Continuamos hoy en nuestra parroquia la experiencia que ya iniciamos hace algún tiempo: Ofrecer unos materiales para poder rezar en casa, durante el tiempo de






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"YO CREO"
A medida que escuchan al desconocido, algo cambia en los dos tristes viajeros. No sólo sienten que una nueva esperanza y una nueva alegría invaden lo más profundo de su ser, sino que su caminar se ha hecho menos vacilante. El desconocido ha dado un nuevo sentido a su marcha. El desconocido ha dado a su viaje un nuevo significado.
Cuando no haces más que sentir lo que has perdido, entonces todo a tu alrededor habla de ello. Los árboles, las flores, las nubes, las colinas y los valles...; todo refleja tu tristeza; todo llora contigo. Cuando tu amigo más querido ha muerto, toda la naturaleza habla de él. El viento susurra su nombre; las ramas, cargadas de hojas, lloran por él. Pero cuando caminas con alguien a tu lado, abriendo tu corazón a la misteriosa verdad de que la muerte de tu amigo no ha sido sólo un final, sino también un nuevo comienzo; ni sólo una cruel broma del destino, sino el camino que hay que recorrer necesariamente para acceder a la libertad; ni sólo una horrenda y maldita destrucción, sino un sufrimiento que conduce a la gloria..., entonces puedes discernir, poco a poco, una nueva canción que resuena en toda la creación, y el ir a casa responde al más profundo deseo de tu corazón.
¿Y el desconocido? ¿No se ha convertido en un amigo? Ha hecho arder nuestros corazones y ha abierto nuestros ojos y nuestros oídos. Por eso le dicen: "Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día va ya de caída..." Él no ha pedido ser invitado; él no ha pedido un lugar donde quedarse. De hecho, actúa como si quisiera proseguir su viaje. Pero ellos insisten en que entre en la casa. Y él acepta.
Tal vez no estamos acostumbrados a pensar en la Eucaristía como una invitación a Jesús para que se quede con nosotros. Tendemos más bien a pensar que es Jesús quien nos invita a su casa, a sentarnos a su mesa, a compartir su comida. Pero Jesús quiere ser invitado. De lo contrario, seguirá su camino. Es muy importante comprender que Jesús nunca nos impone su presencia. A no ser que lo invitemos, él seguirá siendo un desconocido.
Jesús es una persona muy interesante, y sus palabras están llenas de sabiduría. Su presencia reconforta el ánimo. Su delicadeza y su amabilidad son conmovedoras. Su mensaje resulta ser un verdadero desafío. Pero ¿lo invitamos a nuestra casa? ¿Queremos que venga a conocernos entre las paredes de nuestra vida más personal e íntima? ¿Deseamos presentárselo a todas las personas con las que vivimos? ¿Permitimos que nos vea tal como somos en nuestra vida diaria? ¿Estamos dispuestos a dejarle tocar nuestros puntos más vulnerables? ¿Queremos realmente que se quede con nosotros cuando anochece y el día toca a su fin?...
La Eucaristía requiere esta invitación. Una vez que hemos escuchado su palabra, debemos ser capaces de atrevernos a decir: "Confío en ti; me entrego a ti con todo mi ser, en cuerpo y alma. No quiero tener secretos para ti. Puedes ver todo lo que hago y oír todo cuanto digo. Y, sobre todo, quiero llegar a conocerte a ti, no sólo como mi compañero de viaje, sino como el compañero de mi alma".
Decir esto no es fácil.
Cuando, después de las lecturas y de la homilía, decimos: "Creo en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo..., en la Iglesia Católica, en la Comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna", de algún modo estamos invitando a Jesús a nuestra casa y siguiendo confiadamente su Camino.
Como un momento de la celebración eucarística, más aún, de nuestra vida eucarística, el Credo es mucho más que un resumen de la doctrina de la Iglesia. Es una profesión de fe. Y la "fe", es un acto de confianza. Es el gran "Sí": "Sí, confiamos en ti y te entregamos nuestras vidas", estamos haciendo algo más que caminar en su presencia: estamos atreviéndonos a abrirnos a la comunión con él.
Efectivamente, los dos amigos invitan al desconocido para que se quede con ellos. Invitan al desconocido a dejar de serlo y a convertirse en amigo. La mesa es el lugar de la intimidad. En torno a la mesa nos descubrimos unos a otros. Es el lugar en el que oramos. Es el lugar en el que preguntamos: "¿Qué tal día has tenido?" Es el lugar donde comemos y bebemos juntos y decimos: "¡Anímate, toma un poco más...!" Es el lugar de las sonrisas y de las lágrimas. La mesa es también el lugar donde la distancia se hace más dolorosa. Es el lugar donde los hijos perciben la tensión entre sus padres, donde los hermanos y hermanas expresan sus enfados y sus envidias. En torno a la mesa sabemos si hay amistad y comunidad o si, por el contrario, hay odio y división.
Jesús acepta la invitación a entrar en la casa de sus compañeros de viaje y se sienta a la mesa con ellos.

