Munda, Ullía o Belia, Monte Ullía, Montulia, esos bellos nombres que Montilla ostentó desde la antigüedad. Su viejo suelo fue ocupado sucesivamente por






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títuloMunda, Ullía o Belia, Monte Ullía, Montulia, esos bellos nombres que Montilla ostentó desde la antigüedad. Su viejo suelo fue ocupado sucesivamente por
fecha de publicación08.09.2015
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1.- MONTILLA y su VINO/
Munda, Ullía o Belia, Monte Ullía, Montulia, esos bellos nombres que Montilla ostentó desde la antigüedad.- Su viejo suelo fue ocupado sucesivamente por fenicios, griegos, romanos.- Prosperó bajo el dominio de Julio Cesar y de Pompeyo el grande, quedando muchos vestigios de esa época. Hacia el año 400 cae en poder de los godos, hasta que en 616 es dominada por los árabes tras cruentas luchas.
En 1240 Montilla es conquistada por Fernando III El Santo y en 1630 el rey Don Felipe IV, le concede “su nuevo privilegio de ciudad por sus notorios servicios y lealtad.-.
Montilla que se alza en un emplazamiento privilegiado “en un monte alto entre dos cerros, en uno se implanta su castillo alcázar y en el otro el Convento de San Agustín”.- En un paisaje policromo donde surgen las viñas, olivos, higueras, álamos y otros árboles, nuestras pupilas se pasean gozosamente, contemplando esa armonía que trasciende de ellos.
En esos parajes, en Septiembre surge el Milagro de la Vendimia.- “El Campo y la Ciudad (en palabras de Pepe Cobos), se funden en un largo abrazo rural y báquico”.- Las viñas se llenan de voces femeninas y pausados cantares, comienza el rito solemne, siempre repetido, de la corta de la uva.- En menos de un mes hay que recolectar la uva y elaborar el mosto, ese mosto que luego en las tinajas con los primeros fríos invernales pasará a criarse y envejecerse en las botas de esas soleras seculares.-
Constante actualidad.- Desde la antigüedad, las fiestas dionisiacas acrecentaron el culto de las vides, “tras una cosecha de oro, la de los trigales sucedía otra cosecha de fuego, la de las cepas, cuya sangre encendía las entrañas de las gentes del Lacio… “(en palabras de Ramón Llidó)
Es esa Montilla, “dorada en mosto”, amada, soñada, cantada por Pepe Cobos, a la que HOY nos rendimos en HOMENAJE.- Cada año se repite el milagro ancestral, de poder asistir al viejo y gozoso rito de pisar las uvas y convertirlas en la mejor y más fluida de las mieles, ese mosto generoso que corriendo por lagares y bodegas va a ir en silencio, sin prisa y sin pausa, hasta que termine señoreado, en el disfrute gozoso.
Las viñas nos ofrecen cada año, su dulce y mágica carga para que nosotros la convirtamos en oloroso y fino néctar, y se consume ese rito vendimial.

“Al Alba, que está el racimo

ansioso de derramar

su dulce sangre; a los carros

entre relincho y cantar,

Ya pisan niñas descalzas

la sangría del lagar…”
Aquí en Montilla, el vino no es un producto más o menos elaborado, es una criatura, que como todo ser vivo hay que educar (“educare-conducir”), porque cultivar es cuidar y cultura viene de la misma raíz.- Cultura viene de culto y también de cultivo.
Y esa criatura hay que conducirla. Ya desde la crianza biológica, el vino manifiesta su predisposición natural, pero su paso por criaderas y soleras, ese vino joven se educa y adquiere su sello característico y corriendo de arriba abajo, el vino niño se hace primero joven, y luego adulto, recogiendo como en la vida misma el sabor de los vinos viejos que le transmiten su sabiduría.

Gozo enmarcado en estas Fiestas de la Vendimia, fiestas siempre nuevas y evocadoras, porque nueva es la criatura que … cada año nace.

En palabras de nuestra querida y recordada Inmaculada Avila ….:
Metamorfosis fugaz

De nuestro campo de Andalucía

Que, con liturgia anual

Toma cepa, suelo, agua y luz

En dulce río del lagar.

