Canción de otoño en primavera






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Rubén Darío: Canción de otoño en primavera




El principal tema del poema es el sentimiento de nostalgia de la juventud y el lamento por el pasado. Aunque también podríamos decir que como tema hay la búsqueda del amor ideal.

Podemos decir que este poema está dividido en dos partes las cuales podrían ser las descripciones de las mujeres y la reflexión y conclusión del poema. Pero a su vez podemos dividir la primera parte en tres subpartes. Esta última división es clara, como he dicho antes,  gracias al estribillo el cual nos marca las divisiones.

Primera Parte

1º Mujer

El poeta hace una introducción en la cual da a entender que durante su vida ha estado con diferentes mujeres. Explica la experiencia con su primera amada. Él era inocente y tímido, al contrario de ella que ya sabía de amor y lo “corrompió”.

2º Mujer

Habla de su segunda amada la cual era más sensitiva, más sensual y apasionada. A pesar de su ternura en el fondo era más ‘violenta’.

3º Mujer

Describe a la tercera amante, es obsesiva y tiene un gran instinto sexual. Al principio él se siente en la gloria con ella,  pero acaba por darse cuenta de que todo eso es una felicidad pasajera que no es realmente lo que quiere.

Segunda Parte

En esta parte ya no se habla de las amantes del poeta, sino que hace una pequeña reflexión sobre su vida amorosa y del tiempo.  Durante su vida ha tenido varios amores los cuales ahora solo son recuerdos. Ha buscado el amor ideal pero no lo ha encontrado, aunque continuará buscando a pesar de su vejez y del poco tiempo que le queda. El poeta ha llegado a la vejez (el otoño). En la primera estrofa: ha habido muchos otros amores en su vida. Ahora solo son recuerdos; en la segunda: ha buscado a la amada ideal pero no la ha encontrado; en la tercera: : continuará buscando a la amada ideal a pesar de su vejez y de que queda poco para la muerte. En el estribillo se muestra el cruce de la juventud y la madurez.
Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste

historia de mi corazón.

Era una dulce niña, en este

mundo de duelo y de aflicción.

[...]

Mas a pesar del tiempo terco,

mi sed de amor no tiene fin;

con el cabello gris, me acerco

a los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el Alba de oro!



El texto es una descripción de las tierras de la provincia de Soria. En las cinco primeras estrofas, se describe el paisaje en las diferentes estaciones del año que se suceden (invierno-primavera-verano-otoño-invierno), en la sexta, la séptima y la octava se hace una descripción más sentimental de esa tierra y, finalmente, en la última estrofa, se despide de ella.

Este texto es fácilmente enmarcable en la segunda etapa de la obra de Machado, en la escribe textos más descriptivos, siguiendo la tendencia de la Generación del 98.

Se puede apreciar una identificación del paisaje con el alma del poeta, muy común en Machado en esta época.
Campos de Soria

Es la tierra de Soria árida y fría.

Por las colinas y las sierras calvas,

verdes pradillos, cerros cenicientos,

la primavera pasa

dejando entre las hierbas olorosas

sus diminutas margaritas blancas.
La tierra no revive, el campo sueña.

Al empezar abril está nevada

la espalda del Moncayo;

el caminante lleva en su bufanda [...]

envueltos cuello y boca, y los pastores

pasan cubiertos con sus luengas capas.


En estos poemas podemos observar como continuamente se hace alusión a un camino. La palabra camino tiene una gran importancia para Machado y para este tiene principalmente 2 significados. Uno de ellos es el camino literalmente entendido, ya que cabe recordar los grandes viajes que hizo, desde sus viajes a Paris hasta su exilio de nuevo a Francia. Pero además camino significa para Machado la vida, ya que para él la vida es como un largo viaje que nunca sabes que te depara. Por lo tanto en los célebres versos de Machado de “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” el poeta dice que la vida no está determinada, que no estamos predestinados sino que el destino se escribe mientras vas viviendo. En otras palabras, el destino se supone que es que tu vida está de algún modo escrita en alguna parte, pues Machado niega esto y afirma que esa “escritura” se la escribes tú conforme vas viviendo, dando a entender que el ser humano es libre.