LUNES

MAÑANA

Lectura del Salmo 78 (77)
HISTORIA DEL INGRATO ISRAEL
Esta larga meditación de estilo sapiencial evoca la historia de Israel, desde el Éxodo hasta la institución de la monarquía davídica. El relato histórico sirve de soporte a una enseñanza para el presente: en el recuerdo de su propio pasado, Israel debe encontrar un motivo de gratitud y fidelidad al Dios de la Alianza (vs. 6-7). Esta preocupación didáctica se manifiesta, sobre todo, en la presentación de la historia como una permanente contraposición entre la misericordia del Señor y las rebeldías de su Pueblo.
TARDE

TÚ NOS ANIMAS
Nos animas a vivir atentos,

a velar para no malgastar la vida,

a poner atención en cada cosa,

a volcarnos en el presente.

Tú nos invitas a la vida auténtica,

nos sacas de la apatía,

nos entusiasmas con el presente

y nos llevas hacia la plenitud.

Tú, Señor, nos despiertas,

nos impides sestear la vida,

acomodarnos y vivir tranquilos

sin construir un mundo mejor.

Tú nos animas a crear vida,

a inventarla constantemente,

sin dejarnos arrastrar por los otros,

y a optar por tu modo y manera

de estar en este mundo.

MARTES

MAÑANA

Lectura del Salmo 79 (78)
ELEGÍA SOBRE LA RUINA DE JERUSALÉN
El motivo de esta súplica nacional es la deplorable situación en que se encuentra Israel: los paganos han devastado y profanado la herencia del Señor (v. 1); muchos fieles han caído bajo la espada, sus cadáveres han sido abandonados a las aves de rapiña y los pueblos vecinos celebran esa derrota (vs. 2-4). El salmista reconoce que la tragedia nacional es el justo castigo de reiteradas infidelidades (v. 8); pero hace presente al Señor que esa derrota compromete la gloria de su Nombre (v. 9), ya que Israel es su Pueblo y su “rebaño” (v. 13). Si no escucha el llanto de los cautivos, los paganos pensarán que es inútil servir al Señor (v. 10).

TARDE

TE NECESITAMOS
Estamos necesitados de tu venida

porque nos distraen otros dioses,

vivimos dispersos y con prisa,

y andamos llenos de ansiedades.

Ven a romper en nosotros

toda frivolidad que nos aliena,

toda agitación que nos dispersa

y las creencias que nos hacen negativos.

Ven a entusiasmarnos al despertar,

ven a trabajar junto a nosotros,

ven a unir nuestra familia,

y ven a enseñarnos a descansar.


MIERCOLES

MAÑANA
Lectura del Salmo 80 (79)
RESTAURACIÓN DE LA VIÑA DEL SEÑOR
Este Salmo es una súplica que toda la nación dirige al “Pastor de Israel” (v. 2), en un momento de grave calamidad. El lirismo que caracteriza a todo el poema aparece con particular relieve en los vs. 9-12, donde Israel es presentado como una “vid” que el Señor sacó de Egipto y plantó cuidadosamente en la Tierra prometida. El recuerdo de aquella solicitud hace más angustiosa la situación presente (vs. 5-7, 13-14) y confiere mayor intensidad a la súplica de toda la comunidad, expresada particularmente en el estribillo de los vs. 4, 8 y 20.
TARDE
ENTRA EN MI CASA
Tú sabes bien que te necesito,

aunque no te invite a entrar en mi casa,

aunque te olvide y te traspapele,

aunque me distraiga de ti y de tus cosas.

Señor, pasa hasta el fondo, sabes que te quiero,

que mi amor es olvidadizo y despistado,

pero que eres el timón de mi vida,

la salud, la ilusión y el descanso.