El vino de Montilla-Moriles, es el resultado de una larga evolución, el fruto de un complejo y milenario proceso creador, la conquista final de una labor de siglos.- Los mejores caldos proceden de viñas asentadas en terrenos ondulados y calizos de la sierra de Montilla y Moriles Alto, es decir en “los pagos” selectos de albarizas o alberos.- Su crianza está reservada a una “heptapolis” del más alto prestigio en el ámbito de la vinicultura universal: Montilla, Moriles, Aguilar, Lucena, Cabra, Puente Genil y Córdoba.
Felizmente aliados a la naturaleza y la mano del hombre, la estirpe de las vides cultivada y el proceso natural de selección y envejecimiento, dan por resultado esa admirable, sensible y deliciosa criatura liquida, zumo de uvas fermentado, generoso por excelencia, que es el vino de Montilla Moriles.
Su noble historia y abolengo, como patrimonio legado de padres a hijos de generación en generación.
Desde la más remota antigüedad, el Montilla y Moriles entran por la puerta grande de la historia española y universal para estar siempre alegrando los más solemnes instantes de la vida de la humanidad.
2.- HISTORIA del VINO/
El origen de las viñas es remoto, los primeros indicios hallados corresponden a los albores del terciario.- La cultura del vino se pierde en los tiempos y está a veces envuelta en leyendas y hallazgos no justificados.-
La vid se cultivaba abundantemente en el delta del Nilo y el vino “ese don de Osiris”, corrió abundantemente.
En la tumba de un faraón muerto hace unos 5.000 años apareció la estatuilla de un esclavo sirviéndole vino para hacer más grato su último viaje.

Podemos afirmar que el vino nunca ha sido un producto agrícola vulgar, su degustación se divinizó en todas las culturas y se introdujo en los ritos religiosos.- Desde SHIVA, hasta el cristianismo, pasando por la larga lista de OSIRIS, DIONISOS, BACO…, el vino, siempre ha ocupado un lugar destacado en la mitología, teología, taumaturgia, medicina y en la cotidianeidad de la vida y la cultura del Hombre.-
Hasta no hace mucho, la vitivinicultura andaluza se ha unido a la llegada de pueblos procedentes del Mediterráneo oriental, especialmente al arribo a nuestras costas de fenicios y griegos forenses.
Recientes excavaciones arqueológicas aclaran que la viticultura bética es anterior al desembarco de estos navegantes.- La vid y el vino ya existían en el Sur de la Península Ibérica antes del siglo VIII a.C.-
Muy recientemente (1985), en costas onubenses se encontraron pólenes de vitis vinigera que tienen más de 3.000 años de antigüedad.-
La llegada de tartesos, egipcios, persas, fenicios, etc. propiciaron un activo intercambio de conocimientos agrícolas y tecnologías y aunque la vitivinicultura existía mucho antes, la probable traída y plantación de nuevas variedades y aplicación quizás de distintas técnicas de elaboración y conservación, seria junto al comercio naval por el mediterráneo, Guadalquivir y atlántico una gran aportación de estos pueblos.-
La producción y consumo del vino era entendida en las Sociedades Mediterráneas como signo de cultura y en consecuencia, la cultura ibérica aun con su propia personalidad no quedó al margen de ello.- Sin embargo el papel jugado por el vino en el mundo ibérico, todavía hoy no está bien estudiado ni comprendido.-
El vino en los rituales funerarios ibéricos está bien documentado en los asentamientos ibéricos de los siglos V y IV antes de C y abarcan un espacio geográfico, al sureste de la meseta, alta Andalucía y noroeste peninsular.-
Dentro de las mismas tumbas o en el entorno de la necrópolis han aparecido restos de materiales que prueban de forma inequívoca, la existencia de prácticas rituales en las que EL VINO fue protagonista y elemento aglutinador social.-

Parece quedar bien aclarado, en trabajos recientes arqueológicos el especial protagonismo que tuvo el consumo del vino en el mundo funerario ibérico tanto en los ritos de enterramientos (banquetes, libaciones, symposia adaptados a la propia personalidad ibérica), que implica un consumo colectivo como formando parte del ajuar del difunto propiamente dicho y por ello con un carácter marcadamente individual.-

De cualquiera de las maneras, en las necrópolis ibéricas ha quedado documentado la existencia de celebraciones en torno al vino en la que se empleo la vajilla griega y en la participan muy determinados grupos sociales que a tenor del ajuar del difunto y de su tipología funerario, debemos asociar a elites caballerescas.
El pretor Lucio Marcio, entró en Córdoba unos 200 años antes de C y conocedor del vino de nuestra tierra, luego lo llevará a Roma iniciándose así un comercio que durará siglos.
Al llegar el siglo II a.d. C. cuando España llegó a formar parte del Imperio Roma los vinos de esta región eran bien conocidos .-
Al Sur de la provincia y sobre todo la capital fue asentamiento con creciente población y las vides eran abundantes, sobre todo a partir de la llegada de Claudio Marcelo (169 a.d.C.) y la conversión en colonia patricia.- Años después, Cesar, fue vencedor en la crucial batalla de Munda (173-45 a.d.C.), que debió ser celebrada con sus tropas y los ricos caldos, esa grata degustación que luego repetida por su sucesor Augusto cuando visitó Hispania (15-14 a.c.)-
Séneca abastece su casa romana con vinos procedente de sus viñedos y bodega de Montilla.-
Es el gaditano , vecino de Séneca, ilustre Lucio Moderado Columela, en su libro “De rustica” quien primero habla de los vinos de esta zona.-
En los ámbitos artísticos, durante los siglos de dominación romana, en toda la Betica y especialmente en Córdoba, colonia patricial, capital de la Hispania, los escultores y decoradores utilizaron frecuentemente en sus obras motivos relacionados con la vid y el vino (mosaico de Baco).
3.- VINO y CULTURA /

