Rima G. A. Bécquer






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Rima

G.A. Bécquer



Introducción

Sinfónica

    Por los tenebrosos rincones de mi cerebro acurrucados y desnudos duermen los extravagantes hijos de mi fantasía esperando en silencio que el Arte los vista de la palabra para poder presentarse decentes en la escena del mundo.

     Fecunda, como el lecho de amor de la Miseria y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar, mi Musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándola de creaciones sin número a las cuales ni mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma.

     Y aquí dentro, desnudos y deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusión, los siento a veces agitarse y vivir con una vida oscura y extraña, semejante a la de esas miríadas de gérmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubación dentro de las entrañas de la tierra, sin encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse al beso del sol en flores y frutos.

     Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos quede otro rastro que el que deja un sueño de la media noche que a la mañana no puede recordarse. En algunas ocasiones y ante esa idea terrible se subleva en ellos el instinto de la vida y, agitándose en terrible aunque silencioso tumulto, buscan en tropel por donde salir a la luz, de las tinieblas en que viven.¡Pero, ¡ay!, que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra y la palabra tímida y perezosa se niega a secundar sus esfuerzos! Mudos, sombríos e impotentes, después de la inútil lucha vuelven a caer en su antiguo marasmo. Tal caen inertes en los surcos de las sendas, si cae el viento, las hojas amarillas que levantó el remolino.

     Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginación explican algunas de mis fiebres: ellas son la causa desconocida para la Ciencia de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y así, aunque mal, vengo viviendo hasta aquí: paseando por entre la indiferente multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza. Así vengo viviendo; pero todas las cosas tienen un término y a éstas hay que ponerles punto. 

     El Insomnio y la Fantasía siguen y siguen procreando en monstruoso maridaje. Sus creaciones apretadas ya, como las raquíticas plantas de un vivero, pugnan por dilatar su fantástica existencia disputándose los átomos de la memoria como el escaso jugo de una tierra estéril. Necesario es abrir paso a las aguas profundas, que acabarán por romper el dique, diariamente aumentadas por un manantial vivo.

     ¡Andad, pues!; andad y vivid con la única vida que puedo daros. Mi inteligencia os nutrirá lo suficiente para que seáis palpables. Os vestirá, aunque sea de harapos, lo bastante para que no avergüence vuestra desnudez. Yo quisiera forjar para cada uno de vosotros una maravillosa estofa tejida de frases exquisitas en las que os pudierais envolver con orgullo como en un manto de púrpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros como se cincela el vaso de oro que ha de guardar un preciado perfume. ¡Mas es imposible!

     No obstante necesito descansar: necesito, del mismo modo que se sangra el cuerpo por cuyas hinchadas venas se precipita la sangre con pletórico empuje, desahogar el cerebro insuficiente a contener tantos absurdos.

     Quedad pues consignados aquí, como la estela nebulosa que señala el paso de un desconocido cometa, como los átomos dispersos de un mundo en embrión que avienta por el aire la muerte antes que su Creador haya podido pronunciar el fiat lux que separa la claridad de las sombras.

     No quiero que en mis noches sin sueño volváis a pasar por delante de mis ojos en extravagante procesión pidiéndome con gestos y contorsiones que os saque a la vida de la realidad del limbo en que vivís semejantes a fantasmas sin consistencia. No quiero que, al romperse este arpa vieja y cascada ya, se pierdan a la vez que el instrumento las ignoradas notas que contenía. Deseo ocuparme un poco de mundo que me rodea pudiendo, una vez vacío, apartar los ojos de este otro mundo que llevo dentro dela cabeza. El sentido común que es la barrera de los sueños comienza a flaquear y las gentes de diversos campos se mezclan y confunden. Me cuesta trabajo saber qué cosas he soñado y cuáles me han sucedido: mis afectos se reparten entre fantasmas de la imaginación y personajes reales; mi memoria clasifica revueltos nombres y fechas de mujeres y días que han muerto o han pasado con los de días y mujeres que no han existido sino en mi mente. Preciso es acabar arrojándoos de la cabeza de una vez para siempre.

     Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de la Muerte sin que vengáis a ser mi pesadilla maldiciéndome por haberos condenado a la nada ntes de haber nacido. Id pues al mundo a cuyo contacto fuisteis engendrados y quedad en él como el eco que encontraron en un alma que pasó por la tierra, sus alegrías y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas.