Como el criado del centurión estoy enfermo

de tantas cosas que Tú sabes bien, Señor,

y por más que yo propongo enmendarlas,

sólo Tú podrás poner mi vida en armonía.

No te quedes en la puerta, pasa hasta el fondo,

siéntete en tu casa, hazte el Señor de mis días,

invade mi cuerpo, mi mente, mi agenda,

condúceme a lo que Tú tienes soñado para mí.


JUEVES

MAÑANA
Lectura del Salmo 81 (80)
PARA LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS
La primera parte de este Salmo (vs. 2-6) es un preludio hímnico, que invita a celebrar jubilosamente una de las grandes fiestas anuales. La segunda (vs. 7-17) contiene un oráculo que el Señor dirige a Israel, en un tono de reproche y de promesa. En él, le recuerda sus beneficios y sus exigencias (vs. 9-11), lo amonesta por su obstinación (vs. 12-13) y le promete toda clase de bendiciones si escucha su Palabra (vs. 14-17).

TARDE
GRACIAS, SEÑOR
Muchos profetas desearon conocerte del todo,

y Tú me has regalado tu amistad,

me has revelado tus secretos

y me haces sentir tu presencia.

Te doy gracias, Señor, por elegirme,

por invitarme a ser tu discípulo,

por hacerme grande en mi fragilidad

y por tener para mí grandes sueños.

Me regalas capacidad de contemplación,

me ayudas a disfrutar de la belleza,

me tienes siempre abrazado

y tienes puesta sobre mí tu mano.

Contigo florece la justicia

y la paz nos envuelve a todos,

nos haces compartir con el hermano

y no descansar hasta que todos vivan bien.

VIERNES

MAÑANA
Lectura del Salmo 82 (81)
DIOS JUZGA A LOS JUECES
Este poema ilustra uno de los aspectos de la prolongada lucha que Israel mantuvo contra la idolatría y contra las concepciones del paganismo circundante. En algunas ocasiones, los Profetas -para dar una mayor fuerza persuasiva a sus palabras- interpelaban a los dioses paganos y les reprochaban su incapacidad para hacer alguna cosa, sea buena o mala (Is. 41. 21-29). Mediante un procedimiento literario similar, este Salmo presenta al Señor alzándose como Juez en medio de los dioses, para condenarlos a la impotencia total, después de haberlos acusado de fomentar la injusticia entre los hombres.

Posteriormente, este Salmo se interpretó como un apóstrofe contra los jueces y gobernantes injustos.
TARDE
GRACIAS, SEÑOR
Tú eres una bendición para el que te conoce

y para los que nos reunimos en tu nombre.

Tú llenas nuestro corazón de entusiasmo

y de deseos de construir tu reino.

Llénanos con tu presencia

Venimos a ti cansados,

tullidos, estresados, doloridos,

ciegos, sordos, indiferentes,

distraídos y enfermos de muchas cosas.

Venimos a ti para que nos sanes,

para que pongas tu mano sobre nosotros

nos endereces, nos llenes de salud,

y nos liberes de autocompasiones.

Venimos a ti hambrientos:

de compartir todo lo que tenemos,

de enseñar lo que sabemos,

de regalar el amor recibido.

Venimos para que nos sacies el corazón,

nos liberes de ansiedades y deseos,

nos limpies de competitividades

y nos hagas vivir como comunidad.

Venimos para que nos hagas hermanos,

para que impulses en nosotros el compartir.

SABADO

MAÑANA

Lectura del Salmo 83 (82)
IMPRECACIÓN DE ISRAEL CONTRA LOS GENTILES
Israel pide al Señor que repita sus hazañas del pasado (vs. 10-13) y manifieste su dominio sobre toda la tierra (v. 19), derrotando a los enemigos de su Pueblo (vs. 14-18). La coalición mencionada en los vs. 3-6 no se refiere a un hecho histórico determinado, sino que representa simbólicamente la constante oposición de los paganos contra Israel. Esta afirmación se funda en el carácter artificial de la lista que enumera a las naciones coaligadas (vs. 7-9): en ella aparecen reunidos diez de los enemigos tradicionales de Israel, pertenecientes a épocas diversas.

TARDE

MANTENNOS DESPIERTOS, SEÑOR
Despiértanos, Señor,

socórrenos con tu fuerza,

líbranos de lo que nos frena

y apresura nuestra felicidad.

