Rima G. A. Bécquer






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verde el color del que espera,

y las ondas del océano,

y el laurel de los poetas.
Es tu mejilla temprana

rosa de escarcha cubierta

en que el carmín de los pétalos

se ve a través de las perlas

Y, sin embargo,

sé que te quejas,

porque tus ojos

crees que la afean:

pues no lo creas;

que parecen tus pupilas,

húmedas, verdes e inquietas,

tempranas hojas de almendro,

que al soplo del aire

tiemblan.
Es tu boca de rubíes

purpúrea granada abierta,

que en el estío convida

a apagar la sed en ella.
Y, sin embargo,

sé que te quejas,

porque tus ojos

crees que la afean:

pues, no lo creas

que parecen, si enojada

tus pupilas centellean,

las olas del mar que rompen

en las cantábricas peñas.
Es tu frente que corona

crespo el oro en ancha trenza,

nevada cumbre en que el día

su postrera luz refleja.
Y, sin embargo,

sé que te quejas,

porque tus ojos

crees que la afean:

pues, no lo creas

Que, entre las rubias pestañas,

junto a las sienes, semejan

broches de esmeralda y oro,

que un blanco armiño sujetan.
RIMA XIII
Tu pupila es azul, y cuando ríes,

su claridad suave me recuerda

el trémulo fulgor de la mañana

que en el mar se refleja.
Tu pupila es azul, y cuando lloras,

las transparentes lágrimas en ella

se me figuran gotas de rocío

sobre una violeta.
Tu pupila es azul, y si en su fondo

como un punto de luz radia una idea

me parece, en el cielo de la tarde,

¡una perdida estrella!
RIMA XIV
Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,

la imagen de tus ojos se quedó,

como la mancha obscura, orlada en el fuego,

que flota y ciega si se mira al sol.
Adondequiera que la vista fijo,

torno a ver tus pupilas llamear;

mas no te encuentro a ti; que es tu mirada:

unos ojos, los tuyos, nada más.
De mi alcoba en el ángulo los miro

desasidos fantásticos lucir;

cuando duermo los siento que se ciernen

de par en par abiertos sobre mí.
Yo sé que hay fuegos faustos que en la noche

llevan al caminante a perecer:

yo me siento arrastrado por mis ojos

pero a donde me arrastran, no lo sé.

RIMA XV
Cendal flotante de leve bruma,

rizada cinta de blanca espuma,

rumor sonoro

de arpa de oro,

beso del aura, onda de luz,

eso eres tú.
Tú, sombra aérea que cuantas veces

voy a tocarte, te desvaneces

como la llama, como el sonido,

como la niebla, como un gemido

del lago azul.
En mar sin playas onda sonante,

en el vacío cometa errante,

largo lamento.
Del ronco viento,

ansia perpetua de algo mejor,

Eso soy yo.
¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía

los ojos vuelvo de noche y día

yo, que incansable como demente

tras una sombra, tras la hija ardiente

de una visión!
RIMA XVI
Si al mecer las azules campanillas

de tu balcón,

crees que suspirando pasa el viento

murmurador,

sabe que, oculto entre las verdes hojas,

suspiro yo.
Si al resonar confuso a tus espaldas

vago rumor,

crees que por tu nombre te ha llamado

lejana voz,

sabe que, entre las sombras que te cercan

te llamo yo.
Si se turba medroso en la alta noche

tu corazón,

al sentir en tus labios un aliento

abrasador,

sabe que, aunque invisible, al lado tuyo

respiro yo.

RIMA XVII
Hoy la tierra y los cielos me sonríen;

hoy llega al fondo de mi alma el sol;

hoy la he visto.., la he visto y me ha mirado...

¡Hoy creo en Dios!
RIMA XVIII
Fatigada del baile,

encendido el color, breve el aliento,

apoyada en mi brazo,

del salón se detuvo en un extremo
Entre la leve gasa

que levantaba el palpitante seno,

una flor se mecía

en compasado y dulce movimiento.
Como cuna de nácar

que empuja al mar y que acaricia el céfiro

tal vez allí dormía

al soplo de sus labios entreabiertos.
¡Oh! ¡Quién así, pensaba,

dejar pudiera deslizarse el tiempo!

¡Oh, si las flores duermen,

qué dulcísimo sueño!

RIMA XIX
Cuando sobre el pecho inclinas

la melancólica frente,

una azucena tronchada

me preces.
Porque al darte la pureza,

de que es símbolo celeste,

como a ella te hizo Dios

de oro y de nieve.
RIMA XX
Sabe, si alguna vez tus labios rojos

quema invisible atmósfera abrasada,

que al alma que hablar puede con los ojos,

también puede besar con la mirada.
RIMA XXI
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿Que es poesía?, Y tú me lo preguntas?