     Tal vez muy pronto tendré que hacer la maleta gran viaje: de una hora a otra puede desligarse el espíritu de la materia para remontarse a regiones más puras. No quiero cuando esto suceda llevar conmigo como el abigarrado equipaje de un saltimbanqui el tesoro de oropeles y guiñapos que ha ido acumulando la fantasía en los desvanes del cerebro.

RIMAS

RIMA I
Yo sé un himno gigante y extraño

que anuncia en la noche del alma una aurora,

y estas páginas son de este himno

cadencias que el aire dilata en la sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre

domando el rebelde, mezquino idioma,

con palabras que fuesen a un tiempo

suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra

capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa!

pudiera al oído, contártelo a solas.

RIMA II
Saeta que voladora

cruza, arrojada al azar,

sin adivinarse dónde

temblando se clavará;
hoja del árbol seca

arrebata el vendaval,

sin que nadie acierte el surco

donde a caer volverá;
gigante ola que el viento

riza y empuja en el mar,

y rueda y pasa, y no sabe

qué playa buscando va;
luz que en los cercos temblorosos

brilla, próxima a expirar,

ignorándose cuál de ellos

el último brillará;
eso soy yo, que al acaso

cruzo el mundo, sin pensar

de dónde vengo, ni a dónde

mis pasos me llevarán.

RIMA III
Sacudimiento extraño

que agita las ideas,

como huracán que empuja

las olas en tropel;
murmullo que en el alma

se eleva y va creciendo

como volcán que sordo

anuncia que va a arder;
deformes siluetas

de seres imposibles;

paisajes que aparecen

como un través de un tul;
colores que fundiéndose

remedan en el aire

los átomos del Iris

que nadan en la luz
ideas sin palabras

palabras sin sentido;

cadencias que no tienen

ni ritmo ni compás;
memorias y deseos

de cosas que no existen;

accesos de alegría

impulsos de llorar;
actividad nerviosa

que no halla en qué emplearse;

sin rienda que lo guíe

caballo volador;
locura que el espíritu

exalta y enardece

embriaguez divina

del genio creador...

¡Tal es la inspiración!
gigante voz que el caos

ordena en el cerebro,

y entre las sombras hace

la luz aparecer;
brillante rienda de oro

que poderosa enfrena

de la exaltada mente

el volador corcel;
hilo de luz que en hace

lo pensamientos ata;

sol que las nubes rompe

y toca en el cenit;
inteligente mano

que en un collar de perlas

consigue las indóciles

palabras reunir;
armonioso ritmo

que con cadencia y número

las fugitivas notas

encierra en el compás;
cincel que el bloque muerde

la estatua moldeando

y la belleza plástica

añade a la ideal;
atmósfera en que giran

con orden las ideas,

cual átomos que agrupa

recóndita atracción;
raudal en cuyas ondas

su sed la fiebre apaga;

oasis que al espíritu

devuelve con vigor...

¡Tal es nuestra razón!
Con ambas siempre en lucha

y de ambas vencedor

tan sólo el genio puede

a un yugo atar las dos.

RIMA IV
No digáis que agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira:

Podrá no haber poetas; pero siempre

habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas;

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías;

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

Y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista;
mientras la humanidad siempre avanzando,

no sepa a dó camina;

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma

sin que los labios rían;

mientras se llora sin que el llanto acuda

a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan;

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡Habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran;

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas;

mientras exista una mujer hermosa,

¡Habrá poesía!

RIMA V
Espíritu sin nombre,

indefinible esencia,

yo vivo con la vida

sin formas de la idea.
Yo nado en el vacío

del sol tiemblo en la hoguera

palpito entre las sombras

y floto con las nieblas.
Yo soy el fleco de oro

de la lejana estrella,

yo soy de la alta luna

la luz tibia y serena.
Yo soy la ardiente nube

que en el ocaso ondea;