Enséñanos a construir tu reino,

a inventar una vida compartiendo,

a trabajar aportando lo mejor,

y a complementarnos y apoyarnos.

Abre las puertas de nuestro pueblo,

para que sea un lugar de justicia,

para que reine la igualdad entre todos,

tratando al otro como nos gusta que nos traten.

Impúlsanos a triunfar sobre el desamor,

mantennos en comunicación contigo,

que no digamos: "Señor, Señor...",

sino que vivamos una verdadera amistad.


DOMINGO

MAÑANA
Lectura del Salmo 84 (83)
DICHOSA ESPERANZA DEL PEREGRINO
Al llegar a Jerusalén, un peregrino entona esta alabanza al Templo de Sión, Morada del Señor y lugar donde se manifiesta su presencia. Con profundo lirismo, evoca su ansia de Dios que lo trajo hasta el Santuario (v. 3), las etapas recorridas por los peregrinos (vs. 7-8) y la felicidad de encontrarse en la Casa del Señor (vs. 5, 11).
TARDE
MIRAR CON TUS OJOS, SEÑOR
Cúranos, Señor, de nuestras cegueras,

límpianos de miradas negativas,

danos unos ojos contemplativos,

que sepan gozar de las maravillas:

de los ojos de la persona amada,

de la sonrisa de los niños,

de la flor que nace en la ventana,

del amanecer rosado que nos despierta,

de la decoración de nuestro hogar,

de los libros, películas y músicas,

del jardín cuidado de barrio,

del chino que me vende y aún no sé su nombre,

del ser humano que friega mi escalera,

de la conductora del autobús,

de los ojos cansados del periodiquero,

del barrendero que está siempre ahí,

de la variada decoración de los escaparates,

de tantos servicios con sonrisa,

de la puesta de sol, cada día diferente,

de los que me quieren incondicionalmente,

de los que me cuestionan y estimulan,

de los que me hacen sentir válido,

de los que me echan en falta,

de los que corren la vida junto a mí...

Quiero ver a todos con tus ojos, Señor.

