símbolo del amor de Jesús por los hombres. Este amor de Cristo por los hombres es un amor ultrajado, desconocido. Por eso, él pide una reparación a través de una gran fiesta.
Para ayudarla en la divulgación, Margarita María pide la colaboración de P. de la Colombière. El jesuita acepta, Margarita-María empieza su apostolado junto a las visitandinas. Al P. de la Colombière se juntan otros jesuitas: P. Croiset y P. Froment. El libro del P. Croiset: "La Devotion au Sacré-Coeur de Notre Seigneur Jésus-Christ" se multiplica por millares. Primero en Francia y luego en Polonia, Alemania, otros países europeos, América del Norte y del Sur, China". (Dictionnaire de Spiritualité, pg. 1034).



Un poco más tarde, otro jesuita, P. Galliffet, publica su libro: "De l'excellence de la Devotión au Coeur Adorable de Jesus-Christ". En él, P. Galliffet nos presenta en que consiste la devoción. Primeramente él nos afirma" que toda devoción tiene dos objetos: -uno visible y corporal (en nuestro caso el corazón de carne de Jesús); -otro invisible y espiritual (en nuestro caso el Amor de Cristo por nosotros en cuanto despreciado y ofendido por los pecados de los hombres). Naturalmente el invisible es el más importante y determinante de la dignidad del sensible y corporal que, por su parte, es el que da el nombre a la devoción. Y presenta su definición de esta devoción: Un ejercicio de religión que tiene por objeto el Corazón adorable de Jesucristo, abrasado de amor por los hombres, y ultrajado por la ingratitud de esos mismos hombres; que tiene por fin, honrar a este divino Corazón con todos los homenajes que el amor y el reconocimiento pueden inspirar; y en particular hacerle reparación de las injurias que recibe en el Sacramento de su amor" (citado por Juan Vicente González: El Padre Coudrin..., pg. 438).
Luego P. Galliffet habla de las prácticas de esta devoción. Él la divide en prácticas internas y externas. Las prácticas internas o "culto interno consiste en el conocimiento de la excelencia del S. Corazón y en los actos de voluntad que siguen a ese conocimiento: adoración, amor, acción de gracias, alabanza, reconocimiento, confianza, imitación, celo por su gloria, dolor de las injurias de que es objeto el S. Corazón, deseo de reparar..."
Las prácticas externas Ao culto externo se divide según el tiempo:

- cada año, es la fiesta del viernes después de la Octava del Corpus Christi;

- cada mes: consagrando el Primer viernes al culto al Sagrado Corazón;

- cada semana: el viernes debe ser un día consagrado al Sagrado Corazón@ (Cfr. P. Juan Vicente: "El P. Coudrin... pg. 438-439).
El culto al Sagrado Corazón, que tuvo un inicio brillante tras la aparición en Paray-le-Monial, sufrió una serie de restricciones dentro y fuera de la Iglesia. Aparecen cartas, canciones y documentos episcopales en contra la nueva devoción que decían ser un nuevo pelagianismo.
Apenas el 26 de enero de 1765, después de una larga y dura batalla, la Sagrada Congregación de los Ritos concuerda en aprobar la misa y el oficio del Sagrado Corazón. Y por primera vez Roma manifiesta su pensamiento sobre la devoción: "Dice que solamente desea ampliar un culto ya establecido". La Sagrada Congregación de los Ritos pretende "renovar la memoria de aquel divino amor por el cual el Unigénito de Dios asumió una naturaleza divina" (Dictionnaire de Spir pg.1036). Meses después, Clemente XIII añade que la Fiesta del Sagrado Corazón "simboliza la caridad de Cristo que quiso sufrir, morir para la redención del género humano" (idem, pg. 1036).