En los versos “... y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.” Machado expresa su advertencia de “no cometas los errores del pasado” como dando a entender que no se debe olvidar el pasado pero tampoco se ha de repetir, que de algún modo se ha de aprender de la experiencia de la vida. Las estelas en la mar podrían entenderse como los restos de la vida, ya que hace referencia a las estelas que dejan los barcos cuando pasan por el mar, pero estas estelas rápidamente se desvanecen. Por lo tanto nos dice que no hay camino, no hay destino, pero si esta la estela de la vida de los demás, y que de esa forma, podemos vivir guiándonos por el legado de las personas que nos importan.
En el poema XLIV Machado vuelve a hacer referencia a los caminos y a la mar. Esta relación entre los caminos y la mar significa que la mar es la muerte si como camino se entienden los ríos.

En el verso “Todo pasa y todo queda” Machado hace referencia a que tal y como el rio siempre está allí pero el agua nunca es la misma, está fluyendo, nosotros estamos presentes en cuerpo pero no somos los mismos, vamos cambiando. Además hace hincapié en el no mirar nunca el pasado y seguir adelante. En el siguiente verso dice “pero lo nuestro es pasar “, aquí el poeta quiere dar a entender que nosotros no vivimos eternamente, que llega un momento en el cual la vida se acaba. Finalmente el poema reza “pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”, aquí el poeta afirma que la mar es el final de la vida, la muerte.
En estos poemas el principal tema es el del tiempo y el del sentido de la vida. Nos habla de cómo la vida es fugaz y que el tiempo pasa deprisa e inexorable.

Proverbios y cantares
XXIX

Caminante, son tus huellas 
el camino, y nada más; 
caminante, no hay camino, 
se hace camino al andar. 
Al andar se hace camino, 
y al volver la vista atrás 
se ve la senda que nunca 
se ha de volver a pisar. 
Caminante, no hay camino, 
sino estelas en la mar. 
XLIV

Todo pasa y todo queda; 
pero lo nuestro es pasar, 
pasar haciendo caminos, 
caminos sobre la mar. 


Álamo Blanco


Por lo que se refiere al tema del poema, el autor pretende hacer un elogio a la naturaleza idealizada. Mediante la descripción del árbol (álamo blanco) y de otros elementos de la naturaleza crea un poema emotivo en el que quiere que quede reflejado todo lo que siente por su amada.

Por lo que se refiere a la estructura interna partiendo del contenido, cabe señalar una estructura unánime pues todo el poema es una pequeña descripción en la que mezcla la naturaleza y el amor hacia una mujer.

El autor divide el árbol en tres partes muy importantes y las enlaza con la figura idealizada de una mujer: arriba (personificación de la inteligencia y la razón del pensamiento); abajo (personificación de su corazón y de sus sentimentos); y la columna de plata (personificación de su silueta).

Así pues, podemos constatar dos interpretaciones distintas: por una parte el amor que siente hacia un mujer, la qual es descrita a través de la naturaleza; y por otra parte, el placer de estar en un entorno natural tan bello produce al autor ese sentimiento de plenitud.
Arriba canta el pájaro
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo,
se me abre el alma).

¡Entre dos melodías,
la columna de plata!
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
¡Entre dos conmociones,
la columna de plata!
(¡Y tú, tronco ideal,
entre mi alma y mi alma!)

Mece a la estrella el trino,
la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma).
Si yo, por ti he creado un mundo para ti


El tema de este poema es un tópico de Juan Ramón Jiménez: la búsqueda de la perfección poética. En el poema, Juan Ramón Jiménez afirma haber encontrado esa perfección, a la que él llama Dios. En las dos primeras estrofas, habla de todo lo que se ha esforzado el autor para conseguir hacer la poesía perfecta. En la tercera estrofa, dice que ya ha llegado a esa perfección, y que ya ha cumplido el objetivo de su vida, así que ya puede morir en paz. En la cuarta y la quinta estrofa, habla otra vez de ese Dios de la poesía, afirmando que él lo ha creado y que, gracias a ello, su poesía es perfecta.
Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
y tú has venido a él, a mí seguro,
porque mi mundo todo era mi esperanza.

Yo he acumulado mi esperanza
en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
a todo yo le había puesto nombre
y tú has tomado el puesto
de toda esta nombradía.


Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,
como la llama se detiene en ascua roja
con resplandor de aire inflamado azul,
en el ascua de mi perpetuo estar y ser;
ahora yo soy ya mi mar paralizado,
el mar que yo decía, mas no duro,
paralizado en olas de conciencia en luz
y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.

Todos los nombres que yo puse
al universo que por ti me recreaba yo,
se me están convirtiendo en uno y en un
dios.

El dios que es siempre al fin,
el dios creado y recreado y recreado
por gracia y sin esfuerzo.
El Dios. El nombre conseguido de los nombres.



Trata de El amor que une a dos amantes en lo que tienen de únicos, auténticos y especiales, por debajo de lo superficial e innecesario.

El poeta propone a la amada, y se propone a sí mismo, un renunciar a lo que se ha sido, un despojarse de 1o accesorio o lo convencional, un liberarse de ataduras o raíces, como condición necesaria para una libre y plena entrega mutua.

Como se ve, es algo que podría expresarse -y se ha expresado- de formas mucho más vanales; pero Salinas le da una nueva formulación, una renovada hondura gracias a su característica sutileza

Y cuando me preguntes

quién es el que te llama,

el que te quiere suya,

enterraré los nombres,

los rótulos, la historia.

Iré rompiendo todo

lo que encima me echaron

desde antes de nacer.

Y vuelto ya al anónimo

eterno del desnudo,

de la piedra, del mundo,

te diré:

«Yo te quiero, soy yo».
Pedro Salinas: Para vivir no quiero

Para vivir no quiero

islas, palacios, torres.

¡Qué alegría más alta:

vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,

las señas, los retratos;

yo no te quiero así,

disfrazada de otra,

hija siempre de algo.

Te quiero pura, libre,

irreductible: tú.

Sé que cuando te llame

entre todas las gentes

del mundo,

sólo tú serás tú.



El tema del poema es la búsqueda del amor, las ganas de encontrarlo a pesar de las dificultades del camino. Aborda este concepto como búsqueda, como ansia de lo otro a pesar de que no acabe obteniéndolo

El autor lo desarrolla en tres apartados: en el primero (4 primeros versos) presenta el tema, la dificultad del amor; en el segundo (18 siguientes versos) se desarrolla éste mismo tema en dos secuencias: la primera (versos 5-15) describe el camino que le lleva hasta la amada y la segunda (versos 16-23), el intento de acceder a su alma. Ya en el último apartado (versos 23-25), se recupera la idea del principio, la gran dificultad de enamorarse plenamente.

Te busqué la puerta

estrecha del alma,

pero no tenía,

de franca que era,

entradas tu alma.

¿En dónde empezaba?

¿Acababa, en dónde?

Me quedé por siempre

sentado en las vagas

lindes de tu alma.
El alma tenías

El alma tenías

tan clara y abierta,

que yo nunca pude

entrarme en tu alma.

Busqué los atajos

angostos, los pasos

altos y difíciles...

A tu alma se iba

por caminos anchos.

Preparé alta escala

—soñaba altos muros

guardándote el alma—

pero el alma tuya

estaba sin guarda

de tapial ni cerca.
Jorge Guillén: Más allá


El tema del poema, es la perfección de la vida desde el punto de vista del autor, Jorge Guillén, admirando por las cosas creadas por el ser humano. El autor nos exalta la realidad diaria de las cosas, nos manifiesta la plenitud del universo y la perfección de la vida.

El autor exalta en sus versos la humilde realidad diaria, por muy simple que parezca, que es la que los humanos hemos creado: una mesa, una ventana, unos libros... Con la admiración que siente por la vida apreciamos que el poema pertenece claramente a Cántico pues el autor está encantado con lo que le toca vivir.
(El alma vuelve al cuerpo, 
Se dirige a los ojos
Y choca.) —¡Luz! Me invade 
Todo mi ser. ¡Asombro!

Intacto aún, enorme, 
Rodea el tiempo. Ruidos 
Irrumpen. ¡Cómo saltan 
Sobre los amarillos

Todavía no agudos 
De un sol hecho ternura  [...]
De rayo alboreado 
Para estancia difusa,

Podríamos considerar este poema como una bonita oda al río Duero, río que atraviesa la Provincia de Castilla y León, que acompañó a Gerardo Diego cuando trabajó en el Instituto de Soria. Quizás con este poema nos quiera expresar su fuerte sentimiento hacia el río, al cual trata con cierta elevación.