yo soy del astro errante

la luminosa estela.
Yo soy nieve en las cumbre,

soy fuego en las arenas,

azul onda en los mares

y espuma en las riberas.
En el laúd soy nota,

perfume en la violeta,

fugas llama en las tumbas

y en las ruinas hiedra.
Yo atrueno en el torrente,

y silbo en la centella

y ciego en el relámpago

y rujo en la tormenta.
Yo río en los alcores

susurro en la alta hierba,

suspiro en la onda pura

y lloro en la hoja seca.
Yo ondulo con los átomos

del el humo que se eleva

y al cielo lento sube

en espiral inmensa.
Yo en los dorados hilos

que los insectos cuelgan

me mezclo entre los árboles

en la ardorosa siesta.
Yo corro tras las ninfas

que en la corriente fresca

del cristalino arrollo

desnudas juguetean.
Yo en bosque de corales,

que alfombran blancas perlas,

persigo en el océano

las náyades ligeras.
Yo, en las cavernas cóncavas,

do el sol nunca penetra,

mezclándome a los nomos

contemplo sus riquezas.
Yo busco de los siglos

las ya borradas huellas,

y sé de esos imperios

de que ni el nombre queda.
Yo sigo en raudo vértigo

los mundos que voltean,

y mi pupila abarca

la creación entera.
Yo sé de esas regiones

a do rumor no llega,

y donde los informes astros

de vida y soplo esperan.
Yo soy sobre el abismo

el puente que atraviesa;

yo soy la ignota escala

que el cielo une a la tierra.
Yo soy el invisible

anillo que sujeta

el mundo de la forma

al mundo de la idea.
Yo, en fin, soy el espíritu,

desconocida esencia,

perfume misterioso

de que es vaso el poeta.

RIMA VI
Como la brisa que la sangre orea

sobre el oscuro campo de batalla,

cargada de perfumes y armonías

en el silencio de la noche vaga;
símbolo del dolor y la ternura,

del bardo inglés en el horrible drama,

la dulce Ofelia, la razón perdida

cogiendo flores y cantando pasa.

RIMA VII
Del salón en el ángulo oscuro,

de su dueño tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo

veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas

como el pájaro duerme en la rama

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!
¡Ay! -pensé-, ¡Cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz, como Lázaro, espera

que le diga: “Levántate y anda”!
RIMA VIII
Cuando miro el azul horizonte

perderse a lo lejos

a través de una gasa de polvo

dorado e inquieto,

me parece posible arrancarme

del mísero suelo,

y flotar con la niebla dorada

en átomos leves

cual ella deshecho.
Cuando miro de noche en el fondo

obscuro del cielo

las estrellas temblar, como ardientes

pupilas de fuego,

me parece posible a do brillan

subir en un vuelo,

y anegarme en su luz, y con ella

en lumbre encendido

fundirme en un beso
En el mar en la duda en que bogo

ni aún se lo que creo:

¡Sin embargo, estas ansias me dicen

que yo llevo algo

divino aquí dentro
RIMA IX
Besa el aura que gime blandamente

las leves ondas que jugando riza

el sol besa a la nube de occidente

y de púrpura y oro la matiza.

la llama en derredor del tronco ardiente

por besar a otra llama se desliza.

y hasta el sauce inclinándose a su peso

al río que lo besa, vuelve un beso.
RIMA IX
Los invisibles átomos del aire

en derredor palpitan y se inflaman

el cielo se deshace en rayos de oro

la tierra se estremece alborozada

Oigo flotando en olas de armonía

rumor de besos y batir de alas,

mis párpados se cierran...¿Qué sucede?

¿Dime?... ¡Silencio!... ¿Es el amor que pasa?

RIMA XI
- Yo soy ardiente, yo soy morena,

yo soy el símbolo de la pasión;

de ansia de goces mi alma está llena;

¿a mí me buscas? -No es a ti; no
- Mi frente es pálida; mis trenzas de oro

puedo brindarte dichas sin fin;

yo de ternura guardo un tesoro;

¿a mí me llamas? -No; no es a ti.
- Yo soy un sueño, un imposible,

vano fantasma de niebla y luz;

soy incorpórea, soy intangible;

no puedo amarte. -¡Oh, ven; ven tú!

RIMA XII
Porque son niña, tus ojos

verdes como el mar, te quejas;

verdes los tienen las náyades,

verdes los tuvo Minerva,

y verdes son las pupilas

de las huris del profeta.
El verde es gala y ornato

del bosque en la primavera;

entre sus siete colores

brillante el Iris lo ostenta.

Las esmeraldas son verdes,
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