 Se estima que los romances se iniciaron como cantos juglarescos a mediados del siglo XIII. En su contemporaneidad con los cantares de gesta, y en gran medida






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fecha de publicación08.09.2015
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Origen de los romances

 Se estima que los romances se iniciaron como cantos juglarescos a mediados del siglo XIII. En su contemporaneidad con los cantares de gesta, y en gran medida originados en ellos, igualmente adquirieron autonomía literaria muy amplia.

Mientras los Cantares de Gesta tienen estructuralmente una índole novelesca, dado que son relatos bastante extensos que refieren una sucesión de hechos generalmente encadenados entre sí y en el que aparece una diversidad de personajes (unos con mayor protagonismo que otros), los romances, tienen una estructura poética y frecuentemente lírica, concentrándose en un único episodio de hecho, y solo como elemento determinante de una situación emocional o espiritual, aunque pueda ser de carácter épico como generalmente lo es.

En el Cantar de Gesta, el interés está principalmente referido al tema general de que tratan —demorándose a veces es extensas descripciones— y se dirige a crear una expectativa acerca de la suerte final de sus personajes principales, refiriendo la sucesión de sus aventuras, suscitando situaciones en las cuales lo que finalmente importa es su desenlace.

El romance, en cambio, tiene una intensa concentración poética y aún cuando en algunos casos —como por ejemplo el Romance del Rey don Rodrigo que perdió su reino ante los moros— se fundamente en un hecho, el acento no está puesto en el episodio de hecho sino en su repercusión emocional y espiritual. En ese romance, el episodio de la batalla y la derrota es apenas una referencia que establece el marco al estado anímico del Rey que se lamenta: “Ayer era Rey de España — hoy no lo soy de una villa”.

 En realidad, los romances tradicionales se conservaron por siglos, fundamentalmente a través de su transmisión oral hasta que, con la aparición de la imprenta —fines del siglo XV y principios del siglo XVI— fueron recogidos en forma escrita. Pero continuaron transmitiéndose en forma oral prácticamente hasta los tiempos actuales; no solamente en España sino en muchos sitios de América e incluso en las regiones latinas de los Balcanes. Se ha constatado, asimismo, que comunidades judías sefardíes, que fueran expulsadas de España en 1492 y se trasladaron a las regiones de la turca Constantinopla o de la Grecia del sur, conservando la lengua castellana, mantuvieron la tradición romancesca de una manera extraordinariamente fiel a sus orígenes.

Estructura formal de los romances

 Característica común a los romances, es la de estar construidos en verso, sin división estrófica sino conformados por una tirada de variable extensión; siendo los versos octosílabos (a veces heptasílabos); rimados en forma asonante los versos pares, y quedando libres los impares. Esta estructura responde fundamentalmente a la ruptura en dos versos de la unidad inicial de los versos alejandrinos de 16 sílabas —que coexistieron ampliamente con los de 14 sílabas— y de allí que la rima asonante resulte alternada en los versos pares; aunque en los romances más viejos la rima también es consonante.

El verso octosílabo, empleado en estas expresiones llamadas de arte menor, es más apropiado para expresar ideas y conceptos más precisos que los versos más extensos; y hacerlo en un modo más tajante. La rima asonante alternada, introduce un nuevo componente rítmico, adicional al generado por el juego de las acentuaciones internas del verso mismo.

Esa ruptura en hemistiquios octosílabos de los antiguos alejandrinos, indudablemente es adecuada no solamente a una forma más fluida y rítmica del recitado, sino que también facilita la memorización. Al mismo tiempo, conduce a una concentración expresiva, en que se expone un suceso en dos o tres versos; del mismo modo que admite el empleo de refranes o repeticiones —fragmentos de uno o dos versos que se repiten en forma rítmica— que habilita a poner énfasis repetitivo en un detalle determinado, que así adquiere un mayor realce o una importancia primordial, al tiempo que el conjunto recibe un especial efecto de musicalidad.

Otro elemento formal característico de los romances, es el estilo frecuentemente dialogado; en el cual a veces el coloquio tiene lugar efectivamente entre varios personajes, en tanto que en otras ocasiones está implícito en la medida en que el romance presenta la expresión de una única persona, pero la cual se dirige a un interlocutor determinado, aunque éste no hable. (Ej. Romance de una fatal ocasión y El enamorado de la muerte)

Esa misma circunstancia —así como el hecho de que frecuentemente se trataba de un fragmento directamente extraído de un texto mayor— hace que en muchos casos el romance tenga un comienzo abrupto (in medias res) entrando al tema de manera un tanto sorpresiva, sin referir antecedentes del personaje y a menudo sin siquiera nombrarlo, y eso explicaría de alguna manera, que esa información ya era conocida y notoria para el público.

Directamente vinculada a esta característica, aparece otro elemento que suele darse en los romances, y es que generalmente suelen tener un final trunco; porque en realidad, el centro de su finalidad no consistía en el relato del hecho, sino en exponer una muy precisa situación emocional.

Auque las descripciones abundan en los romances, se caracterizan por ser, además de breves, estrictamente funcionales al resto del objeto del romance. Y al tiempo que siguen un estilo enumerativo aludiendo sucesivamente a algunos detalles del objeto descripto (la boca, los ojos, las manos, etc.), los describen mediante comparaciones de tipo lírico, metafórico, alusivas a otros objetos que, por la cualidad que se les asigna como propia, exaltan por lo general el objeto comparado, el marfil, el oro, la plata, el rubí, la seda, etc.