En este poema Gerardo Diego nos destaca desde el principio el triste olvido por parte de la gente de la zona de un río tan significativo para él. Incluso nos describe su belleza para justificar la pena que da que sus gentes no le presten atención y para finalizar nos resalta la existencia de aquellos pocos que aún le hacen caso y lo recuerdan: “Los enamorados”.

Quién pudiera como tú,

a la vez quieto y en marcha,

cantar siempre el mismo verso

pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,

nadie a estar contigo baja,

ya nadie quiere atender

tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados

que preguntan por sus almas

y siembran en tus espumas

palabras de amor, palabras.
Gerardo Diego: Romance del Duero

Río Duero, río Duero,

nadie a acompañarte baja,

nadie se detiene a oír

tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde

la ciudad vuelve la espalda.

No quiere ver en tu espejo

su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes

entre tus barbas de plata,

moliendo con tus romances

las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra

y los álamos de magia

pasas llevando en tus ondas

palabras de amor, palabras.


El poema es reflejo de una realidad muy distinta de la que se ve con los ojos. Esta realidad profunda, no sometida a las convenciones sociales, se materializa a través del lenguaje, imágenes y asociaciones metafóricas insólitas: las iguanas muerden los corazones de las personas, los cocodrilos acechan tras las esquinas; otras se relacionan con la muerte como el azul o la luna ( criaturas de la luna), así las criaturas del poema están destinadas a morir.

El lenguaje supone la liberación de la expresión lógica. Se producen asociaciones libres e inesperadas de palabras que pretenden suscitar en el lector emociones. Las imágenes son oníricas y delirantes, como procedentes de una pesadilla.

Se trata de un poema de protesta social: la deshumanización de la gran ciudad.

Las ideas que se muestran en el mismo son:

-la indiferencia de la sociedad ante los marginados.

-la ciudad es un monstruo que devora al ser humano, le roba los sueños, le conduce al aislamiento.

-visión dolida del ser humano ( marginados) y crítica a la insolidaridad social.

-deshumanización: las personas son criaturas de pesadillas, autómatas sin corazón.

-sentimiento de dolor, soledad, incomunicación, frustración, angustia, que son del poeta pero también la de muchos corazones que sufren ( los más débiles: niños, perseguidos, los habitantes de las ciudades deshumanizadas) con los que Lorca se identifica y por los que lanza un grito de dolor y protesta.


Federico García Lorca: Ciudad sin sueño

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.

Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas

al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

[...]

Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

Niño déjame, no pises,

mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño,

tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,

ay como canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con el niño de la mano.

La luna vino a la fragua

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira mira.

El niño la está mirando.
En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.


Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

el aire la está velando.


Niño déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.


Este poema, del cual es autor Federico García Lorca, está incluido en la obra el Romancero gitano, un conjunto de romances lírico-narrativos plenos de símbolos. En ellos aparece una Andalucía estilizada, que es el espacio de la pena, el amor y la naturaleza. Los personajes principales son los gitanos, acosados por la guardia civil, que representa la persecución, el poder y la destrucción. La violencia y la muerte, sangrienta o simbólica, prevalecen en la obra.

El tema principal del Romance a la luna, luna es la muerte, un tema comúnmente empleado por Lorca, que en este poema se refiere a la muerte de un niño gitano.

El primer recurso expresivo que podemos encontrar en la obra es la prosopopeya que se produce en el verso 1. Se le dota a la luna la capacidad de poder ir a la fragua, como si fuese una mujer y no un ser inerte. En los versos 11,12, 15 y 16 se produce la alusión de la muerte, la cual no se nombra directamente pero se refiere a ella en los siguientes versos (“harían con tu corazón / collares y anillos blancos” y “te encontrarán sobre el yunque / con los ojillos cerrados”).

Finalmente, en el verso 30 puede apreciarse claramente una exclamación, referida al canto de la zumaya (“¡ay, cómo canta en el árbol!”).
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