Poesía... eres tú.
RIMA XXII
¿Cómo vive esa rosa que has prendido

junto a tu corazón?

Nunca hasta ahora contemple en la tierra

sobre el volcán la flor.
RIMA XXIII
Por una mirada, un mundo,

por una sonrisa, un cielo,

por un beso... ¡yo no sé

que te diera por un beso!


RIMA XXIV
Dos rojas lenguas de fuego

que a un mismo tronco enlazadas

se aproximan, y al besarse

forman una sola llama.
Dos notas que del laúd

a un tiempo la mano arranca,

y en el espacio se encuentran

y armoniosas se abrazan.
Dos olas que vienen juntas

a morir sobre una playa

y que al romper se coronan

con un penacho de plata.
Dos jirones de vapor

que del lago se levantan,

y al reunirse en el cielo

forman una nube blanca.
Dos ideas que al par brotan,

dos besos que a un tiempo estallan,

dos ecos que se confunden,

eso son nuestras dos almas.
RIMA XXV
Cuando en la noche te envuelven

las alas de tul del sueño

y tus tendidas pestañas

semejan arcos de ébano,

por escuchar los latidos

de tu corazón inquieto

y reclinar tu dormida

cabeza sobre mi pecho,

diera, alma mía,

cuanto poseo,

la luz, el aire

y el pensamiento!
Cuanto se clavan tus ojos

en un invisible objeto

y tus labios ilumina

de una sonrisa el reflejo,

por leer sobre tu frente

el callado pensamiento

que pasa como la nube

del mar sobre el ancho espejo,

diera, alma mía,

cuanto deseo,

la fama, el oro,

la gloria, el genio!
Cuanto enmudece tu lengua

y se apresura tu aliento

y tus mejillas se encienden

y entornas tus ojos negros,

por ver entre sus pestañas

brillar con húmedo fuego

la ardiente chispa que brota

del volcán de los deseos,

diera, alma mía,

por cuanto espero,

la fe, el espíritu,

la tierra, el cielo.


RIMA XXVI
Voy contra mi interés al confesarlo;

no obstante, amada mía,

pienso cual tú que una oda solo es buena

de un billete del banco al dorso escrita.

No faltará algún necio que al oírlo

se haga cruces y diga:

Mujer al fin del siglo diez y nueve

material y prosaica... ¡Boberías!

¡Voces que hacen correr cuatro poetas

que en invierno se embozan con la lira!

¡Ladridos de los perros a la luna!

Tú sabes y yo se que en esta vida,

con genio es muy contado el que la escribe,

y con oro cualquiera hace poesía.

RIMA XXVII
Despierta, tiemblo al mirarte:

dormida, me atrevo a verte;

por eso, alma de mi alma,

yo velo cuando tú duermes.
Despierta, ríes y al reír tus labios

inquietos me parecen

relámpagos de grana que serpean

sobre un cielo de nieve.
Dormida, los extremos de tu boca

pliega sonrisa leve,

suave como el rastro luminoso

que deja en sol que muere.

“Duerme!”

Despierta miras y al mirar tus ojos

húmedos resplandecen,

como la onda azul en cuya cresta

chispeando el sol hiere.
Al través de tus párpados, dormida;

tranquilo fulgor vierten

cual derrama de luz templado rayo

lámpara transparente.

“Duerme!”
Despierta hablas, y al hablar vibrantes

tus palabras parecen

lluvia de perlas que en dorada copa

se derrama a torrentes.
Dormida, en el murmullo de tu aliento

acompasado y tenue,

escucho yo un poema que mi alma

enamorada entiende.

“Duerme!”
Sobre el corazón la mano

me he puesto porque no suene

su latido y en la noche

turbe la calma solemne:

De tu balcón las persianas

cerré ya porque no entre

el resplandor enojoso

de la aurora y te despierte.

“Duerme!”
RIMA XXVIII
Cuando entre la sombra oscura

perdida una voz murmura

turbando su triste calma,

si en el fondo de mi alma

la oigo dulce resonar,

dime: ¿es que el viento en sus giros

se queja, o que tus suspiros

me hablan de amor al pasar?
Cuando el sol en mi ventana

rojo brilla a la mañana

y mi amor tu sombra evoca,

si en mi boca de otra boca

sentir creo la impresión,

dime: ¿es que ciego deliro,

o que un beso en un suspiro

me envía tu corazón?
Y en el luminoso día

y en la alta noche sombría,

si en todo cuanto rodea

al alma que te desea

te creo sentir y ver,

dime: ¿es que toco y respiro

soñando, o que en un suspiro

me das tu aliento a beber?
RIMA XXIX
Sobre la falda tenía

el libro abierto,

en mi mejilla tocaban

sus rizos negros:

no veíamos las letras

ninguno, creo,

mas guardábamos entrambos

hondo silencio.
¿Cuánto duró? Ni aun entonces

pude saberlo;

sólo se que no se oía

más que el aliento,

que apresurado escapaba

del labio seco.