El vino siempre ha ocupado un lugar destacado en la mitología, medicina, en la religión, etc., en resumen en la cotidianidad de la vida del hombre.-
La arquitectura, la poesía, la literatura, la música, la pintura, escultura, etc., han tenido al vino como musa inspiradora y como fuente de creatividad.-
Las virtudes saludables del vino han sido también reconocidas desde la antigüedad.-
Acerquémonos en este, por necesidad, breve recorrido, a las raíces culturales del vino ensambladas en la vida del hombre desde siempre..-
VINO y RELIGIONES

Feliciano Delgado nos acercaba hace unos años a esa estrecha relación histórica entre el vino y la religión.
En la antigua literatura del medio oriente el vino está unido de alguna manera a la historia del diluvio.- El mito del diluvio se nos ha contado en dos formas diferentes pero en muchos aspectos concordantes.- El poema mesopotamia de Gilgamesh y en el libro del Génesis.-
El primero en su forma oral se remonta al tercer milenio, cuando los dioses decretan el diluvio, la diosa Ea revela al héroe UT-Napishim lo que va a suceder y fabrica un navío para escapar de las aguas.- Para animarle al trabajo dice: “ofrezco a los artesanos el zumo de las viñas, el vino rojo y el vino blanco para que lo beban como las aguas del río…”.-
En el Génesis el vino aparece después del diluvio, y a Noe como inventor de la viticultura.-
Los egipcios atribuyen a Osiris, padre de Horus, dios de la agricultura la invención del vino.-
Los griegos atribuyen a Dionisos el descubrimiento del vino.-
El empleo religioso del vino está atestiguado en todas las culturas del cercano oriente.-
En la religión mesopotámica, como en otras de oriente y fenicia, la principal fiesta era la del año nuevo y el centro de la fiesta consistía en beber vino hasta embriagarse, una especie de orgía sagrada, creando un caos que siempre iba seguido de una nueva creación.-
En la cultura judía el vino se empleaba de forma normal en las comidas y se llevaba en los viajes.

La sacralización del vino junto a la del pan sería una característica esencial de la doctrina cristiana, la institución de la eucaristía aparece en Mateo (26,26-29) y Lucas (22, 15-20) que dependen del texto de Marcos y San Pablo.-
La figura de un dios del vino, tal como nos ha llegado, tiene un nombre fundamental BACO o DIONISIOS.