TERCERA SEMANA

ENTRAR EN COMUNIÓN
"TOMAD Y COMED"
Cuando Jesús entra en la casa de sus discípulos, ésta se convierte en su casa. El invitado se convierte en anfitrión. El que ha sido invitado es ahora el que invita. Los dos discípulos que confiaron en el extraño hasta el punto de permitirle acceder a su mundo más íntimo son ahora conducidos a la intimidad de su anfitrión. "Y mientras estaba con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio". Así de simple... y, sin embargo, así de diferente. ¿Qué otra cosa puedes hacer cuando compartes el pan con tus amigos?: tomarlo, bendecidlo, partirlo y dárselo. Para eso es el pan: para tomarlo, bendecirlo, partirlo y darlo. Nada nuevo; sucede a diario en todos los hogares; pertenece a la esencia de la vida.
Cada vez que invitamos a Jesús a nuestras casas, es decir, a nuestras vidas con todas sus luces y sombras, y le ofrecemos el lugar de honor de nuestra mesa, él toma el pan y el cáliz y nos los ofrece diciendo: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Tomad y bebed, ésta es mi sangre. Haced esto en conmemoración mía". ¿Nos sorprendemos?
La Eucaristía es el gesto más humano y más divino que podamos imaginar. Ésta es la verdad de Jesús: tan humano y, sin embargo, tan divino; tan cercano y, sin embargo, tan misterioso; tan sencillo y, sin embargo, tan inmenso... Pero ésta es la historia de Jesús, que, "a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos; y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte des cruz". Es la historia de Dios, que quiere acercarse tanto a nosotros que podamos verlo con nuestros propios ojos, oírlo con nuestros propios oídos, tocarlo con nuestras propias manos; tan cerca que no haya entre nosotros y él nada que nos separe, nos divida, nos distancie...
Jesús es Dios-para-nosotros, Dios-con-nosotros, Dios-dentro-de-nosotros. Jesús es Dios entregándose por completo, derrochando su vida por nosotros sin ningún tipo de reserva. Jesús da todo lo que tiene a manos llenas. "Comed..., bebed..., éste soy yo que me entrego a vosotros".
En la Eucaristía Jesús lo da todo. El pan no es un simple signo de su deseo de ser nuestro alimento; el cáliz no es sólo un signo de su afán de ser nuestra bebida. El pan y el vino se transforman en su cuerpo y sangre en la entrega. El pan, en efecto, es su cuerpo entregado por nosotros; el vino es su sangre derramada por nosotros. Así como Dios se nos hace presente a través de Jesús, así también Jesús se nos hace presente en el pan y el vino en la Eucaristía. Dios no se guarda nada; Dios lo da todo. Éste es el misterio de la Encarnación. Y éste es también el misterio de la Eucaristía. La Encarnación y la Eucaristía son las dos expresiones del amor inmensamente generoso de Dios.
La palabra que mejor expresa este misterio de la total autodonación de Dios es "comunión". Es la palabra que contiene la verdad de que, en y a través de Jesús, Dios quiere, no sólo enseñarnos, instruirnos o inspirarnos, sino hacerse uno con nosotros. Dios desea estar completamente unido a nosotros para que todo su ser y el nuestro puedan fundirse en un amor eterno.
Decía Agustín: "Mi alma no descansará hasta que descanse en ti, oh Señor"; pero cuando considero la tortuosa historia de nuestra salvación, no sólo veo que anhelamos pertenecer a Dios, sino que Dios también anhela pertenecernos. Es como si Dios estuviera gritándonos: "Mi corazón no descansará hasta que descanse en ti, mi amada creación". "Yo os creé, os di todo mi amor, os guié, os ofrecí mi apoyo, os prometí que se cumplirían los deseos de vuestros corazones... ¿dónde estáis, dónde está vuestra respuesta, dónde está vuestro amor? ¿Qué más debo hacer para que me améis? No pienso rendirme; he de seguir intentándolo. ¡Algún día descubriréis cuánto anhelo y deseo vuestro amor!"
Al final de la historia, ahí está él mirándonos, preguntándonos con ojos expectantes: "¿Me amáis?"; y de nuevo "¿me amáis?"; y una tercera vez: "¿me amáis?".
Es este intenso deseo de Dios de entrar en una relación más íntima con nosotros lo que constituye el centro de la celebración y la vida eucarísticas. Dios no sólo desea entrar en la historia humana siendo una persona que vive en una época y un lugar determinados, sino que quiere ser nuestro alimento y nuestra bebida cotidianos en todo momento y lugar.
Por eso Jesús toma el pan, lo bendice y nos lo da. Y en ese momento, cuando vemos el pan en nuestras manos y lo llevamos a nuestra boca para comerlo, entonces se abren nuestros ojos y lo reconocemos.
La comunión es lo que tanto Dios como nosotros deseamos. Es el grito más profundo del corazón de Dios y del nuestro, porque hemos sido creados con un corazón que sólo puede ser satisfecho por aquel que lo ha creado. Dios puso en nuestros corazones un deseo de comunión que nadie más que Dios puede y quiere satisfacer. Dios lo sabe, pero nosotros solemos ignorarlo.
Hay una frase en el relato de Emaús que nos lleva directamente al misterio de la comunión: "...lo reconocieron pero él desapareció de su vista". En el mismo momento en que los dos amigos lo reconocen en la fracción del pan, él ya no está con ellos.
Aquí estamos tocando uno de los aspectos más sagrados de la Eucaristía: el misterio de que la comunión más profunda con Jesús acaece en su ausencia. Los dos discípulos que iban camino de Emaús lo habían escuchado durante muchas horas. Pero cuando comen el pan que él les da, y ellos lo reconocen, comprenden en lo más hondo de su espíritu que ahora él habita en lo más profundo de su ser, que respira en ellos, que habla en ellos, que vive realmente en ellos. Cuando comen el pan que él les ofrece, sus vidas se transforman en la vida de él. Ya no son ellos quienes viven, sino que es Jesús, el Cristo, quien vive en ellos. y precisamente en ese sagrado momento de comunión, él desaparece de su vista.
Esto es lo que vivimos en la celebración eucarística y lo que vivimos también cuando nuestra vida es eucarística. Se trata de una comunión tan íntima, tan santa, tan sagrada y tan espiritual que escapa a nuestros sentidos. Ya no podemos verlo con nuestros ojos mortales ni tocarlo con nuestros cuerpos mortales.
Cuando comemos su cuerpo y bebemos su sangre, aceptamos la soledad de no tenerlo ya en nuestra mesa como un compañero que nos consuela con su conversación y que nos ayuda a sobrellevar las pérdidas de nuestra vida diaria. Es la soledad de la vida espiritual, la soledad de saber que él está más cerca de nosotros, de lo que jamás conseguiremos estarlo nosotros mismos. Es la soledad de la fe.
La comunión con él nos lleva al lugar donde la luz ciega nuestros ojos y donde todo nuestro ser está sumido en la falta de visión. Es en ese lugar de comunión donde gritamos: "¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?" Es también en ese lugar donde nuestro vacío nos hace orar: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".
La comunión con Jesús significa hacerse igual a él. La comunión nos introduce en el Reino, donde las viejas distinciones entre dicha y desdicha, entre éxito y fracaso, entre bienaventuranza y condenación, entre salud y enfermedad, entre vida y muerte..., ya no tienen sentido.
La comunión crea comunidad, porque el Dios que vive en nosotros nos hace reconocer a Dios en nuestros semejantes. Nosotros no podemos ver a Dios en el otro; sólo Dios en nosotros puede ver a Dios en el otro.
Esta común-unión se manifiesta de maneras muy concretas: en el perdón, en la reconciliación, en el apoyo mutuo, en la ayuda a las personas necesitadas, en la solidaridad con los que sufren y en una preocupación creciente por la justicia y la paz. Así pues, no sólo es que la comunión cree comunidad, sino que la comunidad siempre lleva a la misión.

