Texto de la Prof de la Universidad de Buenos Aires Norma Pérez Martín






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Texto de la Prof. de la Universidad de Buenos Aires Norma Pérez Martín.

Edda Piaggio: Las Rejas del Alba (Fundación para la Poesía – Buenos Aires – 1986)

Bajo la guía espiritual de Cesare Pavese, la poeta uruguaya Edda Piaggio instala su palabra en el libro Las Rejas del Alba.
Como dice Julio Aristides en su meduloso ensayo sobre: Poesía, Metafísica y Existencia, recientemente publicado en Buenos Aires, “No hay poesía sin don. Todo lo demás es verso sin destino. El don es algo irracional. Habita en algunos elegidos hasta el fin de su existencia. La sola técnica literaria no produce tormentos en el ser”.
En efecto, Edda Piaggio expresa su aliento lírico con la palabra esencial que surge del misterioso proceso creativo, con la firmeza intuitiva que abre su mensaje, inscripto, además, en el contingente devenir que implica lo humano.
Hace tiempo, cuando Edda me ofreció los originales de: Las rejas del alba, argentinos y uruguayos vivíamos horas amargas. La palabra energética de nuestra poeta, frente a las crueldades sufridas por ambos pueblos rioplartenses, acompañó la valiosa entrega de aquellos papeles. Leí esas páginas con la misma adhesión humana y estética con que hoy las releemos, publicadas- ahora. en esta impecable edicion que la Fundación para la Poesia ofrece a los ávidos lectores que aspiran a compartir el temblor implícito en la alta palabra del autentico creador.
El tiempo, el amor, la vibración del recuerdo y la muerte construyen la línea vertebradora de estos poemas. Edda Piaggio, entre otras virtudes, posee el don de aunar equilibradamente el sueño con la vigilia; la evasión alusinada con la cuota de cotidianidad instalada en la conciencia. Ello se percibe siempre en su obra.
En el poema Perplejidad, por ejemplo; junto a la “espléndida noche de gozos/ donde el sueño cae”, la poeta nos remite a “la tierra/ donde los perros ladran”. Se diría, que en esta composición, en las páginas iniciales del libro, están sugeridas ya, las constantes que marcarán la totalidad de la obra. Es decir: perplejidad y atenta observación del mundo; asombro y lúcida conciencia de la historia que protagonizamos comunitaria e individualmente. Así, la palabra poética, se desliza por la geografía ensimismada de lo entrañable. Como “crescendo” dramático, sin sobresaltos violentos, la armonía de Edda Piaggio ajusta los planos semánticos del mensaje.
En el poema Rumorosos Límites, la autora se remite al “ángel” que “deja el sueño en quieta sombra/ de vértigo y delirio”. Y, en la estrofa siguiente, habla de “turbias/ transparentes/ imposibles/ uniones del presente/ con vértigo y distancia”.
Observemos la manera oroginal de tejer los elementos contrarios, logrando así, una suerte de compleja malla - como espejo de la realidad total - En suma: es evidencia, en el poema aludido, esa armonía contradictoria que los opuestos brindan siempre a la visión poética. Como dijo Cesare Pavese: “ No es fácil decir en qué momento debe detenerse el poeta. Lo maravilloso ha nacido tan dentro de él, y la imagen creada..... tiene raíces tan tiernas y sensibles en su sustancia espiritual, que separarse de ellas significa lacerarse a sí mismo, quedar vacío como una cáscara sin fruto.”
La “transparencia” con que se enmarca la composición homónima de la página 21 – uno de los poemas más brillantes de Edda Piaggio- confirma aquello que dijera Gastón Bachelard, cuando al hablar de La inmensidad Intima, afirmaba: “La inmensidad está en nosotros. Está adherida a una especia de expansión de ser que la vida reprime, que la prudencia detiene, pero que continúa en la soledad”.
Esa musicalidad de la que hablábamos hace un momento, se convierte en el tintineo fresco, recién nacido, cuando Edda se remite a la infancia. En su poema Cajita de Música, la evocación nostálgica contiene las sonoridades anticipadas ya en el título de esa composición.
La perfeccion rítmica se encuadra dentro de la perfecta arquitectura de cada poema. Detengámonos en la página titulada: Camino, para no abundar con más ejemplos:

............................

“respirabas menta y luz rosada, e

en la última legua

abandonaste la brújula

y tu pena alargada”.
Aquí el acento y la imagen se combinan, en una suerte de diafanidad sin límites; tristeza en sordina, construyéndose sobre aconteceres sin olvido. La sangre de la artista brota, desde el discurso memorioso. A partir de imágenes concebidas con un estilo personal, Edda Piaggio nos sacude, desde su nivel fonico impecable, y nos invita con ése, su Llamamiento que traspone los límites de la realidad inmediata y próxima:
“rostros ondulantes hablan,

rostros de muertos.”
Esta aproximación hacia espacios de la transrealidad, se va acentuando en páginas donde nos encontramos con poemas, como éste, titulado Esencias:

“Qué habrá


más allá de estos cielos

de esta inmensa injusticia que inunda y que socava,

del remolino de papeles sucios y tabaco en la arena

de los sueños que cansan, más allá de la sangre que adentro,

a pesar de todo, nos redime”.

......................