Existen así mismo prohibiciones religiosas del vino, sabemos por el antiguo testamento que existían los “Nazaritas” que tenían un voto permanente o temporal de no beber vino (Jeremías 13, 5,7) o los “Nabateos” que nos dejaron las maravillas de la ciudad de Petra que se abstenían del vino y uno de sus dioses era “.. el dios que no bebe vino”.
Pero la religión más extendida con prohibición del vino es la musulmana, Mahoma al principio de la formación de su religión no prohibía el vino pero posteriormente en una revelación dice “… creyentes: el vino.., no es sino abominación y obra del demonio! Evitadlo pues ¡ quizás así prosperéis..”.- La prohibición del vino, aunque aceptada universalmente en el Islam creó disputas entre las diversas escuelas jurídicas islámicas.-
Todos conocemos la especial situación y tolerancia del Islam en relación al vino en el Al-Andalus y en Córdoba, Pepe Cobos nos recuerda en sus notas como los frailes Benedictinos que existían en Córdoba en el siglo X agasajaban a los jóvenes musulmanes agrupados en sus rondallas, al finalizar sus paseos cordobeses, y así a la hora del alba, encontraban abiertos los conventos benedictinos.- Pasaban al claustro y pedían a los frailes .. “por amor a Alá” alguna bebida con la que refrescar sus gargantas, aún a sabiendas de las prohibiciones del Corán, los fraile hacían pasar a los muchachos al refractario y sacaban un gran jarro con vino de Montilla, pálido, fresco y lo hacían pasar de mano en mano de boca en boca.-
Los hijos del Islam encontraron una discreta manera de beber buen vino sin escandalizar a los juristas cumplidores de los preceptos coránicos, cuentan las crónicas que esa actitud acogedora de los frailes y los buenos caldos de Montilla, hicieron el milagro: muchos de aquellos muchachos trovadores terminaban convirtiéndose al cristianismo.-
EL VINO en la SOCIEDAD:
No podría dejar de hacer, aunque de manera breve y resumida, un recuerdo entrañable a ese mundo de las tabernas cordobesas.- Creo que en Córdoba, pocas cosas discurren o se plasman lejos del mundillo de las tabernas.- Alrededor de ese vino dialogado, en la serenidad de la taberna cordobesa, transcurren y han transcurrido muchos encuentros amistosos, se habla de todo con pausa y hondura.-
De la mano de mi buen amigo del alma Antonio Povedano, guiado por su sabiduría vital, labrada a lo largo de años, hemos recorrido juntos muchos de esos rincones donde la liturgia del vino, se une a la liturgia de la amistad, a la liturgia de cada día de ese vino dialogado, de esas tertulias con un grupo de amigos entrañables, como vuestro paisano Agustín Gómez, Manuel López Alejandre, Miguel López, etc , de ellas han partido ideas, proyectos, encuentros, que sin pretensiones grandilocuentes, nos han ayudado a ser más felices.
¿Cómo olvidar nuestro ratos en la taberna de Rafael Guzmán en la calle Judíos?, buen ejemplo de la auténtica bodega-taberna, Pepe el bodeguero nos ilustraba del cuidado y el mimo que los vinos necesitan, con su olfato especial del que siempre se jactaba, junto a esas añosas botas, no faltaba casi nunca el guiño flamenco, allí al lado de la imagen de José Moreno Onofre sobre un barril, que un día de tertulia el pintor Povedano dejó plasmada.-
En nuestro peregrinar tabernero desde el principio íbamos “recalando” por bellos rincones, Pepe de la Judería, Taberna del Pisto en San Miguel, taberna de la Sociedad de Plateros junto al Museo Arqueológico, Taberna de Pepe el Feo, El Gallo, Mesón de Juan Peña, Taberna de Pepe Salinas en el Arco de Almodóvar, etc., etc..-
En la taberna de Pepe el de la Judería, saboreé sus silencios y su saber estar.-Muchas noches después de una larga jornada laboral, buscaba en su taberna, sentado en sus mesas de mármol, en el equilibrio blanco de su arquitectura popular, junto a su sugerente patio, buscaba digo unos momentos de serenidad, de sosiego de armonía con lo que me rodeaba y siempre saboreando una buena copa de Montilla, de vino “en rama”.
En la de Pepe “El Pisto” entre medio y medio, se empapa uno de la tradición, allí se respiran aires calientes del rico pasado que huele a toros y flamenco, en la Pepe Salinas y Juan Peña, vivimos momentos entrañables, muchas veces subyugados por el toque de Vicente Amigo, Pepe Sacristán, Rafael Trenas y no raras veces con esa espontaneidad de Juan Peña cuando se arranca por fandangos o ante la sobriedad del cante por soleares de Séneca y algún que otro “espontáneo”, más o menos voluntario.-
Como no emocionarse al recordar las noches entrañables que pasábamos en El Patio de San Basilio, donde al Asociación de amigos de los patios cordobeses tiene su cede y allí en un rincón entrañable, que el Consejo Regulador Montilla-Moriles, de la mano de Manuel López Alejandre, mantiene como un relicario, allí junto al bocal del pozo y al pie de la escalera que preside el patio, hemos vivido momentos mágicos, siempre saboreando una copa de vino de Montilla y casi siempre arropado por el toque de una guitarra amiga o de un cante al filo de la media noche, y allí cada año, recibíamos como si de un rito tribal se tratara, ese Mayo cordobés, que como el azahar envuelve todo lo que rodea y nos habría de embrujar para siempre.
Tabernas de Córdoba, Tabernas de Montilla, Casa Lorenzo de Castro, Templos donde entre copa y copa, silencios, sugerencias, se abre el milagro de ese vino dialogado, ese vino de la amistad, que engrandece el corazón del hombre y nos ayuda a ser más felices.-
Como nos comenta Pepe Cobos, que de eso sabía, la “… taberna cordobesa es ágora, mentidero y hasta un poco academia y participa en cierto modo de todas las ventajas del bar y del casino, sin ninguno de sus inconvenientes.- Se charla y se bebe pausadamente y la reunión transcurre por cauces naturales de exquisita corrección y señorío…”
Y es en esas tabernas, donde junto a ese vino dialogado, ese vino de la amistad, surge en muchas ocasiones el milagro y la magia del Flamenco, esa liturgia del dolor “que sube al rostro del cantaor empujado desde las entrañas..” en palabras de Antonio Povedano, se hace realidad en el rincón de la taberna.-
En la mente de todos están aquellas palabras de Manuel Machado (cante Hondo 1912) “…vino, sentimiento, guitarra y poesía, hacen los cantares de la tierra mía, quien dice cantares, dice Andalucía…”.
El cante y el vino siempre han ido de la mano, el buen cante como el buen vino no admite mezcolanza, es su autenticidad los que lo hace diferentes.- Un vino puro, sin trucos de laboratorio es el vino que mejor le va al cante de verdad, solo hay un vino : “… el de la verdad”, el que se saborea en el cuarto de los cabales.
Ciertamente entre cante y vino existe una simbiosis artística y social que se remonta a los orígenes del flamenco como decía Félix Grande “vino profundo, como el amor, la música, el lenguaje, vino fino como el fandango o los cantes de ida y vuelta, “oloroso” de mucho cuerpo como una soleá o una seguiriya en que la boca sabe a sangre, o Pedro Ximenez “dulce” como una malagueña o melodiosa petenera.-
Mi querido amigo y presentador Rafael Cremades, nos recordaba hace dos años en su emocionado Pregón, ese hermanamiento entre los distintos palos del cante y las diferentes variedades del vino.
Pepe Cobos inmortalizó esa especia de unión conyugal, con una idea afortunada que bautizan esa unión como CATA FLAMENCA, que cada año organizan la Peña Flamenca de Montilla “El Lucero”, uno de los más importantes de la geografía andaluza, donde en esa “cata” hay un hermanamiento entre el “buen cante” y “el buen vino”.
El flamenco siempre acompañó a esta gran fiesta de la vendimia de Montilla, desde los inicios se acompañaba de la cata Flamenca, donde maestros del cante como D. Antonio Mairena, Fosforito, Camarón, Enrique Morente, Menese, Paco de Lucia, etc., fueron hermanando con su hondura y su arte el vino y el flamenco.-
El VINO en las LETRAS//