LUNES

MAÑANA
Lectura del Salmo 85 (84)
SÚPLICA Y PROFECÍA MESIÁNICA
En esta oración se refleja la situación espiritual de los que ya han pasado la prueba del exilio en Babilonia. La repatriación de los cautivos “ha cambiado la suerte” de Israel (v. 2) y es una prueba del amor del Señor hacia su Pueblo. Pero los vaticinios proféticos (Is. 60. 2) no se han cumplido plenamente, y la reconstrucción nacional se realiza en medio de las más duras penalidades. Por eso la comunidad suplica al Señor que manifieste su misericordia y le conceda la salvación (v. 8), es decir, que lleve a su pleno cumplimiento la obra comenzada. La última parte del Salmo (vs. 9-14) es un oráculo profético, que contiene la respuesta divina a la súplica del Pueblo y anuncia la definitiva restauración de Israel, en una era de justicia y prosperidad.

TARDE

CUENTA CONMIGO, SEÑOR
Aquí me tienes, preocupado por mis cosas,

atento a las quejas de mi cuerpo y a mis pensamientos y miedos.

Tú me recuerdas que la mies es mucha,

que hay poca mano de obra. Cuenta conmigo para tu reino.

Me envías a las personas más tristes, a las desencantadas y doloridas,

a las que les duele la soledad y más les duelen las heridas de la vida.

Tú cuentas conmigo para animar, para ser el amigo que escucha,

la persona que acompaña, y el que pone ilusión en el otro.

Tú quieres que, contigo, el enfermo se sienta mejor,

que alivie sus complejos y culpas, que relativice problemas y dramas.

Aquí me tienes, Señor,

me ofrezco para recoger tu mies.

MARTES

MAÑANA
Lectura del Salmo 86 (85)
ARDIENTE SÚPLICA Y ALABANZA
Este Salmo es la oración de un “pobre” (v. 1), que se abandona a la misericordia y al poder de Dios en medio de un grave peligro (vs. 7-14). Para fundamentar su petición, el salmista no describe dramáticamente la intensidad de sus sufrimientos -como suele suceder en las súplicas del Salterio (Sal 22; 41; 69; 88)- sino que apela con esperanzada insistencia a la bondad infinita de Dios (vs. 5, 13, 15-17).
TARDE
CONVIÉRTENOS A TI
Conviértenos a ti,

que tu llegada nos cambie el corazón

y trabajemos para hacer que florezca la justicia,

para tratarnos como hermanos,

para estar atentos a lo que necesita el otro,

para vivir centrados en los demás,

para estar en escucha del que sufre.

Conviértenos a ti, Señor,

enseñándonos a construir la paz,

a tratarnos con ternura,

a frenar los enfrentamientos,

a minimizar las diferencias,

a utilizar expresiones cálidas,

a buscar las cosas que nos unen,

a construir tu reino de igualdad

y fraternidad permanente.

Conviértenos a ti, Señor,

no nos dejes seguir viviendo así,

no permitas que la indiferencia nos envuelva.

Despiértanos la sensibilidad.

Conviértenos el corazón,

ese de piedra e indiferencia,

para que amemos más,

para que sintamos con el otro,

para que mejoremos su existencia.

