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EL MITO DE EUROPA

A las 6 de la tarde del 9 de mayo de 1950, Robert Schuman, entonces Ministro francés de Exteriores, convocó a la prensa en París en el salón del reloj del Ministerio de Asuntos Exteriores francés del Quai d´Orasy, para realizar una comunicación de la mayor importancia: la creación de una Europa unida y organizada, como requisito indispensable para el mantenimiento de relaciones pacíficas. Esta propuesta, conocida como "Declaración Schuman", movió en 1985 a los Jefes de Estado y de Gobierno a establecer el 9 de mayo como el Día de Europa, alrededor del cual se celebran actividades y convocatorias en todos los Estados miembros y se considera , por ello, el germen de la creación de lo que actualmente es la Unión Europea.

Pero ¿cómo había comenzado todo?

En el principio de la civilización griega, el mundo y todo lo que en él existía, se expresaba mediante el mito. Historias cuyos protagonistas eran dioses o seres sobrenaturales, y que de forma sencilla, trataban conceptos complejos para el hombre como la naturaleza y sus misteriosos fenómenos, la muerte, la masculinidad y la feminidad, la vida y los orígenes y también la identidad de un pueblo como puede ser Europa.

Hay dos mitos diferentes sobre cómo llegó Europa al mundo griego, en uno (el que más les gusta a los autores literarios) se cuenta que fue seducida por el Dios Zeus, quien transformado en toro, se la llevó a Creta; y en el otro que fue secuestrada por los minoicos. Nos centraremos en la primera reconstruyendo su historia a través de los versos de autores clásicos como Horacio en sus Odas III y Ovidio en sus Metamorfosis.
En la playa de Sidón, o de Tiro, según otras fuentes, un grupo de jóvenes mujeres caminaban, jugaban y recolectaban flores ("azucenas"). De todas ellas, sobresalía una de "rubia cabellera", de belleza resplandeciente y de estirpe real. Era la hija de Telefasa y de Agénor, rey de Tiro. Sin embargo, otras versiones sostienen que no era hija de este último, sino de Fénix. Desde lo alto, Zeus observó a estas jovencitas y quedó prendado de Europa por su hermosura. Enardecido de amor por la belleza de la muchacha,  se transforma en un toro de resplandeciente blancura y cuernos en forma de luna creciente -"media Luna los cuernos de su frente", que cantó Góngora-; y se tumbó  mansamente a los pies de la doncella.

Ahora Ovidio nos describe de forma ejemplar la seducción y el aspecto erótico de Zeus: "No casan bien la majestad y el amor, no pueden convivir en la misma sede; por tanto, abandonando la solemnidad del cetro, Júpiter, padre y soberano de los dioses, que empuña en su diestra los rayos de tres puntas, que sacude el mundo con un movimiento de su cabeza, adopta la forma de un toro, y mezclándose entre los novillos, muge y pasea su belleza sobre la hierba tierna. Su color es exactamente como el de la nieve cuando no lleva las huellas de duros pies ni ha sido derretida por el lluvioso Austro; el cuello se yergue poderoso, entre las patas cuelga la papada, y los cuernos son pequeños, sí, pero tales que se diría que están hechos a mano, y más diáfanos que una gema transparente. No hay amenaza en su rostro ni fiereza en su mirada: su semblante es pacífico. La hija de Agénor se asombra de su belleza y de que no presente batalla, pero, a pesar de su mansedumbre, al principio no se atreve a tocarle; luego se le acerca y tiende unas flores hacia su blanco hocico. Se regocija el enamorado, y mientras llega el esperado placer colma de besos sus manos; apenas puede ya diferir el resto, y tan pronto juguetea brincando sobre la verde hierba, como reposa su níveo costado sobre la arena dorada. Poco a poco, a medida que Europa abandona su miedo, unas veces le presenta su pecho para que lo acaricie con su virginal mano, y otras le ofrece sus cuernos para que los enlace con guirnaldas recién trenzadas. También se atrevió la regia princesa, sin saber a quién oprimía con su cuerpo, a sentarse sobre el lomo del toro: el dios, sin que se note, se va alejando de la tierra y de la parte seca de la playa, luego moja sus falsos pies en las olas de la orilla, se aleja un poco más, y por fin se lleva a su presa por las aguas del mar abierto. Ella está llena de miedo, y mientras se la lleva se vuelve a mirar hacia la costa que va quedando atrás, con su mano derecha se agarra a un cuerno, y la izquierda reposa sobre el lomo. Sus ropas tiemblan agitadas por la brisa" (Metamorfosis II)