Las alusiones a los vinos de Montilla abundan en la literatura española desde un Dámaso Alonso cuando comentaba… “allí, entre bullicio, estaba yo sentado bebiendo de noche, bebiendo fiesta popular y también bebiendo media botellita de Montilla ¡qué vino! o un Camilo José Cela, que quedó prendado por las virtudes y excelencias del vino, cuando recordaba en su papel de vagabundo viajero, estas tierras y estos vinos… “El vino de Montilla es suave y transparente, aromático y rubio, sabroso y de buen beber..”, este vagabundo viajero “ se metió en una bodega donde hizo amigos y al vaso número equis empezó a volar con las alas del Arcángel San Rafael hasta Monturque, no sin antes recordar en su gloriosa jornada de Montilla, con un poco de aplicación, hubiera podido caberle más vino en el cuerpo”.
Un gaditano insigne, gran poeta y dramaturgo, creador incomparable, al que en años de mi juventud tuve la suerte de conocer y admirar D. José Mª Pemán, fue un enamorado de vuestros vinos y soñó en vuestras bodegas y lagares, donde fue capaz de aprehender el misterio, la hondura y la solemnidad que de ellas dimana, lo que dejó reflejado en su poema titulado “Interior de Bodega”.
Otro poeta gaditano, Rafael Alberti, que con su “Marinero en Tierra” escrito en tierras cordobesas, alcanzara en su juventud el premio Nacional de Literatura, también añoraba en su destierro argentino, los caldos andaluces de Jerez, Sanlucar y Montilla.-
Más recientemente nuestros poetas actuales cordobeses han ensalzado y cantado al vino de Montilla.
Ese vino, labrado en la rica soledad de la bodega, sugerente en recuerdos dormidos, ese vino oloroso, es cantado por mi sobrino y poeta Federico Abad:
OLOROSO

El silencio hizo ahogar

Todo cuanto te turbara

Para que el roble velara

Sueños de un oscuro mar

Esta noche, al paladar

Viene tu oleaje dormido,

Por un trago he descendido

A una solera en penumbra

Donde solo se vislumbra

La isla quieta del olvido.

El vino se hace recuerdo familiar en ese poema de Francisco Carrasco, con esa grandeza elocuente de las cosas sencillas.
POEMA del VINO

Después de la mañana, el evangelio

Y otras cosas sencillas.