MIERCOLES

MAÑANA
Lectura del Salmo 87 (86)
GLORIA DE SIÓN
Es probable que este “Canto de Sión” (Sal. 46; 48; 76) haya sido interpretado de distintas maneras en épocas diversas. En su forma original, parece estar dirigido a los peregrinos que llegaban a Sión (vs. 1-2) de todas las regiones de la diáspora judía, para anunciarles que también ellos debían sentirse como nacidos en Jerusalén. Más tarde, por influencia de algunos oráculos proféticos (Is. 2. 2-4; Zac. 8. 20-23), el Salmo fue “releído” con una perspectiva mesiánica y universalista: Jerusalén estaba llamada a ser el centro espiritual de todas las naciones, y hasta los más encarnizados enemigos del Pueblo elegido -Egipto, Babilonia, Tiro, Filistea y Etiopía (v. 4)- tendrían que reconocer al Dios de Israel y considerarse ciudadanos de la Ciudad santa (v. 6).
TARDE
PACIENCIA
Tú tienes paciencia con nosotros, Tú sabes esperar,

Tú aceptas nuestros ritmos, Tú nos conoces del todo...

En cambio, nosotros nos agitamos,

no soportamos ritmos distintos,

nos cuesta trabajar con el diferente,

discutimos en la familia con impaciencia,

nos agita lo que el otro hace de otra forma.

Nos invitas, Señor, a tener paciencia,

a esperar el día en que todo se calme,

a deshacernos de la ansiedad infantil,

a dejar que lo que pasa, pase;

dejar que lo que ocurre no nos dañe.

Tú nos prometes un cielo nuevo y una tierra nueva,

pero nos pides que la construyamos,

que no nos quedemos con los brazos cruzados.

Lánzanos al mundo, Señor, sácanos del lamento y de la queja,

ponnos en acción constructiva para trabajar juntos en tu misión.

JUEVES

MAÑANA

Lectura del Salmo 88 (87)
LAMENTO DEL HOMBRE EN EXTREMA AFLICCIÓN
Esta lamentación -sin duda, la más triste de todo el Salterio- refleja admirablemente las ideas del Antiguo Testamento sobre la enfermedad, la muerte y el más allá. Entre la enfermedad y la muerte hay sólo una diferencia de grado, porque en ambos casos están obrando los mismos poderes hostiles a la vida (vs. 16-18). Al verse privado de todos los motivos de felicidad y, en especial, de la comunión con los demás (vs. 9, 19), el enfermo se siente sumergido en el “reino de la muerte” (v. 12), cuyas características describen los vs. 6-8. En esta penosa situación, y sin manifestar ningún sentimiento de esperanza, el salmista pide al Señor que le devuelva la vida porque los muertos no pueden alabar a Dios (vs. 11 -13).

La fe en la resurrección y en la vida futura ilumina con una nueva perspectiva el misterio del dolor, tan elocuentemente expresado en este Salmo, que pertenece a los llamados “Oraciones de los enfermos” (Sal. 6; 38; 41; 102. 2-12).
TARDE

.

TE HAS VOLCADO CON NOSOTROS
Estamos alegres porque te has volcado en nosotros.

Endereza todo lo que tenemos torcido,

conviértenos en una comunidad que siga creciendo en el amor.

Estamos alegres porque, aunque las cosas nos vayan mal,

Tú, Señor, cambias nuestra suerte,

hasta conseguir superar los reveses, y hacernos fuertes ante la dificultad.

Estamos alegres porque Tú, Señor, un año más, vienes,

y vienes siempre que lo necesitamos,

para cambiar nuestras lágrimas en cantares,

nuestras quejas en fortaleza y seguridad.

Estamos alegres porque creemos en la salvación de Dios

y queremos que ninguna persona camine sin Dios.

Estamos alegres porque colaboramos en el anuncio del Evangelio,

sabiendo que no estamos solos,

sino que es el mismo Dios quien pone en nosotros la palabra

y el gesto oportuno en cada situación.