En los últimos años del siglo XVIII siguen los ataques a esta devoción en Francia, Alemania e Italia. Algunos obispos piensan suprimir tal devoción. A lo mejor suprimiendo a los Jesuitas darían un golpe de gracia. La Revolución Francesa en 1789, matará muchos hombres y mujeres sencillamente porque llevaban las insignias del Sagrado Corazón. Pero la Revolución fue un excelente motivo para que los fieles se reunieran en casas conocidas solamente por ellos; era la oportunidad de hacer actos de reparación, de adoración... Era la manera que encontraron para manifestar su amor a Jesucristo. En plena revolución sociedades religiosas son fundadas llevando el nombre de Sagrado Corazón: El P. de Cloriviere, jesuita, crea la Sociedad del Corazón de Jesús; el P. Tournely en Alemania la Sociedad de los Padres del Sagrado Corazón y el P. Coudrin, en Poitiers, la Congregación de los Sagrados Corazones y de la Adoración Perpetua.
Los siglos XIX y XX
En Europa y sobretodo en Francia después de la Revolución y del Imperio, la devoción se desarrolla mucho. Las cofradías del Sagrado Corazón se multiplican por miles en todo el mundo. Los obispos la incentivan en sus diócesis y consagran sus rebaños al Corazón divino.
El 25 de agosto de 1856, un decreto de la Sagrada Congregación de los Ritos prescribe que se celebre, en toda la Iglesia, la fiesta del Sagrado Corazón. Será el viernes que sigue a la octava del Santísimo Sacramento. Pío XI, el 6 de febrero de 1929 la eleva a una fiesta de primera clase.
Para ser mejor comprendida por los fieles aparecen oraciones, jaculatorias, oficios y letanías.
Poco a poco crece en toda la Iglesia, a través de cofradías, congregaciones religiosas, diócesis y parroquias, un deseo de consagrarse al Sagrado Corazón. Y, de hecho, el 22 de abril de 1875, Pío IX sugiere que toda la Iglesia haga esta consagración. Más tarde, León XIII pedirá que se consagre no sólo la Iglesia sino todo el género humano. Pío X prescribe que anualmente se renueve esta consagración.
Tres movimientos hacen que la devoción al Sagrado Corazón tenga una penetración en las capas populares: la Coronación del Sagrado Corazón, la consagración de las Familias al Sagrado Corazón y la Entronización del Corazón de Jesús en las familias. En los tres movimientos aparece la idea de realeza unida al Corazón de Jesús.
El Concilio Vaticano II representa un símbolo de todo un cambio interno y externo que se procesó en la Iglesia. Tal cambio no dejó de influir la espiritualidad eclesial. La comunidad cristiana entra en diálogo con el hombre moderno: sus interrogantes y planteamientos. La Iglesia dialoga también con el mundo de los pobres. Todos estos cambios no dejaron de afectar igualmente la manera de entender y expresarse de la devoción al Sagrado Corazón. "la teología ha evolucionado traduciendo las categorías devocionales de otras épocas en orientaciones espirituales más integradoras y adaptadas a nuestro tiempo" (P. Patrick Bradley: "Nuestra Vocación y Misión SS.CC." pg. 32).
Algunas Conclusiones



Cuando miramos la historia de la devoción al Sagrado Corazón no podemos dejar de ver que ella representa una profundización de la religión. El Corazón de Cristo nos evoca este deseo de conocer por dentro lo que fueron las motivaciones, las líneas de conducta, el horizonte en el cual Jesús se movía.
Llegaremos a la conclusión, como afirma Pío XII en la Encíclica "Haurietis Aquas" que "la Redención es ante todo y por su propia naturaleza un misterio de amor" (pg.15).
Pues bien, este amor de Dios tan visible en el Evangelio es a la vez humano y divino. El toma un rostro, una voluntad e inteligencia humanas, tanto en la parte sensitiva y afectiva.
Cuando nos referimos pues al Corazón de Jesús estamos diciendo acerca de las emociones y afectos de su alma reflejados en las emociones y afectos sensibles de su cuerpo: el deseo, la alegría, la tristeza, la ternura, el temor y la ira, conforme las expresiones de su mirada, palabras y gestos.
Y Pío XII concluye en su Encíclica: "Es, por tanto, necesario, en este argumento tan importante como delicado, tener siempre presente que la verdad del simbolismo natural, que relaciona el corazón físico de Jesús con la Persona del Verbo, descansa toda ella en la verdad primaria de la unión hipostática ("Haurietis aquas" pg. 39).
Un artículo de Michael Walsh busca relacionar el texto de la Encíclica con las reflexiones cristológicas actuales. Así se expresa él: "Creemos que la Cristología reciente ofrece una oportunidad para poner al día la teología de la devoción al Sagrado Corazón de una manera compatible con la enseñanza de la encíclica "Haurietis Aquas. Pío XII habla del sentido del símbolo del Corazón de Cristo en los términos de un triple amor. El Sagrado Corazón simboliza "...el amor divino, que comparte con el Padre y el Espíritu Santo..."; "ese amor ardentísimo que, infundido en su alma, santifica la voluntad humana de Cristo..."; "... un símbolo también del amor sensible, puesto que el cuerpo de Jesucristo... tiene una capacidad perfectísima para sentir y experimentar..."
"Esta descripción del triple amor simbolizado en el Corazón de Cristo corresponde a la metafísica "Cristología desde arriba", que fue el contexto cristológico en el que se escribió la Encíclica. Este mismo triple amor podemos verlo como significado del símbolo del Corazón de Cristo, si cambiamos nuestro enfoque hacia la "Cristología desde abajo". Lo que se necesita es una inversión del orden en el que hablamos de este triple amor..."