Sabemos que la poesía nació antes que la filosofía. Esta, la poesía, encarnó, desde remotos tiempos, la primera forma del filosofar. Por ello, no es casual que Edda Piaggio confiese con sincero fervor: “más alla´de estos cielos me interrogo”. La “bordadura alucinante”, la “metáfora insomne” de las que habla nuestra hermana poeta uruguaya, confirman esa búsqueda acuciante para hallar las respuestas últimas.
El tiempo, también, está observado por Edda, desde su propia mismidad; proyectándose ene esa referencia casi obsesiva. Así lo confirma, entre otros, en el poema que tituló: Madrugada:
“me miro y te miro

hojeando tus incendios

y aprendo a deletrearte

en tus rumores”
A lo largo de este magnifico libro, Edda Piaggio despliega el rico espacio de su Yo . Una suerte de paisaje íntimo se va abriendo con la palabra exacta. A medida que avanzamos por las páginas de las rejas del alba el metro y la extensión de cada poema van creciendo, dando paso – inclusive visualmente al acento épico con el que remata sólidamente el libro que nos ocupa.
En el poema: Rebelión, la ternura se tiñe con el acento de la palabra en la plenitud de su testimonio encarnado.
Versos palpitantes:
“Noche de gestos invernales y de muerte

noche trágica

en esfuerzo.

....................................

noche de nieblas

noche negra

sola”.
Estos fúnebres acordes avanzan y nos llevan a aquellas horas desgarrantes que nos hermanearon (una vez más en la historia rioplatense) a uruguayos y argentinos.
La poeta apelará, a partir de ese momento, a los: “nufraios, el llanto, la desdicha, las celdas y las catacumbas”:
“Vagabundos perfiles en imágenes

maderas pueden ser

pueden ser nudos,

invasión agotadora

el puñal de extravíos y cadencias.

...................................

¡Cuántas bocas selladas

cuánta desdicha junta

por calles embriagadas de recuerdos!”
La palabra desnuda, carente de artificios, remueve la conciencia del lector, llevándonos al torturante recuerdo:
“El hombre llega a pleno sol,

mas, también llega

desde hediondos tiempos

la militar sentencia

....................................

mariposa de sangre”.
El Tiempo acumula recuerdos y devasta inocencias; por eso, en la página que Edda Piaggio ha fechado en Montevideo, entre los años 1973 y 1985; dice con la ira encendida de los justos:

“tiempo incurable en la penumbra

sobre mi tierra azul

desnuda de amor

de suaves llamas del soñar

tiempo maldito”
Ese tiempo de “puertas cerradas”, de “hambre” y de “llanto”, donde “toda luz se perdió en la sombra”; culmina con los siguientes versos, descarnados y firmes:
“miro cuán altas

cuán lejanas

nocturnas

y fijas

han quedado las rejas del alba”.
Se hace oportuno recordar aquí, algunas palabras de otro hermano uruguayo, cuyo nombre no necesita calificativos. Nos referimos a Mario Benedetti; quién, al referirse a la situación del escritor en América Latina, señala: “Un escritor latinoamericano de hoy, cualesquiera sean sus actitudes políticas o estéticas, y cualquiera sea el punto geográfico desde el cual opine, no puede (a menos que se pase de sutil o de embustero) inscribirse automáticamente en una objetividad sin fisuras.” Más adelante, continúa el autor de Letras del Continente Mestizo: “ No creo en el compromiso forzado, sin profundidad existencial; ni a la militancia que desvitaliza un tema, ni menos aún en la moraleja edificante...pero tampoco creo en un hipotético deslinde, en esa improbable línea divisoria que muchos intelectuales...prefieren trazar entre la obra literaria y la responsabilidad humana del escritor.”
Este convencimiento también vive, en Edda Piaggio, quien asume su compromiso con firmeza absoluta. Así, cantará contra los egoístas, personeros de la usura, sembradores de miserias y torturas. Tampoco olvida –Edda- a Helder Cámara, luchador infatigable de Nuestra América Profunda. A él le dedica estos versos:
“Terrible umbría te acompaña

por sísmicos altares

donde mil niños mueren de hambre cada día.”
Las cruentas motivaciones que originaron las páginas de: Las Rejas del Alba no niegan, sin embargo el lugar a la esperanza.
La autora, apelando al “tú” fraterno, en el devenir existencial y comunitario canta así:
“No obstante

en la curva hendida de tus brazos

ha de haber siempre un lugar

para las raíces nuestras,

ha de haber siempre un lugar,

tiene que haberlo.”

....................................
Esta manifestación, apostando por la vida y la libertad, remata brillantemente en el último poema. Excelente culminación del libro. Su título: Aun los grandes caballos. Se trata de una página antológica. Reúne en sus versos un apasionado amor, y a la vez una protesta rotunda, que se levanta con acento profético.
El olvido es la muerte; el recuerdo, con esperanza de triunfo, es la semilla generadora e indispensable para avanzar por nuestro destino. Hacia el merecido crecimiento que anhela el pueblo: Sí, amigos, aun “los grandes caballos” hablarán de este tiempo, porque ellos simbolizan a los poetas audaces, febriles, libertarios. Los poetas que cantan de nuestro tiempo, para dejar memoria, como tea encendida, proyectándose hacia días futuros más felices, más justos que los vividos por dichos creadores.
Dejemos, pues, para cerrar nuestra modesta exposición, la palabra viva de Edda Piaggio:
“Aun los grandes caballos

que pensaron en la niebla del alba

junto al pétreo horizonte

hasta nuevos días

Aun los grandes caballos

hablarán de este tiempo.”
Profesora Norma Pérez Martín

Buenos Aires, 1986

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