Características de los géneros literarios






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fecha de publicación06.09.2015
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CARACTERÍSTICAS DE LOS GÉNEROS LITERARIOS.
I. LA POESÍA LÍRICA.
1. Características generales de la poesía lírica.
La poesía es el género que afirma con mayor claridad el carácter específico de la literatura, su distancia respecto del lenguaje cotidiano. Es una creación que no pretende describir la realidad o parecerse a ella, sino constituirse en una propuesta aparte, un mundo con sus propias normas.

En comparación con la narrativa y el teatro, que son géneros dinámicos en los que dominan la acción y la peripecia, la lírica es una manifestación mucho más estática. Los poemas no suelen “contar” nada, no presentan un verdadero desarrollo argumental. Al no haber acciones, el tiempo importa muy poco: es raro que en un poema el tiempo transcurra verdaderamente.

Por ello, y a diferencia de lo que ocurre con los demás géneros literarios, a la lírica no se le exige verosimilitud, lógica causal. Su terreno no es ése, sino el de las emociones: el poema pretende, ante todo, transmitir un determinado estado de ánimo.

Otro rasgo propio de la lírica es la inmediatez: ante el poema, el lector se siente en contacto directo con los sentimientos de que habla el poeta. Las palabras van creando para el lector un mundo de emociones, que sugieren la existencia de una experiencia real que el lector debe captar.
2. Punto de vista.
La lírica suele presentar una voz que habla como si no hubiera testigos, como si se encontrara a solas consigo misma. El poema vive la contradicción de difundir lo más íntimo, aquello que aparentemente no puede ser dicho de viva voz; en otras palabras, la lírica convierte la experiencia privada en experiencia pública.

El poeta crea una voz que hable en el poema: como un actor, esa voz dice un monólogo, encarna unas vivencias y finge hallarse en completa soledad. La poesía lírica lleva a cabo la dramatización de un “yo”.

En cada poema, el poeta construye una voz que habla por él, pero que no necesariamente expresa lo que el autor siente en ese momento. Un poeta puede escribir una pieza inolvidable sobre la tristeza sin necesidad de estar triste. Incluso cuando el autor está hablando de una experiencia personal, tal circunstancia no impide que le atribuyamos al poema una interpretación más general.

3. Lengua literaria.
3.1. El verso.
La emoción e inmediatez de la lírica son el resultado de la tarea del poeta: son artificio. Gracias a su habilidad con las palabras, los poetas logran que sintamos con ellos. El poeta fija una experiencia con unas palabras que ya no podrán ser cambiadas, si queremos que su emoción permanezca tal y como la ha creado el poeta. Las palabras del poema serán inmutables, escogidas para permanecer en la memoria. Por este motivo, el orden y la simetría del lenguaje es el recursos fundamental del poema.

El verso es el modelo de orden más evidente. La lengua cotidiana y la prosa se organizan en series delimitadas por pausas que realizamos en la conversación: constituyen grupos fónicos. El poema, por el contrario, dispone las palabras de un modo específico, con unas pausas muy especiales.

Cada grupo de palabras tiene una extensión determinada, impuesta por la estrofa. La pausa de final de verso concede especial relieve a una serie de palabras, caracterizadas además por la rima. Al distribuir las palabras en versos, el poeta altera los grupos fónicos de la prosa y de la lengua cotidiana.
3.2. Rima y ritmo.
La rima se basa en la repetición de una serie de sonidos a final de verso. Con ella no sólo se ayuda a grabar el poema en la memoria del lector, sino que se señalan vínculos entres palabras, pues prestamos mayor atención a los términos que riman.