Una vez que la hija de Agénor estaba en el lomo del toro, éste, aprovechando su oportunidad y en forma veloz, surcó las aguas del Mediterráneo. Europa, entonces, prorrumpió en gritos de espanto, tendió sus brazos hacia la ribera, palideció y se estremeció al ver cómo las olas se abrían a su paso y los animales marinos saltaban a su lado.

Ocupada hasta entonces en coger flores y tejer alegremente coronas para las ninfas, ahora y en la inmensidad de la noche no divisaba sino estrellas y aguas infinitas. Tan pronto como hubo tocado tierra firme en las costas de Grecia, traspasada de dolor, exclamó: “!Oh, padre mío!, Oh, hermanos y amigas mías con quienes he pasado tantos días felices! ¿Dónde me encuentro? ¿Adónde voy? ¿Es todo esto una pesadilla que me atormenta…? ¡Haber dejado mi patria y mis dioses penates ¡Haber dejado mi patria y mis dioses penates! ¡Haber osado traspasar la vasta llanura del mar…! ¡Ah, si pudiese librarme de este monstruo execrable! ¡El furor del que me siento poseída me daría fuerzas para reducirlo a pedazos, para romper los cuernos de este toro que hace poco tanta admiración me causaba…! ¡Desgraciada! ¿Qué esperas para arrancarte la vida? Con este cinto que aún te queda puedes poner fin a tu suerte fatal, colgándote de esta encina; a no ser que prefieras, como esclava vil, tejer con tus reales manos la suerte que una extranjera se gozará en imponerte.”

Tales eran sus lamentos, mientras Afrodita y Eros la escuchaban con sonrisa maliciosa. Ya cansada de reír, la diosa le dijo: “Modera ese furor, y no te enojes cuando el odiado toro, humildemente venga a ofrecer sus astas al tus golpes. ¿Tal vez ignoras que eres esposa de Zeus? Contén tu llanto y aprende a hacerte digna de la elevada suerte que estás llamada. De hoy en adelante una parte del universo llevará tu nombre.

A pesar de los gritos de Europa, aferrada a sus cuernos, llegaron a la isla de Creta. Era el viaje de Europa "raptada" del Oriente al Occidente y que tendrá una simbología especial. Será en la localidad de Gortina (al sur de Cnossos, Creta) cuando el toro o Zeus, el "mentido robador de Europa" según el verso gongorino que evoca al falso toro que la raptó- retomando su forma humana se una a Europa junto a una fuente (gruta Dictea), bajo un plátano sagrado, con hojas siempre verdes. Como producto de la unión de los dos, nacieron tres hijos: Minos (nombre genérico del rey cretense y de la civilización minoica como la primera de Europa), Radamantis y Sarpedón.

Se le atribuye, asimismo, la maternidad de Carno y la de Dodón. Posteriormente, Asterión (rey de Creta), se casó con Europa (convertida entonces en la primera reina de Creta), adoptando a sus hijos. Todos estos hechos significativos hicieron que Zeus donara a Europa tres presentes. Talo (que significa "sol"), el gigante de bronce, protector de las costas cretenses; Laelaps, un perro adiestrado que no soltaba su presa y una jabalina que nunca erraba en el blanco, simbolizando tal vez las diversas guerras y que como recompensa de todo lo que le ofreció, otorga el nombre propio de la princesa a esa parte del mundo donde se había producido su unión y así nació Europa.