Veníamos del colegio domeñando

La luz que nos cundía.

En las manos traíamos la cuerda más propicia

Con que amarrar el tiempo imprevisible

Y ardían las palabras al llegar al recinto

Donde estaban las cosas cotidianas.

Venía yo agarrado a mis catorce años,

Distribuyendo el día, y ya mi madre

Me inquietaba el sigilo con el lema:

El vino de papá.

Calle del Buen Suceso.

Yo volvía abominando de tantas imposturas,

Del vino, la bodega y de aquel buen señor

Que me daba recuerdos familiares.

Y ya otra vez en casa

La botella, mi padre y sus celebraciones

Me decían que aquello era el don de vivir.
Luis Jiménez Martos, que en su nostalgia cordobesa, se acerca al misterio, de ese viviente que fue joven mosto, que en la sombra, la madera y el silencio se hace un vino viejo:
A UN VINO VIEJO

Has esperado mucho entre la sombra

El olor, la madera y el silencio,

Ocultando tú edad, solo memoria

De una niñez de viñas y alto cielo

Como en un pozo que de sed se ahonda,

Como en una prisión, redondo cerco,

Tuviste y retuviste ¿Cuántas horas

Libre del sorbo ritual del tiempo?

La luz a que has nacido es quien te borra

De repente descubres que eres viejo,

Aunque brilles tan mozo en esa copa,

Breve ataúd del brindis donde has muerto.
O aquel otro poema de mi querido amigo y compañero Antonio Varo Baena, buen embajador montillano, que es capaz de apreciar ese vino dialogado, ese vino de la amistad, que se hace halito, fuerza, megáfono vital:
Vivir, beber, en un soplo de vino oculto

Beber, sentir la mano ardorosa del cuenco

Único instante crudo, fiel, que traspasa

la boca como oxidado puñal el cuerpo

Humedad, tersura, nube, oleoso hilado

De amargura evadiendo el silencio.

El vino es algo más que la sencillez

Del sustento, de un tiempo compartido.

Hálito, fuerza, metáfora simple

De la vida, arco iris de sabores,

Ecléctico color del universo.