Otro importante artificio basado en la repetición de un determinado esquema es el ritmo, consistente en una distribución regular de las sílabas tónicas y átonas a lo largo del verso. No toda la poesía presta la misma atención al ritmo, pero muchos poetas se han esforzado en repartir armónicamente los acentos de cada verso.
3.3. Las imágenes: metáfora y símbolo.
Si pasamos de lo fónico a lo semántico, de la voz al significado, observamos que el patrón dominante sigue siendo el de la repetición. La figura retórica más característica de la poesía es la metáfora, y este recurso es otro tipo de paralelismo: se ponen en relación dos entidades que mantienen algún tipo de relación, utilizando una para designar a la otra. Ambos términos se aclaran y matizan de forma recíproca. Con la metáfora, se da una visión distinta del elemento sustituido, pues sus rasgos se completan con los del elemento metafórico que lo suplanta.

Hay metáforas que se repiten constantemente con el mismo significado, de tal modo que nunca varía la relación entre el término metafórico y el término real. Entonces, ya no hablamos de metáfora, sino de símbolo, como el río que representa el transcurso del tiempo de la vida o la rosa que sugiere la belleza de la juventud. El símbolo alude, con mayor frecuencia que la metáfora, a verdades universales de la vida, de ahí que los mismos símbolos reaparezcan en la poesía de épocas distintas. Quizás las razones de este fenómeno se deben a que el símbolo, por su uso reiterado, parece sugerir de un modo más objetivo e inmediato el elemento real al que se refiere.
4. Subgéneros líricos.
-Canción: poesía de tono apasionado en la que el poeta expresa sus sentimientos en relación con temas diversos (amor, religión, melancolía...).

-Égloga: composición protagonizada por unos pastores, en la que, de manera idealizada, dialogan sobre sus amores y la vida del campo.

-Elegía: poesía en la que el autor lamenta la muerte de una persona o el desarrollo de un triste acontecimiento. Generalmente, se compone en tercetos o versos libres.

-Epístola: composición en la que el autor lamenta la muerte de una persona real o imaginaria, en forma de carta poética, con la finalidad de satirizar, instruir o moralizar. Se suele utilizar el verso libre o los tercetos.

-Epitalamio: composición en la que se conmemora la celebración de una boda.

-Himno: poesía en que se alaba, elogia u honra a algo o a alguien.

-Oda: composición de tono solemne y elevado al igual que el himno, que trata temas que despiertan la reflexión del poeta.

-Sátira: composición en la que se ridiculizan o censuran diversas cuestiones (personas, hechos, vicios, defectos...).


II. LA NOVELA.
La novela es, básicamente, un texto narrativo de cierta extensión. Según esta definición, su intención, como la de cualquier otro texto narrativo, sería contar un hecho. Los medios para contar una historia son diversos, sólo se necesita:

  • Un narrador que cuente los hechos.

  • Un emisor al que se dirige.

  • Una historia que contar, es decir, un argumento.

  • Unos personajes.

  • Una estructura.



1. Lengua literaria.
Los rasgos morfosintácticos generales que comparten la novela o el relato de cualquier época son:


  • La narración aparece íntimamente unida a la descripción y al diálogo. El diálogo permite mayor apariencia de objetividad por cuanto el lector tiene la sensación de conocer a los personajes por lo que dicen.

  • Así como en la descripción abunda el estilo nominal y los verbos copulativos, en la narración el autor, a no ser que quiera detener la acción, utiliza verbos y sus complementos.

  • Los tiempos verbales permiten al autor jugar con el tiempo narrativo, es decir, con el que corresponde a los personajes en relación con las acciones que se están describiendo. Además del presente o del futuro de indicativo cuyos usos parecen obvios para referirse a acciones o situaciones actuales o venideras, el narrador hará un generoso uso de los pasados. Así, puede utilizar el pretérito imperfecto para las descripciones, las acciones que se repiten con frecuencia o una acción del pasado que todavía no ha terminado. Con el pretérito indefinido indicaría que una acción ya está terminada, mientras que con el pretérito perfecto compuesto señalaría que, aunque la acción está acabada, aún permanece sin acabar para el narrador.