Otro rasgo característico de los romances, se refiere al tiempo cronológico. Si bien resulta siempre obvio que los sucesos a que hacen referencia son pasados, el romance casi siempre los expone en tiempo presente. Esto indudablemente, acentuaba el impacto no solamente evocativo sino sobre todo emocional, considerando que casi siempre los hechos aunque pasados eran relativamente recientes y se vinculaban —por lo menos en la época romancesca— a situaciones que mantenían su vigencia, como las guerras castellanas. En otros casos, los verbos activos son conjugados en pretérito indefinido, lo que asimismo da continuidad y permanencia a la acción.

Clasificación general de los romances

 El gran volumen de la producción del romancero, ha llevado a que se realicen diversas clasificaciones, ateniéndose a diversos criterios.

Una primera clasificación distingue los romances por su origen, en dos grupos fundamentales:

Romances juglarescos:

Son aquellos que se consideran compuestos originariamente por los juglares a partir de desprendimientos temáticos de los cantares de gesta. En estos romances predominan ampliamente los temas referentes a las aventuras y amores de los héroes de la épica castellana y francesa; tales como los referentes al rey Carlomagno, al caballero Lanzarote, el romance del infante Arnaldos, y por supuesto, los diversos romances del Cid Campeador.

Romances fronterizos:

Son aquellos correspondientes a la última época de la Reconquista, en que se había establecido diverso tipo de relaciones entre la sociedad cristiana y la morisca; con lo cual surgieron romances cuyos temas hacen referencia a personajes moros o a situaciones amorosas entre hombres y mujeres de ambas religiones y sociedades; y también romances que — a la inversa del clásico del Rey Rodrigo derrotado por los moros — se refieren a los episodios de la derrota de los moros por los cristianos. Algunos se refieren a escaramuzas circunstanciales de la guerra de Reconquista, o implican arengas de los reyes moros a sus tropas, o relatan la forma en que los cristianos formulan sus planes de combate. Entre este grupo de romances, los más mencionados son el romance de Abenámar, y el romance del Rey Moro que perdió Granada, batalla final de la Reconquista, también denominado romance de Alhama.

Clasificación de los romances por asunto

 Atendiendo a la temática general de su contenido, se ha formulado la siguiente clasificación:

Históricos:

Sus temas se encuentran referidos a episodios y personajes de la historia antigua o bíblica; entre los cuales se mencionan especialmente el del incendio de Roma, el de la toma de Numancia, el del sacrificio de Isaac. Una serie de romances emergentes de una crónica francesa de la guerra de Troya, la Roman de Troie, del siglo XII, originó varios romances; entre los cuales se destaca el que se refiere al rapto de Helena de Troya por el caballero Paris.

Hispánicos:

Los temas se refieren a personajes y episodios de la historia española medieval, así como entran en esta categoría los romances fronterizos de tema épico. Se mencionan como los más destacados los que se refieren al episodio de los siete Infantes de Lara, al Rey Rodrigo, al Cid Campeador, y al conde Fernán González, entre otros; y respecto de los fronterizos o moriscos, los romances referentes a la guerra de Granada y a Don Pedro el cruel.

 Francos:

Son españoles, pero en algunos casos por traducción o imitación de equivalentes franceses, o por referirse a temas relativos a la épica de los héroes provenzales, se encuentran ligados a la historia de la Galia. Los más importantes son los llamados carolingios, que tratan principalmente de la batalla de Roncesvalles y de las aventuras del caballero Roldán (Rolland); así como los del grupo referente a las aventuras del caballero Lanzarote.

Entre los romances carolingios más antiguos, se citan el romance de la Huída del Rey Marsín, y el de En París está doña Alda la esposa de don Roldán. Por su parte, los romances bretones — de Bretaña — tienen su origen en episodios del siglo IX, y en la figura anglonormanda del Rey Arturo, de origen latino, que había combatido en el sur de Inglaterra la invasión de los anglosajones.

Líricos y novelescos:

Son romances cuya temática se refiere a situaciones de amores, frustraciones amorosas, desengaños; y que en algunos casos contienen un relato, aunque somero, de cierto alcance argumental. Entre estos romances, se mencionan especialmente el romance de Blanca-Flor, y el romance del Enamorado y la Muerte. Uno de los más celebrados romances de este grupo, es el morisco romance de Moraima, que relata el caso de una esposa infiel que recibe a un enamorado, que resulta ser su propio esposo tratando de probar si su esposa le guarda fidelidad.

Otro de los romances preferidos de este grupo, es el romance de Fonte-Frida, de la tórtola viuda, considerado un romance del ciclo carolingio, con orígenes reales. Otro de los famosos romances de este grupo, es el romance de la amante de Bernal Francés; que se considera fue un militar cristiano de la guerra de Granada, conservado y transmitido oralmente en tiempos muy recientes, no sólo en toda España sino en México, en Chile, entre los judíos hispánicos de Grecia y Turquía, en Portugal, en Cataluña y en el norte de Italia.

Noticiosos:

Son romances que, si bien posiblemente no tenían por finalidad propia dar una noticia importante, de todos modos comentaban y divulgaban los sucesos contemporáneos más destacados. Entre estos, se mencionan como principales los referidos a los actos de justicia realizados por don Pedro el Cruel, y los que narraban hechos referentes a Fernando III el Santo, o al Prior de San Juan, todos ellos del siglo XIV.

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