4.- ASPECTOS SALUDABLES/
El viejo Hipócrates (460-377 a.d.C.), padre de la Medicina decía: “el vino es cosa apropiada para el hombre, en salud como en enfermedad, se le administra con tino y justa medida”.-
Ya San Pablo hablaba de los beneficios de la digestión, al decirle a Timoteo: “deja ya de no beber más que agua.- Toma un poco de vino causa de tú estomago y tú malestar”.
El poder bactericida del vino ha sido reconocido desde hace tiempo.-Los Sumerios utilizaban ya, bálsamos y pomadas a base de vino y nuestros antepasados se servían de ellas para lavar heridas y desinfectar.-
Olivier de Serres dejó escrito hacia 1600, en su tratado de Agricultura, algo que el tiempo se ha encargado de confirmar …”después del pan, viene el vino, segundo elemento entregado por el creador para la conservación de esta vida, y el primero celebrado por su excelencia..”.
Algo, que 1000 años antes de nuestra era ya había sido relatado en el libro Eclesiastés de las Sagradas escrituras, cuando se admitía que el vino era un alimento de primera necesidad, tan indispensable como el pan:”… ve come alegremente tú pan y bebe con gusto tú vino”.
En el siglo XVIII, el de la Ilustración, todavía está muy extendida la idea de estrecha relación entre vino y salud.
El viajero médico y sacerdote Joseph Townsend, autor del libro Viaje por España, hecho en los años 1786-1787, atribuye las muchas enfermedades que padecen los asturianos de aquel tiempo a que en su dieta apenas aparece la carne y el vino… “solo beben agua…” dice con ello, pretende dar la clave de los endémicos.
El Rey Carlos III, a pesar de su reputada frugalidad, no se privaba de un vasito en la cena, cuenta el Conde de Fernán Núñez: “…cenaba siempre una suma de cosas, su sopa, un pedazo de asado, generalmente de ternera, un huevo fresco, ensalada y una copa de vino dulce en el que mojaba dos pedacitos de miga “.
Ese poder bactericida que antes aludíamos ya era referido cuando en la campaña de Prusia (1807), según nos reveló el Diario de Perey se distribuía al ejercito, cuando había epidemias de disentería:”la disentería hace progresos.-el ejercito sufre de ellas, pero débilmente, se distribuye vino a las tropas porque es el mejor preservativo”.-
También en la época carolingia, el régimen ordinario de los enfermos y ancianos acogidos en los asilos de los monasterios, comprendía reconfortables y sabrosas “sopas de vino”, sopas de las que Juana de Arco, gustaba tanto, según se cuenta.
En las últimas décadas y a raíz de diversos estudios científicos de un grupo internacional de epidemiólogos, se puso de relieve la importancia de la dieta y de los estilos de vida mediterráneos, entre los que se incluía el consumo de moderadas cantidades de vino con las comidas.
Sin duda uno de los aspectos más novedosos en relación a esa toma moderada es el beneficio del vino en el metabolismo de los lípidos (colesterol) y sobre la enfermedad coronaria.
En la actualidad, se sabe que el consumo moderado y juicioso de bebidas alcohólicas resulta beneficioso de forma global para la salud, y que la relación entre mortalidad total y de causa cardiovascular y el consumo de bebidas alcohólicas sigue una curva en “U”, lo que significa que el consumo moderado tiene un efecto beneficioso mayor al de la propia abstención y que ese beneficio se pierde cuando el consumo se exagera.- Ese consumo moderado significaría en termino medio entre 30 y 50 gramos de alcohol al día (unos 400-500 cc de un vino de 12º al día).
Recientemente se han descrito otros beneficios saludables de distintos componentes del vino (poli fenoles entre otros), en relación a fenómenos trombólicos, papel antioxidantes, papel tumoricida, etc.
Pasteur a quien no se puede negar que sabía lo que era el vino, afirma que “era la más sana e higiénica de las bebidas”.- Sin embargo, periódicamente hay unas campañas grandes incluso a nivel oficial en casi todas las Naciones, contra el consumo del vino, acusándolo de grandes males al organismo humano, cirrosis, inapetencia, etc., conjunto de males que se engloban en un apelativo “EL ALCOHOLISMO”.
¿Cómo conciliar estas dos tendencias? ¿Quizás sea imposible conciliarlas? ¿Cómo explicar que existen dos tendencias tan contrapuestas?.- Quizás esto pueda ser más sencillo, porque el acto de beber tiene dos entes en presencia: “el vino y la persona que lo bebe”, y lo males del alcoholismo se deben a la persona, no al vino, porque la persona que bebe o debía beber porque su organismo no es apto para metabolizar convenientemente el alcohol o bebe más de los que su organismo puede soportar.
Desde la antigüedad hemos aprendido la moderación en el uso y consumo, como clave para su goce y para obtener sus beneficiosos efectos y hemos aprendido a través de los siglos a relacionarnos equilibradamente con el vino y hemos aprendido incluso en nuestra tradición cristiana entre los textos bíblicos, la forma de prevenir el abuso de no incurrir en el exceso, precisamente para evitar sus aspectos negativos.
En los últimos 20-30 años, podemos decir que han existido algunos cambios importantes en este sentido.
Quizás la influencia anglosajona y la colonización cultural de los últimos años, ha traído el hábito de consumir bebidas más fuertes de ingesta muy rápida y muchas veces desmesurada en los fines de semana.- Una cultura que además nos ha traído algo que no teníamos quizás en nuestra tierra, como es la evasión esporádica del mundo diario, la ruptura con la vida cotidiana y no precisamente en la integración y en la armonía que siempre ha estado en la raíz de la cultura mediterránea.
Por eso quizás estemos también asistiendo dramáticamente a ese incremento del alcoholismo juvenil y adulto con rápido ascenso que está dando incluso lugar a la aparición de patologías nuevas o que está creando un problema sanitario y social serio.