No sólo los antiguos creían en los mitos. También los modernos creemos en ellos, otros distintos pero mitos al fin y al cabo. Nos referimos a nuestra Europa actual, de la que tanto se oye hablar últimamente y que parece que está condenada a ser de nuevo un mito y no una realidad. La realidad que buscaron Churchill, Shuman, Adenauer, Mansfelt…de una Europa unida, fuerte, protectora y solidaria. Parece que las ambiciones, los nacionalismos y los egoísmos económicos están impidiendo que este sueño se lleve a cabo.

En el mes de junio del 2012 la RAE admitía el término “euroescéptico”, definiéndolo como alguien “que rechaza los proyectos políticos de la Unión Europea o recela de ellos” Y es que la situación por la que atraviesa este viejo continente, las fluctuaciones económicas diarias basadas en la especulación y la incertidumbre sobre el rescate de varios países miembros, ha ayudado a incrementar este sentimiento escéptico con la idea de Europa en los últimos meses en gran parte de los europeos. Y aunque no podemos negar los avances y ventajas que ha tenido la Unión Europea, la realidad de ahora es esta: veintisiete países europeos en crisis y sin rumbo.

Los mitos modernos de Europa han sido: el Progreso, el Bienestar, la Democracia, la Libertad, la Solidaridad y la Unión, la Igualdad… tan poderosos como lo fueron para los antiguos los suyos y en los que creían fervientemente. Pero a nosotros, los europeos, nos falta fe o creencia en el alcance de los mismos y ahora, ante la “desmitificación” de Europa, se nos exigen, además, sacrificios para poder fortalecer a una Europa debilitada, desunida y a la que, al parecer, fácilmente se la puede nuevamente raptar, seducir y abandonar.
Pero ahora no vendrá ni Zeus ni Júpiter ¿Quién será entonces el toro bravo, el "mentido robador de Europa" como decía con razón Góngora, que “Sin que se note… se aleje un poco más, y por fin se lleve a su presa por las aguas del mar abierto”?

LAS BODAS DE CADMO Y HARMONÍA

ROBERTO CALASSO
Según cuenta la leyenda, fue para las bodas de Cadmo y Harmonía, que los dioses del Olimpo se sentaron por última vez a compartir la mesa con los hombres en una fiesta. Una celebración a que culminó la época de aproximación entre los seres divinos y los humanos. "Nunca más habrá una ocasión como aquella", nos dice Roberto Calaso, "en la que los dioses acudieron al banquete de los mortales, pero seguirán entre nosotros gracias al regalo de Cadmo, las letras y el don de la literatura"

El texto que leerás es parte de una recopilación de mitos hecha por Roberto Calasso. En ella nos internamos en el laberinto de los dioses griegos y cuenta de manera ordenada aquellos sucesos anteriores a este matrimonio, ordenando uno a uno los mitos, empezando con el rapto de Europa por Zeus y finalizando con la boda del título, y sin perder de vista las diversas versiones contadas para cada divinidad.

TEXTO

En la playa de Sidón un toro intentaba imitar un gorjeo amoroso. Era Zeus. Se sintió sacudido por un escalofrío, como cuando le picaban los tábanos. Pero esta vez era un escalofrío dulce. Eros le estaba colocando sobre la grupa a la joven Europa. Después la bestia blanca se arrojó al agua, y su cuerpo imponente emergía lo suficiente para que la joven no se mojara. Muchos lo vieron. Tritón, con su concha sonora, replicó al mugido nupcial. Europa, temblorosa, se sostenía agarrada de uno de los largos cuernos del toro. Les vio también Bóreas, mientras surcaban las aguas. Malicioso y celoso, silbó a la vista de aquellos tiernos senos que su soplo descubría. Atenea enrojeció al espiar desde lo alto a su padre cabalgado por una mujer. También un marinero aqueo les vio, y palideció. ¿Quizá era Tetis, curiosa de ver el cielo? ¿O sólo una Nereida, por una vez vestida? ¿O Poseidón falaz había raptado a otra muchacha?