2. Punto de vista.
El narrador puede emplear distintas técnicas para construir su relato:


  • Narrador omnisciente: el narrador lo sabe todo sobre los personajes, sobre su pasado y su futuro. Por ello puede intervenir cuando le parezca, emplear juicios de valor no justificados por lo que se ha dicho hasta entonces, dar sus opiniones interrumpiendo el discurso narrativo, saltar adelante o atrás... Es decir, saber cosas que el lector no puede conocer por lo que se ha contado hasta ese momento o ponerse a dialogar con el lector.

  • Narrador ausente: el narrador pretende que el lector vaya conociendo a los personajes sólo a partir de lo que se cuenta, a partir de lo que éstos hacen o dicen.

  • Técnica mixta: aun cuando el novelista se mantiene al margen de los hechos narrados y del comportamiento de los personajes, a veces interviene para dar opiniones, sea poniéndolas en boca de alguno de los personajes o con acotaciones y explicaciones sobre su forma de hablar o actuar.

  • En lo que se refiere al destinatario de la obra, no siempre existe coincidencia con el lector. A veces parece un intermediario entre el emisor y el lector. Es decir, la novela no está “dirigida” a cualquier lector (u oyente), sino sólo a uno. Nos encontramos así con el narratario, persona a la que aparentemente va dirigido el mensaje, como en el “Lazarillo de Tormes”, que es una carta a un “Vuestra Merced” que nunca aparece en el texto.


3. Estructura.
El narrador elige también cómo organizar su relato, es decir, cuál es la forma que considera más acertada para interesar al lector. Puede optar por las siguientes estructuras:


  • Lineal: nos cuenta los acontecimientos tal y como van sucediendo , ordenados de principio a fin.

  • In media res: se comienza el relato a la mitad o en un momento clave para retroceder en el tiempo y, luego, volver a avanzar desde donde se había comenzado.

  • Circular: el relato termina como empezó, a veces retomando las mismas, o casi las mismas, palabras del inicio.

  • Caleidoscópica: el relato es un conjunto de las diversas historias de un gran número de personajes y, conforme va progresando, establece una serie de relaciones cada vez más complejas entre estos personajes y sus historias.


III. EL TEATRO.
El género teatral o dramático se basa en la representación, ante un público, de un hecho real o ficticio por medio de la actuación y los diálogos de los personajes que lo protagonizan. El texto teatral comparte algunos caracteres con la narrativa, como la estructura interna, la ambientación o los personajes. Otros, en cambio, son propios de este género literario, porque el teatro es un espectáculo de actuación y, como tal, se produce en el presente, en presencia del espectador y con su participación en la creación misma . En consecuencia, difiere de los otros géneros en que los personajes componen con su actuación y con el diálogo la historia ideada por el autor, quien, mediante las acotaciones, plantea la representación de la obra.

La materia viva del teatro es el hombre (actor) con su cuerpo , movimiento, gesto, voz, etc. Palabra, gesto y movimiento constituyen la esencia del teatro junto con todos los demás elementos que integran la representación (decorados, vestuario, escenografía). Puede decirse que el director de una obra y los actores son unos lectores intermedios de la obra de teatro, que interpretan la obra para hacerla llegar al público.
1. Lengua literaria.
La disposición para ser representada es el rasgo diferencial más destacado en la obra dramática, que se formaliza en:
-un discurso principal dialogado de carácter literario;

-un discurso secundario, las acotaciones, de carácter personal, que aporta la información del autor para la representación de la obra.
El diálogo dramático se diferencia del diálogo cotidiano y del diálogo narrativo por las siguientes peculiaridades:
-se expresa siempre en presente;

-profusión de la deixis personal y espacial;

-desarrollo de la historia vivida por los personajes a través de sus intervenciones dialogadas;

-ausencia del narrador.
El lenguaje de los diálogos es un lenguaje directo y con referencias continuas a la situación inmediata (contexto escénico):
-los índices de persona (yo, tú), que figuran siempre en el diálogo directo, crean las distancias entre los actores y marcan las posiciones relativas en el espacio y en el tiempo;

-en torno al yo y al , se divide el escenario mediante los demostrativos y los adverbios este, ese, aquí, ahora, luego, después, etc.