El alcoholismo es sin duda igual que la droga, una drogadicción que precisa de un tratamiento sanitario y de un enfoque social.
Es por ello importante como ocurre en otras facetas de la educación sanitaria, que el conocimiento y la divulgación científica sobre los efectos beneficiosos y perjudiciales de nuestros alimentos o conductas de vida, sean el elemento fundamental de educación sanitario que puedan mantener el equilibrio necesario que hagan del vino un complemento de nuestra estabilidad.
En los últimos años como decíamos se ha producido una gran invasión de consumir bebidas más fuertes, quizás en cierta manera paralela a la colonización cultural por el mundo anglosajón.
Esta ingestión descontrolada que de manera especial ha incidido en la juventud favoreciéndola a la vez por la publicidad machacona bien diseñada ha permitido un crecimiento muy rápido.-
Por otro lado quizás no ha existido una información adecuada especialmente a los jóvenes sobre los aspectos sanitarios y positivos del consumo del vino natural de manera juiciosa y moderada frente a ese consumo de bebidas más fuertes que les perjudican extraordinariamente.
Ello ha conllevado, que lejos de aplicar la tradición y los hábitos heredados de nuestras viejas culturas, en el que el vino tomado con moderación y muchas veces en compañía, ese “vino dialogado”, en el decir de algunos, que como otras cosas de nuestro hábitos o costumbres ha hecho que los hombres sientan, amen, canten, alrededor de una copa de vino, donde el vino no es el que cuenta y si el sentimiento, la amistad o el cante.
Y que desde la moderación, la templanza, el equilibrio, desde el conocimiento y la información adecuada, desde la sensatez que la vida nos impone y en la que deseamos ser capaces de recuperar nuestra propia identidad como hombres libres, fieles a nuestras raíces culturales y no doblegados a tiranías impuestas.
Desde esa búsqueda de la armonía con todo lo que nos rodea, sepamos considerar el vino como signo de civilización y cultura, fuente de amistad y convivencia, complemento de nuestra sana manera de vivir y que desde su moderada utilización nos ayude a ser FELICES, como deseaba … SIR ALEXANDER FLEMING.
EPILOGO/
Cuando vuestra alcaldesa Dª Rosa Lucia Polonio, me invitó a participar como PREGONERO de vuestra FIESTA de la VENDIMIA, sentí una gran ilusión de poder este año compartir con vosotros estos momentos tan entrañables y que tanto representan para la historia de esta gran ciudad y sentí la gran responsabilidad de poder corresponderos como vosotros merecéis, de estar a la altura de tan ilustres pregoneros que en citas anteriores han cantado al vino y a vuestra tierra.
Hace unos años (1987), en una conocida taberna cordobesa, escribíamos en un viejo tonel: ”EL MEJOR TESORO: UN CORAZON AMIGO”,con ello queríamos y quiero en estos momentos sintetizar mi hondo sentimiento de la amistad, donde se encierra gran parte de lo que da sentido a nuestras vidas.
Con ese deseo, os dejo mi corazón amigo y me uno con vosotros en el deseo más ferviente de que esta noble ciudad de Montilla, sea capaz de continuar con un futuro prometedor y que vuestra capitana, Nuestra Señora de las Viñas, extienda su manto sobre vosotros y vuestros hijos para avanzar por ese camino de prosperidad que todos os merecéis , poniendo en marcha nuevas ideas, nuevos proyectos, que impregnen el alma y el corazón de los más jóvenes, porque el futuro está claramente en sus manos, en esa sabia nueva, que apoyándose en viejas soleras, hagan alumbrar nuevos caminos.
Hoy, esos jóvenes, esa sabia nueva y renovada están representadas en Carmen Mª Bellido Pedraza, vendimiera mayor y en sus damas de honor Srtas.: Dévora Mesa Santos; Aurora Marías Lao Salas; Fátima Luque Albornoz; Gema Rasero Maqueda; Irene Aguilar Castellanos; y Lorena Ruz Priego.
Ellas representan ese vino joven, cristalino, con ese aroma sugerente que destila una fragancia especial, la que sale de sus jóvenes corazones continuadores de esas viejas soleras, pero aportando la fé, la esperanza, el sentimiento profundo de abrir nuevos caminos.- Ellas y la juventud que representan serán capaces de crear ese futuro ilusionado.
Y para deciros adios, dejadme que brinde con vosotros en esta nueva Fiesta de la Vendimia que hoy abre sus puertas.
“Es la hora más vieja de la tarde.- Por lentas colinas va bajando la luz hacia los pueblos.-Ya se oye el badajeo de la campana amiga, en la lejana potestad del viejo campanario.- Van bajando los hombres a la querencia amiga de puertas y ventanas.- Vienen cansados, con tanta luz caída por la frente.- De tantos soles viejos y en la dolida sangre, tiembla aún la agostera del verano.- Huyeron los crepúsculos entre el malva, el naranja, el violeta de los años ya idos a otros tibios recuerdos.- Queda la mansedumbre del campo, al amparo de las sombras que se agachan, entre las hojas tiernas de verdes pampanales, y en las maduras ubres, al cobijo del sueño, crece la espuma breve del silencio.- El tiempo se ha dormido, a los vibrantes roces de afilar las navajas de los grillos eternos, que enhebran en el aire caliente del solsticio, las palabras de siempre.- El decir de los días que tanta devoción dejaron en el alma encendida de vuelos, que llenaban las tardes más antiguas de leves golondrinas que volvían de las viñas.- Ya todo está en su sitio.- El aire es la armonía.- Los racimos pronuncian una nueva alegría.- La noche se cobija por el fervor del agua.

Las tinajas se dan con unción casi humana.

Mañana abre sus puertas la vendimia”.
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Pregón de la Vendimia de Montilla (Manuel Concha)

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