Europa, mientras tanto, no veía el final de aquella loca travesía. Pero imaginaba su suerte, cuando hubieran recuperado la tierra firme. Y lanzó un mensaje a los vientos y a las aguas: “Decid a mi padre que Europa ha abandonado su tierra en la grupa de un toro, mi raptor, mi marinero, mi -supongo- futuro compañero de cama. Entregad, por favor, este collar a mi madre.” Estaba a punto de invocar también a Bóreas para que la alzara con sus alas, como había hecho con su esposa, la ateniense Oritía. Pero se mordió la lengua: ¿por qué pasar de un raptor a otro?

Pero ¿cómo había comenzado todo? Un grupo de muchachas jugaba junto a un río, recogiendo flores. Muchas otras veces una escena semejante había resultado irresistible para los dioses. Perséfone fue raptada “mientras jugaba con las jóvenes del seno profundo” y recogía rosas, azafranes, violetas, iris, jacintos, narcisos. Sobre todo el narciso, “prodigiosa flor radiante, venerable a la vista, aquella vez, para todos, para los dioses inmortales y para los hombres mortales”.

Y Talía fue atrapada por Zeus en forma de águila mientras jugaba a pelota entre las flores en una montaña. Y Creúsa sintió sus muñecas asidas por las manos de Apolo mientras recogía flores de azafrán en las laderas de la acrópolis de Atenas. También Europa y sus amigas estaban recogiendo narcisos, jacintos, violetas, rosas, tomillo.

De repente se vieron cercadas por una manada de toros. Entre ellos uno de una blancura deslumbrante, con pequeños cuernos, que parecían gemas relucientes. Su expresión desconoce la amenaza. Tanto que Europa, tímida al comienzo, acerca sus flores a aquel cándido hocico. Como un cachorro, el toro gime de placer, se revuelca en la hierba, ofrece sus pequeños cuernos a las guirnaldas. La princesa se atreve a montársele en la grupa, a la amazona. Entonces, inesperadamente, la manada se desplaza del lecho seco del río a la playa. Con falsa indecisión, el toro se acerca al agua. Después es demasiado tarde: la bestia blanca ya embiste las olas con Europa a la grupa. Ella se vuelve hacia atrás: con la mano derecha se coge de un cuerno, con la otra se apoya en la bestia. El suave aire le hace temblar las ropas."

Pero ¿cómo había comenzado todo? Europa, al alba, durmiendo en su aposento del primer piso del palacio real, había tenido un sueño extraño: se hallaba entre dos mujeres, una era Asia, la otra la tierra que tiene enfrente, y que carece de nombre. Las dos mujeres se peleaban violentamente por ella. Ambas la querían para sí. Asia le parecía a Europa una mujer de su país; la otra era para ella una absoluta extrajera. Y la extranjera, al final, la arrastraba con manos poderosas. Por voluntad de Zeus, decía: Europa sería una joven asiática raptada por una extranjera. El sueño era clarísimo, como una escena diurna. Europa se despertó asustada y permaneció largo rato sentada en la cama, en silencio. Luego, como siempre, salió con sus compañeras. En la desembocadura del río, entre las rosas y el batir de las olas, Europa se paseaba con su cesta de oro.

En el prado apareció un toro de color rubio, con un círculo blanco en la frente. Desprendía un perfume que apagaba el de las flores. Se paró ante Europa y le lamió el cuello. Ella le acariciaba, y mientras tanto secaba la espuma que manaba en abundancia de la boca del animal. El toro se arrodilló ante ella y le ofreció la grupa. Y, en cuanto ella hubo subido, saltó hacia el mar. Europa, aterrorizada, miraba hacia la playa, llamaba a sus compañeras tendiendo un brazo en el vacío. Después, ya en medio de las olas, con una mano se agarraba al gran cuerno y con la otra mantenía alzado y ceñido al pecho el borde del peplo. Y, a sus espaldas, el peplo se había hinchado con una verla púrpura.
Pero ¿cómo había comenzado todo? Europa paseaba con sus compañeras, llevando en la mano su espléndida cesta de oro. La había forjado Hefesto, dos generaciones antes, para regalársela a Libia. Y Libia se la había regalado a su hija Telefasa, que se la había regalado a su hija Europa. Era el talismán de la estirpe. Repujada en oro, se reconocía en ella una ternera errante, que parecía nadar en un mar de esmalte. Dos hombres misteriosos, de pie en la orilla, contemplaba la escena. Había también un Zeus de oro, que rozaba con la mano la ternera de bronce. Al fondo, un Nilo de plata. Aquella ternera era Io, tatarabuela de Europa.