-el tiempo verbal está siempre en presente de indicativo en los diálogos.
Las acotaciones permiten orientar la puesta en escena de una obra de teatro. Todo lo expresado lingüísticamente por el autor se refiere al montaje de la obra en un escenario: el movimiento de los personajes y su descripción y actitud, el decorado, la iluminación, la música, los ruidos, etc.
2. Punto de vista.
El narrador queda oculto. Describe, narra, habla de sus emociones... a través de sus personajes.
3. Función predominante del lenguaje.
Es la apelativa o conativa. Se centra en llamar la atención del receptor. Desde su origen, el teatro tiene un carácter social, se trata de un fenómeno colectivo. Cuando el pueblo se reúne con fines lúcidos y no meramente religiosos, es el momento del nacimiento de este espectáculo que, en muchos momentos, es simple reunión social. La fuerza del espectáculo teatral hace que la censura, las ordenanzas y las reglamentaciones lo hayan asediado desde su nacimiento.
4. Estructura externa.
La trama argumental se reparte en actos y escenas. Los actos son cada uno de los episodios que se producen en un mismo lugar y tiempo.

La incorporación o la desaparición de un personaje o más, en un momento dado de la trama, origina el desarrollo de una escena nueva.
5. Estructura interna.
Una diferencia fundamental entre el drama y la narración estriba en el tratamiento dado al tiempo. Frente a las posibilidades casi infinitas de manejar el tiempo en una trama narrativa, el tiempo teatral es siempre un tiempo concentrado. El teatro permite a duras penas crear la ilusión del paso del tiempo, porque la representación transcurre en un tiempo real, ante los ojos del espectador.

La misma distribución de la obra teatral en actos (o también jornadas en el Siglo de Oro), es una forma de ordenar y facilitar la impresión del paso del tiempo. Cada acto tiende a suceder a lo largo de un tiempo lineal, que se ofrece en su duración exacta ante el público. Entre el final de un acto y el inicio del siguiente suele transcurrir un lapso temporal, lapso que no es representado y que descubriremos en las palabras de los personajes o el cambio de escenario. Ese tiempo que no se representa, que se pierde entre un acto y otro, resulta imprescindible para el avance de la acción, sobre todo si ésta cubre un período cronológico amplio.

El número de actos de las obras teatrales ha variado a lo largo de la historia. El teatro español del Siglo de Oro tendió a usar los tres actos, que repartían la acción de una forma precisa: la primera se dedicaba al planteamiento de los hechos; la segunda, al nudo o conflicto central; la tercera, al desenlace del asunto planteado.

6. El espacio dramático.
El escenario es un espacio vacío que se convierte en espacio dramático en el momento de la representación, porque en él representan los actores la obra frente al público. Recoge todos los elementos exigidos por el montaje del texto; por este motivo, debe tener las dimensiones requeridas para que el espectador pueda captar auditiva y visiblemente cuanto ocurre en el mismo.

7. Géneros dramáticos.
Aunque existe una amplia variedad de subgéneros dramáticos, hay tres géneros principales:
Comedia: es una obra dramática escrita para provocar la risa. Sus personajes pueden ser de baja extracción social, el desenlace es feliz y el espectador nunca se angustia, sino que se divierte. El espectador contempla el mundo normal de los personajes, lo juzga y se divierte; muchos son originales o ridículos, encarnan un defecto o una extraña visión del mundo.
Tragedia: es una obra dramática en la que los personajes son víctimas de terribles pasiones, con desenlace funesto, capaz de infundir lástima y terror en los espectadores. Se vale de un estilo y tonos elevados, la mayoría de las veces sublime, y sus protagonistas suelen pertenecer a una clase social alta, como la realeza o la aristocracia.
Drama: género dramático que resulta de la síntesis entre la comedia y la tragedia. Su creación se debe a la tendencia humanística de realizar obras mixtas, eliminando diferencias entre la forma elevada de la tragedia y la baja de la comedia, ya que se admiten distintos niveles de lenguaje y se introducen ambientes, conflictos y personajes cotidianos.




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