VIERNES

MAÑANA

Lectura del Salmo 89 (88)
PROMESA DEL REINO MESIÁNICO A DAVID
La evocación de las promesas hechas por el Señor a David - que constituye la parte central de este magnífico poema- sirve de base a la súplica por el rey, en un momento de grave humillación para la dinastía davídica. Con esta visión global del Salmo, es fácil percibir la conexión entre sus diversas partes. El breve preludio (v. 2) -seguido de una alusión a la alianza davídica (vs. 3-5) y de un himno al Creador (vs. 6-19)- introduce un oráculo divino (vs. 20-38), que anuncia los privilegios de David y su dinastía-. La situación que describen los versículos siguientes (39-46) es el reverso de esas antiguas promesas, y por eso el rey suplica al Señor que vuelva a manifestarle su amor y su fidelidad (vs. 47-52).
TARDE
TÚ ERES MI LIBERADOR
Tú me invitas a levantarme y andar,

Tú me sacas de la indiferencia,

de la rutina cotidiana,

de pasar por la vida sin pena ni gloria.

Tú me liberas de la mediocridad,

me impides ser "como todo el mundo"

y me impulsas a vivir una vida auténtica,

plena e interesante.

Tú, Señor, me demuestras

que no hay que vivir queriendo agradar,

que siempre hay gente que no te entiende,

que tengo que ser valiente y osado.

Tú, Señor, me enseñas, una vez más,

que puede uno tener gente en contra,

pero que hay que ser siempre coherente

y realizar la propia misión en la vida.

Tú, Señor, sacas de mí lo mejor

para que el que se encuentre conmigo

se sienta más libre, más disculpado,

más invitado a ser él mismo, apoyado por mí.

SABADO
MAÑANA

Lectura del Salmo 90 (89)
FUGACIDAD DE LA VIDA HUMANA
La súplica contenida en este Salmo está motivada por largos años de penosos sufrimientos. En ella, la comunidad de Israel ruega al Señor que le conceda una alegría comparable a las tribulaciones vividas hasta el presente (vs. 13-15).El Salmo no apunta específicamente a una situación particular -hambre, sequía o guerra- sino que parece referirse, de manera general, a las penalidades cotidianas, tanto de los individuos como de la nación. Por eso, la súplica va precedida de una profunda meditación sobre la precariedad y la miseria de la vida humana, contrapuesta a la eternidad y soberanía de Dios (vs. 2-10). La conclusión del salmista es que la verdadera sabiduría consiste en reconocer la brevedad de la vida (v. 12). El verso inicial confiere a todo el Salmo un tono de esperanzada confianza.
TARDE

TÚ ERES EL BUEN PASTOR
Tú me recuerdas cómo sales a mi encuentro

siempre que estoy perdido, siempre que me alejo de ti.

Tú conoces mi desvalimiento, mi pequeñez, mi inconstancia,

mis incoherencias y errores, y con ellos me quieres, Señor.

Tú sabes bien, Señor,

qué es lo que me distrae de ti,

lo que me hace mediocre.

Pero Tú, Señor, vienes a salvarme, me rescatas como oveja perdida

y me metes en tu redil, que es donde están las fuentes de la Vida.

Tú te las arreglas, Señor,

aunque yo me aleje,

para que viva mi historia junto a ti.

Gracias, Señor, no puedo más que cantar tus maravillas

y agradecer tus desvelos.

Yo soy del todo tuyo, Dios mío.

DOMINGO

MAÑANA
Lectura del Salmo 91 (90)
PREMIO DE LA CONFIANZA
Una sola idea se repite a lo largo de todo este Salmo: los que se refugian en el Señor pueden afrontar confiadamente cualquier dificultad, porque cuentan con la constante y eficaz protección divina. Muchas expresiones tienen evidentemente un carácter hiperbólico, por ejemplo la del v. 13, y sólo pretenden destacar la excepcional providencia con que el Señor cuida de sus fieles. En la parte final del Salmo (vs. 14-16), un oráculo divino confirma la enseñanza del salmista.
TARDE

HAZ LLEVADERO MI CANSANCIO
Vengo a ti cansado y agobiado,

Tú sabes bien lo que me sosiegas,

Tú me serenas por dentro,

Tú eres salud para mí.

Te necesito, Señor, para que me equilibres,

para que me ayudes a poner mi cabeza en orden,

para que me impidas trabajar compulsivamente,

y pongas en orden mis valores vitales.

Siempre que vengo a ti estresado

y me dijo sanar por ti,

recupero el equilibrio y la armonía

y mi ánimo se serena y me alegro...

No me dejes, Señor,

vivir toda la vida de una vez;

ayúdame a sosegarme por dentro

y a vivir volcado en el momento presente.
CUARTA SEMANA

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