También la suya había sido una historia de metamorfosis y rapto. Torturada por un tábano, en perpetuo vagabundeo angustioso, había recorrido todos los mares. A uno de ellos, cerca de Italia, había dado incluso su nombre. El amor de Zeus le había impuesto locura y maldición. Todo había comenzado con unos extraños sueños, cuando Io era sacerdotisa en el Heraion contiguo de Argos, el más antiguo de los santuarios, el lugar que daba la medida del tiempo: durante generaciones los griegos contaron los años refiriéndose a la sucesión de las sacerdotisas en el Heraion. Los sueños susurraban del amor ardiente de Zeus por ella, y le aconsejaban que fuese a los prados de Lerna, donde pastaban los bueyes y los carneros de su padre. Ya no sacerdotisa consagrada a la diosa, sino bestia consagrada al dios, como las que erraban libremente en los recintos del santuario: así la querían los sueños. Y en eso se convirtió. Pero el santuario se ensanchó un día al mundo entero, a sus mares inmensos, que vadearía incesantemente, siempre aguijoneada por el horrendo tábano. Y cuanto más vasto era el horizonte, más aguda la persecución. Cuando llegó junto a otro torturado, Prometeo, deseaba sobre todo morir, y aún no sabía que se encontraba ante un ser sufriente como ella sin esperanza de muerte. Pero, al igual que para Prometeo, también para ella llegaría el final de la obsesión. Un día, al arribar a Egipto, Zeus la rozaría con su mano. Entonces la ternera loca volvió a ser una muchacha y se unió al dios. En memoria de ese instante llamó a su hijo Épafo, que quiere decir leve toque de una mano. Épafo se convirtió después en rey de Egipto, y se decía que era el buey Apis.

Descendiendo hacia los prados floridos, cerca del mar, Europa sostenía en la mano, grabado en nobles metales, su destino. Al igual que en la música, su melodía era la contraria de la de su antepasada Io. Un toro la raptaría de Asia hacia aquella tierra que se llamaría Europa, como años antes el desesperado vagabundeo marino de una ternera que había padecido en tierra griega había terminado en Egipto, al leve toque de la mano de Zeus. Y un día llegaría de regalo a la joven Europa una cesta de oro. La sostenía en la mano, distraída.
Pero ¿cómo había comenzado todo? Si se prefiere una historia, es la historia de la discordia. Y la discordia nace del rapto de una doncella, o del sacrificio de una doncella. Y uno lleva continuamente al otro. Fueron los “lobos mercaderes” desembarcados de Fenicia quienes raptaron en Argos la tauropárthenos, la “virgen dedicada al toro”, llamada Io. Como un mensaje de los montes, esto encendió la hoguera del odio entre los dos continentes. A partir de entonces Europa y Asia luchan golpe tras golpe. Así los cretenses, “jabalíes de Ida”, le arrebataron a Asia a la joven Europa. Regresaron a su patria en una nave con forma de toro. Y ofrecieron a Europa como esposa a su rey Asterio. Ese mismo nombre celestial sería también uno de los nombres de un nieto de Europa: aquel joven con cabeza de toro que vivía en el centro del laberinto, en espera de las víctimas. Más frecuentemente le llamaron Minotauro.

Pero ¿cómo había comenzado todo?....