Sólo sé que nos volvimos

los dos a un tiempo

y nuestros ojos se hallaron

y sonó un beso.
Creación de Dante era el libro,

era su Infierno.
Cuando a él bajamos los ojos

yo dije trémulo:

¿Comprendes ya que un poema

cabe en un verso?

Y ella respondió encendida:

¡Ya lo comprendo!
RIMA XXX
Asomaba a sus ojos una lágrima

y a mis labios una frase de perdón...

habló el orgullo y se enjugó su llanto,

y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;

pero al pensar en nuestro mutuo amor,

yo digo aún: "¿Por que callé aquél día?"

y ella dirá. "¿Por qué no lloré yo?"
RIMA XXXI
Nuestra pasión fue un trágico sainete

en cuya absurda fábula

lo cómico y lo grave confundidos

risas y llanto arrancan.
Pero fue lo peor de aquella historia

que al fin de la jornada

a ella tocaron lágrimas y risas

y a mí, sólo las lágrimas.
RIMA XXXII
Pasaba arrolladora en su hermosura

y el paso le dejé,

ni aun mirarla me volví, y no obstante

algo en mi oído murmuró “Esa es”.
¿Quién reunió la tarde a la mañana?

Lo ignoro; sólo sé

que en una breve noche de verano

se unieron los crepúsculos y ... “fue”.
RIMA XXXIII
Es cuestión de palabras, y, no obstante,

ni tú ni yo jamás,

después de lo pasado, convendremos

en quién la culpa está.
¡Lástima que el amor un diccionario

no tenga dónde hallar

cuando el orgullo es simplemente orgullo

y cuando es dignidad!
RIMA XXXIV
Cruza callada y son sus movimientos

silenciosa armonía;

suenan sus pasos, y al sonar recuerdan

del himno alado la cadencia rítmica.
Los entreabre, aquellos ojos

tan claros como el día,

y la tierra y el cielo, cuando abarcan,

arden con nueva luz en sus pupilas.
Ríe, y su carcajada tiene notas

del agua fugitiva;

llora, y es cada lágrima un poema

de ternura infinita.
Ella tiene la luz, tiene el perfume,

el color y la línea,

la forma, engendradora de deseos,

la expresión, fuente eterna de poesía.
¿Que es estúpida?... ¡Bah!, mientras, callando

guarde obscuro el enigma,

siempre valdrá, a mi ver, lo que ella calla

más que lo que cualquiera otra me lo diga.

RIMA XXXV
No me admiró tu olvido! Aunque de un día,

me admiró tu cariño mucho más;

porque lo que hay en mí que vale algo

eso... ¡ni lo pudiste sospechar!.
RIMA XXXVI
Si de nuestros agravios en un libro

se escribiese la historia,

y se borrase en nuestras almas cuanto

se borrase en sus hojas;
Te quiero tanto aún: dejó en mi pecho

tu amor huellas tan hondas,

que sólo con que tú borrases una,

¡las borraba yo todas!
RIMA XXXVII
Antes que tú me moriré: escondido

en las entrañas ya

el hierro llevo con que abrió tu mano

la ancha herida mortal.
Antes que tú me moriré: y mi espíritu,

en su empeño tenaz,

sentándose a las puertas de la muerte,

allí te esperará.
Con las horas los días, con los días

los años volarán,

y a aquella puerta llamarás al cabo...

¿Quién deja de llamar?
Entonces que tu culpa y tus despojos

la tierra guardará,

lavándote en las ondas de la muerte

como en otro Jordán.
Allí, donde el murmullo de la vida

temblando a morir va,

como la ola que a la playa viene

silenciosa a expirar.
Allí donde el sepulcro que se cierra

abre una eternidad...

¡ Todo lo que los dos hemos callado

lo tenemos que hablar !
RIMA XXXVIII
Los suspiros son aire y van al aire!

Las lágrimas son agua y van al mar!

Dime, mujer, cuando el amor se olvida

¿sabes tú adónde va?

RIMA XXXIX
Lo que el salvaje que con torpe mano

hace de un tronco a su capricho un dios,

y luego ante su obra se arrodilla,

eso hicimos tu y yo.
Dimos formas reales a un fantasma,

de la mente ridícula invención,

y hecho el ídolo ya, sacrificamos

en su altar nuestro amor.
RIMA XL
Su mano entre mis manos,

sus ojos en mis ojos,

la amorosa cabeza

apoyada en mi hombro,
¡Dios sabe cuántas veces,

con paso perezoso,

hemos vagado juntos

bajo los altos olmos

que de su casa prestan

misterio y sombra al pórtico!
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