"El primer nivel de esta relación a Cristo es el conocimiento y amor de Jesús en su relación humana con los demás. Se descubre a Jesús como "el hombre para los demás" para valernos de la expresión de Bonhoeffer. En este aspecto, los cristianos llegan a conocer y amar a Jesús como un hombre totalmente presente en la demás gente. Este es el Jesús, el maestro de las parábolas, que habló a la inquietud religiosa de los hombres y mujeres de su tiempo. Este es el Jesús que se puso en contacto con las vidas de los pobres y de los enfermos, y los curó y les dio esperanza. Este es el Jesús que se introdujo en la vida de sus discípulos y los invitó a la intimidad de la amistad con él. Quienes llegan a conocer y amar a Jesús en este nivel, lo ven como alguien real y totalmente humano. Se sienten atraídos por la forma creadora como se pone en contacto con las vidas de los que lo rodean. Se sienten atraídos por lo humano de su comportamiento y quieren ellos mismos, comportarse tan humanamente como lo hizo Jesús. Al comenzar a imitarlo descubren que, al centrarse ellos mismos en los otros, se tornan capaces de hacerse creativamente presentes en los demás..."
"Este nivel de experimentar a Jesús es el descubrimiento de la realidad de su corazón humano. En el Corazón de Cristo descubren la profundidad humana de su persona y llegan a saber que esta misma profundidad humana está al alcance de ellos, se imitan el centrarse del Señor en el otro".
"Al mismo tiempo... descubren un segundo nivel de relación con él. Jesús no es solamente el hombre para los demás, también lo es -y sobre todo- el hombre para Dios. El centrarse en el otro de Jesús van, más allá de su presencia a los demás, y llegan a un nivel trascendente de presencia a Dios, su Padre, como el "otro" de su vida. Aquí, llegan a conocer a Jesús como e l"hombre de fe", cuya vida es absolutamente simple, porque se dirige exclusivamente a conocer y a hacer la voluntad del Padre. Esta fe y simplicidad de Jesús se compendian en su obediencia. En este nivel, los cristianos llegan a experimentar a Jesús, no sólo como maestro, sino como ejemplo personal de este centrarse en Dios, y se experimentan a sí mismos como llamados a esta misma obediencia simple, en fe a la voluntad del Padre. En la orientación de Jesús al Padre, descubren el significado de su propia llamada a ser hijos de Dios por la gracia".
"El segundo nivel de relación al Señor corresponde al segundo nivel del triple amor de Cristo. La humanidad de Jesús estuvo radicalmente orientada a Dios, porque subsiste en la unión hipostática con la Palabra. Nuestra propia humanidad está llamada a orientarse radicalmente a Dios, en virtud de la gracia. Fe, esperanza y amor son virtudes teologales que se infunden en nosotros de tal manera que podamos reflejar la orientación a Dios del mismo Jesús. La orientación a Dios de Jesús señala el camino para la plena satisfacción de la inquietud de nuestros corazones en Dios. Se nos expresa y media para nosotros en el símbolo del Corazón de Cristo.
El centrarse en el otro y la orientación a Dios de la humanidad de Jesús nos lleva al tercer nivel de la relación con Cristo, que también está simbolizada en su Corazón. Sólo en este tercer nivel llegamos a la plenitud del Corazón de Jesús como símbolo de amor. Al llegar hasta la relación profunda y personal con Jesús en su muerte y resurrección, lo experimentamos como más que maestro y ejemplo de plenitud de la humanidad... Llegamos a conocer la profundidad del amor recíproco de Padre y de Hijo y de su infinito amor para con nosotros. Vemos el amor de Jesús para con el Padre en su entrega total, hasta la muerte. Vemos el amor del Padre a Jesús, al resucitarlo, en su humanidad, a la gloria eterna de la vida intratrinitaria. Vemos su amor infinito para con nosotros, en ese sacrificio que nos redime del pecado y de la muerte y nos pone en libertad para una vida de gracia. Este don de amor es la persona del Espíritu Santo".



"Este amor trinitario, divino, llega a nosotros por la persona de Cristo y está simbolizado en su Corazón, debido a la Unión Hipostática. Específicamente, en este nivel, la relación con Jesús es en cuanto nos significa la esperanza para la vida eterna. El Corazón de Cristo nos llama a corresponder al Dios amante sobre todas las cosas, porque, en Jesús, "Él nos amó primero". Este pleno nivel de relación con Cristo hace mediar su significado salvífico en la mediación de su persona. Aquí es donde experimentamos la unidad de la persona de Cristo y la unidad de su triple amor, en su nivel más profundo. Al experimentar la unidad radical de la persona de Jesús, el cristiano llega a saber que el triple amor de Cristo, simbolizado en su Corazón, es el amor de aquel que "me amó y se entregó por mí" (Gál. 2,20). (Michael Walsh -in "Cor Christi" pg. 362-365).
Por todo esto podemos decir, con Pío XII, que "en el Corazón de Jesús podemos considerar... el compendio de todo el misterio de nuestra redención" ("Haurietis aquas", pg.31).


Bibliografía
Pío XII - Haurietis aquas - 1956

Roger Vekemans, s.j. Cor Christi - 1980

Juan Vicente González Carrera ss.cc. - El Padre Coudrin, La Madre Aymer y su Comunidad, pg. 432-461; 1978.

Varios autores - Dictionnaire de Spiritualité - Tomo II - Primera Parte.

Josef Stierli s.j. - Cor Salvatoris - 1958.


Anexo: P. Patrick Bradley ss.cc. Nuestra vocación y misión SS.CC. a la luz de nuestras nuevas Constituciones (20 octubre 1992).
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