Las bodas de Cadmo y Harmonía. Roberto Calasso.

ACTIVIDADES


  • ¿Qué es un mito?


A. Una historia donde intervienen héroes y villanos.

B. Una narración donde el narrador es lo más importante.

C. Una narración donde ocurren hechos reales sorprendentes.

D. Un relato que intenta explicar los orígenes de algún fenómeno.


  • ¿Qué es el Olimpo? Anota en tu cuaderno lo que sepas de él. ¿Qué otros mitos griegos conoces? Anota uno de ellos en tu cuaderno, resumiéndolo brevemente.

  • ¿Qué te sugiere el título de esta historia? Teniendo en cuenta el título, ¿Qué hechos crees que nos contarán?

  • Busca información sobre las diferentes versiones del mito de Europa. Para ello, obtendrás información de autores cásicos como: Ovidio, Horacio y Góngora.

  • Localiza la historia del rapto de Europa que nos presentan estos autores. Consulta las siguientes obras:

Horacio. Odas III. Ovidio Metamorfosis y Góngora. Las soledades.


  • Una vez que hemos leído sus versiones del rapto de Europa, anotaremos las semejanzas y las diferencias.



  • Ahora leeremos nuestro fragmento de Las bodas de Cadmo y Harmonía en el que se nos cuenta el mito o rapto de Europa, pero se hace de forma diferente a los autores que hemos leído antes. En una primera lectura ¿Qué diferencias percibes más significativas?

  • En una segunda lectura del texto, intenta localizar al autor clásico que Roberto Calasso ha seguido en su versión del mito. Una vez que lo hayas localizado, subraya las escenas, descripciones de los personajes o expresiones que sean iguales al texto clásico de referencia y establece también el tratamiento diferente que hace el autor.

  • Realiza la caracterización de Europa y Zeus. Comprueba si Horacio, Ovidio y Góngora coinciden en la descripción de ambos personajes al igual que hace con sus sentimientos o reacciones ante los hechos.

  • Analiza la estructura del texto y compárala con la que realiza Ovidio en sus Metamorfosis. ¿A través de qué recurso Roberto Calasso realiza en su narración un cambio de perspectiva del mismo mito? ¿Recuerdas como se llama este recurso?

  • Como ya hemos comprobado, Roberto Calasso recrea este mito de Europa ofreciendo todas las versiones del mismo. ¿cuál es la versión que más te ha gustado y por qué?

  • Ahora trabajaremos este mito a través de un arte que siempre ha estado muy unido a la Literatura. Nos referimos a la PINTURA.

Son muchos los pintores que han plasmado en sus lienzos el rapto de Europa en todos los tiempos, desde Tiziano hasta Picasso, por ejemplo, o Botero entre los contemporáneos. Podéis comprobarlo de un modo muy sencillo escribiendo "rapto de Europa" en el buscador de imágenes de Google,  y  admirando la cantidad de tratamientos gráficos tanto antiguos como modernos que hay sobre el tema que nos ocupa.  

Algunas referencias a Europa en las artes plásticas son:

  • Vasijas pintadas griegas

  • Frescos romanos

  • El rapto de Europa de François Boucher.

  • Europa y el toro de Gustave Moreau.

  • El rapto de Europa de Paolo Veronese.

  • El rapto de Europa de Rubens.

  • El rapto de Europa de Picasso.

  • El rapto de Europa de Valentín Serov.

  • Europa sentada sobre el toro, metopa del templo de Selimonte, siglo VI a. C. Palermo.

  • Vaso griego, siglo IV a. C., San Petersburgo.

  • El rapto de Europa de Tiziano, 1562, Boston sobre el que Rubens realizó una copia en el siglo XVII, Madrid, Museo del Prado..

  • El rapto de Europa de Rembrandt, siglo XVII, colección particular.

  • El rapto de Europa de Martín de Vos, siglo XVI, Bilbao.



Y por último, en MÚSICA tenemos a Milhaud que compuso la ópera El rapto de Europa en 1927

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